domingo, 8 de mayo de 2016

La Catástrofe Palestina (Al-Nakba)

¿Que significa?

Es la separación del pueblo de su tierra. Es la expulsión de sus hogares, en 1948, de las familias de 531 ciudades y pueblos, es decir, el 85% de los habitantes de la tierra que ahora se denomina Israel y que representa el 92% de su superficie. En resumen, que el 70% del pueblo palestino ha pasado a engrosar las filas de los refugiados cuyo número se eleva a 5.200.000, de los que menos de 4.000.000 están registrados en la Agencia de las Naciones Unidas UNRWA, que les ofrece lo necesario para vivir pero cada año de forma más exigua.

Los territorios confiscados por Israel suman 18.700 km2, que solo alquila y vende a judíos aunque no tengan la nacionalidad israelí y vivan en otros países, mientras que prohíbe su alquiler a los palestinos aunque sean de “nacionalidad israelí”.

¿Cómo sucedió esa catástrofe?

En 1917, Gran Bretaña traicionó la promesa hecha a los árabes de otorgarles la independencia una vez terminada la dominación turca en sus países, de ahí que promulgara, por conducto de su ministro de Relaciones Exteriores, “La Declaración de Balfour”, el 2 de noviembre de 1917, en la cual “veía con simpatía” la creación de un hogar nacional judío en Palestina. Esa fue la promesa de quien nada posee a quien nada se merece y sin conocimiento de quien tiene el derecho. Durante 48 años de mandato británico, Londres dictó leyes y adoptó medidas que facilitaron la creación de ese hogar-nación hasta que se convirtió en Estado en el año 1948. En la época de la ocupación británica el número de judíos era de solo 56.000, es decir constituían el 9% del total de la población, en su mayoría ciudadanos de países extranjeros.

Inmediatamente terminado el Mandato Británico, en 1948, el total de la población judía se elevó a 605.000 habitantes debido a la emigración, tanto pública como encubierta, permitida por Londres a pesar de la oposición de la población árabe, su resistencia y las revoluciones que llevaron a cabo, de ellas la más importante fue la de 1936.

Es así como los judíos pasaron a constituir el 30% de la población palestina que era de alrededor de un millón de habitantes en el año de la catástrofe.

¿Qué pasó con la tierra?

El sionismo intensificó sus esfuerzos para reclutar a judíos como empleados del gobierno cuando Gran Bretaña otorgó a los hebreos el privilegio de explotar los territorios que consideró propiedad del Estado. Londres creó una Administración de Agrimensura cuyo objetivo era determinar la propiedad de cada terreno a precios muy altos.

Con tales fines se dirigieron, primeramente, a los grandes terratenientes que vivían en países árabes adyacentes y luego a los grandes terratenientes palestinos residentes en las ciudades.

En cuanto a los campesinos, quienes cultivaban la tierra desde cientos de años atrás y estaban aferrados a ella, Gran Bretaña los asfixió imponiéndoles enormes impuestos que no le dejaban otro camino que acudir al usurero sionista para pedir créditos a cambio de hipotecar su tierra, la que no demoraba en pasar a manos del prestamista por falta de pago.

A pesar de tan intensos esfuerzos el sionismo sólo logró apoderarse del 6% de la superficie de Palestina, es decir mil 681 km2, de los cuales 175 gozaban de alquileres privilegiados a largo plazo, otorgados por Gran Bretaña a los judíos. Otros 57 rezaban como tierra no clasificada y 1449 eran adquiridos por los judíos directamente aún cuando no hubieran sido registradas de forma legal. ¿Quién vendió esos territorios?

Según estadísticas de la agencia judía, ellos compraron el 56,2% de esa tierra a los grandes terratenientes no palestinos quienes se encontraban ausentes, el 24,6% a los grandes terratenientes residentes en Palestina y el 13,4% a las iglesias y a empresas extranjeras. Mientras que a los campesinos, sobre quiénes pesaban enormes impuestos, solo les tocaba el 9,4% de los territorios vendidos, es decir, la mitad del 1% de la superficie de Palestina.

La partición arbitraria

Después de 28 años de cooperación con los británicos, el sionismo solo pudo apoderarse del 6% de la superficie de Palestina, aunque sí logró aumentar la población judía al 30% del total, tras lo cual trasladó todos sus esfuerzos hacia Estados Unidos al adoptar como defensor a su entonces presidente, Harri Truman, quien se enfrentó a su ministro de Relaciones Exteriores para que Estados Unidos presionara con todas sus fuerzas a los países pequeños amenazándoles con suspenderles la ayuda si no votaban a favor de la partición de Palestina entre sus habitantes, sus verdaderos dueños, y entre inmigrantes extranjeros que ni siquiera conocían el nombre de la ciudad a la cual llegaron.

El gran golpe para los árabes fue la aprobación, por exigua mayoría, de la Resolución para la partición de Palestina, la cual estipulaba la creación de un estado judío en el 54% del territorio palestino, así como un estado árabe en el resto del territorio incluyendo la internacionalización de Jerusalén con una administración independiente. Esa histórica ironía estipuló que una minoría extranjera inmigrante le impusiera su dominio a más de la mitad de Palestina, es decir, nueve veces más de lo que poseía, para erigir en ella un estado hebreo, la mitad de cuya población era árabe quiénes, de la noche a la mañana, se convirtieron en súbditos de un estado extranjero invasor.

La ejecución del plan se inició a principios del mes de abril de 1948 durante el mandato británico. Todo comenzó con la vinculación de los territorios judíos, seguida por la usurpación de los territorios árabes adyacentes y la expulsión de sus habitantes. Las fuerzas judías utilizaron la política de limpieza étnica, para ello rodeaban las aldeas por tres flancos dejando el cuarto flanco abierto. Luego reunían a sus habitantes y escogían un número de jóvenes para fusilarlos o quemarlos si los encontraban escondidos en una mezquita, en una iglesia o en una cueva. Al resto los dejaban para que escaparan y trasmitieran las noticias de las atrocidades cometidas o elegían a algunos para que realizaran los trabajos forzados no retribuidos como recoger las piedras de las casas árabes demolidas o cavar las tumbas para aquellos que ases! inaban. Nadie olvida la matanza de Deir Yassin, una de las 17 cometidas durante el mandato británico, y otras 17 cometidas después de este. Las autoridades británicas no hicieron nada por proteger a la población según lo estipulado en el Acta del Mandato.

No bien hubo terminado el Mandato cuando “Israel” se apoderó del 13% de la superficie de Palestina y expulsó a 400.000 personas de 199 aldeas, para anunciar la creación de su Estado en esta porción de tierra, pero sin definir sus fronteras, lo que ha propiciado la continuación del saqueo sionista para robar mas tierra.

En principio, el naciente estado comenzó por controlar la mayor parte de la llanura costera y la franja oeste del Río Jordán, alrededor del Lago de Tiberias, además de una franja que une a ambos en Marj Ben Amer en forma de N. También cayeron en sus manos importantes ciudades palestinas como Jaffa, Haifa, Tiberías, Safad y Bissan, en tanto que Acre también estuvo a punto de ser sometida.

La horrible catástrofe comenzó a conocerse ya que las noticias sobre las matanzas, como la de Deir Yassin, la más famosa, comenzaron a llegar a oídos del pueblo árabe en todas las capitales, lo que provocó manifestaciones populares de protesta y condena al silencio e indolencia de los gobiernos.

Después de ello, llegaron de manera dispersa y desorganizada pequeñas fuerzas regulares procedentes de los países árabes, cuyo objetivo era proteger al pueblo palestino de esa catástrofe, en respuesta al enojo popular árabe y a las manifestaciones que llevaban a cabo.

Antes Gran Bretaña no les hubiera permitido entrar a Palestina si hubieran querido hacerlo, pero su número y potencial militar era mucho menor que el de las fuerzas sionistas de lo que pasó a llamarse “Israel”. Esas fuerzas regulares llegaron a Palestina sin un plan único y sin conocimiento alguno del país o del enemigo. El total de esas fuerzas reunidas, aun cuando estuvieran bajo un mando único, no era mayor a un tercio de las fuerzas “israelíes” en las últimas etapas de la Guerra, por ello no lograron detener la expansión sionista que se desplegó rápidamente hasta ocupar Led y Ramleh, creando un puente que se extendió a Jerusalén, donde ocupó amplias superficies en Galilea. Eso constituyó la! primera señal de la derrota de los árabes.

La ocupación de Led y Ramleh fue una de las etapas más dramáticas en la historia de Palestina ya que los habitantes de ambas ciudades y los emigrantes provenientes de las aldeas de Jaffa que en ellas se encontraban, despertaron con la noticia de la retirada de las fuerzas jordanas dirigidas por el inglés John Glubb y el ataque de las fuerzas “israelíes” por el Norte y por el Sur. Los que se refugiaron en las mezquitas e iglesias fueron asesinados y el resto fue expulsado por medio de las armas o de aterradoras masacres. Una larga caravana humana de 60 mil personas, en el mes de Ramadán y bajo un ardiente sol de verano, se dirigió hacia Ramallah. Cuando se cansaban del largo camino abandonaban a ambos lado! s del camino lo poco que habían podido llevar con ellos. Le seguían los ancianos, los enfermos y luego los niños. Las fuerzas israelíes los conminaban a seguir y le disparaban a todo el que se paraba a tomar agua.

Cuando se anunció el segundo armisticio el número de refugiados aumentó considerablemente hasta alcanzar la cifra de 630.000, quiénes fueron expulsados de 378 aldeas. “Israel” logró ocupar un espacio tres veces mayor que el territorio judío, en el se encuentran las tierras más fértiles y más densamente pobladas. Con ello concluyó realmente la Guerra de Palestina.

Pero la voracidad “israelí” aún no estaba saciada por lo que dirigió sus fuerzas hacia el Sur para ocuparlo y derrotar al ejército egipcio considerado la mayor potencia árabe. A mediados de octubre ocupó amplias superficies, desde el Sur hasta Beer Sheva y al Sur de Jerusalén, extendiéndose hasta la costa sur con lo que el número de refugiados volvió a aumentar hasta 664.000 que fueron expulsados de 418 aldeas.

“Israel” trasladó sus fuerzas del Sur hacia el Norte para llevar a cabo la ocupación total de Galilea y de 12 aldeas libanesas a principios de noviembre de 1948, controlando todo el Norte de Palestina más allá de la frontera libanesa, cerca de Galilea.

En Galilea ocurrió el mayor número de masacres debido a lo montañoso de la zona y como método para aterrorizar a la población que no quiso abandonar la ciudad situada en el estado árabe según la resolución de la partición.

Por esa situación, “Israel” cometió 24 matanzas en Galilea de un total de 34 que pudieron ser registradas, pues ninguna aldea se salvó de los asesinatos, la destrucción y el horror.

No hay dudas de que las masacres no eran más que una estudiada política israelí a fin de atemorizar a la población y expulsarlos, para así apoderarse de sus tierras, según testimonio de miles de sobrevivientes. A pesar de ello, Occidente no quiso prestar oídos a esos testimonios, ni creyó en ellos.

En los últimos años fueron publicadas investigaciones llevadas a cabo por historiadores israelíes que estudiaron los expedientes sionistas a los que tuvieron acceso. Esos documentos confirmaron la ocurrencia de dichas matanzas y las atribuyeron a la guerra, pero esa opinión comenzó a perder valor por la clara evidencia de que las matanzas se repetían invariablemente en cualquier circunstancia y por el hallazgo de órdenes expresas de altos jefes que ordenaban eliminar a la población.

Ahora han sido abiertos los informes de aquellos que actuaron como observadores durante el armisticio. En sus informes, los expertos plantean que por la cantidad de masacres cometidas “no tenemos el tiempo suficiente, ni las posibilidades para investigar cada una de esas atrocidades”.

Pero los países árabes perdieron su capacidad de luchar para salvar a la población y no pudieron obviar las divergencias surgidas entre ellos en cuanto a la creación de una dirección unificada, por lo que se apresuraron a firmar los acuerdos de tregua con “Israel”, comenzando por Egipto seguido por Jordania, El Líbano y por ultimo Siria. Tras la firma de los acuerdos “Israel”, sin disparar un solo tiro, ocupó Neguev, en la región sur, hasta llegar a Um Rashrash, actual Elat, para izar su bandera en el Golfo de Al Aqaba.

Mientras se llevaban a cabo las negociaciones para la tregua, el Rey Abdallah renunciaba a 436 km2 en el pequeño y fértil triángulo densamente poblado. Las sitiadas fuerzas egipcias, entre cuyos oficiales se encontraba Gamal Abdel-Nasser en cumplimiento de las condiciones de la tregua, se retiraron de Al Faluja con todas sus armas.

Con la ocupación del 78% del territorio de Palestina, “Israel” traspasó la línea divisoria por todos los lados, es decir el 24% por encima de lo estipulado en el proyecto de partición, pues ocupó Galilea Central destinada al estado árabe, también ocupó un triángulo que la unía a Jerusalén, a través de Led y Ramleh, a pesar de que Jerusalén es una zona internacional y de que todo lo que la rodea es árabe, según la resolución de la partición.

En el Sur, “Israel” se extendió hacia el Mar Muerto, ocupando la ciudad árabe de Beer Sheva. También las tres cuartas partes de la zona costera destinada a los árabes, de la cual solo quedó la pequeña Franja de Gaza.

Con ello “Israel” ocupó seis mil 300 km2 que no estaban incluídos en el proyecto de partición. El territorio árabe usurpado por “Israel” era doce veces mayor al territorio judío de 1948. Realmente fue una gran adquisición.

A nivel humano esa catástrofe dejó 900.000 refugiados que fueron expulsados de 531 ciudades y aldeas y emigraron hacia lo que quedó de Gaza, al Sur, al Este hacia lo que se conoce por la Ribera Occidental y al Norte hacia Siria y El Líbano.

La catástrofe pasó a la historia como una mancha negra que costó la vida a muchos dirigentes y gobernantes; la caída de tronos y de regímenes y un precio que aún siguen pagando millones de refugiados en Palestina, sus alrededores y en el exilio.

El reparto del botín

Nunca antes en la historia moderna se había visto que una minoría extranjera invadiera la patria de una mayoría, con apoyo político, financiero y militar del exterior, que la expulsara de su patria y que borrara sus trazos como sucedió en Palestina. “Israel” distribuyó las hermosas casas de Jerusalén occidental, Haifa y otras ciudades entre los más destacados hombres del gobierno y en el resto albergó a cientos de miles de judíos procedentes de países occidentales. Las tres cuartas partes de las aldeas fueron arrasadas y sus casas destruidas, el por ciento restante también fue destruido pero en menor grado.

Es impresionante ver como algunos refugiados, ya ancianos, toman a sus hijos y nietos, cuando se les hace posible, y van a visitar el sitio donde estuvieron sus aldeas, para enseñarles su ciudad natal cuyo recuerdo llevan grabado en el corazón. Allí encuentran una pared por aquí, un árbol por allá, que los lleva a imaginarse que su ciudad aún está viva, algo que solo es una realidad en sus corazones y en el de sus hijos.

Allí buscan la tumba de sus abuelos las que encuentran dispersas o con inscripciones en las que aparecen frases racistas en hebreo. Siguen buscando y encuentran asombrados que la mezquita se convirtió en un museo, en un restaurante o en un basurero.

El exterminio geográfico

A pesar de que hasta ahora el sionismo ha logrado usurpar la tierra, expulsar a sus habitantes y dispersarlos por todas partes del mundo en lo que se puede llamar exterminio geográfico, no podrá jamás eliminar al pueblo palestino el cual ha sobrevivido y se ha mantenido cohesionado en gran medida, y no desaparecerá como desaparecieron otras naciones anteriores en catástrofes menos graves.

¿Que le sucedió a la tierra?

“Israel” se ha tejido una tela de araña de legislaciones y leyes para protegerse de la condena internacional.

Comenzó por poner todas las tierras árabes en fideicomiso, asumiendo la responsabilidad de “cuidar los bienes de los ausentes” por lo que las confiscó como propiedad del estado. A tales efectos consideró ausente a todo aquel que se encontrara refugiado en un país árabe y que fue expulsado de su hogar por medio de guerras y masacres. También consideró ausente a todo palestino que permaneció en su tierra y fue a visitar a sus parientes a un país vecino, aún cuando estuviera a solo un kilómetro de distancia.

Si “Israel” desea apoderarse de una tierra cuyos dueños aún se encuentran en ella, declara la zona cerrada por motivos de seguridad y procede a evacuar a sus habitantes a quienes luego considera ausentes.

Eso fue lo que hizo con las aldeas de Iqret y Baram, a cuyos habitantes mandó a salir por solo dos semanas y aún no han vuelto a ella. Es posible que muchos no conozcan la existencia en el propio “Israel” de refugiados palestinos, quienes fueron expulsados de sus casas y considerados ausentes-presentes a pesar de que tienen la nacionalidad “israelí”. Son 250.000 habitantes, es decir, un cuarto de los palestinos residentes en el país.

El segundo paso de “Israel” fue establecer un “Organismo de Desarrollo” con derecho a explotar los territorios palestinos, alquilarlos y utilizarlos solo en beneficio de los judíos, colocando todas esas tierras bajo el régimen de “cuidar los bienes de los ausentes”.

Dicho organismo entregó a su vez, como tercer paso, todas las tierras a la “Administración Israelí para los Territorios”, la cual se ocupa de administrar las tierras de los refugiados luego de anexarles las tierras judías pertenecientes al Fondo Nacional Judío. (En el año 1999 surgió una divergencia entre el gobierno y el Fondo por lo que sus territorios se volvieron independientes).

“Israel” alquiló las tierras palestinas a los kibuts y moshav (aldeas cooperativas) por medio de contratos renovables cada 49 años, con la condición de que esas aldeas no le alquilaran terrenos a ningún árabe ni le permitieran invertir o trabajar en ellas.

La mayoría de los primeros miembros del ejército “israelí” surgieron en los kibuts bajo un régimen comunitario, en el que nadie poseía nada y en el que todos se ocupaban de cuidar a los niños, de trabajar la tierra y de realizar otras funciones. Eran una fábrica de incubar a los niños del estado quienes se criaron bajo los principios del sionismo, la lealtad y el racismo contra los árabes. Con el decursar del tiempo, se debilitó la importancia de esos principios por lo que muchos emigraron de los kibuts hacia la ciudad. Debido a ello, las tres cuartas partes de esas colonias cayeron por las deudas acumuladas lo que hizo que algunos acudieran a otras fuentes de ingreso como la industria ligera y el turismo. En estos kibuts solo vive el dos por ciento de la población de “Israel”.

Esta importante élite de peso en el ejército y el Knesset (Parlamento) se ha apoderado de 18 mil kilómetros cuadrados de tierra pertenecientes a los refugiados de los campamentos. Los kibuts consumen en la agricultura el 80 por ciento de los recursos hidráulicos de “Israel”, robado en su mayoría a los árabes, para producir el tres por ciento del Producto Nacional Bruto de “Israel”.

Esa enorme contradicción dada en el hecho de que 200.000 “israelíes”, habitantes de los kibuts, disfruten de las bondades de la tierra palestina, perteneciente a más de 5.000.000 de refugiados, no puede conducir a la paz aún cuando sea impuesta por la fuerza. Aunque existe una contradicción aún mas dolorosa ya que en la Franja de Gaza hay actualmente un millón 250.000 refugiados para una densidad poblacional superior a 4.000 personas por km2, mientras que cada uno de esos refugiados puede ver, a través de la alambrada, a los “israelíes” disfrutando en la tierra a ellos arrebatada y que tiene densidad poblacional de seis personas por kilómetro cuadrado.

¿Entonces, dónde están los judíos de “Israel”? Aún viven en la propia tierra judía en la cual vivieron desde antes de 1948. El sionismo no los ha podido convertir en agricultores vinculados a la tierra ya que la mayoría de ellos ha vivido en sociedades civiles cohesionadas, que trabajan en la esfera de las finanzas, el comercio y la industria.

Las estadísticas “israelíes” revelan que el 78% de los judíos vive en solo el 15% de la superficie de “Israel”. Mientras que el 19, del 22% restante vive en ciudades, en su mayoría palestinas, como Jerusalén, Jaffa, Acre, Nazaret, Led, Ramleh, Beer Sheva, Majdel y Askalan; el resto son habitantes de los kibuts y las aldeas cooperativas. Ese fracaso sionista hizo que los arrogantes dirigentes como Ariel Sharon y Rafael Etan propusieran la adopción de leyes que permitieran “vender” algunas tierras de los kibuts a contratistas para construir viviendas en ellas para los judíos de todas partes! del mundo, dándole a los pobladores de los kibuts una compensación de aproximadamente el 25% del valor de la venta de una tierra que no les pertenece. A partir del año 1997, comenzó a ingresar al presupuesto del estado alrededor de un billón de dólares anualmente producto de la venta de las tierras palestinas, cuyos dueños aún están en el exilio.

Posible regreso

¿Tienen los refugiados derecho a regresar a sus hogares? ¿Acaso ello es posible? La respuesta es que el derecho al retorno es sagrado, legal y posible.

Sagrado porque ese es el sentimiento de todo palestino, tanto ancianos como niños, ya que a pesar de haber transcurrido más de medio siglo, ese derecho es la llama que ilumina la oscuridad de la vida que les ha tocado vivir.

Posible porque a pesar de la afluencia de emigrantes judíos hacia “Israel”, la mayoría de los territorios palestinos está deshabitada, o viven en ella la mayor parte de los palestinos que permanecieron en sus hogares según lo constataran estudios demográficos basados en estadísticas “israelíes”. Sobre esta base podemos suponer que si los refugiados de El Líbano retornan a Galilea se afectaría la densidad poblacional judía en esa zona en solo un uno por ciento. Si retornaran los refugiados de Gaza a sus hogares en el Sur se afectaría la densidad poblacional judía en solo un cinco por ciento. Además resulta una contradicción dolorosa el hecho de que el total de refugiados de Gaza y El Líbano sea igual al número de emigrantes rusos asimilados por “Israel” con toda facilidad en los años 90.

Es lamentable que muchos dirigentes no sepan que es posible el retorno de los refugiados a sus hogares en “Israel” según lo confirmaron serios estudios demográficos. Ellos aceptan con facilidad la leyenda sionista de que el lugar esta abarrotado y que los límites de la propiedad desaparecieron. Sería un disparate y una pretensión tendenciosa que no se puede sostener ante una investigación seria. Tenemos actualmente cientos de mapas británicos que evidencian las fronteras de los territorios árabes y su superficie en cada aldea y ciudad, también tenemos en los archivos de la ONU, casi medio millón de registros de inscripción, que muestran la propiedad de cada individuo, su ubicación y superficie. La técnica moderna a través de la computación y los satélites puede remitir cada metro de tierra a su origen. No tenemos que demostrar! que hay suficiente espacio allí para que los refugiados retornen a sus hogares, ni determinar el lugar de ese hogar y de la tierra, ya que el derecho del hombre a retornar a su hogar y la inviolabilidad de la propiedad privada son derechos fundamentales estipulados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos que no prescribe ni por el paso del tiempo, ni por la ocupación, ni por la imposición de una soberanía extranjera. Es ilógico imponerle al dueño de ese hogar que pruebe su derecho ante el invasor extranjero o el emigrante judío llegado de cualquier parte de la tierra para habitar ese hogar. Muchas personas en occidente aceptan el pretexto “israelí” de la necesidad de que “Israel” permanezca libre de todo árabe y la necesidad de que los judíos sigan siendo mayoría absoluta. Ese planteamiento racista es solo similar a aquel que propugnaba el derecho de Sudáfrica al planteamiento de preservar el apartheid. Es un pretexto! ilegal, inmoral y poco práctico ya que el por ciento de la población judía en comparación con la población palestina entre el Río Jordán y el Mar Mediterráneo alcanza el 55 y los árabes el 45. Es solo una cuestión de tiempo para que se equipare o aumente esa diferencia ya que el crecimiento natural anual palestino supera el 3,5 por ciento y a veces más, mientras que el crecimiento natural de los judíos es solo de 1,5 por ciento anual. A ello se añade la emigración que duplica o supera ese crecimiento como sucedió en los años 90, aunque no es una emigración organizada.

Por otra parte la emigración judía es algo que no es seguro ya que algún día terminará. Por tanto mantener ese odioso apartheid es algo ilegal, inmoral y poco práctico.

El futuro es difícil pero prometedor

Palestina y sus habitantes han padecido los obstáculos impuestos por el controvertido Acuerdo de Oslo que no es un acuerdo sino un diferendo ya que despojó a los palestinos del derecho a la legalidad internacional y los convirtió en rehenes de los dictados del más fuerte sobre el más débil.

Ese acuerdo no se convertirá jamás a un convenio de paz que cuente con la aceptación y el beneplácito de todo el pueblo palestino, ni de los refugiados cuya inmensa mayoría, el 71 por ciento, se encuentra fuera de Palestina, lejos de las zonas de poder palestinas y del gobierno “Israelí”.

En cuanto a las tierras de los que se mantuvieron en Palestina ocupada en 1967, en Cisjordania (cuya superficie representa el 21 por ciento de la superficie de Palestina), “Israel” se fue apoderando de ellas pedazo a pedazo hasta dominar mas de la mitad de Cisjordania y de la Franja de Gaza.

A los que se quedaron en su tierra ocupada en 1948 y tienen nacionalidad “israelí”, el estado hebreo les confiscó más de la mitad de las tierras y hoy están viviendo una situación nacional diferente ya que se renovaron sus esperanzas, fundaron partidos y agrupaciones para reafirmar su identidad y su herencia histórica y geográfica.

Por otra parte, los refugiados viven en nuestros días la peor situación desde que ocurrió la catástrofe. Actualmente, bajo el manto de la paz, quieren despojarlos de sus derechos. Ellos no han luchado todo este largo tiempo y resistido pacientemente cinco guerras y un número incontable de incursiones y ataques para admitir ahora que no tienen patria, ni derechos, ni historia y que todo eso no fue más que una quimera – como querían para ellos aquellos que se envolvían en un manto llamado paz y que hacían que todo aquel que hablara de “Jerusalén Árabe” fuera considerado demente o terrorista y perseguido por los regímenes y gobiernos amantes de la paz.

A pesar de todas las dificultades el pueblo palestino permanecerá cohesionado y firme y seguirá luchando y defendiendo sus derechos hasta tanto regrese a su tierra. No habrá una paz verdadera si no se regresa a la patria, de ello no tenemos ni la menor duda. Solo resta que la historia recoja cuantos sacrificios aún hay que hacer para que ese retorno se convierta en realidad.

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