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martes, 23 de abril de 2019

El miedo a la libertad de información; Google censura a HispanTV


La censura a HispanTV y Press TV muestra el alto nivel de incomodidad de EE.UU. y sus aliados respecto a la verdad que reflejan estos medios, destaca un artículo.
Una nueva arremetida de las llamadas redes sociales (que no son otra cosa que redes corporativas) se lleva a cabo contra los canales internacionales iraníes HispanTV y Press TV. Esta vez, a cargo de la plataforma digital Google y de su sitio web de videos YouTube.
Ambos canales divulgan noticias y puntos de vista demasiado incómodas, para los Estados Unidos y sus aliados, sobre América Latina, Medio Oriente, Asia, y, en particularacerca de los propios Estados Unidos y su reprochable papel en el mundo.
Un hecho inconveniente e intolerable para el imperio en crisis y para sus aliados regionales, donde la información juega un papel clave como mecanismo de seducción, desvío de la atención, manipulación política, refuerzo de tejemanejes económicos, especulación financiera y, en general, de acciones de dominio y control.
ÉRASE UNA VEZ LA ESPERANZA
El progreso de las nuevas y variadas tecnologías de la comunicación y la información despertó en su momento esperanzas como opción de pluralismo mediático. A ello se sumó el surgimiento y propagación dela internet, así como la proliferación de redes y soportes digitales.
En menos tiempo del esperado, sin embargo, la ilusión (que no se come, pero alimenta [García Márquez, 1961]) fue una perspectiva ilusoria, y todo condujo a una situación muchísimo más grave que la de aquellas épocas en las que era tan restringido el acceso a la creación y producción de mensajes contrapuestos y alternativos por parte de los pueblos, las organizaciones sociales o los grupos independientes, dados los costos y los vigorosos monopolios institucionalizados.
Después de la exaltacióinaugural y, claro está, luego de lo aprovechado durante los dulces tiempos del desbarajuste generado por las mutaciones vertiginosas, volvimos a la fuente, al redil, sólo que peor que antes.
Y es que, siendo la realidad íntegramente lo contrario, buena parte de la población aún cree que las redes sociales significan democracia comunicacional, emancipación informativa, y demás pavadas relacionadas con la cada vez más difusa libertad de expresión.
No nos engañemos. La tolerancia de estas redes y de los medios hegemónicos puede ser grande para proclamar estupideces o para lo que se quiera que entretenga y distraiga. Eres libre dentro de los ajustados parámetros que te son fijados equivale a que lo seas dentro de los cuatro metros cuadrados de una celda.
Puedes referirte a lo que se te ocurra y se te dispensa para hablar de lo que desees, mientras no se afecte el discurso de fondo del poder ni se atente contra la autoridad real de la élites detrás. Un poder para el cual el debido encauzamiento de las narrativas y los sentidos no es un elemento circunstancial, sino constitutivo.
 LA CENSURA GENERALIZADA
La actual censura contra HispanTV y Press TV no es nueva ni única, ambos canales, junto a otros medios iraníes, han estado en la mira de las plataformas tecnológicas estadounidenses, así como de los prestadores de servicios satelitales de varios países de Europa y las Américas.
Baste recordar, hace apenas unos meses, la detención injustificada de la periodista Marzie Hashemi, de Press TV. La presentadora y analista fue encarcelada sin cargos durante diez días y sometida a toda clase de presiones, en un proceso inventado contra el canal por el sistema judicial estadounidense. Para los grandes medios, por supuesto, el abuso fue un hecho intrascendente y silenciado.
Tampoco es únicamente contra los medios de Irán. Los medios y las comunicaciones de Cuba, desde varias décadas atrás,han estado bajo ataque.La desinformación que impera contra el proceso revolucionario venezolano es mendaz y vehemente.
La cadena RT America, y el portal y radio Sputnik, de Rusia, hace rato que se topan con obstáculos burocráticos y leguleyos, y son objeto de hostigamiento. Al igual que los medios chinos y los de cualquier parte, empezando por los de los mismos Estados Unidos, donde espantan los medios independientes y el periodismo de investigación.
Contra ese periodismo operan las agencias de inteligencia en pleno, los organismos gubernamentales, los entes fiscales, el Departamento de Justicia, y, en general, la estructura dominante.
La persecución desatada contra Julian Assange es un ejemplo: Cargos improcedentes, acusaciones de montaje y carentes de legalidad, que atentan contra la Primera Enmienda y quebrantan el ejercicio del periodismo (Greenwald y Lee, 2019).
No pasa en vano la filtración de setecientos mil registros secretos y de otros documentos que dejan al descubierto la burda diplomacia estadounidense y los trajines perversos del gobierno, las instituciones y las agencias.
Un vengativo exdirector de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Mike Pompeo, investido por Trump como Secretario de Estado de los Estados Unidos; la obstinación institucional y unas inquinas personales que ponen en marcha toda una serie de mecanismos de presión internacionales; el presidente de un país, Ecuador, al que le es extraña esa índole del ser humano llamada dignidad: Los componentes de un pésimo precedente para la prensa seria y de intimidación para el periodismo de denuncia.
UNA SOLA DIRECCIÓN
HispanTV y Press TV suscitan la incomodidad en un sector de la dirigencia occidental por su procedencia, Irán, sin ninguna duda, pero, sobre todo, se trata del carácter de la información difundida.
Los contenidos que distinguen a los medios dominantes son unidireccionales, aunque estén revestidos con los mantos falaces de la objetividad y la imparcialidad, y a veces se muestren criterios varios, o, incluso, encontrados. Maniobras que sirven para brindarle verosimilitud al absurdo.
Y es así porque los dueños son los holdings de empresas de las que fueron o serán presidentes o gerentes quienes ahora son los más altos funcionarios gubernamentales. Las puertas giratorias del poder.
Y porque son los tremendos contratistas que son los mejores cabilderos; los grandes contribuyentes que no pagan un dólar; los beneficiarios de sus propias quiebras y bancarrotas. Las ventajas de prenderle una vela a Dios y otra al diablo.
La administración de Trump, empezando por él mismo, es un modelo reluciente en tales sentidos, pero tampoco es una excepción. Los sucesivos gobiernos estadounidenses han padecido semejante contagio.
Por eso, las rutas de la información masiva, trátese de grandes avenidas o trochas angostas, de alamedas majestuosas o atajos polvorientos, tienen un solo rumbo: el del negocio. Y por la misma razón no se tolera la difusión en contravía.
Cualquier duda al respecto se aclara con una visita breve al portal de Wikileaks (2019) y con una ojeada a los correos de la señora Clinton, que sus presuntos enemigos ahora vengan con saña. Habrá de ser por el esprit de corps, quién sabe.
GUERRAS Y MEDIOS: NEGOCIO REDONDO
Resultanotorio que estos ataques contra HispanTV y Press TV tienen que ver con la guerra desatada por el decadente imperio contra la República Islámica de Irán, azuzada por el gobierno de extrema derecha de Benjamín Netanyahu (Israel) y la monarquía ultraconservadora de la casa de Saúd (Arabia Saudita).
Los dos aliados envenenados y belicistas de los Estados Unidos en el Oriente Medio a los que solivianta la sola presencia de Irán como resistencia y avanzada de contraste, tan fundamental en la región. Tanto Israel, como Arabia, ejercen presión de todas las formas posibles para asfixiar económica y comercialmente a la nación persa, y son proclives a la confrontación militar.
Algunos ideólogos sionistas estiman necesaria la utilización de “la fuerza bruta, agregando una nueva dimensión a la guerra llevada a cabo en contra de Irán. Este es un imperativo inevitable para Jerusalén” (Inbar Efraim, 2019). Una óptica repugnante de la que es partícipe el gobierno sionista de Netanyahu.
En tal contexto de disputas en crecimiento y de ámbitos múltiples, que comprenden los frentes diplomáticos y de bloques, financieros y comerciales, estatales y políticos, y con amagos militaristas, el mediático no es asunto demenorcuantía.
Pero, también, es claro que la ofensiva contra los canales iraníes corresponde a un ámbito de enfrentamiento que se extiende más allá de la coyuntura de embestidas del gobierno de Trump y de su beligerante equipo de asesores, de Bolton al yerno del presidente, Jared Kushner.
Trump ha cuestionado en reiteradas oportunidades el papel del gigante digital Google por su sesgo (Twitter, 2018), pues, según él, el buscador no favorece a los conservadores, a los cuales silencia, ni a su nombre, asociándolo con falsas noticias. Una crítica con advertencia incluida, de paso extensiva a las redes Twitter y Facebook: Tengan cuidado, porque se están “aprovechando de mucha gente.
Hace pocas semanas, a mediados de marzo, el presidente estadounidense volvió a las injurias y acusó a Google de ayudar “a China y a sus militares, pero no a EE.UU.” (Twitter, 2019).
Es que más allá de estos dimes y diretes que circulan en los medios, y de este tire y afloje entre Google y la administración Trump, primero, es claro que ya marchan grandes negocios y que otros enormes están en ciernes.
Segundo, es obvio que hay una guerra comercial desatada entre los Estados Unidos y China, y que en el centro de sus móviles figuran las apropiaciones del conocimiento (de ahí el celo por la propiedad intelectual), los avances de ficción y las implementaciones de la alta tecnología en desarrollo y por venir (conectividad 5G y 6G, inteligencia artificial, simulaciones inéditas), conquista espacial, nuevos horizontes armamentísticos, en fin.
Unos terrenos en los que el gobierno y los militares estadounidenses son conscientes de las dificultades que aguantan, y los desafíos que surgen para que su país se mantenga a flote como la potencia en solitario y sin discusión, el engaño confiado al mundo que los propios autores se estaban tragando.
LO IMPERIOSO DEL IMPERIO
El Imperio romano, pese a que los historiadores no se ponen de acuerdo, tardó por lo menos dos o tres siglos en caer, y hay quienes hablan del milenio entero, partiendo de finales del siglo XV.
El Imperio español tardó casi otro tanto en darse por enterado de que hacía dos siglos que había dejado de ser imperio. Y así o parecido aconteció con los poderíos de las épocas pasadas.
Lo que debe asustar tanto a los estadounidenses, además de ver por la ventana cada mañana los indicios inconfundibles de la declinación, es que ahora las cosas no se toman tanto tiempo para acontecer. Hoy en día, hasta los procesos paulatinos van de prisa.
En ese contexto perturbador, las diatribas por Twitter de Trump contra Google son sólo la punta de un iceberg. Los mensajes colados de un maremágnum intenso de impaciencias, capitales huidizos, grupos de presión.
Y un asomo del terror a perder la hegemonía, de la doctrinaria (Destino Manifiesto) a la fiduciaria (el dólar). En posturas enfrentadas, aparentemente, porque a la hora de la verdad no lo son tanto. O quién sabe.
El general Joseph Dunford, presidente del Estado Mayor Conjunto, hizo comentarios similares a los de Trump ante el Congreso, expresando su preocupación porque “socios de la industria” están en China y en desarrollos que representan “un beneficio directo para los militares chinos” (NBC News, 2019).
Durante una audiencia reciente del Comité de Servicios Armados del Senado, el senador republicano Josh Hawley también criticó duramente a Google, llegando a referirse a ella como"una empresa supuestamente americana” (NBC).
Unas críticas, en todos los casos, inauditas, dirigidas contra un conglomerado colaboracionista con los propósitos (despropósitos) de dominio del sistema, como la compleja red de vigilancia mundial, a cargo de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), en la que trabajan las agencias de inteligencia de Estados Unidos y sus aliados, cuya existencia y actividades fueron reveladas con detalle en los documentos filtrados por Edward Snowden.
¿Será que los trinos de Trump contra Google no se diferencian de la media y señalan todo lo contrario de lo que dicen, como los efectuados contra Jeff Bezos y Amazon, premiados con contratos multimillonarios, o los de alabanza hacia Assange durante la campaña, recompensados con el acoso brutal y la lavada de manos en la presidencia (VOA, 2019)?
DE GOOGLE Y OTROS DEMONIOS
La presión interna hizo que Google, al parecer, concluyera su participación en el proyecto Maven, cuyo contrato venció en marzo pasado. Más de 3100 trabajadores firmaron una carta de protesta “por la participación de la empresa en un programa del Pentágono que utiliza inteligencia artificial para interpretar imágenes de video y que podría ser utilizado para mejorar los objetivos de ataques con drones (The New York Times, 2018).
La carta, puede uno deducirlo, indica que un número importante de empleados se preocupa por el tipo de decisiones aventuradas de Google LLC (y de Alphabet Inc., de la que es subsidiaria); con más veras cuando en la misiva se evoca el lema gremial de la empresa: Dont Be Evil (no seas malvado). Una consigna mordaz para una corporación todopoderosa del ámbito tecnológico, cada vez menos diferenciado del plano armamentístico.
De otra parte, puede que Google no suministre inteligencia artificial para el Pentágono a través del Proyecto Maven, “pero la compañíavanza en otras iniciativas que podrían apoyar las operaciones militares” (C4ISRNET, 2019). E involucran de lleno la IA.
Así lo han manifestado Steve Walker, el director de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa de los Estados Unidos(DARPA), y Vint Cerf, Vicepresidente de Google y uno de los “padres” de Internet, en una entrevista para un medio afín a C4ISRNET (2019).
Una mención breve de los negocios sobre la mesa de la alianza estrecha entre los generales del Pentágono y los soldaditos de plomo de Silicon Valley, puesto que los negociados de verdad, grandes proporciones y desmesurados alcances, se transan bajo la mesa y son clasificados.
De igual modo que ahora no sólo se censuran a HispanTV y Press TV, no será apenas Google la que emprenda las agresiones. Continuarán las realizadas y vendrán nuevas de Facebook (y sus WhatsAppFacebook Messenger e Instagram); de Amazon, Twitter, Microsoft (y su Skype), Apple y un largo etcétera.
De manera continuada, sostenida, o en interrupciones reiteradas, que implicarán inseguridad y molestias. Para entorpecer la presencia y la solidez creciente de su palabra, todas las estrategias con válidas.
Las megaplataformas, haciéndolo, tienen mucho que ganar, y las pequeñas compañías (las startups), en el poco tiempo que les quede de subsistencia autónoma, mucho que perder.
Amazon y Microsoft, por ejemplo, puntean en la pelea por el contrato a diez años y por diez billones de dólares del proyecto JEDI (Infraestructura de Defensa Empresarial Conjunta, por sus siglas en inglés), “destinado a servir como repositorio de datos primarios (del Departamento de Defensa) para los servicios militares en todo el mundo” (Fortune, 2019).
Porque todas las grandes compañías tecnológicas tienen negocios en marcha y en proyección con las diferentes fuerzas militares estadounidenses, en las áreas existentes y con la gallina de los huevos de oro espacial, adonde apuntan contratos multimillonarios y billonarios.
Porque todas estas redes tienen los hilos de su propiedad entrecruzados, no ya entre ellas, sino con la gran banca y los servicios financieros globales, las calificadoras de riesgo, los mayores proveedores de servicios de Internet y los medios de comunicación dominantes. Y los poseedores, sin cara ni señas particulares, corresponden a dos o tres fondos y gestores de inversión (digamos, The Vanguard Group, BlackRock o Blackstone).
QUIEREN Y PUEDEN. Y LO REQUIEREN.
Podría creerse que se trata de que Google atiende los trinos de Trump y censura con diligencia las voces oriundas del país hacia el que la administración estadounidense ha enfilado las baterías de ataque.
Algo que nunca se reconocería y que puede ser, por qué no, pues, como hemos visto, someramente, hablamos de capitales considerables para un gigante tecnológico al que sólo se puede mantener vivo inyectándole usuarios y contratos, es decir, materia prima y fondos.  
No son sostenibles las razones que Google da (o, mejor, que no da) para justificar de manera vaga la medida contra los medios iraníes. Según la plataforma, las cadenas internacionales violan sus normas. ¿Cuáles normas?
No especifican ninguna porque es elemental que no se trata de normas internas ni del cumplimiento de leyes nacionales. Al contrario, es un atentado contra los derechos constitucionales y legales, y contra la jurisprudencia internacional.
Lo hacen porque quieren y pueden, y, ante todo, lo hacen porque les conviene a las fuerzas e intereses revueltos de los que son arte y parte.
Google ha recibido fuertes críticas por su participación en el proyecto Dragonfly (Libélula) con China. Lo irónico del asunto es que el gran terror sobre los desarrollos de Google junto a las empresas chinas se basa en las amenazas a la expresión y al control que ejercería el gobierno chino sobre su población.
Como si no fuera esa la actitud que llevan hasta la exacerbación las grandes corporaciones digitales occidentales y sus gobiernos, empezando por el de los Estados Unidos. A iniciativa comercial particular de las empresas mismas, o, más desdeñable y es la generalidad, en confabulación con autoridades y organismos de inteligencia. Indudablemente, a conveniencia de las dos partes.
Ninguna hipocresía, desde luego, es desinteresada. Máxime, cuando lo que se computa no son las ganancias del mes ni del año. Lo subyacente de la trama es la definición del futuro y las supremacías en los campos que importan. Y que a toda la humanidad, bien que sea renuente por desconocimiento, bien que sea indiferente por desidia, le concierne. Nos concierne, para ser exactos.
MIEDOS Y LIBERTADES
Cada vez es más probable (y de seguro deseable) que en el mediano futuro sea una realidad la predicción del ex CEO de GoogleEric Schmitdt,  hecha a finales del año anterior, en cuanto a que internet se dividirá en dos en una década, “con una internet dirigida por China y otra dirigida por Estados Unidos” (Business Insider, 2018).
Las rivalidades desatadas entre ambas potencias pueden ser favorables para esta bifurcación de la red, donde podrían ampliarse los espacios y amortiguarse la preeminencia de las actuales plataformas.
No es sólo eso. La necesidad está creada. A los productores de mensajes, al periodismo sensato y a los creadores reflexivos, de una parte, se les estrechan los caminos frente a poderes que se consideran establecidos y únicos. Y, de otra, los ciudadanos inquietos, y los pobladores comunes y corrientes, empiezan a percatarse de la información llena de trampas que consumen y de las noticias minadas que ocupan el entorno comunicacional. Un escenario del que se derivan decisiones rotundas para las relaciones y la vida.
La misma razón por la que voces reveladoras como las de HispanTV y Press TV intentan ser acalladas y excluidas es la que hace que no puedan serlo y que, por el contrario, se mantengan y sean cada vez más poderosas. Una razón que no es sino la fuerza de la libertad. Fundamental en lo económico, lo político, lo social, lo cultural, y esencial en lo mediático.
El sistema le tiene pánico a la información libre, y ante las inseguridades de su hegemonía edulcora las libertades que nos son permitidas. Entre otras, diría Erich Fromm, la de estar conformes. Ninguna sirve. Son, al fin y al cabo, paredones.

lunes, 15 de abril de 2019

¿Por qué Bush fue a la guerra en Irak?


No, no fue por las armas de destrucción masiva, la democracia o el petróleo iraquí. La verdadera razón es mucho más siniestra que eso.

Dieciséis años después de que Estados Unidosinvadiera Irak y dejara un rastro de destrucción y caos en el país y en la región, un aspecto de la guerra sigue siendo criminalmente poco explorado: ¿por qué se combatió en primer lugar? ¿Qué esperaba la administración Bush de salir de la guerra?

La historia oficial, y ampliamente aceptada, sigue siendo que Washington fue motivado por el programa de armas de destrucción masiva (WMD) de Saddam Hussein. Sus capacidades nucleares, especialmente, se consideraron lo suficientemente alarmantes como para incitar a la guerra. Como dijo entonces la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, "no queremos que la pistola humeante sea una nube en forma de hongo".

A pesar de que Saddam no tiene un programa de ADM activo, esta explicación ha encontrado apoyo entre algunos académicos de Relaciones Internacionales, quienes dicen que si bien la administración de Bush estaba equivocada con respecto a las capacidades de ADM de Saddam, estaba sinceramente equivocada. La inteligencia es una empresa complicada y turbia, según el argumento, y dada la sombra premonitoria de los ataques del 11 de septiembre, el gobierno de los Estados Unidos razonablemente, aunque trágicamente, malinterpretó la evidencia sobre los peligros que representaba Saddam.

Hay un gran problema con esta tesis: no hay evidencia de ello, más allá de las palabras de los propios funcionarios de Bush. Y como sabemos que el gobierno participó en una campaña generalizada de engaños y propaganda en el período previo a la guerra de Irak, hay pocas razones para creerlos.

Mi investigación sobre las causas de la guerra concluye que tuvo poco que ver con el temor a las armas de destrucción en masa, u otros objetivos supuestos, como el deseo de "extender la democracia" o satisfacer a los lobbies del petróleo o de Israel. Más bien, el gobierno de Bush invadió Irak por su efecto de demostración.


Una victoria rápida y decisiva en el corazón del mundo árabe enviaría un mensaje a todos los países, especialmente a regímenes recalcitrantes como Siria, Libia, Irán o Corea del Norte, de que la hegemonía estadounidense llegó para quedarse. En pocas palabras, la guerra de Irak fue motivada por el deseo de (re) establecer la posición estadounidense como la principal potencia del mundo.

De hecho, incluso antes del 11 de septiembre, el entonces Secretario de Defensa Donald Rumsfeld vio a Irak a través del prisma de estatus y reputación, argumentando en febrero y julio de 2001 que derrocar a Saddam " mejoraría la credibilidad e influencia de los Estados Unidos en toda la región" y " demostraría lo que sucedía ". La política de Estados Unidos tiene que ver con "

Estas hipótesis se convirtieron en realidad hasta el 11 de septiembre, cuando se destruyeron los símbolos del dominio económico y militar estadounidense. Impulsada por la humillación, el gobierno de Bush sintió que los EE. UU. Tenían que reafirmar su posición como un hegemon incuestionable.

La única forma de enviar un mensaje tan amenazador era una victoria en la guerra. Sin embargo, crucialmente, Afganistán no era suficiente: era simplemente un estado demasiado débil. Como saben los matones de la prisión, no se adquiere una temible reputación golpeando a los más débiles en el patio. O como dijo Rumsfeld en la noche del 9/11: "Necesitamos bombardear otra cosa para probar que somos, ya sabes, grandes y fuertes, y no seremos atacados por este tipo de ataques".

Por otra parte, Afganistán fue una guerra "justa", una respuesta perfecta a la provisión de refugio por parte de los talibanes al liderazgo de al-Qaeda. Rumsfeld, el subsecretario de Defensa Paul Wolfowitz y el subsecretario de Defensa de Política, Douglas Feith, consideraron restringir las represalias a Afganistán peligrosamente "limitadas", "exiguas" y "limitadas". Al hacerlo, alegaron, " puede ser percibido como un signo de debilidad en lugar de fortaleza" y probar que " envalentonan en lugar de desalentar a los regímenes" opuestos a los Estados Unidos. Sabían que enviar un mensaje de hegemonía desenfrenada implicaba una respuesta desproporcionada al 11 de septiembre, una que tenía que extenderse más allá de Afganistán.

Irak encajaba en el proyecto de ley porque era más poderoso que Afganistán y porque había estado en una mira neoconservadora desde que George HW Bush se negó a seguir adelante con Bagdad en 1991. Un régimen que se mantuvo desafiante a pesar de una derrota militar era apenas tolerable antes del 11 de septiembre. Después, sin embargo, se volvió insostenible.

El hecho de que Irak fue atacado por su efecto de demostración es atestiguado por varias fuentes, entre ellas los propios directores, en privado. Un alto funcionario de la administración le dijo a un reportero, extraoficialmente, que "Irak no se trata solo de Irak", sino que "era de un tipo", incluidos Irán, Siria y Corea del Norte.

En una nota emitida el 30 de septiembre de 2001, Rumsfeld aconsejó a Bush que "el gobierno de los EE. UU. Debe prever un objetivo en este sentido: Nuevos regímenes en Afganistán y otro Estado clave [o dos] que apoye el terrorismo [para fortalecer la política y el ejército". esfuerzos para cambiar las políticas en otros lugares] ".

Feith le escribió a Rumsfeld en octubre de 2001 que la acción contra Irak facilitaría el "enfrentamiento político, militar o de otro tipo" de Libia y Siria. En cuanto al entonces vicepresidente Dick Cheney, un asesor cercano reveló que su pensamiento detrás de la guerra era mostrar: "Somos capaces y estamos dispuestos a atacar a alguien. Eso envía un mensaje muy poderoso".

En una columna de 2002 , Jonah Goldberg acuñó la "Doctrina Ledeen", llamada así por el historiador neoconservador Michael Ledeen. La "doctrina" dice: "Cada diez años aproximadamente, los Estados Unidos necesitan tomar un pequeño y pequeño país de mierda y tirarlo contra la pared, solo para mostrarle al mundo que hablamos en serio".

Puede ser incómodo para los estadounidenses no decir nada de millones de iraquíes de que la administración Bush gastó su sangre y su tesoro en una guerra inspirada en la Doctrina Ledeen. ¿Realmente Estados Unidos inició una guerra - una que costó billones de dólares, mató a cientos de miles de iraquíes, desestabilizó la región y ayudó a crear el Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIL) - solo para demostrar un punto?

Aún más incómodo es que el gobierno de Bush usó armas de destrucción masiva como cobertura, con partes iguales de miedo y tergiversación estratégica, mintiendo, para lograr el efecto político deseado. De hecho, algunos economistas estadounidensesconsideran que la idea de que la administración Bush engañó deliberadamente al país y al mundo en una guerra en Irak es una "teoría de la conspiración", a la par con la creencia de que el presidente Barack Obama nació fuera de los Estados Unidos o que el Holocausto no lo hizo. ocurrir.

Pero esto, lamentablemente, no es una teoría de la conspiración. Incluso los funcionarios de Bush a veces han bajado la guardia. Feith confesó en 2006 que "el razonamiento de la guerra no dependía de los detalles de esta inteligencia, aunque los detalles de la inteligencia a veces se convirtieron en elementos de la presentación pública".

Que un gobierno estadounidense ansioso por rehabilitar a George W. Bush debe reconocer el temor de las armas de destrucción masiva y el terrorismo para luchar en una guerra por la hegemonía en medio del gobierno de Donald Trump, entre otras cosas porque John Bolton, el asesor de seguridad nacional de Trump, parece ansioso. Emplear métodos similares para fines similares en Irán.

jueves, 21 de marzo de 2019

Cuarenta años de la Revolución Islámica de Irán


La Revolución Islámica de Irán hizo temblar a los pilares del Occidente, según rezaba la portada de una revista francesa en los años 80.
La Revolución Islámica de Irán, según rezaba la portada de una revista francesa en los años ochenta, con la foto del Imam Jomeini, había hecho temblar a Occidente. Semejante título era toda una confesión por parte de los franceses que, viendo que la revolución liderada contra el Sha (Rey) Irán, se llevaba a cabo contra Norteamérica (quien había impuesto al Sha tras un golpe de Estado, en 1953, contra el presidente nacionalista Mossadeq), quiso ganar influencia en la nueva era iraní que se abría con el Imam Jomeini y su novedosa propuesta de un gobierno religioso en pleno siglo XX. Por ello Mitterrand, el presidente francés por aquel entonces, aceptaba albergar al exiliado Imam Jomeini en Paris en aquellos fines de los años setenta. Pero fue en vano, su delfín, Bani Sadr, fue echado de Irán (y con él la fugaz influencia francesa) por corrupción y traición a la revolución, apenas unos años después del triunfo de la revolución.
Los pilares de un Occidente que domina al mundo desde la Segunda Guerra Mundial que temblaron son los dos pilares más fundamentales que sostienen todo el edificio de su existencia doctrinal. El gran pilar del secularismo que reemplazó a la religión por el humanismo y sus sostenes en la razón o ilustración y el cientificismo, dando forma a lo que se denominó la modernidad. El otro pilar menor, que es derivado de aquel, es el de la religión, no ya acotada, marginada, impotente y excluida de la gran conducción de la sociedad, sino directamente presentada como opio del pueblo, instrumento de opresión, invento de los ricos (Marx) o invento de los pobres (Nietzsche) o del inconsciente humano (Freud).
De acuerdo a esta concepción, Occidente se auto proclamó la civilización por excelencia, vanguardia, modelo y conductora de la humanidad toda. En términos religiosos podemos decir que erigió un nuevo falso dios, un ídolo, ya no de piedra o madera, ya no el sol o la luna, esta vez, se puso en el altar a sí mismo, a su ego humano, no como lo que es, un ser necesitado, creado, sino como un ser autosuficiente, para ser adorado. Una auto vanagloria desmedida.
Una vez más, frente a los ídolos y la idolatría, el Dios verdadero enviaría a un emisario a advertirle, desafiarlo y a mostrarle su impotencia e impostura, tal como lo había hecho en tiempos de Noé, Abraham y luego contra el Faraón, el César y Abu Sufian.
Esta vez fue el turno de un sabio, descendiente del profeta Muhammad, el Imam Jomeini. En pleno siglo XX, Dios se hizo presente mediante este gran hombre y su pueblo para destronar al Sha y resquebrajar los pilares del templo del falso dios.
Ese Occidente que parecía triunfal, sin rival que le pudiera disputarle su altivo lugar en lo más alto del altar del templo, luego de la Segunda Guerra Mundial se repartía el planeta soberbiamente sin disimulo ni pudor. Al mundo islámico le tocaba someterse totalmente mediante una profunda occidentalización. Arabia Saudita no era un problema porque era una monarquía puesta por los ingleses para impedir la unidad y desarrollo del islam independiente. Debían sostenerla y más ahora que había un reverdecer de la religión islámica. (El otro gendarme puesto por Inglaterra era Israel). Quedaban Turquía e Irán. Los otomanos habían sido derrotados y ya no presentaban un peligro. Ataturk, “el Padre” de Turquía moderna, occidental, imponía el traje como nueva y obligatoria vestimenta y las letras latinas en lugar de las árabes tradicionales a su idioma turco, tal era su deslumbramiento con Occidente.Desde entonces, Turquía solo soñaba con ser aceptada por Europa- Hoy, ya no es lo mismo.
Pero en Irán hubo problemas con la occidentalización que encargaron al Sha. Se topó con una tremenda resistencia que no se esperaban. Conducidos por un gran líder religioso que supo movilizar al espíritu de su pueblo, los iraníes se levantaron contra este atropello y contra el ilegítimo gobierno del Sha con su terrible policía secreta. Un religioso sin balas ni ametralladoras, pero con una fe inconmovible y con una valentía y determinación extraordinarias los condujo hasta el anhelado triunfo, un once de febrero de 1979. Sin guerrillas urbanas o campesinas, sino con el pueblo masivamente en la escena.
De nada han servido las amenazas y premoniciones de sionistas y yanquis de que la revolución islámica de Irán no vería su décimo cuarto aniversario. La manifestación en las calles bajo la nieve y la lluvia fue millonaria en todo el país y los iraníes y el mundo vieron más que los festejos de los cuarenta años. Vieron un futuro brillante por su fuerza y logros obtenidos. Las estadísticas sobre los avances y conquistas de Irán en estos últimos cuarenta años publicadas por organismos occidentales – dadas a conocer y accesibles en internet - lo comprueban sin posibilidad de refutación. Independencia, desarrollo educativo, tecnológico científico, seguridad, caída de la pobreza, achicamiento de la brecha entre ricos y pobres, industrialización, defensa, desarrollo energético, agrícola, aumento del PIB y las exportaciones, creciente influencia regional, un lugar en la alta diplomacia mundial, etc.
La República Islámica no es un fin en sí misma. Es, según explicó su fundador, el Imam Jomeini, una preparación para el gobierno de Dios en la Tierra, mediante el Imam Mahdi, guía de parte de Dios a quien esperan todos los musulmanes para que llene la Tierra de justicia, con la ayuda de Jesús, tal como esperan los cristianos y los judíos que, como hace dos mil años, vean en él al Meshias. El Meshias descendiente de Moisés y David que los fariseos no quisieron reconocer en su primera venida. Tal son las abundantes profecías contenidas en la tradición islámica y en la mente de los creyentes monoteístas de las tres religiones abrahámicas.
Será el triunfo del monoteísmo, no con la espada, sino contra ella. La imposición por la fuerza es una característica del gobierno opresor de los imperios faraónicos y los falsos religiosos o fariseos, hipócritas.
Los cuarenta años significan consolidación, madurez, fortaleza, adultez, vigor, experiencia, plenitud. Así se vive y siente a la Revolución estos días en Irán.
Los analistas señalan algunos factores que permitieron el triunfo de esta Revolución Islámica que se enfrentó con éxito a los dos bloques dominantes, norteamericano y soviético, que se repartían el mundo mientras competían en una guerra fría, pero caliente en algunas partes donde era exterminada la gente (más de 65 guerras desde la creación de Naciones Unidas, después de la Segunda Guerra Mundial, sufrieron los pueblos en distintas partes del mundo, sobre todo el Tercer Mundo). Esos principios son un liderazgo apropiado, una doctrina eficiente, realista, en armonía con una ideología eficaz y la aceptación de estos dos principios por parte de las masas comprometidas. No es cuestión de liderazgos y vanguardias iluminadas separadas de las masas.
En esta Revolución Islámica, estos factores contaron y cuentan con la ayuda de Dios. Ello produjo el milagro vivo y vigente hasta hoy, tal como se vio con los millones que marcharon bajo la nieve y la lluvia en Irán. Por eso, Foucault llamó a esta revolución, la revolución del espíritu para un mundo sin espíritu. Marcuse dijo que el siglo XXI será espiritual o no será. Pues, estamos viendo que el imperio está en franca descomposición, ya no guarda las formas en su desparpajo, señal de su fin próximo. Solo una renovación espiritual y moral puede encender la esperanza. Esta Revolución Islámica ha sido inmune a toda la propaganda falsa del imperio que pretende presentarla como terrorista, sin una sola prueba. Su innegable éxito en su desarrollo e independencia a pesar del imperio, ¿no es un milagro?

¿Qué supuso la Revolución Islámica de Irán para el mundo?


Hace 40 años se producía una revolución en Irán que no sería una más en la historia y que seguiría de gran importancia hasta el día de hoy.

La Revolución Islámica que se produjo alrededor de la figura del ayatolá Seyed Ruholá Jomeini, un clérigo exiliado en Irak y que luego de ser expulsado por Saddam Hussein, residía en Francia, le daba características especiales por el carácter islámico que le impone la versión del chiismo duodecimano que la impulsó. 

La base en el islam le confirió características especiales y diferenciadoras porque no se centra en las clásicas teorías marxistas leninistas sobre el conflicto de clases que proliferaron esos años de Guerra Fría sino en el apego a las reglas de una cultura dada por el carácter no solo islámico sino también de una larga tradición persa, un hecho propio de una nación cuya historia se remonta miles de años.

La Revolución iraní tenía parámetros diferentes a los expresados en sus predecesoras, sus ideólogos buscan persuadir y convencer desde el amor y no desde la coacción. Las ideas tienen una base en un proceso cultural muy diferente a lo que se ha instalado en Occidente, a cuya esfera de influencia corresponde la Argentina, buscando integrar, unir y convencer.

La visión que se da en el país persa es la de una sumatoria de hechos culturales dados por la historia evolutiva como nación: la lengua, la tradición, la religión, la herencia de factores en común son solo algunos de los principales puntos con los que se conforma una identidad cultural propia, lo que hace distintivo a cada pueblo y desde allí a cada ser humano.

El Norte atlántico ha impuesto sus patrones culturales a buena parte del mundo y se extienden cada vez más, mientras llevan a creer que la única forma posible de pensar es la del mundo anglosajón actual, perdiéndose entonces las características de cada pueblo que lo hacen único.

Cada una de las razones que dan a una sociedad una identidad colectiva es pisoteada y reemplazada por nuevas formas de cultura prefabricada, superflua, banal, inmediata, pero especialmente materialista, hedonista e individualista, los tres pilares sobre los que se edifica la sociedad global actual, aunque bien debemos aclarar que el carácter mundial que se le atribuye es forzado.

Esta cultura global financiera planificada en los grandes centros de diseño de ingeniería social en EE.UU. y el Reino Unido, generosamente financiada por grandes fundaciones que son una de las manifestaciones visibles del verdadero Poder y difundida por el enorme aparato cultural constituido por los medios de comunicación corporativos, la industria del entretenimiento y una red de centros académicos, ONGs y organismos internacionales, se limita a ciertos países y sectores muy específicos, a pesar de lo cual el manejo comunicacional instaura la creencia de que es global, irreversible y triunfante.

No sumarse a estos cambios tan bien promocionados es visto entonces como una resistencia a la modernidad, al avance científico, al cambio positivo, y en definitiva a lo inexorable, la negación de la realidad misma. Quienes persistan en sus convicciones no merecen más que una irónica sonrisa ante sus embestidas cual Quijotes.

La Revolución Islámica rechazó, en consecuencia, la vía armada como método de la conquista del poder, un modelo que proponían los grupos consustanciados con las ideas occidentales revolucionarias de otras regiones y que buscaban repetir en esta tierra.

La Revolución Islámica estaba mucho más acorde con el sentir del pueblo iraní y por ello es que éste ganó rápidamente las calles, pagando con su sangre las represiones salvajes de la SAVAK, la policía secreta del Sha Reza Pahlevi,

Sin respiro, la naciente revolución islámica se enfrenó a un enorme desafío, la guerra contra su vecino iraquí Saddam Hussein.

¿Por qué el Occidente capitalista y los países socialistas atacaron o dejaron librada a su suerte, al proceso Revolucionario iraní? Las características islámicas es la respuesta, lo que el pueblo iraní de la mano de su líder Jomeini hacía, era un mal ejemplo para el mundo bipolar que llegaba a su fin.

La agresión del campo capitalista y la indiferencia socialista mostraba las aristas de incomodidad ante este nuevo fenómeno porque abría la puerta a un nuevo modelo social en donde las tradiciones culturales ya mencionadas aparecían como capaces de quebrar ese modelo abriendo espacios para las religiones.

El pueblo iraní considera un todo su cultura, indivisible, inseparable en compartimientos estancos, y desde allí interpelaba al socialismo materialista y ateo soviético y al capitalismo financiero que se preparaba para eliminar a su adversario geopolítico.

Este capitalismo que ya se presentaba como el vencedor, tenía los planes que años después veríamos. La nueva propuesta cultural, que arrasaría con culturas históricas para imponer una filosofía que le permitiera avanzar en su conquista social, necesitaba despejar la ruta futura.

Henry Kissinger en los setenta ya había advertido sobre la peligrosidad de una Iglesia Católica que podía ser un obstáculo a futuro, generando para ellos huestes de pastores electrónicos que sentarían las bases sobre las cuales desplazar la visión evangélica católica por la mucho más amistosa Teología de la Prosperidad en el continente americano.

La Revolución persa amenazaba con crear un nuevo foco de conflicto al estilo del que intentaban resolver en América y debía ser cortada de cuajo. La posterior aparición del Califato que proponía Daesh o Al Qaeda, eran la versión islámica necesaria para ejecutar sus planes, no la Revolución Islámica en Irán.

Cuatro décadas han pasado desde que al atlantismo comprendió que la Revolución que veían como aliada porque enfrentaba al comunismo, era una revolución que tenía mucho de espiritual, que proponía un modelo refractario al globalismo que en los próximos años iba a crecer y que no era una buena alternativa.

Desde entonces, soportando guerras, bloqueos, asesinatos y mala prensa, la Revolución Islámica se ha consolidado porque no es posible entender que persista si no fuera popular.

Cada nación que es hostigada durante tanto tiempo y perdura, es porque está en el corazón de su pueblo, sino las posibilidades de sostenerse en el Poder serían nulas.

Por ello se debe considerar lo que es Irán hoy, alejarse de preconceptos y analizar sus propuestas especialmente en el campo humanista. El pensamiento persa tiene una larga tradición y utiliza el factor tiempo como un aliado, todo Oriente sabe esperar, no apresura los tiempos y confía en que las cosas seguirán el curso deseado por Dios.

Desde una tierra donde la falta de Fe se ha instalado en la cultura superficial admiradora de las nuevas modas extranjeras del Primer Mundo, aunque no así en los genes populares, es difícil comprender el papel de una revolución religiosa antimperialista.

Es muy complejo salir del patrón que rige los pensamientos liberales especialmente enraizados en las últimas décadas, creyendo ser libres, ser felices, ser profundos y ser mejores, pensamientos que entran en crisis cuando chocan frontalmente con otros milenarios.

No se comprende la proclamada tolerancia cultural, tolerancia que se predica, pero no se emplea. Es muy difícil para un occidental entender el determinismo que guía la Revolución de Irán, sus valores y una paciencia donde el tiempo se siente, se comprende, se acepta y de esa manera se lo convierte en un aliado, algo extremadamente distante de lo que la premura occidental reclama.

Esa visión centralizada, pretendidamente cosmopolita, que en estos días impera en nuestro país, dificulta comprender el papel de la religión en la conformación de la cultura de un pueblo moderno y el entramado de conexiones con todos otros factores culturales que luego se expresan en usos y costumbres que se deben cristalizar en leyes.

La República Islámica de Irán ha conseguido mantener sus raíces, ser ella misma en consonancia con su pueblo, por eso molesta, por eso es un mal ejemplo y por eso es atacada impiadosamente.


Escrito por Marcelo Ramírez
AsiaTV

jueves, 30 de agosto de 2018

Una espléndida serie iraní repasa la historia del golpe de 1953 en la era del acuerdo nuclear


Según la creencia general y lo confirmado por los documentos que desclasificó la CIA hace unos años, el golpe de estado iraní de 1953 se originó como resultado del creciente temor de los Estados Unidos de un posible paso de Irán al comunismo. El golpe resultó en el derrocamiento del Primer Ministro electo democráticamente Mohammad Mosaddeq. Mosaddeq fue el líder del Frente Nacional, una alianza de políticos que compartían sentimientos antiimperialistas hacia Gran Bretaña.

El Frente Nacional defendía unas reformas judiciales limitadas y la restricción de la autoridad del Sha en conformidad con la Constitución de 1905. Nacionalizaron la industria petrolera, lo cual causó el embargo británico que, a su vez, llevó al gobierno de Mosaddeq a cortar por completo las relaciones diplomáticas y económicas con los británicos.

La crisis petrolera y la depresión económica que siguieron, junto con la creciente conciencia de clases de los trabajadores y campesinos, sobre todo al noroeste de Irán, intensificaron la lucha ya existente entre la tradicional clase dominante iraní (que incluía al Sha, a los terratenientes y el clero), la burguesía y el proletariado o campesinado. Todo esto avivó los temores de las potencias mundiales al comunismo y motivó la financiación y planificación de un golpe contra Mosaddeq por parte de la CIA y el M16, y con la ayuda (o al menos el apoyo moral) de la clase dominante iraní. El día del golpe, una turba contratada tuvo un rol crucial en las calles de Teherán al fomentar el caos y atacar las oficinas de varios periódicos.

Comunicado de prensa redactado por el Departamento de Estado de los EEUU donde se anticipa el exitoso derrocamiento de Mosaddeq y se da crédito “al pueblo iraní liderado por su Sha”. Mosaddeq fue destituido dos semanas después. (Fuente: Archivo NSA).

En la serie televisiva iraní “Shahrzad”, es la muerte accidental de un miembro de aquella turba lo que cambia el curso de la vida de sus protagonistas. Escrita por Hassan Fathi y Naghmeh Samini, la primera temporada se estrenó localmente en octubre del 2015 en DVD y en línea. Shahrzad, la producción más cara de la historia de Irán dentro de su tipo, ha tenido tanto éxito que, según el programa persa de la BBC Pargar, se ha vuelto un motor de la industria cultural y ha generado ventas de joyas y productos inspirados en su historia y personajes.

“Shahrzad” relata la historia de la relación amorosa entre dos personajes, Shahrzad y Farhad, y cómo esta relación se ve afectada por el golpe de 1953. Farhad, cuyo nombre alude a una figura de la literatura romántica persa medieval, es un periodista. Su padre es dueño de una tienda de alfombras dentro de un bazar. Su amada, Shahrzad, busca cumplir el sueño de ser médica, y su padre tiene un restaurante. En términos económicos, los padres de ambos se encuentran totalmente subordinados a un gran terrateniente al estilo de ‘El Padrino’ llamado Buzurg Aqa.

El día del golpe, Farhad mata accidentalmente a un miembro de la turba que ataca su oficina. En consecuencia, el gobierno posterior al golpe arresta a Farhad y lo sentencia a la pena de muerte. Aunque a Farhad le otorgan el indulto, Buzurg Aqa, quien es secretamente el jefe de la turba, obliga a Shahrzad a casarse con su yerno Qubad. Es la única forma de que Shahrzad garantice la seguridad de Farhad, y también es importante para Buzurg Aqa, pues su propia hija no puede tener familia y dar un heredero a su fortuna. Los padres de Farhad y Shahrzad, debido a su endeudamiento con Buzurg Aqa, también buscan la separación de Farhad y Shahrzad.


“Antes de “Shahrzad”, casi todos los dramas y relatos posrevolucionarios hacían énfasis en el rol decisivo de las fuerzas imperialistas, incluso al punto de marginar o minimizar por completo la participación interna”

Como en cualquier narrativa histórica, lo que se omite es tan importante como lo que se muestra. Al igual que otras producciones culturales de Irán que se transmiten por los canales oficiales, las series televisivas que se distribuyen en DVD y canales de internet locales también son vigiladas meticulosamente por los organismos de censura del gobierno, a pesar de que se insiste constantemente en que la censura es menos estricta sobre las producciones que se distribuyen a través de estos medios. No obstante, al detenerse en el contexto histórico de “Shahrzad”, se advierten algunas omisiones audaces.

Según la narrativa de “Shahrzad”, los actores políticos del Irán del posgolpe se dividían en tres categorías: los simpatizantes de Mosaddeq, el líder derrocado en el golpe, representados en Shahrzad y, especialmente, en Farhad; la clase dominante opresora (el Sha, los terratenientes, etc.); y el partido comunista Tudeh. Los tres grupos están caracterizados en la serie como ‘el bueno’, ‘el malo’ y ‘el feo’ respectivamente, y dominan la representación de la historia, que visiblemente omite el rol de la clase trabajadora que, para ser justos, casi siempre se omite, o solo se describe como liderada por el clero.

Las fuerzas religiosas también están ausentes en la narrativa de “Shahrzad”. No solo no hay clérigos en la serie, sino que ningún personaje clave muestra señales explícitas de convicciones religiosas. Lo más llamativo es, quizás, que no haya agentes ni civiles estadounidenses. Aunque el golpe ha sido atribuido a organismos secretos de los Estados Unidos, a lo que el presidente Obama se refiere como la “historia bien conocida” en su discurso del 2009 en la Universidad de El Cairo, en “Shahrzad”, los principales protagonistas del golpe son los actores locales: el Sha, su corte y los terratenientes. ¿Por qué?

Empecemos por la supresión de las fuerzas estadounidenses. En el 2009, el reconocimiento del presidente Obama del rol de los Estados Unidos en el golpe de 1953 fue uno de los varios gestos conciliatorios para “seguir adelante”. En el 2013, la elección del presidente Hassan Rouhani fue un indicador de este cambio, y la posibilidad de seguir adelante tenía defensores no sólo dentro de los Estados Unidos sino también en Irán.


Un residente de Teherán borra un graffiti de “Yankee Go Home” de una pared de la capital de Irán el 21 de agosto de 1953. El nuevo Primer Ministro, el general Fazlollah Zahedi, ordenó la limpieza después del golpe de estado que restableció al Sha de Irán en el poder. (FOTO: Pahlavi Dynasty a través de Wikimedia Commons).

Antes de “Shahrzad”, casi todos los dramas y relatos posrevolucionarios hacían énfasis en el rol decisivo de las fuerzas imperialistas, incluso al punto de marginar o minimizar por completo la participación interna. Ubicaron el golpe en un entorno ahistórico en el cual, dada la ausencia de relaciones sociales y económicas concretas, son las fuerzas imperialistas las que tienen la última palabra.

La omisión de los antagonistas estadounidenses en “Shahrzad” podría interpretarse, entonces, como una respuesta a esos gestos previos, así como una contribución al esfuerzo por “seguir adelante” y fomentar lazos más fuertes con los Estados Unidos tras el acuerdo nuclear.

Sin embargo, para que el proceso de “seguir adelante” sea eficaz, se necesita un conocimiento concreto de los hechos sociales y políticos que llevaron al golpe de estado. El desvanecimiento del rol de los EEUU en “Shahrzad” no viene aparejado con una narración más concreta sobre las relaciones sociales y económicas y la lucha de clases antes y después de la Revolución. Lo que nos lleva a la eliminación, más provocativa, de las fuerzas religiosas antes mencionadas.

“Shahrzad” no solo glorifica al destituido Mosaddeq sino que, además, elimina de su narrativa al Ayatolá Kashaní, líder espiritual del Fada’iyan Islam. Kashaní fue el clérigo político más poderoso de su época. Compartía sentimientos antiimperialistas con Mosaddeq y fue jefe del parlamento por un periodo durante el gobierno de Mosaddeq. Sin embargo, con el transcurso de la historia, la alianza entre el Frente Nacional y Kashaní se volvió frágil. Kashaní retiró su apoyo a Mosaddeq durante el golpe y, según dan a entender varios historiadores, es probable que, incluso, haya ayudado a los golpistas. En “Shahrzad”, el personaje de Buzurg Aqa, con su autoridad sobre las turbas, hace las veces de una figura encubierta de Kashaní.

Ayatolá Kashaní y Mohammad Mosaddeq. 

La omisión del clero de la narrativa también nos obliga a considerar la historiografía ideológica de la República Islámica. A pesar de que la historia oficial de la República Islámica ha cambiado con el tiempo, incluyendo algunos asuntos y dejando de lado otros, ha sido muy insistente y uniforme en cuanto a determinados temas. Por ejemplo, desde un punto de vista oficial, ningún producto cultural de Irán autorizado por el estado debe enaltecer a las fuerzas nacionalistas (ejemplificadas en Mosaddeq y el Frente Nacional) cuando está disponible la alternativa de un frente religioso. Dicho de otro modo, el “bien” primordial dentro de cualquier relato histórico sólo puede ser el frente religioso.

Claramente, éste es el caso de las descripciones de la revolución de 1979 o del movimiento estudiantil de la década de 1970. La historiografía oficial de la República Islámica incluso rearticula los sentimientos religiosos de la Persia medieval como una búsqueda de la sociedad ideal que, finalmente, estableció Ayatolá Jameneí varios siglos después. Un ejemplo de ese revisionismo es “Jalal Al-Din”, una serie que narra los primeros años de vida del conocido poeta medieval Rumi. En la serie, el padre de Rumi defiende exactamente el sistema de gobierno que se practica hoy en la República Islámica.


“Como muestra la historia de “Shahrzad”, las aspiraciones, deseos e intereses políticos y económicos de cualquier momento histórico suponen una revisión de lo ocurrido en el pasado”

A diferencia de las series anteriores, “Shahrzad” enaltece a las fuerzas nacionalistas. No sólo los protagonistas son seguidores o simpatizantes del Frente Nacional, sino que la supresión de los simpatizantes izquierdistas asesinados después del golpe deja eficazmente a Hossein Fatemi, canciller de Mosaddeq, como el único “mártir” del golpe. En este sentido, por su conflicto de intereses con la historiografía revolucionaria de la República Islámica, se puede decir que la serie adhiere a una historiografía “burguesa” islámica.

A pesar de que ambas versiones conforman la historiografía oficial de la República Islámica, apelan a distintas audiencias. La versión de la burguesía islámica atrae a la juventud urbana de clase media, ya que a veces difumina los mensajes religiosos y, en cambio, enfatiza un discurso nacionalista, que a su vez podría fácilmente apelar a los círculos conservadores con profundas raíces en la fuerza militar.

No obstante, aunque la ideología “revolucionaria” dominante teme a los puntos de vista nacionalistas, la burguesía encuentra beneficios en hacer un uso ocasional de ellos en momentos de crisis económica. “Shahrzad” muestra en qué aspectos la historiografía de la burguesía islámica y la historiografía “revolucionaria” predominante son, al mismo tiempo, diferentes y similares. Por ejemplo, las dos versiones desestiman a los grupos izquierdistas como herramientas de la Unión Soviética, negando así toda contribución de la clase trabajadora a la causa por la nacionalización de la industria petrolera. Y ambas versiones comparten el odio hacia el Sha y su corte.

La célebre frase de Faulkner, “el pasado no está muerto; ni siquiera ha pasado”, rige muy bien para el golpe de Irán de 1953 y sus narrativas contrapuestas. Como muestra la historia de “Shahrzad”, las aspiraciones, deseos e intereses políticos y económicos de cualquier momento histórico suponen una revisión de lo ocurrido en el pasado. Muestra que no sólo el presente y el futuro, sino también el pasado, son escenarios de una constante lucha política.

Y lo más importante, también demuestra que todo esfuerzo por “seguir adelante” redefine el pasado solo para confinarlo dentro de un marco nuevo pero temporalmente beneficioso.

Por Mahdi Ganjavi