
Nicolás de Pedro, CIDOB :::: El domingo 29 de marzo Islam Karímov renovará su mandato presidencial. El resultado no es sólo previsible, sino seguro. Sin embargo, el futuro del país, a medio y largo plazo, resulta muy incierto. La gran cuestión pendiente, y sobre la que sólo cabe conjeturar, es la de la sucesión del presidente Karímov. Sus 77 años hacen de ésta una cuestión cada vez más acuciante.
El hermetismo del régimen uzbeko, la naturaleza opaca de su sistema político y el creciente déficit de estudios sobre el terreno dificultan la prospectiva. Así, los escenarios que barajan los analistas son muy abiertos y cubren un espectro amplio que oscila desde una transición sin apenas cambios, gestionada en las bambalinas del poder –con la emergencia de un nuevo hombre fuerte–, hasta la descomposición del régimen –con fuertes turbulencias políticas y sociales y un papel central para las fuerzas islamistas–.