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domingo, 10 de abril de 2016

Conflicto Nagorno-Karabaj; un resabio de disputas postsoviético

El conflicto del enclave de Nagorno-Karabaj o Alto Karabaj, constituye uno de los últimos resabios de disputas del otrora espacio postsoviético.

Una región montañosa situada en el Cáucaso Sur, que enfrenta a azeríes de origen turco contra armenios de origen indoeuropeo. Y donde potencias regionales como Irán, Turquía y Rusia juegan un papel de primer orden.

Tres Décadas de Enfrentamiento

En las postrimerías de lo que fue la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas – URSS – comenzó a bullir un enfrentamiento, entre dos ex repúblicas de la URSS: la República Socialista de Armenia y la República Socialista de Azerbaiyán. Esto, a partir de febrero del año 1988 cuando el Parlamento del enclave de Nagorno Karabaj – región de 11.400 kilómetros cuadrados, con población mayoritariamente armenia y situada en la República de Azerbaiyán – votó a favor de unirse a Armenia y terminar así con 68 años de vida como región autónoma dentro de la República de Azerbaiyán, como creación propiciada por el otrora naciente Estado Soviético. A inicios de la década del veinte en el siglo XX. Esta votación dio el puntapié inicial, para violentos enfrentamientos étnicos, que obligaron a la población azerí residente en Armenia a huir a su país y a los ciudadanos armenios en suelo azerí volver al suyo. Violencia que logró sofocarse en parte, sólo por la intervención del Ejército Rojo.

El proceso que condujo al enfrentamiento directo entre ambas repúblicas se posibilitó tras la disolución de la URSS que llevó a los secesionistas del Alto Karabaj a declararse como un Estado independiente. La renuncia de Mijaíl Gorbachov en diciembre del año 1991 derribó el último muro que impedía una guerra total entre armenios y azeríes. Un mes antes, el 21 de noviembre del año 1991 el parlamento de Azerbaiyán rebautizó a la región de Alto Karabaj como Xankandi revocando la autonomía que tenia bajo el régimen soviético. Por su parte Nagorno Karabaj se declaró independiente el 6 de enero del año 1991 sin tener, hasta el día de hoy, reconocimiento internacional alguno.

La guerra entró en una espiral de violencia que resultaría imposible detener durante tres años. Generando 30 mil muertos, un millón doscientos mil de desplazados tanto armenios como azeríes – 400.000 habitantes armenios de Azerbaiyán se desplazaron a Armenia o Rusia, y otros 30.000 llegaron del Karabaj, 800.000 fueron los azeríes desplazados incluyendo en ello los que vivían en Armenia y del propio enclave. Armenia ocupó un 20% del territorio de Azerbaiyán, que involucra al enclave de Nagorno Karabaj y siete distritos – también dominados por los armenios – y que rodean dicho enclave: Agdam, Fizuli, Jebrail, Zangelan, GubatlinLachin y Kelbajar, cuya devolución es exigida por Azerbaiyán constituyéndose en la principal piedra en el zapato frente a cualquier posible solución. Esto, porque Armenia se niega a restituirlo mientras no se acuerde el mantenimiento de un corredor, a través del distrito Lachin, que una físicamente Nagorno Karabaj y Armenia.

El año 1994 se logra un alto al fuego auspiciado por el denominado Grupo de Minsk co-presidido por Rusia, Estados Unidos y Francia, además de la presencia de países participantes como Bielorrusia, Alemania, Italia, Portugal, los Países bajos, Suecia, Finlandia y Turquía, además de los dos países enfrentados – interrumpido esporádicamente como ha año tras año desde 1994 con episodios más violentos como el año 2008, de junio a septiembre del año 2015, diciembre del año 2015 y ahora en marzo del año 2016 – generando una situación regional de alerta no sólo por las implicancias políticas y económicas que acarrea un conflicto en el Cáucaso, sino que en el plano de las influencias en momentos que potencias como Rusia, Turquía e Irán se encuentran participando activamente y sea en la defensa de Siria como es el caso de Teherán y Moscú, en oposición a una Turquía, aliada de la OTAN y aval en materia de financiamiento, apoyo logístico y material de los grupos takfirí. Recordemos, igualmente el contencioso que enfrenta Turquía, como heredero del Imperio otomano, con el pueblo Armenio que exige el reconocimiento turco del llamado Genocidio Armenio en la segunda década del siglo XX.

Recordemos que la Federación Rusa es garante de la seguridad de la República de Armenia donde posee dos bases militares – cerca de la Frontera con Turquía – bajo el marco de un tratado de defensa que une a Ereván y Moscú. Igualmente Putin logró atraer a Armenia a la Unión Económica Euroasiática el año 2015 que alejo a esta república de los cantos de sirena provenientes de la Unión Europea y que explican, por ejemplo, el enfrentamiento que se vive con Ucrania, que bajo los sectores nacionalistas buscan salir de la órbita de Moscú. Por su parte. Turquía aliada de Azerbaiyán a partir de lazos históricos, culturales, religiosos y lingüísticos se ha implicado fuertemente en el conflicto y ha sido responsabilizada de catalizar el estallido del último conflicto en este mes de abril.

En un interesante trabajo de Francisco Ruiz González sobre el conflicto en el Alto Karabaj este señala que “frente a la activa presencia de Rusia en el Cáucaso Sur, la Unión Europea ha canalizado sus políticas en la zona a través de la “Asociación oriental” en cuyo marco se han negociado Acuerdos de Libre Asociación y Libre Comercio con las seis ex Repúblicas Soviéticas que participan en este programa : Ucrania, Bielorrusia, Moldavia, Georgia, Armenia y Azerbaiyán” Acuerdos que chocan con los intereses de países miembros de la UE en la zona como es el caso de Francia con relación a Armenia, país que acoge una importante población de ese origen “el acuerdo propuesto por l UE en específico con Azerbaiyán no mostraba un apoyo firme a la integridad territorial Azerí, como sí lo hizo en los caso de Moldavia – Trandniester – Georgia - Osetia del Sur y Abjaza”.

La Solución es Política

Para el Canciller Ruso, Serguei Lavrov “El conflicto de Nagorno Karabaj no tiene solución militar pero “Hay intentos por parte de los que no están de acuerdo con los enfoques básicos de la normalización en Nagorno Karabaj (...) de suspender lo que fue pactado y fijado en documentos firmados por Rusia, Francia y EE.UU”Para Lavrov la postura acordada supone la solución del conflicto de forma "exclusivamente pacífica y política". Rusia ha declarado que el gobierno turco debe dejar de entrometerse en los asuntos de sus vecinos, sean estos sirios, iraquíes o Azeríes. “Hay sobradas pruebas de que Turquía, pese a todos los llamados, continúa su injerencia, sigue apoyando al terrorismo"

El Presidente Turco Recep Tayyip Erdogan, por su parte, en una clara provocación a los intentos de frenar la más grave escalada de violencia de los últimos años entre Armenia y Azerbaiyán señaló en Ankara que "Desde el mismo inicio de la crisis de Nagorno Karabaj Turquía estuvo junto a Azerbaiyán, y eso continuará; algún día Karabaj volverá sin falta a su verdadero dueño y volverá a ser azerbaiyano". Prima en esta declaración, no sólo la retórica fraternal entre dos pueblos de origen altaico de raíz turkmena, sino, sobre todo, los grandes intereses económicos que rodean esta relación en el plano de los hidrocarburos, unido a gasoductos y oleoductos. Y en esto el acuerdo entre Turquía y Azerbaiyán firmado en junio del año 2012 para la construcción del gigantesco y multimillonario gasoducto TANAP – Trans Anatolia Gas Pipeline Project – que tiene el objetivo de llevar Gas azerí a Europa pasando por territorio turco como claro competidor del gasoducto proyectado entre Rusia, Irán y Siria, congelado en virtud de la agresión al pueblo sirio, donde precisamente Turquía ha jugado un papel de apoyo fundamental a los grupos terroristas takfirí como Daesh y el Frente al Nusra.

A pesar de esos intereses y el peligroso equilibrio de poderes regionales de la zona, las sociedades de Azerbaiyán y Armenia, incluido lógicamente el enclave de Nagorno Karabaj aspiran a un futuro de paz. El presidente armenio, Serzh Sargsyan manifestó, por su parte, que "Armenia y Nagorno Karabaj se pronuncian a favor del cese de hostilidades y la reanudación del régimen de alto el fuego acordado en 1994 del que la OSCE es garante– con la condición de que las unidades militares de los bandos vuelvan a las posiciones que ocupaban hasta el 1 de abril de 2016”. Si esto no es así, advirtió Sargsyan en Ereván, donde se reunió con los embajadores de la OSCE “una mayor escalada de las acciones militares puede acarrear consecuencias imprevisibles e irreversibles, incluido una guerra a gran escala”

Para Azerbaiyán, a través de declaraciones de su presidente Ilján Alíev se proseguirá en los esfuerzos destinados a arreglar el conflicto de Nagorno Karabaj de modo político “pero, ese conflicto debe arreglarse en base al respeto de la integridad territorial de Azerbaiyán. Por desgracia, Armenia sigue poniendo condiciones para liberar los territorios ocupados. Esto a pesar que el Consejo de Seguridad aprobó cuatro resoluciones destinadas a exigir la retirada de las Fuerzas Armenias del territorio de Azerbaiyán y sin embargo la ocupación de nuestra tierra se extiende ya por más de 20 años”. Azerbaiyán insiste en recuperar su integridad territorial – con relación a los siete distritos que rodean Nagorno Karabaj – y por su parte Armenia, defiende los intereses de la autoproclamada República de Nagorno Karabaj, que no es parte de las negociaciones y que implica, al menos tener bajo su control el distrito de Lachin, que le permitiría tener comunicación directa con la República de Armenia.

A punto de cumplir tres décadas, desde el inicio del conflicto que enfrenta a Armenia y Azerbaiyán, no se vislumbra una solución que permita cesar las hostilidades entre ambos países – y donde las propias fuerzas militares del enclave juegan su papel - El marco de acuerdo hoy, tanto como el año 2007 cuando la OSCE presentó, a través del Grupo de Minsk una hoja de ruta para solucionar el contencioso del Alto Karabaj – denominado Principios de Madrid – sigue siendo el mismo. Pasado casi una década, su freno a la puesta en práctica muestra el entrampamiento y la poca disposición a buscar un camino de arreglo definitivo. Es en ese plano donde Irán – que ha declarado la necesidad urgente de llegar a un arreglo definitivo y actuar con moderación para evitar más enfrentamientos - Rusia y Turquía deben jugar el papel de potencias regionales y permitir que esos principios sean la base de un acuerdo final. Los principios de Madrid refieren a seis puntos específicos:
  • Devolución a Azerbaiyán de los siete distritos que rodena Nagorno Karabaj.
  • Aprobación de un estatuto provisional que garantice la seguridad y el autogobierno de la región.
  • Mantenimiento de un corredor, que una físicamente los territorios de Nagorno Karabaj y Armenia por el Distrito de Lachin.
  • Determinación mediante una consulta, jurídicamente vinculante del estatus definitivo del enclave.
  • Derecho de los desplazados internos y refugiados a regresar a sus hogares.
  • Despliegue de una Misión Internacional de Paz.
En perspectiva de lo que ha pasado en estos 9 años desde los Principios de Madrid se puede concluir que Armenia exige que se implementen las seis medidas contempladas. Azerbaiyán, por su parte pide la retirada total, de todos los distritos ocupados y sin resolver l tema del referéndum que implicaría, con toda seguridad, la pérdida definitiva de la región visto que del total de 140 mil habitantes, el 90% es armenio. El gobierno Azerí propone un estatus de amplia autonomía similar a los que Rusia ha dispuesto para Tartaristán o Bashkortostán. Se unen a esto las discrepancias respecto al retorno de los refugiados visto el odio étnico suscitado con las matanzas efectuadas en diversos puntos, tanto en Azerbaiyán como Nagorno Karabaj contra nacionales de una y otra nacionalidad.

El análisis de los hechos acaecidos en estos 28 años, el papel que cumple Azerbaiyán y Armenia, los roles de potencias regionales como Rusia, Irán y Turquía, que influyen enormemente en el desarrollo de otros conflictos cercanos como los que se llevan a cabo en Siria e Irak, obligan a pensar en caminos de solución, prontos. Y, en ese marco la aceptación de los Principios de Madrid parece ser el camino más idóneo. Es por lo menos lo que vislumbro, sobre todo en la alianza turco-azerí, donde la posición política del gobierno de Ankara se ha visto debilitada por varios factores: las críticas provenientes de la Unión Europea y estados Unidos, ya sea por el papel jugado en materia de refugiados, las acusaciones de corrupción del Gobierno de Erdogan, su papel como apoyo a ultranza de los grupos takfirí en Oriente Medio, la batalla librada contra kurdos sirios, iraquíes y su propia población kurda, la paralización de las negociaciones para una hipotética adhesión a la UE.

Bajo estas premisas el eje Ankara-Bakú, a pesar de su potencial económico y estrecha comunión de intereses históricos, culturales y lingüísticos – ambos son un pueblo túrquico - se encuentra aislado lo que requiere analizar con cuidado los pasos que se den por parte de mediadores y rivales, que no impliquen que turcos y azeríes se sientan avasallados, impelidos a aceptar los Principios de Madrid a rajatabla, pero tampoco permitir una salida suicida que implique desatar el fuego del infierno en el Cáucaso Sur en virtud de políticas bélicas tejidas más en Ankara que en Bakú.

Ayudará, en la búsqueda de los caminos de la paz y sea una oportunidad única, la IV Reunión Trilateral de Cancilleres que se celebra en la ciudad iraní de Ramsar el día martes 5 de abril – provincia de Mazandaran - entre los cancilleres de Irán, Mohamad Yavad Zarif, de Turquía, Mevlut Cavusoglu y de Azerbaiyán, Elmar Mammadyarov. Reuniones que persiguen mecanismo de entendimiento en materias variadas, intercambio de puntos de vista sobre los temas trilaterales y regionales basados en el entendimiento común para reforzar la estabilidad y la seguridad.

Y, sin duda, allí se tocarán, los pasos destinados evitar una escalada de violencia entre Armenia y Azerbaiyán. Irán es consciente que en calidad de vecino, tanto de Armenia como de Azerbaiyán – recordemos que Irán posee en su parte noroeste una importante población azerí cercano al 20% de su población total lo que los hace el segundo grupo étnico más importante después del persa - debe ayudar en la solución de un conflicto, que evite una guerra a escala mayor. Situación que lo puede afectar y se constituya en una amenaza mayor a su seguridad en momentos que su potencial político y prestigio se ha fortalecido tras los acuerdos nucleares con el G5+1 y su papel en la defensa de Siria e Irán contra los terroristas takfirí. La paz en el Cáucaso Sur es una baza importante para los anhelos de paz en toda la región de Oriente Medio y Asia Central.

jueves, 7 de abril de 2016

Las huellas de Erdogan en el conflicto de Nagorno-Karabaj

En un momento en el que las partes sirias se preparaban para una nueva ronda de negociaciones en Ginebra, el Frente al Nusra lanzó un poderoso ataque contra el Ejército sirio en Alepo en el que recibió también el apoyo de otros grupos apoyados por Turquía y Arabia Saudí, que buscan cambiar la correlación de fuerzas en el norte de Siria antes de las citadas conversaciones.

Turquía está preocupada por las últimas victorias del Ejército sirio frente al EI en Palmira y Qaryatain, que refuerzan la posición del Estado sirio en Ginebra, y buscó contrarrestar sus efectos mediante un ataque en gran escala de Al Nusra, organización terrorista a la que ha estado ayudando, en Alepo. Esta ofensiva, sin embargo, ha terminado en fracaso y Erdogan es consciente ahora de que la situación en el escenario sirio no va a cambiar en una forma que sea favorable a sus ambiciones e intereses. Al mismo tiempo, el presidente turco hace frente a un auténtica guerra dentro de su propio país contra los kurdos.

En este contexto, Erdogan intenta obtener ganancias políticas con el estallido de las hostilidades en el viejo conflicto de Nagorno-Karabaj entre Azerbaiyán y Armenia, que habían mantenido una tregua en dicha región desde 1994. Es posible ver la huellas de Erdogan detrás de la repentina escalada, que podría haber desembocado en una guerra más amplia en la región.

El ex presidente de Azerbaiyán, Haider Aliyev, padre del actual mandatario del país, subrayó la fortaleza de los vínculos entre su presidente y Turquía con la expresión “una nación en dos estados”. Turquía ha querido integrar a Azerbaiyán en su proyecto de reconstrucción de un bloque pan-turco, que integraría a países y regiones cuyo idioma está emparentado con el turco y en el que estarían incluidos también Turkmenistán, Uzbekistán, Xinjiang (denominada Turquestán Oriental por los turcos) y otros. Turquía fue también el primer estado en reconocer la independencia de Azerbaiyán de la Unión Soviética.

Azerbaiyán ha jugado siempre también un papel fundamental en los planes turcos y europeos para romper el monopolio ruso en las entregas de gas a Europa. Ankara promovió la construcción de un gaseoducto desde Azerbaiyán a Europa a través del territorio turco, pero no ha podido materializar este proyecto hasta ahora por diversas razones, incluyendo el conflicto de este último país con Armenia en relación a la disputa de Naborno-Karabaj.

Por otro lado, la escalada del conflicto, desde el punto de vista de Erdogan, debería abrir un nuevo frente para Rusia. Armenia es el principal aliado del Kremlin en la región y está adherida a la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva y la Unión Económica Euroasiática, liderados por Moscú, y Rusia está obligada, en case al Tratado de la OTSC, a acudir en defensa de dicho país si es objeto de una agresión. Al mismo tiempo, Rusia tiene una buena relación con Azerbaiyán y ha tratado de desarrollar sus vínculos con este país. Erdogan cree que si un conflicto estalla más cerca de sus fronteras, Rusia podría verse obligada a disminuir su presencia en Siria. Cabe señalar además que Rusia ha desplegado el sistema S-400 en Armenia, que cubre todo el norte de Turquía y sirve como factor de disuasión frente a un posible ataque turco contra Siria.

El apoyo ruso a Armenia llevaría también al hundimiento de la influencia de Rusia en Azerbaiyán en beneficio de Turquía, según los cálculos del presidente turco.

Por otro lado, Turquía busca venganza contra su rival histórico, Armenia, que es el principal impulsor de la demanda de que sea reconocido internacionalmente el genocidio armenio cometido por las tropas turcas durante la Primera Guerra Mundial. Ankara desea que Azerbaiyán tome el enclave de Nagorno-Karabaj, situado geográficamente en forma de cuña dentro del territorio azerí, pero poblado por armenios. 

Pese a todo, la historia, la economía y la geografía están, una vez más, en contra de los planes de Erdogan y Rusia es, con mucho, la potencia más influyente en el Cáucaso. Azerbaiyán es consciente de esta realidad y de que no puede obtener ningún beneficio convirtiéndose en un peón de las ambiciones turcas por lo que parece más interesado en aceptar negociaciones políticas que en lanzarse a una nueva escalada, cuyos resultados serían imprevisibles.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Cuando un carnicero y un príncipe libraron a Moscú de los invasores polacos


El día 4 de noviembre es festivo en la Federación Rusa. Ya hablamos de las idas y venidas de los días de fiesta en noviembre en Rusia, y del consiguiente y progresivo desapego del recuerdo soviético y el acelerado acercamiento a la memoria del pasado imperial y heroico nacionalista ruso. De la participación estatal de esta “aceleración” nace el “Día de la Unidad Popular” (“Den’ narodnogo edinstva”), que se celebra el 4 de noviembre y del que nos proponemos exponer una breve historia.

Allá por el oscuro siglo XVI gobernaba en Rusia el zar Iván el Terrible, conocido también como Iván IV de Rusia. Nadie se atrevía a rebelarse contra él, ni desde arriba ni, por supuesto, desde abajo. La pobreza, el hambre, la incultura y, sobre todo, el miedo que ha condicionado la histórica mansedumbre del (casi siempre) genuflexo pueblo ruso ante el “padrecito”, hacían que por entonces fuera mucho más plausible plantearse un Estado sin pueblo, que un Estado sin zar. Pero Iván el Terrible muere en 1584 y el trono queda vacante. Cuatro años antes, en una pelea con su padre, el zarévich Iván Ivánovich, su preparado heredero, también había fallecido en una riña con su progenitor, hecho que Ilyá Repin ilustraría en el extraordinario cuadro “Iván el Terrible y su hijo”.

“Iván el Terrible y su hijo” (1885), de Ilyá Repin

Así las cosas, el trono quedaría en manos de Teodoro I de Rusia, su segundo hijo. El bueno de Teodoro nunca había mostrado interés alguno por cuestiones de Estado (y sí, en cambio, por las relativas a la religión), así que quedó bajo la dirección de un consejo puesto en marcha por su padre antes de morir para asistir al poco preparado e interesado zar en sus labores de gobierno. El consejo estaba liderado por Borís Godunov, boyardo y cuñado del nuevo zar (su hermana Irene Fiódorovna estaba casada con Teodoro I). A la muerte de Teodoro, en 1589, Godunov reclamaría el trono  y mandaría al exilio al tercer hijo de Iván el Terrible y teórico último heredero de la Dinastía Rúrika, Dmitri, hijo de la última esposa del zar Iván, María Magaya. El zarévich Dmitri moría el 15 de mayo de 1591 en extrañas circunstancias. Es tras la muerte de Teodoro en 1589 cuando comienza la época conocida como “Periodo Tumultuoso” (“Smutnoe vremya”), protagonizado por numerosas revueltas, por las continuas pugnas por el trono ruso de varios “impostores” (supuestos “Dmitris”) y por la guerra de polacos contra moscovitas y la invasión del país por la Mancomunidad de Polonia-Lituania. El “Periodo Tumultuoso” finalizaría con la instauración de la Dinastía Románov en 1613; en él se enmarcan los acontecimientos que darán lugar al hoy conocido como “Día de la Unidad Popular”.

“La leyenda del príncipe Dmitri” (1967), de Ilyá Glazunov

Pero ¿qué ocurrió en 1612?

En 1598, Borís Godunov es escogido zar por el Concilio de Estado (Zemski Sobor, una especie de primer “parlamento ruso” puesto en marcha por Iván el Terrible a mediados del siglo XVI). El pueblo y muchos miembros de la corte lo despreciaron al ver en él a un zar “no natural”, sin legitimidad, y, por supuesto, sin “sangre real”, pues no pertenecía ni a la nobleza ni a ninguna dinastía regia. Esta fuerte oposición, compartida también por el pueblo, sería uno de los elementos que coadyuvaría a prender la mecha de las múltiples revueltas de la época.


El zar Borís I de Rusia, regente entre 1585 y 1598

Polacos y lituanos habían emprendido la marcha hacia Moscú tras la muerte del zar Teodoro I. Pero entre Dmitri y Dimitri, los polacos, que siempre apoyaban a los impostores, decidieron postular a su candidato al trono: Vladislav IV Vasa, hijo del rey de Polonia, Segismundo III Vasa. Tras él aún habría un Dimitri más, Dmitri III “El falso”, en el poder desde 1611 con el apoyo de los cosacos.

En esta cohorte de “chaqueteros” boyardos entraron también los cosacos, que procedían originalmente de los estratos inferiores de la sociedad tártara, pero que gozaban del privilegio de la libertad personal. Ellos apoyaban al candidato que tocara, fuera un Dmitri, un polaco o cualquier otro, porque, ante todo, eran saqueadores.

Desde septiembre de 1610 hasta el 4 de noviembre de 1612, Moscú estuvo ocupada por la Mancomunidad de Polonia-Lituania. En esos años se sucedieron algunas intrigas palaciegas y graves revueltas por numerosas ciudades y distritos rurales, donde el pueblo malvivía acosado por las hambrunas y las plagas e intentando defenderse de los ataques de bandoleros, que los saqueaban, o de los invasores extranjeros, que pretendían someterlos. Ante la falta de ayuda por parte estratos superiores del ejército del zar de turno o de los nobles, los propios ciudadanos comenzaron a organizarse en milicias para defender la ciudad el 19 de marzo de 1611. El príncipe Dmitri Pozhansky  lideraría una de esas milicias, pero fue incapaz de echar a los polacos de Moscú que, finalmente, acabaría arrasada por las llamas.

Vladislav IV, el polaco, era contrario a la fe ortodoxa y quería convertir a los rusos a la fe católica, por lo que el patriarca de la Iglesia Ortodoxa llamó a ir a Moscú y morir por la fe cristiana ortodoxa. Pozharsky fue uno de los primeros en responder al llamamiento, a pesar de que en su día otorgó su apoyo a Vladislav. Sin embargo, se le impuso que fuera acompañado por una persona que se ocuparía de los asuntos monetarios de la campaña; el elegido fue el comerciante y carnicero Kuzmá Minin, reconocido por su buen trabajo como gestor monetario y ante las milicias de su ciudad, Nizhni Nóvgorod. Minin y Pozharsky marcharon hacia Moscú añadiendo nuevos combatientes a la causa y recaudando dinero de las ciudades que encontraban a su paso. Los presupuestos gestionados por Minin siempre fueron inteligentemente empleados y transparentes. Con el dinero recaudado pudieron alimentar a los combatientes y seguir avanzando sin perder medios. Los cosacos, que siempre iban al sol que más calentaba, también se unieron a la lucha contra polacos y lituanos.

“El llamamiento de Minin” (1896), Konstantín Makovsky

El líder de las milicias en Nizhni Nóvgorod, como mencionábamos, había sido Kuzmá Minin, quien había sido nombrado responsable local, por lo que era el encargado de gestionar las cuentas locales e impuestos, tarea que realizó con enorme honestidad y diligencia. En 1608, Dmitri II “El Falso” había intentado ocupar la ciudad, pero salió derrotado de tal empresa por la fuerte resistencia que encontró en las milicias de Nizhni Nóvgorod. Al ser ésta una ciudad dedicada principalmente al comercio, intentaban evitar a toda costa cualquier capítulo de inestabilidad que pusiera en peligro su principal medio de vida. Por eso, cuando los conflictos y la inestabilidad de extendieron de manera brutal por todo el país durante el “Periodo Tumultuoso”, se vieron forzados a intervenir.

Así, el 1 de noviembre de 1612, el comerciante Kuzmá Minin y el príncipe Pozharsky llegaron a Moscú, y tras tres días de combates, lograron expulsar de la ciudad a los invasores polacos el 4 de noviembre de 1612. En ausencia de un poder consolidado y de un zar multitudinariamente refrendado, el príncipe y el carnicero fueron capaces de liberarse de los atacantes y restaurar la estabilidad en el país, que se inició definitivamente con la subida al trono del primer zar Románov, Mijaíl I.

La gesta del comerciante del Nizhni Nóvgorod y el príncipe Pozharsky los convirtió en héroes nacionales, y su hazaña ha sido utilizada en distintos momentos de la historia de Rusia y la URSS para encarnar la innata valentía y patriotismo que caracterizan al ruso, que resurge ante las adversidades y que se crece en la unión del pueblo ante cualesquiera invasores o atacantes que osen amenazar la integridad de su territorio o del poder “legítimo” del momento.

“Minin y Pozharsky” (1850), de M. I. Skotti.


Agua y conflictos en Asia Central

En la última década algunas cifras macro económicas han sido muy positivas para Asia Central. Países ricos en hidrocarburos como Turkmenistán, Kazajistán y en menor medida Uzbekistán han alcanzado incluso cifras de dos dígitos en su PIB anual, y aquellos países menos afortunados en materias primas como Tayikistán y Kirguizistán también han experimentado un fuerte crecimiento de sus economías.

Este súbito crecimiento de la riqueza no ha repercutido en la totalidad de la población centro-asiática, y paradójicamente el número de personas que no disponen de acceso a agua potable y saneamiento se ha incrementado. De acuerdo con el último anuario de UNICEF, publicado en 2014, la población de Asia Central y el Cáucaso ha experimentado un retroceso de un 1% en ambos campos. Esto significa que existe un numeroso grupo de ciudadanos que disponían, y ya no, de acceso a agua en condiciones saludables y defecan en condiciones poco dignas o insalubres.

Uno de los países con peores cifras es Uzbekistán. De acuerdo con The UNDP Country Programme Action Plan 2010–2015 en el país más poblado de la región, con más de 31 millones de habitantes, solo el 21% de la población rural del país tiene acceso a agua limpia. Según las cifras del Banco Mundial la población rural uzbeca asciende a poco mas de 18 millones de personas en 2014, por lo que más de 14 sobreviven sin salida de agua potable.

La gestión de los recursos hídricos en la región sigue siendo una asignatura pendiente tras más de dos décadas de independencia. Los factores que han propiciado esta situación están relacionados con políticas nacionales poco eficientes y con falta de transparencia en la gestión del agua, así como por una escasa cooperación internacional respecto a los cursos de agua transnacionales que comparten y que concentran prácticamente la totalidad de sus reservas de agua.

A ello hay que sumar que los países de Asia Central son de los mayores derrochadores de agua en el mundo. Por ejemplo, según la revista Nature Turkmenistán usa tres veces más agua que India para producir un 1% de su PIB, cuatro veces más que Egipto, 14 más que China y 43 más que España. En cuanto al reparto del agua, se hace sin la suficiente transparencia y participación de los usuarios; el cohecho y el nepotismo gobiernan gran parte de las distribución del líquido elemento. En 2014 el International Crisis Group en su Boletín 23 dedicado a Europa y Asia Central situó a la corrupción como una de las principales causas de los conflictos hídricos en la región.

Respecto a la cooperación internacional, entre los países que comparte los dos grandes ríos de la región (Amu darya y Syr Darya) el equilibrio es muy frágil. El único acuerdo firme es el cupo de agua al que cada país tiene acceso, pero el principal problema sin resolver sucede cuando el caudal no es suficiente o la calidad del agua es deficiente. En este sentido, no hay ningún mecanismo eficaz, suficientemente representativo y participado por todos los países del entorno que pueda resolver estas situaciones, produciéndose tensiones entre los países que disponen de la práctica de la totalidad de las reservas de agua (Tayikistán y Kirguizistán), y los países de río abajo (Turkmenistán, Uzbekistán y el sur de Kazajistán) que dependen de dichas reservas localizadas en países vecinos pero que transcurren por cursos de agua compartidos. En el siguiente gráfico podemos apreciar la gran disparidad del reparto de reservas y consumos de los recursos hídricos entre los países de la región.



En algunos casos las desavenencias por cuestiones hídricas entre Uzbekistán y Tayikistán podrían derivar en una guerra abierta. El presidente uzbeko Islam Karimov ha declarado a los medios que los proyectos hidroeléctricos tayicos y kirguisos en la cuenca alta de los grandes ríos podrían provocar una intervención armada propia para garantizar agua a su importante producción de algodón. De hecho, en varias ocasiones Uzbekistán, de acuerdo con fuentes tayicas, ha bloqueado sus comunicaciones ferroviarias con Dusambé con el propósito de frenar la construcción y agrandamiento de nuevas presas en su territorio.

En este contexto de competencia regional sobre los recursos hídricos, actores externos a la región también compiten por extender su influencia. Rusia intenta jugar un complicado papel de mediador entre las partes en litigio, tratando de satisfacer a todos los implicados y, a la vez, maximizar sus intereses energéticos. Además intenta obtener nuevos contratos de gas con uzbecos y turkmenos, pretendiendo convencer a tayicos y kirguizos de que amolden sus proyectos hidroeléctricos a las exigencias de sus vecinos de río abajo. Paralelamente, Moscú ofrece financiación y ayuda técnica para la construcción de nuevas presas y créditos baratos a Tayikistán y Kirguizistán. Mientras, la Unión Europea -con la Iniciativa Europea del Agua- también trata de extender su influencia subvencionando y asesorando para solventar los conflictos del agua a través de la cooperación multilateral y la puesta en marcha de la gestión integrada de los ríos centroasiáticos.

Una de las conclusiones que podemos extraer tras este diagnóstico general de la situación es que pese al crecimiento económico de los países de la región y el ofrecimiento de Rusia y la Unión Europea a cooperar en la resolución de los conflictos del agua, las tensiones regionales se han acrecentado, y el número de personas sin acceso a agua y a saneamiento se han incrementado, siendo este el derecho humano más fundamental para la vida, para el desarrollo social y como materia prima clave para la estabilidad política y social de unas naciones que tienen a la mayor parte de su población trabajando en el sector agrícola.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Lo poético es político cuando un escritor tayiko declara: ‘muerte a Afganistán’

    The Tajik-Afghan border. Photo courtesy of Caravanistan.
La muerte de la desventurada Farkhunda me obliga
A escribir en cada puerta y pared con carbón:
¡Muerte a Afganistán! ¡Prisión de mujeres!
Si este es el Islam en Afganistán
Todas esas bombas lanzads por los yanquis en su cabeza
No son suficientes.
Así dice la última ofrenda poética escrita por Bozor Sobir, uno de los más famosos compositores del excomunista Tayikistán y ciertamente el más inconstante.
La condena de Sobir a todo un país le ha valido la irritación del embajador afgano en Tayikistán así como reprimendas en medios sociales donde varios tayikos –conocidos por su amor a la poesía– han ofrecido respuestas en verso.
Bozor Sobir in Navruz celebrations in Khujand city of Tajikistan. March 2015. Picture from the poet's Facebook account
Bozor Sobir en las celebraciones de Nowruz en la ciudad de Khujand, Tayikistán, marzo de 2015. Foto de la cuenta de Facebook del poeta.
Pero a los 77 años, es poco probable que a Sobir le interese un bledo lo que otros piensen.
El viejo poeta cascarrabias fue en contra de la tendencia literaria soviética cuando notoriamente no escribió para apoyar a Lenin, el comunismo, Rusia, ni la Unión Soviética, una característica que le hizo difícil encontrar trabajo por mucho tiempo.
Su poema sobre el idioma tayiko, escrito en vísperas de la independencia, se convirtió en un himno para los nacionalistas tayikos de la época, aunque hay algunos adultos que eran escolares en los años 90 que no pueden recitarlo de memoria.
Cuando cayó en desgracia con el hombre fuerte del país, el presidente Emomali Rahmon, durante la guerra civil (1992-1997) Sobir huyó a Irán, Rusia y Estados Unidos, condenando a cada una con feroz verso en su camino.

Tayikistán: Naturaleza prístina y el eco de su historia

Irkht, Badajshán. Fotografía: Bakhritdin Isamutdinov
Rodeado de montañas y etéreos lagos alpinos por doquier, Tayikistán es un verdadero santuario para los amantes de la naturaleza si es que se está dispuesto a sortear los caminos surcados y soportar la engorrosa burocracia.
Tras haber pagado un boleto de avión con miles de escalas para llegar a la capital -Dusambé- y los aproximadamente 60 dólares por la visa de turista, esperan verdaderos tesoros apartados de la civilización.
Aquellos que encuentran Tayikistán en un mapa deciden venir para escalar las montañas. Pero para quienes no tienen mucha destreza en el manejo del equipo de montaña, los viajes por carretera los pueden llevar mucho más allá de lo imaginado.
La carretera del Pamir obtuvo el tercer lugar del top ten de lugares de la ex-URSS que no se pueden dejar de visitar, tal como se publicó en mayo de 2015 en la revistaNational Geographic Traveler, además de ser considerada como uno de los viajes en carretera más emocionantes y desafiantes del mundo.
Mientras se escucha el traqueteo del jeep a lo largo del camino, entre Dusambé y Murghab (al este), los viajeros pueden admirar los poblados afganos, al otro lado del río Amu Dari. Parecieran ser de otro planeta, pues este cuerpo de agua serpenteante los mantuvo separados de la antigua Unión Soviética.
Desde varias partes del trayecto, se puede contemplar el Pico Ismail Samani, el más alto de la ya desintegrada URSS, para después leer los petroglifos  y también sumergirse en profunda meditación sobre los restos del antiguo templo zoroastro. Después, al llegar a Murghab, uno puede deleitarse con un platillo de carne de yak, criados principalmente por pastores kirguises.