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lunes, 15 de abril de 2019

Transición en Argelia: bajo la lupa de las potencias internacionales


Los ojos de las principales potencias mundiales están sobre Argelia, país clave por su posición estratégica en el Mediterráneo y África, por su riqueza en hidrocarburos y por el impacto que podría tener en el mundo árabe-musulmán la vía elegida para la superación de la crisis del sistema que rige el país desde su independencia, en 1962.

Prueba del vértigo que suscita el período prerevolucionario, como algunos lo califican, es la guerra psicológica que, a través de la información, avanza en paralelo a los hechos.

El pasado 9 de abril, el diario francés Le Figaro publicaba una noticia breve en la que se afirmaba que los servicios secretos rusos habían advertido a sus homólogos franceses de no injerir en los asuntos argelinos. La noticia fue recogida por periodistas considerados fiables, que incluso publicaron la supuesta respuesta francesa: "no tendremos en cuenta la advertencia; Argelia es demasiado importante para nosotros". Para algunos especialistas, como Alain Rodier, exmiembro de los servicios de inteligencia franceses, todo forma parte de una intoxicación.

Francia se veía así en el centro de una polémica que, si parece banal, demuestra la sensibilidad que la política de la antigua potencia colonial suscita en Argelia y más en estos momentos, cuando el país se juega su futuro. El nuevo hombre fuerte tras la destitución de Abdelazif Buteflika, el general Ahmed Gaid Salah, señaló a Francia sin nombrarla, en su primer discurso después de decretar una transición política basada en la aplicación del artículo 102 de la Constitución. Salah advirtió a quienes, "intentar desestabilizar Argelia", entre ellos, "un país extranjero con lazos históricos con Argelia".

Recurrir a la amenaza de la antigua potencia colonial ha sido siembre un subterfugio utilizado por el poder argelino, pero en la situación actual, la retórica nacionalista va más allá de las palabras. Medios argelinos han sido acusados por París de crear falsas informaciones sobre la situación interna, al tiempo que desde Argel se tomaba una decisión mediático-diplomática que va más allá del simbolismo.

El delegado-jefe de la agencia estatal de prensa francesa France Presse en la capital argelina era conminado a abandonar el país, tras habérsele rechazado la renovación de su permiso de estancia.

Coincidiendo con la decisión, en algunos medios argelinos se publicaban virulentos ataques personales contra el presidente de la agencia francesa y se denunciaba la labor de la AFP en la cobertura de la crisis en el país.

El Ministerio de Exteriores francés publicó un comunicado "sintiendo" la decisión tomada contra el periodista francés y subrayando su apego a la libertad de expresión y a la protección de los periodistas en todo el mundo.

Macron: "Ni injerencia, ni indiferencia"

Francia ha sido muy cauta desde el primer momento con los acontecimientos que vive Argelia desde el inicio de las protestas contra el poder, el 22 de febrero. París es consciente de que cualquier palabra puede ser interpretada como una injerencia o servir a agitar los viejos demonios de la relación histórica bilateral.

El presidente francés, Emmanuel Macron, ha limitado sus declaraciones sobre el asunto, pero se le recordará la frase, "Sin injerencia, pero sin indiferencia". Está claro que para Francia la situación en Argelia y la solución de la crisis tendrá una repercusión especial.

En territorio francés viven casi dos millones de ciudadanos argelinos o de origen argelino, desde antes y después de la guerra de independencia; el territorio es el principal destino de la juventud argelina que, desesperada por la falta de futuro en su país y la penuria de visados, se lanza al mar para llegar clandestinamente a las costas francesas. Es también el lugar preferido de los miembros de la nomenclatura argelina para hacerse con propiedades o disfrutar del sistema sanitario de la exmetrópoli.

Francia no es sin embargo el socio principal de Argelia. China se ha convertido en el proveedor número uno y en uno de los principales actores de la construcción de las infraestructuras. Argelia sigue siendo el principal destinatario de la venta de armamento ruso, pero Moscú gana terreno también en otros apartados como la energía nuclear o incluso el trigo. Por su parte, las compañías petroleras norteamericanas siguen atentas al futuro desarrollo de la industria de hidrocarburos.

Terorrismo islamista: realidad y espantajo

Por encima del interés comercial, las potencias internacionales y regionales no pueden dejar de lado el aspecto geoestratégico. Argelia es uno de los baluartes de la lucha internacional contra el yihadismo, en colaboración concreta con Francia y otros países occidentales con intereses en África.

El inmenso territorio argelino necesita un control permanente de sus fronteras para impedir la infiltración de milicias islamistas, pero también se oyen voces que denuncian que, bajo la excusa de la amenaza terrorista, Argelia se ve rodeada de bases militares instaladas en los países limítrofes, en especial instalaciones militares norteamericanas.

El general Gaid Salah ha mencionado también la situación en Libia como una potencial amenaza para la estabilidad de su país. Opositores interpretan sus palabras como una velada amenaza a utilizar la guerra en el país vecino para imponer un estado de emergencia que clausurara la transición hacia la democracia.

Las potencias del Golfo no son ajenas tampoco al devenir de Argelia. Para el mundo árabe-musulmán, la salida a la situación que vive Argelia puede ser un ejemplo de transición a la democracia o, por el contrario, un contraejemplo de lo que las élites de esos países desearían ver en su propio territorio. Para los argelinos que se siguen manifestando en todas las ciudades del país, no hay modelos exteriores a seguir. La vía argelina hacia la democracia, la libertad y el cambio de régimen es el objetivo.

De momento, es el Ejército el que se hace cargo de la transición, ceñido a la vía que marca una Constitución tantas veces violada por el poder. La transición está, de momento, en manos de las mismas personas que han rodeado a Buteflika en los últimos 20 años. Pero en esa misma Constitución existen artículos que permitirían cambiar de rumbo si la presión popular hace necesario acelerar un proceso de cambio que no satisfará rápidamente, de todos modos, todas las exigencias enumeradas en la calle.

No se trata solo de aspirar a la autodisolución voluntaria de un sistema que dura casi 60 años, sino de tener en cuenta todas las dificultades, las trampas y la resistencia que la deseada "II República" argelina encontrará en el escenario regional e internacional.

Bajo el cielo del Genocidio de Ruanda


Ruanda no olvida la pesadilla de un genocidio de hace un cuarto de siglo, cuando ocurrió la peor masacre de África ante los ojos del primer mundo.

Este articulo nace de la invitación que me hace la delegación de las Naciones Unidas para escribir sobre la Reflexión sobre el Genocidio cometido en Ruanda en 1994, donde las potencias colonialistas europeas son las culpables históricas de este odio étnico en el corazón de África, para dividir y robar las riquezas y recursos de las naciones del continente, creando guerras internas, caos, criminales y víctimas, y donde se realizan matanzas ante los ojos del primer mundo, que deja a su suerte a cientos de familias en pleno genocidio, donde por ejemplo los cascos azules belgas de las ONU en Ruanda huyen, condenando a muerte a los ruandeses, donde todos sabían que el genocidio venia, la ONU, Bélgica, Francia, Estados Unidos…todos en silencio…a quien le importa la muerte de los niños africanos, a punta de machetazos?

"¿Ya has matado a un tutsi?" Fue una consigna escuchada de manera reiterada durante aproximadamente 100 días, entre el 7 de abril y julio de 1994, cuando se cumplió el genocidio de Ruanda.

Por eso, el 7 de abril de cada año se celebra el Día Internacional de Reflexión sobre el genocidio cometido en Ruanda, en homenaje a los 300 mil niños ruandeses y otras 700 mil personas asesinadas en el país africano.

La matanza comenzó el 7 de abril de 1994, un día después de que un avión en que viajaban los presidentes de Ruanda y Burundi fue derribado por un misil cuando se alistaba a aterrizar en Kigali, la capital ruandesa.

Esta matanza sistemática de hombres, mujeres y niños se perpetró a plena vista y paciencia de la comunidad internacional. Se cometieron atrocidades sin nombre en las que participaron no sólo las milicias paramilitares y las fuerzas armadas, sino también civiles que se ensañaron con otros civiles.

El genocidio fue organizado detalladamente por altos funcionarios del Gobierno y dirigentes del partido en el poder, entre otros. Diversos medios de información que preconizaban el odio también contribuyeron a que se condonara la matanza y se participara en ella. Por consiguiente, los principales asesinos no fueron turbas sin rostro, sino individuos fáciles de identificar que pueden llevarse ante la justicia para luchar contra la impunidad por sus crímenes de lesa humanidad y genocidio.

El Día Internacional de Reflexión sobre el genocidio cometido en Ruanda, según la Resolución 58/234 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, es una oportunidad para recordar que los caminos de la violencia, el odio y la muerte generan inmensos dolores y heridas en el futuro y presente de nuestra sociedad, especialmente en la infancia.

Un poco de historia

En el transcurso de las últimas décadas, se han producido violentos enfrentamientos internos en Ruanda, entre ellos los más visibles han sido los combates entre los tutsis y hutus.

La población de Ruanda está conformada por los hutu, que son mayoría (85 % de la población) y los tutsi, que son minoría (15 % de la población) y todos hablan una lengua común, KinyaRwanda.

A través de los años, los unos y los otros han establecido organizaciones políticas y armadas propias, pero la matanza fue precisamente contra los tutsi por los hutus radicales.

Sin embargo, la línea divisoria étnica -tradicionalmente cruzada por medio de amistades y bodas- no ha sido la única existente. De hecho, en el genocidio de 1994 murieron por razones políticas tanto tutsi como hutus moderados, que eran simples opositores del poder.

En octubre de 1990 ruandeses exiliados opositores al régimen del presidente hutu, Juvenal Habyarimana, organizados en el Frente Patriótico Ruandés (FPR)-Tutsi invadieron Ruanda, con el apoyo de Uganda, e iniciaron una guerra civil para derrocar al régimen.

Pero desde 1991 el régimen de Habyarimana incrementó la represión a la población, en una guerra de baja intensidad para acabar con la rebelión, utilizando al racismo como eje central e instigando y encubriendo las masacres masivas de tutsi.

Los asesinatos fueron perpetrados por grupos paramilitares, principalmente la interahamwe y la impuzamugbi, grupos originalmente organizados en el sector juvenil de los partidos políticos hutu.

El proyecto genocida se puso en marcha como alternativa a la implantación de un plan internacional de paz promovido por varios países africanos (Acuerdos de Arusha –Republica de Tanzania) y que preveía que hutus y tutsis compartieran el poder político.

Un primer paso en ese proyecto la tomó el gobierno de Habyarimana al introducir nuevamente las tarjetas de identidad étnica para señalar quién era tutsi. Los paramilitares empezaron a cerrar carreteras y a revisar a cada persona que pasaba. Con las tarjetas pudieron elegir fácilmente a sus víctimas y eliminarlas.

El gobierno creó además listas de personas de la población tutsi que deberían ser asesinadas. En ellas estaban los partidarios de la transición política, los adversarios políticos y aquellos involucrados en el movimiento de los derechos Humanos, entre otros. Incluso fueron condenados a muerte algunos hutu proclives a la reforma.

El 7 de abril, un misil de origen desconocido, pero quizá disparado por radicales hutus, destrozó el avión presidencial a su retorno de Arusha, Tanzania. Se inició así el genocidio, del que apenas hay imágenes, y se reanudó la guerra.

El ejército hutu y sus milicias paramilitares organizaron la venganza: una matanza a machete y masacres sin testigos mediáticos extranjeros, a quienes se les prohibió entrar.

Probablemente nunca se sabrá cuántos muertos provocó el genocidio de 1994, aunque se calculan entre 800 mil y un millón de víctimas. Si fueron 800 mil equivaldría al 11 por ciento del total de la población ruandesa y a las 4/5 partes de los tutsis que vivían en el país (si se cuentan los tutsis de Burundí y de los países vecinos que se habían exiliado).

La infancia, la principal víctima

Mientras el mundo recuerda un nuevo aniversario del genocidio en Ruanda, los niños y las niñas del país siguen viviendo los efectos devastadores de aquel brutal conflicto.

Cuando el genocidio terminó, de las 800 mil víctimas, 300 mil fueron menores de edad, de los cuales 95 mil quedaron huérfanos, el número más elevado de huérfanos del mundo. Perdieron a sus padres por diferentes razones: muchos fueron asesinados durante el genocidio, otros han muerto a causa del VIH/Sida y otros se encuentran en prisión debido a crímenes relacionados con el genocidio.

Prácticamente todos los niños y las niñas de Ruanda fueron testigos del horror. Miles de menores de edad fueron víctimas de la brutalidad y la violación y otros más -algunos de sólo siete años- se vieron obligados a participar en operaciones militares y a cometer actos violentos contra su voluntad.

Catorce años después, los niños y las niñas de Ruanda siguen sufriendo las consecuencias de un conflicto creado exclusivamente por los adultos. Hoy, se calcula que alrededor de 101 mil niños y niñas son los jefes de 42 mil hogares.

Muchos niños de las etnias tutsis y hutus cargan las generaciones de violencia, muerte y horror, pero sin embargo ellos hoy se encuentran en un camino de esperanzas, un camino de encuentros sin discriminación ni odios, algo que fue imposible para muchos de sus padres.

La violencia evidenció la necesidad de enseñarles a los niños y niñas a resolver sus conflictos de manera pacífica, a ser tolerantes y a promover, ellos mismos, una sociedad donde exista la paz, el respeto por los derechos humanos, la unidad y la reconciliación. No fue una tarea fácil, pero era claro que se debía empezar la reconstrucción con la niñez para la construcción de una sociedad y una cultura de paz, sin más guerras.

Esta dolorosa experiencia de la infancia en Ruanda ha dejado una enseñanza para todos los conflictos en el mundo: que no puede haber niños en la guerra porque las consecuencias no son sólo inmediatas, sino de generaciones enteras.

El papel de los medios de comunicación

A través de la estación de radio privada "Des Mille Collines" se difundía impunemente la propaganda racista y genocida en contra de los tutsi, lo que evidenció el papel de la radio en Ruanda y de la comunicación en general en todo el país.

Ante el pobre desarrollo de los periódicos y la escasa penetración de la televisión, la radio cumplió un rol protagónico. En su programación diaria, esta estación radial alentaba a los hutu a asegurarse de que los niños tutsi también fueran asesinados y a llenar las tumbas cavadas para enterrar a los tutsi.

La radio también inició una campaña en contra del FPR y de todos los partidos de oposición con consignas que se repetían, como “¿Ya has matado a un tutsi?”

El Tribunal Penal Internacional para Ruanda constituido en 1995 en Arusha ha dictado algunos fallos históricos. Por ejemplo, en diciembre de 2003 el Tribunal declaró culpables de genocidio a tres directores de medios de información de Ruanda por su papel en la incitación a la matanza. No sólo habían avivado el odio étnico sino, además, habían señalado las víctimas que habían de ser eliminadas. El Tribunal afirmó: "El poder de los medios de información para crear y destruir los valores humanos conlleva una gran responsabilidad...Las personas que controlan los medios informativos son responsables de las consecuencias de los actos de estos".

A 25 años del genocidio de Ruanda de 1994, la ONU ha fracasado, como organización de protección de los pueblos, y la humanidad se debate moralmente su destino, ante nuevas matanzas y crímenes sobre las voces inocentes que caen una vez más bajo la sombra de la impunidad del criminal y el silencio cómplice de las potencias hegemónicas.

Los manifestantes de Sudán advierten que los 'restos del régimen de Bashir' todavía están en funcionamiento


El principal grupo de protesta dice que las "manipulaciones en el backstage" están socavando el impulso continuo del gobierno dirigido por civiles.

principal grupo de protesta de Sudán ha exigido la formación inmediata de un gobierno liderado por civiles para reemplazar al nuevo consejo militar gobernante del país, advirtiendo que la "revolución" de los manifestantes enfrenta la amenaza de los "restos del régimen" del depuesto líder Omar al-Bashir .

Ante el temor de que el núcleo del antiguo establecimiento esté lejos de desaparecer, la Asociación de Profesionales Sudaneses (SPA, por sus siglas en inglés) reiteró el lunes su llamamiento para que el consejo militar sea disuelto y sustituido por uno civil que solo incluya la representación "limitada" del ejército.

La organización paraguas, que encabezó los meses de protestas que precipitaron la destitución de al-Bashir , también exigió el despido del fiscal general y el poder judicial de Sudán, así como la disolución del Partido del Congreso Nacional (NCP) del ex presidente.

"Los objetivos de la revolución no pueden lograrse total y completamente frente a las manipulaciones tras bastidores de los remanentes del régimen" , dijo a los reporteros en la capital Taha Osman, miembro de la SPA, en Jartum.

"La demanda clave es la formación de un consejo civil para garantizar que la revolución se salvaguarda y se logren todos los objetivos".

'Protege tu revolución'

El 11 de abril, luego de casi cuatro meses del levantamiento popular, una toma de posesión militar terminó con el gobierno autoritario de 30 años de al-Bashir. En un discurso televisado a la nación, el entonces ministro de Defensa de Sudán, el teniente general Ahmed Awad Ibn Auf , anunció que al-Bashir, quien había tomado el poder en un golpe de estado de 1989, había sido arrestado y trasladado a un lugar "seguro".

Pero la euforia de los manifestantes se convirtió rápidamente en ira cuando Ibn Auf, un lealista de al-Bashir durante mucho tiempo, anunció el establecimiento de un consejo militar de transición de dos años y más tarde asumió como su jefe.

Desde entonces, se han llevado a cabo negociaciones entre el consejo y los organizadores de la protesta, quienes el sábado presentaron una lista de demandas a los gobernantes militares de Sudán. Desafiando el nuevo toque de queda impuesto, los manifestantes continuaron tomando las calles, denunciando la declaración de Ibn Auf como una "farsa". Apenas 24 horas después, el consejo militar se vio obligado a nombrar a su segundo líder en dos días, con el teniente general Abdel Fattah al-Burhan reemplazando a Ibn Auf.

El consejo militar aún debe responder formalmente a esas demandas, que incluyen la transferencia del poder a una autoridad de transición encabezada por un civil por un período de cuatro años, al final de los cuales se realizarán elecciones.

Sin embargo, ha hecho una serie de movimientos en un aparente intento de apaciguar a los manifestantes, incluido el levantamiento del toque de queda nocturno.

Al-Burhan también se comprometió a reestructurar las instituciones estatales y "arrancar de raíz el régimen [de Bashir] y sus símbolos", pero también ha dicho que la transición al gobierno civil podría llevar hasta dos años.

Las concesiones no apaciguan a los manifestantes

Mohamed Vall de Al Jazeera, informando desde Jartum, dijo que las recientes concesiones de los gobernantes militares de Sudán no lograron ganarse a los manifestantes, muchos de los cuales siguen desconfiando de los escalones más altos de las fuerzas armadas del país debido a sus vínculos históricos con el antiguo gobierno de al-Bashir.

"Recuerde, estamos hablando de un régimen que ha estado profundamente arraigado en el poder durante 30 años, por lo que la SPA y otras potencias detrás de esta protesta saben ... que los altos rangos del ejército, aquellos que han organizado este golpe, "No es fácil renunciar al poder que solían tener los militares en Sudán", dijo Vall.

"Algunos de los líderes militares están muy cerca del régimen anterior y los manifestantes quieren asegurarse de que cualquiera que tenga vínculos con el régimen anterior ... [y] con el antiguo PNC tenga que abandonar el escenario y que las nuevas potencias y un El nuevo Sudán debería emerger ", agregó.

La conferencia de prensa de la SPA se produjo pocas horas después de que llamara a los manifestantes para salvaguardar la "revolución" después de un intento fallido por parte de las fuerzas de seguridad de eliminar los obstáculos establecidos alrededor de una sentada que se celebraba fuera de un vasto complejo que alberga el cuartel general militar sudanés. y el ministerio de defensa en Jartum.

"Instamos a todas las personas a que vayan inmediatamente a la sede del ejército para detener los intentos de dispersar a los manifestantes", dijo la SPA en un comunicado.

¿Qué sigue para Sudán?



Un diálogo abierto entre los manifestantes y el ejército sudanés podría sacar a Sudán del borde de un estado fallido.

En las primeras horas del lunes 8 de abril, un régimen fallido dio un paso gigantesco para convertir a su país en un estado fallido. Justo cuando la gente se preparaba para las oraciones del amanecer, las fuerzas de seguridad atacaron a los manifestantes que se encontraban frente al cuartel general del ejército sudanés en la capital, Jartum.

Dispararon gases lacrimógenos, balas de goma y munición real en un intento de dispersar la sentada. Francotiradores de un edificio al otro lado de la calle también atacaban a los manifestantes.

Las bajas masivas solo se evitaron debido a la intervención de los militares, que llevaron a los manifestantes al recinto de la sede del ejército. También emprendieron un tiroteo con el contingente de seguridad atacante y las milicias aliadas. Para el martes, el número total de víctimas había llegado a 14 , cinco de ellos soldados.

Ese fue un punto de inflexión en las protestas de cuatro meses de edad que estallaron el 19 de diciembre del año pasado, presentando la amenaza más grave para el régimen del presidente Omar Hassan al-Bashir. La sangrienta confrontación representó un punto de no retorno tanto para el régimen como para sus rivales.

Los manifestantes hicieron su primer gran avance, logrando amasar la protesta más grande hasta el momento, y logrando rodear la sede del ejército. El movimiento fue planeado a propósito para coincidir con el 34 aniversario del derrocamiento del régimen militar del ex presidente Gaafar Nimeiri el 6 de abril de 1985.

El éxito de los manifestantes en ocupar y mantener el territorio en la capital fue significativo por sí mismo, ya que los intentos anteriores de organizar sentadas habían sido brutalmente aplastados por las fuerzas de seguridad.

El simbolismo combinado del evento y el sitio, junto con la represión brutal (aunque abortiva), probaron el régimen y revelaron grietas en su edificio. Los militares, especialmente los jóvenes oficiales que manejan las barricadas, han mostrado una simpatía abierta con los manifestantes y están dispuestos a luchar y morir protegiéndolos.

Esto fue ominoso, ya que un régimen tan impopular no podría durar un día sin el apoyo del ejército. Es cierto que los principales líderes del ejército rechazaron rápidamente los informes de una ruptura y prometieron lealtad al régimen. Una reunión de seguridad de alto nivel en la víspera del intento de represión resultó en una severa advertencia de que el ejército no permitiría que el país " caiga en el caos ".

Esta fue una clara advertencia de la misma represión que siguió, y una declaración de que el ejército la apoyaría. Así, el régimen dejó claro que no se detendría ante nada en su búsqueda por mantenerse en el poder. Los que mantenían el equilibrio dentro del ejército parecían estar respaldándolo. Pero aún no se sabe por cuánto tiempo.

Si se mantiene este curso de acción, el resultado es fácilmente predecible. Las masacres serían perpetradas, seguidas por la fragmentación de los militares, luego el país. Lo hemos visto en Somalia, la República Democrática del Congo, Sierra Leona, Chad, Liberia, etc.

Sudán , que ya tiene alrededor de cinco conflictos civiles en curso, es un candidato más probable para el fracaso del estado que muchos.

Cuando el Fondo para la Paz lanzó el Índice de Estado Frágil (anteriormente, Índice de Estado Fallido) en 2006, Sudán ocupó el primer lugar en la lista durante dos años consecutivos, nunca bajó del tercer lugar hasta 2013. Este año, es el número 8. Sin embargo, esa clasificación refleja negativamente la validez del Índice.

Los años de 2005 a 2010 fueron, de hecho, un período de sorprendente estabilidad, independientemente de la desastrosa guerra en Darfur. Tras el Acuerdo de Paz Integral de 2005, y el logro de altos niveles de producción de petróleo a buenos precios mundiales, el país fue testigo de un nivel sin precedentes de prosperidad y estabilidad política.

El apoyo y el entusiasmo internacionales nunca fueron más palpables, a pesar de los continuos conflictos en Darfur. De hecho, la crisis en Darfur se convirtió en una nueva vía para el compromiso internacional, llevando la operación de paz de la ONU más grande del mundo al país. A diferencia de los países vecinos como la República Democrática del Congo, la República Centroafricana, Somalia y Libia, el régimen siguió siendo altamente cohesivo y en control total, incluido el monopolio de las atrocidades.

Las cosas empezaron a empeorar después de las disputadas elecciones de 2010, que contribuyeron a la secesión de Sudán del Sur el año siguiente, y con ello la pérdida del 70 por ciento de los ingresos petroleros del país.

El régimen siguió perdiendo oportunidades para participar constructivamente con los oponentes, convirtiéndose progresivamente en un "estado de agujero negro", con el poder centrado casi exclusivamente en manos de un presidente cada vez más autoritario y aislado.

Las protestas de diciembre fueron una llamada de atención tardía, pero la respuesta del régimen ha convertido en otro desastre. En lugar de entablar un diálogo constructivo con la oposición para alcanzar el tipo de acuerdos elaborados en Etiopía o Marruecos, el régimen intervino y el presidente siguió concentrando más poder en sus propias manos, incluso a expensas de los leales cercanos y de la sociedad. llamado "partido gobernante". Su aislamiento ahora parece completo.

En los últimos días, muchos más leales y aliados han desertado. Sin embargo, los enfrentamientos con los militares son el signo más inquietante. Es poco probable que los militares sigan estando al margen por mucho tiempo.

A medida que la economía, que fue el detonante de las protestas en primer lugar, continúa su inmersión en la nariz, exacerbada por el impacto perturbador de las protestas y la parálisis del gobierno, el status quo se volverá insostenible. Si no se llega a una resolución pacífica, debemos temer una posible desintegración.

Sin embargo, la escalada aparentemente ha generado dos signos esperanzadores. Por primera vez, la Asociación de Profesionales Sudaneses (SPA), que ha liderado las protestas desde diciembre, anunció su intención de iniciar un diálogo con los militares sobre la transición. Anteriormente, la SPA y todos los componentes del movimiento de protesta insistían en que no habría diálogo con el régimen, o que "debe irse, detenerse" (tasgut bas), como lo expresa el popular eslogan de protesta.

Esta intransigencia siguió siendo uno de los mayores obstáculos para avanzar hacia una transición pacífica. Fue exacerbado por las amenazas de consecuencias nefastas para los partidarios del régimen y su base popular más amplia después de esta caída. El temor a las consecuencias debe haber estado detrás del desastroso y fallido intento reciente de tomar medidas enérgicas. Es probable que el hecho de que los manifestantes se muestren abiertos al diálogo con los militares acelere un gran avance.

El segundo signo positivo provino de la llamada "Troika", los tres países que se han convertido en los patrocinadores de facto del Acuerdo de Paz General de 2005: el Reino Unido, los Estados Unidos y Noruega. En una declaración emitida el 9 de abril, pidieron al gobierno "liberar a todos los detenidos políticos, detener el uso de la violencia contra los manifestantes pacíficos, eliminar todas las restricciones a las libertades, levantar el estado de emergencia y permitir un diálogo político creíble en un país". Ambiente propicio con todos los actores clave de Sudán que tiene como base el objetivo de una transición política y económica a un nuevo tipo de Sudán ".

Si el gobierno tomara estos pasos, entonces la Troika "apoyará un proceso político de este tipo y, a tiempo, podría trabajar para ayudar a resolver algunos de los desafíos económicos a largo plazo que enfrenta Sudán". Esto suena como una zanahoria muy prometedora, dadas las circunstancias.

Estos dos gestos constructivos prometen una salida creíble del impasse actual, si son perseguidos sinceramente tanto por la oposición como por el régimen, y si la comunidad internacional puede mostrar un compromiso que ha estado notablemente ausente en el pasado reciente.

Al igual que en Darfur y otros desastres importantes en todo el mundo, la "comunidad internacional" generalmente comienza a movilizarse demasiado tarde, después de que lo peor ya le ha ocurrido a la desventurada víctima, y ​​generalmente ofrece muy poco.

Esta oportunidad debe ser aprovechada, y el régimen debe usarla, para tomar la iniciativa de poner fin a las restricciones y entablar un diálogo serio con los manifestantes. Si es necesario, el ejército debe tomar una posición firme contra quienes obstruyen tal proceso. De lo contrario, un supuesto "estado fallido" se convertirá genuinamente en el epítome del fracaso y el deterioro , a un costo enorme para su población, sus vecinos y la comunidad internacional.

¿Debería Etiopía quedarse con el federalismo étnico?



Etiopía se embarcó en un conjunto de reformas políticas a principios de 2018 que fueron recibidas con entusiasmo eufórico. El nuevo gobierno del primer ministro Abiy Ahmed inició la liberalización política, liberando a los presos políticos e invitando a los grupos de la oposición exiliados que habían sido designados como organizaciones terroristas para que regresen a Etiopía.

Sin embargo, el segundo intento de democratización del país también se ha visto acompañado por un aumento de la violencia política (a menudo étnica), que ha provocado, entre otras cosas, el desplazamiento de casi tres millones de personas. Entre estos, destacan las casi 900,000 personas de Gedeo que tuvieron que huir de sus hogares en la zona de Guji en el estado de Oromia. 

Muchos observadores han llegado a la conclusión de que el principal culpable del aumento de la violencia es el acuerdo federal etno-nacional de Etiopía, que otorga a los grupos étnicos más grandes derechos de autogobierno dentro de sus respectivos estados.

El académico ugandés Mahmoud Mamdani , por ejemplo, argumentó recientemente que el federalismo étnico corría el riesgo de "empujar al país hacia un conflicto interétnico", mientras que otros han establecido paralelos con la posibilidad de una desintegración similar a la de Yugoslavia .

Muchos de estos argumentos dan por sentado que Etiopía nunca ha sido más que una federación de jure y pasan por alto otras fuentes más importantes de tensiones y conflictos étnicos.

Elites étnicas no elegidas

Hasta la fecha, el federalismo solo se ha practicado nominalmente en Etiopía. Desde que se estableció la Constitución en 1995, el Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope (EPRDF), que se encuentra en el poder, ha mantenido el poder por medios autocráticos. Los etíopes en los nueve estados regionales nunca han tenido el privilegio de elegir a sus propios gobernadores.

En su mayoría, estos funcionarios han sido designados a través de canales informales por el liderazgo de EPRDF en Addis Abeba. En efecto, la noción de autogobierno, que es el principio fundamental del federalismo étnico-nacional, nunca se ha practicado.

Lo que habían logrado los diferentes grupos etnonacionales de Etiopía era la autonomía cultural y la oportunidad de ser gobernados por élites políticas no electas de su propio grupo étnico.

Hasta su muerte en 2012, el hombre fuerte de Etiopía, Meles Zenawi, nombró y destituyó al liderazgo en cada estado regional (incluido su nativo Tigray) a voluntad. Después de su fallecimiento, esta elite política, que inicialmente había sido designada por el centro, comenzó a ser cada vez más autónoma del control del gobierno federal y de su gente.

Etiopía luego entró en una condición de autocracia descentralizada, y la competencia de élite por el poder sobre el gobierno central se movilizó a lo largo de líneas étnicas.

El fracaso del nacionalismo asimilacionista.

Aquellos que atribuyen los conflictos recientes al federalismo han propuesto que Etiopía adopte una forma territorial de federalismo, mientras que algunos etíopes esperan que regrese a un sistema unitario. El historial del nacionalismo asimilacionista del Cuerno de África, sin embargo, ha estado lejos de ser bueno.

El experimento de Etiopía con la asimilación de la construcción de la nación en el siglo XX llevó a la formación de varios grupos de insurgencia étnico-nacional. Esto dio lugar a una guerra civil de 17 años y terminó con un cambio de régimen en 1991 y la secesión de Eritrea en 1993. 

En Somalia, el presidente Siad Barre llevó a cabo un proyecto similar de construcción de la nación, que también resultó en el colapso del estado y la declaración unilateral de independencia de Somalilandia en 1991. El intento de Sudán de Arabizar Sudán del Sur también llevó a la guerra civil más larga de África y la partición estatal en 2011. . 

Lo que ilustran los tres casos es que la noción de "nacionalismo unitario" no es culturalmente neutral y que todavía puede privilegiar a algunos grupos sobre otros.También demuestran que la política étnica no fue un producto del acomodo institucional de la identidad étnica, sino la desigualdad oculta y la injusticia que acompañaron los esfuerzos de asimilación de la construcción de la nación.

El problema en Etiopía no se ha limitado históricamente a la excesiva centralización del poder en la capital, sino que también se ha centrado en la cuestión de la marginación cultural, la asimilación y la espinosa cuestión de qué cultura y de manera más crucial, cuya lengua debe constituir la del estado. Un acuerdo federal organizado únicamente según las líneas territoriales no aborda este problema crucial y, por lo tanto, no puede constituir una solución al desafío de la gestión de la diversidad en Etiopía.

Hay explicaciones alternativas cruciales para la situación actual de Etiopía que se pasan por alto. El primer factor importante es, por supuesto, que el país está experimentando una transición que implica una liberalización política y el aumento de la violencia es una de sus consecuencias no deseadas. Esto no es exclusivo de Etiopía, ya que los procesos de liberalización política después de la autocracia suelen ir acompañados de conflictos civiles e internacionales.

La naturaleza del EPRDF gobernante es otro factor crucial que se pasa por alto. A través de sus estructuras de patrocinio étnico, la coalición de cuatro partidos etnonacionales ha contribuido más a las tensiones étnicas que el acuerdo federal. Si bien el federalismo ha hecho de la etnicidad el principio organizador del estado, fue el predominio del Frente de Liberación Popular de Tigrayan (TPLF, por sus siglas en inglés) el que generó el resentimiento y las tensiones étnicas.

Esto se vio agravado por una práctica general de EPRDF de recurrir a la retórica xenófoba y ultranacionalista para movilizar a los electores en su competencia por el poder y los recursos. Esto es, en parte, un resultado de la quiebra intelectual de los partidos EPRDF y su incapacidad para formular programas políticos y económicos, lo que les ha dejado pocas opciones aparte de sacar el documento de identidad. 

La legitimidad del federalismo.

El federalismo étnico en Etiopía goza de amplio apoyo. Si bien es difícil identificar numéricamente, los patrones de movilización política y las protestas masivas indican que la mayoría de la gente cae en esta categoría.

Los estados regionales de Oromia, Tigray, Somalia e incluso Amhara, históricamente la base del nacionalismo unitario, están dominados por los partidos gobernantes étnicos nacionalistas y los partidos de oposición ultranacionalistas.

Por lo tanto, deberíamos dejar de tener en cuenta escenarios extremos, poco realistas y poco prácticos sobre la anulación de la federación (ya sea por un retorno a una federación territorial o por una transición a una confederación). 

Los críticos del federalismo étnico-nacional deben apreciar la legitimidad de la demanda de ser gobernados por el propio idioma y desarrollar la cultura de uno en la esfera pública.

Las deficiencias del acuerdo federal deben rectificarse sin expulsar al bebé con el agua del baño. Los etíopes deben diferenciar la parte del acuerdo que contribuye a las demandas centrales y legítimas de descentralización política y un espacio público que acomoda la diversidad cultural de políticas y prácticas que solo sirven para generar efectos secundarios tóxicos xenófobos.

Estas incluyen, pero no se limitan a, prácticas tales como la emisión de tarjetas de identificación, placas de automóviles y otras medidas simbólicas que designan el origen étnico. Tales prácticas no contribuyen en nada al propósito legítimo del autogobierno y la igualdad cultural, sino que solo sirven para consolidar las diferencias y sirven para aquellos que buscan instrumentalizar la etnicidad con fines violentos. 

Afortunadamente, la secesión tiene hoy solo unos pocos defensores. Sin embargo, la utilidad del artículo 39 de la Constitución, que permite la autodeterminación hasta la secesión, debe reconsiderarse. La mayoría de los estados regionales son el hogar de importantes minorías y la mayoría de las fronteras regionales están en disputa. La idea de una secesión pacífica y legal en Etiopía no es realista. El artículo 39 (4) no solo contribuye poco a la idea central de dar cabida a la diversidad cultural de Etiopía de manera institucional y legal, sino que también sirve como fuente de inestabilidad al proporcionar a las elites políticas una táctica de miedo efectiva cada vez que sus intereses en el gobierno federal son no se cumplen.

La composición política actual de la federación con nueve estados, hasta cierto punto, refleja el proceso de creación de constituciones de arriba hacia abajo y autocrático en 1994-95. Los grupos como el Sidama , que tiene una población de alrededor de cuatro millones y cuya demanda de Estado regional ha sido ignorada durante años, deben ser acomodados. La hipocresía de la autodeterminación solo para la voluntad poderosa a largo plazo solo socava el acuerdo constitucional. 

Debe abordarse la práctica de discriminación positiva y negativa de los etíopes en cada región en función de su condición de extranjeros o indígenas de la localidad .

Esto incluye los casos extremos de discriminación negativa, como los desplazamientos forzados a casos más sutiles de discriminación positiva, como reservar posiciones de liderazgo en universidades públicas o las demandas de que el alcalde de ciudades como Addis Abeba debe pertenecer a un grupo étnico en particular, independientemente de las elecciones democráticas.

Este tipo de discriminación no está legitimado, y mucho menos dictado, por la Constitución. La constitución otorga a las "naciones, nacionalidades y pueblos de Etiopía" derechos tales como "el derecho a una medida plena de autogobierno ... a escribir y desarrollar su propio idioma; a expresar, desarrollar y promover su cultura; y Para preservar su historia ". La constitución no establece el derecho a la discriminación positiva o negativa de las personas por motivos étnicos. Este tipo de discriminación está bastante arraigada históricamente en la organización, cultura y práctica de los partidos de EPRDF. Desafiar estas prácticas discriminatorias se hace mejor canalizando las críticas al partido gobernante en lugar de al acuerdo constitucional.

Por lo tanto, la única forma de salir de la situación actual en Etiopía es enfocarse en implementar la constitución y desmantelar las estructuras y prácticas discriminatorias y antidemocráticas que se han implementado durante casi dos décadas de EPRDF .

El arte de la revolución: lo que salió bien en Sudán y Argelia




Sudán y Argelia pueden evocar fácilmente recuerdos de las revoluciones tunecina y egipcia de 2010 y 2011. Al igual que sus vecinos, los manifestantes sudaneses y argelinos lograron derrocar a sus líderes autocráticos después de décadas de gobierno, en cuestión de meses y sin un solo disparo.

Marchando, cantando, resistiendo y atreviéndose, el pueblo de Sudán y Argelia siguió adelante con sus pedidos de libertad y democracia hasta que pudieron desarmar a la vieja guardia, políticos y generales por igual, y obligarlos a aceptar sus demandas iniciales.

Puede que todavía sea demasiado pronto para juzgar, pero hasta ahora parece que estos últimos han aprendido importantes lecciones tanto de los árabes como de otras revoluciones. De hecho, Sudán y Argelia pueden disuadir a la contrarrevolución y evitar los peligros de la guerra civil.

Los signos son esperanzadores.

No violencia e inclusión.

Hasta ahora, los revolucionarios en Sudán y Argelia todavía están firmemente en el camino de la no violencia, a Túnez y Egipto.


La protesta pacífica ha demostrado ser la menos costosa y la más constructiva entre todas las estrategias y escenarios posibles, no solo para enfrentar la represión, sino también para allanar el camino para la democracia. De hecho, las revoluciones no violentas son las más capaces de dividir el rango y el archivo del régimen y forzar su legitimidad.

Si la historia sirve de guía, las revueltas violentas tienden a unirse y galvanizar la base de una dictadura, haciendo que sea más difícil derribarla. También producen un liderazgo alternativo que no es menos violento que los regímenes represivos que pretenden derrocar.

Los que luchan y matan a sus oponentes con entusiasmo y determinación probablemente se vuelvan contra sus aliados y personas con igual venganza.

Pero para que la desobediencia civil, el boicot, las manifestaciones y otras formas de estrategias no violentas funcionen, requieren la movilización popular. En Argelia y Sudán, personas de diferentes orígenes étnicos y religiosos, jóvenes y viejos, mujeres y hombres, laicos y religiosos se unieron en su demanda de libertad y mejor vida.

La principal voz popular de Sudán, la Asociación de Profesionales Sudaneses, reflejó este abrazo de la inclusión de manera bastante brillante en su reciente llamado a poner a "Cristo en el corazón de la revolución", pidiendo a los cristianos y personas de todas las demás confesiones que participen en un día de desobediencia civil y adorar por la paz

Tal inclusión de diferentes elementos de la sociedad impide que el régimen se aproveche de cualquier posible división o sentimiento de alienación, como ha ocurrido tanto en Siria como en Egipto, para desacreditar la revolución y justificar la represión contra sus partidarios.

La inclusión también significa la disposición a incorporar segmentos del antiguo orden en el movimiento para el cambio. Esto no solo amplía la base popular de la revolución, sino que también disminuye la autoridad del régimen y acelera su desaparición.

Los autócratas dependen de un sistema de patrocinio político y financiero que involucra la participación de ciertos segmentos de la sociedad principalmente por necesidad económica, no por lealtad política.

Condenar o alienar a los burócratas de rango medio y bajo o a los empleados del gobierno, incluidos maestros y policías, es contraproducente y perjudicial; Atraerlos e incorporarlos a la revolución puede contribuir a su éxito potencial.

Una mayor movilización popular detrás de la revolución asegura una mayor participación en el proceso democrático subsiguiente, lo que garantiza su consolidación a largo plazo.

Eso puede llevar tiempo, mucho tiempo.

Lo que no viene a continuación

Una revolución es una descarga emocionante y liberadora de adrenalina social y política, pero incluso con un amplio apoyo, su éxito a largo plazo depende de la coherencia y la perseverancia. La presión no puede aliviarse solo porque el déspota se ha ido. Lo que debe venir a continuación es un proceso lento, tedioso y deliberado de organización, negociación y reconciliación. 

Sin ella, cualquier revolución termina en los basureros de la historia.

Porque, si la gente regresa a casa como de costumbre después de la caída de un autócrata, permiten que el antiguo régimen se reconstituya de una forma u otra.

A diferencia de las revoluciones totalitarias, como la de Rusia o la de Irán, donde el cambio es rápido, brutal y decisivo, las revoluciones democráticas requieren tiempo, disciplina y resistencia.

Históricamente, la democracia se produce después de grandes trastornos, y en fases y etapas largas; casi nunca evoluciona de forma lineal. La Revolución Francesa, que tardó décadas en darse cuenta de su potencial, es un buen ejemplo.

Cambiar un autócrata puede ser difícil; Cambiar el sistema detrás de él es aún más difícil.La pregunta importante para todas las revoluciones no es quién, sino qué viene después.

Los argelinos y sudaneses parecen estar muy conscientes de eso. Celebraron el derrocamiento sin sangre de Bouteflika y al-Bashir, pero lo hicieron sabiendo que esto era solo el comienzo de un proceso muy largo y complicado.

La rápida introducción de líderes sustitutos dentro del antiguo sistema en ambos países subrayó la necesidad de un pensamiento más amplio sobre el camino a seguir.

Tanto en Argelia como en Sudán, los manifestantes saben que necesitan poner a los militares de su lado y en sus términos, como en Túnez, para evitar un escenario similar al de Egipto.

La experiencia de Túnez también enseña que las protestas deben continuar hasta que se establezca un nuevo sistema transparente de responsabilidad . Esto significa saber no solo a quién se opone, sino también lo que quiere, tanto a corto como a largo plazo. Es bastante fácil estar en contra de los líderes represivos corruptos, pero mucho más difícil de articular e implementar una visión para un futuro mejor. 

Democracia y demócratas

Esto nos lleva al viejo enigma del huevo y la gallina: ¿qué viene primero, la democracia o los demócratas? Porque, ¿cómo es posible fomentar la democracia sin demócratas, o demócratas sin democracia?

La respuesta simple es: vienen en tándem. Se necesita experiencia y coraje para fomentarlos.

La democracia no es una panacea. Es mucho trabajo y los resultados pueden ser mixtos, a veces antidemocráticos, incluso después de décadas y siglos de gobierno democrático.Basta con observar el auge de los partidos de derechas anti-democráticos fascistas en una serie de democracias líderes.

Y en el mundo árabe, la democracia liberal, la forma más verdadera de democracia, puede verse como una idea controvertida o una importación extranjera por parte de la sociedad tradicional y conservadora. 

Todo esto significa que existe la necesidad de un debate abierto, de prueba y error, que lleva tiempo, mucho tiempo. Y es por eso que se debe dar prioridad a una transición gradual sobre las elecciones inmediatas, algo en lo que los revolucionarios tanto de Sudán como de Argelia parecen insistir .

Exigen una transición hacia un gobierno civil, no militar, que prepare los marcos políticos y legales para celebrar elecciones libres y justas.

El apresurarse a las urnas de inmediato es un privilegio para los partidos más antiguos y más organizados y para fracturar a los grupos recién formados que impulsan la revolución, ya que compiten por el poder. Egipto es un buen ejemplo de cómo el antiguo régimen puede explotar las tensiones posteriores a las elecciones entre los laicos liberales y los conservadores islamistas para lanzar un golpe de Estado contra un presidente electo.

Esto no significa una transición abierta que se prolongue sin cesar.

A medida que la nueva libertad de Sudán y Cambio alianza , un comité público que representa las demandas de los manifestantes, propone , un período de cuatro años pueden ser adecuados para estabilizar el país política y económicamente y trazar un nuevo camino hacia adelante.

Argelia parece seguir su ejemplo, ya que ha rechazado el anuncio de las elecciones presidenciales en julio bajo las mismas viejas reglas. Ahora que los jueces argelinos han decidido boicotear la supervisión de tales elecciones prematuras, la presión se está acumulando para su aplazamiento hasta que el país esté listo.

Mientras tanto, otro proceso crucial que tiene que ocurrir es gestionar las expectativas. Al igual que sus vecinos antes que ellos, los argelinos y sudaneses que se han arriesgado mucho en la lucha por el cambio de régimen, esperarán mucho.

Los sudaneses que se sublevaron contra Al-Bashir por la falta de pan y combustible, esperarán, de hecho, demandarán, soluciones, no lemas del gobierno de transición.

Sin duda, muchos confunden democracia con prosperidad en occidente. La democracia puede facilitar la creatividad, la innovación y el espíritu empresarial, pero no garantiza un nivel de vida más alto, al menos no a corto plazo. 

Y en una nación muy endeudada y subdesarrollada con pocas fuentes nacionales de ingresos, la libertad y la democracia pueden generar más enojo que riqueza.

El arte de lo imposible.

Hasta ahora, los desarrollos en Sudán y Argelia han ido en la dirección correcta, pero también hay muchas cosas que aún pueden salir mal, considerando que el camino hacia la democracia está lleno de trampas y escollos.

Si las recientes experiencias de la "Primavera Árabe" son algo por lo que pasar, lo peor está por venir, especialmente, mientras los generales continúan compitiendo por el control.

Pero las mayorías silenciadas, tanto de los sudaneses como de las argelinas, y sus elites invisibles han desafiado todas las campañas de miedo que advirtieron de un descenso al caos.

Han rechazado todas las formas de intervención doméstica y extranjera, especialmente la intervención militar, para evitar la destrucción que se observa en Libia, Siria y Yemen. 

En resumen, prefieren ser revolucionarios autosuficientes, constructivos e innovadores.

Y seguramente se necesita innovación para enfrentar la violencia con la no violencia, protestar en voz alta y negociar con calma, aumentar el riesgo y reducir los riesgos, elevar las aspiraciones y limitar las expectativas. También se necesitará más creatividad para seguir utilizando medios accesibles para lograr fines inaccesibles.

El arte de la revolución implica una profunda transformación de la sociedad para garantizar la sostenibilidad y la durabilidad de la transformación política.

Al Jazeera

viernes, 29 de marzo de 2019

Piden fin al último vestigio colonial en África


Convencidos de que debe desaparecer el último vestigio colonial del continente, concluyó hoy aquí la Conferencia de Solidaridad de la Comunidad de Desarrollo de África Austral (SADC) con el Sahara Occidental.

Un ambiente de coincidencias respecto a esta cuestión, hizo que las intervenciones de todos los oradores presentaran como sello la condena al sufrimiento del pueblo saharaui y el llamado a que de una vez se le conceda el legítimo derecho a su independencia y autodeterminación.

En su condición de anfitrión, el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, dijo en las palabras de bienvenida que constituye una vergüenza para la conciencia de la humanidad que por tanto tiempo no haya podido resolverse la cuestión saharaui.

El segmento de alto nivel contó además con la presencia de los mandatarios Brahim Gali (RASD), Hage Geingob (Namibia), Yoweri Museveni (Uganda), y Emmerson Mnangagwa (Zimbabwe), y el primer ministro de Lesotho, Thomas Thabane.

Entre los invitados, la vicepresidenta cubana Inés María Chapman y el canciller de Venezuela, Jorge Arreaza, dejaron bien clara la firme posición de apoyo al pueblo saharaui, en lucha por sus derechos hace más de 45 años.

Algo que no pasó inadvertido en el evento fue el respeto, admiración y gratitud de África por Cuba.

Si bien esta fue una conferencia de solidaridad con el Sahara Occidental, siempre la mención de las cuatro letras del país caribeño estuvo presente, invariablemente. El presidente Geingob no perdió tiempo para hacerlo explícito en el plenario.

Otros también abrieron sus intervenciones con referencias a Cuba, como hizo con vehemencia el expresidente de Nigeria Oluṣẹgun Ọbasanjọ, cuando recordó la sangre de los caídos y el papel de la Mayor de las Antillas para alcanzar la liberación nacional.

En especial hizo mención a la decisiva batalla de Cuito Cuanavale en Angola, que constituyó el viraje de la guerra, desde ese momento se aceleró la independencia de Namibia y el desmoronamiento del sistema de segregación racial, apartheid.

El combate, acontecido el 23 de marzo de 1988, sirvió para argumentar la designación de la fecha por la SADC como Día de la Liberación de África Austral.

Justo la declaración del encuentro subrayó el apoyo al derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui, de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas (ONU) y el Acta Constitutiva de la Unión Africana (UA) y la SADC.

La Conferencia expresó sus más profundas condolencias y solidaridad con los pueblos de las Repúblicas de Malawi, Mozambique y Zimbabwe, que fueron los más afectados por los efectos del reciente ciclón Idai.

Hasta la fecha, el ciclón provocó la pérdida de 661 vidas, mientras dos mil 284 personas resultaron heridas, desplazó a 208 mil 621 y afectó a más de 429 mil 141.

La SADC es una organización económica regional que integran 16 países: Angola, Botswana, Lesotho, Madagascar, Malawi, Mauricio, Mozambique, Namibia, República Democrática del Congo, Seychelles, Sudáfrica, Eswatini (antes Swazilandia), Tanzania, Zambia, Zimbabwe y Comores.

En su conjunto, cubren una superficie de 554 mil 919 kilómetros cuadrados y cuentan con una población estimada en 277 millones de habitantes, cuya esperanza de vida es de poco más de 55 años.

lunes, 6 de agosto de 2018

África migrante, la herida incurable


Aquellos que no tienen nada para perder son como si no existieran, aseguran hoy expertos: no pueden evaluar el riesgo de embarcarse en un neumático e iniciar la aventura migratoria, en la cual, probablemente, perderán la vida.

Pueden morir en el anonimato o podrán ser noticia de primera página si son encontrados frente a las inhóspitas costas europeas.

De los que consiguen cruzar la frontera solo unos pocos consolidan su proyecto de mejora personal a través de un empleo digno, recuerdan los analistas.

Pero la falta de desarrollo económico, el déficit democrático y el desplazamiento masivo de poblaciones huyendo de penurias extremas, son hechos sobradamente conocidos por los africanos, sobre todo desde que sus comunidades originarias fueron divididas artificialmente por los antiguos colonizadores.

Para el resto del mundo y para la Unión Europea tales hechos están empezando a dar la cara ahora, subraya el investigador del Centro de Estudios Estratégicos, Seid Mehammed.

Desde enero de 2014, han muerto y desaparecido 28 mil 52 personas mientras intentaban alcanzar otros países a través de las principales rutas migratorias del mundo.

Según los datos de Missing Migrants Project (Proyecto de Migrantes Desaparecidos) de la Organización Internacional para las Migraciones, 2015 y 2016 fueron los más trágicos.

Aunque desde 2017 se ha producido un significativo descenso, el bravo mar que separa el denominado 'viejo continente' de la tierra de los antepasados del ser humano continúa siendo el tramo donde se producen más decesos y desapariciones.

A través de ella discurren diferentes travesías que cruzan la zona central de la masa de agua (Italia), la parte oriental (Grecia y Chipre) y la occidental (España).

Únicamente teniendo en cuenta el registro de llegadas referentes a esas cuatro naciones, se puede afirmar que el Mediterráneo es la vía más empleada por los indocumentados, manifiesta Worku Belachew, especialista del Instituto Etíope de Análisis Migratorios.

La ruta que corresponde a la del Mediterráneo Central tiene su origen en el Cuerno de África, Túnez o Libia, y los destinos principales son las costas de Sicilia, la isla de Lampedusa o Malta.

De las tres travesías esa es donde un mayor número de migrantes perdieron la vida, al tomar en cuenta los datos de Missing Migrants Project; hasta el 19 de julio de 2018 se tiene constancia de 14 mil 630 fallecimientos, de las cuales cuatro mil 581 corresponden a 2016.

Con unas cifras menores se encuentra la ruta del Mediterráneo Oriental, donde en el mismo periodo murieron mil 477 personas, y el 2015 fue el más letal, señala Belachew, quien dirige las discusiones para buscar estrategias efectivas contra la salida ilegal en Etiopía, territorio que aporta buena parte de quienes buscan asilo en otros lugares.

Los migrantes que viajan por esta travesía, entre Turquía y Grecia, suelen ser refugiados que huyen de la guerra de Siria.

El Estrecho de Gibraltar es un enclave principal en el itinerario del Mediterráneo Occidental; los que optan por esta vía llegan hasta diferentes puntos de la costa española, pero también de la francesa. De acuerdo con observadores, África tiene tres principales puntos de origen desde los cuales comienzan las rutas migratorias. Los que salen del norte escogen el Mediterráneo y, en su mayoría, provienen de Libia, pero también inician la travesía desde Marruecos, Túnez o Argelia.

Dentro de la trágica situación y la alta mortalidad, los datos referentes a este concepto son menores que los registrados en la frontera de México con Estados Unidos, apunta Mehammed.

Desde la región subsahariana confluyen distintos flujos migratorios, uno dirigido hacia el norte y otro hacia el sur.

Hay quien emplea el desierto del Sáhara para llegar hasta Argelia y alcanzar la costa, mientras los migrantes que se dirigen hacia la parte oriental del sur cruzan República Democrática del Congo (RDC), donde se registraron el mayor número de muertes en 2018.

Estadísticas internacionales dan cuenta de que en RDC se produjeron 47 de las 102 muertes contabilizadas: todos ellos terminaron ahogados en el Ubangui, uno de los principales afluentes del río Congo.

Otra de las rutas es la que da comienzo en el Cuerno de África y tiene como destino Italia y Malta; Uganda, Somalia, Etiopía, Kenya o Djibouti son algunos de los lugares de procedencia de quienes se dirigen a la Península Arábiga atravesando el Mar Rojo o el Golfo de Adén para, en el mejor de los casos, terminar como esclavos en cualquier remota región del orbe.

Amistades nada peligrosas: comienza nueva era en el cuerno africano


Etiopía, Eritrea, y ahora más recientemente Somalia, demostraron que la reconciliación entre vecinos, a pesar de estar ubicados en una zona convulsa, es posible y conveniente.

Otro anuncio sorprendió hace poco: la posibilidad de normalización de relaciones entre Djibouti y Asmara, una movida que, si se concreta bajo el auspicio de Naciones Unidas, traerá al Cuerno de África el definitivo y tan esperado nuevo comienzo.

El encuentro fraternal entre los gobernantes desactiva algunos de los conflictos latentes más preocupantes del continente, en opinión de analistas.

Ahora, no obstante, se pone en evidencia con mayor claridad el camino que queda por recorrer, no solamente para sacar frutos de una era de cooperación, sino para consolidar, cada quien, un sistema político adecuado a los retos del siglo XXI.

El encuentro del presidente eritreo, Isaías Afwerki, con el primer ministro etíope, Abiy Ahmed, y la firma de una declaración conjunta de paz y amistad, que implica el restablecimiento de relaciones diplomáticas y canales de colaboración económica, puso fin, en los papeles, a uno de los diferendos cuya solución hacía abrigar menos esperanzas.

Unidas por la geografía y familiarizadas por la cultura, los territorios han vivido separados por la política, sin perjuicio de episodios de unificación forzada, detalló el comentarista Yosef Ketema.

Addis Abeba con la mirada puesta sobre el Mar Rojo, y Asmara encaramada en las montañas de Abisinia, se mantuvieron separadas del mundo árabe y africano.

No pudieron, en cambio, escapar de los típicos fenómenos que afectaron al área en la última centuria: ocupación europea, descolonización, disputas fronterizas e intentos fallidos de obtener una organización política que conduzca al desarrollo y a una adecuada integración, apuntó Ketema.

Eritrea ha llevado en todo esto la peor parte, añadió: pasó de manos de los otomanos a las de los egipcios, luego de los italianos, los británicos y finalmente los mismos etíopes, de cuyo control y anexión logró separarse a partir de un plebiscito celebrado en 1993.

En tanto, este Estado, uno de los más antiguas del orbe, alcanzó a ser objeto temporal de la conquista italiana, pero jamás llegó a ser colonia de potencias foráneas, tal vez por tradición milenaria y debido a su carácter cristiano, hoy desfigurado, pero que en su momento ahuyentó los argumentos típicos europeos por África, subrayó el investigador del Centro de Estudios Estratégicos, Yohanes Jemaneh.

La separación amistosa hace 25 años, epílogo de un proceso de resistencia y lucha armada de tres décadas, dejó pendiente la definición de algunos segmentos de la frontera terrestre.

Precisamente, la falta de precisión en las coordenadas dio lugar a escaramuzas que degeneraron en una guerra frontal, lo cual a finales de la década de 1990 no solo causó cerca de 80 mil muertos, sino que dejó problemas de ocupación por resolver.

Con ello quedó viva una pugnacidad que permitía presagiar nuevos enfrentamientos, acaecidos luego de que Etiopía se negara a reconocer la repartición fronteriza devenida tras el Acuerdo de Argel, argumentó Jemaneh.

El promotor de la iniciativa de desbloquear la situación fue Ahmed, que incursionó en la política después de haber sido oficial de inteligencia e incluyó, dentro de sus propósitos de reformas radicales a la situación política, el arreglo de los problemas con Eritrea.

No obstante, para los estudiosos el liderazgo claro, efectivo, con visión de futuro, con buen sentido de la urgencia y la importancia de los problemas por resolver, tiene todavía muchos obstáculos por superar.

La demarcación precisa traerá dificultades con las comunidades locales de regiones que no quisieran terminar divididas. También vendrá el arreglo de cuentas por las expulsiones masivas de personas de uno y otro lado y de las consecuencias de todo tipo que esos hechos pudieron traer.

Contextos similares median las diferencias yibutiano-eritrea, y con la parte somalí, aunque en ese caso permearon acusaciones de apoyo a terroristas.

Si los protagonistas del reencuentro son consecuentes con el espíritu de entendimiento, y si logran contrarrestar con aciertos económicos y sociales los efectos drásticos de la delimitación fronteriza, podrán cerrar de verdad una época que contribuyó al avance de la pobreza y el envilecimiento de las libertades, precisó el periodista Solomon Kassa.

Fenómeno particularmente ostensible en Eritrea, que se convirtió en exportadora de personas atrapadas bajo un esquema de control estatal que obliga a muchos a buscar un destino distinto.

El ejemplo dado al volver a figurar en el escenario con un gesto de reconciliación, sirve además para demostrar que la distensión tiene cabida entre naciones para las cuales es mucho más útil la cooperación que la confrontación, agregó Kassa.

Apuesta con dimensiones mayores en cuanto se produce en una región ocupante de una de las orillas del estrecho mar que le separa de los yacimientos de petróleo del Medio Oriente, y por el cual pasan rutas marítimas de importancia mundial.

Aumento poblacional en África, claves para detener la bomba de tiempo


África tendrá para 2050 el doble de los mil 100 millones de habitantes que se contabilizan hoy, un desafío al que las principales instituciones y líderes del continente deberán responder con estrategias efectivas, en opinión de expertos.

Además, se espera que más del 80 por ciento de ese incremento se dé en las favelas más pobres; en las próximas dos décadas, las ciudades africanas necesitarán hacer mucho con poco.

Las implicaciones de ese crecimiento vertiginoso son difíciles de comprender, aunque expertos y representantes de Estados miembros discuten en la sede de la Unión Africana (UA) en Addis Abeba algunos mecanismos para enfrentarlo de la mejor manera posible.

Cifras oficiales dan cuenta de que Lagos, por ejemplo, crece a la asombrosa cifra de 77 personas por hora. Y esto será así hasta 2030, según cifras oficiales.

Así, la región, consideraron analistas, no está preparada para esta explosión; en 2025, habrá 100 urbes con más de un millón de habitantes, el doble que en América Latina.

La urbanización desmedida y el aumento creciente de la juventud, con la mayoría de ellos sin perspectivas de obtener trabajo fijo, es una bomba de tiempo.

En la actualidad, alrededor del 70 por ciento de los africanos tiene menos de 30 años, lo que representa el 40 por ciento de la fuerza de trabajo, pero también el 60 por ciento de los desempleados.

La importante brecha de infraestructura urbana está causando sufrimiento en el área, subrayó la comisionada de Asuntos Sociales de la UA, Amira El-Fadil.

El gasto público nacional anual en ese sentido es extremadamente bajo: un promedio del dos por ciento del PIB entre 2009 y 2015, comparado con el 5,2 por ciento en India y el 8,8 por ciento en China, detalló El-Fadil.

Para los observadores, no es sorprendente entonces que las metrópolis de África a menudo sucumban a la fragilidad; un 60 por ciento de todos los residentes de las capitales viven en barrios marginales abarrotados y con escasos servicios.

Asimismo, entre el 25 por ciento y el 45 por ciento van a trabajar a pie debido a la falta de transporte asequible; con esta urbanización desmedida, estas pésimas condiciones podrían fácilmente deteriorarse aún más, a consideración del ente comunitario.

Otro problema que se avecina es que ese despegue viene acompañado de un estrés climático sin precedentes, pues la región en su conjunto se está calentando 1,5 veces más rápido que el promedio mundial, argumentó el investigador del Centro de Estudios estratégicos, Bilal Derso.

La presión sobre los servicios básicos y las dotaciones de recursos naturales, como lo demuestra la crisis del agua en Ciudad del Cabo, aumentará, añadió.

Si África no encuentra una manera de construir ciudades sostenibles con un mayor acceso al capital privado, corre el riesgo de convertirse en inhabitable y endeudada, puntualizaron los estudiosos. No se equivoque: el futuro es urbano. Pero en las próximas dos décadas, los enclaves residenciales necesitarán hacer mucho más, con mucho menos, aseguró a Prensa Latina el especialista en Relaciones Internacionales, Tameru Regasa.

Si bien los gobiernos deberán intensificar e implementar regulaciones para recaudar fondos públicos, los alcaldes, la ciudanía y las empresas no pueden permitirse esperar, indicó Regasa.

Los africanos deben gastar entre 130 y 170 mil millones de dólares por año para satisfacer las necesidades básicas del sector. Sin embargo, ya se enfrentan déficits de entre 68 y 108 mil millones de dólares.

Aproximadamente dos tercios de las inversiones necesaria para 2050 aún no se han hecho. Para complicar las cosas, la mayoría del financiamiento actual proviene del sector público porque la inestabilidad y las regulaciones confusas disuaden a la variante privada, destacó el comisionado de Industria de UA, Albert Muchanga.

La inversión de capital total entre 1980 y 2011 promedió solo el 20 por ciento del PIB (en comparación con el 40 por ciento en el caso de Asia del Este durante un período de rápida urbanización).

Cerrar esas brechas podría aumentar el crecimiento per cápita en 2,6 por ciento anual. También la falta de planificación, el uso ineficiente de la tierra, los bloqueos normativos y los intereses creados traban el desarrollo, agregó Muchanga.

Según el Banco Mundial, las urbes de África son un 29 por ciento más caras y con niveles de ingresos similares a las demás.

Las brechas no son accidentales. Una razón clave es que las administraciones municipales tienen problemas de liquidez y luchan por generar ingresos fiscales. Las autoridades suelen carecer del criterio y de la autonomía financiera para tomar medidas.

Para salir adelante, los expertos sugieren la atracción de contratistas privados, así como emplear tecnologías nuevas (y de cosecha propia), construir una infraestructura más inteligente y aprovechar el dinamismo del sector informal.