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sábado, 11 de junio de 2016

Un Caribe diverso lucha por su unidad


El Caribe es una de las regiones más heterogéneas de planeta en cuanto a culturas, lenguas y geografía, pero más allá del mar que las une, las naciones miembros intentan consenso y unidad en temas como desarrollo sostenible, globalización, crisis económica mundial y enfrentamiento a los fenómenos naturales.

Al menos así lo dejaron planteado durante la VII Cumbre de la Asociación de Estados del Caribe (AEC) que del 2 al 4 de junio tuvo lugar en La Habana.

No es fácil aunar criterios en un entorno tan disímil, pero los 25 Estados miembros, los siete asociados, 21 países invitados y nueve organizaciones internacionales en calidad de observadores, están conscientes que la integración basada en principios como la cooperación, la solidaridad y la complementación económica es su mayor fortaleza.

Si hay algo común en la región caribeña son sus playas y paisajes que atraen a millones de turistas cada año y es una de las fuentes de ingreso principales, por ello los asistentes al conclave hablaron sobre el propósito de aumentar el transporte entre los países, así como y el turismo multidestino.

Entre las propuestas fundamentales de este encuentro destacó la posibilidad de fomentar el comercio entre las naciones latinoamericanas y caribeñas para reducir los costes de trasportación y aumentar los ingresos.

Si las bases económicas fundamentales de los caribeños son el turismo y la pesca, los procesos climáticos son vitales. Para nadie es un secreto que la región es de las más afectadas por los huracanes, por eso se insistió en la cooperación relacionada con la reducción del riesgo de desastres naturales, algo en lo que Cuba es puntera.

En realidad son muchísimos los retos y problemáticas que debe enfrentar esta organización surgida el 24 de julio de 1994 en Cartagena de Indias (Colombia) con el propósito de promover la consulta, la cooperación y la acción concertada entre todos los países del Caribe. 
Pero más allá de temas puntuales, la cita de La Habana revitaliza la organización y la reafirma como una entidad importante para la defensa de la soberanía y los intereses regionales.

Una muestra de ello es que los estados miembros ratificaron la Proclama de la región como Zona de Paz suscrita anteriormente, durante la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños efectuada en La Habana en el 2014. Ahora, como diría el presidente cubano, Raúl Castro, "Habrá también que demandar de otros el respeto a esos principios en sus relaciones con nuestros países", en clara referencia a la situación que enfrenta Venezuela.

En estos momentos convulsos para el hemisferio, Cuba se ratificó nuevamente como punto de encuentro y aglutinador por excelencia para las naciones del Caribe, a la vez que sirve de puente hacia el resto de América Latina. No por gusto es, a decir de los especialistas, el más latinoamericano de los países caribeños y el más caribeño de los latinoamericanos.

La Cumbre habanera viene a mostrar que es posible avanzar en la unidad latinoamericana y caribeña, a pesar de diferencias políticas. Aunque se trata de una región difícil y diversa, los países caribeños demostraron su interés en buscar consenso, sumar y respetar. Porque lo cierto es que en este mundo cada vez más globalizado, la integración es la única manera que tienen los pequeños de hacerse fuertes. El Caribe tiene mucho que decir y debe dejar escuchar su voz.

jueves, 20 de agosto de 2015

Granada, la isla de Maurice Bishop

Desde la década del 50, Eric Gairy tuvo la isla de Granada bajo su dominio. Inicialmente era un combativo abogado sindical; a partir de 1951 fue designado primer ministro y continuó en el cargo sin interrupciones. Amigo personal de Augusto Pinochet, fue respaldado por los gobiernos de Washington y Londres.

Implantó un régimen corrupto que fue la vergüenza de todo el Caribe de habla inglesa. Prohibió las publicaciones de la oposición y mantuvo el terror armando grupos de choque.

En los años 60, se fundó un movimiento de liberación opositor, el New Jewel Movement, dirigido por Maurice Bishop.

El 13 de marzo de 1979, militantes armados del New Jewel Movement ocuparon el cuartel y la radio local. Acabaron con la dictadura y dieron inicio a la revolución. "People's Revolution", "la revolución del pueblo".

La revolución fue atacada desde fuera y desde dentro. Esta pequeña isla posee una ubicación estratégica frente a la costa venezolana, cuyas enormes reservas petroleras despertaron el celo de las empresas norteamericanas.

En su apoyo, el gobierno en Washington logró congelar todos los créditos internacionales, rodeando a Granada de un mundo financiero hostil. Al mismo tiempo, un frente interno estaba constituido por algunos cientos de opositores contrarevolucionarios.

La situación se fue agudizando. Los Estados Unidos ya no ocultaban su intención de invadir la isla.

Y como en toda acción militar, necesitaron crear un clima político propicio que debilitase al enemigo.

Maurice Bishop, el dirigente revolucionario querido por el pueblo, tenia que ser eliminado. Se ha comprobado que la CIA estuvo al tanto de las interioridades dentro del movimiento y aprovechó las discrepancias internas para sus propósitos militares.

Bernhard Coard, viceprimer ministro, dispuso un arresto domiciliario contra Maurice Bishop, lo cual originó un estallido social.

El 19 de octubre de 1983, una multitud salió a la calle agitando carteles con la consigna "Queremos a Bishop, no a Coard". Lograron liberar a Bishop, acompañándolo luego hasta Fort Rupert, el cuartel del Ejército. A las trece horas se escucharon disparos de armas automáticas. Por la noche, Radio Free Granada informó que un consejo militar tomó el poder y que decretó el toque de queda.


Hay distintas versiones sobre lo sucedido en Fort Rupert.

Coard que a esa altura de los acontecimientos había perdido su batalla por el poder alega que Bishop y sus quince compañeros resultaron muertos luego de un intercambio de disparos. Pero, curiosamente, del lado de Coard no hubo muertos.

Con la excusa de los sucesos del 19 de octubre, el gobierno de los Estados Unidos trató de justificar su intervención. La vida de 600 ciudadanos estadounidenses estaba en peligro, adujeron. Pero Tom Adams, presidente de Barbados y uno de los principales propulsores de la invasión, reconoció en una conferencia de prensa que, ya el 15 de octubre, es decir cuatro días antes, los Estados Unidos planificaron una acción militar conjunta.

Y el embajador norteamericano en París reveló en una entrevista televisiva que la decisión de invadir había sido tomada dos semanas antes.

Seis días después, la ciudad de St. George's fue bombardeada desde aviones, helicópteros y buques de guerra. Luego de tres días de una lluvia de bombas, 7.300 marinos y paracaidistas invadieron la isla. Se registraron 88 muertos y más de 500 heridos. El presidente Ronald Reagan declaró: "Llegamos apenas a tiempo para evitar la ocupación de Granada por los cubanos".

El argumento del "peligro cubano" se desvaneció al día siguiente, los trabajadores cubanos, que construían el aeropuerto bajo la dirección de una empresa inglesa, se rindieron. Tampoco encontraron depósitos de armamento pesado. Los periodistas recabaron testimonios de estudiantes norteamericanos, quienes nunca se sintieron en peligro y se resistían a abandonar la isla. Las Naciones Unidas condenaron la invasión.

El 25 de octubre del año 1983 los Estados Unidos invadieron la pequeña isla de Granada bajo el pretexto de que los cubanos estaban construyendo un aeropuerto con fines militares en ese país. Después de un conflicto corto, los cubanos se retiraron de la isla, y el gobierno de los Estados Unidos proclamó la invasión como una victoria. Las acciones de los Estados Unidos no fueron justificadas, y en realidad fueron un ejercicio militar de guerra imperialista.

Granada es una isla muy pequeña que está en el mar Caribe. Sólo tiene una población de 110.000 personas y un área de 133 millas cuadradas. El principal origen de su ingreso es turismo, pero antes de la invasión de Granada por los Estados Unidos, carecía de un aeropuerto mayor. Como muchas de las islas en el caribe, Granada aceptó ayuda de Cuba.

Los Estados Unidos creyeron que las fuerzas armadas de Cuba estaban usando la isla como un lugar para armarse y utilizarlo con fines militares. Los cubanos construían el aeropuerto para ayudar el turismo de la nación.

La invasión iniciada por el presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan fue llamada Operación "Furia Urgente". Durante ese tiempo, los Estados Unidos estaban ocupados en la guerra fría con la ex Unión Soviética. Cuba comercializaba mayormente con la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Alrededor de 1.200 marines estadounidense invadieron la isla y lanzaron contra tropas cubanas y las fuerzas armadas de Granada.

Durante los días siguientes más tropas llegaron en Granada y por el final de la guerra había alrededor de 7.000 soldados estadounidenses combatiendo. Los objetivos de los Estados Unidos en esta invasión armada fueron desestabilizar la nación, expulsar a los constructores cubanos, derrocar a su presidente Maurice Bishop de clara orientación socialista, y evacuar a unos mil médicos y maestros cubanos en la isla.

La invasión finalizó en diciembre de 1983. Las cifras ofrecidas por los medios de información norteamericanos, al finalizar la invasión hablaron de 19 marines estadounidenses, 49 personas de Granada y 29 cubanos muertos y muchas personas fueron heridas. La invasión fue considerada como una victoria de los Estados Unidos.

Después del conflicto un aeropuerto fue construido y usado para aumentar el turismo de la isla. Los Estados Unidos consideran el conflicto un éxito y dicen que tuvieron una recepción muy agradecida. Pero, otros consideran el conflicto un ejemplo del imperialismo de los Estados Unidos.

Los Estados Unidos intentaron justificar la agresión armada con tres razones para la invasión de Granada. La primera razón los Estados Unidos tuvo para la invasión fue que creía que los cubanos y los rusos querían usar la isla como un punto estratégico para el ejército y para la revolución socialista.

La segunda razón fue que los cubanos tenían edificios enteros llenos de armas designadas para los terroristas que atacarían los Estados Unidos. La última razón para la invasión fue que los estudiantes médicos americanos que estudiaban en el colegio de medicina en la isla, estaban en peligro.

La verdad que no existieron evidencias de ninguna de las acusaciones realizadas por los Estados Unidos, contra el gobierno de Granada y los cubanos que construían el aeropuerto internacional.

Los propios mandos norteamericanos señalaron una vez finalizada la agresión que en realidad, la gente de Granada tuvo menos armas de las que nosotros habríamos creído, y en los edificios "lleno de armas" no aparecieron nunca. De hecho tenían armas anticuadas y rústicas.

La última razón de los Estados Unidos de que los estudiantes americanos habían sido tomados como rehenes no era peligrosa. Cuando el gobierno de los Estados Unidos pidió que los oficiales de la universidad médica declaran que la situación era peligrosa, la universidad negó porque no creía que los estudiantes estaban en peligro.

Después del salvamento de los estudiantes, nadie dijo que había creído estaban en peligro en la isla.

Finalmente, es importante que se de cuenta de que la comunidad global no apoyó la invasión de Granada, y el presidente estadounidense Ronald Reagan nunca declaró guerra contra la isla de Granada.

En la votación de las Naciones Unidas, ciento ocho embajadores votaron la condena a la invasión, mientras sólo nueve embajadores votaron en consentimiento de la invasión.

Si la mayor parte de la comunidad internacional no apoyaba la invasión de Granada, y no creían que la invasión fue necesaria, ¿por qué el gobierno de los Estados Unidos invadió?

La invasión de Granada no estuvo justificada ni siquiera para las Naciones Unidas, y resultó ser un nuevo ejemplo del imperialismo norteamericano. La invasión fue considerada por Reagan como una victoria. La invasión costó las muertes de soldados y personas inocentes. Finalmente, fue una demostración de la fuerza militar de los Estados Unidos y una manera para intimidar otros gobiernos socialistas.

Ronald Reagan fue el presidente norteamericano que convirtió a la América Latina en el centro de la política exterior imperialista.

Reagan derrotó en 1980 al demócrata Jimmy Carter.

En ese entonces en Nicaragua existía un gobierno revolucionario sandinista que había derrotado a la dictadura de Anastasio Somoza mediante una revolución armada.

Al tiempo que el movimiento guerrillero insurreccional se afirmaba en El Salvador, Guatemala, Honduras y Colombia.

La posibilidad de nuevos triunfos de los movimientos de liberación nacional presagiaban avances socialistas en el continente Latinoamericano.

Reagan vio esto como una creciente amenaza para la seguridad de Estados Unidos y lanzó su propio contraataque.

Reagan tuvo un gran aliado en la Iglesia católica y el papa Juan Pablo VI en su política internacional, juntos frenaron el avance del proceso revolucionario en América Latina.

De la política de la Guerra Fría de contención el imperialismo pasó a la agresión y la disuasión. El gobierno de Reagan planteó las nuevas políticas llamadas de "guerras de baja intensidad", la lucha antisubversiva, y la articulación de la lucha contra el narcotráfico.

La política imperialista de Reagan no escatimó medios ni medidas de todo tipo incluidas las ilegales para confrontar con las fuerzas izquierdistas de Latinoamérica.

Soplo en Nicaragua la guerra civil con la intervención estadounidense y su apoyo a la "contra" costó la vida a más de cincuenta mil personas durante casi diez años de intervención armada.

El gobierno de Reagan autorizó a la CIA para brindar apoyo a los "contras", que se oponían al gobierno de los sandinistas y operaban desde Costa Rica y Honduras.

La ayuda a la "contra" nicaragüense representó "la primera vez en la historia de Estados Unidos, que el país dedicó fondos públicos a revertir un proceso como el nicaragüense, armando a la contra".

La presidencia de Reagan enfrentó su peor momento en 1986, cuando se conoció que Estados Unidos vendía armas a Irán para financiar y entrenar a los "contras", pese a la prohibición del Congreso estadounidense, en lo que se conoce como el escándalo "Irán Contra".

Adolfo Calero, miembro del directorio político de los "contras", destacaba la gestión de Ronald Reagan para quien "el problema de Nicaragua representaba un asunto de seguridad nacional para los Estados Unidos. Había una avanzada comunista y él no estaba dispuesto a tolerarla".

Estados Unidos dio ayuda militar al gobierno salvadoreño donde el grupo guerrillero Frente de Liberación Farabundo Martí se enfrentó al gobierno durante un conflicto con una duración de 12 años que terminó con la firma de unos acuerdos de paz en 1992.

El gobierno de Reagan alcanzó a entregar 3 mil millones de dólares en asistencia militar al gobierno salvadoreño.

Un ex presidente de El Salvador, dijo que "el ex presidente Reagan representó toda una época de democracia. Reagan se identificó con el país, con su democracia y ayudó en los momentos difíciles".

Mientras que quienes apoyaron al FMLN, afirmaron que la política de Reagan contribuyó que en El Salvador se creara un contexto altamente ideológico, y ayudó a una prolongación del conflicto en el país. No sólo haciendo que se prolongara, sino que se profundizara todavía más.

Durante la década de los ochenta, el gobierno de la dictadura militar en Argentina había lanzado una ofensiva contra el comunismo proporcionando armas y entrenamiento a los "contras" nicaragüenses en Honduras, con el apoyo del gobierno estadounidense.

Pero la decisión de los argentinos de desembarcar en las islas Malvinas en 1982 hizo que Reagan, en una llamada telefónica intentara disuadir sin éxito al presidente de la junta militar, el teniente general Leopoldo Galtieri para que no intentara recuperar las islas en manos de los ingleses.

El secretario de Estado de Reagan, Alexander Haig, lanzó un esfuerzo diplomático infructuoso con ambas partes intentando frenar el inminente conflicto.

Pero el Senado estadounidense aprobó una resolución que exigía a Argentina el retiro de sus fuerzas militares de las islas, y la aplicación de sanciones económicas y militares contra Argentina. Mientras que los argentinos pidieron la aplicación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca TIAR que comprometía a los países firmantes a involucrarse en el conflicto.

Estados Unidos apoyó con sus satélites a la flota inglesa, denunciando la presencia de embarcaciones y aviones que partían desde los aeródromos argentinos.

Otro punto importante en la política exterior del gobierno de Reagan fue la invasión de la isla caribeña de Granada el 25 de octubre de 1983.

Granada se había convertido en otro escenario de la Guerra Fría después de que Maurice Bishop, tomó el poder en 1979 y lideró un gobierno de inclinaciones marxistas con vínculos estrechos con Cuba y la ex Unión Soviética.

Reagan ordenó una invasión de las fuerzas militares, desafiando las críticas de las Naciones Unidas.

Con la invasión a Granada, las acciones encubiertas de "las doctrinas de la seguridad nacional", se cambiaron por el concepto de "guerras de baja intensidad".

La publicación del Documento de Santa Fe 1 en 1981 elaborado por un grupo de intelectuales ultra derechistas señaló la etapa de Reagan y los gobiernos republicanos sucesivos.

El documento mencionaba claramente, entre otros puntos, el aumento de los lazos militares con los gobiernos centroamericanos y la provisión de entrenamiento militar y programas de asistencia.

Con ese documento de Santa Fe 1 la nueva derecha que sigue con Bush padre y Bush hijo, ideólogos que pese a no participar directamente del partido republicano igualmente fueron conformando una especie de "renacimiento fundamentalista" de la ultra derecha fascista estadounidense. Reagan fue el gran articulador de los intereses monopólicos que estaban por fuera de la propia dinámica del partido republicano y de los intereses políticos fascistas.

Fidel Castro ha dicho más tarde durante un discurso en un acto de homenaje a los cubanos caídos en Granada lo siguiente:

¿Quiénes han dicho la verdad y quiénes han mentido cínicamente sobre los hechos de Granada? A los periodistas extranjeros no se les permitió presenciar e informar sobre los acontecimientos en el terreno. Ni siquiera a la prensa norteamericana. Es superficial y ridícula la argucia de que se trataba de simples medidas de seguridad para los periodistas.

Lo que se pretendía obviamente era monopolizar y manipular la información, mentir sin obstáculo alguno a la opinión pública mundial y al propio pueblo de Estados Unidos.

Era esta la única forma de divulgar mentiras deliberadas y falseadas de todo tipo, que después de su impacto inicial y su efecto en el pueblo de Estados Unidos, no serían fáciles de aclarar y rebatir.

Hasta en eso, el método empleado por la Administración de Estados Unidos fue fascista.

¿Qué queda hoy en pie objetivamente de aquellas afirmaciones de Estados Unidos?

¿Dónde están los silos para proyectiles estratégicos que se construían en Granada? Sin embargo, todas aquellas mentiras en las que el mundo no creyó, dichas por su Presidente y sus voceros, produjeron un evidente impacto en la opinión pública de Estados Unidos.

Al pueblo norteamericano se le presentó, además, la invasión a Granada como una gran victoria de la política exterior de Reagan contra el campo socialista y el movimiento revolucionario.

Se asoció el hecho con la trágica muerte de 240 soldados norteamericanos en Beirut, con el recuerdo de los rehenes en Irán, con la humillante derrota de Viet Nam y con el resurgir del poderío y la influencia de Estados Unidos en el mundo.

Se apeló de una forma sucia y deshonesta al patriotismo norteamericano, al orgullo del país, a la grandeza y la gloria de la nación. Así se logró que una mayoría de la opinión pública norteamericana, se dice que el 65% primero, y después el 71%, apoyara el monstruoso crimen de invadir sin justificación alguna un país soberano, el repugnante método de atacar por sorpresa, la censura a la prensa y demás procedimientos similares empleados por el Gobierno de Estados Unidos para justificar la invasión de Granada.

Hitler no actuó de otra forma en 1938 cuando ocupó Austria y se anexó el territorio del Sudeste en Checoslovaquia, en nombre también del orgullo alemán, la grandeza y la gloria alemana, la felicidad y la seguridad de los súbditos alemanes. Si se hubiese hecho entonces una encuesta en la Alemania hitleriana, en medio de la ola chovinista desatada por los nazis, un 80% o un 90% de la población habría aprobado esas agresiones.

El hecho real, lamentable y verdaderamente peligroso, no solo para los pueblos del Caribe, Centroamérica y América Latina, sino para todos los pueblos de la Tierra, es que cuando la opinión mundial condenaba unánimemente la acción guerrerista, agresiva, injustificable, violatoria de la soberanía de los pueblos y de todas las normas y principios internacionales, la opinión mayoritaria de Estados Unidos, manipulada, desinformada y engañada, apoyó el monstruoso crimen cometido por su Gobierno.

Hay algo más preocupante, al producirse este giro interno de la opinión pública, muchos políticos norteamericanos que inicialmente se opusieron a los hechos, terminaron plegándose a la acción de Reagan, y la prensa, censurada, humillada y mantenida al margen de los acontecimientos, terminó moderando sus quejas y sus críticas.

¿Son estas acaso las virtudes de una sociedad donde la opinión y las instituciones políticas y de información pueden ser groseramente manipuladas por sus gobernantes, como lo fueron en la época del fascismo en la sociedad alemana? ¿Dónde están la gloria, la grandeza y la victoria de invadir y conquistar uno de los países más pequeños del mundo, sin ninguna significación económica ni estratégica? ¿Dónde está la proeza de luchar contra un puñado de obreros y colaboradores civiles, cuya heroica resistencia, a pesar de la sorpresa, la escasez de parque, la desventaja del terreno, de las armas y el número, frente a las fuerzas de aire, mar y tierra del país imperialista más poderoso del mundo, lo obligó a lanzar la 82 División Aerotransportada, cuando el último reducto era defendido al amanecer del 26 de octubre por apenas 50 combatientes?

Ni desde el punto de vista político, ni militar, ni moral, Estados Unidos obtuvo victoria alguna. En todo caso, una victoria militar pírrica y una profunda derrota moral.

NUESTRO RECUERDO Y HUMILDE HOMENAJE AL COMPAÑERO MAURICE BISHOP Y A LOS COMBATIENTES GRANADINOS Y CUBANOS CAÍDOS EN COMBATE CONTRA EL IMPERIALISMO.

La Invasión a Granada: La historia olvidada

St. George’s, capital de la isla caribeña de Granada. En la cancha de fútbol, han levantado un estrado. Son las ocho de la noche: falta poco para el comienzo de la semifinal para elegir el rey del calypso -que en Granada es llamado soca, mezcla de calypso y soul, más rápido y con más ritmo-. En la entrada, la policía controla los bolsos en busca de armas o drogas. Ya adentro, se extiende un mostrador que ofrece cerveza y bebidas, aunque se aprecia un escaso público.

En la calle sí hay mucha gente. Aguardan con la esperanza de acceder más tarde gratuitamente o escuchar la música desde afuera. La entrada cuesta el equivalente a siete dólares norteamericanos. Precio excesivo para una población que vive mayoritariamente en la pobreza y que debe emigrar por miles, cada año, hacia Estados Unidos, Canadá o Inglaterra. La realidad contrasta con la imagen que se promociona para el turista, de gente feliz disfrutando las playas de arenas blancas. A pesar de la miseria, la resistencia contra el modelo económico es escasa.

Pero hay heridas que siguen abiertas. Los veinte años transcurridos no han sido suficientes para el olvido. El 25 de octubre de 1983, siete mil soldados estadounidenses invadieron esta isla minúscula, de apenas 344 kilómetros cuadrados. Tan extensa como la ciudad de Valparaíso o las tres cuartas partes de Montevideo. Sus 90 mil habitantes amenazaban la seguridad de Estados Unidos, afirmaron desde Washington. Durante más de un año permanecieron las tropas extranjeras en la isla y pusieron fin a la revolución. El pueblo recibió con aplausos a los invasores, porque seis días antes Maurice Bishop, el popular dirigente de la revolución, había sido asesinado por integrantes de su propio partido que lo acusaban de ser un pequeñoburgués. “El pueblo no aplaudió a la invasión que terminó con nuestra revolución”, dice Peter David, quien dirigía entonces Radio Free Granada. “Si los norteamericanos nos hubieran invadido cuando Maurice estaba vivo, la historia hubiera tenido otro fin”.
En esa situación, Bishop hubiera cumplido su promesa: “Organizar la resistencia contra el imperialismo yanqui”. Las peleas internas del partido sobre el rumbo de la revolución, fueron aprovechadas por el gobierno de Ronald Reagan. Indudablemente, Estados Unidos quería impedir una “segunda Cuba en el Caribe”. Hasta el día de hoy, no ha sido aclarado el papel que jugó la CIA, pero es evidente que la invasión ya estaba en marcha aun antes del asesinato de Bishop.

LA REVOLUCION DEL PUEBLO

Desde la década del 50, Eric Gairy tuvo la isla bajo su dominio. Inicialmente un combativo abogado sindical, a partir de 1951 fue designado primer ministro y continuó en el cargo sin interrupciones. Amigo personal de Augusto Pinochet, fue respaldado por los gobiernos de Washington y Londres. Implantó un régimen corrupto que fue la vergüenza de todo el Caribe de habla inglesa. Prohibió las publicaciones de la oposición y mantuvo el terror armando grupos de choque.

En los años setenta, se fundó un movimiento opositor de liberación, el New Jewel Movement, dirigido por Maurice Bishop. El 13 de marzo de 1979, militantes armados del movimiento ocuparon el cuartel y la radio local. Acabaron con la dictadura y dieron inicio a la revolución: People’s Revolution, la revolución del pueblo.

Einstein Louison, igual que su recién fallecido hermano George, lucharon desde la primera hora junto a Maurice Bishop. Recibió entrenamiento en la Unión Soviética y estuvo a cargo de la defensa del frente oeste y norte de la isla. No fueron diferencias ideológicas las que llevaron al partido a la división, dice. “Todos estábamos de acuerdo en construir el aeropuerto internacional y fomentar el turismo y la agricultura”.

Einstein Louison es hoy ministro de Agricultura, integrando el gabinete de un gobierno conservador. Pero mantiene el espíritu de aquella revolución popular. A su juicio, el segundo hombre del partido, Bernhard Coard, ambicionaba todo el poder para sí.

La revolución fue atacada desde afuera y desde adentro. Esta pequeña isla posee una ubicación estratégica frente a la costa venezolana, cuyas enormes reservas petroleras despertaron el celo de las empresas norteamericanas. El gobierno de Washington logró congelar todos los créditos internacionales a Granada, rodeándola de un mundo financiero hostil. Al mismo tiempo, un frente interno, constituido por algunos cientos de opositores “contra-revolucionarios”, permanecía en prisión por decisión del gobierno, sin proceso judicial.

En junio de 1980, explotó una bomba durante una movilización del New Jewel Movement en el Parque Queens, provocando la muerte de tres jóvenes mujeres. La situación se fue agudizando. Estados Unidos ya no ocultaba su intención de invadir la isla. Y como en toda acción militar, necesitó crear un clima político propicio que debilitase al enemigo. Maurice Bishop, el querido dirigente revolucionario, tenía que ser eliminado. Todavía no se ha comprobado si la CIA instrumentalizó su asesinato mediante la infiltración. Pero es notorio que el servicio de inteligencia, al tanto de lo que pasaba en el seno del New Jewel Movement, aprovechó las discrepancias internas para sus propósitos militares.

La mayoría de la dirección del partido quería establecer la dirección colectiva, para combatir el culto a la personalidad. Maurice Bishop y sus ministros George Louison, Unison Whiteman y Jaqui Creft estaban en contra de una dirección colectiva. Bernhard Coard, el viceprimer ministro, estaba propulsándola. Dispuso el arresto domiciliario de Bishop.

Al trascender la noticia en St. George’s, los jóvenes abandonaron sus clases al grito de “No Bishop, no school”, mientras que los obreros portuarios decretaban la huelga. El 19 de octubre de 1983, a las once horas, una multitud que incluía a los trabajadores cubanos del aeropuerto, agitando carteles con la consigna “Queremos a Bishop. No a Coard”, logró liberar a Bishop, acompañándolo luego hasta Fort Rupert, el cuartel del ejército.

A las trece horas se escucharon disparos de armas automáticas. Por la noche, Radio Free Granada informó que un consejo militar tomó el poder y que decretó el toque de queda.

LA MUERTE DE BISHOP

Hay distintas versiones sobre lo sucedido en Fort Rupert. Coard -que a esa altura de los acontecimientos había perdido su batalla por el poder- alega que Bishop y sus quince compañeros resultaron muertos luego de un intercambio de disparos. “Pero del lado de Coard no hubo muertos”, afirma Louison, convencido de que fueron ejecutados por orden de Coard.

Sin embargo, hasta hoy en St. George’s no creen que se haya tratado de una conspiración. “No tenemos pruebas para esta teoría”, dice Cletus St. Paul, en aquel entonces jefe de seguridad de Bishop. Aunque pudo escuchar la voz de un general que exclamó: “Misión cumplida”, apenas se apagaron los ecos de los disparos de aquel 19 de octubre.

Con la excusa de la ejecución, el gobierno de Estados Unidos trató de justificar su intervención. La vida de 600 ciudadanos estadounidenses estaba en peligro, adujo. Pero Tom Adams, presidente de Barbados y uno de los principales propulsores de la invasión, reconoció en una conferencia de prensa que ya el 15 de octubre, es decir cuatro días antes, Estados Unidos planificó una acción militar conjunta. Y el embajador norteamericano en París reveló, en una entrevista televisiva, que la decisión de invadir había sido tomada dos semanas antes.

Seis días después, la ciudad de St. George’s fue bombardeada desde aviones, helicópteros y buques de guerra. Luego de tres días de una lluvia de bombas, 7.300 marinos y paracaidistas invadieron la isla. Se registraron 88 muertos y más de 500 heridos. El presidente Ronald Reagan declaró: “Llegamos apenas a tiempo para evitar la ocupación de Granada por los cubanos”.

El argumento del “peligro cubano” se desvaneció al día siguiente: los trabajadores cubanos, que construían el aeropuerto bajo la dirección de una empresa inglesa, se rindieron. Tampoco encontraron depósitos de armamento pesado. Los periodistas recabaron testimonios de estudiantes norteamericanos, quienes nunca se sintieron en peligro y se resistían a abandonar la isla.

OCUPACION NORTEAMERICANA

Las Naciones Unidas condenó la invasión, pero políticamente la victoria fue de Estados Unidos: se presentó ante la población granadina como el poder que impuso el orden y prometió justicia.
Las fuerzas de ocupación pusieron en libertad a los presos, entre ellos a los hermanos Buhdhall, condenados por el atentado en el Parque Queens donde murieron las tres mujeres. Más adelante fueron indultados. Detuvieron a tres mil personas, internándolas en campos para prisioneros. Casi no encontraron resistencia: el ejército granadino contaba con 800 soldados, muchos de los cuales ya habían desertados. La revolución fue liquidada anteriormente, dice Peter David: “La sociedad estaba paralizada”.

Casi nadie protestaba por la notoria violación de los derechos humanos. A los integrantes del comité central del New Jewel Movement se les cambió el estatuto de prisioneros de guerra por el de presos políticos, para disminuir sus derechos. Fueron trasladados a centros de detención clandestinos y torturados hasta obtener sus firmas en las “confesiones”. Durante semanas nadie pudo verlos, ni familiares ni abogados. Diecisiete de ellos fueron inculpados por asesinato y en el juicio, el tribunal aceptó las “confesiones” como pruebas. Muchos documentos desaparecieron de los expedientes antes que llegaran al tribunal. Las tropas invasoras incautaron los protocolos del comité central y el registro de entrada en Fort Rupert, donde acontecieron los crímenes. Y se negaron a entregarlos a los jueces a pesar de que fueron reiteradamente solicitados.

Un tribunal especial los condenó a morir en la horca, sentencia que sería luego conmutada por la de cadena perpetua por el gobierno granadino. Hoy, veinte años después de la invasión, aún no ha sido registrada la sentencia por escrito, ni se ha publicado el informe de la Comisión por la verdad, que el gobierno creó el año 2000. Tampoco se ha obtenido de las autoridades norteamericanas la revelación del lugar donde se encuentra el cadáver de Maurice Bishop.

Se completó la construcción del aeropuerto internacional y se agregó, en el norte de la isla, una base para submarinos. Los inversionistas nunca llegaron y los isleños todavía esperan el bienestar y los puestos de trabajo prometidos. La autoridad máxima es la reina de Inglaterra quien designa el gobernador. Granada perdió toda significación geopolítica y volvió a ser “una pequeña isla entre muchas en el Caribe”, dice el abogado Peter David.

VEINTE AÑOS DE SILENCIO

El turismo no es una alternativa económica. La isla, miembro del Commonwealth, tiene precios ingleses y resulta muy cara en comparación, por ejemplo, con Cuba. La gastronomía es inglesa y en el mercado no se puede conseguir un jugo de frutas tropicales, sólo Coca Cola. Importan alimentos en lugar de producirlos. Y el precio mundial para su principal producto de exportación, la nuez moscada, ha caído.

Coard y su gente todavía están en la cárcel. El gobierno no permite entrevistas y sólo sus familiares pueden visitarlos. “Las entrevistas amenazan nuestra seguridad nacional”, declama Lara Mc Phail, mano derecha del primer ministro.

Sola, hija de Bernhard Coard, estudió en Inglaterra y vive actualmente en Granada. Cada quince días visita a su padre. Cuenta que “se disculpó por los ‘errores políticos’ y se arrepintió por haber mantenido presa a mucha gente, durante la revolución, sin orden judicial de detención”. Pero nada dice sobre la muerte de Bishop. En declaraciones políticas los presos se refieren a los “acontecimientos trágicos”, aducen que la situación quedó fuera de control y asumen la responsabilidad política por los “lamentables sucesos”. Después de la muerte de Bishop, ellos integraron el consejo militar y dominaron el comité central. No obstante, son incapaces hasta hoy de explicar qué sucedió y por qué motivos.

Probablemente lo hagan cuando recuperen su libertad y deban dar la cara ante el pueblo granadino y contestar sus preguntas. Veinte años han transcurrido; tiempo excesivo para el silencio.

El odio todavía crispa el rostro de Cletus St. Paul. Maurice era su amigo y la People’s Revolution su gran amor. Es preferible que Coard y su gente continúen presos, “por su propia seguridad”, dice, y agrega que la esposa de Coard fue liberada hace poco por razones de salud y vive en Jamaica, no en Granada. Cletus St. Paul fue el testigo principal en el juicio contra los miembros del comité central. Hoy se gana la vida como taxista y tiene la esperanza que, algún día, el aeropuerto internacional lleve el nombre de Maurice Bishop

GABY WEBER
En Granada



jueves, 16 de julio de 2015

República Dominicana y República de Haití: engaños y verdades

La historia de las relaciones entre la República Dominicana y la República de Haití casi siempre estuvo marcada por una serie de acontecimientos paradigmáticos derivados de decisiones comúnmente caracterizadas y simplificadas de racistas, xenófobas y discriminatorias. Dichas decisiones fueron -y son- tomadas por diferentes gobiernos dominicanos en contra de migrantes haitianos e incluidos dominicanos de ascendencia haitiana. Sin lugar a dudas, entre esos acontecimientos hay dos que retienen la atención por sus consecuencias dramáticas: la masacre de 1937 de miles de haitianos particularmente en la provincia de Dajabón y la Sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional de la República Dominicana del año 2013.
En efecto, la historia enseña que en octubre de 1937 el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo ordenó a sus tropas la erradicación masiva de la población de origen haitiano que se encontraba en República Dominicana. Los masacrados fueron, en su inmensa mayoría, trabajadores haitianos de las fincas agrícolas situadas a lo largo de la frontera entre la República Dominicana y la República de Haití. A modo de explicación y de justificación, el dictador argumentaba que la numerosa cantidad de peones agrícolas haitianos significaba -según su mente reaccionaria y criminal- la pérdida de empleos para los campesinos dominicanos. Hasta ahora, los historiadores no se ponen de acuerdo en cuanto a la cantidad de personas asesinadas desde el 28 de setiembre de 1937 hasta el 8 de octubre del mismo año. Las autoridades dominicanas hablan siempre que fueron más de 500 y las haitianas más de 12.000. En aquel tiempo, se desató una ola de repudio mundial y se registró la intervención del presidente Franklin D. Roosevelt de los EEUU que apoyó la insólita y vergonzosa demanda de 750.000 dólares que había realizado el presidente Sténio Vincent de Haití. Una suma que Trujillo logró disminuir a unos 525.000 dólares. En rigor de verdad, aquel gobierno haitiano no protestó a fondo, pues como fiel representante de la oligarquía haitiana no demostró ni siquiera indignación por la masacre ya que las víctimas

viernes, 26 de junio de 2015

La ‘muerte civil’ de los dominicanos de ascendencia haitiana


Map of Haiti and the Dominican Republic; image by Jay Clark, used under a CC BY 2.0 license.

Imagina que naces en un país y que te digan que no tienes derechos como ciudadano; que no te quieren ahí. Eso es exactamente lo que les está ocurriendo desde hace algún tiempo a los dominicanos descendientes de haitianos.
Ya pasó la reciente fecha límite del 17 de junio para que aproximadamente medio millón de personas de origen haitiano nacidas en República Dominicana se registren con las autoridades o enfrenten la deportación. Para muchos observadores, el problema central ha pasado de ser simplemente un problema de desnacionalización a uno de deshumanización. Se ha usado el término ‘limpieza étnica’ para describir el filtro que está ocurriendo, pues el gobierno tiene como objetivo a dominicanos de piel oscura, de apariencia haitiana para expulsarlos.
Hace dos años, una resolución judicial les negó la ciudadanía dominicana a los hijos de migrantes haitianos retroactivamente hasta 1929, con lo que los convirtió en apátridas. En ese momento, aun cuando el país trató de afirmar su autonomía con respecto a lo que se considera un asunto migratorio, destacados autores como el dominicano Junot Díaz y el haitiano Edwidge Danticat dijeron en una carta publicada en el New York Times que la resolución “creaba instantáneamente una clase marginal dispuesta para el abuso”.
La indignación en los medios sociales en la región fue rápida, aunque limitada. Allan Tam, trinitense que vive fuera del país, llamó a la situación “una tragedia en proceso”.
En Facebook, Rhoda Bharath observó: