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jueves, 2 de mayo de 2019

EL TÍTERE INTERINO DEL IMPERIO: Trump y Guaidó (+ López) vs. Venezuela


El siguiente texto fue escrito hace unos días. Estuvo en remojo mientras surgían nuevos adjetivos sobrantes y unos cuantos verbos innecesarios.
Iba a enviarlo para su publicación cuando ocurrió el nuevo intento de golpe de estado en Venezuela. Con la certeza de que no habría necesidad de quitarle párrafos porque desde los primeros momentos era claro que se trataba de otro espectáculo de variedades de los que se están acostumbrando a brindar los Estados Unidos en Venezuela y la oposición venezolana en los medios internacionales dominantes, sí tuve la duda sobre la conveniencia o no de agregarle algunas líneas haciendo referencia específica a esos acontecimientos y a los actores involucrados, los golpistas Juan Guaidó, el títere, y Leopoldo López, el rico y revoltoso jefe.
Pensé que sí sería conveniente, aunque fuera innecesario. Por eso agregué “(+ López)” al título y esta nota al margen. Creo que con eso basta y sobra, además, porque a la final el intento de golpe ni siquiera fue eso sino una excusa más para lo que en verdad esbozan y pretenden llevar a cabo los opositores y el Gobierno estadounidense: borrar del escenario al presidente venezolano legítimo y del mapa a los millones de sus seguidores y de chavistas. Un poco más de medio país, nada más.

TRADICIÓN DE LOS TRAIDORES
Las conquistas de México y Perú, y, en general, del Nuevo Mundo, en buena medida fueron posibles por la significativa contribución que brindaron los indígenas del mismo continente ocupado.
Así procedieron muchos pueblos inconformes o subyugados por los imperios mexica (azteca) o inca; tribus envueltas en pugnas atávicas; elementos tentados con chucherías y familias convertidas a la fe recién caída del cielo.
Pobladores aterrados por los perros de ataque de babazas candentes o los corceles de jinetes indiferenciados, percibidos como feroces monstruos de dos cabezas, que claudicaron y fueron forzados a la traición. Y alguna indígena, tal vez más traicionada que pérfida, como la Malinche, “doña Marina, que ansí se llamó después de vuelta cristiana” (Díaz del Castillo, 1632),
Todos los cuales, en cualesquiera de los casos y por las circunstancias que fueran, se aliaron al invasor y le suministraron las claves de la propia destrucción.

EL ALMA AL DIABLO
En el objetivo de acabar con el enemigo acérrimo, satisfacer la sed de venganza, hacerse a una fuente de poder y riqueza, o en la premura de arrebatar un derecho divino netamente mundano, no pocos individuos y grupos están dispuestos no sólo a feriar unos nombres y delatar unos domicilios, sino a venderle el alma al diablo.
Porque eso encarna hacerle el juego al foráneo a sabiendas de las consecuencias funestas que representa para la patria en pleno, incluido el daño a los oponentes internos, claro está, pero también a los que se tienen por compatriotas y correligionarios.
En el mito fáustico, de Johann Spies (Historia de D Johan Fausten, 1587) a Thomas Mann (Doctor Faustus, 1947), el tentado negocia el alma a cambio de dolores de cabeza trascendentes: la eterna juventud, la sabiduría, el arte eximio o una mujer, Margarita (Gretchen, en familia).
En el caso del Fausto de Goethe (1806), además, es un cambalache a cambio de espectaculares viajes en el tiempo y de mágicas empatías amorosas con la radiante Helena de Esparta. ¡Imagínenselo! Una mujer que se basta y sobra para encarnar juntos el símbolo de la perfección femenina y el arquetipo de la dama fatal, ni más ni menos.
Pero, ni que decir tiene, Donald Trump está demasiado lejos de la finura de Mefistófeles, y el desvalorizado dólar carece de la lozanía de aquellos cebos encomiables.
Trump, a duras penas, es una especie de conjugación de Jesse James y Amarillo Slim: pistolero desaforado del Viejo Oeste con apostador sin medida. Amarillo, a propósito de los autoproclamados en boga, self-proclaimed greatest gambler who ever lived (autoproclamado el jugador más grande que jamás haya vivido) (Poker Listings, 2019).
Y el dólar hace rato que dejó de apuntalarse en los lingotes del oro rebajado de las bóvedas de Fort Knox o West Point para hacerlo en armamentos de ficción y en la flota de trasatlánticos atestados de aeronaves henchidas de bombas.
Eso lleva, precisamente, a que el pistolero apostador sea tan peligroso: los escenarios de duelo son hallados en los cinco continentes y lo que se juega es la seguridad del planeta.

AFANES IMPERIALES
Abundan en el mundo contemporáneo, de otra parte, los traidores que ni siquiera se venden por espejitos extraños y rutilantes o abalorios enigmáticos, sino por miserias comunes y corrientes, a cambio, no del alma deslumbrada, sino de un espíritu mezquino.
En las tierras latinoamericanas los riesgos de hace quinientos años son los mismos de hoy en día, o lo son sus equivalencias, actualizadas con mediocridad: Ayer, los españoles arriaron los demonios con sus imparables apetencias imperiales, una religión que rebasaba la parcela europea del siglo XV y un sofocado comercio con urgencias de expansión. Un eurocentrismo, mejor dicho, que no cabía en la Europa que Dios le dio.
Hoy nos rondan los afanes imperiales de Estados Unidos, con idénticos caprichos ineludibles: el designio divino (desde 1872, cuando John Gast pintó El Progreso Estadounidense, la primorosa y mediocre pintura de alegoría del Destino Manifiesto), el mercado (desde 1807, cuando Gran Bretaña le impuso a los Estados Unidos una serie de restricciones comerciales de lejos más nobles que las aplicadas por ellos hoy en día en el mundo, que consideraron un bloqueo ilegal y que condujo a la Guerra anglo-estadounidense de 1812) y el racismo (ese “artefacto realista para el control” [Zinn, 1980]).
Un país que en unas décadas pasó de ser la democracia inmanente cantada por Walt Whitman en sus Hojas de hierba(1855), “la primera de las revoluciones de nuestro tiempo, la que inspiró la revolución francesa y las nuestras” (Borges, 1969), a convertirse en una nación más cercana a las distopías que los propios estadounidenses proyectan mejor que nadie, como, por ejemplo, la de Ray Bradbury (Fahrenheit 451) o, más acá, las de Richard Morgan (Leyes de Mercado, 2004) y John Brunner (El rebaño ciego, 1972).
En otras palabras: Un país a bordo de las propias mentiras y los delirios de grandeza, indolente hacia la vida, obcecado por la guerra, con las peores desviaciones del capitalismo por fe y los desesperos del control perdido guiando las conductas.

VEINTE AÑOS                  
Han transcurrido más de veinte años desde que Venezuela empezó a querer cambiarle la naturaleza a una historia de rebeliones caudillistas regionales, dictaduras como las de Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez, y cuatro décadas de puntofijismo, un acuerdo de gobernabilidad firmado entre tres partidos y que en realidad fue una repartición bipartidista del poder.
Una crónica escabrosa de mandos autoritarios en la cual, sin embargo, jamás dejó de estar presente de modo paralelo, aunque constreñida y perseguida, aquella esencia libre e independiente de la Sociedad Patriótica de Juan Germán Roscio, Francisco de Miranda, Simón Bolívar, José Félix Ribas, Miguel José Sanz, Vicente Salas, entre muchos otros.
Porque la Revolución Bolivariana no surgió por generación espontánea (la verdad es que la historia, por lo menos desde 1864, gracias a monsieur Pasteur, no registra cosa alguna florecida así) ni Hugo Chávez fue el infiltrado o el advenedizo llegado de la nada que infiltrados y advenedizos intentan mostrar.
Ciertos cambios pueden ser rápidos, en apariencia bruscos, pero son procesos y siempre vienen de algún punto. Otra cosa es que no captemos las puntadas.
Ahora bien, ¿cuáles son esos aspectos que se han pretendido cambiar en Venezuela, que resultan amenazantes para Estados Unidos y que los conduce a demonizar el proceso político, económico y social del país al extremo de amenazarlo con una de sus mortíferas intervenciones?
Se ha intentado transformar algo (lo que es monumental) de lo muy malo que los dos partidos políticos principales, en el poder desde 1958, hicieron: desde abrirle la puerta de par en par a las trasnacionales petroleras, hasta el desmonte productivo e institucional llevado a efecto de la mano del neoliberalismo.

EL MAL NECESARIO    
Una corrección económica que exacerba los ánimos de los opositores, grandes beneficiarios internos del petróleo, de la privatización de las empresas y de la intermediación comercial importadora.
Y fastidioso propósito para unos Estados Unidos que mueven con petróleo la industria que tratan de reanimar, conocedores de que la ponderada apuesta por el fracking es un arma de doble filo: por más que se haya innovado en tecnología y abaratado costos de producción, para que la técnica sea rentable requiere de un petróleo por encima de cincuenta dólares el barril. Porque la inversión debe rendir con creces. Las petroleras estadounidenses no se satisfacen con poquitos.
Pero el petróleo de costos disparados es un tiro en la sien justo para la industria que se arrastra por el Medio Oeste a punta de fabricar los electrodomésticos de asombro de los años cincuenta, la misma que Trump prometió recuperar con su eficaz estrategia de mentiras por votos. Claro, no es sólo esta industria en pañales. Es buena parte de la economía del país.
De ahí que esos cambios políticos de Venezuela son, además de fastidiosos, un obstáculo para el acceso directo a unas reservas, las certificadas más grandes del mundo, que, tarde o temprano, se requerirán.

UN DESPROPÓSITO DE MÁS
Veinte años de un proceso en un país que busca, en esencia, algo similar a lo que llevó a Don Quijote a partir por los caminos de La Mancha hace cuatro siglos: “desfacer fuerzas y socorrer y acudir a los miserables.”
Materias elementales que quién sabe cuántas veces se les ocurrieron a las élites adecas y copeyanas, y que ni en una sola ocasión salieron a buscarlas por los 23 estados y demás dependencias federales, incluido el territorio insular del país, o, en sus narices, por los incontables cerros de la capital.
En Venezuela no funciona nada, todo se ha ido al traste, afirman quienes no pudieron seguir haciéndose más y más ricos, al menos no a costillas del petróleo ni de las cuantiosas riquezas minerales del país. Lo cual tampoco ponen en duda los gobiernos que representan los intereses de los saqueadores, pulcros mercachifles, partidarios corporativos.
Se ha querido hacer más de lo hecho, sin duda, pero también es indudable que se ha hecho más de lo que habrían llevado a cabo quienes no tenían la intención de hacer nada por nadie.
Quienes en casi medio siglo de poder, dejaron al 80% de la población sumida en la pobreza, una cuarta parte de ella en la indigencia. Para no hablar de ahí para atrás.
Es cómodo participar en el coro unánime de ciertas instancias contra el gobierno del presidente Nicolás Maduro. Es fácil hacer notar la voz de flauta entre las de saxos rotos de los países cantores de la Organización de los Estados Americanos (OEA), en buena hora abandonada por Venezuela.
O entre los megalómanos del Grupo de Lima, que no es un grupo, sino un club, y que sirve, como cualquier club de señores bien, para especular con los negocios y mentirse entre los amigos.
No importa lo que allí se diga, será escuchado. No afecta que se recurra a maledicencias y patrañas, serán atendidas. Carece de relevancia si un hampón promulga las soflamas, serán fiables y pregonadas.
Se nota en ese Club, que tampoco es de Lima, sino de Bogotá, a Julio Borges, acusado por el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela de ser uno de los autores intelectuales del intento de magnicidio contra el presidente Maduro en agosto de 2018 y uno de los opositores más proclives a las soluciones militares, sea la invasión directa o la guerra civil. Un matón de etiqueta y levita, de esos que son tan apreciados por Bogotá.
El Club de Lima es la liga del desafuero que recurrió a la creación de otra tertulia con el fin exclusivo de excluir a un país, Venezuela: un organismo, espero que por causticidad y no por estupidez, nombrado con una palabra que designa todo lo contrario de lo que hará: PROSUR, perro de caza sin olfato, hiena sin dientes. Otro grupo sin lima: ni alisa metales ni desgasta presidentes.

PERDER ES PERDER
Los opositores venezolanos llevan dos décadas probándolo todo: golpes de estado, desestabilizaciones, infiltración de marchas, operaciones de sabotaje, manipulación financiera, detrimentos económicos, guerra mediática, arremetidas cibernéticas, intentos de magnicidio, contrata de sicarios, pactos con terroristas, importación de paramilitares, asesinatos selectivos, proyección de invasiones y otras intervenciones. Detrás de esas modalidades dispares, los Estados Unidos mueven los hilos.
De fracaso en fracaso, la oposición está dispuesta a apostarle a la destrucción del país con tal de derrocar al gobierno del presidente Nicolás Maduro y de asaltar el poder. Adentro, el cerco a Miraflores. Afuera, el asedio al país.
Los líderes, en meses recientes, elevaron las expectativas a niveles inéditos, y, no obstante, el gobierno legítimo continúa al mando. Se desaguó el ímpetu inicial de Juan Guaidó, el títere bullanguero: despedazada la cruceta, rotos los hilos, burlados los titiriteros.
La ayuda humanitaria no entró (ni por tierra ni por aire, ni por mar); las fuerzas militares no se aventaron por el voladero de las falsas promesas y el apoyo internacional de 54 países (por cohesión, por oportunismo, por réditos) no ayudó,
El Gobierno de los Estados Unidos y los opositores apostaron por los escenarios apresurados y menos factibles, y luego del farol (blofeo, aunque no le guste a los señores de la RAE) se quedaron con una única carta bajo la manga, ese seis de espadas de la baraja española, esa carta azarosa e indeseada: la invasión militar al país, un agujero negro y denso como el petróleo en la mira.
Con suerte, buena estrategia y suficiente ayuda tecnológica, los cinco mil marines de la libreta de notas de John Bolton, la divulgada en cuidadoso descuido, podrían tomarse el Jardín Botánico de Caracas en un santiamén, es probable, pero con hartas dificultades lo retendrían y controlarían más allá de las primeras semanas.
Nada de eso, obviamente, es bueno. Por donde se mire, el pueblo venezolano, chavista o no chavista, con Maduro o Guaidó, pobre y pudiente, no tiene manera de salir bien librado. A excepción, desde luego, de los vendidos y sus cabecillas en reventa. Y de los solícitos contratistas de la reconstrucción, que no serían los maestros de obra locales o de Barranquilla. La posterior cronología se conoce.

LA GUERRA CIVIL
Es difícil aceptar que sea posible una guerra civil en Venezuela. Así lo pienso desde que, hace muchos años, atestigüé una acalorada discusión entre dos conductores de camión (autobús) en pleno centro de Caracas.
A causa de alguna nimiedad ambos descendieron de los vehículos, se lanzaron hirientes improperios, alzaron los puños a lo alto, desabotonaron las camisas sudadas por la tarde a pleno sol.
Hasta que cambió la luz roja del semáforo. Entonces, cada cual regresó a su respectivo vehículo y ambos emprendieron la ruta calle arriba y sin afanes, como si no hubiera sucedido nada. En la vecina Colombia, por la palabra a destiempo o la mirada medio torva, uno de ellos quedaría sin vida. O los dos.
Venezuela es un pueblo de paz. A los naturales de hoy en día les debe quedar la suficiente valentía de la que hicieron ostentación en los lejanos tiempos de Bolívar, cuando lucharon por la libertad de su patria y la del vecindario, y seguramente volverán a exhibirla con igual denuedo en el caso de una agresión externa.
Mas no es fácil imaginar a los venezolanos yéndose a las armas entre ellos, y con la bestialidad y persistencia que entraña una guerra civil sin espacio ni tiempo, sin tregua ni compasiones, como las que están acostumbrados a infligir y padecer los vecinos colombianos, en una sucesión inclemente de muertos y conflictos, donde las generaciones creen que evolucionan los motivos, los sentidos y los bandos cuando apenas cambian los alias y uno que otro epíteto.
Lo que ocurre es que aquí hablamos de una guerra civil alimentada desde afuera, la brasa atizada por vientos foráneos; la conflagración azuzada por intereses insaciables y ajenos junto a unos cuantos lugareños que actúan de intrusos.
Y un solo origen: los Estados Unidos, tan parecidos, también, en los desesperos imperiales a la España de hace cinco siglos, aunque con pequeñas diferencias determinantes: España se forjaba como imperio, Estados Unidos es uno en la rodada.
Mientras que España tenía a Carlos I (V del Sacro Imperio Romano Germánico), un rey con una idea imperial, quizás, “más metafórica que efectiva” (Ortega, 2018), los Estados Unidos no sobrepasan la vista maligna y nublada de unos dirigentes caricaturescos.
España tuvo a Felipe II, por algo conocido como “el Prudente”, en tanto que los Estados Unidos tienen que arreglárselas con un mandatario bastante imprudente.

Venezuela reclama a EEUU proteger su embajada en Washington


Venezuela pide a EE.UU. proteger su sede diplomática en Washington, donde se han registrado enfrentamientos entre opositores y partidarios de Nicolás Maduro.

El canciller venezolano, Jorge Arreaza, a través de su cuenta en Twitter, conminó el jueves al Departamento de Estado de EE.UU. a cumplir su obligación como “signatario” de la Convención de Viena y “proteger el edificio de la antigua embajada de Venezuela en Washington, tal como nuestro Gobierno protege sus instalaciones en Caracas”.

El mismo día, el embajador de Venezuela ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Samuel Moncada, condenó los ataques perpetrados contra la sede diplomática en Washington, capital de Estados Unidos, y cuestionó la actuación ineficiente de las autoridades locales en la protección de las instalaciones.

“Lo que ocurre en nuestra embajada es una muestra de lo que quieren hacer con toda Venezuela. El botín de guerra justifica la violencia”, escribió Moncada.


Lo que ocurre en nuestra embajada es una muestra de lo que quieren hacer con toda Venezuela. El botín de guerra justifica la violencia”, denunció el embajador de Venezuela ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Samuel Moncada, en alusión a los ataques a la sede diplomática por seguidores de la oposición. 

Estas demandas venezolanas se refieren a los intentos de seguidores del golpista Juan Guaidó para tomar a la fuerza la embajada de Venezuela en Washington y sus insultos y agresiones contra activistas a favor de Maduro que se mantienendesde hace dos semanas dentro de la sede diplomática, por autorización de Caracas, a fin de impedir la entrada del personal nombrado por Guaidó y dirigido por su representante ante EE.UU., Carlos Vecchio.

La Policía estadounidense arrestó este jueves a tres personas cuando un grupo de venezolanos atacó a individuos que querían introducir comida en la legación diplomática.

El 25 de abril, Elliott Abrams, el nuevo enviado especial de EE.UU. para Venezuela, manifestó la disposición de su país para desalojar a los chavistas de la embajada si así lo dispone Guadió.

El pasado 23 de enero, Maduro anunció la ruptura de relaciones de Venezuela con EE.UU. y ordenó el cierre de la embajada venezolana en Washington y de todos los consulados en territorio estadounidense, luego de que el Gobierno de Donald Trump reconociera al diputado opositor Guaidó como “presidente interino”.

La Administración de Trump ha intensificado su apoyo a Guaidó con sanciones y hasta amenaza con la intervención militar para derrocar a Maduro, presidente elegido en las urnas con el 68 % de votos, que acusó a Washington de comandar el fracasado golpe de Estado contra el Gobierno chavista.

Congresista estadounidense culpa a sanciones de EEUU de ‘devastación’ de Venezuela


La congresista de EE.UU. Ilhan Omar denuncia que las sanciones de Washington contra Venezuela conducen a la ‘devastación’ y ‘desestabilización’ del país caribeño.

“Muchas de las políticas que hemos adoptado han ayudado de alguna manera a liderar la devastación en Venezuela”, afirmó la diputada en una entrevista publicada el miércoles por el canal local Democracy Now.

Omar señaló que el “particular bullying y el uso de las sanciones para intervenir y hacer un cambio de régimen no ayudan a la gente de países como Venezuela, ciertamente no ayudan para nada y no están en el interés de EE.UU.”.

De acuerdo con la política, las sanciones financieras, como las impuestas contra la estatal empresa Petróleras de Venezuela S.A (PDVSA) “conducen a devastaciones” que se están viviendo en Venezuela “y en última instancia” llevan a todos a tener graves problemas en ese país. “No estabilizan la vida de la gente, y ciertamente nos pone en riesgo aquí en EE.UU.”, advirtió.

“De alguna manera, hemos preparado el escenario para llegar al lugar donde estamos hoy”, lamentó la musulmana demócrata por Minnesota de origen somalí.

Muchas de las políticas que hemos adoptado han ayudado de alguna manera a liderar la devastación en Venezuela”, afirmó la congresista estadounidense Ilhan Omar.

La congresista puso en entredicho además a Elliot Abrams, un veterano diplomático que fue nombrado a finales de enero enviado especial de la Administración del presidente Donald Trump para Venezuela para supervisar la respuesta de Washington a la agudización de la crisis política en el país bolivariano.

“Gente como Elliott Abrams, neoconservadores y belicistas, durante tanto tiempo han impulsado políticas que podemos ver, no solo en Centroamérica, sino en muchas partes del mundo, han conllevado algún tipo de devastación”, indicó.

La tensión en Venezuela volvió a dispararse el martes, cuando un grupo pequeño de militares venezolanos encabezó un intento de alzamiento, con la participación además del líder opositor Leopoldo López, un intento neutralizado por las fuerzas de seguridad.

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, denunció a su vez un intento de un golpe de Estado con apoyo externo, acción que fue encabezada por el autoproclamado “presidente encargado”, Juan Guaidó.

Al ver fracasada la última intentona golpista, el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, amenazó a Caracas con una medida belicista. “La acción militar es posible, si eso es lo que se requiere. Eso es lo que hará EE.UU.”, recalcó.

Rusia creará una coalición contra eventual invasión a Venezuela


El canciller de Rusia anuncia la intención de Moscú de crear en la ONU una coalición de países para ‘contrarrestar’ una eventual invasión de EE.UU. en Venezuela.

“Estamos movilizando a un grupo de países, que igual que nosotros respetan la Carta de Naciones Unidas, para contrarrestar esos planes”, ha dicho el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, interrogado por la prensa sobre una posible invasión estadounidense en el país caribeño.

Lavrov ha confiado en que este grupo de países “goce de un apoyo considerable” en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) porque “se trata de una cosa muy sencilla: defender las normas y los principios” del Derecho Internacional, fijados en la Carta de la ONU.

El jefe de la Diplomacia rusa dijo que, durante su conversación telefónica, le pidió al secretario de Estado de EE.UU., Mike Pompeo, que Washington no regresaría a la doctrina de Monroe.

La doctrina de James Monroe, planteada en 1823 contra el colonialismo europeo en el continente americano, se resume en una frase: “América para los americanos”; no obstante, después Washington la empleó para justificar su intervención en los países de la región.

Estamos movilizando a un grupo de países, que igual que nosotros respetan la Carta de Naciones Unidas, para contrarrestar esos planes”, ha dicho el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, interrogado por la prensa sobre una posible invasión estadounidense en Venezuela.

Las tensiones en Venezuela volvieron el martes a dispararse, cuando un reducido grupo de militares desertores ayudó en la huida del dirigente opositor Leopoldo López de su arresto domiciliario. Posteriormente, el autoproclamado “presidente interino” Juan Guaidó y López anunciaron el inicio de la “Operación Libertad” para derrocar al Gobierno de Nicolás Maduro, sin embargo, el intento de golpe de Estado fue desactivado.

Pompeo manifiesta su disposición a lanzar una agresión militar contra Venezuela, después de fracasar la última intentona golpista en el país caribeño.

Por su parte el miércoles, el presidente de EE.UU., Donald Trump, no descartó la opción militar contra Venezuela y prometió que la próxima semana los venezolanos serán testigos de varias cosas, algunas duras; si bien, no ofreció más detalles.

lunes, 22 de abril de 2019

Lo que calla o tergiversa Pompeo sobre Cuba


El secretario norteamericano de Estado, Mike Pompeo, apeló hoy a los ataques y la retórica injerencista sobre Cuba al anunciar una nueva medida contra la isla, y en ese ejercicio calló o tergiversó varios temas.


En el Departamento de Estado, el jefe de la diplomacia del presidente Donald Trump anunció que a partir del 2 de mayo Washington permitirá la entrada en vigor de forma completa del Título III de la controvertida Ley Helms-Burton, aprobada en 1996 para recrudecer el bloqueo impuesto al país antillano.

A través de ese apartado, nacionales de Estados Unidos podrán llevar a la cortes de este país a personas o empresas, incluyendo de terceros países, que invierten en el territorio cubano en propiedades nacionalizadas tras el triunfo de la Revolución, el 1 de enero de 1959, una actividad a la que Washington califica de tráfico con 'propiedades norteamericanas'.

Durante su intervención ante los medios de prensa, el titular de Estado advirtió que quienes hacen negocios con la mayor de las Antillas 'deben investigar a fondo si están conectados a una propiedad robada'.

Ese empleo de calificativos como tráfico o robo ignora el hecho de que las nacionalizaciones realizadas en la isla vecina con apego a la legalidad y al Derecho Internacional contemplaron un compromiso de compensación que Washington ni siquiera aceptó discutir.

Tales acuerdos, por el contrario, sí fueron asumidos por los gobiernos de los reclamantes de otros países.

Además, Pompeo dejó fuera de sus declaraciones el hecho de que el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba ha reiterado la disposición de la nación antillana de hallar una solución a las reclamaciones y compensaciones mutuas.

En otro momento de sus comentarios, el secretario de Estado volvió a apelar al tema de presuntas violaciones de los derechos humanos, un argumento usado por frecuencia por Washington para justificar las medidas hostiles contra la isla y, en general, el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto hace casi 60 años.

Al respecto, Pompeo habló de presuntas faltas de libertades, pero no hizo ninguna alusión a que precisamente el cerco impuesto por Washington es denunciado por muchas voces como la principal violación de los derechos humanos de los habitantes de Cuba, y es, además, una política condenada por casi toda la comunidad internacional.

Dentro de sus arremetidas contra el país caribeño, el jefe de la diplomacia de Trump criticó el proceso de la nueva Constitución aprobada este año en Cuba, la cual ratificó al Partido Comunista como 'único, martiano, fidelista, marxista y leninista, vanguardia organizada de la nación cubana'.

No dijo Pompeo sobre este tema que la nueva carta magna fue avalada en la nación vecina con el respaldo de casi siete millones de cubanos, más del 86 por ciento de los que ejercieron su derecho al voto libre, directo y secreto.

Asimismo, aunque el secretario vincula la entrada en vigor del Título III con la 'oportunidad de justicia' para los dueños anteriores de las propiedades nacionalizadas, también lo relaciona con el apoyo que Cuba brinda a Venezuela.

Pompeo sostuvo que los servicios militares y de inteligencia cubanos mantienen en el poder al presidente venezolano, Nicolás Maduro, una idea que repiten acérrimos defensores de políticas anticubanas como el senador republicano Marco Rubio y el consejero de Seguridad Nacional, John Bolton.

En sus palabras no mencionó en ningún momento que el gobernante constitucional de Venezuela, contra el cual Estados Unidos es acusado de promover un golpe de Estado, fue reelegido con el 68 por ciento de los votos hace casi un año.

Según el jefe del Departamento de Estado, el comportamiento de Cuba en el hemisferio occidental 'socava la seguridad y la estabilidad de los países de la región, lo que amenaza directamente los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos'.

A pesar de las seis décadas de hostilidades de Washington contra la Revolución de la isla, un presidente norteamericano, el exmandatario Barack Obama (2009-2017), reconoció en 2015 que 'Cuba no es una amenaza para Estados Unidos'.

Después de la llegada de Trump al poder el 20 de enero de 2017, y cuando era evidente que el mandatario republicano tenía la intención de revertir el acercamiento bilateral iniciado por su predecesor, más de una docena de militares retirados instaron a la nueva administración a continuar el camino hacia la normalización de relaciones.

En una carta dirigida en abril de ese año al exasesor de Seguridad Nacional H.R. McMaster expresaron que era hora de dejar de ver a Cuba como una amenaza y empezar a mirar las oportunidades de los nexos, porque permitirían fortalecer los intereses de seguridad nacional y estabilidad en la región.

Asimismo, Pompeo repitió hoy la justificación de que las medidas norteamericanas son 'en nombre del pueblo cubano', cuando la gran mayoría de los habitantes de la isla apoyaron el acercamiento iniciado bajo el ejecutivo previo.

Una encuesta difundida en enero pasado por la Universidad Internacional de Florida arrojó que también la mayoría de los cubanoamericanos residentes en el condado de Miami-Dade, Florida, ven favorablemente políticas de Obama como la expansión de las relaciones comerciales y el incremento de los viajes.

lunes, 15 de abril de 2019

¿Es América Latina un patio trasero estadounidense?


"No somos investigadores. Somos periodistas, y nuestra función es informar sobre los hechos tal y como nos enteramos de ellos, que es exactamente lo que hicimos… reportar los hechos sin antes corroborarlos.”
Las reiteradas amenazas del Gobierno estadounidense a China, Rusia, Irán y otras naciones soberanas de no establecer relaciones con Latinoamérica, indican una visión siquiátricamente enfermiza porque se basa en la creencia que este continente es su propiedad privada e indiscutible y nadie puede pisarlo sin su permiso.
Es enfermiza ya que considera que el dominio a sangre y fuego que han tenido sobre el cono sur, Centroamérica y México, se convierte en una medida legal y legítima, es decir, intervenir en otras naciones es un derecho entregado por un Dios que, hasta este momento, nadie sabe dónde está ni cuando ha manifestado semejante barbaridad.
Además de ser una forma de ver el mundo desconcertante desde la inteligencia humana es un síntoma de una desequilibrada óptica, puesto que significa la atribución de un poder que no lo posee ya, aunque fue utilizado para la muerte de la democracia y la real libertad, fuera de la realidad ya que aún no se dan cuenta que ningún país con dignidad le permitirá seguir avasallando su territorio y su pueblo.
Uno de los ejemplos más consistentes de la estrategia de Washington actualmente es la oscura guerra y el genocidio en Yemen donde se experimenta armas biológicas, se negocia armamento, se elimina la niñez y se somete a un pueblo al hambre, todo con el objeto de establecer un terreno fértil para el terrorismo.
La posición inalterable de China ha resonado en el mundo al manifestar que América Latina no es propiedad de EE.UU., desmintiendo lo sentenciado por John Bolton (asesor de Seguridad Nacional de EE.UU.), quien dijo que no toleraran la presencia de Rusia ni de China en Venezuela. En respuesta, dos aviones militares rusos aterrizaron en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar llevando a un centenar de militares bajo la dirección del prestigioso general Vasily Tonkoshkurov, jefe del Comando Principal de las Fuerzas Terrestres de Rusia, demostrando claramente que, si es de enfrentarse a una intervención estadounidense, éstos tendrán que sufrir las consecuencias igual que en Vietnam, Siria y en todos los lugares donde han sido derrotados.
Por su parte, la portavoz de la Cancillería rusa, María Zajarova, en su cuenta de Facebook ha escrito: “Quisiera recordarle a John Bolton que, si un país grande del hemisferio occidental deja de acosar mediante sanciones al pueblo de Venezuela, y un segundo país del hemisferio oriental y toda una serie de estructuras bancarias desbloquean los miles de millones de dólares venezolanos de sus cuentas, los propios venezolanos podrán comprarse medicamentos y alimentos sin la ayuda del bondadoso Washington”.
Cuba, después de derrotar a Estados Unidos, ha demostrado que Latinoamérica no es el patio trasero de Donald Trump ni de ningún dictador norteamericano o europeo. Por el contrario, los pueblos dignos se oponen a los regímenes militares como el reconocido genocidio en Chile y Argentina con el apoyo del Norte sangriento y la Escuela de Las Américas, conocido centro de torturas, asesinato y desaparición de líderes consecuentes y soberanistas.
La conclusión final es que China ha defendido la cooperación amistosa con otros países y sustentado el principio de relación autónoma de los pueblos donde cualquier nación debe resolver sus problemas por obra de sus propios ciudadanos. Rusia y China subrayan que mantendrán su cooperación con el Gobierno de Venezuela independientemente de lo que suceda tras la intentona golpista.
Desafortunadamente para la oposición violenta y las agencias de las élites transnacionales, Guaidó ha resultado un fiasco pues no ha tenido ni la presencia internacional que se creía ni el efecto interno desestabilizando a la sociedad bolivariana. Sólo ha sido un muñeco y ventrílocuo de los sectores amantes de la guerra y la venta de armamento, los que siempre se benefician de los conflictos armados. Ni siquiera la bocaza de Trump asegurando que todas las opciones están sobre la mesa para sacar a Rusia de Venezuela ha servido: primero deben salir de todos los países donde han destruido a sus pueblos.
Se hace urgente que las bases militares de Estados Unidos en Latinoamérica (más de 75), sean despedidas. De no ocurrir, significa una ocupación militar clara que desconoce la Constitución de esas naciones. Si sus presidentes no actúan con vergüenza patria sólo demuestran su inclinación ante otros personajes que los conminan a obedecer, demostrando su sumisión ideológica y espiritual.
Como un corolario sarcástico y veraz, se dice que si Venezuela sólo produjera hortalizas no tendría ningún conflicto político. Lo contrario, al tener riquezas minerales destacadas (petróleo, oro, diamantes, coltan), utilizables en la carrera nuclear incluso, se ha convertido en un punto de interés y destrucción con el fin de apoderarse de dichas riquezas. Sin embargo, todo parece indicar que la soberanía se mantendrá incólume, pese a los inmensos odios que se engendra en los medios occidentales.
Aunque es cierto que existen en América Latina gobiernos obedientes e inclinados, afortunadamente para la Humanidad el mundo ha dejado de ser una colonia de EE.UU. y, por tanto, el aire que se respira es mucho más puro. Cuando la clase dirigente estadounidense y transnacional comprenda que las relaciones de cooperación y solidaridad son las mejores herramientas de desarrollo, hasta el universo descansará en paz.

HispanTV

¿Por qué Bush fue a la guerra en Irak?


No, no fue por las armas de destrucción masiva, la democracia o el petróleo iraquí. La verdadera razón es mucho más siniestra que eso.

Dieciséis años después de que Estados Unidosinvadiera Irak y dejara un rastro de destrucción y caos en el país y en la región, un aspecto de la guerra sigue siendo criminalmente poco explorado: ¿por qué se combatió en primer lugar? ¿Qué esperaba la administración Bush de salir de la guerra?

La historia oficial, y ampliamente aceptada, sigue siendo que Washington fue motivado por el programa de armas de destrucción masiva (WMD) de Saddam Hussein. Sus capacidades nucleares, especialmente, se consideraron lo suficientemente alarmantes como para incitar a la guerra. Como dijo entonces la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, "no queremos que la pistola humeante sea una nube en forma de hongo".

A pesar de que Saddam no tiene un programa de ADM activo, esta explicación ha encontrado apoyo entre algunos académicos de Relaciones Internacionales, quienes dicen que si bien la administración de Bush estaba equivocada con respecto a las capacidades de ADM de Saddam, estaba sinceramente equivocada. La inteligencia es una empresa complicada y turbia, según el argumento, y dada la sombra premonitoria de los ataques del 11 de septiembre, el gobierno de los Estados Unidos razonablemente, aunque trágicamente, malinterpretó la evidencia sobre los peligros que representaba Saddam.

Hay un gran problema con esta tesis: no hay evidencia de ello, más allá de las palabras de los propios funcionarios de Bush. Y como sabemos que el gobierno participó en una campaña generalizada de engaños y propaganda en el período previo a la guerra de Irak, hay pocas razones para creerlos.

Mi investigación sobre las causas de la guerra concluye que tuvo poco que ver con el temor a las armas de destrucción en masa, u otros objetivos supuestos, como el deseo de "extender la democracia" o satisfacer a los lobbies del petróleo o de Israel. Más bien, el gobierno de Bush invadió Irak por su efecto de demostración.


Una victoria rápida y decisiva en el corazón del mundo árabe enviaría un mensaje a todos los países, especialmente a regímenes recalcitrantes como Siria, Libia, Irán o Corea del Norte, de que la hegemonía estadounidense llegó para quedarse. En pocas palabras, la guerra de Irak fue motivada por el deseo de (re) establecer la posición estadounidense como la principal potencia del mundo.

De hecho, incluso antes del 11 de septiembre, el entonces Secretario de Defensa Donald Rumsfeld vio a Irak a través del prisma de estatus y reputación, argumentando en febrero y julio de 2001 que derrocar a Saddam " mejoraría la credibilidad e influencia de los Estados Unidos en toda la región" y " demostraría lo que sucedía ". La política de Estados Unidos tiene que ver con "

Estas hipótesis se convirtieron en realidad hasta el 11 de septiembre, cuando se destruyeron los símbolos del dominio económico y militar estadounidense. Impulsada por la humillación, el gobierno de Bush sintió que los EE. UU. Tenían que reafirmar su posición como un hegemon incuestionable.

La única forma de enviar un mensaje tan amenazador era una victoria en la guerra. Sin embargo, crucialmente, Afganistán no era suficiente: era simplemente un estado demasiado débil. Como saben los matones de la prisión, no se adquiere una temible reputación golpeando a los más débiles en el patio. O como dijo Rumsfeld en la noche del 9/11: "Necesitamos bombardear otra cosa para probar que somos, ya sabes, grandes y fuertes, y no seremos atacados por este tipo de ataques".

Por otra parte, Afganistán fue una guerra "justa", una respuesta perfecta a la provisión de refugio por parte de los talibanes al liderazgo de al-Qaeda. Rumsfeld, el subsecretario de Defensa Paul Wolfowitz y el subsecretario de Defensa de Política, Douglas Feith, consideraron restringir las represalias a Afganistán peligrosamente "limitadas", "exiguas" y "limitadas". Al hacerlo, alegaron, " puede ser percibido como un signo de debilidad en lugar de fortaleza" y probar que " envalentonan en lugar de desalentar a los regímenes" opuestos a los Estados Unidos. Sabían que enviar un mensaje de hegemonía desenfrenada implicaba una respuesta desproporcionada al 11 de septiembre, una que tenía que extenderse más allá de Afganistán.

Irak encajaba en el proyecto de ley porque era más poderoso que Afganistán y porque había estado en una mira neoconservadora desde que George HW Bush se negó a seguir adelante con Bagdad en 1991. Un régimen que se mantuvo desafiante a pesar de una derrota militar era apenas tolerable antes del 11 de septiembre. Después, sin embargo, se volvió insostenible.

El hecho de que Irak fue atacado por su efecto de demostración es atestiguado por varias fuentes, entre ellas los propios directores, en privado. Un alto funcionario de la administración le dijo a un reportero, extraoficialmente, que "Irak no se trata solo de Irak", sino que "era de un tipo", incluidos Irán, Siria y Corea del Norte.

En una nota emitida el 30 de septiembre de 2001, Rumsfeld aconsejó a Bush que "el gobierno de los EE. UU. Debe prever un objetivo en este sentido: Nuevos regímenes en Afganistán y otro Estado clave [o dos] que apoye el terrorismo [para fortalecer la política y el ejército". esfuerzos para cambiar las políticas en otros lugares] ".

Feith le escribió a Rumsfeld en octubre de 2001 que la acción contra Irak facilitaría el "enfrentamiento político, militar o de otro tipo" de Libia y Siria. En cuanto al entonces vicepresidente Dick Cheney, un asesor cercano reveló que su pensamiento detrás de la guerra era mostrar: "Somos capaces y estamos dispuestos a atacar a alguien. Eso envía un mensaje muy poderoso".

En una columna de 2002 , Jonah Goldberg acuñó la "Doctrina Ledeen", llamada así por el historiador neoconservador Michael Ledeen. La "doctrina" dice: "Cada diez años aproximadamente, los Estados Unidos necesitan tomar un pequeño y pequeño país de mierda y tirarlo contra la pared, solo para mostrarle al mundo que hablamos en serio".

Puede ser incómodo para los estadounidenses no decir nada de millones de iraquíes de que la administración Bush gastó su sangre y su tesoro en una guerra inspirada en la Doctrina Ledeen. ¿Realmente Estados Unidos inició una guerra - una que costó billones de dólares, mató a cientos de miles de iraquíes, desestabilizó la región y ayudó a crear el Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIL) - solo para demostrar un punto?

Aún más incómodo es que el gobierno de Bush usó armas de destrucción masiva como cobertura, con partes iguales de miedo y tergiversación estratégica, mintiendo, para lograr el efecto político deseado. De hecho, algunos economistas estadounidensesconsideran que la idea de que la administración Bush engañó deliberadamente al país y al mundo en una guerra en Irak es una "teoría de la conspiración", a la par con la creencia de que el presidente Barack Obama nació fuera de los Estados Unidos o que el Holocausto no lo hizo. ocurrir.

Pero esto, lamentablemente, no es una teoría de la conspiración. Incluso los funcionarios de Bush a veces han bajado la guardia. Feith confesó en 2006 que "el razonamiento de la guerra no dependía de los detalles de esta inteligencia, aunque los detalles de la inteligencia a veces se convirtieron en elementos de la presentación pública".

Que un gobierno estadounidense ansioso por rehabilitar a George W. Bush debe reconocer el temor de las armas de destrucción masiva y el terrorismo para luchar en una guerra por la hegemonía en medio del gobierno de Donald Trump, entre otras cosas porque John Bolton, el asesor de seguridad nacional de Trump, parece ansioso. Emplear métodos similares para fines similares en Irán.

¿Es Trump un rey Ciro o una reina Ester?


¿Y es realmente un salvador del pueblo judío de la 'amenaza' iraní?

A medida que el presidente Donald Trump ha causado estragos en las proporciones bíblicas en todo el mundo, algunos creyentes, como es comprensible, han recurrido a las Escrituras y sus relatos de grandes desastres y castigos divinos para explicar el actual vórtice de calamidades.

Pero también ha habido otra lectura de textos religiosos, principalmente por ávidos evangélicos estadounidenses, que paradójicamente ha presentado a Trump, un adúltero en serie y un pecador público, como una bendición divina. 

En 2016, durante una conversación televisada sobre si Trump tiene un "mandato bíblico" para ser presidente, el pensador evangélico Lance Wallnau opinó: "Estados Unidos tendrá un desafío [...] Con Trump, creo que tenemos un Cyrus para navegar la tormenta."

Entonces, hace apenas unas semanas, durante su visita a Israel, se le preguntó al Secretario de Estado Mike Pompeo: "¿Podría ser que el Presidente Trump en este momento haya sido levantado para un momento como este, al igual que la Reina Esther, para ayudar a ahorrar? ¿El pueblo judío de la amenaza iraní? A lo que él respondió: "Como cristiano, ciertamente creo que eso es posible". 

Sería bastante tentador ignorar lo absurdo de estas analogías, y apresurarse a llegar a la conclusión de que las personas que creen en ellas habitan en su propio mundo delirante, muy parecido a Abu Bakr al-Baghdadi y sus pandillas ISIL o los fundamentalistas hindúes y sus linternas de linchamiento. 

Pero convertir a Trump en un significante bíblico flotante tiene un lado mucho más siniestro. No es una coincidencia que a los sionistas de Tel Aviv a Nueva York les guste esa conversación. Después de todo, sirve perfectamente sus esfuerzos sistemáticos para borrar las verdaderas historias de palestinos y judíos y falsificar su camino para reclamar la totalidad de Palestina.

Trump, el rey bíblico

Ahora, para las personas sanas que se preocupan por la historia: Ciro II de Persia (600–530 aC), más conocido como Ciro el Grande, fue el fundador del Imperio Aqueménida, el imperio multicultural más extenso del mundo antiguo que se extendió desde el Mediterráneo. Mar al valle del Indo. 

Ciro el Grande tiene un lugar particularmente venerable en la historia judía y, según la Biblia hebrea (Isaías 45: 1), Dios lo había ungido para la tarea de liberar a los judíos de la esclavitud y permitirles regresar a Palestina y reconstruir su templo. " Esto es lo que el Señor le dice a su ungido, a Ciro, cuya mano derecha tomo para dominar a las naciones que tiene delante de él y para despojar a los reyes de su armadura, para abrir las puertas delante de él para que las puertas no se cierren". Él, el rey persa, la Biblia llama "el Ungido" o Mesías. 

Mientras tanto, la reina Ester, según la misma Biblia hebrea, fue una reina judía iraní que salvó a otros judíos iraníes de un complot en la corte de Jerjes I, el cuarto rey persa del Imperio Aqueménida (519 - 465 aC). 

Del Libro de Ester, aprendemos que el consejero principal del rey, un desagradable personaje llamado Haman, era rival de otro consejero de la corte, Mardoqueo, primo de Ester, y conspiró para matar a todos los judíos persas. La reina descubrió su plan y lo frustró con éxito.

Las tumbas de Esther y Mardoqueo en la ciudad iraní de Hamadan son un importante lugar de peregrinación, y no solo para los judíos iraníes. La primera vez que supe de este sitio de peregrinación fue de mi difunta madre, que era una devota mujer chií. 

Sin embargo, en el mundo delirante del sionismo, las figuras del rey Ciro y la reina Ester han sido despojadas del contexto y la complejidad cultural e histórica y se han puesto en uso como ejemplos de gobernantes que han ayudado al regreso de los judíos a la "tierra prometida".

Algunos evangélicos, que apoyan el sionismo por la creencia de que la migración judía a Israel provocaría la Segunda Venida, han elevado a Trump con entusiasmo al estado de un gobernante bíblico. Él, a su vez, ha agradecido y ha hecho varias concesiones políticas a Israel, debido a la consideración más bien mundana de que el voto evangélico podría ganar su reelección el próximo año. 

La creencia entre algunos de estos evangélicos de que la Segunda Venida enviaría a todos los no creyentes (incluidos los judíos) al infierno no parece perturbar a los sionistas, quienes acogen con agrado los esfuerzos evangélicos para moldear la política exterior de los Estados Unidos sobre Palestina según los lineamientos bíblicos.

También ayudan a los esfuerzos sionistas para enmarcar la colonización de Palestina como el retorno "legítimo" de una población "indígena" a su tierra "prometida". 

El objetivo de este proyecto es no solo robar a los palestinos (incluidos los cientos de miles de cristianos) de su patria ancestral, sino también robar a los judíos su patria ancestral en todo el mundo. En este caso particular, el objetivo es despojar a los judíos iraníes de quienes realmente son: tanto iraníes como judíos. 

Desnacionalizar a los judíos de sus hogares y hábitats históricos, privándolos de sus legítimos derechos a las naciones, en las que históricamente han nacido y crecido, son objetivos comunes que tanto los sionistas como los antisemitas buscan alcanzar. 

Sin embargo, contrariamente a sus deseos, los judíos iraníes son iraníes y judíos, y no hay absolutamente ninguna contradicción en esa declaración. Los iraníes pueden ser, y son, sunitas, chiítas, cristianos, zoroastrianos, judíos, etc. 

Hechos liberadores contra los delirios peligrosos. 

El juego final de este proyecto de desnacionalización es garantizar que ya no haya judíos iraníes, ni judíos iraquíes, ni judíos norteamericanos, ni judíos británicos, sino solo judíos atomizados y genéricos, que se consideran extranjeros en sus propios países.

Esta campaña viciosa para desarraigar a los judíos de sus países de origen, sin embargo, ha sido contrarrestada por los esfuerzos de los historiadores responsables que trabajan arduamente para documentar precisamente lo contrario de sus malas intenciones . 

En su volumen bellamente editado Los hijos de Esther: Un retrato de los judíos iraníes (2002), Houman Sarshar reúne decenas de ensayos de destacados estudiosos de la historia y cultura judeo-iraní. De las páginas de este libro, aprendemos sobre la historia y la cultura de una de las comunidades judías más antiguas del planeta Tierra, orgullosos de quiénes y qué son: iraníes y judíos. Revela cómo los judíos han sido parte integral de la tumultuosa historia de su patria iraní, sus logros artísticos y el pluralismo de la fe y las formaciones sociales a lo largo de su historia de siglos. 

En un libro más reciente, Entre Irán y Sión: Historias judías del Irán en el siglo XX (2018), Lior B Sternfeld presta mayor atención a la historia más reciente de los judíos iraníes, desde la Revolución Constitucional de 1906-1911 hasta la revolución iraní de 1977-1979. Sternfeld (revelación completa, es un joven erudito israelí que estudió con mi ex alumno, el profesor Haggai Ram en la Universidad Ben Gurion y, por lo tanto, es como un nieto espiritual para mí, así como un querido amigo y colega) documenta el importante papel que desempeñan los judíos iraníes. Jugó en el proyecto de construcción de la nación iraní y en los principales eventos políticos que sacudieron al país en el siglo veinte. 

Estas son solo dos de las muchas obras históricas que refutan las nociones sionistas y evangélicas de lo que significa ser judío.

Ester era una judía iraní. Los judíos iraníes la han reclamado con razón y con absoluta precisión histórica y se consideran simbólicamente "Hijos de Ester", ¡y qué hermoso es eso! 

Los judíos iraníes son iraníes. Tienen tanto, si no más, derecho a su patria como los musulmanes, zoroastrianos, cristianos o cualquier otro tipo de iraní. Que algunos de ellos, junto con los iraníes de otras religiones que decidieron emigrar de Irán a los Estados Unidos o a otros lugares, no cambian el hecho de quiénes son. 

Más de cuatro millones de iraníes viven fuera de su tierra natal, de los cuales unos pocos cientos de miles son judíos. Dentro o fuera de su tierra natal, los judíos iraníes, con la figura bíblica de Ester como su evidencia bíblica más antigua, tienen un reclamo sobre Irán tan legítimo y completo como el de cualquier otro tipo de iraní.

Lo que los evangélicos y los sionistas israelíes puedan afirmar, este hecho no cambiará. Y a pesar de sus mejores esfuerzos, la mayoría de los judíos, millones de ellos, han optado por permanecer en sus países de origen y no convertirse en peones indefensos al servicio del proyecto colonial europeo en Palestina.

jueves, 11 de abril de 2019

Julian Assange detenido: la cacería terminó, la democracia agoniza


Julian Assange ha sido detenido. Finalmente cazado. Y no puedo permanecer objetivo ante ello, duele ver un compañero caído. Sin embargo, la mayor cuchillada de la emboscada la ha recibido la democracia, también rehén de Occidente. También encerrada en una habitación, casi sin comunicación con el resto de la humanidad. Casi rendida a su suerte. Porque la detención del activista australiano es la constatación del fracaso de toda una sociedad, el colapso de un imperio. El certificado de defunción de la Europa de los Derechos Humanos.
La operación para cazar a Assange y ejecutar sobre él la venganza de unos poderes fácticos que se sintieron mas desnudos y heridos que nunca llevaba años en marcha, aunque de alguna manera hacía ya mucho tiempo que habían vencido, porque siete años encerrado entre cuatro paredes ya es una victoria de los criminales y una derrota del decente. De la decencia. Y es que Assange ya era un prisionero aun cuando Ecuador era hospitalario, lo único que sucedió fue que los últimos tiempos, los de Lenín Moreno, pasó de la azotea a la mazmorra. No era buena señal.

"Si nada sirvió para detener la maquinaria de la venganza norteamericana cuando esta se dirigió hacia Irak o Afganistán, hacia dos pueblos a los que han reducido casi a cenizas, era casi imposible que la apisonadora se detenga ante un solo hombre".

Parece ser que los planes entre norteamericanos, británicos y ecuatorianos se fueron poco a poco urdiendo, como la tela que la araña laboriosamente acomoda a la presa cuando esta ha caído en su trampa. De hecho, en noviembre pasado se desveló que EEUU planeaba acusar al activista, al alertador, y no es casualidad que nada más conocerse su detención se haya filtrado que se pretende reabrir las causas contra él por violación en Suecia. La ley es la ley, pero a veces parece una pesada maza en manos del poder aplastando a todo aquel que discute. 
De nada ha servido que una resolución de la ONU considerara ilegal la detención, porque si nada sirvió para detener la maquinaria de la venganza norteamericana cuando esta se dirigió hacia Irak o Afganistán, hacia dos pueblos a los que han reducido casi a cenizas, era casi imposible que la apisonadora se detenga ante un solo hombre. Y el imposible pareció factible durante años. Pero si millones de muertos y desplazados y dos países sin futuro como los mencionados no fueron obstáculo para el apetito de EEUU, Assange tampoco podría. Y la ONUes, como la democracia, como la Europa de los Derechos Humanos, otra de las grandes damnificadas.
Los denunciantes de corrupción llevamos años pidiendo a la ONU, a Europa y a nuestras democracias que nos protejan, que se interpongan entre los poderosos, esos a los que hemos denunciado, y nosotros. Que eviten la mayor. Que paralicen de una vez la sangría. Que dejemos de perder nuestros trabajos, nuestras vidas, nuestros futuros. Que cesen las falsas imputaciones. Que dejemos de ser contemplados como criminales, que se terminen las sospechas. Que acaben las oscuras maniobras que nos llevan al abismo. A dormir en un coche, a pasar hambre, a no tener trabajo, a perder nuestras viviendas, a morir en vida. A ocultarse como un criminal en una embajada durante años. A morir socialmente.
Porque Julian Assange, como la mayoría de los denunciantes de corrupción, hace mucho tiempo que fue ejecutado socialmente en la tapia. Y no por el caso de violación, que es hasta menor a pesar de la gravedad, sino por una imputación todavía más grave que le perseguirá para siempre: traidor. Julian Assange será siempre un soplón o un chivato (así calificó a los denunciantes de corrupción el medio 'El Español'). 

"Nuestra sociedad, Occidente, ha fallado a aquellos que más dieron por hacerla mejor. A los que se enfrentaron al poder".

Habrá que ver si consigue sobrevivir a la prisión, pero si lo hace jamás podrá tener un trabajo normal ni podrá caminar con su familia con tranquilidad ni siquiera imaginará viajar para disfrutar de unos días de descanso. Todo eso no existirá jamás para él. Y ello se debe a que nuestra sociedad, Occidente, ha fallado a aquellos que más dieron por hacerla mejor. A los que se enfrentaron al poder. 
La Unión Europea, la ONU y nuestras democracias occidentales no han sido capaces de implementar medidas de protección contra los alertadores de corrupción. La directiva europea para proteger a los alertadores sigue incomprensiblemente bloqueada y en caso de aprobarse ya se sabe que será manifiestamente insuficiente.
Pero, sobre todo, nuestro fracaso es cultural y educativo. Assange debería tener una estatua, una plaza y una calle en cada pueblo o ciudad del mundo, por pequeño que fuera, para ser ejemplo para todos nosotros y para las siguientes generaciones de lo que un ciudadano debería hacer. Debería ser un ejemplo en las escuelas, un referente para las familias del servicio que todos debemos a nuestras sociedades. Y también recuerdo de un tiempo en el que alertar o denunciar suponía sufrir una terrible persecución. Unos tiempos arcaicos ya superados.

Hasta que eso pase, o aunque ello suceda,
 Estados Unidos cobrará su venganza y el resto del mundo contemplará el espectáculo entre impasible, impotente e indolente. No es tiempo para los Derechos Humanos ni para la Democracia. No es tiempo de alertadores o denunciantes de corrupción, es tiempo de soplones y chivatos. Es tiempo de venganza.Desgraciadamente, Occidente vive en el anacronismo, en la lenta agonía de nuestras democracias, en el continuo atropello de los poderosos. Assange será encerrado, perderá su libertad y mañana, tal vez pasado, dejará de ser noticia, como le sucedió a Manning. Languidecerá en una prisión. Quizás un día, con suerte, un presidente norteamericano, ansioso de un Premio Nobel de la Paz, le excarcele como signo inequívoco de su magnificencia y bondad. Dentro de unas cuantas generaciones, si es que no nos hemos aniquilado, tal vez se pida perdón y con toda seguridad habrá un momento en el que los seres humanos se pregunten cómo fue posible.

publicado en RT