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viernes, 29 de marzo de 2019

La dictadura brasileña y el 'olvido sistemático', los factores del Bolsonaro de hoy


Brasil fue el país del Cono Sur en el que se aplicó de manera más eficiente el olvido sistemático sobre la dictadura, dijo a Sputnik la uruguaya Lilián Celiberti, detenida por los militares de ese país en 1978. Para la activista, la desinformación de los más jóvenes abonó la falta de condena a las violaciones a los Derechos Humanos del pasado.
El caso de Celiberti, militante social y política, y el de su esposo, el también uruguayo Universindo Rodríguez, se hizo conocido por convertirse en una prueba de la coordinación represiva entre las dictaduras de Brasil y Uruguay y por constituir un revés para ambas fuerzas militares.
A 55 años del Golpe de Estado contra el presidente João Goulart, Celiberti recordó que llegó a Brasil en 1978, un año de la victoria de João Figueiredo, el último presidente de la dictadura. Si bien el control del régimen sobre los partidos y las manifestaciones políticas era férreo, se evidenciaba ya en esa época un aumento en la actividad de movimientos sociales que reclamaban amnistías para presos políticos y en la presión de sectores económicos que pedían una 'apertura' comercial.
La larga transición que vivió la dictadura brasileña provocó, según Celiberti, "impunidad". De hecho, Brasil se diferencia de otros países de la región por no haber logrado llevar a juicio a los principales responsables de las violaciones a los derechos humanos.
"Lo que justifica el momento político de hoy es la impunidad atroz, el silenciamiento de las víctimas y haber borrado las marcas más terribles de la dictadura", reflexionó Celiberti.
La militante identificó además que existe una "desinformación brutal" en las generaciones más jóvenes, que se suma a un contexto de "crisis del capitalismo, crecimiento del crimen organizado y crímenes ambientales".
Un contexto en el que "aparece la idea de 'autoridad' como imaginario salvador", apuntó la uruguaya, que permaneció varios años recluida por motivos políticos.
Para Celiberti, el propio Jair Bolsonaro es un paradigma de esa 'desmemoria' porque  "fue él quien saludó al torturador de Dilma Rousseff durante su 'impeachment'". Lejos de obtener una condena social por su actitud, acabó siendo electo presidente en la elección siguiente.
La activista uruguaya reflexionó acerca de la diferencia entre la actualidad y otros momentos en los que, incluso desde la 'derecha' se rechazaba la tortura. "Parecía que eso era un consenso muy amplio y ahora nos damos cuenta de que en realidad hay una cuestión vengativa y una política del odio que ataca al humanismo y a los Derechos Humanos más universales", apuntó.

"El secuestro de los uruguayos"

Celiberti y Rodríguez se instalaron junto a sus pequeños hijos en un departamento del barrio Menino Deus, en la ciudad de Porto Alegre. Provenían de Montevideo, de donde habían escapado tras ser perseguidos por su participación política en el Partido por la Victoria del Pueblo (PVP).
Desde su casa en Porto Alegre la pareja impulsaba una campaña para difundir en Brasil y en Uruguay la detención ilegal de militantes políticos uruguayos en Argentina.
Horas antes del 12 de noviembre de 1978, la detención de algunos integrantes del PVP en Montevideo había permitido a las Fuerzas Armadas uruguayas descubrir que había más miembros ocultos en Brasil. Así, los militares uruguayos hicieron gestiones con sus pares brasileños para adentrarse en su territorio.
Celiberti y su marido fueron detenidos en un operativo conjunto entre militares uruguayos y efectivos del Departamento de Orden Político y Social (DOPS) brasileño. Los agentes uruguayos se aprestaban a trasladarlos directamente hacia Montevideo cuando Celiberti tuvo una idea que les salvaría la vida.
"Fue una estrategia que pensé en el momento. Lo único que tenía claro era que de alguna manera tenía que comprometer más a Brasil en el secuestro porque había un contexto político de fuerzas sociales impulsando un cambio y que podían asumir el tema", recordó.
Celiberti dijo a sus custodios que se reuniría con más militantes el viernes siguiente. Atentos a la máxima de detener a la mayor cantidad de sospechosos posibles, los agentes aceptaron regresar con ella a Porto Alegre. Su esposo y sus hijos continuaron viaje hacia Montevideo como "rehenes".
La uruguaya estuvo casi una semana secuestrada por agentes uruguayos y del DOPS. Durante ese tiempo, los militares interceptaron un telegrama de sus compañeros y la obligaron a comunicarse telefónicamente con más militantes.
Celiberti llamó entonces a correligionarios exiliados en París, a quienes transmite un 'mensaje cifrado' solicitando que contacten periodistas y los envíen a su casa ese viernes, día en realizaría la presunta reunión con otros prófugos.
Así se presentaron en el lugar el periodista Luis Claudio y el fotógrafo Juan Scalco. Los agentes los recibieron y los mantuvieron detenidos un tiempo hasta que los dejaron ir. La presencia de los periodistas fue fundamental para que los agentes mantuvieran con vida a los detenidos uruguayos.

lunes, 6 de agosto de 2018

Brasil, último en abolir la esclavitud en América, después de Cuba


Los regímenes coloniales de Brasil y de Cuba (dos años antes) abolieron tardíamente la esclavitud en los años 80 del siglo XIX, aferrados a la explotación de esa fuerza de trabajo forzada en los principales renglones de sus economías.

El 13 de mayo de 1888, hace 130 años, la princesa regente de Brasil Isabel firmó la denominada Ley Aurea que puso fin al esclavismo aunque las masas de negros y mestizos liberados continuaron en pésimas condiciones para el acceso al trabajo y discriminados, como en suelo cubano.

A la altura de esta fecha la emergente burguesía cafetera brasileña y sectores monárquicos consideraban el trabajo esclavo un freno para la modernización, unido a las rebeliones ocurridas en 1886 y 1887.

Minadas las bases del sistema durante la primera Guerra independentista (1868-1878), comenzó el proceso de la abolición en Cuba cuando el trabajo esclavo representaba un freno al desarrollo de la industria azucarera.

El 13 de febrero de 1880, España dictó la llamada ley sobre la abolición de la esclavitud, la cual declaró que los siervos debían continuar sometidos al Patronato de sus poseedores hasta los ocho años de formulada la misma. Una nueva Real Orden, el 7 de octubre de 1886, le puso fin.

En los dos países desde inicios de la colonización europea, a principios del siglo XVI, la esclavitud marcó los derroteros de cuatro siglos de su historia.

Diversos investigadores, entre los primeros el historiador y ensayista cubano José Antonio Saco (1797-1879), estudiaron y compararon la economía de ambos países en ese periodo.

En Análisis de una obra sobre Brasil (1828 y 1829) Saco pasa de la crítica a la esclavitud a una propuesta capitalista y sugiere la sustitución del trabajo esclavo por el asalariado, entre otras cuestiones que considera esenciales.

Basado en la historia de ese país, en especial los problemas de la trata y esclavitud, ataca a los traficantes de negros y sus cómplices componentes poderosos también de la sociedad esclavista cubana.

GRANDES ESCLAVISTAS 

Colonizado por Portugal, el extenso territorio de Brasil registra cifras record en este continente en la introducción de esclavos africanos tras utilizar a los indoamericanos.

La más famosa de las rebeliones recoge la historia del Quilombo de los Palmares (República de los Palmares), formado de 1580 a 1710, por esclavos fugitivos y sus descendientes, mestizaje que comprendió a los anteriores con indígenas y minorías blancas.

Los esclavistas emplearon obra de mano forzada en las producciones de azúcar, café, algodón, tabaco y otros renglones, así como en la esclavitud doméstica y el artesanado (carpinteros, pintores, albañiles, ebanistas, zapateros, herreros).

La producción azucarera atrajo la introducción de esclavos desde la primera mitad del siglo XVI, los que eran desembarcados en Río de Janeiro, Salvador de Bahía, Recife y San Luis.

En la agricultura eran preferidos, a pesar de los altos precios de cada pieza, los procedentes del sur de África (Angola, Mozambique y Congo) y en la minería, los de África Occidental.

Los negreros transportaban los esclavos en las bodegas de los barcos, encadenados hombres y mujeres, incluso niños.

De 1492-1600 introdujeron 50 mil esclavos; 1601-1700 (560 mil); 1700-1810 (un millón 891 mil 400) y 1810-1870 (tres millones 646 mil 800). Parte de ellos entraron clandestinos pues el último barco de esclavos, documentado, arribó en 1856.

Existió en la práctica una competencia entre Brasil y Cuba, a pesar de la gran diferencia territorial, en cuanto a determinados renglones, todos sustentados en la esclavitud, a la caída de la producción azucarera haitiana, que llegó a ser la primera del planeta.

Según estimados, pues nunca llegará a conocerse la cifra exacta, podría pasar del millón el número de los esclavos africanos introducidos en Cuba desde el siglo XVI hasta el último cargamento clandestino en el año 1873; alrededor de 64 mil corresponden al período de 1510 a 1762.

En la postrimería del siglo XVIII (1792), la Cuba colonial había situado su producción azucarera en el tercer lugar mundial, después de Jamaica y Brasil, desde el puesto decimoprimero donde se encontraba en 1760, pero todavía sus instalaciones eran atrasadas e insuficientes.

Ya en 1849 produjo 220 mil toneladas, el 23,5 por ciento de la producción mundial de azúcar de caña (923 mil 789 toneladas), seguida por las Antillas Británicas (142 mil 200 toneladas) y Brasil (121 mil 509).

Según datos de 1856, Cuba producía 359 mil 397 toneladas (el 30 por ciento de la mundial) seguida de las Indias Occidentales Británicas con 147 mil 911 toneladas (el 12 por ciento) y Brasil 105 mil 603 toneladas (9 por ciento).

En 1860 Brasil ocupaba el primer lugar en la producción de café (320 millones de libras) por encima de Java (110), Haití y Ceilán (35), Guyana (30) y Cuba y Puerto Rico (solo 25 millones de libras cada una).

martes, 6 de septiembre de 2016

"El cinismo y la sinvergüencería en su máxima expresión: el canciller de facto del Brasil impartiendo cátedra de democracia"

El canciller de Ecuador, Guillaume Long.

Para el canciller ecuatoriano, las críticas de su par brasileño, José Serra, a Ecuador y Bolivia son “el cinismo y la sinvergüencería en su máxima expresión”.

El ministro de Relaciones Exteriores de Ecuador, Guillaume Long, dijo el lunes que, con la destitución de la presidenta brasileña Dilma Rousseff, sus opositores lograron con un procedimiento falseado poner fin a 13 años de un gobierno democrático en Brasil.

Tales declaraciones surgen después de que el canciller brasileño, José Serra, dijera al diario español El País que “Bolivia y Ecuador podrían aprender a hacer democracia con lo que ha pasado en Brasil. Lo de Venezuela es pura provocación”, según una entrevista publicada por dicho diario.

Bolivia y Ecuador podrían aprender a hacer democracia con lo que ha pasado en Brasil. Lo de Venezuela es pura provocación”, declaró el canciller brasileño, José Serrá, al diario español El País.

En su cuenta de Twitter, Long contestó que “la experiencia democrática en el Ecuador nos ha enseñado que el voto del pueblo es soberano”. Resaltó además que en muchos casos, “los ejecutores de esta farsa política enfrentan además, para colmo del cinismo, graves acusaciones de corrupción”.

Para el diplomático ecuatoriano, lo sucedido en Brasil la semana pasada fue un “irrespeto” a la voluntad de los 54 millones de votantes que eligieron a la presidenta legítima Dilma Rousseff. Tras la destitución de la mandataria, Bolivia y Ecuador llamaron a consultas a sus embajadores, mientras que Venezuela retiraba a su representante diplomático y congelaba sus relaciones bilaterales con el país carioca.

Serra, por su parte, llamó a consultas a sus embajadores en Venezuela, Ecuador y Bolivia, lamentando, no obstante, la decisión de los gobiernos de la región que rechazaron el proceso de impeachment contra Rousseff por considerarlo un golpe de Estado y un golpe parlamentario.

viernes, 2 de septiembre de 2016

La tragedia brasileña


El tridente de la reacción: jueces, parlamentarios y medios de comunicación, todos corruptos hasta la médula, puso en marcha un proceso pseudo legal y claramente ilegítimo

Una banda de "malandros", como canta el incisivo y premonitorio poema de Chico Buarque -"malandro oficial, malandro candidato a malandro federal, malandro con contrato, con corbata y capital"- acaba de consumar, desde su madriguera en el Palacio Legislativo de Brasil, un golpe de estado (mal llamado "blando") en contra de la legítima y legal presidenta de Brasil Dilma Rousseff. Y decimos "mal llamado blando" porque como enseña la experiencia de este tipo de crímenes en países como Paraguay y Honduras, lo que invariablemente viene luego de esos derrocamientos es una salvaje represión para erradicar de la faz de la tierra cualquier tentativa de reconstrucción democrática.

El tridente de la reacción: jueces, parlamentarios y medios de comunicación, todos corruptos hasta la médula, puso en marcha un proceso pseudo legal y claramente ilegítimo mediante el cual la democracia en Brasil, con sus deficiencias como cualquier otra, fue reemplazada por una descarada plutocracia animada por el sólo propósito de revertir el proceso iniciado en el 2002 con la elección de Luiz Inacio "Lula" da Silva a la presidencia. La voz de orden es retornar a la normalidad brasileña y poner a cada cual en su sitio: el "povao" admitiendo sin chistar su opresión y exclusión, y los ricos disfrutando de sus riquezas y privilegios sin temores a un desborde "populista" desde el Planalto. Por supuesto que esta conspiración contó con el apoyo y la bendición de Washington, que desde hacía años venía espiando, con aviesos propósitos, la correspondencia electrónica de Dilma y de distintos funcionarios del estado, además de Petrobras. No sólo eso: este triste episodio brasileño es un capítulo más de la contraofensiva estadounidense para acabar con los procesos progresistas y de izquierda que caracterizaron a varios países de la región desde finales del siglo pasado. Al inesperado triunfo de la derecha en la Argentina se le agrega ahora el manotazo propinado a la democracia en Brasil y la supresión de cualquier alternativa política en el Perú, donde el electorado tuvo que optar entre dos variantes de la derecha radical.

No está demás recordar que al capitalismo jamás le interesó la democracia: uno de sus principales teóricos, Friedrich von Hayek, decía que aquella era una simple "conveniencia", admisible en la medida en que no interfiriese con el "libre mercado", que es la no-negociable necesidad del sistema. Por eso era (y es) ingenuo esperar una "oposición leal" de los capitalistas y sus voceros políticos o intelectuales a un gobierno aún tan moderado como el de Dilma. De la tragedia brasileña se desprenden muchas lecciones, que deberán ser aprendidas y grabadas a fuego en nuestros países. Menciono apenas unas pocas. Primero, cualquier concesion a la derecha por parte de gobiernos de izquierda o progresistas sólo sirve para precipitar su ruina. Y el PT desde el mismo gobierno de Lula no cesó de incurrir en este error favoreciendo hasta lo indecible al capital financiero, a ciertos sectores industriales, al agronegocios y a los medios de comunicación más reaccionarios. Segundo, no olvidar que el proceso político no sólo transcurre por los canales institucionales del estado sino también por "la calle", el turbulento mundo plebeyo. Y el PT, desde sus primeros años de gobierno, desmovilizó a sus militantes y simpatizantes y los redujo a la simple e inerme condición de base electoral.

Cuando la derecha se lanzó a tomar el poder por asalto y Dilma se asomó al balcón del Palacio de Planalto esperando encontrar una multitud en su apoyo apenas si vió un pequeño puñado de descorazonados militantes, incapaces de resistir la violenta ofensiva "institucional" de la derecha. Tercero, las fuerzas progresistas y de izquierda no pueden caer otra vez en el error de apostar todas sus cartas exclusivamente en el juego democrático. No olvidar que para la derecha la democracia es sólo una opción táctica, fácilmente descartable. Por eso las fuerzas del cambio y la transformación social, ni hablar los sectores radicalmente reformistas o revolucionarios, tienen siempre que tener a mano "un plan B", para enfrentar a las maniobras de la burguesía y el imperialismo que manejan a su antojo la institucionalidad y las normas del estado capitalista. Y esto supone la organización, movilización y educación política del vasto y heterogéneo conglomerado popular, cosa que el PT no hizo.

Conclusión: cuando se hable de la crisis de la democracia, una obviedad a esta altura de los acontecimientos, hay que señalar a los causantes de esta crisis. A la izquierda siempre se la acusó, con argumentos amañados, de no creer en la democracia. La evidencia histórica demuestra, en cambio, que quien ha cometido una serie de fríos asesinatos a la democracia, en todo el mundo, ha sido la derecha, que siempre se opondrá con todas la armas que estén a su alcance a cualquier proyecto encaminado a crear una buena sociedad y que no se arredrará si para lograrlo tiene que destruir un régimen democrático. Para los que tengan dudas allí están, en fechas recientes, los casos de Honduras, Paraguay, Brasil y, en Europa, Grecia. ¿Quién mató a la democracia en esos países? ¿Quiénes quieren matarla en Venezuela, Bolivia y Ecuador? ¿Quién la mató en Chile en 1973, en Indonesia en 1965, en el Congo Belga en 1961, en Irán en 1953 y en Guatemala en 1954?

miércoles, 31 de agosto de 2016

Golpes blandos, la nueva tendencia en la región en América Latina


Siguiendo con la progresión de condena total en el caso hondureño y condena parcial en el caso paraguayo, esta vez las voces de protesta a nivel regional son más la excepción que la regla, atento al vuelco a la derecha en Sudamérica.

El golpe parlamentario que terminó con el gobierno de Dilma Rousseff es el eslabón más reciente de una serie de golpes blandos que empezó con el derrocamiento del presidente de Honduras, Mel Zelaya, en el 2009, y siguió con el de Paraguay, Fernando Lugo, en 2014.

La secuencia, a medida que avanza, va creciendo en su maquillaje y su sofisticación. Empieza en Honduras con un golpe rudimentario, al principio casi de manual, pero con una parodia de legalidad. Sigue con un juicio político express en Paraguay sin pruebas contra el presidente y violando su derecho de defensa y culmina en Brasil con un proceso tan legal como ilegítimo y carente de fundamentos jurídicos.

La secuencia, además, arranca en la periferia de la región, donde Estados Unidos continúa siendo la fuerza hegemónica, y llega hasta el corazón mismo de Sudamérica y principal potencia regional, que es Brasil, pasando como escala intermedia por un país sudamericano y socio del Mercosur como Paraguay, parte del grupo de países sudamericanos que formó un bloque relativamente autónomo en la década pasada y empezó a aplicar mecanismos propios para resolver sus conflictos.

A principios de la década pasada, las nuevas instituciones regionales como Mercosur y especialmente Unasur habían servido para evitar la interrupción de regímenes democráticos en Ecuador y Bolivia, y conflictos bilaterales como Colombia-Venezuela, Colombia-Ecuador o Bolivia-Chile, desacuerdos todos ellos que en tiempos de guerra fría habrían tenido a Estados Unidos como protagonista principal y árbitro eventual.

Pero la distracción de Washington con las guerras en Medio Oriente, y la aparición de China como principal socio comercial, junto a la coincidencia de un grupo de gobernantes carismáticos de similar signo político, comprometidos con la integración regional, consiguió romper la hegemonía del Consenso de Washington a nivel sudamericano.

Mientras en México, Centroamérica y el Caribe, a pesar de puentes tendidos a través de organismos que excluyen a Estados Unidos y Canadá como la Celac, por su nivel de integración con la potencia del norte tanto a nivel de tratados de libre comercio como en temas migratorios y de remesas, la dependencia sigue siendo casi absoluta, lo cual impide su participación en otros proyectos de integración. Este límite se vio en el golpe de Honduras.

Zelaya fue sacado de su cama en pijamas por una patota del comandante del estado mayor, Romeo Vázquez. Lo llevaron a una base militar estadounidense, lo subieron a otro avión y lo echaron del país. A la mañana siguiente, en una sesión express asumió un títere civil del comandante, el presidente del Congreso, Roberto Micheletti, y los militares decretaron el estado de sitio y una serie de medidas de control social de corte autoritario. Según cables del Departamento de Estado estadounidenses revelados por Wikileaks, Estados Unidos no apoyó el golpe y hasta intentó de disuadir a sus autores, aunque Zelaya no era de su agrado. De hecho, Estados Unidos acompañó al resto de los países de la OEA en su condena al día siguiente de que ocurrió. Pero apenas horas después Estados Unidos, a contramano de Latinoamérica, empezó a apoyar la transición del gobierno golpista hacia unas rápidas elecciones, aprovechando que Zelaya estaba en el final de su mandato. Mientras tanto, envalentonados por sus éxitos en Sudamérica, Brasil y Argentina apostaron fuerte al regreso de Zelaya, con Cristina Kirchner acompañando al presidente legítimo en un fallido intento de regreso y Lula dándole asilo en la embajada brasileña de Tegucigalpa una vez que el regreso no pudo concretarse. Con su apoyo a la transición del gobierno golpista, Estados Unidos marcó un límite a la expansión del bloque sudamericano sin romper sus políticas de Estado de no invadir más después del desembarco los Marines en Panamá en 1989, y de no apoyar más golpes, al menos abiertamente, desde el fallido putch contra Chávez en 2002.

Así llegamos al segundo golpe blando contra un gobierno progresista por parte de una elite financiera y política malacostumbrada a perpetuarse en el poder a como dé lugar. Esta vez le tocó al ex obispo Fernando Lugo, otro personaje que no era del agrado de los Estados Unidos, entre otras cosas, Wikileaks dixit, porque reemplazó una unidad antiterrorista estadounidense dedicada a entrenar tropas de elite paraguayas, por asesores militares de Argentina y Brasil. Lugo no era un político tradicional ni era particularmente hábil a la hora de negociar. Sin apoyos en el Congreso, abandonado por sus socios del Partido Liberal, traicionado por su vice Federico Franco, quedó a la merced de la elite golpista, acostumbrada a décadas ininterrumpidas de gobierno de la mano del general Alfredo Stroessner y su Partido Colorado. La oportunidad llegó tras la conmioción social causada por la llamada masacre de Curuguaty, en la que fallecieron once campesinos y seis policías en una estancia sojera en el este del país. Si bien la violencia venía desde hace tiempo y quizá nadie había hecho más para mediar en el conflicto entre campesinos y terratenientes que el propio Lugo, el Congreso decidió destituirlo por su “responsabilidad política” en el enfrentamiento. El juicio duró menos de 48 horas y Lugo tuvo menos de dos para defenderse. A falta de pruebas reales, fue destituido por el voto de 215 de los 225 congresistas paraguayos después de que la Corte Suprema rechazara un pedido de aplazar el proceso. La destitución fue condenada por la mayoría de los países de la Unasur pero, a diferencia del golpe blando hondureño, una moción de censura en la OEA apenas alcanzó 8 votos a favor y 28 en contra. Unasur mandó a una delegación de cancilleres que al término de su misión emitió un documento crítico, los países bolivarianos del ALBA no reconocieron al gobierno de facto de Franco y el Mercosur suspendió la membresía de Paraguay hasta las elecciones, nueve meses después del golpe, que llevaron al gobierno al colorado Horacio Cartes.

Ahora llegó el golpe en contra de Dilma. Esta vez se respetaron los tiempos y rituales que marca la formalidad, en un proceso parlamentario que fue supervisado in situ por el presidente de la Corte Suprema. Pero nuevamente se trata de una interrupción del régimen democrático para imponer un gobierno de facto de una elite nostálgica de poder, a través de mecanismos constitucionales previstos para sancionar acciones criminales a pesar de que no se acusa a la presidenta de haber cometido crimen alguno, aprovechando el mal humor social por una prolongada recesión y un persistente escándalo de corrupción que involucra a muchos de los pincipales empresarios y dirigentes políticos del país, pero no a Dilma.

Siguiendo con la progresión de condena total en el caso hondureño y condena parcial en el caso paraguayo, esta vez las voces de protesta a nivel regional son más la excepción que la regla, atento al vuelco a la derecha que está dando Sudamérica. A diferencia de lo que pasó en Honduras pero en sintonía con lo que pasó en Paraguay, en el caso brasileño Washington se mantiene cauto, distante y prescindente, como aceptando la nueva realidad geopolítica de su pérdida de hegemonía. Sin embargo, atenta a los múltiples intereses que aún posee en la región, así como a su alianza tradicional con los factores de poder que quedaron del lado de los golpistas o directamente operaron para erosionar las fuerzas democráticas especulando con la posibilidad de recapturar ganancias extraordinarias, la administración de Barack Obama no tardó en reconocer la legalidad de los gobiernos surgidos de estos procesos. No es lo mismo que invadir un país, pero no deja de ser una intervención negativa.

Así quedaron las cosas después del golpe blando en Brasil. A la espera de otros eslabones en esta nueva cadena de intervenciones antidemocráticas, a menos que el joven bloque regional sudamericano genere mecanismos defensivos que le permitan preservar lo que queda en pie y regenerar lo que hace falta en términos de cultura democrática, tanto en los países amenazados por esta nueva tendencia como en aquellos que ya optaron por salidas autoritarias para sus crisis de gobernabilidad.

¡Canallas! ¡Canallas! ¡Canallas!


El jueves dos de abril de 1964 otro golpe de Estado, un golpe cívico-militar, se consumaba, liquidando un gobierno elegido por el voto popular y soberano. En aquella ocasión, las mismas fuerzas que ayer triunfaron recorrieron a los cuarteles. Ahora, las tropas son dispensables. Hace 52 años, presidiendo una sesión extraordinaria del Congreso que reunía a diputados y senadores, el conspirador derechista Auro de Moura Andrade decretó vacante la presidencia, afirmando que el presidente constitucional, João Goulart, había abandonado el país.

Era mentira. Goulart estaba en Porto Alegre, capital de Rio Grande do Sul, intentando reunir fuerzas suficientes para resistir al golpe. Moura Andrade lo sabía. Todos sabían. El entonces diputado Tancredo Neves, conocido por sus maneras suaves y cordiales, apuntó el dedo al rostro de Moura Andrade y disparó, con insospechada voz de trueno: “¡Canalla! ¡Canalla! ¡Canalla!”.

Pasados los años, hace dos días le tocó al nieto de Tancredo, el senador Aécio Neves, uno de los artífices del golpe contra Dilma Rousseff, ver cómo su colega Roberto Requião, del mismo PMDB de Michel Temer, lo miraba en los ojos y disparaba, a él y a su pupilo Antonio Anastasía, las mismas palabras: “¡Canallas! ¡Canallas! ¡Canallas!”.

Ayer, la palabra quedó estampada, de una vez y para siempre, en la frente de Aécio, Anastasía y otros 59 senadores. Siete más de lo que sería necesario para fulminar un mandato popular. Algunos de los 61 votos que destituyeron a la presidenta fueron emitidos por senadores que hasta hace pocos meses eran ministros del gobierno ahora liquidado. En los largos e intensos debates de los últimos días se ha visto de todo: cinismo, farsa, hipocresía, cobardía, traición.

Canalladas.

No hubo una sola prueba concreta que justificase pasar por arribe los 54 millones de votos soberanos logrados por Dilma Rousseff en octubre de 2014. Bajo el manto de las formalidades, se consumó la indignidad.

Lejos del pleno del Senado, lo que se ha visto fue la reiteración de los viejos hábitos de la más baja política brasileña: Michel Temer y sus cómplices ofreciendo el oro y el moro para asegurar votos suficientes para legitimarlo legalmente en el puesto que usurpó a base de traición. Legalmente: moralmente, imposible.

Sobran ejemplos de ese comercio de intereses. Menciono dos.

A las tres de la mañana de ayer, frente a un pleno casi vacío y a una audiencia ínfima, uno de los que se declararon “indecisos”, el ex jugador Romario, leyó, con evidente dificultad, el texto escrito por algún asesor justificando su voto favorable a la destitución de Dilma Rousseff.

Dijo que se convenció gracias a las razones expuestas por los acusadores de la mandataria.

Mentira: se convenció al lograr el nombramiento de algunos de sus apaniguados en el gobierno de Temer.

Idéntica suerte tuvo el también “indeciso” senador Cristovam Buarque, ex ministro de Educación del primero mandato de Lula da Silva: a cambio de su voto, se le prometió el luminoso puesto de embajador brasileño en la Unesco. Cambió una biografía por París.

Ese ha sido el precio de su dignidad, suponiendo que Temer cumpla lo pactado. Y suponiendo que esa dignidad alguna vez existió.

¡Canallas! ¡Canallas infames! ¡Un aquelarre de 61 canallas!

¿Por qué? Por haber asumido una farsa. Por imponer a los brasileños un programa político y económico que fue rechazado con vehemencia por las urnas electorales en las cuatro últimas elecciones. Por entregar el país a una pandilla. Por vilipendiar la historia. Por entreguistas. Por condenar el futuro. Por haber permitido que una mujer honesta sea sustituida por un bando de corruptos.

Por defender la traición.

La historia sabrá juzgarlos. Lo que cometieron ayer, sin embargo, es irreversible. El precio será pago por los humildes, como siempre. Empieza ahora un tiempo de incertidumbre. De expoliación de derechos alcanzados en los últimos trece años.

Tiempo de brumas. Tiempo de infamias. Tiempo de vergüenza.

Tiempo de canallas.


Por Eric Nepomuceno

Jaque a la democracia regional


Lula da Silva asumió como presidente de Brasil en enero de 2003, Néstor Kirchner lo hizo en la Argentina en mayo del mismo año. Comenzó entonces un ciclo democrático colectivo sin precedentes que ayer tuvo su punto final, de la peor manera imaginable. Un golpe de estado “blando”, camuflado en ropaje institucional. Aún aquellos que defienden su nula legalidad reconocen que asume un presidente impresentable, carente de votos y de legitimidad de origen. La presidenta reelecta Dilma Rousseff fue desplazada tras cuatro victorias de su partido en elecciones libres. El sucesor, Michel Temer, está desacreditado y fue abucheado por multitudes antes de su asumir. Llega montado en una endeble coalición parlamentaria que lo usó como ariete. Todo indica que el establishment, que encontró un atajo para llegar al poder, deberá buscar otro dirigente para tener chances en la elección presidencial de 2018 si Temer consigue pervivir.


Cuando el siglo se iniciaba, dos mandatarios argentinos debieron renunciar anticipadamente tras derramar sangre de sus compatriotas. El entonces presidente boliviano Gonzalo Sánchez de Lozada reprimía a sangre y fuego la insurrección popular.

La herencia neoconservadora fue cuestionada por los pueblos y sus líderes. Distintos regímenes, adecuados a la historia y características de cada estado, se consolidaron luego, consiguiendo estabilidad política y económica jamás conocidas antes. En el lapso transcurrido entre 2003 y 2015 llegaron a conducir sus países un obrero metalúrgico (Lula), tres mujeres (Dilma, Cristina Fernández de Kirchner y Michelle Bachelet) y un indígena. Avances y progreso cultural que fueron de la mano con mejoras notables en las condiciones socioeconómicas generales, en particular de los sectores populares.

La acción conjunta de Brasil, la potencia de América del Sur, y de Argentina como aliado estratégico apuntalaron esos procesos, que se fueron acuñando en cada realidad, con sus propios tiempos y características.


La región transitó tiempos de paz relativa, sin guerras internacionales. También quedó a cubierto de ataques del terrorismo internacional, que devasta casi todas las otras comarcas del planeta.

América del Sur fue el ciento y único continente que no adhirió a la cruzada contra el terror encabezada por Estados Unidos tras el atentado contra las Torres Gemelas. No adhirió a brutales misiones militares que agravaron a niveles delirantes la situación en Medio Oriente. Ni se prestó para instalar campos de detención “a la Guantánamo” en su suelo. Las dos excepcionalidades (paz y abstención sensata) se complementaron y realimentaron.

El obrar veloz y decidido de los jefes regionales, conducidos por Brasil y Argentina, fue imprescindible para garantizar una salida democrática en Bolivia primero. Más adelante, para frenar de raíz una ofensiva militar de Colombia contra Ecuador y conjurar golpes sangrientos contra los presidentes Evo Morales y Rafael Correa en Bolivia y Ecuador.

La resistencia conjunta al golpismo fracasó en Paraguay y Honduras, en lo que visto desde hoy fueron más ensayos generales que presagio de lo consumado ahora en Brasil.

La paz es un pilar para la vida cotidiana y para cualquier esquema de desarrollo económico. Desplazados sus sostenes políticos, cabe preocuparse por su continuidad.


El Canciller brasileño, José Serra, elogió a los regímenes parlamentarios, tratando de embellecer al parlamento de su país. El debate sobre regímenes políticos es siempre vigente pero no parece que este sea el mejor estadio histórico para que América (cuna de los presidencialismos de sur a norte) mire al “modelo” europeo. Los gobiernos parlamentarios atraviesan un mal momento, que se prolonga desde hace varios años.

En España, por primera vez en décadas, la derecha encarnada por el presidente Mariano Rajoy no consigue formar gobierno, tras dos elecciones.

El sistema bipartidista inglés, antaño el más afiatado de todos, hace agua: el Brexit refleja una crisis política y cultural mayúscula que se proyecta al “Continente” con pronóstico reservado.

Las derechas xenófobas y racistas ganan creciente aprobación ciudadana y se convierten en opciones de gobierno en varios países de Europa. El “socialista” francés François Hollande va camino de una derrota aplastante, factiblemente a manos de la derecha salvaje de Marine Le Pen o del cada vez más extremista ex presidente Nicolas Sarkozy.

En Italia, tierra de alquimias, sobrevive un gobierno sin votos y sin desempeños dignos de mención.

Grecia, el eslabón más débil, padeció la desolación causada por la mega crisis económica financiera concebida en el centro del mundo y defendida por sus líderes. El intento de promover una vía alternativa fue sojuzgado por la “troika” europea y debilitado por contradicciones internas.

Solo se mantuvieron estables los gobernantes de las dos potencias del capitalismo dominante: Alemania y Estados Unidos. De cualquier manera, el presidente Barack Obama se retira y lo seguirá un retroceso que será pavoroso si Donald Trump contraría los pronósticos y arriba a la Casa Blanca.

América del Sur –mal que le pese a los detractores de los gobiernos progresistas, nacional populares, socialdemócratas o relativamente radicales de izquierda– fue una excepción en el ocaso de las democracias y de los estados de bienestar. Claro que los países centrales llegaron muy alto y desde ahí vienen declinando. Nuestras naciones remontaron desde abajo, desde el infierno como solía mentar Kirchner aludiendo a la Argentina.

La mejora general en este Sur no fue absoluta ni exenta de traspiés, errores y contradicciones. La derrota electoral del kirchnerismo a manos del presidente Mauricio Macri fue una señal de alerta. Con enormes diferencias también lo es el tirabuzón del gobierno bolivariano, acentuado tras el fallecimiento del presidente Hugo Chávez.

De cualquier modo, desde que éste llegó a gobernar, hubo elecciones libres y sin proscripciones en todos y cada uno de los estados. Otra novedad, dañada ayer mismo.


Este cronista es reacio a los pronósticos porque el futuro jamás está escrito. Esto dicho, el escenario contiene factores objetivos desoladores. Los aliados ideológicos de Temer entienden que es un mandatario débil. La Canciller argentina, Susana Malcorra, lo expresó esta misma semana en una charla con alrededor de quince invitados, organizada por la Fundación Embajada Abierta. Reconoció que es dudoso cuánto poder tendrá el nuevo gobierno, después del impeachment.

Temer y Macri se perfilan para formar un nuevo eje político, alineado con Estados Unidos. La acción conjunta para desplazar a Venezuela de la presidencia pro tempore del Mercosur, inimaginable en años precedentes, ahora está a punto de coronarse. La institucionalidad del Mercosur siempre fue endeble pero jamás cayó tan hondo. Malcorra afirmó que la presidencia colegiada dejando fuera a Venezuela es algo así como la cuadratura del círculo. Un eufemismo para caracterizar una jugada prepotente que vaticina otras peores.


En materia económica se acostumbra decir que cuando llueve o diluvia en Brasil, la Argentina germina o se inunda. El país hermano atraviesa recesión severa y las recetas que pergeña el poder económico no tienen pinta de revertir el problema. El ajuste es la receta cantada. El “gasto social” pinta para ser el pato de la boda. La debacle del gran vecino puede ser contagiosa y perjudicial para la Argentina, con cualquier gobierno.

Macri, con un punto de arranque mejor en lo político y lo económico que Temer, empeoró en nueve meses todos los indicadores, incluyendo aquellos que se prejuzga como propicios para la derecha: inflación, hasta reservas en el Banco Central.


La legitimidad de origen de los presidentes populares se consolidó mediante una modalidad validada de ejercicio. Sustentabilidad política, paz y reformas económicas parciales progresivas constituyeron un combo negado por sus detractores, que ahora se proponen combatirlo.

Dilma se defendió con altura y pasión, distinguiéndose de sus fiscales, energúmenos hasta para argumentar. Los verdugos no consiguieron la mayoría requerida para inhabilitarla políticamente, en una jornada oprobiosa para la historia colectiva, jubilosa para ellos. Se retira sin haber ejercido violencia ni provocarla para defenderse aunque puede reprochársele haber asumido el “programa del adversario” en el segundo período.

Lula da Silva conserva el rol del mayor estadista de su patria y de la región, proporcional a la gravitación de su patria. Siempre fue consecuente con sus principios y su origen humilde. Nada borra todo lo que hizo, menos que nada los festejos culposos de la derecha regional que llegó con malas artes al sitio que la decisión popular le negó durante trece años.


Por Mario Wainfeld


Brasil se enfrenta a los ojos de la historia


El nuevo régimen, nacido de la mano del establishment económico, judicial y mediático, se impuso por el proceso de impeachment iniciado el 12 de mayo, durante el cual no fue presentada ninguna prueba de los delitos atribuidos a Dilma Rousseff.

La democracia quedó atrás. Dilma Rousseff, electa hace 22 meses por 54,5 millones de brasileños, fue depuesta ayer a las 13.30 por el voto de 61 senadores, sobre un total de 81 que forman la Cámara alta, entre quienes hay más de veinte con prontuario penal y denuncias de todo calibre.

“La historia será implacable con (…) el gobierno golpista” de Michel Temer, prometió Rousseff, una hora y media después de la clausura del ciclo democrático iniciado por completo en los comicios directos de 1989 (y no en los de 1985, cuando un colegio de electores escogió al primer mandatario civil post-dictadura).

“Nosotros volveremos para continuar nuestra marcha hacia un Brasil donde el pueblo sea soberano” prometió en el Palacio de Alvorada, del que se mudará en unos días, cuando lo ocupará Temer para completar el mandato hasta el 31 de diciembre de 2018.

Dilma habló al lado de la profesora y ex ministra de su gobierno Eleonora Mennicucci, una de sus compañeras de celda durante los tres años de prisión a los que fue condenada en 1970 por un tribunal militar por haber enfrentado con las armas a la dictadura. Junto a la ex presidenta y Mennicucci estaban las senadoras Gleisi Hoffmann y Fatima Bezerra, que fueron la infantería del Partido de los Trabajadores en el combate desigual contra la mayoría destituyente que hegemoniza el Poder Legislativo.

Menuda y delicada, Gleisi será recordada por haber enfrentado a una decena de hombres en el recinto, entre ellos el ganadero Ronaldo Caiado, de casi 1,90 metro, al grito de “Yo me pregunto qué moral tienen estos senadores para juzgar a una presidenta honesta”.

Un planteo que desató la furia de la alianza formada por el Partido Movimiento Democrático Popular (PMDB), de Temer; el Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB), de Aécio Neves y Fernando Henriqe Cardoso, y Demócratas (DEM), del fornido Caiado.

Ocurre que el régimen surgido ayer no consiente ofensas a las autoridades surgidas de espaldas a la voluntad popular: en su primera reunión de gabinete, Temer instruyó a sus ministros para que rebatan a quien los acuse de “golpistas”.

Esta democracia postiza, obsesionada por los rituales y la formalidad republicana, es el producto de un impeachment iniciado el 12 de mayo, durante el cual no fueron presentadas pruebas consistentes de los delitos atribuidos a la acusada. A tal punto que los adversarios de la mandataria tenían derecho de citar a seis testigos para respaldar sus acusaciones sobre la supuesta violación a las leyes de Presupuesto y Responsabilidad Fiscal y sólo presentaron dos.

En su alegato final de una hora, la abogada denunciante, Janaina Machado, dedicó menos tiempo a los aspectos técnico-jurídicos del caso que a su narrativa mesiánica anticomunista. Dijo Machado, heroína de los jóvenes neocons, que ayer festejaron con champan en la principal avenida de San Pablo, que Dios la había escogido para vengar al PT, que con sus malas costumbres “totalitarias” había llevado a Brasil hacia la desviación moral. Y a Dilma le recomendó dejar de echar mano del discurso de género porque no es verdad que la sociedad brasileña sea machista.

“Acaban de derribar a la primera mujer presidenta de Brasil. Este golpe es misógino, homofóbico, racista, es la imposición del prejuicio y la violencia” enumeró ayer Dilma entre senadoras y compañeras de militancia.

La derrota sufrida por Rousseff en el Senado, 61 a 20, fue más abultada de lo que se esperaba en el PT, donde confiaban en revertir algunos votos gracias a la negociaciones a cargo de Luiz Inácio Lula da Silva, que viajó a Brasilia. Como atenuante queda que la ex presidenta no fue privada de sus derechos políticos, como lo deseaban sus enemigos, y esto abre un horizonte posiblemente fecundo, dado que desde su separación del cargo, en mayo, Rousseff reforzó su participación en actos políticos y construyó un liderazgo bastante genuimo en las organizaciones femeninas urbanas y rurales.

A su modo, políticamente poco sofisticado, demostró su voluntad de lucha y temple como lo hizo el lunes en su exposición de 17 horas ante el Senado, durante las cuales prácticamente no dejó dudas sobre su inocencia. Con su retórica simple, por momentos torpe, Dilma calló a los legisladores que intentaron enredarla con trampas lingüísticas.

Quizá sea por esa estatura moral y su estilo llano que la ex mandataria genera tanto escozor en las derechas.

Ayer los festejos del amplio campo destituyente estuvieron preñados de promesas de venganza contra Dilma, Lula y el legado de 13 años de gobiernos petistas iniciados en 2003, cuando los formuladores de políticas del partido habían diseñado un plan estratégico que necesitaba de 20 años para corregir las desigualdades profundas a través de reformas progresistas.

La caída de Dilma es un revés grave, tal vez irremontable, porque truncó ese proyecto de equidad social y democracia política que había comenzado a desvirtuarse en 2015, con la desginación del neoliberal Joaquim Levy al frente del Ministerio de Hacienda para aplicar un ajuste ortodoxo que dejó 10 millones de desocupados y una recesión que hizo caer el PBI a -3,8 por ciento

Otra herencia dejada por el ministro Levy fue una Dilma Rousseff con un rechazo de más del 60 por ciento en la opinión pública, imagen negativa que subía al 70 por ciento entre el público blanco y de clase media tomado por un inédito fanatismo militante dictado desde la cadena Globo. Sin embargo, aquel aluvión conservador que desbordó las calles hasta marzo pasado, vociferando “Fuera Dilma”, no salió a festejar la confirmación de Temer como jefe de Estado.

Sucede que esta administración post dilmista arriba con muy baja aprobación, dado que no causa ninguna simpatía en las clases populares y despierta resquemores en el electorado medio preocupado con la corrupción. Y su falta de votos y apoyo del público las compensa con la gradual policialización-militarización del Estado.

Ayer la Policía Militar de Brasilia cargó con balas de goma y gas pimienta contra la movilización, no muy numerosa, que marchó en defensa de la democracia y coreando “Fuera Temer” por la avenida Eje Monumental hasta la Terminal Central de Colectivos. Más feroz, según los relatos de los militantes, fue la paliza propinada el martes por la Policía Militarizada a los manifestantes que se concentraron en San Pablo, donde anoche se realizaron nuevos actos de protesta al igual que en Río de Janeiro.

Este golpe “blando” neonato tiende a endurecerse con el correr de los meses, específicamente luego de los comicios municipales de octubre, cuando seguramente se confirmará la ocupación militar de las favelas de Rio de Janeiro y la represión a la disidencia política y social.

Temer repitió, tras tomar posesión del cargo, que su prioridad son las “reformas” previsional y laboral. El vector de su programa de regresión económica fue presentado por el ministro de Hacienda y ex funcionario de la banca privada Henrique Meirelles, que impulsa reformar la Constitución para congelar por 20 años (sí, veinte años) los gastos en salud y educación, pero no el monto de los pagos de intereses de la deuda.

En su primera reunión de gabinete, a las 17.30 de ayer, Temer se sentó en la cabecera de una sala del Palacio del Planalto y a su derecha se ubicó el ministro de Justicia, Alexandre de Moraes, una pieza importante en el nuevo engranaje de poder.

De Moraes, con quien Temer mantiene una relación antigua, es defensor de la nueva Ley Antiterrorista que, en algunos casos, equipara a los manifestantes con guerrilleros urbanos que ponen en peligro la seguridad nacional.

La historia de Brasil se partió en dos


Finalmente, este miércoles la historia de Brasil se partió en dos.

Como en aquella noche del 31 de marzo de 1964, los dueños de todas las cosas despacharon de arrebato a los inquilinos legítimos del Palacio de Planalto en un sainete vergonzosamente fraudulento. Esta vez no hicieron falta las botas militares ni el protagonismo tan activo del Tío Sam. El putrefacto, elitista y machista sistema político brasileño lo hizo posible. Secundado, claro está, por los cañones del leviatán mediático y su cabeza de O´Globo, que aportaron la necesaria cuota de blindaje y anestesia.

Luego de 112 días de farsa jurídica, el trabajo sucio en la estocada final lo asumieron los 61 senadores que eligieron colgarse la mochila eterna del golpismo a cambio de un puñado de favores para sus negociados. Misma tragicomedia que habían protagonizado 367 diputados aquel 17 de abril. En buena parte de ellos, la prebenda pasa también por una eventual inmunidad judicial: 41 de los 81 senadores y casi un tercio de los diputados está salpicado en casos de corrupción.

Lo mismo que el conspirador Michel Temer y su tropa. Quien ahora tendrá la banda presidencial hasta fines de 2018 está vinculado al escándalo de Petrobras: en una delación premiada, el empresario Marcos Odebrecht (preso por este caso) aseguró que Temer le pidió más de 3 millones de dólares para campañas de su partido.

Directivos de la misma empresa admitieron que el entramado de corruptela arrancó en la campaña presidencial del actual canciller José Serra en 2010. Por si acaso, tres ministros de Temer ya debieron renunciar por escándalos similares. Y ni hablar de Eduardo Cunha, principal autor intelectual del impeachment, suspendido por la Corte Suprema como presidente de la Cámara Baja por delitos ostentosos.

Es cierto que la huella de corrupción inunda a toda la clase política brasileña, incluida parte de la dirigencia del PT (decía el periodista Pompeu de Toledo que “la corrupción forma parte de nuestro sistema de poder así como el arroz y el fríjol de nuestras comidas”). Pero no menos rigurosa es la inocencia de Dilma, a quien no se le consiguió probar delito alguno. Tan floja de papeles fue la imputación, que las irregularidades fiscales por las que se la destituye fueron practicadas por todos los gobernantes de los últimos 20 años, incluido el propio relator del impeachment, Antonio Anastasia, quien durante su gestión como gobernador en Minas Gerais las cometió 51 veces…

La historia la absolverá

El discurso de defensa de Dilma el pasado lunes estuvo cargado de una lucidez y una fuerza moral admirable. Sin efumemismos, describió el proceso como una “grave ruptura institucional, un verdadero golpe de Estado. Un golpe que, una vez consumado, resultará en la elección indirecta de un gobierno usurpador”.

También dejó al desnudo que “la ruptura democrática se da por medio de la violencia moral de pretextos constitucionales para que se otorgue apariencia de legitimidad al gobierno que asume sin el aparo de las urnas. Se invoca a la Constitución para que el mundo de las apariencias encubra hipócritamente el mundo de los hechos”. Y sintetizó las implicancias del golpe: “Lo que está en juego no es sólo mi mandato sino el respeto a las urnas, a la voluntad soberana del pueblo brasileño. Lo que está en juego son las conquistas de los últimos 13 años”.

En efecto, la conspiración político-judicial-mediática que se llevó puestos 54 millones de votos vino a imponer el proyecto económico derrotado en las últimas cuatro elecciones. A desandar las conquistas sociales (progresistas, ni siquiera transformadoras) desplegadas desde que asumió Lula en 2003, a reinstalar el modelo neoliberal noventoso que impulsaron Collor de Mello y Fernando Henrique Cardoso.

Como sintetizó la senadora Regina Souza, era una batalla entre la Bolsa Familia (principal programa social) y la Bolsa de Valores. La victoria estaba cantada.

Los dilemas del PT

Pasado el duelo de tremendo cachetazo, el PT y las fuerzas que lo acompañan deberán afrontar una necesaria autocrítica para analizar con precisión la etapa que se cerró este miércoles.

Van algunos posibles interrogantes al respecto: ¿Qué hubiese pasado si se escuchaba con más audacia el clamor de la reforma al sistema político? ¿Con qué estrategias enfrentar a una maquinaria de poder legislativa controlada por la elite empresario-evangélica? La supuesta indispensable alianza con el centroderechista PMDB, ¿no terminó siendo un salvavidas de plomo? ¿Es ineludible la fórmula de conciliación de clases para llegar al gobierno y mantenerse? ¿Cuánto influyó no atreverse a democratizar el esquema comunicacional y combatir el monopolizado terrorismo mediático? ¿Por qué no se apostó a sostener el proyecto en el protagonismo y la movilización popular?

Tal vez en las deudas pendientes se podrán encontrar algunas pistas para recalcular y reimpulsar las fuerzas del progresismo brasileño. No todo está perdido: quien aparece hoy con mejores chances para las presidenciales de 2018 es nada menos que Lula.

La consumación del golpe tiene, sin dudas, un gran impacto en América Latina. No sólo por la descomunal influencia del gigante del Sur como primera economía regional. El giro en política exterior –encabezado por el canciller Serra- trastocó la correlación de fuerzas en el escenario diplomático. La ofensiva contra Venezuela en el Mercosur, articulada junto a Argentina y Paraguay, evidencia un plan continental monitoreado desde Washington cuya principal obsesión es tumbar la revolución bolivariana. De la capacidad de rearticulación de las fuerzas progresistas y populares y de la resistencia que logren los pueblos en las calles dependerá que esta ofensiva conservadora se pueda revertir.

VOLVEREMOS !!!



Volverán aquellas mujeres que lucharon por darle una vida mejor, a las personas, que otros gobiernos no miraban.

Golpista Michel Temer asume la presidencia de Brasil


Michel Temer ha asumido la presidencia de Brasil después de la destitución de Dilma Rousseff en un proceso que la mandataria tildó de un ‘golpe de Estado parlamentario’.

Temer —quien ya estaba sustituyendo a Rousseff como interino desde su suspensión en mayo— ha juramentado este miércoles como nuevo jefe de Estado de Brasil hasta 2018 en un acto ante el pleno del Senado.

En la primera reunión con su gabinete ministerial, tras asumir oficialmente el cargo de presidente de Brasil, Temer que enfrenta fuertes protestas por su dura política de austeridad, ha prometido abrir una "nueva era" durante el periodo que le queda por completar hasta 2018.

8 meses y 17 días después del inicio del proceso de impeachment contra Rousseff, la mayoría del Senado ha votado a favor de que abandone el cargo de presidenta del país, pero podrá ejercer cargos públicos si lo desea.

En una votación que se ha realizado de manera electrónica y en dos rondas, teniendo que responder cada miembro del Senado solo "sí" o "no" a la pregunta de si considera que la mandataria violó la Ley de Responsabilidad Fiscal, Rousseff fue señalada culpable de corrupción y destituida de forma definitiva por el Senado de Brasil, con 61 votos a favor y 20 en contra.

Dilma Rousseff promete volver a luchar, tras ser destituida este miércoles del cargo de presidenta de Brasil, por lo que llamó un ‘golpe de Estado parlamentario’.


En reacción a esta decisión, la exmandataria ha aseverado que el Senado de su país consumó "un golpe de Estado parlamentario" al decidir interrumpir el mandato de una presidenta que “no cometió crimen” alguno y ha advertido al Gobierno "golpista" de Temer de que volverá a luchar.

Venezuela retira su embajador y congela sus lazos con Brasil


Venezuela ha retirado su embajador y congelado sus relaciones con Brasil en protesta por la destitución de la presidenta Dilma Rousseff.

"Venezuela ha decidido retirar definitivamente a su Embajador en la República Federativa de Brasil, y congelar las relaciones políticas y diplomáticas con el gobierno surgido de este golpe parlamentario", ha anunciado este miércoles la Cancillería venezolana en un comunicado.

El Ministerio de Exteriores venezolano manifiesta que su país condena "categóricamente" la destitución de Rousseff y considera que la mandataria brasileña ha sufrido un "golpe de Estado parlamentario" que, además de invalidar ilegítimamente los votos de los millones de brasileños que la eligieron para el cargo, ha violentado la Constitución y alterado la democracia en Brasil.

Venezuela ha decidido retirar definitivamente a su Embajador en la República Federativa de Brasil, y congelar las relaciones políticas y diplomáticas con el gobierno surgido de este golpe parlamentario", ha anunciado la Cancillería venezolana en un comunicado.

Venezuela ha tachado la medida del Senado contra Rousseff de una “traición histórica” contra el pueblo de Brasil y un atentado contra la integridad de la ya exmandataria brasileña.

Por otra parte, ha reiterado que "este golpe de Estado parlamentario" se realiza en línea con los objetivos que busca el imperialismo en la región.

“Este golpe de Estado parlamentario forma parte de la embestida oligárquica e imperial contra los procesos populares, progresistas, nacionalistas y de izquierda, cuyo único fin es restaurar los modelos neoliberales de exclusión social y expoliación de nuestras riquezas naturales que trajeron consigo pobreza y atraso para nuestros pueblos, y acabar así con los modelos de genuina democracia y de integración unitaria de la Región alcanzados por los Presidentes Hugo Chávez, Néstor Kirchner, Lula Da Silva, Evo Morales, Tabaré Vázquez y Rafael Correa”, explica.

La nota agrega que, además de las mencionadas medidas que ha tomado en solidaridad con el pueblo brasileño, iniciará un conjunto de consultas para apoyar a esa nación, que ha visto vulnerado su sistema democrático y se siente desesperanzado ante sus conquistas socioeconómicas.

Por su parte, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, ha decidido retirar a su máximo representante diplomático en la capital brasileña, inmediatamente después de que el Senado determinará la destitución de Rousseff como jefa de Estado de Brasil.

"Destituyeron a Dilma. Una apología al abuso y la traición. Retiraremos nuestro encargado (de negocios) de la embajada" en Brasilia, ha escrito el mandatario ensu cuenta en Twitter.

Asimismo, el presidente de Bolivia, Evo Morales, ha anunciado en su cuenta de Twitter que están convocando al embajador de Bolivia para que "tome las medidas necesarias sobre este asunto".

El Gobierno de Cuba también ha rechazado enérgicamente el golpe de estado parlamentario-judicial contra la presidenta Rousseff, lo que califica como acto de desacato a la voluntad soberana del pueblo del país sudamericano.8 meses y 17 días después del inicio de su impeachment, Rousseff, la mayoría del Senado ha votado a favor de que abandone el cargo de presidenta, pero podrá ejercer cargos públicos si lo desea.

En una votación que se ha realizado de manera electrónica y en dos rondas, teniendo que responder cada miembro del Senado solo "sí" o "no" a la pregunta de si considera que la mandataria violó la Ley de Responsabilidad Fiscal, Rousseff fue señalada culpable de corrupción y destituida de forma definitiva por el Senado de Brasil, con 61 votos a favor y 20 en contra.

Así, el presidente en ejercicio, Michel Temer —quien ya estaba sustituyendo a Rousseff como interino desde su suspensión en mayo— ha tomado posesión como nuevo jefe de Estado hasta 2018, entre fuertes protestas contra su política de duros recortes.

Rousseff a los ‘golpistas’: ¡Están equivocados, volveremos!


Dilma Rousseff promete volver a luchar, tras ser destituida este miércoles del cargo de presidenta de Brasil, por lo que llamó un ‘golpe de Estado parlamentario’.

"Escuchen bien: ellos piensan que nos vencieron, pero están engañados. Sé que todos vamos a luchar. Habrá contra ellos la más firme, incansable y enérgica oposición que un gobierno golpista pueda tener", ha advertido este miércoles a los que conspiraron en su contra en un discurso pronunciado en el palacio presidencial Alvorada después de que el Senado la despojara de su cargo de mandataria del país.

Rousseff ha aseverado que el Senado de su país consumó "un golpe de Estado parlamentario" al decidir interrumpir el mandato de una presidenta que “no cometió crimen” alguno. "Hoy el Senado Federal tomó una decisión que ingresa a la historia como una de las grandes injusticias", ha enfatizado.

Escuchen bien: ellos piensan que nos vencieron, pero están engañados. Sé que todos vamos a luchar. Habrá contra ellos la más firme, incansable y enérgica oposición que un gobierno golpista pueda tener ", ha advertido Dilma Rousseff en un discurso pronunciado en el palacio presidencial Alvorada después de que el Senado la despojara de su cargo de presidenta de Brasil.

La ya expresidenta ha reiterado que el Senado condena a “una inocente” y tumba “a la primera mujer presidenta de Brasil sin que haya cualquier justificación constitucional para el impeachment”.

De acuerdo con Rousseff, lo que pasó este miércoles en el Senado es la sustitución de la voluntad popular de 54 millones de brasileños que la eligieron como presidenta por la de 61 senadores que han votado en su contra rasgando la Constitución del país.

"Esta historia no acaba así. Estoy segura que la interrupción de este proceso por el golpe de Estado no es definitiva. Nosotros volveremos, volveremos para continuar nuestra jornada rumbo a un Brasil en que el pueblo es soberano", ha prometido.

8 meses y 17 días después del inicio del impeachment de Rousseff, la mayoría del Senado ha votado a favor de que abandone el puesto de presidenta del país,pero podrá ejercer cargos públicos si lo desea.

En una votación que se ha realizado de manera electrónica y en dos rondas, teniendo que responder cada miembro del Senado solo "sí" o "no" a la pregunta de si considera que la mandataria violó la Ley de Responsabilidad Fiscal, Rousseff fue señalada culpable de corrupción y destituida de forma definitiva por el Senado de Brasil, con 61 votos a favor y 20 en contra.

Así, el presidente en ejercicio, Michel Temer —quien ya estaba sustituyendo a Rousseff como interino desde su suspensión en mayo— ha tomado posesión como nuevo jefe de Estado hasta 2018, entre fuertes protestas contra su política de duros recortes.

Rousseff destituida, pero habilitada para ejercer cargos públicos


8 meses y 17 días después del inicio de su ‘impeachment’, Dilma Rousseff es destituida por una amplia mayoría del Senado, pero podrá ejercer cargos públicos.

En una votación que se realizó de manera electrónica y en dos rondas, teniendo que responder cada miembro del Senado solo "sí" o "no" a la pregunta de si considera que la mandataria violó la Ley de Responsabilidad Fiscal, Rousseff fue señalada culpable de corrupción y destituida de forma definitiva por el Senado de Brasil, con 61 votos a favor y 20 en contra.

La división en dos rondas se hizo a petición del Partido de los Trabajadores (PT), que la presentó apenas unos minutos antes del inicio de la sesión. Se hicieron por tanto dos votaciones: una para decidir sobre la destitución de la ya expresidenta y, una vez que esta fue aprobada, una segunda sobre su posible inhabilitación política durante los próximos ocho años.

En la segunda ronda de votación, los parlamentarios senadores votaron mantener los derechos políticos de Rousseff por 42 votos a favor, 36 en contra y tres abstenciones.

Para recuperar su cargo, del que fue apartada temporalmente en mayo, la dignataria necesitaba el apoyo de al menos dos tercios de la cámara; es decir, 54 senadores.

Con la salida de Rousseff de la presidencia, se pone fin al periodo de 13 años de gobiernos del PT, que comenzó con Lula da Silva en 2003.

Así, esta misma tarde, el presidente en ejercicio, Michel Temer —quien ya había sustituido a Rousseff como interino desde su suspensión en mayo—, tomará posesión como nuevo jefe de Estado hasta 2018, entre fuertes protestas contra su política de duros recortes.

Rousseff, que ya ha sido apartada por el voto final del Senado, había calificado ayer lunes su posible destitución de "golpe de Estado" que daría paso a un Gobierno "usurpador".

martes, 30 de agosto de 2016

Brasil. Dilma Rousseff presentó su defensa: “Jamás atentaría contra la democracia o la Constitución”


Dilma Rousseff asegura que durante su mandato ha honrado el compromiso con su pueblo, con la democracia y el estado de derecho.

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, aseguró este lunes que al ejercer la presidencia de la República ha respetado fielmente el compromiso que asumió frente a la nación y a las personas que la eligieron.

Durante su comparecencia ante el Senado de la República para presentar su defensa en el marco del impeachment en su contra, Rousseff destacó que siempre ha creído en la democracia como el estado de derecho, y siempre ha visto la Constitución de 1988 como una de las más grandes conquistas del pueblo brasileño, por lo que “jamás atentaría contra lo que yo creo o practicaría algún acto que sea contrario a los intereses de los que me eligieron”..

La líder de izquierda, que en 2014 fue reelecta como presidenta de Brasil por más de 54 millones de ciudadanos, defiende el respeto por la democracia y la voluntad del pueblo, además, rechaza la “injusticia de ser condenada incluso siendo inocente”.

“Al ejercer la presidencia de la República he honrado el compromiso que asumí con mi país, con la democracia y el estado de derecho. He sido intransigente en la defensa de la democracia”, dijo.

Reconoció que tiene defectos como cualquier otra persona, pero entre ellos no está la deslealtad y cobardía, mucho menos la traición con los que luchan a su lado.

Dilma recordó que por muchos años sufrió la prisión, “ví a compañeros morir, yo tenía miedo de la muerte pero nunca cedí y resistí, no dejé de lado nada a pesar de recibir el peso de la injusticia sobre mis hombros”.

Destacó que pese a todas esas vicisitudes luchó por una sociedad libre de perjuicios y humillaciones, “por un Brasil soberano donde existiera la equidad y justicia”. Ante el logro de estos valores en su mandato, Rousseff enfatizó que frente a las acusaciones que se le hacen“no puedo dejar de sentir la injusticia y es por eso que igual que en el pasado estoy resistiendo”.

Dejó claro que su lucha no es por su cargo o apego al poder, sino por la democracia, la verdad y justicia. “Lucho por mi pueblo y su bienestar”.

En su discurso de defensa, comentó que tiene la consciencia totalmente tranquila y es por eso que asiste personalmente al Senado para darle la cara a quienes la juzgaron por crímenes que no cometió .

La mandataria separada dijo que ha quedado claro la parcialidad y la trama de quienes la señalan que no son más que pretextos para derrumbar a un Gobierno legítimo, para hacer viable un golpe a la Constitución.

Agregó que el verdadero resultado de todo este proceso será: más pobreza, más mortalidad infantil y la decadencia de los pequeños municipios de la nación.

Inconstitucionalidad del proceso

A lo largo de su defensa, Rousseff destacó la insconstitucionalidad del proceso en su contra y alegó que se trata de una maniobra política por no haber cedido a las amenazas del entonces jefe del Parlamento de Brasil, Eduardo Cunha, quien le exigió evitar el voto en su contra en el Consejo de Ética por parte del Partido de los Trabajadores (PT), para no enfrentar un Impeachment.

“Buscaron cualquier vértice para sus deseos golpistas y crearon una situación con apoyo de los medios de comunicación para contrariar los resultados electorales. Como llegó a reconocer Cunha, que buscaba que yo intercediera en su proceso y yo nunca en mi vida he aceptado amenazas y chantajes. Por no haberme plegado a estos chantajes, ahí se motivó la denuncia y se abrió el proceso por el que estoy pasando”, sostuvo.

Advirtió que, de haber sido cómplice de la propuesta de Cunha, “yo tal vez no correría el riesgo de ser condenada injustamente”.

“Este juciio se hace a costa del Estado brasileño, esa persona que apoye esto va a pagar delante de la historia el compromiso de su ética. Yo me siento orgullosa, yo no me he enriquecido en el ejercicio de cargos públicos (…) no tengo cuentas en el exterior, siempre he actuado con probidad (…) Seré juzgada por crímenes que no cometí”, mencionó.

Ruptura del orden democrático

“Estamos a un paso de una gran ruptura del orden constitucional, a un paso de concretar un verdadero golpe de Estado”, dijo la mandataria, haciendo alusión a esta última etapa de juicio político.

Defendió que ha demostrado a lo largo del proceso que siguió todas las normas, reglas, metas, autorizaciones y previsiones pertinentes, por lo que las acusaciones siguen siendo a su parecer “infundadas”.

“Los resultados fiscales negativos son consecuencia de la desaceleración económica. Esconden la crisis de 2015, en 2015 tuvimos una caída del ingreso a lo largo del año de 180 mil millones menos, que no estaban previstos en la ley presupuestaria y tuvimos la mayor contingencia de la historia”, precisó.

Dijo que ante la situación debió de inmediato haber realizado una nueva contigencia, pero no lo hizo, basado en el respeto al pueblo. “La responsabilidad con la población justifica la decisión, si nosotros hubiesemos aplicado en julio la contigencia propuesta por los acusadores, se habría recortado 96 por ciento de los recursos disponibles para los gastos de la Unión, un recorte importante”, agregó.

Argumentó que en 2015, para efectos fiscales, se habría acabado en julio. “Me quieren condenar por firmar decretos que atendían las demandas de la población y diversos organismos, incluso del Poder Judicial (…) me quieren acusar de decretos que no implicaron en gasto de un centavo más”, dijo.

“Actué de forma preventiva, solicité al congreso para esos pagos y saldamos las deudas existentes. No existe ningún acto ilícito, yo no actué de forma dolosa, las decisiones fueron tomadas por la población, no realicé ningún acto en contra del patrimonio público”, aseveró Rousseff.

Quieren someterme a la pena de muerte política 

“Tengo un compromiso que no voy a eludir (…) nuestro pueblo realmente desbordó en la lucha contra el golpe. No cometí ningún crimen de responsabilidad, las acusaciones son injustas y no tienen lugar. Eliminar mi mandato es como someterme a la pena de muerte política”, subrayó la presidenta.

La mandataria separada de sus funciones dijo que no guarda rencor por aquellos que votaron contra su destitución y mencionó tener mucho aprecio por aquellos que la consideraron absuelta.

“Solo quiero decirles que en un régimen presidencial, una condena política exige que courra un crimen de responsabilidad y que sea cometido dolosamente y cabalmente. Esto sentará precedentes terribles para otros líderes electos… condena a una inocente sin pruebas, ese es el precedente”, refirió.

Finalizó su intervención pidiendo al pleno que no acepten un golpe que va a agravar la crisis brasileña: “Voten sin resentimiento (…) voten por la democracia”.