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martes, 23 de abril de 2019

Haftar: El hombre de Gadafi, el de la CIA y del que depende Libia

El 4 de abril de 2019 el hombre fuerte de Libia, Khalifa Haftar, ordenó al Ejército Nacional Libio iniciar la ofensiva para recuperar Trípoli; la capital de un estado fallido que no conoce la paz desde las revueltas de 2011 para derrocar a Gadafi.
Esta nueva fase de la guerra no es una disputa ni ideológica, ni entre sistemas, ni entre imperialistas y revolucionarios. Esta retórica está obsoleta; al menos en el caso libio. Se trata de una disputa de poder, pero más concretamente, de una disputa para no compartir el poder.
Cuando Haftar dio la orden al Ejército Nacional Libio (LNA) de avanzar sobre Trípoli, el Secretario General de Naciones Unidas, Antonio Guterres, se encontraba dentro de la ciudad ultimando los preparativos para la conferencia de paz de Ghadames en la que el propio Khalifa dijo que participaría.
En Ghadames (junto a las fronteras de Libia con Túnez y Argelia) Naciones Unidas tenía pensado reunir entre el 14 y el 16 de abril a 120 delegados tanto del Gobierno de Acuerdo Nacional de Trípoli, encabezado por Fayez Sarraj, como del gobierno de Tobruk, al que se adhiere el LNA.
"La situación de divisiones y disputas convierte a Libia en un estado fallido ingobernable, el Gobierno de Tobruk y el Gobierno de Trípoli son incompatibles y no están dispuestos a compartir mutuamente el poder".
Aunque la ofensiva del Ejército Nacional Libio contra Trípoli a pocos días de la conferencia –que la ONU ha tenido que posponer– puede verse como un acto de caciquismo anti-democrático que imposibilita la paz, lo cierto es que si Khalifa Haftar logra conquistar Trípoli, habría dado uno de los pasos más importantes cara a unificar y pacificar Libia, que lleva casi una década desangrándose entre conflictos tribales, sectarios y políticos.
"Libia podría no estar preparada para la democracia", según Haftar en enero de 2018. Aunque la afirmación puede parecer digna de un tirano, lo cierto es que no está del todo desencaminada.
Tras la muerte de Gadafi, Libia es un puzzle roto en el que las piezas no encajan. Por un lado está el gobierno de Tobruk, que surge tras unas elecciones en 2014 en las que los islamistas derrotados no aceptaron el resultado por la baja participación. Por otro lado, encontramos el Gobierno de Acuerdo Nacional de Sarraj (formado como gobierno de transición en 2015-2016 en Trípoli), reconocido por la ONU tras el Acuerdo Político Libio firmado en 2015 y que Khalifa Haftar dejó de reconocer en 2017. Antes del Acuerdo Político Libio, el gobierno reconocido por la ONU era el de Tobruk. En el sur están al-Qaeda en el Magreb Islámico y el Estado Islámico, y todavía algunas regiones están divididas por disputas tribales.
Si ya de por sí esta situación de divisiones y disputas convierte a Libia en un estado fallido ingobernable, el Gobierno de Tobruk y el Gobierno de Trípoli son incompatibles y no están dispuestos a compartir mutuamente el poder.
Si algo hace destacar a Haftar es su empecinamiento a la hora de combatir al integrismo islámico y el islam político de los Hermanos Musulmanes. Trípoli, sin embargo, es un gobierno completamente afín a estos últimos, que cuentan con cargos importantes incluso dentro de la Autoridad de Inversiones Libia, encargada de gestionar los fondos de inversión del país.
Trípoli tiene el respaldo de la ONU y el apoyo de países como Italia o Estados Unidos, pero eso apenas tiene relevancia a nivel interno cuando es el gobierno de Tobruk el que controla entre el 60 y el 70% del país gracias a las alianzas con tribus.
Un problema que enfrenta Haftar, por el que necesita recuperar Trípoli, es que controla la mayoría del petróleo del país, produciendo 1 millón de barriles al día, pero no controla ni la petrolera nacional ni el banco nacional. Aun así, las cosas no están fáciles para Trípoli, ya que los yacimientos de Sharara y al-Fil, vitales para la su supervivencia económica y energética, los recuperó el LNA sin resistencia en febrero de este 2019.
Aunque Haftar sea reconocido por su lucha contra los sectores islamistas, cuenta con el apoyo de países ultra-conservadores como Emiratos Árabes Unidos y en una menor medida Arabia Saudí. Esto se debe a que ninguno de los dos países quiere que los Hermanos Musulmanes puedan llegar a controlar nuevos territorios en los que asentarse, coordinarse y hacerse fuertes. Esto ha hecho que Egipto también se una al apoyo de Tobruk junto con Francia.
Rusia también es un aliado muy importante de Haftar, pero su apoyo está más determinado por recuperar lazos comerciales que se perdieron con el derrocamiento de Gadafi y para asegurar una posición estratégica en el Mediterráneo central.
El gobierno de Trípoli, por otro lado, está aupado por la UE, EEUU y la ONU, pero principalmente por Turquía y Qatar, que buscan proteger a sus aliados de los Hermanos Musulmanes.
"EEUU, además, fueron los primeros en subirse al barco para destruir Libia, pero son los primeros en bajarse ahora que está a la deriva y la situación parece de todo menos halagüeña".
En este contexto lo que encontramos es una guerra de Libia en la que se están librando varias guerras. Esto hace que la Comunidad Internacional se retrate de una manera vergonzante.
"Preocupado por esta crisis humanitaria, he ordenado que los barcos de guerra vayan al mediterráneo". Así justificaba Obama, en base a una crisis humanitaria, autorizar en marzo de 2011 la acción militar contra Libia avalada por la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. En aquel entonces no hacía falta contención: la vía militar era la única vía contemplada para derrocar al régimen rival.
Pero claro, ahora Trípoli son los "buenos", los "amigos", y entonces, bajo la excusa de la crisis humanitaria, se pide a Haftar contención. EEUU, además, fueron los primeros en subirse al barco para destruir Libia, pero son los primeros en bajarse ahora que está a la deriva y la situación parece de todo menos halagüeña.

El mayor conflicto además del de Trípoli-Tobruk es el de París-Roma

Francia e Italia tienen intereses encontrados dentro de Libia, y esto se refleja en el constante choque diplomático, los ataques por parte de sus representantes y acciones como la francesa de bloquear el borrador de la Unión Europea condenando el intento de Haftar de tomar Trípoli. Actuando de forma similar a Rusia en la ONU por el mismo motivo.
Francia tiene una importante inversión en recursos y campos petroleros al este de Libia (zona del gobierno de Tobruk). Además, su apoyo a Haftar es vital cara a combatir el extremismo en el sur y en Sahel; zonas de influencia francesa donde el terrorismo de AQIM y Boko Haram amenazan sus intereses.
"Lo que suceda en esta batalla determinará el futuro de Libia y si por fin podrá volver a imaginarse la paz en el país".
Italia por otro lado, ve en el Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA) de Sarraj una necesidad. Por un lado para proteger a sus soldados que tiene en las bases del oeste de Libia, bajo control del GNA. Por otro lado y más importante, porque coordinados con Trípoli están intentando combatir el tráfico ilegal de migrantes, el trabajo de las ONG’s que recogen barcos a la deriva para llevarlos a las costas italianas y el negocio que hacen las mafias libias con todo eso.

El futuro de Libia depende de Haftar, pero hablamos de un hombre demasiado imprevisible

Khalifa Haftar se graduó en la academia militar real de Benghazi para después unirse a Muamar al-Gadafi en el golpe de 1969 contra el rey Idris al-Sanousi. Posteriormente terminó su carrera militar en la Unión Soviética y lideró gran parte del ejército en la guerra de Libia contra Chad hasta que en una derrota él y 600 hombres suyos fueron capturados.
Tras la guerra de Chad, Gadafi renegó de Haftar, que fue rescatado por la CIA y se exilió a Estados Unidos. De estos años poco se sabe, pero hay quienes afirman que estuvo preparando junto a la CIA cómo dar el golpe con el que derrocar a Gadafi.
Fue en 2011 cuando Haftar volvió a Libia en el golpe contra Muamar Gadafi, siendo Jefe de las Fuerzas Terrestres del Consejo Nacional de Transición. Tras su victoria, se enfrentó al gobierno de Ali Zeidan para posteriormente formar en 2014 el Ejército Nacional Libio y adscribirse al gobierno de Tobruk. Ahora, Haftar busca recuperar Trípoli. Lo que suceda en esta batalla determinará el futuro de Libia y si por fin podrá volver a imaginarse la paz en el país.

lunes, 15 de abril de 2019

¿Logrará Haftar tomar Trípoli?



El 3 de abril, el líder militar renegado Khalifa Haftar anunció una ofensiva en Trípoli para "liberar" la capital y todo el oeste de Libia del Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA) respaldado por la ONU, encabezado por Fayez al-Serraj.

Muchos ahora creen que Haftar había estado planeando esta toma de control militar desde 2014 cuando llamó a un golpe militar en Trípoli. Su intento de derrocar al primer parlamento elegido democráticamente en Libia, el Congreso Nacional General (GNC), fracasó, lo que lo llevó a lanzar la "Operación Dignidad " en Benghazi unos meses después.

Su consolidación de poder en el este y luego la expansión gradual al sur y al oeste de los territorios bajo su control aparentemente apuntaron a eventualmente tomar Trípoli, lo que le permitiría establecer un gobierno militar de un solo hombre sobre el país, similar al de El fallecido líder libio Muammar Gaddafi.

El anuncio de la operación lanzada por el Ejército Nacional de Libia (LNA) de Haftar se produjo días antes de que se celebrara una conferencia nacional organizada por la Misión de Apoyo de las Naciones Unidas en Libia (UNSMIL) en la ciudad de Ghadames, en la frontera con Argelia.

Se esperaba que esta conferencia lograra un gran avance en el callejón sin salida político y produjera una hoja de ruta para resolver el conflicto libio que habría incluido la celebración de nuevas elecciones para unir a las instituciones divididas del país. Un acuerdo político de este tipo habría puesto fin a las ambiciones personales de Haftar de lograr el poder absoluto en Libia, con el apoyo de sus principales patrocinadores internacionales, los Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Arabia Saudita.

El hecho de que optó por librar la guerra en Trípoli justo antes de esta importante conferencia (inicialmente programada para el 14 y 16 de abril) demuestra que siempre ha sido poco sincero acerca de alcanzar un acuerdo político y que asistió a todas las conversaciones de paz internacionales, incluso en París, Palermo y, más recientemente,Abu Dhabi , eran simplemente una táctica para ganar tiempo.

La ofensiva de Haftar ha antagonizado todo el oeste de Libia, especialmente las ciudades de Trípoli, Misrata, Zawia y Zintan y sus facciones militares, que se unieron rápidamente bajo la bandera de defender la capital y opusieron una resistencia viable a sus fuerzas.

Ahora que las posibilidades de un acuerdo político en Libia se están desvaneciendo cada día, parece que hay tres escenarios posibles que podrían desarrollarse en el futuro.

Los escenarios

Primero, la ofensiva de Haftar podría convertirse en un conflicto prolongado y, eventualmente, en un punto muerto militar. Esto significa que la lucha continuará durante muchos meses, posiblemente incluso años, especialmente si ambas partes continúan recibiendo apoyo de patrocinadores internacionales en forma de armas, municiones y financiamiento.

Este escenario sería devastador para el país, causando una crisis humanitaria a gran escala y un daño generalizado a la infraestructura civil y la vivienda. También significaría el final del proceso de diálogo dirigido por la ONU, una mayor división entre el este y el oeste de Libia, y un continuo derramamiento de sangre en todo el país.

En segundo lugar, el LNA también podría optar por retirarse, ante una posible derrota.Haftar apostó por el elemento sorpresa y una rápida entrada en Trípoli antes de que sus oponentes pudieran reaccionar y movilizarse. Eso, sin embargo, no sucedió; Sus fuerzas no lograron romper las defensas de la capital.

Haftar ha estado utilizando dos puestos de preparación para su ofensiva en Trípoli: las ciudades de Gharyan y Tarhouna, a unos 80 kilómetros al sur-oeste y al sur de la capital.Sus líneas de suministro, sin embargo, están muy estiradas, con sus fuerzas luchando a cientos de kilómetros de su base en el este.

Si sus largas líneas de suministro se cortan y necesitan suministros de municiones nuevas, el combustible y los nuevos combatientes disminuyen más rápidamente de lo esperado, entonces es probable que el LNA termine retirándose.

Esto a su vez podría llevar a las fuerzas de GNA a avanzar y recuperar el territorio perdido en el sur y el área de Jufra de importancia estratégica en el centro del país. El control de Haftar del área de la media luna de petróleo entre Sirte y Benghazi también podría ser amenazado si sus fuerzas se retiran.

En tercer lugar, también existe la posibilidad de que el LNA, impulsado por nuevos suministros militares de sus firmes partidarios de los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Egipto, derrotaría a las fuerzas que actualmente defienden Trípoli.

Si el LNA logra avanzar hacia la capital, algunos grupos armados de oposición pueden cambiar su lealtad a Haftar y algunas de sus células dormidas informadas pueden activarse y ayudar con la toma de posesión.

Sin embargo, la resistencia en forma de lucha callejera puede durar un tiempo antes de que el líder militar renegado pueda establecer el control total sobre la capital. La conquista de otras ciudades clave fuera de Trípoli, como Misrata (220 km al este) y las ciudades de la montaña Nafusa (200 km al sur) llevaría mucho más tiempo, posiblemente meses, si no años.

¿Tendrá éxito Haftar en su guerra en Trípoli?

Si Haftar tendrá éxito o no en su guerra en Trípoli dependerá principalmente de la postura adoptada por la comunidad internacional, especialmente los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU.

Hasta ahora, estos actores clave se han resignado a emitir declaraciones de condena, pidiendo el cese de la lucha. Mientras tanto, otros países han continuado suministrando armas, municiones y apoyo logístico, que están alimentando y prolongando el conflicto.

En mi opinión, las indicaciones son que Haftar ahora ha perdido el elemento sorpresa y calculó mal el nivel de resistencia militar que enfrentaría. Las líneas de suministro para sus tropas son difíciles de mantener y es muy probable que no logre tomar Trípoli.

Una derrota significaría el fin de las ambiciones de Haftar de asegurar el control militar y político total de Libia y el fin de su legitimidad percibida para ser parte de cualquier proceso político adicional. Tendría que dejarlo fuera de cualquier esfuerzo adicional para lograr la reconciliación y el acuerdo político.

Las posibilidades de que Libia termine el conflicto y la división actual, que traiga paz y estabilidad genuinas, aumentarán si Haftar, el mayor obstáculo, se eliminara.

domingo, 10 de junio de 2018

Memorándum sobre Libia – Mentiras contra el Estado, el Guía y el ejército

por Saif al Islam Gadafi

Desde que la OTAN falsificó deliberadamente el expediente libio para arrogarse el derecho de destruir Libia y asesinó a su Guía para sumirla en el caos, Saif al-Islam Kadhafi es la única personalidad capaz de unir rápidamente las diferentes tribus. Después de su reciente liberación, Saif al-Islam redactó este memorándum donde hace un balance de la situación jurídica de su país.


El objetivo de este memorándum es pasar revista a todo lo que el pueblo libio ha sufrido durante los últimos 6 años. Estos crímenes fueron cometidos en nombre del intervencionismo humanitario, de la protección de los civiles, de la introducción de la democracia y de la prosperidad. Las fuerzas de la OTAN, con ayuda de varios Estados árabes y de algunos libios, atacaron Libia con todos los medios a su disposición. Las justificaciones presentadas eran tan falsas como los pretextos para la invasión contra Irak en 2003. Fue la destrucción sistemática de un país soberano y de una nación pacífica. Esta nota trata de presentar esos crímenes a la comunidad internacional, a las organizaciones de defensa de los derechos humanos y a las ONGs para que apoyen a Libia y a su pueblo en sus innumerables esfuerzos por reconstruir este pequeño país.

Libia en la encrucijada: al principio

La agonía de Libia comenzó el 15 de febrero de 2011, cuando cierto número de ciudadanos se reunieron en calma para protestar contra el incidente ocurrido en la cárcel de Abu Salim. La manifestación fue rápidamente manipulada por elementos de grupos yihadistas, como el Grupo Islámico Combatiente Libio (GICL). Esos elementos atacaron puestos de la policía y cuarteles del ejército en Derna, Benghazi, Misurata y Al-Zawiya para robar el armamento y utilizarlo en su guerra planificada contra el pueblo libio y su legítimo gobierno. Esas acciones gozaron de acompañamiento de la máquina de propaganda de las televisoras Al-Jazeera, Al-Arabiya, BBC y France24, entre otras que exhortaban al pueblo libio a enfrentarse a la policía, que trataba de proteger los edificios gubernamentales y la propiedad privada ante los ataques y saqueos.

Escenas de horror pudieron verse en las calles y en edificios de las fuerzas de seguridad, donde los manifestantes cometieron crímenes indescriptibles contra la humanidad. Miembros de las fuerzas de seguridad, militares y policías fueron degollados, se les extrajo el corazón y sus cuerpos fueron cortados en pedazos en una exhibición de brutalidad y salvajismo.

Por ejemplo, en el primer día de incidentes, el 16 de febrero de 2011, en la ciudad de Misurata, manifestantes supuestamente pacíficos mataron a un hombre, Musa Al-Ahdab, y quemaron su cuerpo. El mismo día, en Benghazi, un oficial de la policía fue asesinado y desmembrado. Esos actos de barbarie fueron perpetrados por personas armadas que utilizaron tanques, ametralladoras y ametralladoras antiaéreas en las ciudades de Misurata, Benghazi y Al-Zawiya. Esas escenas están bien documentadas y pueden verse en YouTube así como en las redes sociales.

O sea, hubo decenas de víctimas, contrariamente a los reportes sesgados de los medios. Según Al-Jazeera, Al-Arabiya y los grupos de oposición libios, a finales de 2011 el número de muertos se elevaba a 50 000. Sin embargo, en 2012, el gobierno de Abdel Rahim al-Kib anunció que la cantidad de víctimas registradas entre el 17 de febrero de 2011 y el fin de la guerra en octubre de 2011 era 4 700 –incluyendo las personas fallecidas de muerte natural. A pesar de la cantidad muy elevada de víctimas que mencionan las estadísticas, no se comunican sus nombres ni identidades y ninguna familia ha solicitado indemnización al gobierno.

La campaña de propaganda y las mentiras que acompañaban las acusaciones contra los militares no se limitaban a la exageración del número de víctimas. Incluso afirmaban que el gobierno utilizaba aviones de guerra contra los civiles, que ordenaba violaciones masivas de mujeres por parte del ejército y de las fuerzas de seguridad con uso de Viagra encontrado en los blindados, que utilizaba mercenarios africanos y argelinos y que los pilotos de sus aviones desertaban hacia Malta. Hasta el día de hoy, no se ha probado ninguna de esas imputaciones, que no tienen nada que ver con la verdad. Las investigaciones de la ONU, de Amnistía Internacional y de Human Rights Watch no han logrado verificar ni uno de los 8 000 casos de secuestro que la oposición libia denunció en aquel momento. En realidad, se trata de acusaciones fabricadas y sin ninguna credibilidad.

Idénticamente, la acusación de que se usaron aviones de guerra Mirage de la base aérea de Al-Weathy, en el extremo oeste de Libia, para atacar a los civiles de Benghazi carece de toda lógica ya que su consumo de carburante impedía a esos aviones alcanzar esa ciudad y volver a esa base. Es en efecto imposible para ese tipo de aviones atacar blancos a 1 500 kilómetros de su base y volver sin reabastecerse y había alrededor de Benghazi bases aéreas que el gobierno libio hubiese podido utilizar de ser necesario. El Viagra supuestamente hallado en los tanques es una manipulación similar. Libia disponía de un ejército joven, profesional y moral, que no pensaba en cometer ese tipo de crímenes ni necesitaba Viagra para activar su deseo sexual. Esas historias inventadas son simplemente mentiras comparables a la de los 7 minutos que supuestamente necesitaban las armas iraquíes de destrucción masiva para acabar con Occidente. Hoy en día, las mentiras sobre Irak y Libia sólo dan risa a los pueblos de esos dos países, así como a los de Estados Unidos y Europa (Informe de Amnistía Internacional).


Hoy en día, las mentiras sobre Irak y Libia sólo dan risa a los pueblos de esos dos países, así como a los de Estados Unidos y Europa

La Corte Penal Internacional (CPI)

La CPI (Corte Penal Internacional)  emitió en 2011 una orden de arresto contra Muammar el-Kadhafi, Saif al-Islam Kadhafi  y Abdullah Senussi, acusados de crimen contra la humanidad. A pesar de la gravedad del crimen, la CPI no hizo ningún tipo de investigación en el terreno sino que elaboró sus conclusiones e identificó a los autores en sólo 2 semanas, a contar desde el momento en que el Consejo de Seguridad de la ONU, puso el caso en sus manos. Nunca se presentó el calendario concedido al fiscal, quien de todas maneras no tenía el tiempo necesario para precisar las penas a las que se exponían los supuestos culpables. El coordinador du Consejo Nacional de Transición libio con la CPI, Ahmed al-Jehani, declaró al respecto que «el caso CPI vs Libia es puramente político ya que los miembros de la OTAN pidieron al Consejo Nacional de Transición (CNT) que hiciera él mismo la lista de funcionarios que serían acusados de crímenes contra la humanidad». El CNT designó a Al-Jehani para preparar esa lista, con una decena de nombres, pero la CPI aceptó sólo 3. Al-Jehani agregó además que todas las acusaciones eran fabricadas y reafirmó su punto de vista durante un encuentro con Saif al-Islam, asegurándole a este último que la justicia libia no podría declararlo culpable. Al-Jehani agregó que, con su equipo, él mismo había fabricado todo ese caso porque sabían que era un caso perdido de antemano y que siguieron adelante para implicar a Saif al-Islam en escándalos financieros y de corrupción.

Al-Jehani justificó sus inventos y mentiras afirmando que son [desde el punto de vista religioso] lícitos durante las guerras (declaración de Al-Jehani documentada el 1º de enero de 2012 y ante el tribunal de Zintan).

La CPI adoptó un doble rasero sobre la guerra contra Libia y la intervención de la OTAN. Implicó a personalidades políticas libias en crímenes inventados mientras que ignoró y no condenó el bárbaro linchamiento perpetrado contra Muammar el-Kadhafi  y contra su hijo Moatassem por las milicias que la OTAN respaldaba. Después del linchamiento, la única reacción de la CPI fue abandonar las acciones legales contra Muammar el-Kadhafi. Sin embargo, la CPI tenía en este último caso [el linchamiento] algo muy sólido ya que los medios de difusión habían documentado bien el asesinato, la CPI no necesitaba ninguna prueba adicional para poder llevar los responsables a los tribunales. La CPI podría fácilmente arrestar a los autores, que desempeñan responsabilidades políticas y diplomáticas en varias capitales europeas. La CPI asumió una posición similar contra Abdullah Senussi, después de que el [nuevo] gobierno libio lo secuestrara en Mauritania. La CPI se limitó a dejar de exigir su extradición. Ni siquiera dio seguimiento a la violación de los derechos de Senussi ni al trato inhumano que sufrió en la cárcel de la milicia, a pesar de que lo habían detenido elementos, bien conocidos como yihadistas, del Grupo Islámico Combatiente Libio (GICL). El director de la prisión era precisamente el jefe del GICL, Abdelhakim Belhadj.

La CIA y los gobiernos occidentales conocen muy bien a Belhadj. La CIA lo arrestó, después de su fuga de Kandahar, lo interrogó y lo extraditó a Libia en 2002, acusándolo de terrorismo. En 2009, Belhadj y otros miembros del GICL fueron liberados en el marco de una amnistía general. La carrera de Belhadj como terrorista habla por sí sola. En 1994-1997, ordenó masacrar a 225 personas. En 1997, ordenó el asesinato de los turistas alemanes Steven Baker y su esposa Manuela Spiatzier. A pesar de ello, asumió un puesto de alto rango en Libia [después del linchamiento de Kadhafi]. Fue ministro de Defensa, responsable de la seguridad en Trípoli y director general de las cárceles libias, o sea era directamente responsable de la celda de Abdullah Senussi. A pesar de que se le informó el historial de Belhadj, la CPI expresó su seguridad de que Senussi estaba en buenas manos y apoyó su juicio en Libia.

La OTAN y los Estados del Golfo optaron por ignorar las actividades terroristas de Belhadj y lo reconocieron como líder político y militar así como hombre de negocios. Hoy posee el canal de televisión más grande del norte de África, la mayor compañía aérea de Libia y una fábrica de cemento, tiene propiedades en España y Turquía y un aeropuerto privado en Trípoli. Ese aeropuerto ha sido utilizado para enviar terroristas de Libia a Siria. En 2010, esos terroristas recibieron 160 000 millones de dólares para su financiamiento.

Belhadj y otros más son responsables del uso indebido de los activos de Libia y de haber puesto fin al plan de desarrollo de Libia, por un valor de 200 000 millones de dólares, según el Banco Mundial. Belhadj es un ejemplo de la vida suntuosa de los señores de la guerra, mientras que los libios de a pie se ven sumidos en una extrema pobreza.


Las violaciones de los derechos humanos por parte de las milicias

Los comandantes de las milicias y los señores de la guerra han perpetrado odiosos crímenes contra la humanidad, han destruido ciudades e infraestructuras vitales durante los 6 últimos años: 

  • personas han sido quemadas, cocinadas vivas y sometidas a las peores formas de tortura; 
  • presos políticos, agentes de seguridad y soldados [del gobierno anterior] fueron arrojados en la fundición de Misurata; 
  • sobre todo, las milicias han organizado un tráfico de órganos humanos extraídos a los presos en las cárceles. 
  • En el contexto cada vez más complejo del escenario político libio, Daesh [el Emirato Islámico] agregó nuevas atrocidades, masacrando gente, crucificándola y mutilando sus órganos genitales.
Una limpieza racial y étnica sin precedente, un genocidio, se cometió contra 5 localidades libias y su pueblo. El 55% de los libios han sido obligados a huir de su país hacia los Estados vecinos. Además, cientos de casas fueron incendiadas en Bani Walid  y en otras 5 localidades de Warshafana, la ciudad de Sirte fue arrasada, zonas residenciales pobladas fueron bombardeadas en Benghazi y en Derna. Hasta la cosmopolita Trípoli sufrió una purificación étnica y racial, sobre todo en las zonas fieles a Muammar el-Kadhafi.

Además de perpetrar violaciones sistemáticas de los derechos humanos, las milicias y sus jefes destruyeron las infraestructuras esenciales. En julio de 2014, incendiaron el aeropuerto de Trípoli y quemaron la flota aérea así como los tanques de petróleo.

A pesar de las acciones destructivas de las milicias y de la brutal tortura, la comunidad internacional y los órganos de la ONU han ignorado esos crímenes y no han llevado a esos señores de la guerra ante los tribunales.

Las atrocidades de la OTAN y de las milicias libias contra civiles y personalidades públicas

Los civiles fueron blanco de los aviones de la OTAN en diversas ciudades, como Zleitan, Sirte, Surman, Trípoli y Bani Walid. En el sur de Zleitan, exactamente en Majeer, 84 familias, principalmente mujeres y niños, fueron asesinadas mientras dormían durante los ataques aéreos de la OTAN. Los medios de difusión mostraron los cuerpos de niños hallados entre los escombros y el cadáver cortado en dos de una mujer, Minsyah Khleifa Heblow. Otras personas más murieron en esa terrible escena. En otro caso, la familia de Khaled K. Al-Hamedi pereció en ataques aéreos de la OTAN dirigidos específicamente contra su casa, donde mataron a sus hijos. Además, la familia Al-Jafarh pereció en Bani Walid  cuando la OTAN atacó su casa durante el sagrado mes del Ramadán. Tampoco deben pasarse por alto el bombardeo, bien documentado, contra la caravana de Muammar el-Kadhafi en Sirte y el asesinato del más joven de sus hijos, Saif al-Arab, en su casa de Trípoli.

Las violaciones de los derechos humanos, los homicidios y torturas sistemáticos contra los civiles libios prosiguieron después de que las milicias tomaran el control de Libia. Las víctimas eran civiles que no habían participado en la guerra. Eran en su mayoría personas de edad avanzada y no podían portar armas. El popular actor Yussef Al-Gharyani fue detenido y torturado por las milicias de Al-Zawiya.

Las milicias de Misurata también detuvieron y torturaron al ex muftí de Libia, que tenía entonces 80 años, Al-Sheikh Al-Madani Al-Sharif, porque no había aprobado ni respaldado la intervención de la OTAN. El célebre cantante Mohammed Hassan fue violado y puesto bajo prisión domiciliaria. Otros, como el economista Abd-al-Hafid Mahmud al-Zulaytini, fueron juzgados y condenados a largas penas de reclusión con otras personas condenadas a muerte y a diversas penas de cárcel. Es absurdo que esas personalidades hayan sido juzgadas por tráfico de droga, tráfico de personas y violación, además de otras 17 acusaciones. La pregunta que se plantea es saber cómo habrían podido esas personas unirse y conspirar juntas para cometer tales crímenes durante 9 meses.

Después de que la OTAN pusiera a sus milicias en el poder, se cometieron crímenes horribles contra ciudadanos libios y extranjeros. Un copto fue asesinado en el batallón de Misurata, más coptos fueron asesinados en Sirte, numerosos trabajadores cristianos etíopes fueron masacrados, el profesor estadounidense de inglés Roni Smith fue asesinado en Benghazi, el personal de Cruz Roja en Misurata fue masacrado en 2014, hubo un atentado con bomba contra la embajada de Francia en Trípoli y el embajador de Estados Unidos fue asesinado en Benghazi en 2011.

Human Rights Watch denunció todos los crímenes anteriormente mencionados y, en ciertos casos, la OTAN reconoció su responsabilidad. Pero la CPI optó por ignorarlos y no investigó ninguno, a pesar de que diferentes organismos nacionales e internacionales exigieron la apertura de investigaciones transparentes. La CPI ha fracasado en lo tocante a la guerra en Libia. No ha emitido ni una sola orden de arresto contra los jefes de las milicias y de las fuerzas de la OTAN. Parece que la política deliberada de la CPI consiste en ignorar esos crímenes bien documentados y concentrarse sólo en la acusación y juicio contra Saif al-Islam.

En cuanto a la familia de Muammar el-Kadhafi, la CPI no puede ser considerada seria, como en el caso de las torturas contra Al-Saadi Kadhafi, sobre el cual el fiscal de la CPI dijo que proseguía la investigación. Lo mismo se aplica al caso de Abdullah Senussi, sobre el cual el fiscal de la CPI afirmaba que ese órgano sigue deliberando sobre su condena a muerte [pronunciada en Libia]. Su predecesor ya había hecho una declaración similar sobre el bombardeo y el asesinato de Muammar el-Kadhafi y de los cientos de personas que conformaban su convoy. La CPI tampoco ha dado muestras de seriedad ante otros crímenes que cometieron las milicias contra miles de libios. Lo único que le interesa [a la CPI] es hacer callar la voz de Saif al-Islam y eliminar toda posibilidad de liderazgo.

Los Estados miembros de la OTAN y los mini Estados del Golfo deberían ser considerados responsables del caos creado en Libia desde 2011. Ellos intervinieron en Libia bajo el pretexto de que Muammar el-Kadhafi estaba masacrando a su propio pueblo. El escenario del dirigente que asesina a su propio pueblo nos trae a la mente lo que Tony Blair decía sobre Irak. Blair declaró en 2016 que [la invasion contra Irak] era «lo correcto y si Saddam se hubiese mantenido en el poder, durante la primavera árabe habría masacrado a los rebeldes». El resultado fue la destrucción de países, miles de personas desplazadas y el robo de los bienes nacionales. Como resultado de la intervención militar de la OTAN en Libia fueron asesinados miles de libios, entre ellos Muammar el-Kadhafi y sus hijos, y millones de libios pasaron a ser desplazados.

Seis años después, la estabilización de Libia está lejos de concretarse. En pocas palabras, las milicias luchan entre sí, así como las fuerzas militares de los países occidentales que se ponen de parte de milicias diferentes. Francia sigue implicada en el plano militar y en julio de 2016 perdió 3 soldados en Benghazi, abatidos por grupos que respaldaban el levantamiento de 2011. En aquella época, París había calificado el levantamiento de «revolución» que tenía el deber de respaldar. Si aquello era cierto, ¿por qué continúa la guerra actualmente? ¿Y por qué fueron asesinadas 700 personas, principalmente oficiales del ejército? ¿Por qué fueron asesinados en Benghazi los miembros del personal del consulado de Estados Unidos? ¿Por qué persiste Occidente en ignorar la barbarie de Daesh, que sigue degollando gente en Sirte, Misurata y Derna?

Resulta evidente la respuesta a esta última pregunta. Esos criminales recibieron el respaldo de Occidente en 2011 porque combatían al gobierno, según ellos apóstata. ¿Por qué Daesh portaba el mismo uniforme que se había importado para los soldados libios? ¿Quién se los entregó? ¿Por qué los hombres de Daesh recibieron una paga del ministerio libio de Defensa? Las respuestas a esas preguntas hay que buscarlas interrogando a quienes verdaderamente dirigen el país actualmente, o sea Belhadj, Al-Shareef, el Grupo Islámico Combatiente Libio y quienes dirigen junto a ellos, los miembros del Congreso Nacional. El pueblo libio y ciertas ONGs internacionales conocen bien a los actuales gobernantes de Libia. Libia sigue hasta ahora bajo control de los grupos yihadistas y Occidente los respalda a pesar de todos los crímenes que cometen contra Libia y contra el pueblo libio.

¿No es extraño que los países occidentales, desde Noruega y Canadá por el norte hasta Malta e Italia por el sur, además de Qatar, los Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Sudán y Marruecos, se hayan asociado en una agresión militar contra civiles que no eran hostiles a ellos, contra Saif al-Arab, Muammar el-Kadhafi, la familia Khuwaylidi y las 84 víctimas inocentes de Madjer? Sin embargo, esos mismos Estados son pacientes y tolerantes con Daesh en Sirte, en Misurata y en Benghazi, y soportan atentados con bombas contra ciudades francesas y belgas. En realidad, los Estados miembros de la OTAN y sus aliados tendrían que atacar [a los yihadistas] y bombardearlos como hicieron con Libia en 2011.

Finalmente, como complemento a toda esta serie de crímenes, los Estados occidentales designaron como jefe del Estado libio a Abderrahmane Souihli, criminal de guerra, responsable de la destrucción de Bani Walid y del asesinato de sus hijos. Nombraron primer ministro a su sobrino, Ahmed Miitig; a su sobrina, Nihad Miitig, la convirtieron en directora general de Relaciones Exteriores; y después nombraron a su cuñado, Fayez el-Sarraj, como nuevo primer ministro. Además, Abderrahmane Souihli hizo un acuerdo con Abdelhakim Belhadj, el comandante del Grupo Islámico Combatiente Libio (GICL), para garantizarse el apoyo de los islamistas en la elección presidencial. Sin embargo, en Libia todos saben que, si hoy mismo hubiera elecciones, esas personas no podrían contar ni siquiera con los votos de sus propios familiares. La popularidad de Belhadj quedó demostrada en las elecciones legislativas, donde obtuvo sólo 50 votos en el distrito de Sauaq Al-Jumah, que cuenta 250 000 habitantes.

Mientras tanto y mientras escribo estas líneas, la población de las ciudades de Libia, incluyendo la capital Trípoli, donde vive una tercera parte de la población libia, sufre escasez de agua, vive en la oscuridad debido a los cortes de electricidad y carece de instalaciones médicas y de lo necesario para satisfacer las necesidades humanas fundamentales. Según la ONU, 65% de los hospitales están cerrados, mientras que el dinar libio se ha desplomado y la producción de petróleo ha pasado de 1,9 millones de barriles diarios a 250 000 barriles. Para colmo de sufrimientos del pueblo libio, las principales carreteras están interrumpidas por causa de las operaciones militares y de la proliferación de bandas, además de la campaña de bombardeos que se extiende desde Derna hasta el este de Sirte y el oeste de Benghazi y Ajdabiya. Las noticias cotidianas más frecuentes son los secuestros con pedidos de rescate y el tráfico de armas que florece a través de internet.

En conclusión, resulta que tenemos que agradecer a nuestros hermanos de Qatar y de los Emiratos Árabes Unidos, de Sudán, de Túnez y de la Liga Árabe, a los países de la OTAN, de la Unión Europea y a todos los que convirtieron Libia en un Estado en quiebra. Después de la liberación de los prisioneros islamistas y de todos los demás, Libia se ha convertido en un espacio para albergar las más grandes cárceles privadas. Un país que atraía inversionistas del mundo entero se ha convertido en un Estado exportador de migrantes, entre los que se cuentan sus propios ciudadanos. El 55% de su población ha emigrado y se ha refugiado en todas partes en el extranjero. Un Estado que reunió a los mejores expertos jurídicos y constitucionales del mundo, que fue capaz de forjar una Constitución nueva y moderna, está convertido ahora en una zona gobernada por 1 500 milicias. Y, para terminar, un Estado donde el robo era algo raro e inhabitual ha sido convertido en un lugar donde cuerpos humanos mutilados y en estado de descomposición aparecen cotidianamente en las calles y carreteras, y esto se convierte en cosa rutinaria y banal en todo el país.


Comentario sobre el informe de Herland: Saif al-Islam Kadhafi y la CPI
Antes del levantamiento, Saif al-Islam era el arquitecto de la nueva Libia. Presentó su nueva visión de una Libia sin prisiones políticas, respetuosa de la Carta de Derechos Humanos, de la distribución de la riqueza, de la prosperidad y la democracia. Emprendió reformas políticas y económicas con las que los presos islámicos radicales fueron liberados y rehabilitados y pudieron implicarse en la sociedad libia. Fuentes locales confirman que cuando se produjo la sublevación violenta en algunas ciudades, Saif al-Islam aportó su ayuda a las personas desplazadas a través del país, liberó a los presos de la insurrección, garantizó la seguridad de los habitantes de Misurata atrapados en los combates y a los pobladores de Benghazi que huían de las zonas de combate.
También reclamó y apoyó los esfuerzos de paz por solucionar la guerra. Según fuentes locales, pidió a la administración de la universidad de Benghazi que imprimiera 5 000 octavillas y que las distribuyera en el convoy pacífico que partió de Benghazi observando los derechos humanos. Exhortó al ejército a respetar sus reglas de enfrentamiento, prohibiendo el uso de la fuerza contra manifestantes, según el jefe de la Cámara de Operación Conjunta de 2011, Marchal Al-Hadi Embarrish, a quien las milicias de Al-Zintan hicieron prisionero, maltrataron y privaron de atención medica hasta que murió de cáncer en la cárcel, en 2014.
A pesar de los incansables esfuerzos de Saif al-Islam Kadhafi a favor de la paz, los aviones de la OTAN lo tuvieron como blanco en un intento de asesinato que se saldó con la muerte de 29 de sus compañeros y lo dejó con una limitación física permanente. Además, perdió dos dedos y sufrió múltiples heridas. Pero la CPI no ha investigado ese raid aéreo, como tampoco supervisó sus 5 años de cautiverio en condiciones de aislamiento. La CPI ha persistido, eso sí, en exigir su arresto y juicio cuando fue condenado a muerte por un tribunal libio reunido en la cárcel de Al-Hadba bajo la dirección de Khaled Al-Sharif, hombre de Belhaj.
Por esas razones, además de la deshonestidad de la instrucción, lo único que se imponía era rechazar el caso. Era posible hacer valer que había que abandonar el caso en todos sus aspectos, sobre todo después del asesinato del fiscal de Benghazi y de la huida de la mayoría de los funcionarios del ministerio público, quienes eran objeto de inmensas presiones por parte de las milicias. Ante tales circunstancias, los argumentos de la CPI son que la pena de muerte contra Saif al-Islam no se aplicó y que por tanto él debería ser arrestado y encarcelado en la prisión de Al-Hadba.
Pero el ministerio libio de Justicia apeló contra su condena a muerte porque el juicio no había sido justo, ya que el tribunal se hallaba en una cárcel bajo control de Al-Sharif, quien ejerce un poder sobre el tribunal y sus magistrados. Sin embargo, la CPI siguió llamando a un nuevo juicio e ignoró el hecho que Saif al-Islam estaba detenido en la cárcel de Al-Zintan y que el tribunal de Trípoli lo había juzgado a través de un circuito cerrado de televisión. La CPI debería respetar la justicia libia y estar consciente de que una persona no debe ser juzgada 2 veces por un presunto crimen. Pero el objetivo final de Occidente y la CPI es deshacerse de Saif al-Islam Kadhafi, como hicieron antes con su padre, Muammar el-Kadhafi, y con sus hermanos.
Es hora de que la CPI abandone su doble rasero y se ponga del lado del pueblo libio en su objetivo primordial de salvar el país de esas milicias y de construir una Libia nueva, donde reinen los derechos humanos, la prosperidad, el desarrollo y prevalezca el derecho. También exigimos a la CPI que abandone su apelación tendiente a que Saif al-Islam sea extraditado y juzgado en La Haya.
La CPI debería reconocer y respetar la ley de amnistía general del ministerio libio de Justicia. Saif al-Islam Kadhafi debería poder asumir su papel en la lucha por una nueva Libia democrática. En este sentido y después de que los Estados occidentales han comenzado a ver su propio error, estos últimos deberían trabajar con los libios sinceros y las ONGs para llevar a esas milicias y a sus jefes ante los tribunales, por el bien de la paz y de la reconciliación.
Saif al Islam Gadafi

Libia, 7 años de desgracia iniciados por la OTAN

Siete años después de la intervención militar de la OTAN contra Libia, todos los observadores coinciden en reconocer que aquella intervención se basó en mentiras enormes y que contradecía el mandato otorgado por el Consejo de Seguridad de la ONU. Aunque hoy reconocen que la población libia era la más rica de África y que su nivel de vida se derrumbó a raíz de la invasión, provocando que los libios se exilaran masivamente, los occidentales siguen sin tomar conciencia del hecho que Muammar el-Kadhafi había vencido en Libia la práctica del esclavismo y del racismo. Al destruir la Yamahiria, la OTAN abrió deliberadamente las puertas del infierno. No sólo fueron perseguidos los trabajadores inmigrantes de piel oscura sino también los libios negros de Tawerga. Además, el trabajo que la Yamahiria había realizado en materia de cooperación africana entre árabes y negros se ha visto reducido a nada en todo el continente.

La bandera de la dinastía wahabita de los Senussi ha vuelto a convertirse en bandera de Libia. Y el esclavismo también se ha convertido de nuevo en la práctica corriente que fue antes del golpe de Estado del coronel Muammar el-Kadhafi, en 1969. Libia, Arabia Saudita y, aunque en menor medida, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, son 4 Estados wahabitas que permiten el esclavismo.

Hace 7 años, el 19 de marzo de 2011, comenzaba la guerra contra Libia, dirigida por Estados Unidos, primeramente a través del AfriCom  y después mediante la OTAN, bajo el mando estadounidense. En 7 meses se realizaron unas 10 000 misiones de ataque aéreo, con el uso de decenas de miles de bombas y misiles.

Italia participó en esa guerra aportando cazabombarderos y sus bases aéreas, rompiendo así el Tratado de Amistad y Cooperación que había firmado con Libia. Ya antes de la agresión aeronaval, sectores tribales y grupos islamistas hostiles al gobierno libio habían recibido financiamiento y armas para que operaran en Libia y se había procedido a infiltrar allí fuerzas especiales, principalmente de Qatar. Así fue destruido aquel Estado que, en la costa africana del Mediterráneo, registraba «altos niveles de crecimiento económico y elevados indicadores de desarrollo humano», como señalaba el mismísimo Banco Mundial en 2010. Unos 2 millones de migrantes, en su mayoría africanos, encontraban trabajo en Libia.

Al mismo tiempo, Libia hacía posible, con sus fondos soberanos, el nacimiento de organismos económicos independientes en el seno de la Unión Africana, como el Fondo Monetario Africano, el Banco Central Africano y el Banco Africano de Inversión.

Estados Unidos y Francia –como lo demuestran los correos electrónicos de la secretaria de Estado Hillary Clinton– se pusieron de acuerdo para bloquear primeramente el proyecto de Kadhafi de creación de una moneda africana alternativa al dólar estadounidense y al franco CFA, que Francia todavía impone a sus ex colonias africanas.

Ya destruida la Yamahiriya y asesinado Kadhafi, el botín libio es enorme: grandes reservas de petróleo –las mayores de África– y de gas natural; el inmenso manto freático nubio de agua fósil, un oro azul que puede llegar a ser más valioso que el oro negro; el territorio mismo de Libia, de primera importancia geoestratégica; los fondos soberanos [creados bajo el «régimen» de Kadhafi] de unos 150 000 millones de dólares que el Estado libio tenía invertidos en el exterior, «congelados» en 2011 por mandato del Consejo de Seguridad de la ONU.

De los 16 000 millones de euros de los fondos libios bloqueados en la Euroclear Bank –en Bélgica– ya han desaparecido 10 000 millones sin que se haya emitido ninguna autorización de retiro de fondos. El mismo proceso de rapiña está teniendo lugar en los demás bancos europeos y estadounidenses.

En la Libia actual, los ingresos fiscales provenientes de la exportación de recursos energéticos –que fueron 47 000 millones en 2012 pero sólo 14 000 millones en 2017– se comparten entre facciones de poder y las transnacionales. La moneda libia –el dinar– que antes valía 3 dólares se cambia actualmente a 9 dinares por 1 dólar mientras que los bienes de consumo corriente se importan pagándolos en dólares, con una tasa de inflación anual de 30%.

El nivel de vida de la mayoría de la población se ha derrumbado por falta de dinero y de servicios esenciales. La seguridad es inexistente y no existe un verdadero sistema judicial. Los migrantes africanos se llevan la peor parte. Falsamente acusados (alegaciones que los medios occidentales alimentaron ampliamente) de ser «mercenarios de Kadhafi», fueron encarcelados por las milicias islamistas, incluso en jaulas para fieras del zoológico, torturados y a menudo asesinados.

Libia se ha convertido en la principal vía de tránsito, controlada por traficantes de personas, de un caótico flujo migratorio hacia Europa.

También son perseguidos los libios acusados de haber apoyado a Kadhafi. En la ciudad de Tawerga, las milicias islamistas de Misurata, respaldadas por la OTAN (se trata por cierto de las mismas que asesinaron a Kadhafi) emprendieron una verdadera campaña de purificación étnica, torturando, violando y matando. Los aterrorizados sobrevivientes huyeron de esa ciudad.

Hoy unas 40 000 personas que vivían en Tawerga tratan de sobrevivir en condiciones inhumanas, sin poder regresar a esa ciudad. ¿Por qué no hablan de eso los representantes de la izquierda que hace 7 años reclamaban a gritos una intervención militar en Libia en nombre de los derechos humanos?

Fuente 
Il Manifesto (Italia)

Libia según la ONU y la dura realidad

A pesar de la buena voluntad de algunos participantes, la conferencia de París sobre Libia no tuvo los efectos esperados en ese país. Para Thierry Meyssan eso es consecuencia del doble discurso de la OTAN y de la ONU, que dicen querer estabilizar Libia cuando en realidad las acciones de las dos organizaciones siguen el plan del almirante estadounidense Cebrowski para la destrucción de los Estados de los países atacados. La farsa de París estaba marcada por un profundo desconocimiento de las particularidades de la sociedad libia.

El 29 de mayo de 2018 tiene lugar la conferencia de prensa final de la cumbre de París sobre Libia. De izquierda a derecha, el presidente del Gobierno Libio de Unión Nacional (designado por la ONU) Fayez al-Sarraj, el presidente de Francia Emmanuel Macron y el libanés Ghassan Salamé, funcionario de la ONU. Estos tres personajes, carentes legitimidad electiva en Libia, pretenden decidir el futuro del pueblo libio.

Desde que la OTAN destruyó la Yamahiriya Árabe Libia, en 2011, la situación en Libia se ha deteriorado gravemente: el PIB ha caído a la mitad y sectores enteros de la población están viviendo en la miseria, es imposible circular en el país y reina una inseguridad generalizada. Durante los últimos años, dos terceras partes de la población ha huido al extranjero, al menos temporalmente.

Aceptando implícitamente la intervención ilegal de la OTAN como un hecho consumado, las Naciones Unidas tratan ahora de estabilizar Libia.


Intentos de pacificación

La ONU está présente en el país a traves de la MANUL (Misión de Apoyo las Naciones Unidas en Libia), un órgano exclusivamente político. El verdadero carácter de esa instancia se vio claramente desde que se creó. Su primer director, Ian Martin, ex director de Amnistía Internacional, organizó el traslado de 1 500 yihadistas de al-Qaeda, como «refugiados», de Libia hacia Turquía para formar el denominado «Ejército Sirio Libre». Aunque la MANUL está supuestamente bajo la dirección de Ghassan Salamé, en realidad depende directamente del director de Asuntos Políticos de la ONU, que no es otro que el estadounidense Jeffrey Feltman. Este último, ex asistente de Hillary Clinton en el Departamento de Estado estadounidense, es uno de los principales ejecutores del plan Cebrowski-Barnett para la destrucción de los Estados y sociedades en los países del «Medio Oriente ampliado». Fue precisamente Jeffrey Feltman quien supervisó en el plano diplomático las agresiones contra Libia y Siria.

La ONU parte de la idea que el desorden actual en Libia es consecuencia de la «guerra civil» de 2011 entre el régimen de Muammar el-Kadhafi y su oposición. Pero, en el momento de la intervención de la OTAN, esa oposición se componía solamente de los yihadistas de al-Qaeda y la tribu de los misurata. Como ex miembro del último gobierno de la Yamahiriya Árabe Libia, yo mismo soy testigo de que la agresión de la OTAN no respondía a la existencia de un conflicto entre libios sino a una estrategia regional a largo plazo para todo el conjunto del Medio Oriente ampliado o Gran Medio Oriente.

Ante los magros resultados que obtuvieron en las elecciones legislativas de 2014, los islamistas que habían librado los combates terrestres por cuenta de la OTAN decidieron no reconocer la «Cámara de Representantes» basada en Tobruk y constituir, en Trípoli, su propia asamblea, que ahora llaman «Alto Consejo de Estado». Considerando que esas dos asambles rivales podían formar un sistema bicameral, Feltman puso a los dos grupos en condiciones de igualdad. Hubo contactos organizados en los Países Bajos y después se firmaron los acuerdos de Skhirat (Marruecos) pero sin aprobación de ninguna de las dos asambleas. Esos «acuerdos» instituyeron un «gobierno de unión nacional», designado por la ONU e inicialmente con sede en Túnez.

Para preparar la elaboración de una nueva Constitución y elecciones presidencial y legislativas, Francia –suplantando los esfuerzos de los Países Bajos y Egipto– organizó a fines de mayo una cumbre entre las personas que la ONU presenta como los cuatro principales líderes del país, encuentro que se realizó en presencia de representantes de los principales países implicados en el terreno. Esa iniciativa fue duramente criticada en Italia. Públicamente, se habló de política, pero discretamente se trazaron los contornos de un Banco Central Libio único que se encargará de borrar el robo de los fondos soberanos por los miembros de la OTAN  y centralizará el dinero del petróleo. En todo caso, después de la firma de una declaración común y de los abrazos de rigor en tales circunstancias… la situación en el terreno empeoró bruscamente.

El presidente francés Emmanuel Macron actuó en función de su experiencia como banquero de negocios: reunió a los principales líderes libios seleccionados por la ONU, analizó con ellos cómo proteger sus intereses respectivos con vistas a crear un gobierno que todos reconozcan, verificó que las potencias extranjeras no sabotearan ese proceso y creyó que los libios aplaudirían esa solución. Pero no resolvió nada porque Libia es totalmente diferente a las sociedades occidentales.

Es evidente que Francia, que fue –con el Reino Unido– la punta de lanza de la OTAN contra Libia, está tratando de recuperar los dividendos de su intervención militar, que hasta ahora le han sido negados por sus aliados anglosajones.

Para entender lo que está sucediendo es necesario ver un poco de historia y analizar cómo viven los libios en función de su propia experiencia personal.

La Historia de Libia

Libia existe desde hace sólo 67 años. En el momento de la caída del fascismo y del fin de la Segunda Guerra Mundial, los británicos ocuparon parte de aquella colonia italiana (las regiones de Tripolitania y Cirenaica) mientras que los franceses ocupaban otra parte (la región de Fezzan) dividiéndola y vinculándola administrativamente a sus colonias de Argelia y Túnez.

Londres favoreció la aparición de una monarquía controlada desde Arabia Saudita, la dinastía de los Senussi, que reinó sobre el país al proclamarse la «independencia», en 1951. Esa dinastía wahabita mantuvo el nuevo Estado en un oscurantismo total mientras favorecía los intereses económicos y militares anglosajones.

La dinastía de los Senussi fue derrocada en 1969 por un grupo de oficiales que proclamó la verdadera independencia y sacó del país las fuerzas extranjeras. En el plano de la política interna, Muammar el-Kadhafi redactó, en 1975, el Libro Verde, un programa donde garantizaba a la población del desierto la realización de sus principales sueños. Por ejemplo, cada beduino soñaba tener su propia tienda para vivir y su camello (un medio de transporte). Kadhafi garantizó a cada familia un apartamento gratis y un automóvil. La Yamahiriya Árabe Libia también garantizó gratuitamente a los libios el agua, la educación y los servicios de salud. La población nómada del desierto se sedentarizó progresivamente en la costa, pero los vínculos de cada familia con su tribu de origen siguieron siendo más importantes que las relaciones de vecindad. Se crearon instituciones nacionales inspiradas en las experiencias de los falansterios de los socialistas utópicos del siglo XIX. Esas instituciones instauraron una democracia directa que coexistía con las estructuras tribales antiguas. En ese marco, las decisiones importantes se presentaban primeramente en la Asamblea de Consulta de las tribus antes de someterse a deliberación en el Congreso General del Pueblo (Asamblea Nacional).

En el plano internacional, Muammar el-Kadhafi se dedicó a la solución del conflicto secular entre africanos árabes y africanos negros. Erradicó la esclavitud y utilizó gran parte de los ingresos provenientes del petróleo para contribuir al desarrollo de los países subsaharianos, principalmente de Mali. Su actividad incluso despertó a los países occidentales, que iniciaron entonces políticas de ayuda al desarrollo del continente africano.

Sin embargo, a pesar de los progresos alcanzados, 30 años de Yamahiriya no lograron convertir aquella Arabia Saudita africana en una sociedad laica moderna.

El funcionario libanés de la ONU Ghassan Salamé y su jefe, el estadounidense Jeffrey Feltman.


El problema actual

Al destruir la Yamahiriya y desplegar nuevamente en Libia la bandera de la dinastía Senussi, la OTAN hizo retroceder el país a lo que había sido antes de 1969, un conjunto de tribus que vivían en el desierto sin relación con el resto del mundo. Ante la desaparición del Estado, la población se replegó hacia las estructuras societales tribales, sin jefe supremo. Volvieron a Libia la sharia, el racismo y el esclavismo. En esas condiciones, es inútil tratar de restablecer el orden desde arriba y se hace indispensable pacificar primero las relaciones entre las tribus. Sólo después de eso será posible plantearse la creación de instituciones democráticas. Hasta ese momento, la seguridad de cada cual dependerá de su pertenencia a una tribu. Para poder sobrevivir, los libios renunciarán hasta entonces a pensar de manera autónoma y actuarán siempre tomando como referencia su grupo tribal.

Resulta emblemática la represión que los habitantes de Misurata desataron contra los pobladores de Tawerga. Los misuratas (habitantes de Misurata) son los descendientes de los soldados turcos del ejército otomano mientras que los pobladores de Tawerga son descendientes de ex esclavos negros. En relación con Turquía, los misuratas participaron en el derrocamiento de la Yamahiriya y, en cuanto se impuso el estandarte de los Senussi, arremetieron con furor racista contra los libios negros atribuyéndoles todo tipo de crímenes. Se estima que al menos 30 000 pobladores de Tawerga se vieron obligados a huir de esa localidad libia.

Será evidentemente muy difícil que surja una personalidad comparable al asesinado Muammar el-Kadhafi y que obtenga, primeramente, el reconocimiento de las tribus y después la aceptación del Pueblo. Pero no es ese el objetivo de Jeffrey Feltman. Contrariamente a las declaraciones oficiales sobre una solución «inclusiva», o sea que integre todos los componentes de la sociedad libia, Feltman impuso, a través de los islamistas con quienes colaboró contra Kadhafi desde el Departamento de Estado estadounidense, una ley que prohíbe que las personas que sirvieron a la Yamahiriya puedan ejercer cargos públicos. La Cámara de Representantes se ha negado a aplicar ese texto, que sigue en vigor en Trípoli. Se trata de un dispositivo comparable al proceso de “desbaasificación” que el propio Feltman impuso en Irak, cuando participaba en la dirección de la «Autoridad Provisional de la Coalición». En ambos casos, las leyes de Feltman privan a esos países de la mayoría de sus élites, empujando estas últimas a la violencia o al exilio. Es evidente que, mientras dice trabajar por la paz, Feltman sigue adelante con los objetivos del plan Cebrowski.

A pesar de las apariencias, el problema de Libia no es la rivalidad entre líderes sino la ausencia de pacificación entre las tribus y la exclusión de los antiguos seguidores de Kadhafi. La solución no puede negociarse entre los cuatro líderes reunidos en París sino únicamente en el seno de la Cámara de Representantes de Tobruk y alrededor de esa estructura, cuya autoridad abarca ahora el 80% del territorio libio.

Thierry Meyssan

lunes, 12 de junio de 2017

No lo parece, pero el movimiento político de Gadafi podría volver a escena en Libia


Durante un fin de semana del pasado mes de diciembre 2016, un vuelo de Afriqiyah Airways que partía de Sebha, ciudad al sudoeste de Libia, y con destino la capital del país, Trípoli, fue secuestrado y dirigido hacia Malta. Las negociaciones con los dos secuestradores duraron cerca de tres horas. Los dos hombres, Subah Mussa y Ahmed Ali, se entregaron finalmente a las autoridades de Malta. Cuando desembarcaron del avión, Mussa sostenía una pequeña bandera verde, símbolo de la Resistencia Verde de Muamar el Gadafi. Afirmó que ambos habían dirigido esta operación con el fin de impulsar su nuevo partido, al-Fateh al-Jadid. El nombre, el nuevo Fateh, es significativo, pues hace referencia al término con el que bautizo Gadafi el mes de septiembre, fecha en la que dio el golpe de Estado (septiembre de 1969).

Además, puesto que el secuestro fue bastante breve y parecía ser simplemente una pequeña muestra de la anarquía que reina en Libia, se le prestó muy poca atención. Los hombres usaron armas réplica de modelos originales y parecieron desinteresados en el uso de la violencia. Mostraron su punto de vista político y lo dejaron estar. Los medios de comunicación de Occidente señalaron que los hombres habían secuestrado el avión para huir de Libia hacia Europa como refugiados. Pero no hay ninguna indicación que muestre que esta fue su motivación. La pequeña bandera verde mostraba otras pretensiones.

Sebha, desde donde partió el avión secuestrado, es un cruce de caminos en el Sáhara libio. Las carreteras de las ciudades del norte del país, donde vive una gran mayoría de la población, se unen aquí para dividirse después hacia Argelia y Níger. Después de los bombardeos de la OTAN en este país, la costa norte de Libia cayó en el caos y aparecieron grupos de milicias controlando el territorio para saquearlo y defendiendo a un Dios. El sur de Libia, en concreto la región de Fezzan, ha sido bastión de los defensores de Gadafi, muchos de ellos huyeron de Argelia y Níger durante la guerra con la OTAN. Los dos líderes más destacados, el General Ali Kana y el General Ali Sharif al-Rifi, se refugiaron en Agadez. Cuando todo se calmó, el General Ali Kana regresó a la zona de Sebha, donde inició a consolidar su base de apoyo.

Uno de los mayores tópicos de la Guerra de la OTAN en 2011 fue que el pueblo de Libia se unió para enfrentarse a un pequeño círculo de simpatizantes de Gadafi. En otras palabras, un pequeño apoyo de los bombarderos de la OTAN liberaría a Libia y se la devolvería al pueblo libio. Pero en esta idea no se habla del amplio apoyo con el que contaba Gadafi, sin duda no de la mayoría de la población pero sí de importantes grupos del país. En la región de Fezzan, donde destaca la ciudad de Sebha, la población tenía pocas quejas contra el régimen de Gadafi. Incluso en las dos principales ciudades rebeldes, Benghazi y Misrata, eran evidentes núcleos de simpatizantes de Gadafi. Pero la fuerza del apoyo de la OTAN hacia el levantamiento significó que solo aquellos insensatos seguirían luchando hasta el fin. Los defensores de Gadafi o huyeron del país o se escondieron en subterráneos. Aquellos que intentaron esconderse fueron descubiertos por las milicias vencedoras y bien fueron ejecutados sumariamente o encarcelados (hay cerca de 10.000 personas en esta situación que siguen encarcelados desde 2011 sin haber sido juzgados).

El aliado cercano de Gadafi, Khuwaildi al-Hamidi, que murió en un hospital de El Cairo en 2015, formó el Movimiento Popular Nacional Libio en Egipto. Estaba deseoso de presentarse como candidato a las elecciones del 2012 con el fin de demostrar la fuerza de la Resistencia Verde, nombre otorgado al movimiento pro-Gadafi. Pero el nuevo gobierno, apoyado por Occidente y por los países del Golfo, prohibieron el movimiento y rechazaron el uso de cualquiera de los símbolos vinculados a la era Gadafi (Ley 37 y 38). En otras palabras, el sentimiento pro-Gadafi tuvo que desarrollar su política de forma clandestina. Al-Hamidi y sus asociados lo dejaron claro en 2013: su objetivo no era la nostalgia. Durante la década anterior a la guerra de la OTAN, esta gente había luchado contra la venta de tierras libias y de sus recursos a capitales privados. Esta batalla los dirigía directamente hacia un conflicto con el hijo de Gadafi, Saif al-Islam Gadafi (ahora libre después de años en cautiverio). El patriotismo de esta Resistencia Verde, tal y como afirmó al-Hamidi, debería medir su fe a la revolución de 1969 y a sus objetivos.

La política clandestina tiene sus límites. Empezaron a resurgir pequeños grupos alrededor del país, incluyendo en Sirte (en ese momento dominado por el ISIS) y en Derna (previamente dominado por el ISIS y ahora por una versión ligera del ISIS). En ocasiones, estos grupos saldrían ondeando sus banderas verdes, coreando lemas a favor de Gadafi. El peligro de la toma del país por grupos de la milicia y gobiernos rivales, un país repleto de armas y testosterona, ha conducido a la gente normal de la calle a mirar con nostalgia la era Gadafi. En 2015, durante el cuarto aniversario de la muerte de Gadafi, las consignas coreadas desde Bani Walid hasta Benghazi fueron reveladoras, “inshallah ashra Saddam, ashra Muammar” (“Que Dios envíe diez Saddams, diez Muamars”). Lemas como el de “Muamar es el amor de millones de personas” empezaron a aparecer en las paredes. En Sebha, protestantes ondearon banderas verdes por las calles y cuando un avión de combate volaba bajo para intimidarlos, ellos disparaban al aire.

Fezzan, la región sudoeste, no fue inmune a las fisuras de tribus y clanes que habían provocado el levantamiento en el 2011 y sus posteriores consecuencias. Una larga enemistad entre los Tabu y los Tuareg arrasó Fezzan. En los alrededores de la ciudad de Awbari, en la frontera, el conflicto desembocó en una guerra abierta en 2014. Diferentes gobiernos en Trípoli y en Tobruk/Al-Bayda avivaron las diferencias de estas zonas del sur, donde el petróleo descansa bajo el desierto de arena. El Gobierno de Argelia cerró rápidamente la frontera, temiendo que los Tuareg usaran sus vínculos regionales para ensanchar el conflicto al mismo tiempo que Al-Quaeda en el Maghred había empezado a atacar en el interior de Argelia (después de que fueran expulsados de Mali). La existencia de una base militar francesa en Níger, no muy lejos de Libia, al igual que la presencia militar de Estados Unidos en Libia y el dominante contrabando trans-Sáhara complica el conflicto Tuareg-Tabu bastante más. En noviembre del 2015, los representantes de las dos partes firmaron un acuerdo de paz que ha sido siempre respetado, excepto por causa de ciertas tensiones en enero de este año.

La consolidación de la Resistencia Verde requería este acuerdo de paz. La base del apoyo del General Ali Kana son los Tuareg, mientras que el nuevo partido político (al-Fateh al-Jadih), que fue anunciado con el secuestro del avión, tiene sus raíces en los Tabu. Cuando el Primer Ministro de Libia, el Ministro Fayez al-Serraj visitó la ciudad del suroeste, Ghat, situada en la frontera con Argelia, fue recibido con protestas de la Resistencia Verde. Esto fue una semana antes del secuestro y parece indicar una mayor autoestima de los simpatizantes de Gadafi.

En un viaje relámpago por el desierto, el Ejército Nacional Libio dirigido por el General Khalifa Hafter, trajo esas tropas a Sebha a finales de diciembre del 2016. Por ahora, han sido parados por la milicia “Tercera Fuerza” de Misrata, que ha avanzado hacia el sur para bloquear el avance de Hafter. Hafter, que cuenta con el apoyo de Egipto, de Emiratos Árabes y ciertamente de Francia, se ha visto envuelto en una gran batalla contra grupos extremistas en Benghazi y otras zonas del este de Libia. Afirma ser el ejército libio legítimo, pero rechaza estar bajo mando civil ni del débil gobierno del Primer Ministro al-Serraj, respaldado por la ONU, ni de su opositor, quien se basa en varios partidos políticos Islámicos. Para complicar más las cosas, Hafter, quien fue un recurso de la CIA, fue a Moscú a finales de noviembre para buscar ayuda en su lucha. La alineación de hombres poderosos en búsqueda de ayuda rusa para combatir el terrorismo le ha abierto una puerta a Hafter y posiblemente le ha dado a Rusia su primera representación dentro de Libia. Existen rumores que señalan que el ejército sureño de Ali Kana se ha unido al Hafter y otras fuerzas pro-Gadafi están considerando hacer lo mismo.

Pero Tahar Dehech, un aliado cercano de Gadafi, sugiere que la Resistencia Verde se ha construido y resurgirá siempre por su cuenta. Cuando se le preguntó sobre la alianza con Hafter, Dehech fue tajante: “Hafter ha contribuido a la destrucción de Libia desde 2011. Es americano. Tiene su propia agenda. Los soldados verdes, que se unieron a él probablemente pensasen en salvar a Libia desde el interior, pero no será así”. Dehech afirma que la Resistencia Verde persistirá en 2017. Los hombres que secuestraron el avión a Malta puede que no estén de acuerdo con él. Lo mismo sucede con los soldados del ejército de Ali Kana. Es difícil predecir si su reaparición ayudará a una Libia que se encuentra hecha pedazos por la violencia.

Fuente: Alternet News

lunes, 29 de mayo de 2017

La Verdad sobre la muerte de Gaddafi y la Gran Jamahiriya Libia




Con el patrocinio de EEUU, la OTAN y la Liga de Estados Árabes azuzada por el Foro de Cooperación del Golfo Árabe, un grupo apátridas cazó y asesinó cruelmente al Mayor Líder Espiritual

El jueves 20 de 0ctubre de 2011, con el patrocinio de EEUU, la OTAN y la Liga de Estados Árabes azuzada por el Foro de Cooperación del Golfo Árabe, un grupo apátridas cazó y asesinó cruelmente al Mayor Líder Espiritual que haya tenido esa nación árabe – africana.

En la actualidad los analistas delimitan, de allí sus errores, sus consideraciones a la historia Libia desde 2003, cuando el Gobierno de Gaddafi se vio obligado para garantizar la supervivencia de la nación a realizar acuerdos de cooperación económica en el marco del derecho internacional para superar el férreo bloqueo que desde los años 80 del siglo XX mantuvo occidente. No se trataba de una entrega ni de un cambio en la orientación ideológica, se trató de una estrategia que hasta han usado países amigos. Claro está hubo extra limitaciones o ingenuidades como el haber aceptado entregar las armas de alto poder defensivo, en especial los misiles tierra aire. Lo mismo que hizo el gobierno de Hussein. Quedar a merced de la misericordia de sus captores. O consejos mal intencionados de su entorno ya comprado, para enemistarlo con corrientes progresistas africanas, las cuales están muy adormecidas en la actualidad.

Gobiernos conscientes de las amenazas como Irán, Corea del Norte y Siria no han caído en esta trampa del “arriba las manos y entrega las armas”, fraguada en el seno del Consejo de Seguridad. La Gran Jamahiriya Libia Árabe Popular Socialista, sí cayó. Tal vez pensando que al convertirse en un suplidor seguro de combustible, en un gran inversionista en occidente y en un seguro comprador de la producción manufacturada occidental era suficiente para contener la sed de venganza imperial. Todo indica que los intelectuales libios, leales a la Revolución Verde, no confrontaron la historia de países del Sur que tras derrotar a los ocupantes fueron condenados al contraataque imperial. No estudiaron a Haití, a Yugoslavia, y dudo si se asomaron al modo como Europa Occidental y EEUU acabaron con el socialismo africano asesinando a los cabezas de los movimientos. Si lo hicieron no fueron escuchados y se impusieron las voces de la quinta columna en el gobierno, que hoy comprobamos, era más fuerte que los hijos de Gaddafi, en cuya vida centraba la atención los críticos de la izquierda glamorosa del mundo, descuidando el verdadero peligro: el entorno burócrata que controlaba la variable de la formación ideológica y las relaciones internacionales.

¿Acaso por qué mataron a Lumumba, Cabral, Sankara, Machel, Modlane? La historia de que tenían muchos años en el poder no les cuadra a ellos, ni la invasión por petróleo, ni la patraña de que eran dictadores. Eran nacionalistas, socialistas, se oponían a la colonización, a los multilaterales neoliberales y luchaban por un África Unida y en coordinación con América y Asia.

El más reciente de estos mártires fue John Garang, Vicepresidente en Sudán del Sur en 2005, que predicaba la integridad de país de mayor tamaño territorial en el continente. “Misteriosamente” el helicóptero que los trasladaba se estrelló, algo similar a lo que pasó con Samora Machell en Mozambique. Para los que no les conviene la predica de la integración y la unidad del Sur, no hay otra salida que matar a los predicadores. Más aún si están ejerciendo el poder. ¿No siguió Usted el acoso contra el Presidente de Laurent Gbabo de Costa de Marfil a quien ahora pretenden juzgar en la ignominiosa Corte Penal Internacional? ¿No recuerda los bombardeos que hacían contra la casa de Yaser Arafaf en Palestina? El magnicidio es una política de estado (de EEUU, Europa Occidental, Israel, entre otros) para aniquilar las ideas. Primero declara al objetivo como “Dictador”, le abren un expediente en la arrodillada Corte Penal Internacional y luego lo ajustician. Caso contrario lo encarcelan a perpetuidad.


LA HISTORIA DE LIBIA

En las páginas web tipo Wikipedia, a la que inexplicablemente citan investigadores muy serios y le hacen copia y pega cientos y cientos, aparece el rey Idris como el fundador de Libia. Y como a veces se leer por leer se repite la mentira. Es importante comprender quien fue el señor Idris para la hoy malograda Libia.

Su nombre completo Sidi Muhammad Idris al-Mahdi al-Sanusi, y nació en Benghazi, Cirenaica, en 1890. Ya en 1911, Idris era Rey de Cirenaica, y como tal firmó un tratado de paz y cooperación con Italia, la potencia invasora. Con tal acuerdo el rey Idris recibe dinero de los italianos quienes de esa forma aseguraban la paz de los territorios conquistados.

Pero los italianos no querían ser menos que Francia y Reino Unido, y rememorando su pasado imperial deciden invadir a toda Libia. Usurpan Tripolitania en 1922. Viendo Idris el peligro de que los italianos tomaran sus feudos y se olvidaran de su pacto de cooperación, valientemente huye del país y se exilia en Egipto, bajo el amparo de sus nuevos amigos, los británicos. El joven rey no tenía problema alguno en negociar con los imperios de Europa siempre que se le garantizara su vida feliz.

El valiente reyezuelo pasa 25 años viviendo cual emir en El Cairo. Desde allí controlaba a Cirenaica a través de sus hombres de confianza, radicados en Benghazi. Esperaba pacientemente su momento.

Cuando los aliados ganan a la Alemania Nazi y al eje la guerra, Idris se alegra de ver derrotados a los italianos. Sin perder tiempo se pone a la orden de Gran Bretaña y como viejo rey de papel les recuerda que el trono le pertenece, y no importa que ellos se queden con el país. El hombrecito es regresado a Libia en 1947. Inglaterra se lo echa al hombro y le da precisas instrucciones. Atención lector, aunque la historia de hoy es similar a la 1949, no estoy hablando todavía del CNT, fieles herederos de aquel lacayo.

El disfraz de rey, siguiendo el libreto británico, da el primer paso y proclama la Independencia de Cirenaica, mientras los británicos cocinan ante la recién nacida ONU la unificación libia sin oír los pareceres de las tribus de Tripolitania y Fezzan que preferían una confederación y no una unión.

En 1949 la ONU resuelve la creación del nuevo estado libio. Idris es nombrado rey del esperpento de Monarquía Federal Independiente de Libia y recibe el total beneplácito de la ONU, tal como en agosto de este año se lo dio al proclamado por la OTAN como “CNT”. Cuantas coincidencias en tan sólo 61 años. De plano Idris se aparta de la tradición árabe al asumir como rey y abandonar su estatus de emir. Prefiere ser rey como gusta en Reino Unido.

Obsérvese que el señor Sidi Idris no movió un dedo para independizar a Libia, ni siquiera a Cirenaica. Libia no fue independiente en 1949, ni en 1951, fue meramente un protectorado británico avalado por la ONU. Pasarían 20 años para que la anhelada independencia se produjera y la disfrutaran por 42 años cuando de nuevo el tramado de imperial volviera sobre su paso para restituir a los herederos del lacayo Idris en el poder.

Del 47 al 60, Idris revivió su reinado al servicio de Gran Bretaña y de un hermano de ésta, EEUU. Desde el territorio beduino era fácil controlar el Mediterráneo y la entrada a África. Los aliados ingleses establecen allí bien equipadas bases militares. Esas bases desaparecieron con Gaddafi que desde 2004 construía en su lugar un puerto de aguas profundas para servir a África, así como iniciaba una súper carretera que aspiraba surcara todo el continente de Norte a Sur, es decir de Libia a Sudáfrica, y avizoraba además un ferrocarril de esas dimensiones. Locuras de un árabe africanista que había abrazado desde 2001 la idea de una Federación de Estados de África.

Idris estaba tranquilo con el control autoritario sobre las tribus, ayudado por el poder de fuego de Occidente. Pero en 1960 del territorio desértico emana a borbotones petróleo. Las tribus reclaman que la nueva riqueza debe distribuirse en las provincias que constituyen la Monarquía Federal. Idris recibe nuevas órdenes: apagar las justas aspiraciones de las provincias. Así que sin perdida de tiempo hace aparecer una nueva constitución que crea la Monarquía Unificada, vale decir bajo su único mando (que es otro decir, pues no mandaba sino que ejecutaba).

Las trasnacionales petrolera no tardan en instalarse. La ganancia irá directamente a ellas, y a cambio mantienen los caprichos del rey y una guardia represiva que se encarga de callar por las balas cualquier protesta tribal. Idris desata, junto a la mayor corrupción de la que es capaz, la más cruel represión contra el pueblo.

De costumbres europeas, el cruel rey generó un verdadero racismo contra los subsaharianos o la gente negra como ironizaba. Esa gente estaba prohibida en su reino y pagaba con la muerte cruzar las fronteras de la Monarquía Unificada de Libia. Una limpieza étnica sin precedentes en el Norte de África se efectuó en su tiranía tutelada. Las matanzas que hoy realizan los del CNT y la OTAN contra los emigrantes de Níger, Mali, Chad, Mauritania y Sudán que viven en Libia desde la Revolución Verde son también legado de aquel tristemente celebre rey. Para Idris, Libia no era un país árabe ni africano, era del Mediterráneo europeo por tanto no podía convertirse en un refugio de emigrantes de color.

La violación a los derechos humanos por la monarquía de Idris, era pública y notaria. Era el títere fuerte desde 1911, ósea 58 años, primero al servicio de Italia y luego a las órdenes de Gran Bretaña. La bandera que adopta en 1949, que hoy vemos repetidamente, era su símbolo, que evocaba al imperio Británico y con nada que ver con el mundo Árabe. Idris odiaba el panarabismo, detectaba a Nasser y al socialismo. Solo va a tener relaciones de cooperación con los países árabes al fundarse la OPEP.

LOS OFICIALES JÓVENES Y GADDAFI


El descontento era general. El petróleo no había traído ningún progreso a Libia. Ninguna infraestructura física, ni carreteras. Menos escuelas y universidades. Para 1968 un 80 % de la población sabía leer y escribir, y eso gracias a las escuelas islamitas. Apenas una centena había logrado ingresar a alguna universidad europea, puesto que en Libia no había estas instituciones. Entre los privilegiados estuvo el joven beduino militar Gaddafi, quien estudio la secundaria en Benghazi, cuna del tirano y parte de la universidad en Londres, capital del imperio opresor. La mortalidad infantil rondaba las 100 muertes por 1000 nacidos. Imposible para la población ver un medico y el agua potable sólo era posible en los oasis. Solo Idris y su entorno vivían bien, muy bien.

En 1969, un grupo de jóvenes oficiales encabezados por el Coronel Muammar Gaddafi, derrocaron al gobierno de Idris mediante un golpe de estado incruento en septiembre de 1969. El viejo rey se encontraba en Turquía recibiendo tratamiento médico, no regresó al país. Fijó primero su residencia en Grecia para luego solicitar asilo político en Egipto, país del que obtuvo la nacionalidad en 1972.

Ninguno, léase bien, ninguno de los fieles a Idris fue perseguido, torturado y menos aún muerto. El gobierno revolucionario no dio al mundo y menos a la ONU motivo alguno para acusarlo de violento: Que diferencia a la mortandad, al holocausto de la OTAN y los idrisitas contra los libios en el reciente golpe de estado dado desde el 19 de marzo de 2011 que incluyo el magnicidio y el asesinato consecutivo de la familia Gaddafi. Toda una venganza preparada en Benghazi al mejor estilo del rey lacayo y con el poder de fuego de la OTAN.

El gobierno revolucionario realizó un juicio transparente que duró 5 años contra el rey títere. Muy diferente a los juicios sumarios ha los que han sido sometidos líderes en Irak, Rumania, por ejemplo. La dirigencia de Idris fue juzgada con el debido proceso, no se cometió un solo asesinato. No se destruyó ninguna propiedad. No se quemo un solo retrato. Toda la familia del monarca tirano fue respetada. Cirenaica no sufrió vejaciones. Ningún pro monarca fue lastimado. No existe ninguna denuncia o testimonio que diga lo contrario. Gaddafi respeto los derechos humanos de quienes habían llevado a su pueblo al borde de la desaparición. En 1974, Idris fue condenado cargos de corrupción y apropiación indebida. Moriría, tranquilamente en su segundo hogar en El Cairo, sin persecuciones políticas el 15 de mayo de 1983, a los 93 años, de muerte natural.

Pero en sus últimos 11 años de exilio dorado, luego de la muerte de Gamal Nasser activo una diplomacia personal y su incontable fortuna para torpedear al gobierno de la Revolución Verde. Tal como en 1922, no dejo de influir en su tribu de Cirenaica y desde fuera alentó a Benghazi para mantenerlo como bastión contrarrevolucionario. Con el aval de sus padrinos de Gran Bretaña e Italia logró que occidente bloqueara a la Gran Jamahiriya y declaran a Gaddafi terrorista, comunista, tirano. Idris actúo como lo hicieron hoy los que alzan la bandera monárquica, buscó el apoyo de los países de Europa Occidental.

Fue muy fácil. Gaddafi se había aliado a Nasser y cometió el gran pecado de nacionalizar la industria petrolera y minera, expulsando a las trasnacionales. Eso era imperdonable, hiciera lo que hiciera. Eso solo se paga con la muerte, como lo pagaron los mártires africanos citados al principio de este estudio.

Con Gaddafi, Libia salió de las páginas de los buenos muchachos pro imperialista. Los que conocen del Bloqueo a Cuba, pueden imaginarse lo que le ocurría a la Libia Revolucionaria. Un bloqueo trae muertes. La lucha contra un bloqueo requiere estrategias que a veces rayan en la sobre vivencia del pueblo. Quien no lo comprenda así, se equivocará de plano al intentar juzgar al Gaddafi pos desbloqueo y si vamos más cerca se equivocara al analizar los cambios que en la actualidad realiza la revolucionaria Cuba. Y se equivocaran radicalmente al punto de justificar la tragedia que hoy vive la Gran Jamahiriya Libia. Cuidado con eso, no se dejen llevar por la inmediatez y el querer ser el primero en decir algo diferente. El escenario internacional actual es escabroso como para estudiarlo con oxidadas o novedosas premisas comunicacionales.

REVOLUCION VERDE


Como varios africanos que luchaban por la independencia, Gaddafi se preparó hasta los niveles universitarios, aún recurriendo a hacerlo en Europa, pero con la convicción de liberar de verdad a su país. Porque Libia no se independizo en 1949 cuando la ONU la convirtió en un protectorado de Gran Bretaña, tal como lo ha hecho en 2011, esta vez aumentando los amos a más países de Europa. Libia fue realmente independiente a partir del 2 de septiembre de 1969. Así lo celebraron los libios en 2009, con actos llenos de alegría, de verde esperanza, de verde islamita, de verde agrario. Con desfile espectaculares donde participó todo el pueblo y representaciones de todos los países de África e invitados de Europa, América y África. En ese entonces Hugo Chávez se presentó en la Cumbre Extraordinaria de la Unión Africana realizada en Trípoli y en la sede del Libro Verde, de la que hoy sólo quedan fotos pues fue desaparecida por completo por las bombas asesinas de la OTAN.

Gaddafi miró hacia el mundo árabe y al Sur. De hecho la revolución adopta primero la bandera árabe y al morir Nasser una con variables, sin abandonar el pan arabismo. Será en 1977 cuando se establece la Bandera Verde. Entre motivos por su visión africanista, por la reforma agraria y por alusión directa al Islam, principal religión del país.

Gaddafi tiene su legitimidad al haber ganado el liderazgo de su tribu Gadadfa, la mayor del país. A partir de allí el resto de las tribus lo proclama maestro y guía espiritual. Tal proceder cultural es muy difícil de comprender por los occidentales que al hablar de democracia lo hacen a imagen de su realidad y circunstancias, sin detenerse a revisar la cultura de otros pueblos originarios. El modelo multipartidista occidental implementado a sangre y fuego en África por Europa no responde a la concepción espiritual y cultura de aquellos pueblos. Nosotros los occidentales nos negamos a entenderlo. La democracia tiene varias interpretaciones, imponerla desde un solo punto de vista es intervencionismo.

Al consagrarse la Revolución, Gaddafi plasma sus ideas fuerzas socialistas en el Libro Verde. El libro de contenido claramente socialista, es uno de los pocos documentos escritos desde una revolución para señalar el camino, en especial, en un pueblo musulmán donde la conducta pasa muchas veces por el discernimiento a discreción que hacen los que detentan el poder del Coran. La Revolución Verde siempre la tuvo muy clara con aquel documento de pocas páginas y fácil lectura.

Pocos en occidente han estudiado el funcionamiento de la democracia libia. El gobierno libio de la revolución, superó con creces las monarquías pro occidental del mundo árabe, que de manera insólita apoyaron y financiaron a la OTAN bajo la premisa de darle democracia a Libia. Para los que conocen el funcionamiento del gobierno de la Gran Jamahiriya (gobierno de las masas), podrán dar fe de la proliferación de movimientos sociales de ese país y de los contactos con similares en el mundo. Mucha gente de la que este trabajo de seguro compartió en Libia con gente de avanzada de otros países. El apoyo hasta financiero de la Revolución Verde llegó a numerosas agrupaciones sociales de África, América y Asia. La formas de organización popular están definidas den el Libro Verde y no eran letra muerta.

El Gobierno Verde dio un apoyo incondicional a los países más pobres de África, al menos 20 de ellos recibían cooperación para el desarrollo, mucho más alta que la dada por Europa, Japón y EEUU. Países que inexplicablemente dejaron sólo a la Revolución de Gaddafi, como los de África Occidental, en particular los de gobiernos islámicos que se beneficiaron de la cooperación solidaria de Libia en diversas áreas.
En lo multilateral correspondió a la visión de Gaddafi darle un decisivo impulso a la Organización para la Unidad Africana, que reunida en Sirte en 2001, cambio a Unión Africana, con una energía nueva para la resolución de conflictos y con el apoyo financiero del gobierno libio, que apostaba a un gobierno único africano, que de tan sólo imaginarlo causa pánico a Occidente. En la Cumbre Extraordinaria de la UA en septiembre de 2009, esta organización decidió cambiar su Comisión de la UA, por una Autoridad Única Africana, propuesta impulsada con vigor por Gaddafi. La Unión Europea y EEUU prendieron las alarmas, nunca África había estado tan cerca del sueño de los padres fundadores.

LA NUEVA LIBIA PAZ Y PROGRESO


Gadafi simbolo internacionalista junto a Fidel y Yasser Arafath


La ONU siempre estuvo ensañada contra la Libia de Gaddafi. Tras las negociaciones de Idris y Gran Bretaña la sometió a terribles bloqueos económicos que sin embargo no detuvieron el progreso del país. Para la monarquía británica, Libia les pertenece desde 1947, Idris se encargo de hacérselo sentir así.

La revolución cambio definitivamente la cara del país. De 80 % en tiempos de los idrisitas el analfabetismo bajo a 5 %, de 100 x 1000 la mortalidad infantil e redujo a 16 X mil con la Revolución. El PIB Per Capita se catapultó a 12 dólares anuales y para 2010 Libia ocupaba un índice de desarrollo humano (educación, salud y economía) de 54, el más alto de África; más alto que los países del Golfo Árabe. Para que tenga una idea, Venezuela está en el puesto 75. El acceso al agua potable subió casi al 100 % gracias a la construcción de 4500 Kms de tuberías de 7 metros de diámetros que llevan agua del subsuelo a todo el país. Y podrían hacerlo por 4000 millones de años. Aunque actualmente tan monumental obra, considerada la Octava Maravilla del Mundo, está parcialmente destruida por los bombardeos humanitarios de la OTAN, al punto que Trípoli se encuentra sin suministro constante de agua. La Libia que no tenía universidades en 1969, recibía en la Revolución Verde a miles de estudiantes de todo el continente, de Asia y América totalmente gratis. Hace poco un buen grupo de jóvenes Saharauis que cursaban estudio allí debieron salir apresuradamente del país por riesgo a perder su vida, igual lo hicieron jóvenes de Nicaragua que había llegado con gran entusiasmo en octubre de 2010. Con todo seguro, entre los subsahariano que cruzaban la frontera hacia el Sur, huyendo de las bombas estaban los estudiantes que ahora quedan sin esperanza. No eran mercenarios, son jóvenes que aspiran a prepararse para ayudar a África. La OTAN no tuvo remordimiento en dejar caer sus bombas “solo mata gaddafistas” sobre las universidades. Total allí con toda seguridad podía haber uno de a tribu de los Gadadfa estudiando. Guerra preventiva.

Y cómo si fuera una pregunta de revista ¿Sabía Usted que hasta febrero 2010 Libia tenía una sobre oferta de viviendas? ¿Qué en el año 2009, por el alza de los precios del petróleo, cada familia del país recibió 15 mil dólares en efectivos para que cubriera cualquier déficit medico u otra necesidad? ¿Qué en caso de que alguna enfermedad no pudiera ser atendida en el país el gobierno se hacía, sin mayor burocracia, cargo de los tratamientos en exterior, incluyendo pasajes y manutención? ¿Qué existía un programa de becas en el exterior para aquellas carreras que no se ofertaban en el país?
Por supuesto ahora las grandes compañías europeas tendrán que construir viviendas, carreteras, hospitales, campos deportivos, edificios educativos destruidos por la OTAN, con la única finalidad de reconstruir y cobrar por ello.
Los libios no tenían razón para acabar con su paraíso. Eran felices. La venganza de los idrisitas vino como anillo al dedo a la OTAN y a la ONU. El aguerrido ejército de la Revolución combatió con el último de sus hombres. Nadie da parte de las decenas de miles de jóvenes soldados y oficiales que cayeron bajo el peso de las modernas bombas. Los propios CNTraidores se les escapó el dato de 50 mil. En la Libia se ha perpetrado un genocidio que aún no termina. En ciudades donde se dormía a puertas abiertas, hoy sus habitantes atemorizados son asaltados constantemente por “rebeldes” que disparan alegres sobre los “gaddafistas” y lo expropian de sus propiedades, violan mujeres y matan a hombres para evitar “insubordinaciones” o cobrar el hecho de seguir a Gaddafi. Son los idrisistas, aquellos a quienes la revolución no tocó ni un cabello en 1969.

PARA SUPERAR EL BLOQUEO

Para el superar el bloqueo y seguir por la senda del progreso. El Gobierno Verde idea una estrategia para eliminar el bloqueo y permitir que las importaciones de alimentos, medicamentos, bienes de capital regresen al país. Gracias a ello puede construirse el gran río artificial con empresas de Europa Occidental y Corea del Sur. Si no se rompía el bloqueo en 2003, la sed hubiese mermado la población. Sin romper el bloqueo no se hubiesen construido los grandes puertos y aeropuertos, ni hubiese estado Libia armando una de las líneas aéreas más fuertes del Sur, que ya contaba con 40 aviones de última generación que ya volaban a 23 países africanos y estaban próximo a hacer un vuelo semanal a Venezuela, contribuyendo a derribar el peaje de tener que triangular por Europa para ir a la Madre África.

Las inversiones libias llegaron a Italia cuyo Primer Ministro de manera hipócrita ofreció pagar los daños por la cruel ocupación italiana de 1911 a 1947. Son 25 mil millones de dólares que debe Italia a Libia, que pueden dar por sentado que no pagará, como si se los debiera a Gaddafi y no al pueblo libio.

Gaddafi logró romper el bloqueo. Libia se catapultó por las vías del desarrollo. La industria turística nació con fuerza. De los países vecinos vinieron los subsaharianos y egipcios a buscar trabajo, no de mercenarios sino a trabajar. Más de 3 millones desde Egipto y un número similar de los países del Sur. Todas las embajadas africanas representadas en Trípoli. Si algún país hermano no podía cubrir los gastos, el gobierno libio, comprendiendo la importancia de las relaciones regionales estaba presto a auxiliarle. La Libia Socialista de un país paupérrimo pasó a ser una potencia media, la quinta economía africana en ascenso.

Por el lado internacional el gobierno hizo una gran avanzada diplomática. En Sirte se construyó la mejor ciudad de conversiones de África, y de las mejores del mundo. Gaddafi en persona salió a predicar al mundo la necesidad de un nuevo orden mundial. De una transformación radical de la ONU y de una defensa del Sur contra el norte, seguramente al tanto de error militar que había cometido al desarmarse.

En 2009 estuvo en la ONU para gritarles que era hora de reformarla, de quitarle el poder al Consejo de Seguridad y dárselo todo a la Asamblea General. Ante los gobernantes del mundo lanzó+o contra el piso la hipócrita carta de la ONU. Se enfrentaba de nuevo a su archi enemiga, la misma que lo había golpeado y que no levantó la voz para condenar el bombardeo de su residencia en la cual murió una de sus hijas. Ignoraba Gaddafi que apenas dos años después de su presencia en la ONU está ordenaría bombardearles a los hijos y amigo y al mismo hasta la muerte. Ya en Julio había estado en uno de las tantas cumbres de los países no alineados para reclamarles tanta pasividad ante las potencias. Ese día comenzó a hablar desde el centro del escenario hasta llegar al presidio el cual el canciller egipcio le negaba solicitándole “hable desde su puesto Señor Presidente”. Gaddafi inmenso, le habló con su voz ronca “Soy el Presidente de la Unión Africana, debo hablar desde el Presidium. Cuando le toque a la Gran Jamahiriya, hablaré desde mi puesto”. Era una forma de plantearle al NOAL que era hora de hablarle de pie a Occidente y sentarse orgulloso cuando se es oído.

Ese mismo año vino a Venezuela a la II Cumbre América del Sur África. Ejercía la Presidencia Pro Tempore de la Unión Africana, y lo hacía con entereza y fuerza. En Margarita mostró su proyecto de la Organización del Tratado del Atlántico Sur, para la defensa militar y tecnológica de las dos regiones. Porque el Sur está vació de transporte, de satélites, de defensas. Mientras el Norte lo tiene todo. Explicaba Gaddafi con su mano sobre un gran mapa que sostenía el Presidente Chávez en Margarita.

Y en diciembre, de nuevo en Sirte, realiza la Cumbre Unión Europea – Unión Africana, y cierra exigiendo la desaparición de los monstruos del Bretton Wood, el FMI y el Banco Mundial. Definitivamente Gaddafi era peligroso. Allá estuvieron sus verdugos de Gran Bretaña y Francia.

Ya los había puesto en su lugar cuando obligó a Suiza a disculparse por el trato a uno de sus hijos, o cuando amenazó a la Unión Europea con no venderle más petróleo por el mal trato contra Libia.

Fue en la Cumbre de la Liga Árabe en Sirte en marzo de 2010, ejerciendo Gaddafi la Presidencia Pro Tempore de esa organización. Porque es bueno recordar que al momento, marzo de 2011, de la Liga Árabe comportarse como Idris ante la ONU, no invitaron a Libia que este año ejercía la Presidencia. Gaddafi había anunciado que la Liga Árabe debía subir el perfil y ser más combativa en la defensa de sus miembros ante el imperio e Israel. Los árabes del Golfo no soportaban las actitudes antiimperialistas del beduino. Para ellos la unidad es sólo un asunto de declaraciones.

Para entonces Europa había incluido a 188 ciudadanos libios en una lista de terroristas. Gaddafi, que comprende el poder del petróleo y la falta que le hace a Europa les dio un ultimátum: “o eliminan esa lista injusta o no les vendo más petróleo”. La Presidencia Pro Tempore de la UE, ejercida por España, se disculpó y de inmediato invalidó la lista. Gaddafi los hizo arrodillar. No olviden esto los que insisten en decir que este hombre se puso al servicio de Occidente. Dense su tiempo de investigar, Internet no muerde. Gaddafi fue consecuente hasta al final con sus ideales y posiciones. Comprendía a cabalmente su poder de negociación basado en el petróleo y lo utilizaba Lo que si es cierto es que Occidente se la juró. Los imperios no perdonan las humillaciones. Allí está Haití el gran error de Gaddafi en esta negociación para superar el bloqueo fue la de entregar todas las armas disuasivas. De haber conservado un tercio de ella apuntando sobre los ocupantes de antaño y de ahora de Libia, ni un avión hubiese atravesado el cielo beduino. No hubo en su aburguesado entorno quien se lo advirtiera. Gaddafi conservó el poder terrestre. Jamás hubiese perdido una guerra en tierra, y de no haber intervenido la asesina OTAN hubiese recuperado al menor costo todo el país. Lecciones.

Otro error del Líder Libio fue mantener durante mucho tiempo en el gobierno a elementos que se hicieron élites y comieron de las mieles del capitalismo. Muchos de ellos están ahora al frente de alguna fracción del CNT. Pero los mantuvo de consejeros y hasta le hicieron repetir una falsa apreciación sobre la rebelión en la vecina Túnez. Por algo su último canciller saltó la talanquera. Un canciller que colocó a los principales embajadores de la Gran Jamahiriya Libia en misiones tan nodales como la ONU. Unión Africana, las capitales europeas, EEUU y otras. Un servicio diplomático a las órdenes de la traición, con sus banderas monárquicas listas para cuando llegará el momento.

Se le recuerda en Kampala, Uganda, apareciéndose con los presidentes del Caribe y los reyes étnicos de África, para decirle al mundo que la unidad y la integración deben ser más que discurso. Y que de sorpresa nos tendría en noviembre con la III Cumbre ASA que tocaba en Libia. Con él se va un pedazo de los sueños de América del Sur – África.

LA CONSPIRACION


Le armaron la patraña a la Revolución Verde. SI algo le faltó a la Gran Jamahiriya Libia fue conformar un buen equipo publicitario de sus logros. Los medios occidentales posicionaron la imagen de dictador y violador de derechos humanos de este hombre. Pero en los informes de la ONU de los últimos 10 años no aparece una sola denuncia contra aquel gobierno. Libia había suscrito bajo Gaddafi todas las convenciones y protocolos internacionales sobre el tema. Estaba al día con los organismos controladores de los derechos humanos, Y cumplía con las metas del milenio. Se ha demostrado que Gaddafi no mandó a bombardear la Plaza Verde, que no hay fosas comunes en Libia, que hay participación de la mujer, que los derechos fundamentales estaban garantizados. Gaddafi ni siquiera persiguió al canalla de Idris y sus secuaces, Y en la ciudad de Benghazi la oposición actuó a sus anchas, armada hasta los dientes. A esa ciudad también llegó el progreso de la mano de la Revolución Verde. En Libia, Occidente ha ensayado todas sus tácticas modernas de guerra, que incluyen escenografías gigantes para simular la toma de Trípoli y así desmoralizar al enemigo.

La conspiración llevaba años fraguándose. El Gobierno fue minado. Los principales cargos fueron tomados como el Primer Ministro, Canciller, Interior y Justicia, Inteligencia, Petróleo y Minería. Hilari Clinton, conocedora de esto, dio la partida en aquel discurso de abril cuando “ordeno” disimuladamente a las personas que acompañaban al Líder a dejarlo. Y allí vino el goteo.

Los que se mantuvieron firmes fueron los hijos Esos de los que varios analistas que caen en la farándula y dicen “los hijos de Gaddafi se desviaron” y toda esa cantaleta que los aleja de la profundidad del caso, cayendo en lo que los medios quieren que se caiga.

La conspiración busco apoyo en la realeza árabe y la encontró rápidamente. Les convenía pues gran parte de las reservas internacionales de Libia se encuentra en el Golfo, muchísimo más que la que estaba en Europa. Los países árabes patrocinaron la invasión con el propio dinero ahorrado para su país por la administración Gaddafi. Eso en su momento debe salir a la luz pública. Ahora bien, asesinaron al hombre que tal vez administró mejor a país alguno en la tierra. Porque lo doto de infraestructura y de un IDH Alto, lo formó y es capaz de tener en reserva 200 mil millones de dólares, suficiente para que su pueblo pudiera cumplir pagos internacionales por unos 50 años.

LA DOCTRINA CONTRA EL TERRORISMO A LA DOCTRINA ANTI DICTADURA


El terrorismo ha muerto. Ya no hace falta que pongamos el repetitivo párrafo de “condenamos el terrorismo en cualquiera de su forma y venga de donde venga”.

Ya EEUU dice que mató al fantasma de Bin Laden. Ya lo que llaman Al Qaeda se unió a EEUU y tiene su pedazo de poder en Trípoli Ya ETA tiró la toalla. Ahora hay que seguir luchando contra algo. Que mejor que los dictadores. EEUU creó muchos con su Doctrina de la Seguridad Nacional en América. Europa los tuvo bien poderosos como Franco, Hitler y Mussolini.

Ya el inefable Sarkozi lo ha dicho “Buscaremos a los dictadores estén donde estén”. Y para que no haya lugar a dudas, en Internet ya aparecen mapas guías que señalan quien es dictador y quien es gobernante. Si alguien incomoda los objetivos imperiales, no importa que haya ganado elecciones limpias y observadas, será dictador. Y esos emires y reyes que gobiernan desde que nacieron son gobernantes. Van viendo.

La calificación es de los mismos que entronaron a Idris y asesinaron a Gaddafi. Aunque, cuidado, porque hay izquierdas exquisitas como la francesa que es capaz de criticar a Gaddafi y hasta de reprochar porque los demócratas no salieron corriendo a apoyar al CNT. O algunos altos políticos no cuidan sus palabras y dicen “a pesar de las criticas a Gaddafi…bla, bla”. ¿Cuáles críticas? ¿Haber hecho una estrategia para superar el bloqueo? ¿Haber firmado acuerdos con Occidente? Si eso lo han hecho muchos de nuestros países para diversificarse, para superar le dependencia. La alerta está en que occidente es vengativo y avaro. 

Gaddafi siempre mantuvo sus ideales humanitarios y su posición antiimperialista. Cayó en su tierra, tal como lo dijo uno y otra vez. Vio morir por goteo a sus hijos. Cuánto dolor de padre en el pecho del aquel valiente hombre de 69 años. Suplicó una y otra vez a las potencias como Rusia, China que hicieran detener los bombardeos, no para salvarse él sino para evitar que siguieran matando a su gente, como la mataba en el bloqueo. Sería cobardía diplomática no preguntar en este momento ¿Por qué China y Rusia no vetaron la resolución 1973? Tenían que hacerlo. Y con dolor preguntamos ¿Por qué Sudáfrica, Nigeria y Gabón no votaron en contra de aquella aberración intervencionista? Le deben esta explicación al pueblo malogrado de Libia, a los pueblos del mundo. Los africanos deben volver al camino de la unidad que transitaba con Gaddafi.

Gaddafi, en su estrategia para darle vida a su pueblo aceptó negociar con los traidores del CNT, hacer el juego occidental de las elecciones, distribuir el poder. Porque ni siquiera poder necesitaban los traidores que ya eran sus ministros y ocupantes de altos cargo en el sistema. Pero el CNT y la OTAN no lo querían a él, quería a toda Libia, como la tuvieron hace 42 años.

“En el mundo actual, la totalidad de los regímenes políticos son el resultado de la lucha que libran los distintos sistemas de Gobierno para alcanzar el poder, ya sea esta lucha pacífica o armada, como la lucha de clases, de sectas, de tribus, de partidos o de individuos se liquida siempre por éxito de uno de esos sistemas, individuos, grupo, partido o clase y por la derrota del pueblo, en consecuencia, la derrota de la verdadera democracia” (Mohammad Gaddafi, en el Libro Verde).

“Hice todo lo que pude para ayudar a la gente a entender el concepto de democracia real, donde comités populares dirigen nuestro país. Pero eso no alcanzó, como algunos, incluso las personas que tenían casas de 10 habitaciones, nuevos trajes y muebles me dijeron, nunca estuvieron satisfechos y tan egoístas eran que aun querían más. Fueron ellos quienes dijeron a los estadounidenses y otros extranjeros, que necesitaban “democracia” y “libertad” sin reconocer que es un sistema salvaje, donde el pez grande se come al chico, pero estaban encantados con esas palabras, sin tener en cuenta que en EE.UU., no hay medicina gratis, no hay hospitales gratis, no tienen viviendas gratis, no hay educación gratis y no tienen comida gratis, excepto cuando la gente tiene que mendigar o ir a largas colas para obtener un plato de sopa”. Testamento de Gaddafi, 27 de mayo de 2011.

Queda Gaddafi como maestro eterno de los libios, verdadero Padre Fundador de la Nación. El imperio y la monarquía han hecho retroceder a la Gran Jamahiriya Libia 42 años, que es como decir diez siglos. Los lacayos hasta le han cambiado arbitrariamente el nombre al país (obran igual en todas partes).

Necesario es estudiar la vida y obra de este gigante africano de trascendencia mundial. Que la Gran Jamahiriya Libia Árabe Popular no espere un ciclo de Idris para retomar la senda de la Independencia La lucha continúa.

“No hay alternativa para mí, tengo que sostener mi posición y si Dios quiere moriré siguiendo Su camino, el camino que ha hecho a nuestro país rico, con tierras de cultivo, con alimentos y salud y que ha permitido incluso ayudar a nuestros hermanos y hermanas africanos y árabes a trabajar aquí con nosotros, en la Jamahiriya Libia.”. Testamento de Gaddafi, el 27 de mayo de 2011.

Honor y gloria a Mohammad Gaddafi, Padre Fundador de Libia, impulsor de la Unión Africana. Mártir por la Revolución de los Pueblos.