La Verguenza del Japón..
Mostrando entradas con la etiqueta Japón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Japón. Mostrar todas las entradas
sábado, 5 de noviembre de 2016
sábado, 20 de agosto de 2016
El núcleo de la doctrina del Imperio es terrorismo y masacres
El 6 y el 9 de agosto se cumplieron dos nuevos aniversarios de dos terribles masacres cometidas por EE.UU.: el bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki.
Recordar estos crímenes constituye una buena ocasión para reflexionar sobre la doctrina militar del Imperialismo.
“Supongo que si hubiésemos perdido la guerra, hubiese sido juzgado como un criminal de guerra...”
Curtis Emerson LeMay, General de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos
El 6 de agosto de 1945, hace 71 años, explotaba la primera bomba atómica sobre una ciudad. Tres días más tarde, otra bomba atómica explotaba sobre una segunda población. El autor de estas masacres, sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki: Estados Unidos.
Esta no sería ni la primera ni la última vez que los imperialistas modernos realizarían crímenes en tan gran escala. Y, de hecho, estas dos mega-masacres están relativamente legitimadas en el sentido común de las grandes masas, constituido en gran parte con las mentiras y los mitos imperiales. “Que si no se hacía eso, Japón no se rendía”; “que se salvaron así muchas vidas”… etc., etc., son los clishés más escuchados en general. Todas mentiras, alucinantes mentiras difundidas por el aparato de propaganda occidental.
La parte fundamental de la doctrina militar del Imperio está constituida por las masacres y el terrorismo. Eso es todo. Nada de honor. El honor es incompatible con el Imperio contemporáneo, si es que alguna vez lo fue. Y mucho menos el honor militar. Quien es cabal no hace propaganda de sus buenas acciones. En todo caso sólo habla de ellas como necesaria autodefensa ante la difamación, y como Verdad Histórica, como patrimonio de las nuevas generaciones. La grandilocuencia, la propaganda en el sentido proselitista, es una necesidad de los mentirosos para poder sostener sus mitos. Por eso los rusos y los chinos y los norcoreanos y los cubanos y los vietnamitas y los iraníes, y etc., etc., no tienen una profusa producción espectacular de propaganda de su heroísmo como pueblos, que es verdadero y real, a diferencia del de los imperialistas, que no es más que un cuento de Hollywood. El heroísmo de esos pueblos habla por sí mismo. Pero como sí puede haber mucha forma sin contenido, el de las naciones imperialistas es invento, sobredimensión de alguna que otra hazaña de sus huestes para encubrir el núcleo constitutivo de su doctrina, que es oprobiosa, cobarde y artera.
Pero para demostrar esto que estoy afirmando no necesitaré hacerlo solamente desde una investigación histórica sino también, y principalmente, razonando sobre la filosofía política del fenómeno imperialista, lo que nos llevará a la conclusión de que las masacres y el terrorismo no son “accidentes”, “excesos”, “errores”, en la forma de hacer la guerra del Imperio, sino que son, precisamente, la esencia de su doctrina militar.
Filosofía política
Podemos denominar de muchas maneras la dualidad dialéctica de lo moral: el Bien y el Mal, obreros y parásitos, trabajadores y capitalistas, nacionalistas e imperialistas, o justicieros y abusadores… Ésta última es para mí una de las maneras más apropiadas de sintetizar la disyuntiva moral de cualquier sujeto político, tanto en el plano individual como colectivo: luchar por la justicia o ser parte del ejercicio de la injusticia, que es el abuso del poder (entendido el concepto de poder en un sentido amplio, no solamente estatal). O sea, ser un justiciero, un protagonista de la lucha por el Bien Común, o ser un abusador, un execrable oportunista al acecho de necesidades, debilidades y débiles, para sacar provecho de ello.
En este sentido ¿Qué es un capitalista? Es la expresión característica del abuso sobre los trabajadores y el pueblo. Y esto es así porque siendo los trabajadores los únicos sujetos políticos de la producción (en tanto capaces, a diferencia de las máquinas, de desplegar ejecución y conducción de manera multidimensional y social, y de intervenir en la lucha en torno de cómo es la organización social de producción), son éstos los sujetos últimos, o primeros (según desde dónde lo miremos), de la creación de valor en la economía (recordemos que el valor objetivo de una mercancía viene definido por el tiempo socialmente necesario para producirla). El capitalista es la personalización del fenómeno categorizado como Capital. El Capital es trabajo acumulado, trabajo acumulado que tiene sus promotores, sus propietarios fraccionales, que luchan, movidos por la codicia, para expropiar a los trabajadores la mayor cantidad posible del valor creado con su actividad productiva. El capitalista, en síntesis, es un abusador, un sujeto “entrenado”, día a día, en el abuso, en la codicia, en el vampirismo. Su moral, entonces, es el abuso, el ventajismo (ya en la época de Cristo, donde el capitalismo aún no existía como sistema social, entre sus mayores enemigos se encontraban “los mercaderes del templo”).
La competencia entre las diferentes fracciones capitalistas en su lucha por imponerse exacerba al máximo esta característica: el mejor capitalista será el que, a iguales medios a disposición, logre abusar mejor de la fuerza de trabajo, acumulando así más capital para su propia fracción. Y la expresión más desarrollada del capitalismo son las corporaciones (donde las diferentes expresiones del Capital, en sentido amplio: financieras, industriales, territoriales, militares, etc., se conglomeran en una determinada estructura propietaria, la que constituye una fracción del total) y, en términos de Estado, el Estado imperialista.
Masacres y Terrorismo
De esta filosofía política, del corpus orgánico del abuso como fórmula de relación social, surge entonces la doctrina militar. Si el fin es la explotación de los trabajadores y el saqueo de los recursos naturales, si el fin es acumular la mayor cantidad de riqueza en pocas manos, mal puede constituirse la estrategia política y militar que actúa como medios de esos fines con otra cosa que nos sean métodos execrables y perversos. ¿Ha existido alguna guerra de conquista que no empleara métodos consistentes con sus fines? ¿Si el fin es dominar y arrebatar lo de otro, por qué el invasor se privaría de abusar de quienes quiere dominar, si ya el mismo objetivo, dominar y arrebatar, es la base moral de los métodos, la estrategia y la táctica? ¿Quién te agrede para imponerse y dominarte, por qué razón no lo haría de una manera oprobiosa, si oprobioso es su objetivo? Vemos cómo medios y fines se relacionan en una misma concepción, en un mismo tipo característico de relación social: el imperialismo. Al ultraje de la explotación del hombre por el hombre se corresponderá necesariamente la masacre y el terrorismo en el plano militar, y la política de bandera falsa como toda política.
Algunos ejemplos
Esto se comprueba en cada una de las guerras en las que Estados Unidos intervino. Si, por ejemplo, tomamos la “conquista del Oeste”, lejos está de ser la épica que nos muestran las películas yankis. Como sabemos, los Estados Unidos se constituyen como tales a partir de 13 colonias, las famosas 13 colonias, del Este de los Estados Unidos. Esa unidad política y social se fue expandiendo hacia el Oeste. Fue una guerra de conquista donde, indudablemente, los pueblos indígenas libraron una guerra justa, ya que se defendían de la invasión y el exterminio. Hollywood nos muestra al idiota de John Wayne como hombre gallardo, matando “salvajes”. La Verdad Histórica es que la “conquista del Oeste”, tantas veces relatada en las películas de vaqueros, fue un gran pillaje y abuso de los pueblos preexistentes, para robarles sus tierras y recursos. Militarmente, no fue una guerra que los blancos hicieron nada más que contra los guerreros indígenas (hacia los que, por lo demás, tenían una gran superioridad en número y en la tecnología de las armas), como podría suponerse de acuerdo a las actuales reglas formales de la guerra (que establece qué es un crimen de guerra y qué no, y etc.), sino contra los pueblos aborígenes en su conjunto, a los que masacraron sistemáticamente. Niños, mujeres, ancianos, fueron asesinados en ejecuciones masivas y fueron empleadas todas las armas a disposición en aquellos tiempos, inclusive la transmisión intencional de enfermedades como la viruela, a la que propagaron con enseres contaminados. Los pueblos indígenas llevaron adelante una guerra de resistencia donde, cuando hubo treguas y pactos, éstos fueron sucesiva y sistemáticamente traicionados por los colonos.
Los últimos episodios de estas guerras en Norteamérica son quizá, por ser más cercanos, los más documentados, pero todo el proceso de expansión de la dominación del “hombre blanco” está sustentado en torturas, terrorismo, masacres y genocidio.
Como vergonzante epitafio de esas guerras contra los indígenas está la masacre de Wounded Knee, en diciembre de 1890, pocos días después de que fuera vilmente asesinado Toro Sentado, uno de los jefes sioux más legendarios (en 1973, ese mismo lugar sería tomado por un movimiento indígena y dos de sus integrantes serían asesinados por fuerzas federales y, por otra parte, el líder indígena Leonard Peltier es el preso político más antiguo de los EE.UU., llevando casi 40 años detenido). Aquí podemos notar cómo hasta en la sutileza lingüistica encontramos a la mentira infiltrada: en Wikipedia le llaman igual, masacre, a la “masacre de Wounded Knee” y a la “masacre de Fetterman”, cuando en un caso sí fue una masacre (Wounded Knee), donde los estadounidenses asesinaron en su mayoría a ancianos, niños y mujeres indefensos, mientras que en el otro (Fetterman) fue una batalla de los sioux contra el ejército de Estados Unidos, en la que éste fue completamente derrotado y los soldados, o sea, los combatientes, fueron todos asesinados. Los sioux no demostraron ninguna misericordia puesto que poco tiempo antes ese mismo ejército había hecho una terrible masacre en Sand Creek, ésta sí otra masacre que, además, tuvo gran repercusión pública en su momento. Esto expresaba el testimonio de un soldado que estuvo presente en Sand Creek: “Vi los cuerpos tendidos allí, cortados a trozos, con las peores mutilaciones que yo hubiese visto nunca. Las mujeres despedazadas a cuchillo, sus cráneos pelados, sus cerebros al aire. Gente de todas las edades muerta en el suelo, desde bebés hasta guerreros. ¿Que quiénes los mutilaron? Las tropas de los Estados Unidos”. Pero a dos situaciones completamente diferentes desde el punto de vista moral y militar se las llama igual, para ensuciar la memoria de los indígenas y así, sutilmente, dar a entender que son iguales que los criminales estadounidenses. Así envenenan la Historia, permanentemente, los relatores occidentales.
Todas las guerras que ha hecho Estados Unidos, como toda guerra imperialista, son guerras de conquista. México sabe muy bien eso: la mitad de su territorio fue robado por Estados Unidos. Los territorios de los actuales Estados de California, Nevada, Utah, parte de Wyoming, parte de Colorado, Arizona, Nuevo México, Texas, parte de Kansas y parte de Oklahoma, pertenecían a México antes de que los Estados Unidos desataran la guerra para robárselos.
Pero vayamos a una guerra de ultramar, como la Segunda Guerra Mundial. Según los cuentos para niños de Hollywood, la guerra contra los nazis se habría ganado gracias a la intervención de los Estados Unidos. Pero la Verdad Histórica es muy diferente. Si bien es cierto que en situaciones críticas el aporte de una mínima cantidad adicional puede incidir de manera rotunda en su resultado, y en este sentido no hubiera sido lo mismo si los Estados Unidos se abstenía o no de entrar, lo concreto es que la nación norteamericana siempre actuó sólo en favor de sus propios intereses, de manera oportunista y artera, como también lo hizo Europa Occidental, que ayudó a los nazis a hacerse fuertes para que actuaran principalmente como una fuerza anticomunista, en contra la de Unión Soviética. Así, Occidente toleró la anexión de Austria y Checoslovaquia por parte de Hitler, y abandonó a Polonia. Stalin había intentado repetidamente realizar acuerdos con Gran Bretaña y Francia para impedir el expansionismo nazi-fascista, pero fue repetidamente desdeñado. Ante la indiferencia y hostilidad hacia la Unión Soviética y la complicidad hacia Hitler por parte de las “civilizadas” Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos (muchos de cuyos bancos financiaron el ascenso de Hitler), es decir, ante la actitud hipócrita de estos países que, por otra parte, fueron los que impulsaron las guerras contra el naciente Estado Obrero apenas ocurrió la Revolución de Octubre, Stalin se vio obligado a pactar con Hitler sobre el territorio de Polonia, una Polonia que, por otra parte, antes también había rechazado los ofrecimientos de alianza del Kremlin, impidiendo así que la URSS pertrechara a ese país y, al mismo tiempo, pudiera usar de manera transitoria su territorio para adelantar el frente contra Alemania, ante la posibilidad cada vez más real de que Hitler quisiera invadir la URSS. Con el Pacto Molotov-Ribbentrop Stalin supuso que así de alguna manera inmovilizaba a Hitler, visto y considerando la falta de compromiso de Occidente contra Hitler y la hostilidad histórica contra un Estado soviético que en esos tiempos representaba los sueños revolucionarios de los desposeídos del mundo. Lo que el mundo aprendió por enésima vez es que los imperialistas siempre rompen los acuerdos: Hitler atacó a la URSS por sorpresa, traicionando el pacto realizado.
Una vez desatada la agresión contra Rusia, tal como lo relata The Saker en su instructivo artículo “Desmontando clichés populares sobre la guerra moderna”, “el Ejército Rojo acumula no menos del 80 % del total de las pérdidas alemanas (en efectivos y equipo) durante la guerra. Todos los demás, incluyendo los EE.UU. y el Reino Unido, compartieron el exiguo 20% o menos y se unieron a la guerra cuando Hitler estaba ya claramente derrotado. Algunos mencionarán los varios movimientos de resistencia los cuales resistieron a los nazis, a menudo heroicamente. Yo no niego su valor y contribución, pero es importante darse cuenta de que ningún movimiento de resistencia en Europa jamás derrotó a un solo Ejército alemán o División SS (10 a 15 mil hombres). En comparación, en Stalingrado sólo los alemanes perdieron 400.000 soldados, los rumanos 200.000, 130.000 los italianos y los húngaros 120.000 para una pérdida total de 850.000 soldados. En la batalla de Kursk los soviéticos derrotaron a 50 divisiones alemanas contando unos 900.000 soldados”.
Como podemos ver, el peso de la guerra contra Hitler en el teatro europeo, recayó casi completamente en la Unión Soviética.
Pero ignoremos por un momento el oportunismo y el arribismo del rastrero Occidente. Volvamos a los métodos. En este punto comprobaremos cómo la doctrina militar de los imperialistas es totalmente diferente de la doctrina militar de los que hacen una guerra justa, en contra de los opresores. Sea que tomemos a Japón cuando invadió China (ya desde algunos años antes de que se desatara la Segunda Guerra Mundial), sea que tomemos a los alemanes y los franquistas en la Guerra Civil Española, sea que tomemos a los alemanes, a los británicos, los franceses y los estadounidenses en la S.G.M., en todos los casos encontraremos ejemplos de masacres horrorosas, ejemplos que en realidad no respresentan excepciones, sino que constituyen los casos más emblemáticos, los más alevosos, de un modus operandi característico de eśtas aves de rapiña.
Como ejemplo de esto podemos citar la masacre de Nankín, en diciembre de 1937: el Ejército Imperial Japonés, luego de bombardear y tomar Shangai (donde los japoneses usaron gas tóxico), se dirigió a tomar la ciudad de Nakín, que en esos momentos era la capital de China. El “nacionalista” Chiang Kai-Shek (el cipayo al que Mao derrotaría años más tarde), en aquel momento líder de la China reunificada, post-monárquica, evaluó que había que salvar a las tropas de élite del ejército chino, por lo que ordenó que se retiraran de Nankín. La clase dominante china y Chian Kai-Shek, que rechazó la rendición de la ciudad ya prácticamente sitiada por el ejército imperial japonés, también abandonaron la ciudad (actitud muy “valiente” por cierto). Finalmente, la defensa de la ciudad fue derrotada y los japoneses la tomaron, desatando una de las mayores orgías de sangre registradas en la Historia, con ejecuciones de todo tipo, con violaciones en masa, con torturas y aberraciones increíbles... Las más inimaginables atrocidades que cualquier ser humano con un mínimo de integridad moral no podría tolerar, las cometieron las huestes imperiales japonesas en Nankín, sobre todos los habitantes sin excepción, atrocidades que por decoro no se describen pero que, no obstante, resulta necesario transmitir para poder tener cabal dimensión de la criminalidad total de esta gente.
Otro ejemplo es la masacre de Gernika, en abril de 1937, bombardeo ejecutado sobre ese pueblo del País Vasco por las fuerzas de Hitler, que intervinieron al servicio del dictador Francisco Franco en la Guerra Civil Española.
Otro ejemplo es la masacre de Tokio, en marzo de 1945, realizada por los norteamericanos, bombardeo que fue más mortífero que el de las bombas atómicas sobre Hiroshima o Nagasaki. En pocas horas murieron o desparecieron aproximadamente entre 100.000 y 300.000 personas, según la fuente que se tome. En este bombardeo los masacradores usaron toneladas de bombas incendiarias teniendo en cuenta que la mayoría de las construcciones de Tokio de aquella epoca eran de madera. Este tipo de bombardeo provocó “tormentas de fuego”, que fueron pavorosos vientos de aire incandescente, a altísima temperatura, que iban incinerando todo a su paso y que difundían el incendio por toda la ciudad. Este tipo de técnica homicida, y sobre la población civil, no sólo se empleó en Tokio, sino que se empleó en aproximadamente cien poblaciones de Japón, y se había aplicado tiempo antes contra ciudades alemanas, ocasionando centenares de miles de muertos civiles.
Y otro ejemplo es la masacre de Hamburgo, ejecutada entre el 24 de Julio y el 3 de Agosto de 1943. Stalin venía exigiendo a los británicos y yankis que abrieran un segundo frente en el Occidente de Europa para descomprimir la presión sobre la Unión Soviética, que estaba soportando todo el peso de la guerra contra Alemania. Los ingloriosos “aliados” (así les gustaba llamarse a los británicos y los yankis) no le ofrecieron la acción de unidades en tierra, donde intervienen combatientes que toman y aseguran un territorio enfrentando directamente a los combatientes del enemigo, y de esta manera comprometiendo fuerza viva del enemigo, que era lo que Stalin más necesitaba. No, lo que hicieron a cambio fue hostigar las ciudades con bombardeos aéreos, lo que en términos militares es mucha masacre de población civil pero que no ocasiona, en proporción al daño producido, grandes pérdidas para las fuerzas militares enemigas ni tampoco toma y aseguramiento de un territorio (para lo que son necesarias las “botas sobre el terreno”, la infantería). Es así como, en el marco de esa doctrina, se produce la masacre de Hamburgo, que fue una sucesión de oleadas de bombardeos de la Royal Air Force británica y la Air Force (USAAF) estadonidense sobre esa ciudad alemana (y más tarde también sobre otras). A partir de allí los anglosionistas fueron desarrollando la técnica de los bombardeos incendiarios, aplicada para masacrar en masa la población de numerosas ciudades. La reacción militar en el terreno por parte de “los aliados” recién se produciría casi un año más tarde, el 6 de Junio de 1944, en el famoso “día D” del desembarco en Normandía de tropas de EE.UU., Gran Bretaña y Canadá. Ya los rusos habían hecho el trabajo más duro y los oportunistas entonces entendieron que era su momento. Lejos quedaba en el pasado la retirada de cientos de miles de soldados británicos de esos mismos lugares, en 1940, cuando Hitler avanzó y en poco tiempo ocupó toda Francia. Ahora los alemanes estaban desangrados por los rusos, y además los rusos también, más allá de la dolorosa y valiosa experiencia adquirida, habían sufrido enormes pérdidas. El plan de Churchill y los yankis era que se desangren mutuamente Alemania y la U.R.S.S. Lo que menos querían era ayudar a Stalin a vencer.
Otra ciudad que sufrió ese tipo de agresión fue Dresde. La masacre de Dresdese realizó un mes antes de la masacre de Tokio, por la Fuerza Aérea Británica y la Fuerza Aérea Estadounidense. Esa ciudad alemana a orillas del río Elba, famosa por sus construcciones de la Edad Media y por ser un centro de la cultura europea a la que llamaban “la Florencia del Elba”, en el momento en que fue bombardea no representaba ningún valor desde el punto de vista militar, sino que además estaba atestada de refugiados que provenían del frente de guerra. Los bombardeos comenzaron el 13 de febrero y se extendieron en sucesivas oleadas hasta el 15. La cifra de víctimas, como en las demás masacres, no se sabe con precisión, sino que son estimaciones que varían mucho según la fuente. Las fuentes anglosionistas, perpetradoras de estas masacres, indudablemente que las minimizarán, a la vez que maximizarán, con su deshonestidad característica a los fines de hacer su propaganda política, las cifras de las masacres de judíos dentro de lo que son las masacres de los nazis, que además de los judíos, ejecutaron o dejaron morir a millones de prisioneros rusos, yugoslavos, gitanos, comunistas, etc.
De las masacres de los nazis, las que más se conocen son las que perpetraron contra los judíos, pero los alemanes realizaron innumerables masacres contra todo tipo de oponentes o de personas para ellos indeseables. Por eso las cifras de caídos en la Gran Guerra Patria en la Unión Soviética son tan altas, de las cuales, aproximadamente, sólo aproximadamente una cuarta parte de esas víctimas fueron soldados caídos en combate. El resto fueron civiles o fueron soldados tomados prisioneros y ejecutados de diversas maneras (recluídos en campos de concentración y dejados morir por inanición o ejecutados sumariamente con diversos medios). Según Ecured, “de los 5,7 millones de soldados y oficiales hechos prisioneros por los nazis, 3,3 millones murieron de hambre, frío y torturas. En el territorio de la URSS, como resultado de los bombardeos, combates y crueles condiciones del régimen de ocupación fallecieron o fueron exterminados 11 millones 520 mil personas. Fueron llevados a Alemania, para realizar trabajos forzosos, 5,3 millones de personas, de los que regresaron a la URSS 2,6 millones; murieron a causa del mal trato y difíciles condiciones de vida cerca de 2,2 millones y se convirtieron en emigrados unos 450 mil de los ex ciudadanos soviéticos”. La alta cantidad de víctimas civiles o víctimas por fuera de situación de combate demuestra claramente la doctrina militar genocida y exterminadora del Ejército hitleriano.
Y aquí no profundizamos en el detalle de los eventos de experimentación con seres humanos que es típico de los nazifascistas, en su concepción racista y supremacista del Hombre, donde se pretende que unos hombres tienen más valor que otros, y donde se desprecia completamente la vida humana. Tanto Alemania, como Japón, como Estados Unidos, como Gran Bretaña, entre otras naciones imperialistas, han llevado adelante atroces experimentos con seres humanos.
Tampoco nos adentramos en el desempeño militar de los colonialistas en África, continente donde quizá no haya tanta documentación sobre masacres y genocidios, pero que, sin duda, se produjeron en gran magnitud.
Tampoco describimos las prácticas del régimen racista de Israel, que además de haber realizado todas las maldades imaginables contra el pueblo palestino, es un régimen que se especializa en la formación de mercenarios y la articulación de estrategias de dominio totalitario sobre poblaciones o comunidades de todo tipo a lo largo y a lo ancho del mundo.
En las guerras de Corea, de Indochina (Vietnam), de Centroamérica, de Argelia, y etc., encontraremos el sello característico de la forma de hacer la guerra por parte del Imperio: masacres y abusos inenarrables sobre personas indefensas. Su doctrina militar carece de todo honor y es nada más que pillaje y cobarde abuso de la fuerza, porque esa y no otra es la naturaleza moral del imperialismo.
¿Y los rusos?
Por contraste, si revisamos la doctrina militar de las fuerzas antimperialistas, repararemos en que sus ejércitos han librado la guerra de otra manera. El Ejército Rojo en la Gran Guerra Patria jamás tuvo el objetivo de provocar víctimas civiles, sino que su estrategia estuvo siempre guiada por el objetivo de vencer a los combatientes enemigos, no de golpear a los pueblos. No encontraremos casos de masacres como las de Nankín, Tokio, Dresde o Hamburgo. No encontraremos ese modus operandi como parte de la doctrina, como sí sucede en Occidente o en Japón (que hoy es un Estado vasallo). Si eventualmente se produjeran abusos, éstos resultarían en una excepción, y como parte del compartamiento táctico, no como parte de la planificación del Estado Mayor. Lo mismo podemos decir de las fuerzas de Ejército Popular de Corea, o de China, o de las fuerza del Vietcong, o de las fuerzas militares de Irán, o de Cuba. Son fuerzas militares libertadoras, no fuerzas opresoras.
En momentos en que el mundo se ve cada vez más conmocionado por las publicitadas masacres del EIIL (Daesh, en árabe) y de otras formaciones militares organizadas y alentadas por Occidente, comprender la naturaleza íntima y profunda del poder imperialista no sólo nos hará tomar conciencia de quienes son los merecidos enemigos de la Humanidad toda, sino también adelantarnos a sus acciones y poder “leer” por debajo de la histeria informativa de los “prestitutes”, qué es lo que realmente está pasando en el terreno.
Mao Tsé-Tung decía que “todos los reaccionarios son tigres de papel”. Y tenía toda la razón. El imperialismo es un tigre de papel, y mientras más lo conozcamos más nos convenceremos de esta verdad.
La doctrina militar cobarde de la masacre y el terrorismo sigue aplicándose hoy en día, pero con las formas modernas y las tecnologías modernas. Pero eso ya será motivo de un próximo artículo...
Agosto: aniversario de las bombas atómicas en Japón, aún sin disculpas
Todos los imperios impongan a los dominados su cultura, su modo de vida, su cosmovisión, porque los expolien económicamente, porque los degraden en términos humanos.
Son detestables, además, porque basan su dominio en la fuerza bruta. En ese sentido ningún imperio se diferencia de otro. Su mensaje es violento, y la violencia engendra más violencia: círculo vicioso del que es muy difícil salir.
¿Es Estados Unidos más malvado que el Imperio Romano? ¿O que la Confederación Inca en su expansión por medio continente sudamericano? ¿Quiénes fueron más despiadados: el católico reino de España en su conquista de América o las hordas de Gengis Khan en Asia Central? En definitiva, ¿no estaban alentados por similar ansia de poder los faraones egipcios que la "raza superior" de los nazis? Entramos al tercer milenio de ¿civilización? y la fuerza bruta sigue siendo la que marca la diferencia entre los pueblos. En ese sentido: ¡el tamaño sí importa! Continúa imponiendo las condiciones, igual que en la época de las cavernas, el que detenta el garrote más grande. Lo patético es que hoy ese garrote se llama energía nuclear, y con eso estamos eternamente ante un barril de pólvora, siempre listos para la catástrofe atómica que puede extinguir a la Humanidad en su conjunto y toda forma de vida sobre la faz del planeta.
La diferencia con el imperio actual radica únicamente –lo cual no es poco– en las características de su poderío. El poder destructivo que acumuló la sociedad estadounidense no tiene parangón en la historia. Como todo imperio seguramente también caerá. Pero por ahora, aunque va perdiendo el dinamismo de décadas pasadas, no. Al contrario, como gigante malherido, está dispuesto a tornarse cada vez más violento, a defender cada vez en forma más brutal sus privilegios. Por lo pronto, su capacidad bélica es desmedida: la mitad de los gastos militares del mundo se hacen ahí. Un 25% de su economía está dedicada a la industria de guerra, y si bien terminó formalmente la Guerra Fría, la agresividad belicista no termina.
Para dejar en claro que no cederían un milímetro en su creciente dominio planetario, la dirigencia de este país hizo algo que ninguna otra sociedad se ha atrevido a hacer hasta ahora: usar armas nucleares contra población civil no combatiente.
Llenándose la boca con altisonantes palabras como "democracia", "libertad", "derechos humanos", su agresividad no tiene comparación. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial son, sin ningún lugar a dudas, la super potencia capitalista; en modo alguno era necesaria la carnicería de Hiroshima y Nagasaki para evidenciar su poder. Pero el poder es así: impune.
Vencida ya la Alemania nazi y a punto de capitular el gobierno de Japón, la suerte de esa gran contienda que enfrentó prácticamente a toda la humanidad ya estaba sellada para agosto de 1945. Arrojar armamento nuclear no cambiaba en nada la resolución militar. Fue, en todo caso, una amenaza. Tal como hoy día lo es, en buena medida, la hiper militarización del mundo. La paz no se construye de esa manera: los misiles nucleares de Corea del Norte son "malos". ¿Los de Washington son "buenos"?
"Aquí mandamos nosotros, y eso no se discute". Ese, solo ese, fue el mensaje que enviaron las dos explosiones atómicas. Una advertencia al mundo: a las otras potencias capitalistas, y al incipiente campo socialista.
Pero el mundo ya no es el mismo. Hoy día Estados Unidos no tiene el monopolio nuclear. El mundo cambia, y aunque el campo socialista ha sufrido últimamente duros reveses, la reacción de las grandes masas humanas que siguen viviendo con penurias no ha terminado. La historia la escriben los que ganan; en este caso, sobre los hongos nucleares que costaron miles de vidas. Pero la historia no ha terminado.
¿Pedirán perdón alguna vez los dirigentes estadounidenses por esa inmoral masacre cometida en Japón en 1945? Es lo mínimo que se podría esperar de un país civilizado.
sábado, 4 de junio de 2016
Snowden: EEUU espía masivamente a los japoneses
El activista antiespionaje Edward Snowden asegura que los ciudadanos de Japón son objeto de vigilancia masiva por parte de los servicios de Inteligencia estadounidenses.
“Conocen su religión, a quién aman, quiénes les importan (…) Eso fue nuestro trabajo para establecer el patrón de la vida de los individuos”, ha advertido este sábado Snowden, excontratista la Agencia Central de Inteligencia (CIA, en inglés).
El que fuera empleado de la Agencia de Seguridad Nacional de EE.UU. (NSA, en inglés) ha hecho estas declaraciones a través de videoconferencia durante un simposio sobre la vigilancia en la sociedad contemporánea celebrado en Tokio, capital japonesa.
“Conocen su religión, a quién aman, quiénes les importan (…) Eso fue nuestro trabajo para establecer el patrón de la vida de los individuos”, dice Edward Snowden excontratista la Agencia Central de Inteligencia (CIA, en inglés).
Snowden vivió en Japón entre 2009 y 2011, cuando fue contratado por la NSA para que enseñara a los militares estadounidenses de la base aérea de Yokota, cerca de Tokio, a proteger sus redes de computadoras de ataques de piratas electrónicos.
Tal y como informa el diario local Japan Times, toda la información que los ciudadanos japoneses introducen a través de sus celulares o computadoras, según Snowden, puede ser legalmente espiada por los servicios de Inteligencia de EE.UU. para su análisis.
Para este activista, el mayor problema a la hora de combatir el espionaje en Japón reside en el hecho de que los ciudadanos no se involucran en cuestiones relativas a su privacidad y el control ciudadano sobre el Estado es muy débil.
Un buen ejemplo de una amenaza para la sociedad japonesa es la controvertidaLey de Secretos de Estado promulgada en 2013, que es “fundamentalmente peligrosa para la democracia del país”, de acuerdo con el activista antiespionaje.
Desde el 6 de junio de 2013, fecha en que fue publicada la primera parte de los documentos de Snowden sobre el programa masivo de vigilancia de EE.UU., se han filtrado con frecuencia datos que confirman el escándalo del Gobierno de Washington.
El primer ministro de Japón, Shinzo Abe, pidió el año pasado a EE.UU. que investigue el presunto espionaje de los servicios de Inteligencia norteamericanos a funcionarios y empresas de Japón.
martes, 1 de septiembre de 2015
2-Septiembre-1945: Rendición del Eje
A las 9:30 horas de la mañana del 2 de Septiembre de 1945, comenzó la ceremonia de rendición del Eje en la Bahía de Tokyo a bordo del acorazado USS Missouri, escoltado por decenas de barcos de guerra aliados....
Seis años de combates sin cesar, destrucción y muerte era el legado que hasta Agosto de 1945 había dejado la Segunda Guerra Mundial en la Humanidad. Tras las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, Japón y los restantes países del Eje comprendieron que había llegado el momento de capitular ante los Aliados. Empezar aquella guerra en 1939 fue algo complejo, lo mismo que iba a ser cerrarla aquel 1945. Los encargados de tan ardua tarea encontrarían las mismas dificultades para ganar la paz , ya que tendrían que sortear todavía cuantiosos obstáculos, muchos de manera violenta, antes de que vencedores y vencidos hicieran enmudecer las armas.
Antecedentes
1945 fue sin duda el año más negro para el Eje. Alemania se había rendido tras el suicidio de Adolf Hitler el 30 de Abril de 1945 y la capitulación oficial en Reims el 8 de Mayo. Simultáneamente desaparecieron aquella primavera Hungría, Eslovaquia y la Italia Fascista de la República de Saló, mientras que Croacia, Montenegro y Eslovenia aguantaron casi hasta Junio, aunque al final también resultaron neutralizadas. Sin aliados en Europa, Japón se quedó en solitario en Asia. Su única salida hubiera sido aceptar la propuesta de rendición en la Conferéncia de Postdam que tendieron los Aliados a Tokyo en Julio, pero el país decidió continuar sólo la guerra contra el resto del mundo.
Japón estaba al borde del colapso en Agosto de 1945. Dos bombas atómicas habían sido lanzadas sobre Hiroshima el día 6 y sobre Nagasaki el día 9, saldándose con la destrucción casi total de ambas ciudades y con miles de muertos al instante. Coincidiendo con aquella tragedia, la Unión Soviética de Iósif Stalin, invadió en una ofensiva general llamada “Operación Tormenta de Agosto” los últimos dominios japoneses que comprendían el Estado títere de Manchukuo, Mongolia Interior, Sajalín y las Islas Kuriles. Tanto las dos bombas atómicas como el miedo al comunismo en cuanto se supo acerca de la agresión soviética sobre Manchuria, los japoneses por fin comprendieron que rendirse era la mejor opción si no querían ver la extinción de su país.
Vista desoladora de Hiroshima días después de la explosión de la bomba atómica.
Exactamente el mismo día en que hizo explosión la segunda bomba atómica sobre Nagasaki el 9 de Agosto, se convocó una reunión de urgencia en Tokyo con el objetivo de evaluar la situación tan crítica por la que estaba pasando el país. El propio Emperador Hiro-Hito dirigió la mesa, estando presentes el jefe del Consejo Privado Kiichiro Hinamura, el Primer Ministro Kantaro Suzuki, el Ministro de Asuntos Exteriores Mamoru Shigemitsu, el Ministro de la Guerra Koreichika Anami, el jefe del Estado Mayor del Ejército Yoshiyiro Umezu y el Ministro de Marina Mitsumasa Yonai, entre otros representantes importantes de la política. Durante la cita los debates fueron tensos, acalorados y cada uno echó la culpa al contrario por la situación en la que se encontraban. Sólo hubo una breve interrupción cuando unos aviones cuatrimotores B-29 norteamericanos bombardearon Tokyo al atardecer, luego continuaron con la discusión, unos proponiendo una paz inmediata y otros a favor de continuar con la guerra a la espera de una batalla milagrosa que modificase la balanza. El único que permaneció callado fue Hiro-Hito, un Emperador que siempre había estado en contra de aquella guerra. Por fin Hiro-Hito tuvo la oportunidad de hablar a las 2:00 de la madrugada, cuando sin nadie esperárselo en un acto de valentía les hizo sentarse a todos y escuchar las siguientes palabras: La terminación de la guerra es el único camino para restaurar la paz mundial y evitarle a la nación el terrible dolor que la aflige. Me siento triste cuando pienso en el pueblo que me ha servido tan fielmente, en los soldados y marinos que han muerto o que están heridos en lugares lejanos, en las familias que han perdido sus bienes materiales y, a menudo, también sus vidas (…). No es preciso que recalque que me resulta lacerante ver desarmados a los bravos y leales soldados japoneses. Igualmente, me resulta doloroso que otros muchos, que me han servido con toda lealtad, sean ahora castigados como promotores de la guerra. Pero es el momento de soportar lo insufrible…. En cuanto acabó el discurso, el silencio que se hizo en la sala fue sepulcral, momento en que aprovechó para salir y dejar a los militares y políticos en soledad. Todos tuvieron que acatar las palabras del Emperador sin pestañear.
Negociaciones
Hiro-Hito tenía toda la razón, Japón no podía sobrevivir a aquella catástrofe. Habían muerto hasta ese momento más 2 millones y medio de japoneses, 200.000 de ellos enfermos de radiacción por las bombas atómicas. Materialmente habían sido destruidos 2.100.000 edificios o viviendas y arrasado el 40% de la superfície urbana. Por si fuera poco la capacidad industrial se había reducido a un 30%, la producción eléctrica a un 30%, la obtención de petróleo un a 58% y había sido hundida el 80% de la marina mercante.
Al amanecer del día siguiente, 10 de Agosto, el Primer Ministro Suzuki comunicó a todos los miembros del Gobierno la intención de rendir el país y aceptar las cláusulas que habían impuesto a Japón los Aliados en la Conferéncia de Postdam, celebrada en Julio de 1945, que incluían la retirada militar de los territorios invadidos, la ocupación aliada de determinados puntos en Japón y la entrega de los criminales de guerra, entre otras cosas. Lo único que no aceptarían los japoneses fue a que el Emperador fuese expulsado del trono, algo en lo que recalcó Suzuki cuando a las 7:00 horas de la mañana envió las notificaciones de rendición a los embajadores nipones en Suecia y Suiza, desde donde fueron entregadas a los representantes de Estados Unidos, Gran Bretaña, China y la Unión Soviética.
Tanques soviéticos T-34 invadiendo Manchuria. Por conquistar el máximo terreno japonés posible, la URSS puso obstáculos a los Aliados a la hora de rendirse Japón.
Difícil fue ponerse de acuerdo entre los mismos Aliados a la hora de aceptar la rendición japonesa. Aunque muchos militares estadounidenses, incluyendo el Presidente Harry Truman, deseaban ver sentado en el banquillo de un tribunal a Hiro-Hito, finalmente prevaleció la idea del jefe del Estado Mayor George Marshall sobre el respeto a la figura del Emperador, ya que castigarle podría derivar en una revolución social una vez las tropas americanas ocupasen el territorio. China no puso ningún impedimento y Gran Bretaña sólo hizo un cambio de matiz. La Unión Soviética fue quién expresó más inconvenientes, ya que el Ministro de Asuntos Exteriores Vyacheslav Molotov quería unas condiciones mucho más duras para Japón, algo lógico, ya que Stalin deseaba ganar tiempo suficiente para que el Ejército Rojo ocupase el máximo territorio nipón posible. El embajador americano en Moscú, Averrell Harriman, se negó a aceptar la visión de Molotov, por lo que ambos mantuvieron una discusión muy tensa y violenta que terminó con una amenaza del estadounidense, advirtiendo de que si la URSS no se sumaba al planteamiento aliado, tendría que pedir con Japón una paz por separado. Finalmente fue el propio Stalin quién hizo entrar en razón a su Minsitro de Asuntos Exteriores para que firmase la rendición japonesa, algo que al final tuvo que hacer. Solucionados todos los obstáculos entre los Aliados, la medianoche del 11 al 12 de Agosto, Japón recibió la respuesta positiva de estadounidenses, británicos, chinos y rusos.
Confusión
A partir del 12 de Agosto, el Primer Ministro Suzuki dió a conocer a todos los altos mandos de las fuerzas armadas la paz que estaba a punto de firmarse. Lo que sucedió en las horas siguientes fue un desorden de obsoluto desconcierto y confusión, ya que muchos militares se amotinaron negándose a acatar la capitulación, otros optaron por el suicidio masivo y los que menos se convirtieron en kamikazes a título personas que intentaron sin éxito estrellarse contra los barcos americanos. Incluso se empezó a preparar un ataque kamikaze con 5.000 voluntarios que no se llevó a cabo.
Como la tardanza estaba empezando a impacientar a los Aliados, los aviones estadounidenses a modo de represalia continuaron bombardeando las ciudades japonesas sin piedad. Mientras tanto, otros muchos lanzaron casi 16 millones de octavillas sobre 47 ciudades japonesas, advirtiendo de la posibilidad de que fuese lanzada una tercera bomba atómica. Ciertamente algunos americanos propusieron acelerar la rendición con un bombardeo demoledor que arrasase completamente Tokyo mediante 1.100 fortalezas volantes B-29 cargadas con 7.000 toneladas de fósforo y napalm, algo a lo que el jefe de Estado Mayor de la Marina, Ernst King, se negó en rotundo al parecerle una salvajada innecesaria. A pesar de todo, el 13 de Agosto, una última formación de B-29 lanzaron sus bombas sobre Tokyo, matando a cuantiosos civiles.
Aviones norteamericanos B-29 “Superfortress”. Todavía a mitad de Agosto de 1945 siguieron bombardeando Japón para acelerar los trámites de la rendición.
Queriendo evitar que muriesen más personas inocentes, el Emperador Hiro-Hito convocó al Consejo a las 11:00 horas de la mañana del 14 de Agosto, con la intención de presionar a los gobernantes a que agilizasen los trámites de la paz. Por primera vez hizo algo que asombró a todos, llorar en público, tristeza propiciada por ver el sufrimiento al que estaba sometido su país. Harto de largas esperas, instó a los militares que se negaban a rendirse a obedecer y aceptar como todos su parte de culpa en la tragedia. Sus palabras fueron: No puedo soportar que mi pueblo sufra todavía más. Deseo que acepten de inmediato el documento aliado. Ordeno que dispongan ya un edicto imperial que yo mismo leeré por radio. Incluso, si los Ministros de Defensa y Marina me lo pidieran, me trasladaré a dónde sea necesario y hablaré directamente a las tropas… No me importa lo que me pueda ocurrir, pero sí me preocupa cómo podré justificarme ante los espíritus de mis antepasados si, tras un derroche de vidas humanas, la nación queda reducida a cenizas (…). Para
terminar, les pido a todos y a cada uno de ustedes que se esfuercen para que podamos enfrentarnos a los difíciles días que se avecinan. Sin poner ninguna opinión contraria, la reunión se cerró y todos marcharon con vergüenza y humillación. Acerca del edicto imperial al que Hiro-Hito se refirió en su discurso, fue grabado en secreto aquella noche del 14 de Agosto, aunque el disco le fue entregado a la Emperatriz Kuni Nagako que lo ocultó en sus aposentos por si algún militarista radical intentaba robarlo.
Golpe de Estado
A pesar de la insistencia del Emperador, muchos fueron los que no quisieron aceptar la derrota del Imperio del Sol, por lo que se perpetró un golpe de Estado que impidiese tal deshonra. Los artífices fueron el teniente coronel Masahiko Takeshita, junto con los generales Kenyi Hatanake y Hidemasa Koga, una triple conspiración en la que dispusieron de algunas tropas de la Guardia Imperial y milicias civiles de jóvenes muy radicales previamente armados.
Kenyi Hatanaka, autor del golpe de Estado en Tokyo el 14 de Agosto de 1945 que terminó en un inútil baño de sangre innecesario.
Su objetivo era la cinta que había grabado el Emperador para evitar que se emitiese, por lo que se dirigieron al mismo Palacio Imperial, donde previamente Hiro-Hito se había ocultado en un refugio antiaéreo blindado, acompañado por dos ayudantes de cámara y algunos militares leales. Al llegar los sublevados, irrumpieron violentamente matando a los guardias que se les opusieron y cortaron los teléfonos. Cuando dos de los golpistas, Kenji Hatanaka y Shigetaro Uehara, entraron en la sala del anciano general Takeshi Mori, jefe de la 1ª División de Guardias Imperiales “Konoye”, éste se negó a unirse a su causa; enfurecido por la respuesta Uehara desenvainó su sable katana y rajó en el pecho a Mori, justo en el momento en que Hatanaka se puso nervioso a disparar en todas direcciones, por lo que Uherara erró de nuevo y sin querer decapitó al general, salpicando sangre por todas las paredes y la mesa. Tras aquel macabro acto, los rebeldes buscaron el disco, amenazando a los empleados que se encontraban a su paso y destrozando las instalaciones, pero la grabación no apareció. Algunos se acercaron al refugio antiaéreo con la esperanza de preguntar al mismo Emperador, pero al ver a los Guardias Imperiales que custodiaban el búnker, decidieron marcharse.
Incapaces de encontrar la cinta en el Palacio Imperial, pusieron rumbo a la sede de la Radio Nacional Japonesa con la esperanza de encontrarla allí. La radio fue fácilmente tomada, pero tampoco estaba el disco, ni siquiera pudieron utilizar la emisora porque los técnicos la boicotearon previamente. El golpe de Estado había fracasado.
Sobre las 5:00 horas de la mañana, cuando el Palacio Imperial fue asegurado, Hiro-Hito retomó el control de la situación. Inmediatamente ordenó a las fuerzas armadas que aplastasen a los sublevados, por lo que rápidamente se movilizaron los militares leales al Emperador.
No hizo falta la violencia, ya que los culpables optaron por suicidarse. El teniente coronel Masahiko Takeshita se ocultó en casa de su cuñado, el Ministro de la Guerra Koreichika Anami, quién tras beber un vaso de sake se ofreció a matarlo, promesa que cumplió cortándole la cabeza en un ritual de harakiri mientras se rajaba el vientre. Por otro lado Kenyi Hatanake se pegó un tiro y Hidemasa Koga también se hizo el harakiri, aunque murió desangrado en solitario.
Todavía hubo un último acto de desobediencia militar al amanecer del día 15. El protagonista fue el capitán de vuelo Takeo Tagata, fundador de los kamikazes, que ordenó a 22 de sus alumnos a tomar sus aviones y a estrellarse contra los barcos aliados con la esperanza de que Washington rompiesen la tregua y continuase la guerra. Sin embargo no pudo llevar el plan a cabo porque los mecánicos boicotearon los aviones justo antes de desertar, lo que impidió tal acción. Tagata acabó también suicidándose.
Mensaje del 15 de Agosto
A las 16:00 horas de la tarde del 15 de Agosto de 1945, la Radio Nacional Japonesa emitió el mensaje del Emperador Hiro-Hito a toda la nación. Todos los ciudadanos emocionados, en posición firmes o de rodillas siguieron el discurso que fue el siguiente:
Emperador Hiro-Hito.
Yo, el Emperador, después de reflexionar profundamente sobre la situación mundial y el estado actual del Imperio Japonés, he decidido adoptar como solución a la presente situación el recurso a una medida extraordinaria. Con la intención de comunicároslo me dirijo a vosotros, mis buenos y leales súbditos.
He ordenado al Gobierno del Imperio que comunique a los países de EEUU, Gran Bretaña, China y Rusia la aceptación de su Declaración Conjunta.
Ahora bien, conseguir la paz y el bienestar de los súbditos japoneses y disfrutar de la mutua prosperidad y felicidad con todas las naciones ha sido la solemne obligación que me legaron, como modelo a seguir, los antepasados imperiales y de la cual no he pretendido apartarme, llevándola siempre presente en mi corazón.
Por consiguiente, aunque en un principio se declarase la guerra a los dos países de EE.UU. y Gran Bretaña, la verdadera razón fue el sincero deseo de asegurar la autoconservación del Imperio y la seguridad de Asia Oriental, no siendo en ningún caso mi intención, el interferir en la soberanía de otras naciones ni la invasión expansiva de otros territorios.
Sin embargo, la guerra tiene ya cuatro años de duración. Y a pesar de que los generales y soldados del ejército de tierra y marina han luchado en cada lugar valientemente, los funcionarios han trabajado en sus puestos realizando todos los esfuerzos posibles y todos los habitantes han servido con devota dedicación, poniendo cuanto estaba en sus manos; la trayectoria de la guerra no ha evolucionado necesariamente en beneficio de Japón y la situación internacional tampoco nos ha sido ventajosa. Además, el enemigo ha comenzado a utilizar una nueva y terrorífica arma, cuyo poder destructor es incalculable, y que causa sus víctimas entre la población inocente. Si continuásemos luchando, el resultado no sólo consistiría en la destrucción y aniquilación del pueblo japonés, sino que también conduciría a la extinción de la civilización humana (…).Y si esto fuese así, cómo podría proteger a mis súbditos, mis hijos, y cómo podría solicitar el perdón ante los sagrados espíritus de mis antepasados imperiales. Esta es la razón por la que he obligado al Gobierno del Imperio aceptar la Declaración Conjunta de las Potencias.
Me siento obligado a manifestar mi más profundo sentimiento de pesar con las naciones aliadas que han colaborado permanentemente junto con el Imperio Japonés para la emancipación de Asia Oriental. Asimismo, pensar en aquellos de mis súbditos que han muerto en el campo de batalla, así como en aquellos que dieron su vida ocupando sus puestos de trabajo, cumpliendo con su deber, o aquellos que fueron víctimas de una muerte desafortunada y en sus familias destrozadas es un sufrimiento presente en mi corazón noche y día. Del mismo modo, el bienestar de los heridos y de las víctimas de la guerra, de aquellos que han perdido sus hogares y sus medios de vida constituye el objeto de mi más honda preocupación.
Soy consciente de que los sacrificios y sufrimientos que tendrá que soportar el Imperio a partir de ahora son, sin duda, de una magnitud indescriptible. Y comprendo bien el sentimiento de mortificación de todos vosotros, mis súbditos. Sin embargo, en consonancia con los dictados del tiempo y el destino quiero, aún soportando lo insoportable y padeciendo lo insufrible, abrir un camino hacia la paz duradera para todas las generaciones futuras.
Confirmo vuestra lealtad al defender la estructura del Imperio y me siento unido a vosotros, mis buenos y leales súbditos. Por eso, os exijo que evitéis cualquier explosión de emociones que pueda desencadenar complicaciones innecesarias, o enfrentamientos que pudieran desuniros, causando desorden y conduciéndoos por un camino equivocado que haría al mundo perder la confianza en vosotros.
Continuad adelante como una sóla familia, de generación en generación, confiando firmemente en la inmortalidad del Japón divino, conscientes del peso de las responsabilidades y del largo camino que os queda por delante. Dedicad todos vuestros esfuerzos para la construcción del futuro. Manteneos fieles a una firme moral, seguros de vuestro propósito, y trabajad duro aprovechando al máximo vuestras virtudes sin retrasaros de la línea de progreso del mundo.
Poned en práctica, según lo he dicho, mi voluntad.
Nada más concluir el discurso, millones de personas fueron las ques e echaron a llorar, destrozadas, agotadas y psicológicamente abatidas. Japón en más de 2.000 años de Historia había perdido su primera guerra.
Últimos combates y Kamikazes
Innumerables suicidios se produjeron por todo Japón en cuanto se escucharon las palabras de Hiro-Hito al informar de que Japón había sido vencido. Uno de los altos mandos en quitarse la vida fue el almirante Takihiro Onishi, aunque hubo muchos más. Por ejemplo un grupo de oficiales heridos se presentó ante el Palacio Imperial y con bombas de mano se autoinmolaron. Tampoco faltaron los casos de aquellos que se pegaron un tiro o buscaron distintas maneras de morir. Otros más radicales subieron a aviones y fueron a lanzarse como kamikazes contra la Flota Estadounidense anclada en Okinawa, aunque sin éxito. Algunos prefirieron directamente tomar altura con sus aviones y luego estamparse contra el mar en picado. Quién encontró una muerte todavía más honrosa fue un piloto de caza Nakajima Ki 43 Hayabusha que retó en vuelo a un caza estadounidense P-61 Black Widow, aunque salió perdiendo en el combate y acabó muerto.
Uno de los sucesos más trágicos ocurrió cuando 10 estudiantes comenzaron a hacer una marcha militarista por las calles de Tokyo cantando himnos patrióticos, chicos a los que rápidamente se les unió una multitud de miles de personas. Tras vagar por la ciudad, ascendieron al Monte Atago, en donde supieron que fuerzas de la policía se dirigían a disolverles la manifestación. Antes de que eso ocurriera, cantaron el himno nacional, el Kimigayo y expresaron tres “¡Banzai!” en honor al Emperador. Por último sacaron unas granadas, tiraron de la anilla y se inmolaron.
Uno de los últimos kamikazes con su espada katana a bordo del caza Zero. Arte de una de las portadas de la película japonesa El último kamikaze.
Numerosos japoneses no se enteraron de la capitulación por diversos motivos, por eso durante muchos días los B-29 estuvieron lanzando millones de octavillas informativas sobre Japón. A pesar de todo, no todas las dotaciones de artillería antiaérea conocían que se había proclamado el fin de la guerra. En una ocasión, uno de estos cañones antiaéreos emplazado en Hokkaido derribó a un B-29 y mató a toda la tripulación.
Curiosamente muchos militares estadounidenses que operaban en el Pacífico tampoco supieron acerca de la rendición japonesa. Eso fue lo que le sucedió al 315º Escuadrón de Bombarderos con base en Guam, que con una formación de 143 aviones B-29 atacaron Japón accidentalmente, bombardeando la refinería de petróleo japonesa de Tsuchizaki, la cual fue destruida al completo.
El último combate aéreo registrado tuvo lugar la noche del 15 al 16 de Agosto de 1945. Lo protagonizó el piloto Solie Salomón a bordo de un caza nocturno P-61 Black Widow llamado “Lady Dark”, el cual había despegado a las 21:10 desde la Isla de Ie Shima con el operador de radio John Scheerer y el artillero de cola James Skiles. Cuando volaba a 1.400 metros de altitud se encontró con un caza japonés Nakajima Ki 44 Shoki, por lo que el P-61 Black Widow se situó en la parte trasera a 250 metros para interceptarlo. El piloto japonés en cuanto descubrió que le estaban siguiendo se pudo nervioso, así que haciendo maniobras de evasión lanzó bandas de aluminio para despistar el radar del avión americano. No fue eso lo que distrajo al estadounidense, ya que la ventanilla en donde se sentaba Solie Salomón se rompió y tuvo que perder tiempo en cerrarla hasta cuatro veces. Cuando de nuevo se dispuso a perseguir al Nakajima Ki 44 Shoki, el avión japonés en un intento por huír se estrelló contra una montaña y se destruyó en mil pedazos.
Guarniciones de Asia-Pacífico
Muy complicado iba a ser rendir las guarniciones dispersas por todo el Imperio Japonés que incluían Asia Oriental y el Océano Pacífico. Temiendo que muchos militares no creyesen que la capitulación era cierta, Hiro-Hito envió a tres delegados de la Casa Real para que verificasen que aquello era cierto. Se trataron de los Príncipes Tsuneyoshi Takeda, Yasuhiko Asaka y Kotohito Kanin.
Indonesia, también conocida como las Indias Orientales Holandesas, fueron el primer territorio en dar el paso a la rendición, aunque el proceso fue de una forma muy poco común. Simplemente el general japonés Maeda Tadashi, se sumó a la Declaración de Independencia de Indonesia el 17 de Agosto de 1945 en Jakarta, que convirtió a Ahmed Sukarno en Presidente de la República. Indonesia en seguida, queriendo independizarse de Holanda, país miembro de los Aliados, inició una guerra contra holandeses y británicos por su cuenta, de hecho, muchos de los rebeldes indonesios fueron previamente armados por los japoneses y entrenados. De esa manera Tokyo se quitó todas las responsabilidades a la hora de rendirse en Indonesia; simplemente los militares en Java, Sumatra, Bali o las Islas Célebres, tuvieron que esperar a las fuerzas aliadas que debían combatir a los indonesios, para a continuación ser evacuados a su patria.
Minisubmarinos japoneses “Kaiten” parcialmente destruidos en una base antes de ser entregados a los norteamericanos. Al fondo pueden verse sobresalir las torres de los acorazados, ya inservibles. Agosto de 1945.
Filipinas empezó los trámites de rendición el 19 de Agosto, cuando 16 de los resistentes que aún aguantaban en los últimos frentes del archipiélago, liderados por el general Toshiro Kawabe, se presentaron ante los mandos estadounidenses en Manila encabezados por el general Richard Sutherland. Fueron tratados muy cordialmente y alojados en un hotel con todos los lujos. Todo parecía ir bien, entonces, justo en el momento en que Kawabe se dispuso a poner su firma en el papel, repentimente se levantó furioso y gritó “¡basta!”. Los sorprendidos estadounidenses no entendieron nada hasta que uno de los que había redactado el texto se dió cuenta de que habían escrito “Yo Hiro-Hito, Emperador de Japón…”, un error a la hora de dirigirse al Jefe del Estado que suponía una expresión insultiva. Inmediatamente al saber eso, Sutherland alcanzó a Kawabe suplicándole perdón y afirmando que no supondría ningún problema modificar la letra del texto. Kawabe al final aceptó y tras sustituir el “Yo”, firmó la rendición de sus tropas en Filipinas.
Todas las fuerzas japonesas presentes en China empezaron a entregarse a las tropas del Kuomintang o a ser repatriadas a Japón a partir del anuncio oficial del Emperador. El 21 de Agosto las Legaciones Internacionales volvieron a retomar el control sobre Shangai. Precisamente en esa ciudad fueron liberados los judíos encerrados en el Gueto de Shangai, el último recinto del Holocausto en la guerra. Por fin el 23 de Agosto, el general nipón Kiyoshi Katsuki firmó la capitulación con el general chino Hsiao Yi-Shu en la ciudad de Chihkiang.
Para el 28 de Agosto se produjo la rendición de Malasia bajo el nombre de “Operación Zipper”. La operación se realizó con un desembarco en las costas de Penang por parte de las tropas de la 25ª División de Infantería India escoltadas por el acorazado HMS Nelson. Durante las jornadas siguientes el Ejército Imperial Japonés fue entregando las espadas en el resto de la Península de Malasia. Sólamente en Singapur 300 japoneses se suicidaron incapaces de soportar la humillación de la capitulación.
La ocupación estadounidense del mismo Japón se produjo entre el 28 de Agosto y el 1 de Septiembre de 1945. Lo hicieron más de 400 cuatrimotores B-29 aterrizando en la base aérea de Atsugi, prefactura de Kanagawa, los cuales transportaron a más de 20.000 tropas norteamericanas de la 11ª División Aerotransportada. El general Douglas MacAthur, comandante en jefe de las operaciones en el Pacífico, tomó tierra en Atsugi a bordo de un simbólico B-29 bautizado como “Bataán” en honor a la resistencia estadounidense en Filipinas. El centro logístico fue establecido en Yokohama y el Estado Mayor en Tokyo, además de dos guarniciones en la misma capital y en Osaka. Curiosamente durante el trayecto de MacArthur desde Atsugi hacia Osaka, más de 30.000 soldados japoneses se presentaron a lo largo de todo el camino, formando largos kilómetros en posición de firmes para recibir a los vencedores.
Formosa se rindió a las fuerzas de Chiang Kai-Shek el 1 de Septiembre de 1945, ya que dicho territorio entreba dentro de la órbita de China al haber sido arrebatado por Japón en 1895 durante la Primera Guerra Sino-Japonesa. Apróximadamente 170.000 tropas japoneses se entregaron a los soldados del Kuomintang en cuanto pusieron el pie en la isla.
Todavía el Eje seguía teniendo miembros en los últimos días de la guerra, los cuales en forma de naciones o simplemente colaboracionistas se fueron rindiendo incondicionalmente a los Aliados de maneras muy distintas. Por ejemplo Manchukuo dejó directamente de existir tras ser invadido por los soviéticos y el Emperador Pu-Yi arrestado. Los soldados de la India Libre capitularon ante los británicos en Singapur, aunque no su jefe Chandra Bose porque mientras intentaba escapar en avión tuvo un accidente aéreo y se mató. Tamién algunos alemanes que resistían todavía en los Alpes e islas del Mar Mediterráneo se entregaron, siendo los últimos en rendir las armas una guarnición germana en Noruega. Quién tuvo algo más de suerte fue la Mongolia Interior, pues tras claudicar en Chongqing ante el Kuomintang, Chiang Kai-Shek perdonó a su líder, el Príncipe Demchugdongrob, a cambio de que utilizase a sus guerreros mongoles contra el comunismo nada más reiniciarse la Guerra Civil china entre los nacionalistas y Mao Tse-Tung.
Soldados y oficiales japoneses depositan sus sables y katanas en el suelo como gesto de rendición y humillación.
Otros territorios bajo dominio japonés capitularon aquel mismo Agosto, aunque como estaban muy alejados geográficamente de las tropas aliadas, tuvieron que deponer las armas más tarde. Fueron los casos de Indochina, Nueva Guinea, Borneo, Timor Oriental o diversas islas repartidas a lo largo y ancho del Océano Pacífico. Curiosamente grupos aislados de japoneses no se enterarían de la rendición hasta pasadas algunas décadas después del fin de la guerra, incluso más allá. El último japonés en rendirse lo hizo increíblemente en el año 2005, tras esperar en su puesto de combate casi 70 años.
Paz de la Bahía de Tokyo
A las 9:30 horas de la mañana del 2 de Septiembre de 1945, comenzó la ceremonia de rendición del Eje en la Bahía de Tokyo a bordo del acorazado USS Missouri, escoltado por decenas de barcos de guerra aliados.
Representando a Japón acudieron a la cita el Ministro de Asuntos Exteriores Mamoru Shigemitsu, junto al jefe de Estado Mayor del Ejército Yoshiyiro Umezu y el almirante Sadatoshi Tomioka, además de dos ayudante militares. El caso de Umezu fue curioso, ya prefirió quitarse la vida, pero el Emperador se lo prohibió castigándole con una penitencia peor consistente en ser uno de los firmantes del acta de rendición, humillación que nadie deseaba.
Del bando de los Aliados presidió el acto el general Douglas MacArthur y el almirante William Halsey. Los delegados de cada país se colocaron de izquierda a derecha según el orden de firma: almirante Chester Nimitz representando Estados Unidos, general Hsu-Yung Chag a China, almirante Sir Bruce Fraser a Gran Bretaña, general Kozma Derevyanko a la Unión Soviética, general Sir Thomas Blamey a Australia, general Moore Cosgrave a Canadá, general Jacques Leclerc a Francia, almirante Conrad Helfrich a Holanda y vicemariscal del aire Leonard Isitt a Nueva Zelanda.
Rendición del Eje a bordo del acorazado USS Missouri. A la izquierda la delegación japonesa subiendo al barco y a la derecha los marineros contemplando a los vencidos. 2 De Septiembre de 1945.
Bajo los seis cañones de 406 milímetros, situados en dos torretas triples, y con la mirada de centenares de marineros y altos mandos puestos en la delegación japonesa, los vencidos descendieron la mirada humillados y avergozados. De repente empezó a sonar el himno estadounidense The Star-Spangled Banner por los altavoces del USS Missouri, momento en que MacArthur se acercó a los amedrentados japoneses. Cuando finalizó la música el general americano se plantó ante un micrófono y leyó el siguiente discurso: Estamos reunidos aquí los representantes de las principales potencias para concluir un solemne acuerdo encaminado al restablecimiento de la paz. Los problemas y contenidos de este acuerdo, que proceden de ideales o ideologías divergentes, ya han sido solucionados en los campos de batalla del mundo entero, por lo que nos toca a nosotros discutirlo aquí ahora. No nos hemos reunido aquí como representantes de la mayoría de los pueblos de la tierra, animados por un espíritu de desconfianza, odio o malicia. Por el contrario, todos, vencedores y vencidos, debemos esforzarnos por alcanzar aquella elevada dignidad que es imprescindible para conseguir los sagrados fines que nos esperan, comprometiéndonos todos, sin reservas, a cumplir fielmente los compromisos que vamos a asumir. Mi más fervorosa esperanza y la esperanza de toda la Humanidad, es que de este solemne acto, sobre la sangre y matanzas del pasado, surja un mundo mejor fundado sobre la fe y la comprensión; un mundo consagrado a la dignidad del hombre y el cumplimiento de sus más profundos anhelos: la libertad, la tolerancia y la justicia. Las palabras de Mac Arthur sorprendieron a los japoneses, ya que en lugar de sufrir largos reproches como esperaban, escucharon expresiones que hacían referencia a la reconciliación. Acto seguido se pasó a las actas de rendición, poniendo los representantes de cada país su firma en el mismo papel donde estamparon su rúbrica los delegados japoneses. Una vez terminaron con los papeles, MacArthur volvió al micrófono y expresó: Oremos todos para que se restaure la paz en todo el mundo y para que Dios la conserve para siempre. Se levanta la sesión.
Sólamente 20 minutos duró la ceremonia a bordo del acorazado USS Missouri. Justo antes de marcharse del navío los japoneses, tras hacer una reverencia inclinando la cabeza, Mac Arthur les detuvo unos momentos. En ese instante se giró hacia el almirante Halsey y dijo: ¡Por Dios, Bill! ¿A dónde han ido a parar los malditos aviones?. De repente un sonido atronador que hizo volver la vista al cielo de todos los presentes contestó a su pregunta. Millares de formaciones de aviones aparecieron sobrevolando la Bahía de Tokyo y la ciudad. Bombarderos B-29, cazas Corsair y Hellcat, torpederos Helldriver, etcétera, ofrecieron una impresionante exhibición aérea, al mismo tiempo que los cañones de los navíos abrían fuego contra el mar a modo de celebración. Fue una muestra de poderío militar por parte de Estados Unidos. Aquellos fueron los últimos disparos y rugidos de motor de aviones de la Segunda Guerra Mundial.
Última fotografía de la Segunda Guerra Mundial. Ceremonia en forma de gran exhibición aérea de millares de aviones estadounidenses sobre el acorazado USS Missouri en donde se firmó la paz.
A las 10:00 horas de la mañana del 2 de Septiembre de 1942, tras seis años y dos días de combates, la Segunda Guerra Mundial terminó para siempre. Durante el conflicto habían muerto 80 millones de seres humanos. A partir de entonces el objetivo para la Humanidad sería evitar que una tragedia como aquella jamás volviera a repetirse.
Bibliografía:
David Solar, Japón se rinde. El virrey y el Emperador, Revista La Aventura de la Historia Nº83 (2005), p.18-29
Jesús Hernández, El último bombardeo de la guerra, Revista Muy Historia Nº22 (2009), p.65
http://en.wikipedia.org/wiki/Surrender_of_Japan
http://www.taiwandocuments.org/japansurrender.htm
http://www.retoricas.com/2010/06/discurso-hirohito-rendicion-japon.html
publicado en http://www.eurasia1945.com/batallas/contienda/rendicion-del-eje/
miércoles, 5 de agosto de 2015
Estadounidenses aún justifican su genocidio nuclear sobre Hiroshima y Nagasaki
Trascurridos 70 años desde que EE.UU. lanzó dos bombas atómicas sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki (Japón), la mayoría de estadounidenses siguen pensando que era necesaria la catástrofe ocurrida al término de la Segunda Guerra Mundial.
Al menos 85 por ciento de los estadounidenses aprobó en el año 1945 la decisión tomada por el entonces presidente Harry Truman y, en 1991, un 63 por ciento de ellos continuaba justificando los ataques atómicos contra las ciudades niponas, reveló el diario Detroit Free Press.
El uso de este arma bárbara sobre Hiroshima y Nagasaki, no fue ninguna ayuda en nuestra guerra contra Japón, los japoneses ya estaban vencidos y listos para rendirse”, afirmó, por su parte, el almirante William D. Leahy, el jefe del Estado Mayor de Truman.
Ahora, la mayoría de ciudadanos de 65 años de edad en adelante (siete de cada diez) siguen justificando este hecho, según un estudio realizado por el instituto Pew Research Center y difundido este martes.
Sin embargo, 34 por ciento de la población norteamericana cree que EE.UU. no tenía justificación para acabar con las ciudades japonesas.
El uso de este arma bárbara sobre Hiroshima y Nagasaki, no fue ninguna ayuda en nuestra guerra contra Japón, los japoneses ya estaban vencidos y listos para rendirse”, afirmó, por su parte, el almirante William D. Leahy, el jefe del Estado Mayor de Truman.
Ahora, la mayoría de ciudadanos de 65 años de edad en adelante (siete de cada diez) siguen justificando este hecho, según un estudio realizado por el instituto Pew Research Center y difundido este martes.
Sin embargo, 34 por ciento de la población norteamericana cree que EE.UU. no tenía justificación para acabar con las ciudades japonesas.
Víctimas de la bomba atómica lanzada por EE.UU., en el hospital militar de Hiroshima. agosto de 1945
Entre los ciudadanos japoneses, una aplastante mayoría de 74 por ciento considera que Washington no tuvo justificación alguna para el ataque contra Hiroshima y Nagasaki.
En ocasión de conmemorarse el 70 aniversario del bombardeo atómico estadounidense contra Hiroshima, el Gobierno nipón ha vuelto a solicitar al presidente de EE.UU., Barack Obama, que acuda a la cita, en la que participarán centenares de representantes de diferentes países.
Asimismo, miles de personas de diferentes puntos del mundo, han instado al mandatario norteamericano a viajar a las referidas ciudades japonesas.
Entre los ciudadanos japoneses, una aplastante mayoría de 74 por ciento considera que Washington no tuvo justificación alguna para el ataque contra Hiroshima y Nagasaki.
En ocasión de conmemorarse el 70 aniversario del bombardeo atómico estadounidense contra Hiroshima, el Gobierno nipón ha vuelto a solicitar al presidente de EE.UU., Barack Obama, que acuda a la cita, en la que participarán centenares de representantes de diferentes países.
Asimismo, miles de personas de diferentes puntos del mundo, han instado al mandatario norteamericano a viajar a las referidas ciudades japonesas.
'Lecciones no aprendidas de la guerra nuclear': 70 años del ataque a Hiroshima y Nagasaki
Cáncer, mutaciones genéticas y mortalidad infantil. Estos días, el 6 y 9 de agosto, la humanidad conmemora el único caso de uso bélico de armas nucleares en su historia: el bombardeo de las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki por parte de EE.UU. Agresiones de este tipo no tienen fecha de caducidad y hoy, 70 años después, los ataques deben reconocerse como un crimen de lesa humanidad, postulan políticos rusos.
"Fue un acto de vandalismo sin sentido, un crimen de lesa humanidad. Debe ser calificado de este modo, a través de involucrar a todas las instituciones internacionales, la ONU incluida", aseguró el miembro del Comité parlamentario ruso de Defensa, Frants Klintsévich, según recoge 'Rossiyskaya Gazeta'. Puntualizó que los bombardeos no fueron una necesidad bélica y que EE.UU. solo aprovechó la ocasión para intimidar a la URSS.
"Imagínense. Si Hitler, entre otros crímenes, hubiera destruido con armas químicas disponibles en aquella época una serie de ciudades más en Europa, ¿esto no habría formado un punto aparte en los Juicios de Núremberg? Desde luego que sí, pero los bombardeos atómicos de las ciudades japonesas hasta ahora no han sido objeto para el tribunal militar internacional", acentuó, a su vez, el presidente de la Duma Estatal, Serguéi Narýshkin, según recoge el mismo diario.
"De hecho, EE.UU. intenta expulsar la memoria sobre Hiroshima y Nagasaki en la periferia del diálogo en la sociedad y entre los expertos. Sin embargo, sin estas páginas pesadas, la historia de la humanidad será incompleta y falsa", puntualizó Narýshkin.
¿Perdonó Japón a EE.UU.?
Los dos bombardeos mataron instantáneamente al menos a 129.000 personas. Sin embargo, el saldo final de las víctimas mortales no está claro a día de hoy. Se estima que en los primeros 2-4 meses posteriores, los agudos efectos de los ataques —mayormente, quemaduras y el síndrome de irradiación aguda— se cobraron entre 90.000 y 166.000 vidas en Hiroshima y entre 39.000-80.000, en Nagasaki. Las estimaciones de víctimas fatales de diferentes tipos de cáncer en los años posteriores suelen variar entre 565 y 1.900.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)















