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jueves, 2 de mayo de 2019

EL TÍTERE INTERINO DEL IMPERIO: Trump y Guaidó (+ López) vs. Venezuela


El siguiente texto fue escrito hace unos días. Estuvo en remojo mientras surgían nuevos adjetivos sobrantes y unos cuantos verbos innecesarios.
Iba a enviarlo para su publicación cuando ocurrió el nuevo intento de golpe de estado en Venezuela. Con la certeza de que no habría necesidad de quitarle párrafos porque desde los primeros momentos era claro que se trataba de otro espectáculo de variedades de los que se están acostumbrando a brindar los Estados Unidos en Venezuela y la oposición venezolana en los medios internacionales dominantes, sí tuve la duda sobre la conveniencia o no de agregarle algunas líneas haciendo referencia específica a esos acontecimientos y a los actores involucrados, los golpistas Juan Guaidó, el títere, y Leopoldo López, el rico y revoltoso jefe.
Pensé que sí sería conveniente, aunque fuera innecesario. Por eso agregué “(+ López)” al título y esta nota al margen. Creo que con eso basta y sobra, además, porque a la final el intento de golpe ni siquiera fue eso sino una excusa más para lo que en verdad esbozan y pretenden llevar a cabo los opositores y el Gobierno estadounidense: borrar del escenario al presidente venezolano legítimo y del mapa a los millones de sus seguidores y de chavistas. Un poco más de medio país, nada más.

TRADICIÓN DE LOS TRAIDORES
Las conquistas de México y Perú, y, en general, del Nuevo Mundo, en buena medida fueron posibles por la significativa contribución que brindaron los indígenas del mismo continente ocupado.
Así procedieron muchos pueblos inconformes o subyugados por los imperios mexica (azteca) o inca; tribus envueltas en pugnas atávicas; elementos tentados con chucherías y familias convertidas a la fe recién caída del cielo.
Pobladores aterrados por los perros de ataque de babazas candentes o los corceles de jinetes indiferenciados, percibidos como feroces monstruos de dos cabezas, que claudicaron y fueron forzados a la traición. Y alguna indígena, tal vez más traicionada que pérfida, como la Malinche, “doña Marina, que ansí se llamó después de vuelta cristiana” (Díaz del Castillo, 1632),
Todos los cuales, en cualesquiera de los casos y por las circunstancias que fueran, se aliaron al invasor y le suministraron las claves de la propia destrucción.

EL ALMA AL DIABLO
En el objetivo de acabar con el enemigo acérrimo, satisfacer la sed de venganza, hacerse a una fuente de poder y riqueza, o en la premura de arrebatar un derecho divino netamente mundano, no pocos individuos y grupos están dispuestos no sólo a feriar unos nombres y delatar unos domicilios, sino a venderle el alma al diablo.
Porque eso encarna hacerle el juego al foráneo a sabiendas de las consecuencias funestas que representa para la patria en pleno, incluido el daño a los oponentes internos, claro está, pero también a los que se tienen por compatriotas y correligionarios.
En el mito fáustico, de Johann Spies (Historia de D Johan Fausten, 1587) a Thomas Mann (Doctor Faustus, 1947), el tentado negocia el alma a cambio de dolores de cabeza trascendentes: la eterna juventud, la sabiduría, el arte eximio o una mujer, Margarita (Gretchen, en familia).
En el caso del Fausto de Goethe (1806), además, es un cambalache a cambio de espectaculares viajes en el tiempo y de mágicas empatías amorosas con la radiante Helena de Esparta. ¡Imagínenselo! Una mujer que se basta y sobra para encarnar juntos el símbolo de la perfección femenina y el arquetipo de la dama fatal, ni más ni menos.
Pero, ni que decir tiene, Donald Trump está demasiado lejos de la finura de Mefistófeles, y el desvalorizado dólar carece de la lozanía de aquellos cebos encomiables.
Trump, a duras penas, es una especie de conjugación de Jesse James y Amarillo Slim: pistolero desaforado del Viejo Oeste con apostador sin medida. Amarillo, a propósito de los autoproclamados en boga, self-proclaimed greatest gambler who ever lived (autoproclamado el jugador más grande que jamás haya vivido) (Poker Listings, 2019).
Y el dólar hace rato que dejó de apuntalarse en los lingotes del oro rebajado de las bóvedas de Fort Knox o West Point para hacerlo en armamentos de ficción y en la flota de trasatlánticos atestados de aeronaves henchidas de bombas.
Eso lleva, precisamente, a que el pistolero apostador sea tan peligroso: los escenarios de duelo son hallados en los cinco continentes y lo que se juega es la seguridad del planeta.

AFANES IMPERIALES
Abundan en el mundo contemporáneo, de otra parte, los traidores que ni siquiera se venden por espejitos extraños y rutilantes o abalorios enigmáticos, sino por miserias comunes y corrientes, a cambio, no del alma deslumbrada, sino de un espíritu mezquino.
En las tierras latinoamericanas los riesgos de hace quinientos años son los mismos de hoy en día, o lo son sus equivalencias, actualizadas con mediocridad: Ayer, los españoles arriaron los demonios con sus imparables apetencias imperiales, una religión que rebasaba la parcela europea del siglo XV y un sofocado comercio con urgencias de expansión. Un eurocentrismo, mejor dicho, que no cabía en la Europa que Dios le dio.
Hoy nos rondan los afanes imperiales de Estados Unidos, con idénticos caprichos ineludibles: el designio divino (desde 1872, cuando John Gast pintó El Progreso Estadounidense, la primorosa y mediocre pintura de alegoría del Destino Manifiesto), el mercado (desde 1807, cuando Gran Bretaña le impuso a los Estados Unidos una serie de restricciones comerciales de lejos más nobles que las aplicadas por ellos hoy en día en el mundo, que consideraron un bloqueo ilegal y que condujo a la Guerra anglo-estadounidense de 1812) y el racismo (ese “artefacto realista para el control” [Zinn, 1980]).
Un país que en unas décadas pasó de ser la democracia inmanente cantada por Walt Whitman en sus Hojas de hierba(1855), “la primera de las revoluciones de nuestro tiempo, la que inspiró la revolución francesa y las nuestras” (Borges, 1969), a convertirse en una nación más cercana a las distopías que los propios estadounidenses proyectan mejor que nadie, como, por ejemplo, la de Ray Bradbury (Fahrenheit 451) o, más acá, las de Richard Morgan (Leyes de Mercado, 2004) y John Brunner (El rebaño ciego, 1972).
En otras palabras: Un país a bordo de las propias mentiras y los delirios de grandeza, indolente hacia la vida, obcecado por la guerra, con las peores desviaciones del capitalismo por fe y los desesperos del control perdido guiando las conductas.

VEINTE AÑOS                  
Han transcurrido más de veinte años desde que Venezuela empezó a querer cambiarle la naturaleza a una historia de rebeliones caudillistas regionales, dictaduras como las de Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez, y cuatro décadas de puntofijismo, un acuerdo de gobernabilidad firmado entre tres partidos y que en realidad fue una repartición bipartidista del poder.
Una crónica escabrosa de mandos autoritarios en la cual, sin embargo, jamás dejó de estar presente de modo paralelo, aunque constreñida y perseguida, aquella esencia libre e independiente de la Sociedad Patriótica de Juan Germán Roscio, Francisco de Miranda, Simón Bolívar, José Félix Ribas, Miguel José Sanz, Vicente Salas, entre muchos otros.
Porque la Revolución Bolivariana no surgió por generación espontánea (la verdad es que la historia, por lo menos desde 1864, gracias a monsieur Pasteur, no registra cosa alguna florecida así) ni Hugo Chávez fue el infiltrado o el advenedizo llegado de la nada que infiltrados y advenedizos intentan mostrar.
Ciertos cambios pueden ser rápidos, en apariencia bruscos, pero son procesos y siempre vienen de algún punto. Otra cosa es que no captemos las puntadas.
Ahora bien, ¿cuáles son esos aspectos que se han pretendido cambiar en Venezuela, que resultan amenazantes para Estados Unidos y que los conduce a demonizar el proceso político, económico y social del país al extremo de amenazarlo con una de sus mortíferas intervenciones?
Se ha intentado transformar algo (lo que es monumental) de lo muy malo que los dos partidos políticos principales, en el poder desde 1958, hicieron: desde abrirle la puerta de par en par a las trasnacionales petroleras, hasta el desmonte productivo e institucional llevado a efecto de la mano del neoliberalismo.

EL MAL NECESARIO    
Una corrección económica que exacerba los ánimos de los opositores, grandes beneficiarios internos del petróleo, de la privatización de las empresas y de la intermediación comercial importadora.
Y fastidioso propósito para unos Estados Unidos que mueven con petróleo la industria que tratan de reanimar, conocedores de que la ponderada apuesta por el fracking es un arma de doble filo: por más que se haya innovado en tecnología y abaratado costos de producción, para que la técnica sea rentable requiere de un petróleo por encima de cincuenta dólares el barril. Porque la inversión debe rendir con creces. Las petroleras estadounidenses no se satisfacen con poquitos.
Pero el petróleo de costos disparados es un tiro en la sien justo para la industria que se arrastra por el Medio Oeste a punta de fabricar los electrodomésticos de asombro de los años cincuenta, la misma que Trump prometió recuperar con su eficaz estrategia de mentiras por votos. Claro, no es sólo esta industria en pañales. Es buena parte de la economía del país.
De ahí que esos cambios políticos de Venezuela son, además de fastidiosos, un obstáculo para el acceso directo a unas reservas, las certificadas más grandes del mundo, que, tarde o temprano, se requerirán.

UN DESPROPÓSITO DE MÁS
Veinte años de un proceso en un país que busca, en esencia, algo similar a lo que llevó a Don Quijote a partir por los caminos de La Mancha hace cuatro siglos: “desfacer fuerzas y socorrer y acudir a los miserables.”
Materias elementales que quién sabe cuántas veces se les ocurrieron a las élites adecas y copeyanas, y que ni en una sola ocasión salieron a buscarlas por los 23 estados y demás dependencias federales, incluido el territorio insular del país, o, en sus narices, por los incontables cerros de la capital.
En Venezuela no funciona nada, todo se ha ido al traste, afirman quienes no pudieron seguir haciéndose más y más ricos, al menos no a costillas del petróleo ni de las cuantiosas riquezas minerales del país. Lo cual tampoco ponen en duda los gobiernos que representan los intereses de los saqueadores, pulcros mercachifles, partidarios corporativos.
Se ha querido hacer más de lo hecho, sin duda, pero también es indudable que se ha hecho más de lo que habrían llevado a cabo quienes no tenían la intención de hacer nada por nadie.
Quienes en casi medio siglo de poder, dejaron al 80% de la población sumida en la pobreza, una cuarta parte de ella en la indigencia. Para no hablar de ahí para atrás.
Es cómodo participar en el coro unánime de ciertas instancias contra el gobierno del presidente Nicolás Maduro. Es fácil hacer notar la voz de flauta entre las de saxos rotos de los países cantores de la Organización de los Estados Americanos (OEA), en buena hora abandonada por Venezuela.
O entre los megalómanos del Grupo de Lima, que no es un grupo, sino un club, y que sirve, como cualquier club de señores bien, para especular con los negocios y mentirse entre los amigos.
No importa lo que allí se diga, será escuchado. No afecta que se recurra a maledicencias y patrañas, serán atendidas. Carece de relevancia si un hampón promulga las soflamas, serán fiables y pregonadas.
Se nota en ese Club, que tampoco es de Lima, sino de Bogotá, a Julio Borges, acusado por el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela de ser uno de los autores intelectuales del intento de magnicidio contra el presidente Maduro en agosto de 2018 y uno de los opositores más proclives a las soluciones militares, sea la invasión directa o la guerra civil. Un matón de etiqueta y levita, de esos que son tan apreciados por Bogotá.
El Club de Lima es la liga del desafuero que recurrió a la creación de otra tertulia con el fin exclusivo de excluir a un país, Venezuela: un organismo, espero que por causticidad y no por estupidez, nombrado con una palabra que designa todo lo contrario de lo que hará: PROSUR, perro de caza sin olfato, hiena sin dientes. Otro grupo sin lima: ni alisa metales ni desgasta presidentes.

PERDER ES PERDER
Los opositores venezolanos llevan dos décadas probándolo todo: golpes de estado, desestabilizaciones, infiltración de marchas, operaciones de sabotaje, manipulación financiera, detrimentos económicos, guerra mediática, arremetidas cibernéticas, intentos de magnicidio, contrata de sicarios, pactos con terroristas, importación de paramilitares, asesinatos selectivos, proyección de invasiones y otras intervenciones. Detrás de esas modalidades dispares, los Estados Unidos mueven los hilos.
De fracaso en fracaso, la oposición está dispuesta a apostarle a la destrucción del país con tal de derrocar al gobierno del presidente Nicolás Maduro y de asaltar el poder. Adentro, el cerco a Miraflores. Afuera, el asedio al país.
Los líderes, en meses recientes, elevaron las expectativas a niveles inéditos, y, no obstante, el gobierno legítimo continúa al mando. Se desaguó el ímpetu inicial de Juan Guaidó, el títere bullanguero: despedazada la cruceta, rotos los hilos, burlados los titiriteros.
La ayuda humanitaria no entró (ni por tierra ni por aire, ni por mar); las fuerzas militares no se aventaron por el voladero de las falsas promesas y el apoyo internacional de 54 países (por cohesión, por oportunismo, por réditos) no ayudó,
El Gobierno de los Estados Unidos y los opositores apostaron por los escenarios apresurados y menos factibles, y luego del farol (blofeo, aunque no le guste a los señores de la RAE) se quedaron con una única carta bajo la manga, ese seis de espadas de la baraja española, esa carta azarosa e indeseada: la invasión militar al país, un agujero negro y denso como el petróleo en la mira.
Con suerte, buena estrategia y suficiente ayuda tecnológica, los cinco mil marines de la libreta de notas de John Bolton, la divulgada en cuidadoso descuido, podrían tomarse el Jardín Botánico de Caracas en un santiamén, es probable, pero con hartas dificultades lo retendrían y controlarían más allá de las primeras semanas.
Nada de eso, obviamente, es bueno. Por donde se mire, el pueblo venezolano, chavista o no chavista, con Maduro o Guaidó, pobre y pudiente, no tiene manera de salir bien librado. A excepción, desde luego, de los vendidos y sus cabecillas en reventa. Y de los solícitos contratistas de la reconstrucción, que no serían los maestros de obra locales o de Barranquilla. La posterior cronología se conoce.

LA GUERRA CIVIL
Es difícil aceptar que sea posible una guerra civil en Venezuela. Así lo pienso desde que, hace muchos años, atestigüé una acalorada discusión entre dos conductores de camión (autobús) en pleno centro de Caracas.
A causa de alguna nimiedad ambos descendieron de los vehículos, se lanzaron hirientes improperios, alzaron los puños a lo alto, desabotonaron las camisas sudadas por la tarde a pleno sol.
Hasta que cambió la luz roja del semáforo. Entonces, cada cual regresó a su respectivo vehículo y ambos emprendieron la ruta calle arriba y sin afanes, como si no hubiera sucedido nada. En la vecina Colombia, por la palabra a destiempo o la mirada medio torva, uno de ellos quedaría sin vida. O los dos.
Venezuela es un pueblo de paz. A los naturales de hoy en día les debe quedar la suficiente valentía de la que hicieron ostentación en los lejanos tiempos de Bolívar, cuando lucharon por la libertad de su patria y la del vecindario, y seguramente volverán a exhibirla con igual denuedo en el caso de una agresión externa.
Mas no es fácil imaginar a los venezolanos yéndose a las armas entre ellos, y con la bestialidad y persistencia que entraña una guerra civil sin espacio ni tiempo, sin tregua ni compasiones, como las que están acostumbrados a infligir y padecer los vecinos colombianos, en una sucesión inclemente de muertos y conflictos, donde las generaciones creen que evolucionan los motivos, los sentidos y los bandos cuando apenas cambian los alias y uno que otro epíteto.
Lo que ocurre es que aquí hablamos de una guerra civil alimentada desde afuera, la brasa atizada por vientos foráneos; la conflagración azuzada por intereses insaciables y ajenos junto a unos cuantos lugareños que actúan de intrusos.
Y un solo origen: los Estados Unidos, tan parecidos, también, en los desesperos imperiales a la España de hace cinco siglos, aunque con pequeñas diferencias determinantes: España se forjaba como imperio, Estados Unidos es uno en la rodada.
Mientras que España tenía a Carlos I (V del Sacro Imperio Romano Germánico), un rey con una idea imperial, quizás, “más metafórica que efectiva” (Ortega, 2018), los Estados Unidos no sobrepasan la vista maligna y nublada de unos dirigentes caricaturescos.
España tuvo a Felipe II, por algo conocido como “el Prudente”, en tanto que los Estados Unidos tienen que arreglárselas con un mandatario bastante imprudente.

Venezuela reclama a EEUU proteger su embajada en Washington


Venezuela pide a EE.UU. proteger su sede diplomática en Washington, donde se han registrado enfrentamientos entre opositores y partidarios de Nicolás Maduro.

El canciller venezolano, Jorge Arreaza, a través de su cuenta en Twitter, conminó el jueves al Departamento de Estado de EE.UU. a cumplir su obligación como “signatario” de la Convención de Viena y “proteger el edificio de la antigua embajada de Venezuela en Washington, tal como nuestro Gobierno protege sus instalaciones en Caracas”.

El mismo día, el embajador de Venezuela ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Samuel Moncada, condenó los ataques perpetrados contra la sede diplomática en Washington, capital de Estados Unidos, y cuestionó la actuación ineficiente de las autoridades locales en la protección de las instalaciones.

“Lo que ocurre en nuestra embajada es una muestra de lo que quieren hacer con toda Venezuela. El botín de guerra justifica la violencia”, escribió Moncada.


Lo que ocurre en nuestra embajada es una muestra de lo que quieren hacer con toda Venezuela. El botín de guerra justifica la violencia”, denunció el embajador de Venezuela ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Samuel Moncada, en alusión a los ataques a la sede diplomática por seguidores de la oposición. 

Estas demandas venezolanas se refieren a los intentos de seguidores del golpista Juan Guaidó para tomar a la fuerza la embajada de Venezuela en Washington y sus insultos y agresiones contra activistas a favor de Maduro que se mantienendesde hace dos semanas dentro de la sede diplomática, por autorización de Caracas, a fin de impedir la entrada del personal nombrado por Guaidó y dirigido por su representante ante EE.UU., Carlos Vecchio.

La Policía estadounidense arrestó este jueves a tres personas cuando un grupo de venezolanos atacó a individuos que querían introducir comida en la legación diplomática.

El 25 de abril, Elliott Abrams, el nuevo enviado especial de EE.UU. para Venezuela, manifestó la disposición de su país para desalojar a los chavistas de la embajada si así lo dispone Guadió.

El pasado 23 de enero, Maduro anunció la ruptura de relaciones de Venezuela con EE.UU. y ordenó el cierre de la embajada venezolana en Washington y de todos los consulados en territorio estadounidense, luego de que el Gobierno de Donald Trump reconociera al diputado opositor Guaidó como “presidente interino”.

La Administración de Trump ha intensificado su apoyo a Guaidó con sanciones y hasta amenaza con la intervención militar para derrocar a Maduro, presidente elegido en las urnas con el 68 % de votos, que acusó a Washington de comandar el fracasado golpe de Estado contra el Gobierno chavista.

Congresista estadounidense culpa a sanciones de EEUU de ‘devastación’ de Venezuela


La congresista de EE.UU. Ilhan Omar denuncia que las sanciones de Washington contra Venezuela conducen a la ‘devastación’ y ‘desestabilización’ del país caribeño.

“Muchas de las políticas que hemos adoptado han ayudado de alguna manera a liderar la devastación en Venezuela”, afirmó la diputada en una entrevista publicada el miércoles por el canal local Democracy Now.

Omar señaló que el “particular bullying y el uso de las sanciones para intervenir y hacer un cambio de régimen no ayudan a la gente de países como Venezuela, ciertamente no ayudan para nada y no están en el interés de EE.UU.”.

De acuerdo con la política, las sanciones financieras, como las impuestas contra la estatal empresa Petróleras de Venezuela S.A (PDVSA) “conducen a devastaciones” que se están viviendo en Venezuela “y en última instancia” llevan a todos a tener graves problemas en ese país. “No estabilizan la vida de la gente, y ciertamente nos pone en riesgo aquí en EE.UU.”, advirtió.

“De alguna manera, hemos preparado el escenario para llegar al lugar donde estamos hoy”, lamentó la musulmana demócrata por Minnesota de origen somalí.

Muchas de las políticas que hemos adoptado han ayudado de alguna manera a liderar la devastación en Venezuela”, afirmó la congresista estadounidense Ilhan Omar.

La congresista puso en entredicho además a Elliot Abrams, un veterano diplomático que fue nombrado a finales de enero enviado especial de la Administración del presidente Donald Trump para Venezuela para supervisar la respuesta de Washington a la agudización de la crisis política en el país bolivariano.

“Gente como Elliott Abrams, neoconservadores y belicistas, durante tanto tiempo han impulsado políticas que podemos ver, no solo en Centroamérica, sino en muchas partes del mundo, han conllevado algún tipo de devastación”, indicó.

La tensión en Venezuela volvió a dispararse el martes, cuando un grupo pequeño de militares venezolanos encabezó un intento de alzamiento, con la participación además del líder opositor Leopoldo López, un intento neutralizado por las fuerzas de seguridad.

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, denunció a su vez un intento de un golpe de Estado con apoyo externo, acción que fue encabezada por el autoproclamado “presidente encargado”, Juan Guaidó.

Al ver fracasada la última intentona golpista, el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, amenazó a Caracas con una medida belicista. “La acción militar es posible, si eso es lo que se requiere. Eso es lo que hará EE.UU.”, recalcó.

“Bolton dirigió personalmente operaciones del golpe en Venezuela”


El presidente venezolano considera al asesor de Seguridad Nacional de EE.UU. como el comandante de las operaciones del fallido golpe de Estado del martes.

“Ese golpe de Estado que se pretendió, esta escaramuza golpista. Él, John Bolton, la dirigió personalmente desde la Casa Blanca, así lo denuncio y pido que se investigue en EE.UU. estas criminales acciones contra la democracia venezolana”, aseveró el miércoles Nicolás Maduro en un discurso durante las marchas por el Día Internacional de los Trabajadores en Caracas, la capital venezolana.

El presidente aseguró que Bolton había llamado personalmente a los mandatarios y autoridades de Colombia, Brasil, Argentina y Chile, para que se coordinaran durante el connato golpista.

“Ayer, en la Casa Blanca, desde el amanecer estaba el asesor de seguridad, el engañador de (el presidente de EE.UU.) Donald Trump, asesor de engaños John Bolton, coordinando las operaciones del golpe”, agregó.

Maduro explicó también que informaciones de inteligencia, incluso reportes de investigaciones periodísticas, declaraciones y mensajes en Twitter, revelan el nerviosismo que reinaba el martes en la sede presidencial norteamericana ante la intentona fallida.

“Se desdibujaron, se les acababa su golpe de Estado, facturado, dirigido y preparado desde Washington (…) Hemos vuelto a triunfar con la verdad, la lealtad, la moral y el honor”, concluyó.

Ese golpe de Estado que se pretendió, esta escaramuza golpista. Él, (asesor de seguridad de EE.UU.) John Bolton, la dirigió personalmente desde la Casa Blanca, así lo denuncio y pido que se investigue en EE.UU. estas criminales acciones contra la democracia venezolana”, aseveró el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

La madrugada del martes, un grupo reducido de militares, liderado por el golpista Juan Guaidó, se sublevó contra el Gobierno de Maduro y ayudó a escapar de su arresto domiciliario al opositor Leopoldo López, sin embargo, horas después del anuncio de la asonada, el Ministerio venezolano de Defensa informó del fracaso de la acción.

Tras la derrota, Bolton llamó a los militares de la FANB a unirse a Guaidó y apoyar el alzamiento contra Maduro. Al igual que EE.UU., Colombia, Brasil y Chile lanzaron abiertamente en Twitter llamamientos similares, pero el cuerpo militar echó por tierras el complot y aseguró que se mantendrá firme en la defensa del Gobierno de Maduro.

Rusia creará una coalición contra eventual invasión a Venezuela


El canciller de Rusia anuncia la intención de Moscú de crear en la ONU una coalición de países para ‘contrarrestar’ una eventual invasión de EE.UU. en Venezuela.

“Estamos movilizando a un grupo de países, que igual que nosotros respetan la Carta de Naciones Unidas, para contrarrestar esos planes”, ha dicho el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, interrogado por la prensa sobre una posible invasión estadounidense en el país caribeño.

Lavrov ha confiado en que este grupo de países “goce de un apoyo considerable” en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) porque “se trata de una cosa muy sencilla: defender las normas y los principios” del Derecho Internacional, fijados en la Carta de la ONU.

El jefe de la Diplomacia rusa dijo que, durante su conversación telefónica, le pidió al secretario de Estado de EE.UU., Mike Pompeo, que Washington no regresaría a la doctrina de Monroe.

La doctrina de James Monroe, planteada en 1823 contra el colonialismo europeo en el continente americano, se resume en una frase: “América para los americanos”; no obstante, después Washington la empleó para justificar su intervención en los países de la región.

Estamos movilizando a un grupo de países, que igual que nosotros respetan la Carta de Naciones Unidas, para contrarrestar esos planes”, ha dicho el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, interrogado por la prensa sobre una posible invasión estadounidense en Venezuela.

Las tensiones en Venezuela volvieron el martes a dispararse, cuando un reducido grupo de militares desertores ayudó en la huida del dirigente opositor Leopoldo López de su arresto domiciliario. Posteriormente, el autoproclamado “presidente interino” Juan Guaidó y López anunciaron el inicio de la “Operación Libertad” para derrocar al Gobierno de Nicolás Maduro, sin embargo, el intento de golpe de Estado fue desactivado.

Pompeo manifiesta su disposición a lanzar una agresión militar contra Venezuela, después de fracasar la última intentona golpista en el país caribeño.

Por su parte el miércoles, el presidente de EE.UU., Donald Trump, no descartó la opción militar contra Venezuela y prometió que la próxima semana los venezolanos serán testigos de varias cosas, algunas duras; si bien, no ofreció más detalles.

‘Lo que dice Pompeo sobre Maduro recuerda rumores sobre Al-Asad’


Moscú equipara las argucias del secretario de Estado de EE.UU. sobre la huida del presidente venezolano con los rumores del escape del mandatario sirio a Rusia.

La portavoz del Ministerio de Exteriores de Rusia, María Zajarova, dijo el miércoles en un mensaje en Facebook que “las noticias sobre la huida de Al-Asad y su familia a Rusia”, que “regularmente se lanzaron (por EE.UU.) al ámbito informativo mundial” durante el conflicto sirio, establecen un paralelismo con la intensificación de la crisis que atraviesa Venezuela desde la autoproclamación del opositor Juan Guaidó como presidente interino.

Los rumores de la escapada del presidente sirio, Bashar al-Asad, junto con su familia, a Rusia se difundieron un año después del inicio de la guerra lanzada por los grupos terroristas en contra de las fuerzas gubernamentales sirias. La oposición aprovechó el momento para expandir los rumores después de que Al-Asad desapareció por unas semanas.

La diplomática rusa afirmó también que las declaraciones del martes del secretario de Estado de EE.UU., Mike Pompeo, sobre la supuesta huida del mandatario venezolano, Nicolás Maduro, tendría como fin “desmoralizar a los venezolanos, principalmente al Ejército”.

“Periodistas estadounidenses están llamando y pidiendo comentarios sobre la declaración de Pompeo de que Maduro iba a salir de Caracas (capital venezolano) [...]. Cuando les pregunté si sabían que Caracas había desmentido [las afirmaciones de] el secretario de Estado de EE.UU., respondieron que no”, escribió la representante de la Cancillería rusa en Facebook.

Anteriormente, Pompeo había dicho que Maduro estaba preparado para dejar Caracas, e incluso “tenía un avión en la pista, listo para abandonar el país” rumbo a Cuba, tras el intento golpista comandado por Guaidó, empero insistió el secretario estadounidense de Estado, el presidente venezolano desistió a instancias de Rusia.

En respuesta a los rumores, Maduro aseveró que nunca ha habido en la historia de EE.UU. un gobierno “tan loco” como el actual. “Señor Pompeo, por favor, qué falta de seriedad [...] cuánta mentira y manipulación en esta escaramuza golpista”, enfatizó en alusión a las acusaciones del halcón de la Casa Blanca.

miércoles, 1 de mayo de 2019

Venezuela: el Golpe que no fue


La suerte de la Revolución Bolivariana depende del pueblo y de la velocidad con que se recuperen los espacios de soberanía e independencia en Latinoamérica.
En psiquiatría hay un término que se llama “idea deliroide”. Es aquella previa al delirio, que exagera en la mente aquello que nos sirve para alimentar esperanza o espantar el miedo, y nos impide razonar correctamente. No depende del coeficiente intelectual, sino de lo afectivo. El psiquiatra venezolano José Mata afirma que con las personas que experimentan este fenómeno es muy difícil hablar, porque no escuchan.
En la madrugada de este martes, las figuras aisladas, sombrías y tensas de los dirigentes opositores Juan Guaidó y Leopoldo López sobre la autopista central de Caracas (Francisco Fajardo) en el distribuidor vial de Altamira, una zona acomodada del este de la ciudad, no anticipaban nada nuevo para la aventura golpista lanzada un poco antes con ayuda de un grupo de unos 30 oficiales y suboficiales de la Guardia Nacional Bolivariana y el Servicio Bolivariano de Inteligencia.
La novedad principal era López en la calle, porque estaba cumpliendo una condena en modalidad domiciliaria y obviamente se había escapado. Un simbolismo: se dijo que Guaidó había decretado un indulto, y que la policía lo había acatado. Pero todo empezó mal, porque empezó con mentiras. Allí López anunció por twitter que se encontraba en “La Carlota”, para sembrar la idea -después ampliamente difundida- de que un alzamiento militar había reconocido la autoridad del diputado Guaidó, autoproclamado presidente, y se ocupaba la base aérea Francisco de Miranda, conocida como... La Carlota.
Nunca entraron a la base aérea. Tal vez jamás se hubiese sabido esto de no haber estado allí, siempre oportuna y valiente, la periodista de TeleSUR Madeleine García.
A López y Guaidó se sumaron pronto algunos aliados, diputados de la Asamblea Nacional, y se quedaron un rato allí pidiendo con aparente desesperación por las redes sociales que "todo el pueblo" fuera a respaldarlos. La respuesta se demoró y no alcanzó a ser masiva en ningún momento del día. Ya cerca de las ocho de la mañana, cuando debía estar todo empezando, en realidad ya habia terminado.

La idea sobrevalorada
La idea deliroide, en este caso, parece haber sido la esperanza de que las aguerridas proclamas de las redes sociales se materializaran en ir a poner el pecho en un posible combate sin final asegurado: la clase media, como se sabe por múltiples estudios, se caracteriza por ser temerosa y cauta, como los perros chicos que ladran detrás de las rejas. Y colateral a esta idea, aquella otra de que al ver a sus colegas alzados y respaldados por centenares de miles, los oficiales y soldados de la base aérea les iban a abrir las puertas para atrincherarse allí y generar un efecto dominó en las Fuerza Armada Nacional Bolivariana.
Nada de esto ocurrió. Peor aun (para Guaidó y López): la mayorìa de los militares participantes en la aventura se escaparon pronto de allí y se metieron a la base. Dijeron haber sido engañados por algunos de sus superiores con una supuesta operación en un establecimiento penal, en que el punto inicial de marcha sería el distribuidor Altamira.
Guaidó y López se retiraron a una plaza cercana, la de Altamira, un antiguo bastión de las protestas violentas y dejaron a sus seguidores en la autopista, atacando con piedras y molotovs la base aérea. Y también con balas: un coronel resultó severamente herido en el cuello. Pero este escenario, que se repitió por horas, es el mismo de 2014, 2016 y 2017: había pasado de golpe de Estado a tema de orden público.
A esta altura, el palacio presidencial de Miraflores estaba ya seguro, masivamente resguardado por decenas de miles de chavistas.
La prensa internacional no quiso enterarse de nada de esto. Siguieron gran parte del día, en toda América Latina y el mundo, repitiendo las consignas de Guaidó: que esta era la fase final de la “Operación Libertad”, que en todo el país se estaba movilizando el pueblo, que 90 por ciento de la Fuerza Armada repudiaba a la “dictadura” y que su victoria era cuestión de horas. En fin uno más de los muchos “Días D” prometidos a los segudiores de la oposición.
Silenciosos se mantuvieron a lo largo del día también la mayoría de los dirigentes "progresistas" latinoamericanos, a quienes no parece perturbarles el prospecto de una dictadura de ultraderecha en Venezuela. El excanciller chileno Heraldo Muñoz, uno de los artífices del grupo de Lima, sacó la voz al fin de la jornada oara sentenciar lo que se sabía desde las 8 de la mañana: que el golpe había fracasado.
Como es de rigor, Estados Unidos, a través del secretario de Estado, Mike Pompeo, no tardó en apoyar el “putsch”, como hicieron después los gobiernos de Argentina, Chile y en particular el presidente colombiano Iván Duque. Se realizó de urgencia una reuniòn virtual del Grupo de Lima, y se convocó a una sesión extraordinaria de la Organización de Estados Americanos (de donde Venezuela se retiró el sábado 27 en el plazo exacto de dos años tras la denuncia del tratado de afiliación), y a un encuentro fisico de los cancilleres del mismo Grupo de Lima para el viernes 3 de mayo.

López: el agua fría
El chorro de agua fría llegó a media tarde, cuando se supo que Leopoldo López, en vez de participar en la vanguardia de la "gran Operación Libertad", se introdujo a la misión diplomática chilena como "huésped", en situación similar a la de otro integrante de la "patrulla juvenil" de la derecha venezolana, Freddy Guevara, desde 2017. Se conoció también que en la embajada de Brasil se refugiaron 25 de los militares golpistas.
En un extraño giro, López dejaría más tarde la legación chilena para trasladarse a la de España (no parece tan brutal la persecución de Maduro después de todo), porque -según el canciller chileno, Roberto Ampuero, no había espacio con los otros huéspedes. Es vox pópuli en la Cancillerìa chilena que Guevara ha convertido la residencia diplomática en un espacio propio, con alimentación, servidumbre, jardines y piscina gratis.
Ya Guevara había confesado la semana anterior, en una entrevista con un diario chileno, que utilizaba la residencia diplomática como centro de reuniones para derribar al gobierno venezolano. Este martes, la eurodiputada española Beatriz Becerra, entusiasta partidaria de una invasión norteamericana a Venezuela, destacó el papel que podrìa jugar esa Embajada a partir de ahora como centro de operaciones para el golpe de Estado, aprovechando el status diplomático de un país que no reconoce al gobierno de Nicolás Maduro.
Se abrieron entonces conjeturas acerca de si todo el operativo no ftuvo otro fin que el de rescatar a López y hacerlo retomar su liderazgo de la extrema derecha, tal vez porque Guaidó, deliroide, se había comenzado a tomar en serio su papel de presidente imaginario.
Si el plan era atrincherarse en la base aérea de La Carlota -una "cabeza de playa" donde levantar bandera- se asemeja notablemente a la aventura de la "ayuda humanitaria" lanzada desde Colombia el 23 de febrero, en que se lanzaron tres camiones y muchedumbres lanzando piedras y bombas molotov en ambos lados de la frontera para sobrepasar a la guardia y posiblemente pedir desde "territorio liberado" una intervención extranjera.
El fracaso del golpe causó una reacción furibunda del Secretario de Estado norteamericano, que atribuyó la lealtad de los militares venezolanos a.... ¡Cuba!, y anunció aun más bloqueo y ataques contra la isla socialista en el Caribe. Algo que requerirá una vivaz imaginación, puesto que en días recientes Washington extremó las sanciones anticubanas, extendiéndolas a cualquier Gobierno o empresa del mundo que comercie con ese país.
El pueblo venezolano -tal como el cubano- ha derrotado todas las maniobras y conspiraciones, pero el bloqueo norteamericano le hace pagar un altísimo precio. Recientemente Caracas publicó algunas cifras del costo en vidas -decenas de miles- por los embargos a medicamentos y medicinas, asi como el robo abierto de recursos financieros y activos venezolanos en Estados Unidos e Inglaterra.
Con la solidaridad de Rusia, China, Irán, Turquía y otros países, Venezuela corre una carrera contra el tiempo: la guerra desatada en su contra aceleró velozmente la descomposición de la arquitectura jurìdica e institucional mundial. Un nuevo orden planetario se gesta sobre la caida en picada del neoliberalismo como sistema único y Estados Unidos como líder económico indiscutido; el capitalismo se reestructura y aparecen fuerzas centrífugas.
Estados Unidos pelea en Venezuela por la hegemonía en su patio trasero, con la ayuda de sujetos como Piñera, Macri, Bolsonaro y Duque. Resucita para ello la "doctrina Monroe" ("América para los americanos"), y ejerce todas las presiones imaginables para impedir que Rusia, China e Irán efectúen negocios en la región, con agendas no intervencionistas en los asuntos internos del los Estados.
Los golpes son duros, pero el sistema se resquebraja. Tambalean los gobiernos neoliberales en América latina y Europa. La suerte de la Revolución Bolivariana depende en primer lugar del pueblo venezolano, pero también de la velocidad con que se recuperen los espacios de soberanía e independencia en la regiòn latinoamericana y en el mundo.

lunes, 15 de abril de 2019

La matemática maniatada: Números contra Venezuela


193 países son miembros de la ONU. 54 países reconocieron al golpista Juan Guaidó como presidente interino de la República Bolivariana de Venezuela.
Es decir, a 139 estados no les pasó por las cabezas gubernamentales que Nicolás Maduro no fuera el auténtico presidentede Venezuela. O, lo que es lo mismo, 139 países no reconocieron como presidente al invento estadounidense.
ONU + ONU = 0
Por estos días convulsos Guaidó vuelve a hablar de los muchos que lo reconocen. Que superan los 60, dice; pero nadie los nombra ni se halla el repertorio en parte alguna. Ni siquiera en la Wikipedia (2019), que actualiza cada tanto sus gazapos al respecto. Nuevos estados han de haberse agregado, pero de incógnitos. Otros son vergonzantes, porque reconocen en el fuero interno que no debieron reconocerlo.
Un reconocimiento por convicción ajena, con excepción de los Estados Unidos, que son el fértil criadero de las falacias por indudable conveniencia, y de Colombia, cuyos gobiernos siempre hallan la forma y la normativa para creérselas.
O por ladinos de la minería y los hidrocarburos, mayúsculos y aprovechados, como Canadá, u oportunistas de doble vía, como España, que de instar al presidente Maduro para convocar a elecciones, con grosería y a término fijo, y de poner a Pedro Sánchez a leer las definiciones de diccionario de la democracia (EL PAIS, 2019) que no tienen desde hace exactamente ochenta años (1 de abril de 1939), pasó a trabajar con los países de la Unión Europea“para garantizar que los representantes de Guaidó en la UE no recibieran estatus diplomático o privilegios” (Neue OZ, 2019).
Lo cierto es que Guaidó está rodeado de embajadores sin credenciales y sin sede, y de emisarios, los más listos, no hay duda, que nunca aparecieron por sus misiones ni se movieron de sus aposentos particulares.
En la fogosidad febrerista (a la venezolana, que no a la paraguaya, pero casi) y con un sentido colombo lefebvrista de la renovación diplomática, Guaidó nombró a Gustavo Tarre Briceño como su representante ante la OEA, otro más en la larga nómina de los embajadores, más extraordinarios que plenipotenciarios, nombrados a dedo.
Eso sí, designado a la medida de Alejandro Ordóñez Maldonado, el exprocurador colombiano que en la misma organización estadounidense representa al país vecino como el cura de las misas a las que asiste: de espaldas a la feligresía.
Viejos figurines de Acción Democrática (AD) resurgen en familiares interpuestas, hijas y sobrinas, y seniles caudillos de Copei que aún actúan de cuerpo presente. Para que no lo despellejen vivo, Guaidó echa mano de vetustos acorazados, vuelve la vieja data de nuevo cuño y remozada la IV República. Ansían que de la V el país vaya (regrese) a la IV, que sí fue de quinta.
La prepotente UE, que le dio ocho días a Maduro para convocar a elecciones bajo la amenaza de reconocer a Guaidó como presidente, mira para otro lado cuando asoman sus nombrados y apenas les da carácter de representantes personales de quien a la hora de hablar en serio no descifran qué representa, sabiendo eso sí de sobra que no es al país (Neue OZ, 2019).
El inaudito presidente de transición ahora es de nuevo el agitador y lenguaraz en trance que espera derrocar a Maduro esparciendo caos y planillas traducidas del inglés, y teniendo por escuderos a caudillos venidos de la nada a menos: Manuel Rosales, Henrique Capriles, Henry Ramos Allup, Edgar Zambrano, Luis Florido, para citar por citar unos cuantos dummies presentes en el lanzamiento exhibicionista de la Operación Libertad  (NTN24, 2019).
Para despejar dudas, los Estados Unidos conminaron a los medios a que en sus coberturas no se les ocurriera llamar líder opositor ni presidente autoproclamado al autodenominado Juan Guaidó, porque, según ellos, ninguno de los dos calificativossería (¿Es? ¿Era?) correcto, en esa acendrada manía de justipreciar al lacayo y menospreciar al contradictor.
¿Por qué? No existe una razón democrática. No hay ningún fundamento en la jurisprudencia. Los artículos constitucionales citados para avalar la intentona de golpe en Venezuela (233, 333 y 350, y la amenaza eterna del 187, numeral 11) no tienen nada que ver con las motivaciones por las que eran y son traídos por los pelos. No son factibles las excusas de liberación o las salvaciones. No cupo altruismo ni el carácter excepcional de nada ni de nadie.
Los Estados Unidos se han autoproclamado adalides del planeta. Se adjudican las riquezas existentesen las regiones que someten. Su autoridad amenaza a los países que eligen el destino de no ser sus peones o secuaces. Se asignaron a ellos mismos el papel de héroes de tira cómica y buenos de película mala. Eso es lo que sucede.
“Referirse a Juan Guaidó de cualquier otra forma que no sea presidente interino es falso, cae en la narrativa de una dictadura”, afirmó Robert Palladino, portavoz del Departamento de Estado (2019). Lo único tan grotesco como lo que anunció es la manera ridícula en que lo hizo: sin convicción, sin la menor cortesía hacia el tonto que tomaba nota de lo que decía.
En la vida cotidiana, las centenas de horas perdidas aprendiendo cálculos y aritméticas, álgebras y matemáticas, apenas son una hilera de agraciadas esdrújulas y saber descifrar “>” y “<“ (mayor que y menor que), dos signos solitarios e inútiles.
De tal suerte, podemos afirmar sin miedo a error que 54 > 193, o, lo que es lo mismo, 193 < 54.  Es de lo que trataron de convencernos en asuntos de números, sumas y restas, los mismos que nos han persuadido de que tienen y tenemos democracia, tienen y tenemos justicia, tienen y tenemos al alcance esa ave arisca que se llama felicidad. La verdad es que cualquier otra lectura de la realidad es amañada y le sigue el juego a “una dictadura”. Las matemática maniatadas no mienten.
Las sumas armadas
En las intenciones de los golpistas venezolanos, los militares siempre fueron la joya de la corona, el objetivo principal a cautivar y sobornar. En América Latina, particularmente, un golpe de estado sin militares sería igual a una revolución de colores sin la CIA, la NED, Soros o la USAID.
Hasta el 24 de febrero, a la mañana siguiente de la fecha establecida para el definitivo derrocamiento de Maduro, luego de la gran parafernalia montada, Guaidó, los altos funcionarios gringos, el tunante secretario general de la OEA, el aún más tunante presidente de Colombia, alguno que otro solícito advenedizo y los medios hegemónicos daban partes alegres cuando un militar incauto mordía el anzuelo de los veinte mil dólares ofrecidos por cabeza desertora (HSB Noticias, 2019).
Cada soldado era esperado con una expectación cómica y a los que arribaron primero les tenían lista la gestión de la nueva ciudadanía colombiana (gestión que semanas después sigue en papeleo, es decir, en veremos y empapelada) y un micrófono para decir alguna chorrada antipatriótica de Venezuela y patriotera del vecino.
Como si saltar unas cuantas vallas fuera tan heroico como incendiar un camión sin cruzarlas siquiera. El caballo de Troya ardiendo antes de cruzar el país fortificado con contenedores vacíos.
De uno en uno fueron agregándolos y exhibiéndolos ante las cámaras, hora tras hora, días tras días, hasta que se escabulleron las lentes y se terminaron los tiempos pregonados. La suma total de los evadidos, con la ayuda de la arismética y de otros malabares en desuso, más abstractos que el álgebra, a duras penas sobrepasó el medio millar.
Aunque, después de abandonado el asunto, el arrinconado Guaidó sostuviera en un pretérito resignado que los tránsfugas llegaron a ser más de mil. Algo es algo, por no decir que fue nada de nada. Pues la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) está integrada por 235 000 militares.
Guaidó, en la última oportunidad en que se refirió al tema con menos distracción, ratificó que más de seiscientos militares le habían “dado la espalda a Maduro” (RCN, 2019). Lo soltó como si la cifra fuera un éxito. Y se permitió agregar que “un 80% de las Fuerzas Armadas está (yo le quité la “n”) a favor del cambio”, y que se mantenía en “el proceso para buscar más apoyo”.
Por estos días de consternación, el autoproclamado manifiesta que las simpatías giran en torno al 90%, pero que aún le falta un tanto, lo cual permite suponer que esas avenencias castrenses son inversamente proporcionales a la perturbación de sus opciones. ¿Qué ocurrirá cuando franquee el 100% del apoyo militar y el 100% del de la población? ¿Cuánto por ciento falta, en su criterio variable, para que suceda algo, y cuánto sobra para que no pase nada?
¿De qué niveles de apoyo requiere Guaidó? ¿Y eso por qué será? Hasta en los sistemas de las mal llamadas democracias y en la mayoría de las entidades y empresas si alguien cuenta con la mitad (el 50%) más uno de los votos ya ganó. Apenas y si acaso reformas constitucionales o decisiones súper trascendentales se toman con mayorías cualificadas, digamos, el 55%, el 65%, las dos terceras partes de un parlamento o de una junta.
Este es entonces un caso particular donde el que cuenta con el 80 o 90% a favor dispone de las dificultades del que tiene el 10 o el 20%, o menos, y está en la obligación de remontar. Algo que no cuadraría si se tratara de las matemáticas normales, de pénsum y currículos, pero sabemos que no es así.
Si no, tampoco sería posible que seiscientos fueran el 80% de 235 000 y, por consiguiente, querría decir que el golpista apenas llegó al 0,25% de las fuerzas militares para dar el golpe. Con razón le fue como le fue.
Además, hay que considerarlo, Maduro obtuvo 6.248.864 votos en las elecciones presidenciales de mayo de 2018. Un guarismo nada despreciable, que representó el 67.84% del total de los votos escrutados (9.387.449). (CNE, 2018).
El único cargo de Guaidó cosechado por elección popular ha sido el de diputado de la Asamblea Nacional por el estado Vargas, en 2015, donde se ubicó de segundo para los dos puestos con que contó el pequeño estado. Allí contabilizó 97.492 del total de los 410.342 votos escrutados (el 26,01%). (CNE, 2015).
Según las matemáticas de la escuela, la simplona cuestión de saber qué porcentaje de votos tiene Guaidó con respecto a Maduro se resuelve con una regla de tres simple. Si tenemos que los votos de Maduro son el 100%, ¿cuál es el porcentaje de los votos de Guaidó? Pues bien, basta con multiplicar la cifra de Guaidó por cien y el resultado dividirlo por la de Maduro, y tendremos que el autoproclamado cuenta con poco menos del 1,56% de los votos de Maduro.
En términos electorales eso de por sí podría tolerarse, al fin y al cabo, alguien puede alegar que es como comparar peras con manzanas, pues una cosa son las elecciones presidenciales y otra las legislativas, en mecanismos, en identificación, en participación. Cierto, aunque en términos estrictamente cuantitativos votos son votos y números son números. Deberían serlo, digo.
El colmo del descaro es basar la legitimidad de Guaidó en el respeto a las reglas de juego de la democracia, a ganar elecciones, y además ir pregonando a los cuatro vientos que él merece la presidencia precisamente por la razón que le da la democracia, que le dan los votos, que le debería dar la gente que no lo conoce como individuo ni lo reconoce como presidente.
Claro, cuenta con grupos de extremistaspagos, e inadaptados y matones de allende la llanura. Y para esos pagos y viáticos el autoproclamado presidente puede hacer autogiros de los recursos que los Estados Unidos le roban a Venezuela, que van a dar a sus arcas y que a la larga fueran un autorrobo si creyéramos que él hace parte del pueblo por el que invoca la lucha.
Habrá que ver cuánta hambre van a aguantar en Cúcuta los soldados y cabos y sargentos renegados esperando los ofrecimientos incumplidos, que iban desde unos cuantos dólares hasta el redimido país de Nuncajamás al que les prometieron que regresarían de la mano de Guaidó varios días después, hace ya semanas que pronto serán hartos meses.
Al fin y al cabo, debieron darse por bien servidos que luego del show no los acusaran de espías en Colombia (Fernández, 2019) y los deportan como amenazas a la seguridad nacional de uno de los países a los que menos les importa la inseguridad rampante.
Ojalá que a aquel coronel de Maracaibo, sin nombre como el de García Márquez, a pesar de que fue lo primero y lo único que leyó más o menos bien ante la cámara del texto que le redactó de afán algún enemigo (Shoer Roth, 2019), cuando menos haya tenido quien le escriba y le haya informado que se jodió.
Totalitarismo democrático
De los 49 gobiernos catalogados como dictaduras en el mundo, los Estados Unidos abrazan y suministran ayuda militar a 36 de ellos. Lo que sería igual a decir que el gobierno federal apoya más del 73% de las dictaduras del mundo (Truthout, 2017).
Los datos corresponden a Freedom House, la tendenciosa “organización de vigilancia independiente dedicada a la expansión de la libertad y la democracia alrededor del mundo” (Freedom House, 2019), que elabora anualmente el reporte Freedom in the World. 
La cosa es tan grave que, a pesar del carácter ultraderechista y pro estadounidense de la institución, hay que tener en cuenta sus estadísticas porque no hay más. Según Rich Whitney, los informes de Freedom House “parecen ser el mejor indicador (si no el único) de derechos políticos y libertades que abarca a todas las naciones del mundo”.
Whitney desarrolla la investigación para responder una inquietud elemental: “¿El gobierno de los Estados Unidos realmente se opone a las dictaduras y es el campeón de la democracia alrededordel mundo, como se nos dice repetidamente?”. La conclusión a la que llega es elemental: No.
El hecho es que, más allá de las feroces dictaduras conocidas, que el gobierno estadounidense exculpa y protege, como la monarquía de Arabia Saudita o la represiva junta militar de Egipto, las relaciones son muy cordiales con un buen cúmulo de gobiernos del mismo corte brutal.
Las matemáticas, otra vez, como las conocemos, no operan en la realidad, porque no son un asunto numérico ni se trata de las operaciones básicas de sumar y restar, sino de cuestiones morales, que son aun más relativas e imprecisas que una ciencia exacta.
Por lo tanto, en la enrevesada escala de valores estadounidense, en la que el contrario es denigrado, el competidor es execrable y el adversario merece la erradicación, deberíamos también aceptar que unos pocos importan más que muchos y que, desde luego, 1 > 39.
Eso aclara por qué la terquedad de los Estados Unidos contra el gobierno de un país como Venezuela y contra unos presidentes que, de Chávez a Maduro, no hicieron otra cosa que tratar de llevársela bien con ellos.
Porque la verdad es que nunca expropiaron una sola empresa gringa, si acaso nacionalizaron algunas y procedieron a indemnizarlas con creces. Nunca dejaron de suministrarle su petróleo a las poderosas refinerías estadounidenses del Golfo de México ni de la costa Oeste. Jamás les cerraron sus locales de tapadera ni les tocaron un pelo a sus funcionarios atrevidos ni a sus espías de medio pelo.
A lo mejor por eso ahora están haciendo lo que desde un principio se sabía que iban a terminar haciendo, pues es lo que siempre han hecho: dándole una patada a las buenas intenciones de la contraparte y tratando de quedarse con todas las apuestas sobre la mesa.
No contaron con que las patas de palo de la silla del oponente estaban puestas sobre un pueblo y unas fuerzas militares sólidas, ambos coherentes con el designio de una patria respetable y con la disposición para soportar el juego sucio de los adversarios.
Así que lo que en un comienzo calificamos como una obsesión de los Estados Unidos es apenas la consecuencia dialéctica de una escala de valores puesta de revés, antes que por los insanos señores de la guerra, por los desnivelados amantes de la intimidatoria paz que pregonan.
34 billones = 20 millones
Los economistas contra Venezuela airean las dificultades del país con regodeo. A la contracción de la economía, la hiperinflación y el desabastecimiento de productos básicos le adicionan el colapso del sistema eléctrico, cuyas pérdidas, estimadas desde antes de ocasionarlas, rondarían los cuatrocientos millones de dólares por día de apagón, es decir, entre dos mil quinientos y tres mil millones de dólares en total. ¿De dónde salen los datos? De ellos mismos buscándose y hallándose en cualesquiera de los buscadores más charlatanes, pero populares.
Y adentro continúan causando apagones y afuera la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro estadounidense no deja de agrandar la lista negra de los sancionados por comerciar con Venezuela. Cifras y más cifras, que son dolor y penurias de una población, para compartir y disfrutar.
¿Son ciertas esas cifras o quizás aproximadas? Nadie lo sabe, y menos aún lo saben quienes las sueltan con absoluta irresponsabilidad, en el mismo estilo desabrochado con el que dan datos inventados y fechas perversamente precisas para la caída del gobierno, o juegan con las fechas precisas y estipuladas en los propios artículos de la Constitución que aluden.  
Las causas de la debacle eléctrica, sostienen estos entendidos, corresponden a la falta de inversión y mantenimiento de la red eléctrica durante dos décadas. La teoría de la conspiración es reemplazada por la casualidad, y se niega cualquier acceso a las manos sigilosas de la causalidad.
Azar de los azares, el sistema sufre un síncope del ciento por ciento a unos días del fiasco humanitario, a dos días del regreso sin pena ni gloria de Guaidó y a unas horas del enojo sin contención en las declaraciones de los altos funcionarios estadounidenses.
Como para recordar, en todo caso, la aseveración de Robert Coveyou, el célebre matemático británico: “La generación de números aleatorios es demasiado importante para ser dejada al azar” (Quotes, 2019).
Como el periodista “mayamero” sin escrúpulos Jaime Baily sabía, y así lo confiesa, del magnicidio dispuesto hace unos meses contra el jefe de estado venezolano (Noticias en Red, 2019), igual estaban avisados del ataque contra la infraestructura eléctrica (ocurrido 16:55 hora local de Caracas [GMT-4]), el senador estadounidense Marco Rubio (trino a las 17:18, hora local de Washington D. C. [GMT-4]) y el autoproclamado en tarima Juan Guaidó (trino a las 18:24, hora local [GMT-4]), y así lo constatan los trinos.
A 89 minutos del atentado eléctrico, Guaidó dejaba claro que el atentado era de grandes proporciones y en su trino, mitad triunfalismo, mitad amenaza, advirtió que la luz demoraría. Y Rubio, el mandamás latino de las maquinaciones, está aún más al tanto de los pormenores y a sólo 23 minutos del ataque confirma que los generadores de respaldo también habían fallado. Y sí, por supuesto, “fallaron”.
O el congresista Rubio tiene un talento en tiempo real para la deducción lógica y las inferencias fatídicas. O es un irresponsable que trina por trinar y alarma a una población angustiada, lo que comportaría un sadismo vistoso. O es alguien presto a servirle a los saboteadores furibundos de caja de resonancia en directo. O Rubio sabía de antemano el delito en el que iban a incurrir sus incondicionales.
De pronto, del mismo modo que invitaron a Bayly los amigos que lo creen periodista y que él trata de hacernos creer que son fuentes para comunicarle entre sorbo y sorbo de café que “el sábado vamos a matar a Maduro con drones”, así le notificaron a Rubio que “el jueves vamos a acabar con el sistema eléctrico venezolano”, y él, qué más iba a decir, al igual que Bayly, respondió: “¡Hágale!”. ¡Háganle pa’ esa! Y lo hicieron.
Como lo hicieron los Estados Unidos en Irak y en Libia: destruyeron las plantas y las torres de energía, cortaron el suministro de agua y envenenaron las fuentes naturales que no pudieron romper ni frenar con bombas.
Los Estados Unidos, a través de la USAID, hablaron de una donación de veinte millones de dólares en una ayuda humanitaria que el gobierno venezolano se negó a recibir, no por capricho, sino con fundamentos.
Porque las ayudas de esta entidad socia de la CIA no sirven, lo cual experimentó Bolivia en carne propia con la ayuda alimentaria suministrada a comienzos de los años dos mil, un maíz transgénico no apto para el consumo humano (Sputnik, 2019).
Porque son forzadas. Ningún país con un asomo de dignidad pensaría siquiera en aceptarlas. Tampoco es soberbia, sino la rabia que producen montajes mediocres y dañinos contra una población a la que tratan con desprecio, junto al pueril desafío de que las ayudad entran porque entran. Como dice el refrán mexicano, "ni amor obligado, ni zapato ajustado”.
Lo más grave, porque se utilizan como punta de lanza para la invasión de países; son el complemento de la infiltración y el generador de desestabilización que justifica las intervenciones humanitarias, operaciones tan generosas como criminales, acompañadas de miles de marines que multiplican de modo exponencial la crisis sanitaria y el hambre: Somalia, Libia, Iraq, Haití, en fin. Contraindicadas las medicinas y contraproducentes los alimentos; la exposición peligrosa e innecesaria por una limosna (Misión Verdad, 2019).
A los veinte millones se le sumarían los cien mil dólares del Venezuela Aid Live. Pero nadie da razón del producido en el grotesco concierto: ¿Fue a dar a los bolsillos de unos avispados en Cúcuta? No creo. ¿A las faltriqueras de Bosé y su recua de faranduleros? No sé. ¿O se disipó en bombones para la aeronave VSS Unity de Virgin Galatic? ¡Vaya uno a saberlo! (Europa Press, 2019).
El Banco de Inglaterra, de otra parte, se niega a devolverle a Venezuela las reservas de oro valoradas en más de 1500 millones de dólares. Los estadounidenses presionan para que los activos se desvíen hacia el control de Guaidó y le sirvan de sustento para su actividad golpista, y para que la esposa merodee por Washington y se haga la consabida foto junto a Pence y a Trump (NBC News, 2019). Una Tintori añadida (la esposa del jefe preso de Guaidó) (Washington Post, 2019), o una María Corina en épocas de George W. Bush (Getty Images, 2005), antes del desuso al que la relegarían sus colegas de mala causa.
Los Estados Unidos aducen que asfixian el comercio del oro venezolano y bloquean el acceso del país a sus reservas con el pretexto de evitar su malversación por parte de las autoridades legales en acciones de corrupción y mala gestión, y antes de que estas dañen la infraestructura y afecten la ecología del país.
También, porque con tal oro el gobierno legítimo podría agravar la situación de los Derechos Humanos, agrandar la crisis de los refugiados, y, lo que es peor, mejorar la situación humanitaria a la que el país ha sido conducido por los Estados Unidos y sus cómplices, lo que no se menciona, y hacer aún más inútil de lo que ya fue el ingreso de la ayuda envenenada.
Pero eso no es todo. El gobierno estadounidense intensifica las medidas económicas contra Venezuela en todos los ámbitos. Se toma la refinería CITGO y secuestra sus cuentas, para usar sus fondos en el pago de bonos de deuda privilegiados al antojo (RT).
No cesan las sanciones contra PDVSA, que se volverán un búmeran contra el propio mercado estadounidense, contra las refinerías de Texas y Luisiana, y que pondrán a toda la costa del Golfo a escupir el azufre de los petróleos canadienses de malas calidades. Pero providencias que, con el orgullo herido, la soberbia maltrecha y la invasión sin pudores en los espíritus de John, Mike, Elliott y Marco, se adoptan porque se adoptan.
Se congelan las cuentas del Gobierno de Venezuela y del Banco Central de Venezuela abiertas en bancos en los Estados Unidos, y se procede a amenazar a las instituciones financieras de todos el mundo que efectúen operaciones con el gobierno (The Washington Post, 2019).
Según las estimaciones reveladas a mediados de febrero por Ricardo Menéndez, ministro del Poder Popular de Planificación de Venezuela, las pérdidas directas en producción de bienes y servicios y en actividad petrolera, producto de los embargos financieros impuestos por Estados Unidos, ascienden a 38 000 millones de dólares (Hispantv, 2019).
El presidente Maduro, al inicio del año, en entrevista con el periodista Ignacio Ramonet, señaló que las pérdidas del país, sólo en 2018, fueron cercanas a los veinte mil millones de dólares (VTV, 2019) debido a la persecución criminal de los Estados Unidos.
Así que las cantidades que los Estados Unidos anunciaron una vez como aporte son migajas minúsculas. Veinte millones que, en definitiva, serían para el bolsillo de Guaidó, o de Vecchio (VOA, 2019), o de los dummies, y no para el país. Una cuantía que no cubre lo perdido por Venezuela en las comisiones de una sola operación cambiara, por ejemplo, la de compra de medicamentos, de paso congelada por los estadounidenses. Monedas ofrecidas con bombos y platillos y en momentos cruciales que, por adición,  jamás llegan, tal cual es la costumbre con las dádivas oportunistas.
Los valores nulos que no son cero
Están lejos los tiempos en los que Guaidó pregonaba su disposición para “ofrecer amnistía a Maduro” (Semana, 2019). Terminó este ofreciéndole impunidad a Guaidó, por la elemental razón de que en la cárcel la baraúnda mediática haría de él un preso político, un inmolado en aras de supuesta libertad.
En tanto que afuera de las rejas el autoproclamado no es sino otro cero a la izquierda en la vasta fila de ceros a la izquierda de la derecha venezolana. La tozudez ideológica que no ceja en el empeño de ser una cifra dividida y un valor vacío en la vida política del país.
Guaidó no sumó una presidencia, pero restó un parlamento. Le hicieron creer que tenía un poder ejecutivo entre las manos y él terminó dejando al descubierto el carácter inservible de la Asamblea Nacional tolerada en el desacato, quizás el único espejismo que habría podido ayudarle a pasar el trago amargo de los seis años por venir de Maduro.
No tenía nada y quedó con menos, porque la desvergüenza quita. Eso sí, se las agenció para que ciertos personajes ignominiosos de la región lo fueran aún más y en un apretón de manos.
Sobre sus costillas queda que el gobierno colombiano sobrepasara los límites más extremos del ridículo en los asuntos de política internacional: el presidente Duque y su canciller Holmes Trujillo no superarán con facilidad los niveles de sandez a los que se condujeron “por enguandiosos y atarantados”, diría en antioqueño simple el verdadero presidente colombiano, Álvaro Uribe.
Pero no lo dijo porque en realidad él fue el artífice del yerro garrafal. Fue Uribe quien le originó a Duque y a Trujillo la picazón de hablar por hablar con la misma caradura que él lo hacía en sus tiempos (de pocas semanas atrás) las cosas gratuitas que el paso del tiempo reveló que eran meras tonterías.
Al haber de Guaidó fue a dar el hecho de que al locuaz excapitán Bolsonaro se le entumeciera el discurso militar. Y que a los europeos, ay, a los europeos, tan cerca del Brexit duro y tan lejos del Reino Unido, no les quedara otra que regurgitar con disparates la bobada que habían engullido. 
El imprudente Macron se arriesgó un día a leer los acontecimientos venezolanos con las cenizas de tabaco en que había convertido las calles de París. El injerencista embajador de Alemania, declarado persona non grata, hizo maletas y se esfumó con el apagón. Claro, aun en medio de los gestos de guerra sucia en marcha dio el adiós al entrañable autoproclamado.
A Guaidó le quedará de por vida el excepcional lucimiento de haber engañado a los mismos personajes que lo engañaron. Fue un corpóreo presidente ante los presidentes que sabían que no era nadie. Y volverá pronto a lo que sus dotes a máxima potencia le permiten ser: el faro vaporoso de los saboteadores que lo saben de sus filas y se lo tragan como de en carne y hueso.
No será fácil la corrección de tanta estupidez gubernamental y diplomática para los cincuenta y tantos países que en una vez remota lo reconocieron como presidente interino. Lo mejor que les puede suceder es que borren pronto con los codos el pintarrajo que hicieron con las manos.
Empezando por Estados Unidos, que deshaga ese imposible pronto, junto a la turbulenta boludez de Bolton, la pomposidad esperpéntica de Pompeo (RT, 2019). Y ¡ábrase el lesivo Abrams!
Es difícil, claro está, moverse de la fantasía exultante a la desesperanza, sin hacer escalas en los acontecimientos ciertos. Medio verídicos, siquiera. Todos se mintieron entre todos, unos a otros se trampearon y manipulan a las huestes desinformadas por los medios embusteros. Es lo que hicieron y siguen haciendo.
El gobierno estadounidense burla al Congreso. Los partidos se pelean por las cosas que tienen en común para aparentar disimilitudes y se avienen en las diferencias porque los afiliados son políticos por negocio y no por política.
Los demócratas tienen predilección por las invasiones y los republicanos prefierenlas intervenciones, y porque quizás de veras lo creen y lo justifican con idearios disparatados que vienen del “Destino Manifiesto” al “Gran Garrote”, de la “Doctrina Monroe” a su “Corolario Roosevelt”, de la “Seguridad Nacional” a los bloqueos, tratan de convencernos de que no son las mismas guerras cruentas que propalan y a las que les dan continuidad desde la conquista del Oeste hasta las dos guerras del Golfo Pérsico (que fueron tres); de las guerras bananeras a Libia, de la ocupación y robo de la mitad del territorio de México a la guerra nunca declarada de Vietnam; de Cuba y Siria a Venezuela e Irán. Contra el comunismo, el terrorismo, las drogas, ¡qué importa el subterfugio!
Lo único que unos y otros, republicanos y demócratas, recuerdan de América Latina es su reputación de despensa atiborrada de riquezas para el usufructo. Un pormenor que no la hace distinta a un montón de esquinas en el resto del mundo, pero a la mano. Para completar el tinglado, desde los tiempos de Bolívar hasta los actuales, unos latinos taimados que se pasan de listillos por las ganas de poder, y que juegan con fuego.
Y todos, de Duque a James Story, el gringo disfrazado de encargado de negocios de la Embajada de los Estado Unidos en Venezuela hasta que lo echaron consu parranda de entrometidos, insisten en el cuento de estar del lado correcto de la historia (Caracol, 2019; US Embassy, 2019).
Como si en la historia hubiera orillas y no flujos, y como si en ella tuvieran cabida las valoraciones de correcto o incorrecto, cuando no es más que una sucesión de tergiversaciones según el ritmo y el rumbo al que navegue el que la cuenta. Como si la misma historia para unos no fuera las grandes cifras cuya multiplicación da cero y para otros la serie de naderías que al dividirlas son el todo. Pura minería de relatos y simples matemáticas elementales.