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lunes, 15 de abril de 2019

¿Por qué Bush fue a la guerra en Irak?


No, no fue por las armas de destrucción masiva, la democracia o el petróleo iraquí. La verdadera razón es mucho más siniestra que eso.

Dieciséis años después de que Estados Unidosinvadiera Irak y dejara un rastro de destrucción y caos en el país y en la región, un aspecto de la guerra sigue siendo criminalmente poco explorado: ¿por qué se combatió en primer lugar? ¿Qué esperaba la administración Bush de salir de la guerra?

La historia oficial, y ampliamente aceptada, sigue siendo que Washington fue motivado por el programa de armas de destrucción masiva (WMD) de Saddam Hussein. Sus capacidades nucleares, especialmente, se consideraron lo suficientemente alarmantes como para incitar a la guerra. Como dijo entonces la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, "no queremos que la pistola humeante sea una nube en forma de hongo".

A pesar de que Saddam no tiene un programa de ADM activo, esta explicación ha encontrado apoyo entre algunos académicos de Relaciones Internacionales, quienes dicen que si bien la administración de Bush estaba equivocada con respecto a las capacidades de ADM de Saddam, estaba sinceramente equivocada. La inteligencia es una empresa complicada y turbia, según el argumento, y dada la sombra premonitoria de los ataques del 11 de septiembre, el gobierno de los Estados Unidos razonablemente, aunque trágicamente, malinterpretó la evidencia sobre los peligros que representaba Saddam.

Hay un gran problema con esta tesis: no hay evidencia de ello, más allá de las palabras de los propios funcionarios de Bush. Y como sabemos que el gobierno participó en una campaña generalizada de engaños y propaganda en el período previo a la guerra de Irak, hay pocas razones para creerlos.

Mi investigación sobre las causas de la guerra concluye que tuvo poco que ver con el temor a las armas de destrucción en masa, u otros objetivos supuestos, como el deseo de "extender la democracia" o satisfacer a los lobbies del petróleo o de Israel. Más bien, el gobierno de Bush invadió Irak por su efecto de demostración.


Una victoria rápida y decisiva en el corazón del mundo árabe enviaría un mensaje a todos los países, especialmente a regímenes recalcitrantes como Siria, Libia, Irán o Corea del Norte, de que la hegemonía estadounidense llegó para quedarse. En pocas palabras, la guerra de Irak fue motivada por el deseo de (re) establecer la posición estadounidense como la principal potencia del mundo.

De hecho, incluso antes del 11 de septiembre, el entonces Secretario de Defensa Donald Rumsfeld vio a Irak a través del prisma de estatus y reputación, argumentando en febrero y julio de 2001 que derrocar a Saddam " mejoraría la credibilidad e influencia de los Estados Unidos en toda la región" y " demostraría lo que sucedía ". La política de Estados Unidos tiene que ver con "

Estas hipótesis se convirtieron en realidad hasta el 11 de septiembre, cuando se destruyeron los símbolos del dominio económico y militar estadounidense. Impulsada por la humillación, el gobierno de Bush sintió que los EE. UU. Tenían que reafirmar su posición como un hegemon incuestionable.

La única forma de enviar un mensaje tan amenazador era una victoria en la guerra. Sin embargo, crucialmente, Afganistán no era suficiente: era simplemente un estado demasiado débil. Como saben los matones de la prisión, no se adquiere una temible reputación golpeando a los más débiles en el patio. O como dijo Rumsfeld en la noche del 9/11: "Necesitamos bombardear otra cosa para probar que somos, ya sabes, grandes y fuertes, y no seremos atacados por este tipo de ataques".

Por otra parte, Afganistán fue una guerra "justa", una respuesta perfecta a la provisión de refugio por parte de los talibanes al liderazgo de al-Qaeda. Rumsfeld, el subsecretario de Defensa Paul Wolfowitz y el subsecretario de Defensa de Política, Douglas Feith, consideraron restringir las represalias a Afganistán peligrosamente "limitadas", "exiguas" y "limitadas". Al hacerlo, alegaron, " puede ser percibido como un signo de debilidad en lugar de fortaleza" y probar que " envalentonan en lugar de desalentar a los regímenes" opuestos a los Estados Unidos. Sabían que enviar un mensaje de hegemonía desenfrenada implicaba una respuesta desproporcionada al 11 de septiembre, una que tenía que extenderse más allá de Afganistán.

Irak encajaba en el proyecto de ley porque era más poderoso que Afganistán y porque había estado en una mira neoconservadora desde que George HW Bush se negó a seguir adelante con Bagdad en 1991. Un régimen que se mantuvo desafiante a pesar de una derrota militar era apenas tolerable antes del 11 de septiembre. Después, sin embargo, se volvió insostenible.

El hecho de que Irak fue atacado por su efecto de demostración es atestiguado por varias fuentes, entre ellas los propios directores, en privado. Un alto funcionario de la administración le dijo a un reportero, extraoficialmente, que "Irak no se trata solo de Irak", sino que "era de un tipo", incluidos Irán, Siria y Corea del Norte.

En una nota emitida el 30 de septiembre de 2001, Rumsfeld aconsejó a Bush que "el gobierno de los EE. UU. Debe prever un objetivo en este sentido: Nuevos regímenes en Afganistán y otro Estado clave [o dos] que apoye el terrorismo [para fortalecer la política y el ejército". esfuerzos para cambiar las políticas en otros lugares] ".

Feith le escribió a Rumsfeld en octubre de 2001 que la acción contra Irak facilitaría el "enfrentamiento político, militar o de otro tipo" de Libia y Siria. En cuanto al entonces vicepresidente Dick Cheney, un asesor cercano reveló que su pensamiento detrás de la guerra era mostrar: "Somos capaces y estamos dispuestos a atacar a alguien. Eso envía un mensaje muy poderoso".

En una columna de 2002 , Jonah Goldberg acuñó la "Doctrina Ledeen", llamada así por el historiador neoconservador Michael Ledeen. La "doctrina" dice: "Cada diez años aproximadamente, los Estados Unidos necesitan tomar un pequeño y pequeño país de mierda y tirarlo contra la pared, solo para mostrarle al mundo que hablamos en serio".

Puede ser incómodo para los estadounidenses no decir nada de millones de iraquíes de que la administración Bush gastó su sangre y su tesoro en una guerra inspirada en la Doctrina Ledeen. ¿Realmente Estados Unidos inició una guerra - una que costó billones de dólares, mató a cientos de miles de iraquíes, desestabilizó la región y ayudó a crear el Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIL) - solo para demostrar un punto?

Aún más incómodo es que el gobierno de Bush usó armas de destrucción masiva como cobertura, con partes iguales de miedo y tergiversación estratégica, mintiendo, para lograr el efecto político deseado. De hecho, algunos economistas estadounidensesconsideran que la idea de que la administración Bush engañó deliberadamente al país y al mundo en una guerra en Irak es una "teoría de la conspiración", a la par con la creencia de que el presidente Barack Obama nació fuera de los Estados Unidos o que el Holocausto no lo hizo. ocurrir.

Pero esto, lamentablemente, no es una teoría de la conspiración. Incluso los funcionarios de Bush a veces han bajado la guardia. Feith confesó en 2006 que "el razonamiento de la guerra no dependía de los detalles de esta inteligencia, aunque los detalles de la inteligencia a veces se convirtieron en elementos de la presentación pública".

Que un gobierno estadounidense ansioso por rehabilitar a George W. Bush debe reconocer el temor de las armas de destrucción masiva y el terrorismo para luchar en una guerra por la hegemonía en medio del gobierno de Donald Trump, entre otras cosas porque John Bolton, el asesor de seguridad nacional de Trump, parece ansioso. Emplear métodos similares para fines similares en Irán.

miércoles, 18 de julio de 2018

El Hezbolá iraquí promete frustrar planes de EEUU para instalar a terroristas en la frontera sirio-iraquí


Los portavoces de las Brigadas del Hezbolá iraquí han denunciado a EEUU y sus aliados regionales, que buscan “resucitar al Daesh” mediante la creación de una base permanente en la frontera sirio-iraquí. El ataque del 17 de junio contra una posición del Hashid al Shaabi, cerca de la ciudad fronteriza de Albu Kamal, forma parte de este mismo plan.

En una entrevista con el canal de noticias Al Mayadin, el portavoz de las Brigadas de Hezbolá en Iraq, Yaafar al Hosseini, denunció la presencia “ilegal” de las fuerzas estadounidenses en Al Tanf, en Siria, donde EEUU tiene una base militar.

“Somos conscientes del juego de los norteamericanos y no vamos a permitir que eso suceda. Hezbolá de Iraq va a luchar para tomar el control de la vía de comunicación que une la base estadounidense de Al Tanf y las regiones donde operan los terroristas del Daesh, puesto que es a través de esta ruta de comunicación que los norteamericanos ayudan y apoyan a los terroristas y controlan sus operaciones. Para nosotros, no hay ninguna razón que justifique el despliegue de las fuerzas estadounidenses en Iraq y especialmente las acciones que están realizando en este momento cerca de las fronteras sirias”, dijo el portavoz de las Brigadas de Hezbolá en Iraq.

La base de Al Tanf se encuentra en una zona altamente estratégica, en el triángulo fronterizo entre Siria, Iraq y Jordania. EEUU instaló una base militar en esta área en 2016. Es desde esta base que se han llevado a cabo ataques aéreos contra las fuerzas de la Resistencia y contra las poblaciones civiles que viven al Este del Éufrates y son hostiles a la presencia extranjera en suelo sirio. El lunes por la noche y por segunda vez en cuestión de días, los estadounidenses bombardearon salvajemente las aldeas de Albu Kamal, recalcitrantes a la presencia de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) y sus patrocinadores estadounidenses y de la OTAN.

Más tarde en sus comentarios, el portavoz de las Brigadas de Hezbolá en Iraq reaccionó ante las declaraciones hostiles y las peticiones que piden la disolución de las milicias del Hashid al Shaabi y que regularmente realiza EEUU al gobierno de Haider al Abadi:

“Es normal. Los estadounidenses nunca esperaron que una fuerza del pueblo iraquí, que creían haber vencido para siempre, pudiera frustrar sus planes y empujarlos contra la pared. Pero esta fuerza ha tomado forma y se ha consolidado y continúa actuando en todas partes para contrarrestar los planes norteamericanos.”

En respuesta a los recientes manifestaciones en Iraq y la manipulación de las demandas sociales de los iraquíes, el portavoz del Hezbolá iraquí ha destacado “la campaña masiva de los medios estadounidenses y saudíes contra el Hashid al Shaabi, que ha terminado en fracaso. EEUU y su aliado saudí no escatiman en medios para hacer retroceder a la resistencia iraquí, pero esta no se doblegará y será EEUU el que eventualmente será derrotado”.

lunes, 2 de julio de 2018

Hashid al Shaabi: Nunca dejaremos de apoyar a Siria



Las fuerzas iraquíes se apresuraron a ayudar al Ejército sirio a confrontar los últimos intentos de los terroristas Daesh de obtener el control de algunos puntos estratégicos sirios.

Abu Mahdi al Mohandes, vicepresidente de las Fuerzas de Movilización Popular (Hashid al Shaabi), visitó la ciudad de Abu Kamal en el este de Siria el viernes (29 de junio).

El Ejército sirio y las fuerzas de la Resistencia lograron liberar la ciudad de Abu Kamal, el último gran bastión del grupo terrorista Daesh, en 2017.

Algunas fuentes de información, incluido el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos (OSDH), un escaparate mediático de la oposición siria pro-occidental, informaron falsamente acerca de un nuevo supuesto control de ciertas zonas de Abu Kamal por parte del Daesh.

Ubicada en la provincia de Deir Ezzor, la ciudad de Abu Kamal, fronteriza con Iraq, se encuentra a lo largo del río Eufrates.

Hace dos semanas, terroristas de Daesh dirigidos por oficiales estadounidenses de la base de Al Tanf en la frontera con Iraq lanzaron una ofensiva violenta para volver a tomar Abu Kamal.

La ofensiva fue rechazada por el Ejército sirio y sus aliados de la Resistencia iraquí.

El 18 de junio, un dron atacó una base de la Resistencia en Abu Kamal y mató a 22 combatientes de Hashid al Shaabi.

Desde la derrota casi total de Daesh en Siria, la misión del Hashid es garantizar la seguridad de las fronteras iraquí-sirias para evitar la infiltración de terroristas desde la vecina Siria hacia Iraq.

Esta misión ahora es más oportuna, porque las acciones estadounidenses en el este de Siria (Deir Ezzor) continúan multiplicándose.

Por su parte,las Brigadas de Hezbolá iraquíes han reforzado su presencia militar en la frontera para impedir estos planes norteamericanos de apoyo al Daesh, señaló su portavoz Yaafar al Husseini.

martes, 29 de mayo de 2018

No bastan las elecciones para que haya democracia

Visto desde Occidente, tres elecciones democráticas acaban de tener lugar en Túnez, Líbano e Irak. Pero, para los pueblos de estos países, esas votaciones no tuvieron gran cosa que ver con el ideal democrático ya que las instituciones que las potencias occidentales les impusieron están concebidas para impedirles escoger libremente sus dirigentes.



La abstención masiva que caracterizó las elecciones legislativas realizadas en Líbano (50%) y en Irak (65%) así como las elecciones municipales en Túnez (77%) ha sido interpretada en Occidente como prueba de la inmadurez de los pueblos de esos países. O sea, aunque tengan democracia desde hace 7 o 75 años, son pueblos “irresponsables” que deben estar bajo tutela.

Pasando por alto el hecho que en Occidente también hay consultas nacionales que registran cifras de abstención similares, las potencias occidentales explican el abstencionismo registrado en Túnez, Líbano e Irak con los malos resultados económicos de sus gobiernos, como si los árabes no entendieran que pueden deliberar sobre proyectos y determinar su futuro y creyeran que las elecciones sólo sirven para aprobar los resultados de anteriores gobiernos.

En su apresuramiento por reimplantar un mandato occidental sobre el Levante, los occidentales interpretaron la liberación del primer ministro libanés Saad Hariri –detenido en Riad por el heredero del trono saudita, Mohamed Ben Salman– como un logro diplomático del presidente francés Emmanuel Macron. Fueron incapaces de ver el desplante que el príncipe heredero saudita infligió al presidente francés, como tampoco vieron la eficacia de los pasos que el presidente libanés, Michel Aoun, emprendió ante la ONU a favor de la liberación de su primer ministro. Tanta miopía muestra que los occidentales creían que los libaneses no podían enfrentar aquel problema por sí solos y que si obtenían algún resultado tenía que ser gracias a alguna ayuda occidental.

Al referirse a las instituciones libanesas, los medios occidentales las califican como «complicadas», pero no explican que el sistema político libanés y sus instituciones –que se basan en el comunitarismo confesional– fueron concebidos para el Líbano por la antigua potencia colonial francesa. O sea, Francia es un Estado laico… en su propio suelo, pero no en sus ex colonias, donde de hecho es todo lo contrario. Por cierto, las nuevas modificaciones de la ley electoral libanesa, que introducen el escrutinio proporcional en el ya complejo sistema de representación de carácter confesional, no sólo mantiene el marco colonial impuesto a la elección de los representantes de la población sino que lo hace a la vez más confuso y férreo.

Sí, resulta ridículo llamar a los tunecinos a elegir –por primera vez– a sus consejeros municipales, fingir que los libaneses eligen –al cabo de 9 años– diputados hereditarios y ver un país como Irak dividido en 37 partidos políticos. Precisamente porque todo eso es ridículo, muchos electores de esos países simplemente se niegan a plegarse a esas farsas humillantes.

La interpretación occidental de las tasas de abstención en esos tres países es falsa. Cuando se niegan a votar, los electores tunecinos, libaneses e iraquíes no rechazan la democracia sino los procedimientos –falsamente democráticos– que en realidad la desvirtúan.

Los tunecinos, que ven como Ennahdha y Nidaa Tounes deciden aliarse –después de haberse combatido– tenían todas las razones del mundo para prever que esas dos formaciones, que son los dos partidos políticos más grandes de Túnez, iban a ponerse de acuerdo para repartirse los cargos locales en juego, como ya lo habían hecho antes con los cargos a nivel nacional.

Los libaneses, conscientes de que no tienen otra opción que el “cacique” de su grupo confesional y sus vasallos, para garantizar que los defiendan de las demás comunidades, también rechazaron esa coyunda.

Los iraquíes, cuyo primer ministro electo fue derrocado hace 4 años por las potencias extranjeras, saben que su voto no será tenido en cuenta si no concuerda con los deseos de la autoproclamada «comunidad internacional».

Resultado: sólo el Hezbollah libanés, nacido al calor de la resistencia contra la ocupación israelí, y la coalición iraquí encabezada por Moqtada el-Sadr, surgida de la resistencia contra la ocupación estadounidense, recogieron el máximo de votos que sus aliados podían garantizarles.

Que nadie se llame a engaño. Los occidentales se felicitan implícitamente ante tasas de abstención que agitan como la justificación de su agresión y su intervención, de 17 años, en el «Medio Oriente ampliado». Toda expresión de una voluntad organizada de los pueblos constituye una pesadilla para los occidentales, cuyo único objetivo es acabar con los Estados de esos pueblos y destruir sus sociedades para garantizar su propio control sobre ellos.

Pero cuando los sirios se acudieron masivamente a las urnas para elegir a su presidente, los occidentales se quedaron petrificados. Y tuvieron que posponer su plan de derrocamiento contra la República Árabe Siria.

Los árabes, como los demás pueblos, aspiran decidir su destino por sí mismos.

Fuente 
Al-Watan (Siria)

jueves, 8 de junio de 2017

¿Quiénes son Hashd al-Shaabî?


Hashd al-Shaabî fue fundado en 2014 contra la amenaza de ISIS, en respuesta al llamado del líder chiita Sistani, con el apoyo militar de Irán y el estatus legal de Irak. Con las operaciones recientes, su nombre está en la agenda de nuevo.

Las Unidades Populares de Movilización (Hashd al-Shaabî) se han convertido, una vez más, en la charla del día recientemente con la operación de Shengal. Con sus recientes operaciones en la frontera de Irak-Rojava (norte de Siria) y la operación de Mosul, Hashd al-Shaabî está en la agenda de nuevo y varios círculos han comenzado a hacer varias suposiciones y hacer varias preguntas sobre sus objetivos. Aquí recogimos una corta historia sobre la organización, su pasado y presente, los grupos dentro de ella y su fundación.


¿Cuándo fue fundado al-Shaab?

Cuando ISIS tomó territorios en Irak como Mosul, Anbar, Tiqrit y varios asentamientos sunníes a mediados de 2014, con el apoyo de los cuadros del partido Baath, y se volvió hacia el territorio chií, la autoridad religiosa chiíta en Irak, Ayatollah Ali Sistani, pidió la “jihad” para los chiítas el 13 de junio de 2014.

El primer ministro iraquí de la época, Nuri Al Maliqi, apoyó la convocatoria y anunció que esta gente sería puesta en la nómina. Con un llamado de Sistani (conocido por sus estrechos vínculos con Irán), el apoyo militar de Teherán y la declaración de Maliqi de que recibirían sueldos, las fuerzas de Hashd al-Shaabî comenzaron a organizarse contra la amenaza de ISIS.

Esta fuerza fue organizada de manera militar e Irán asumió la entrega de las armas, la formación y la financiación logística. El Comandante de la Guardia Revolucionaria Iraní, Kasım Süleymani, estuvo presente en los esfuerzos de capacitación. Durante las operaciones en la provincia iraquí de Anbar, Süleymani incluso dirigió personalmente a Hashd al-Shaabî.


¿Cuál es su situación en Irak?

La milicia de Hashd al-Shaabî, que anunció su fundación oficial el 13 de junio de 2014, participó en operaciones contra ISIS en Ramadi, Falluja, Tiqrit y Mosul junto al ejército iraquí. Durante el período de la operación de liberación de Mosul lanzada el 17 de octubre de 2016, el 26 de noviembre de 2016 estas fuerzas ganaron el estatus oficial de “fuerzas oficiales de defensa para Irak” con una ley aprobada en el parlamento iraquí.

Pero antes de eso, el primer ministro iraquí Haydar Al Abadî ya había anunciado que Hashd al-Shaabî sería un órgano oficial, directamente bajo el ala del Primer Ministro, a través de un decreto del gabinete el 7 de abril de 2015.

La oficialización restringió las discusiones sobre Hashd al-Shaabî y les dio una ventaja en muchos aspectos. Por ejemplo, tendrían todos los derechos que tenían los soldados iraquíes, y toda la legislación relativa a las fuerzas del ejército iraquí también pertenecería a ellos, y todas sus necesidades de armas y municiones serían financiadas por el Ministerio de Defensa iraquí.

¿Cuántas personas y qué grupos están allí?

Hashd al-Shaabî está conformado por varias órdenes religiosas, grupos y clanes chiíes, y se informó que 100.000 personas se habían registrado. Más tarde, el apoyo militar de Irak y el apoyo financiero y el éxito de Hashd al-Shaabî en Ramadi y Tiqrit incrementaron el reclutamiento.

Especialmente con el estatus oficial y el salario entre 300 y 600 dólares al mes, el reclutamiento aumentó y se estima que el grupo está conformado por màs de 1590 mil milicianos.

Aunque organizaciones como las Brigadas Bedir, Esaib Ehlulhak, Hezbollah Ketibe, las Brigadas Ali Akbar y las Brigadas Ensar El Merciyye aparecen entre los grupos que actúan bajo el paraguas Hashd al-Shaabî con diferentes banderas, hay más de 70 organizaciones dentro de la milicia.

¿Qué organizaciones están al frente en Hashd al-Shaabî?

Generalmente se informa que hay dos ramas con poder en Hashd al-Shaabî. En la primera rama hay organizaciones conocidas por estar cerca de Irán, como Hezbollah y Maliqi; mientras que en el segundo hay organizaciones cercanas al líder religioso chiita Muqtada As-Sadr y al primer ministro iraquí Haydar Al Abadî, que se distancian de Irán.

Los grupos pro-Irán están dirigidos por las Brigadas Bedir, mientras que muchas organizaciones cercanas a Sadr son grupos de la tradición del Ejército Mahdi.

Las Brigadas de Bedir: La organización más influyente y más antigua en Hashd al-Shaabî son las Brigadas Bedir, con estrechos vínculos con Irán. La organización luchó en las filas de Irán contra el régimen de Saddam Hussein durante la guerra de Irán-Irak (entre 1981 y 1988), y está dirigida por Hadi Al Amiri, que tiene estrechos vínculos con Kasım Süleymani. Las Brigadas Bedir están dirigidas por Amiri, que ha dirigido fuerzas armadas desde la guerra Irán-Irak. Habían anunciado que estaban deponiendo las armas para convertirse en un partido político en 2008, pero en 2014 tomaron las armas una vez más. Amiri sirvió como miembro del parlamento en el Estado de Malíqi, por el Partido de Ley en las elecciones de 2010. Las Brigadas Bedir están activas en Irak y se concentran especialmente en los estados de Diyala, Selahaddin y Kirkuk. Se dice que tienen de 20 mil a 30 mil miembros e incluyen turcomanos, kurdos, cristianos y otros pueblos, así como árabes chiíes.

Hezbollah Ketibe: El grupo se basa en la fundación de los grupos organizados por primera vez como el “Ejército Mukhtar” durante la intervención estadounidense en Irak en 2003 y obedecen a la autoridad religiosa iraní Seyid Alî Khamenei. La organización es activa en todo Irak y tiene simpatizantes especialmente entre los turcomanos. Tienen vínculos con varias otras organizaciones de la tradición de Hezbollah. Se estima que alrededor de 10.000 miembros lo conforman actualmente.

Seyyîdul Shuheda Ketibe: La organización juró lealtad a Khamenei y se sabe que está cerca de Hezbollah. El líder es Hecî Ebû Ala. La organización también tiene una estrecha relación con Maliqi.

Brigadas Horasan: Esta organización de origen iraní tiene los cuadros de la administración aún en Irán. Están activos alrededor de Xurmatû y afirman tener tres mil miembros.

Esaib Ehlul Hak: Este grupo se separó del Ejército Mehdi en Irak, que es leal al líder religioso chiita Muqtada As Sadr, quien se distancia de Irán. Están activos en Necef, Karbala y Bagdad. El líder es Qeys El Xezalî y se estima que tiene 10 mil miembros.

Saraya El Selam: Esta organización es conocida por su estrecha relación con Abadi y es activa en varias regiones, incluyendo Samarra y Necef. La organización fue fundada por Muqteda As-Sadr en 2014 y se dice que tiene 10 mil miembros.

Otros grupos

Hay docenas de grupos en Hashd al-Shaabî, generalmente en línea con Irán o Irak. Transitividad y divergencia son comunes en estas organizaciones (ketibes). Algunas de las actuales organizaciones son: Las brigadas Ali Akbar, las brigadas Ensar El Merciyye, İmam Ali Ketibe, Fırkatul Ebbas Ketibes, Feylaq El Kerrar, Seraya El Cihad, Seraya Ensal El Aqide, Hareket El Nucebba, Ebû Fadil Ebas Ketibe, Şehit El Aval Ketibe, Seraya El Cihad, Tayyar El Risali Ketibe, Ehrar El Irak Ketibe, Difaa El Mukaddes Ketibe, Ruhallah Ketibe, El Gadab Ketibe, El Hicce Ketibe, İmam Hüseyin Ketibe, Irak Hizbullah Mücahitleri, İmam El Gaib Ketibe, Feylak El Vaad El Sadık, Kuvvet El Şehid Sadr, Liva Youm El Kaim, Liva Esedula Galip, Hizbullah El Sayrun, Liva Zülfikar, Liva El Muntadar, Mukavveme İslamiye, Liva İmam El Hasan El Mücteba, Hizbullah El Ebrar, Saraya El Zehra, Hareket El Abdal, Liva Ammar İbni Yasır, Fettah El Mubin Ketibe, Şebab El Risali Ketibe, Liva El Sadiki, Liva İmam El Kaim, Liva El Kaim, Liva El Karya, Seraya Aşura, Brigada Babiliyyun.

Después de Mosul

A medida que la guerra sectaria se acelera en Irak, la organización Hashd al-Shaabî está ganando cada vez más influencia. Después de la liberación de Mosul de la invasión de ISIS, Hashd al-Shaabî parece que seguirá activa en la región. La presencia de la organización ya ha causado preocupación entre los sunitas. Después de la liberación de Mosul, Hashd al-Shaabî permanecerá en la agenda como la organización más comentada.

martes, 16 de mayo de 2017

EEUU ejecuta en Venezuela el mismo plan que usó contra Irak y Libia


El proceso abierto en 1998 con la llegada al Poder Ejecutivo de Hugo Chávez a través de elecciones democráticas, cambió el panorama en Venezuela, y en buena medida, en toda la región latinoamericana.
“Venezuela es una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de los Estados Unidos”
Orden Ejecutiva firmada por Barack Obama en marzo de 2015
“O inventamos o erramos”
Simón Rodríguez

La llegada al poder de Chávez, sin embargo, no fue una revolución popular, socialista, espontánea, como las que se dieron a lo largo del siglo XX en Rusia, China, Cuba, Vietnam o Nicaragua. En realidad fue un proceso sui generis donde un militar formado en el anticomunismo de la Doctrina de Seguridad Nacional (paracaidista de los cuerpos de élite de las fuerzas armadas), sin preparación marxista, profundamente cristiano, se montó en el descontento popular que venía dándose desde 1989 con el Caracazo (primera reacción popular en toda América Latina a los planes neoliberales que se comenzaron a aplicar siguiendo recetas del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), violentamente reprimido por el gobierno de Carlos Andrés Pérez con una cauda nunca determinada de muertos que varía, según las apreciaciones, de 2000 a 10.000).

Retomando la ira popular ante esas medidas netamente impopulares, y con un mensaje moralizante, Hugo Chávez llegó a la presidencia. A partir de un discurso centrado en la lucha contra la corrupción, Chávez ganó las elecciones y comenzó a construir un proyecto nacionalista. Para sorpresa de todos, aún de la misma población que lo había votado, rápidamente comenzó a hablar de un nuevo socialismo, formulando la crítica del socialismo real, ya caído para ese entonces. Fidel Castro inmediatamente le tendió una mano -o más bien aprovechó la circunstancia de encontrar un aliado latinoamericano que le ayudara a salir del “período especial”-, con lo que el discurso chavista fue tornándose más radicalizado, más “cubanizado”. Pero nunca hubo un planteo estrictamente socialista, marxista.

En sus alocuciones -y en su práctica política- Chávez ponía en un pie de igualdad las figuras de Ernesto “Che” Guevara y de Cristo, citando indistintamente la Biblia o un texto del comunista ruso Plejánov. Él mismo dijo muchas veces explícitamente que no era marxista. Su plan de gobierno era una mezcla voluntarista de “buenas intenciones”, más cerca de la socialdemocracia o la caridad cristiana que de un proyecto revolucionario. Lo cierto es que las circunstancias lo fueron convirtiendo en un líder increíblemente popular, con gran arraigo dentro y fuera de su país, siendo una figura mediática como pocas veces se dio en la historia, venezolana o mundial.

Todo lo anterior es, en definitiva, la Revolución Bolivariana: una indefinición ideológica asentada en gran medida en la figura de un líder carismático. Con esa dinámica, el proceso venezolano cursó varios años, con importantes avances para el campo popular (sustanciales mejoras en los niveles de vida a partir de una más equitativa distribución de la renta petrolera del país), pero sin tocar nunca los resortes últimos del capital. En el momento de morir, Chávez -que pasó a ser figura sempiterna del proceso, abriéndose forzosamente la pregunta de si puede haber socialismo basando en el culto a la personalidad de un dirigente-, designó “sucesor”. Nicolás Maduro, un ex sindicalista que proviene de las filas del Partido Socialista, fue el ungido.

Hoy día la revolución sigue en pie, aunque muy atacada (o quizá muy débil) en sus cimientos. Puede decirse que en Venezuela hoy se libra una guerra. Pero para ser exactos, hoy por hoy se acrecienta una guerra que, en realidad, se viene librando desde hace años.

No hay dudas que recientemente esa guerra alcanzó niveles monstruosos: la derecha se siente cada vez más envalentonada, y las provocaciones -ya con más de 30 muertos como resultado- se pueden encaminar a una abierta intervención extranjera, amparada en la Carta Democrática de la OEA, quizá, permitiendo acciones militares incluso. El desgobierno y el estado de volatilidad al que se está llevando al país evidencian una situación de caos como nunca antes se había dado. El recuerdo de lo hecho por Estados Unidos en Irak o en Libia, provocando virtuales guerras civiles con el destronamiento de sus líderes (Saddam Hussein o Muamar Gadafi respectivamente) acude de inmediato a la memoria. Tal vez algo así tiene pensado el Pentágono para el país caribeño. La población de a pie, como siempre, es quien paga las consecuencias.

Las usinas ideológico-mediáticas del capitalismo global llevan ese estado de caos a una dimensión apocalíptica, presentando la situación como una “dictadura” sin precedentes, donde la población está siendo masacrada, con mensajes que recuerden los más encarnizados momentos de la Guerra Fría. El “castro-comunista” presidente venezolano está reprimiendo en forma sanguinaria, parece ser el mensaje. Una cohorte de agentes anti-bolivarianos (locales e internacionales) constituye la caja de resonancia de esa escenificación. La caída del “villano” se anuncia cercana. Y los muertos y heridos siguen, mientras continúa el desabastecimiento provocado, la zozobra, la violencia manipulada.

Pero seamos claros: la guerra en cuestión no es sólo la situación de ataque económico y saboteo a la que se ve sometido el gobierno de Nicolás Maduro en este momento puntual, con el acrecentamiento sanguinario de grupos que crean caos e ingobernabilidad. La guerra está desde el momento mismo en que Hugo Chávez puso en marcha un proceso en que se pretendió tocar las estructuras de la sociedad, empezando por repartir más equitativamente la renta petrolera, abriendo un discurso con sabor cubanizado.

El actual ataque que sufre el proceso bolivariano es la profundización de una lucha eterna que, siendo consecuentes con el análisis del materialismo histórico, ha existido siempre en todos estos años de intento de transformación. La guerra que vive la Revolución Bolivariana, ahora claramente con armas de fuego y provocaciones cada vez más subidas de tono, es la misma que padeció cualquier país que intentó salirse de los dictados de la “normalidad” capitalista, en general manejada desde las sombras por Washington: durante 64 años Corea del Norte, durante más de 50 años Cuba, durante 60 años Palestina, durante 38 años Irán. Dicho de otro modo: la guerra actual es una expresión de la lucha de clases que siempre estuvo presente, desde que Chávez empezó a hablar de socialismo, desempolvando un término que, en medio de la marea neoliberal, parecía condenado al olvido.

Vale la pena preguntarse, con sentido crítico y constructivo, por qué no se tomaron las precauciones elementales para librar esa guerra si se sabía que el enemigo siempre ha estado y estará ahí. Un proceso que se pretende socialista sólo se puede fortalecer -dicho de otro modo: sólo se puede ganar esta guerra- con más socialismo, nunca con menos. La “revolución bonita”, pacífica, tranquila, y más aún las concesiones a la derecha, sientan las bases para la contrarrevolución feroz.

La lucha de clases, motor de la historia -en Venezuela y en cualquier parte del mundo- siguió estando siempre al rojo vivo. En realidad, nunca se enfría. Lo que sucede en el país responde en muy buena medida a una agenda fijada por la Casa Blanca y los grandes grupos de poder estadounidenses, que ven la posibilidad de perder una gran reserva de petróleo que necesitan con desesperación. Ahora, con estas iniciativas desestabilizadoras que está tomando la derecha nacional apoyada por el gobierno norteamericano, con formas crecientemente agresivas ya no solo centradas en la esfera económica sino con abiertas acciones armadas a través de grupos provocadores, la lucha cobra mayor fuerza. Pero todo esto no es muy distinto, en esencia, de todos los ataques que ha venido sufriendo la Revolución Bolivariana en su historia: intentos de golpe de Estado, paro petrolero, “calentamiento” de calle, desabastecimiento, mercado negro, continua agresión mediática, desprestigio internacional, escaramuzas armadas esporádicas, sabotajes varios.

El intento del gobierno de Estados Unidos es detener de una buena vez por todas el proceso nacionalista/socialista que está teniendo lugar en Venezuela para asegurarse la reserva de petróleo conocida más grande en la actualidad. La voracidad imperial necesita de ese oro negro como su oxígeno vital, y por nada del mundo está dispuesto a perderlo. Y ahí viene el choque: con Chávez se inició ese confuso proceso del socialismo del siglo XXI. Con Maduro continuó, y el ataque de la derecha se tornó más despiadado. Ahora bien: un socialismo jaqueado sólo podrá vencer no con concesiones y titubeos a la derecha, sino con más socialismo. ¿Cómo pudo reconstruirse la Unión Soviética devastada por la terrible Segunda Guerra Mundial, para llegar a ser superpotencia pocos años después? Con más socialismo. ¿Cómo pudo Vietnam salir airoso de la tremenda guerra de agresión que sufrió? Con más socialismo. ¿Cómo pudo Cuba soportar el “período especial” una vez desaparecida la Unión Soviética? Con más socialismo. Las concesiones y titubeos no llevan por buen camino. O, en todo caso, dan pie a más agresiones, a más ataques.

¿Qué puede pasar ahora en el país caribeño? El proceso está complicado, y las opciones parecen solo dos: o se profundiza realmente la vía socialista o, como dice Atilio Borón: “El triunfo de la contrarrevolución convertiría de hecho a Venezuela en el estado número 51 de la Unión Americana, y si Washington durante más de un siglo ha demostrado no estar dispuesto a abandonar a Puerto Rico, ni en mil años se iría de Venezuela una vez que sus peones derroten al chavismo y se apoderen de este país y su inmensa reserva petrolera. (…) La derrota de la revolución se traduciría en la anexión informal de Venezuela a Estados Unidos”.

No cabe ninguna duda que luego de décadas de capitalismo salvaje, extinguido el campo socialista soviético, las ideas de justicia social y lucha por un cambio revolucionario de la sociedad quedaron debilitadas. Obviamente las luchas de clases no terminaron, pero el discurso conservador dominante intentó pasar al baúl de los recuerdos todo lo que tuviera que ver con “socialismo”, “revolución obrera y campesina”, “poder popular y socialización de los medios de producción”, “lucha antiimperialista”. Fue la llegada de Hugo Chávez lo que permitió desempolvar esos anhelos. El proceso que él iniciara revitalizó esas dormidas y muy golpeadas esperanzas. La historia, por supuesto, no había terminado. El campo popular allí siguió estando, resistiendo como pudo las políticas neoliberales, diezmado, desorientado en su lucha política. Eso fue lo que posibilitó la aparición de un líder como Hugo Chávez. El Caracazo y las luchas populares fueron su preámbulo.

Es en esa lógica, a partir de ese nacionalismo provocador que se inicia con el Caracazo y se continúa con la llegada a la presidencia de Chávez, que el caso de Venezuela representa una “piedra en el zapato” para Washington, dadas las enormes reservas de hidrocarburos que atesora, botín que el imperio no va a perder. Ese pareciera el elemento principal a considerar para entender la situación actual del país; un gobierno nacionalista que quiere manejar autónomamente sus recursos, y si a eso se suma un presidente díscolo que puede tratar de “diablo” en la cara al primer mandatario de la primera potencia mundial (a George Bush en las Naciones Unidas: “huele a azufre”), llamando a una unidad latinoamericana con un talante al menos no capitalista, el resultado es lo que vemos: el imperio muestra los dientes. La derecha local, en este momento nucleada en la Mesa de la Unidad Democrática -MUD- es solo su peón, su operador en el terreno.

Ahora, dado que la coyuntura lo fue haciendo posible, la Casa Blanca ya se permite hablar abiertamente de una intervención: “Venezuela atraviesa un período de inestabilidad significativa el año en curso debido a la escasez generalizada de medicamentos y comida, una constante incertidumbre política y el empeoramiento de la situación económica”, declaró recientemente el Jefe del Comando Sur, Almirante Kurt Tidd, en su informe al Comité de Servicios Militares del Senado estadounidense. Por ello, según la estrategia que el país del norte tiene trazada, consistente justamente en crear ese escenario de caos, “la creciente crisis humanitaria en Venezuela podría obligar a una respuesta regional”, léase: acción militar multilateral bajo el paraguas de la OEA quizá, liderada por la Casa Blanca.

En realidad, el proceso de transformación iniciado por Hugo Chávez, y tibiamente continuado por Maduro, con más concesiones que verdaderos avances socialistas, tiene como soporte ideológico una mezcla algo ambigua de socialdemocracia, voluntarismo, caridad cristiana y, por allí, algunos chispazos inspirados en el materialismo histórico. Las concesiones actuales pueden llegar a ser groseras: “Destacan políticas como la creación de las Zonas Económicas Especiales, las cuales representan liberalizaciones integrales de partes del territorio nacional, una figura que entrega la soberanía a los capitales foráneos que pasarían a administrar prácticamente sin limitaciones dichas regiones. Se trata de una de las medidas más neoliberales desde la Agenda Venezuela implementada por el gobierno de Rafael Caldera en los años 90, bajo las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional”, analiza acertadamente Emiliano Teran Mantovani.

No hay duda que las clases populares, los eternamente excluidos y olvidados -el “pobrerío” en sentido amplio, para decirlo con un término quizá no marxista- con el proceso bolivariano se comenzaron a sentir protagonistas de su propia historia. El poder popular, al menos en parte, comenzó a ser un hecho: los “negros de los barrios” con la Revolución Bolivariana pudieron comenzar a entran triunfantes al Teatro Teresa Carreño, otrora un ícono de la oligarquía vernácula. Y las condiciones de vida mejoraron ostensiblemente (salud, educación, salario, vivienda, acceso a la recreación, lucha contra el patriarcado, etc.). Pero el ciclo de bonanza terminó. Los precios a la baja del petróleo (manipulados por las bolsas de valores imperiales) no permitieron seguir con la misma intensidad los programas sociales. Si a eso se le suma el avance sanguinario de la derecha, el paisaje actual abre un angustiante interrogante de qué sucederá en con esta peculiar revolución en marcha.

Pareciera que la revolución nunca tuvo claro (y parece que no lo tiene tampoco ahora) qué es eso del socialismo del siglo XXI. Que el enemigo de clase reaccione es lo esperable (¿por qué no habría de hacerlo?, pues la “guerra” no comenzó con el mercado negro, la especulación y el desabastecimiento actuales: la guerra es la lucha de clases, siempre presente desde que hay sociedades con propiedad privada). La otra parte del problema está del lado del movimiento bolivariano: ¿hacia dónde se quiere ir realmente?

Si esto no está precisamente definido, será difícil cuando no imposible, seguir caminando. El proyecto económico de la revolución es algo incierto, confuso incluso: ¿es socialista? ¿Es socialdemócrata? ¿Capitalista con rostro humano? ¿Control obrero de la producción o asistencialismo gubernamental?

Todo ello abre la pregunta respecto a qué se ha estado construyendo estos años, lo cual lleva a conclusiones inexorables: 1) la economía, y el Estado que la administra, siguen siendo capitalistas. Y, no menos importante, 2) no se salió nunca del rentismo petrolero. He ahí un cuello de botella ineludible. Superar eso es la clave para ganar la actual avanzada desestabilizadora. O, dicho de otro modo, para profundizar, de una buena vez por todas, la revolución y construir el socialismo.

Históricamente la riqueza generada por la producción quedó mayormente en manos de la clase dirigente nacional: una burocracia tecnocrático-petrolera y un empresariado nacional poco productivo (en menor medida agrícola-industrial, fundamentalmente de servicios), o retornaba a las casas matrices de las corporaciones multinacionales que operan en territorio venezolano. Muy buena parte de esa renta iba destinada a un consumo en cierta forma irracional, suntuario (los pechos de silicona y la cultura de las Miss Universo son un patético síntoma). Con el proceso bolivariano todo ello no cambió sustancialmente, pero sí en parte la forma en que se repartía la renta, por cuanto comenzó a llegar algo más a los desposeídos de siempre. Por eso la derecha reaccionó (por razones tanto económicas como viscerales, ideológicas). De todos modos, los mecanismos últimos de la economía (la propiedad de los medios productivos) no se expropiaron. Y lo mismo pasó con el sistema financiero. Es decir: un socialismo excesivamente tibio, un socialismo que nunca fue tal, en sentido estricto.

La edificación de una sociedad nueva, con dignidad para todos, sostenible y respetuosa del medio ambiente, no se puede hacer sobre la base de la monoproducción, de la venta de petróleo, quedando el país en dependencia casi absoluta de la industria y la tecnología extranjeras, incluida también la seguridad alimentaria. Muchos menos aún: no se puede hacer sobre un modelo capitalista. Eso tiene sus límites inexorablemente.

Las situaciones límite, tal como pareciera que ahora se ha ido creando en el país, fuerzan ineludiblemente respuestas decisivas, terminantes. Son horas definitorias; las medias tintas ya no son posibles. El actual llamado a una Asamblea Constituyente que hace la dirección bolivariana en el medio de la crisis no queda claro si es un “manotazo de ahogado” o un mecanismo para ganar tiempo. Sectores de izquierda crítica, que siempre han apoyado la Revolución, ahora lo adversan. Como medida política, abre interrogantes.

Está claro que la Revolución está en aprietos. Medidas socialistas que se deberían haber tomado años atrás -control obrero de la producción, milicias populares, diversificación productiva, reforma agraria, profundización real del poder popular- pueden ser el camino. La tibieza, en este momento, puede ser el preámbulo del envalentonamiento final de la derecha.

Una “revolución bonita”, que no apela a medidas enérgicas anticapitalistas de claro e incuestionable contenido popular, con acciones más reactivas que propositivas, puede haberse cavado su propia fosa, justamente por su tibieza, por sus indefiniciones. Pero tal vez es el momento de profundizar ese socialismo del Siglo XXI que nunca quedó claro en qué consiste. Es hora, tal vez, de definirse con claridad. Solo eso podrá impedir retroceder lo avanzado y pasar a ser ese Estado 51 de la Unión Americana.

Como dijo Rosa Luxemburgo analizando la revolución bolchevique de 1917: “No se puede mantener el “justo medio” en ninguna revolución. La ley de su naturaleza exige una decisión rápida: o la locomotora avanza a todo vapor hasta la cima de la montaña de la historia, o cae arrastrada por su propio peso nuevamente al punto de partida. Y arrollará en su caída a aquellos que quieren, con sus débiles fuerzas, mantenerla a mitad de camino, arrojándolos al abismo”.

En conclusión: el socialismo sólo puede mejorarse con ¡más y mejor socialismo! Ahora es cuando, ahora es el momento decisivo. Quizá, lamentablemente, haya que decir: ahora… o nunca.

viernes, 9 de diciembre de 2016

El este de Alepo y Mosul


La prensa occidental sigue ocultando información sobre lo que está sucediendo en la ciudad iraquí de Mosul y en el este de Alepo para disimular el respaldo que las potencias occidentales aportan a los yihadistas. Y resulta interesante ver que, a través de la información incompleta que publica, esa prensa sigue multiplicando los contrasentidos.

Tanto en Mosul (Irak) como en el este de Alepo (Siria), los pobladores que acogieron a los yihadistas creyendo que la chariah los llevaría nuevamente a la llamada «Edad de Oro» no tardaron en conocer la decepción. Bajo la opresión impuesta por las leyes de los yihadistas y horrorizados por la violencia de estos elementos, los pobladores fueron volviéndose en contra de los invasores. Sin la menor vacilación los yihadistas los utilizan ahora como escudos humanos.

Sin embargo, la prensa occidental presenta la batalla por Mosul como un combate legítimo, mientras afirma que la de Alepo no lo es.

Mosul está en manos del Emirato Islámico (Daesh), que a su vez es una creación de Estados Unidos. Militares estadounidenses actúan como consejeros militares de las fuerzas iraquíes… mientras que la CIA lanza en paracaídas armas y municiones para los yihadistas. Se trata de dos manos que obedecen a un mismo cerebro ya que los consejeros militares estadounidenses habían propuesto un plan de ataque que supuestamente “rodeaba” Mosul pero dejaba abierta la vía terrestre entre esa ciudad iraquí y la ciudad de Raqqa, en Siria. Este cerebro no cuenta con sus aliados, prueba de ello es la reacción de Francia al solicitar que se inicie una ofensiva contra Raqqa inmediatamente después de la toma de Mosul.

Los barrios del este de Alepo están en manos de al-Qaeda, otra creación de Estados Unidos. En este caso, Estados Unidos y sus aliados sí están de acuerdo en cuanto al objetivo a seguir. Así que el presidente francés Francois Hollande recibió en París al «alcalde» del este de Alepo, quien llegó a la sede de la presidencia de la República Francesa acompañado de los «White Helmets» (Cascos Blancos), galardonados con el «Premio franco-alemán de los Derechos Humanos y el Estado de Derecho» (sic). Pero, en materia de “Estado de Derecho”, el hecho es que nadie sabe quién eligió o nombró a ese «alcalde», ni por qué “su” ciudad está bajo control de yihadistas encabezados por el jeque saudita Abdullah al-Muhaysini. Y al mismo tiempo, ningún periodista occidental parece interesarse por el hecho que el director y fundador de los tan mencionados «White Helmets» es el agente del MI6 James Le Mesurier. Resulta que los «rebeldes sirios moderados» son sauditas y británicos… ¡pero eso no importa!

En mayo de 2014, se realizó en Amman, la capital jordana, una reunión secreta para organizar la ofensiva del Estado Islámico en Siria e Irak. El ex vicepresidente iraquí Ezzat Ibrahim al-Duri, aportó a esa ofensiva 80 000 hombres de la Orden de los Naqchbandis, en la que este ex dignatario de Sadam Husein fungía como Gran Maestro. Un mes después, al-Duri abría al Emirato Islámico la ciudad iraquí de Mosul, a la que Estados Unidos acababa de enviar grandes cantidades de armamento nuevo. Anteriormente expulsado del poder por la invasión estadounidense, Al-Duri creyó que esto le valdría ganarse nuevamente el favor de Washington. Error. Los Naqchbandis iraquíes, con una formación baasista, no tardaron en enfrentarse a los yihadistas del Emirato Islámico, en cuanto este último impuso sus tribunales «islámicos», y actualmente son favorables al gobierno de Bagdad.

Y, en un cruel cambio de situación, hoy se enfrentan a yihadistas formados en Turquía, donde en 1969 fundaron la Milli Gorus de Necmettin Erbakan y Recep Tayyip Erdogan. Recogen así el amargo fruto del apoyo que aportaron en 1982 a la Hermandad Musulmana en Siria. Pagan otra vez las consecuencias de sus propios devaneos de 1993 con los yihadistas durante la campaña llamada al-Hamlah al-Imaniyyah, o sea «Regreso a la fe». Ojalá acaben aprendiendo la lección: toda alianza, aún de carácter táctico, con la Hermandad Musulmana y con sus grupos armados tardo o temprano lleva al caos. Es una triste lección que Siria tuvo que aprender después de haber creído que lo más honorable era ayudar a los yihadistas iraquíes contra la ocupación estadounidense y ayudar al Hamas, supuestamente contra Israel.

Pero los europeos no acaban de entender. Estigmatizan a la República Árabe Siria y hablan de pobladores del este de Alepo «obligados a huir de los combates», en vez de celebrar la liberación de los pobladores oprimidos por los yihadistas. Mientras tanto, «rebeldes sirios moderados» que en realidad provienen de Arabia Saudita, Libia y Túnez, entre otros muchos países, ya están presentes en las ciudades europeas, donde ya han cometido atentados.

Thierry Meyssan

lunes, 3 de octubre de 2016

Fuerzas populares de Irak: No toleraremos otra invasión de EEUU


El anuncio de Washington de enviar más tropas a Irak ha preocupado a las unidades populares iraquíes, que advierten de que ya no tolerarán otra invasión de EE.UU.

“El aumento de las tropas estadounidenses en Irak bajo pretexto de (ayudar a las fuerzas iraquíes en) la batalla por Mosul, es un tema preocupante, y las unidades de Al-Hashd Al-Shabi no tolerarán una nueva invasión” estadounidense de su territorio, reza un comunicado emitido por las fuerzas populares iraquíes, y recogido este domingo por la agencia iraní de noticia Fars.

Las unidades populares temen que la creciente presencia de los militares estadounidenses en Irak repita la trágica experiencia de la anterior invasión que lideró Washington contra su país en marzo de 2003. Una guerra que se inició bajo pretexto de acabar con las armas de destrucción masiva que había ocultado supuestamente el entonces presidente iraquí Saddam Husein.


El aumento de las tropas estadounidenses en Irak bajo pretexto de (ayudar a las fuerzas iraquíes en) la batalla por Mosul, es un tema preocupante, y las unidades de Al-Hashd Al-Shabi no tolerarán una nueva invasión estadounidense de su territorio”, reza un comunicado emitido por las fuerzas populares iraquíes.

Además, diversas fuentes apuntan que la prolongada invasión, que mató a un total de 200.000 soldados y civiles, dio lugar al surgimiento del grupo terrorista EIIL (Daesh, en árabe), según Washington.

El pasado miércoles, el Pentágono anunció el envío de otros 600 militares estadounidenses a Irak para tomar parte en la gran batalla para reconquistar la norteña Mosul, la segunda ciudad más grande del país y en manos del EIIL desde el verano de 2014.

Según el Departamento de Defensa, una vez desplegadas 600 fuerzas estadounidenses, el número de militares norteamericanos en el país árabe superará los 5200. Las tropas estadounidenses, en su mayoría, tendrán como destino las bases aéreas de Al-Asad (norte de Bagdad) y Al-Qayara (norte de Irak).

Washington ha confirmado que sus tropas no participarán en los combates, sino que proporcionarán servicios de logística, mantenimiento y ayuda en las operaciones desde los aeródromos para avanzar hacia el norte del país árabe con el fin de liberar Mosul.

Además, el entrenamiento, asesoramiento, ayuda a los equipos y el apoyo de inteligencia adicional se llevará a cabo bajo las autoridades existentes, y EE.UU. no tendrá un papel más que los mencionados en la batalla.

El Ejército iraquí ha negado la participación de las tropas extranjeras en el asalto a Daesh en Mosul y asegura que las tropas que participan en el plan para liberar las ciudades iraquíes, incluyendo Mosul, ‘son puramente iraquíes’.

En los últimos meses, Irak se ha preparado para el asalto a Daesh en Mosul. Si exceptuamos la provincia de Nínive, las fuerzas gubernamentales han conseguido recuperar todos los lugares controlados por Daesh, entre ellos figura la ciudad de Faluya, a unos 50 kilómetros al oeste de la capital Bagdad, liberada a finales de junio.

martes, 30 de agosto de 2016

Irak denuncia un ‘ataque a su soberanía’ por parte de Turquía


Irak protesta por los ataques realizados por Turquía en norte de su territorio como una violación de su soberanía.

“Las incursiones realizadas por los cazas turcos dentro de nuestro territorio representan una violación de la soberanía de Irak y de los principios de buena vecindad”, ha denunciado este martes el portavoz del Gobierno de Bagdad, Saad al-Hadithi.


Las incursiones realizadas por los cazas turcos dentro de nuestro territorio representan una violación de la soberanía de Irak y de los principios de buena vecindad”, advierte el portavoz del Gobierno de Bagdad, Saad al-Hadithi.

Turquía llevó a cabo el lunes una operación aérea contra posiciones del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK, por sus siglas en kurdo) en la región de Gara, en el norte de Irak, según informaron fuentes militares turcas.

Estas aseguraron que la operación había sido realizada tras recibir las autoridades turcas información sobre los objetivos en Irak de sus servicios de inteligencia.

En su reacción, el portavoz del Gobierno iraquí hizo hincapié en que Ankara está obligada a coordinar con Bagdad toda operación militar que planee en territorio iraquí.

Tras los ataques, llevados a cabo por cuatro aviones de combate F-16 del Ejército turco, no hubo información inmediata sobre posibles muertos o heridos.

Hay una gran presencia kurda en la región semiautónoma del Kurdistán, en el norte de Irak. El gobierno regional del Kurdistán iraquí gobierna las tres provincias que componen la región.

En el sureste de Turquía, dos soldados turcos habían muerto y otros tres habían resultado heridos tras abrir fuego el lunes supuestos miembros del PKK contra las fuerzas de seguridad en la provincia de Hakkari, en el curso de una operación militar contra el grupo, según la agencia turca de noticias Anadolu.

Además, una fuente de los servicios de seguridad dijo a Anadolu que al menos dos combatientes del PKK murieron en una operación en la provincia de Van, también en el sureste del país.

Desde julio de 2015, Turquía ha llevado a cabo a una serie de agresiones aéreas y terrestres, no coordinadas con las autoridades locales, en los territorios vecinos de Irak y Siria so pretexto de lucha antiterrorista. Tanto las autoridades iraquíes como las sirias han denunciado la violación de su soberanía por el Gobierno de Ankara.

Este año, Turquía ha intensificado además, a finales del julio pasado, sus operaciones contra el PKK: los enfrentamientos diarios, las redadas nocturnas e incluso el toque de queda se han vuelto cotidianos para los ciudadanos turcos de las regiones del sur y sureste del país.

jueves, 18 de agosto de 2016

100.000 fuerzas chiíes apoyadas por Irán combaten a Daesh en Irak


El número de efectivos chiíes apoyados por Irán, que combate el terrorismo en Irak, ha aumentado en 100.000 personas, dijo un oficial militar de EE.UU.

El coronel Chris Garver, portavoz de la llamada coalición liderada por EE.UU. que lucha contra el grupo terrorista EIIL (Daesh, en árabe), cifró en 100.000 los combatientes chiíes que cooperan con el Gobierno iraquí en la lucha contra los terroristas y dijo que el número de tales fuerzas ha crecido considerablemente desde el inicio de la ofensiva terrorista hace más de dos años.

En un correo electrónico a Fox News, publicado el martes, Garver precisó que los combatientes chiíes han sido capaces de crecer dentro de las Unidades de Movilización Popular (PMU, por sus siglas en inglés), conocidas como Al-Hashad al-Shabi.

El Gobierno de Irak está a cargo de esta ofensiva. Estamos aquí para apoyarlos. Por lo tanto, quien quiera estar en la campaña es realmente su decisión”, dijo el coronel Chris Garver, portavoz de la llamada coalición liderada por EE.UU. que lucha contra el grupo terrorista EIIL.

A su vez, la cadena estadounidense Fox News expresó su alarma por la elevada cifra de combatientes chiíes en Irak y manifestó su preocupación por el creciente poder que tendrán dichos efectivos, a los que considera una "fuerza antiestadounidense" en un Irak libre de Daesh.

La presencia militar de EE.UU. en Irak, tanto en forma de contingentes de fuerzas especiales como en forma de un dirigente de la alianza anti-Daesh, ha sido criticada por buena parte de los líderes políticos y activistas iraquíes, quienes la consideran una verdadera ‘ocupación’. Los críticos cuestionan la eficacia de los bombardeos de la coalición contra posiciones del EIIL.

El pasado mes de julio, el parlamentario iraquí Nayef al-Shamari se opuso a una eventual participación de las tropas estadounidenses en la liberación de Mosul, la segunda ciudad más grande de Irak y el último bastión de Daesh en el país árabe. Según el legislador, "los iraquíes ya han retomado Tikrit, Faluya y Ramadi .... (de manos del EIIL)".

En cuanto a la posible participación de los combatientes chiíes en la liberación de Mosul, el portavoz militar estadounidense dijo que "el Gobierno de Irak está a cargo de esta ofensiva. Estamos aquí para apoyarlos. Por lo tanto, quien quiera estar en la campaña es realmente su decisión". No obstante, aseguró que “no existe ningún tipo de coordinación entre EE.UU. y los iraníes”.

Irak se está preparando para una ofensiva a gran escala para expulsar a los terroristas de Mosul, ciudad que cayó en manos de Daesh en junio de 2014.

miércoles, 17 de agosto de 2016

Los Peshmerga no entregarán a Bagdad las zonas tomadas a Daesh


El Gobierno Regional del Kurdistán iraquí (GRK) ha advertido de que nunca se retirará a favor del Gobierno de Bagdad de las tierras que ha liberado de Daesh.

“Los Peshmerga (fuerzas kurdas) nunca se retirarán de los territorios que arrebataron a EIIL en la provincia de Nínive, en el norte de Irak, para entregarlos al Gobierno iraquí”, ha asegurado este miércoles Sevin Dazyi, portavoz oficial del Gobierno Regional, citado por la cadena noticiera Sky News en su versión árabe.

Los combatientes kurdos, añade la fuente, no solo no abandonarán las zonas conquistadas al grupo takfirí EIIL (Daesh, en árabe), sino que seguirán con su avance hasta liberar todas las "zonas kurdas" de la provincia de Nínive.


Los Peshmerga (fuerzas kurdas) nunca se retirarán de los territorios que arrebataron a EIIL en la provincia de Nínive, en el norte de Irak, para entregarlos al Gobierno iraquí”, ha declarado el portavoz oficial del Gobierno Regional del Kurdistán iraquí, Sevin Dazyi.

Dazyi ha hecho estas declaraciones después de que el primer ministro iraquí, Haidar al-Abadi, reclamara el martes a las fuerzas kurdas que cesen su progresión hacia la ciudad de Mosul.

“Según el acuerdo que tenemos con la región de Kurdistán, en las operaciones para liberar la ciudad de Mosul, los Peshmerga no tienen permiso para abandonar las zonas tomadas a Daesh y extender el territorio que controlan”, advirtió el premier iraquí durante una rueda de prensa.

La ofensiva de Daesh en Irak en 2014, benefició mucho a los kurdos, ya que los Peshmerga, con el pretexto de combatir a la agrupación terrorista, han ampliado desde entonces su control a amplias zonas del norte de Irak, con la idea de declarar la independencia.

Los intentos de atomizar Irak no son algo nuevo. El Gobierno de Bagdad ha advertido en distintas ocasiones de que no permitirá que ningún otro país u actor político divida el país árabe.

Maliki, Ex-Primer Ministro de Irak: Arabia Saudita debe ser puesta bajo tutela internacional


El antiguo primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, ha afirmado que “Arabia Saudí es la fuente del terrorismo y debería ser colocada bajo tutela internacional”, informó la cadena de televisión iraní Al Alam.

Maliki señaló: “EEUU ha comprendido mal los acontecimientos que tienen lugar en la región; especialmente, ellos han pensado que la Siria de Bashar al Assad caería en un mes o dos. Cuando yo era primer ministro, yo les advertí que ellos no podrían derrocar al gobierno sirio. Sin embargo, EEUU estaba sometido a la presión saudí en el marco de su relación bilateral, que ellos mantenían en razón de sus intereses estratégicos comunes. EEUU apoyó la demanda saudí para adoptar una resolución en el Consejo de Seguridad para atacar a Siria. Sin embargo, los vetos de Rusia y China impidieron que tal resolución viera la luz”.

Él prosiguió diciendo: “A decir verdad, EEUU no ha comprendido las cuestiones siria e iraquí. Ellos no han tenido en cuenta nuestras advertencias hasta mucho tiempo después. Yo me acuerdo que era particularmente severo con respecto a Arabia Saudí, que yo califiqué del núcleo de origen de los grupos terroristas. E incluso cuando me preguntaron cuál sería la solución yo dije que que Arabia Saudí no puede resolver sus propios problemas y se ha convertido en la fuente del terrorismo. Así pues, la única solución es la de poner a Arabia Saudí bajo una tutela internacional”.

“Los norteamericanos respondieron entonces que hacía falta cambiar los programas de educación. Yo les dije que era imposible porque todos sus programas se han repartido por las escuelas de diversos países a través del mundo e incluso en los propios EEUU. Es por lo que tenemos necesidad de esa tutela para impedir la explotación en el nombre propio de Arabia Saudí del Islam, de la Casa de Dios (Meca) y de la Mezquita del Noble Profeta (en Medina), donde ellos actúan conforme a sus deseos. Al principio, los estadounidenses no comprendieron eso. Hoy reconocen que Arabia Saudí y el wahabismo son un peligro, pero es demasiado tarde”.

lunes, 8 de agosto de 2016

¿Hacia un Kurdistán iraquí independiente?


Víctimas de la Historia, los kurdos buscan crear un Estado en el norte de Irak. ¿Es posible esta opción en un contexto de guerra en Oriente Medio y de rivalidades internacionales?

¿Hacia un Kurdistán iraquí independiente?

La soberanía parece inalcanzable

Aunque la secesión no es imposible, las condiciones de una independencia kurda de Irak están lejos de cumplirse. El proyecto no está maduro.

Por Gilles Dorronsoro

Gilles Dorronsoro es profesor de Paris-l-Panteón-Sorbona y miembro del Instituto Universitario de Francia.

Massoud Barzani, presidente del gobierno regional del Kurdistán, hace declaraciones regularmente que anuncian un referéndum sobre la independencia. Erbil, que alberga un Parlamento democráticamente elegido, explota su petróleo sin el aval del gobierno iraquí y trata directamente con las potencias occidentales en temas de seguridad. ¿Una independencia formal sería la prolongación lógica de esta autonomía y la consecución de un sueño de independencia que acarician los kurdos desde hace decenios?

Sin pronunciarnos aquí sobre la legitimidad de tal reivindicación, la independencia del Kurdistán parece hoy inalcanzable. En principio, las secesiones no son imposibles, particularmente en el seno de una unión federal, pero suponen, en la práctica, ciertas condiciones: un entorno democrático que permita un divorcio amistoso (Checoslovaquia) o una posición de fuerza militar favorable (Eritrea) y, en cualquier caso, una aceptación internacional, salvo que se encuentre en la situación de Somalilandia desde 1991. Y las relaciones con Bagdad, el contexto regional y las dinámicas internas entre Kurdistán-Irak se oponen hoy al éxito del proyecto independentista.

En primer lugar, varias cuestiones pendientes dejan vislumbrar una separación extremadamente conflictiva con Bagdad. Por de pronto, el colapso del Estado iraquí en las zonas sunnitas frente al empuje de la organización Estado Islámico (EI) ha permitido a los combatientes kurdos avances clave en las regiones reivindicadas por estos últimos, pero fuera de los límites del gobierno regional del Kurdistán. Los combatientes kurdos han conquistado la ciudad de Kirkuk, expulsando al ejército irakí, y Massoud Barzani ha anunciado su compromiso con Kurdistán con la promesa de un próximo referéndum. Así pues, no hay frontera aceptada entre la región autónoma kurda y el resto de Irak: la guerra sería inevitable.

Seguidamente, varios millones de refugiados interiores iraquís se encuentran en Kurdistán, básicamente sunnitas que han huido de los combates o del EI. La toma de Mosul, prevista para 2017, podría conllevar la llegada de varios centenares de miles de refugiados más. Estos iraquís son, de hecho, considerados como extranjeros en Kurdistán, pero una independencia formal haría la situación aún más complicada.

BAJO TUTELA

En segundo lugar, el contexto internacional está lejos de ser favorable, en la medida en que los apoyos a la independencia son indecisos, mientras que las oposiciones resultan radicales. Por una parte, Irán hará todo lo posible para asegurar la unidad territorial de Irak, actualmente bajo dominación chiita, en un contexto de enfrentamiento cada vez más violento con los países sunnitas de la región. Además, una independencia kurda sería percibida como una amenaza de desestabilización del Kurdistán iraní.

Por otra parte, Turquía mantiene una posición ambigua, pero está claro que la independencia se traduciría, paradójicamente, en una posición bajo tutela de Ankara. Turquía pasaría a ser en efecto la única fuerza capaz de proteger militarmente el Kurdistán iraquí, y quedaría como la única vía abierta para la exportación de su petróleo.

Asimismo, los occidentales, reticentes, por principio, a las modificaciones territoriales, lo ven como un apoyo en la lucha contra el EI y no tienen la voluntad o los medios de proteger un Kurdistán independiente. El abandono de los kurdos por los Estados Unidos en 1975, o el más reciente de la oposición siria, dan la justa medida de la fiabilidad de Washington.

Estos obstáculos no serían absolutamente insuperables para un Kurdistán militarmente fuerte y políticamente unido, pero éste queda lejos de ser el caso. En principio, a pesar de la protección occidental desde 1991, el gobierno regional kurdo no ha sabido conformar un ejército. Las unidades kurdas siguen mal coordinadas, a menudo concurrentes, faltas de una dirección unificada e incapaces de resistir una ofensiva convencional.

UNA CRISIS POLITICA MAYOR

En agosto de 2014, el EI penetró sin resistencia hasta los suburbios de Erbil. Fueron necesarios los bombardeos iraníes (después occidentales) para reconducir la situación. La línea del frente entre Kurdistán e Irak sería indefendible frente al ejército iraquí apoyado por las milicias chiitas y sostenido por Irán.

Además. La economía va mal. La bajada del petróleo ha provocado una crisis aún más grave, Bagdad no paga a los funcionarios kurdos desde hace meses, en represalia por el fracaso de las negociaciones sobre el reparto del petróleo.

Finalmente, Kurdistán atraviesa una crisis política de gran alcance: el Parlamento, que había logrado jugar un papel de foro democrático, está marginado. Su presidente ha sido expulsado de Erbil por Massoud Barzani. Las manifestaciones se multiplican en el este de Kurdistán, tradicionalmente opuesto a Barzani. El mandato de éste último no ha sido renovado, lo que agrava aún más la parálisis institucional.

Finalmente, es en este contexto que se debe entender la convocatoria de un referéndum sobre la independencia lanzado por Massoud Barzani: una maniobra para recuperar una legitimidad para el Kurdistán mismo y un medio de presión contra Bagdad.

La creación de un Estado sería útil para la paz regional

Los kurdos de Irak se han ganado el derecho a su soberanía. Esta opción serviría de mediación para la causa kurda en toda la región.

POR BAYRAM BALCI

Bayram Balci es investigador del Centro de Estudios Internacionales Sciences Po, especialista en Oriente Medio.

Si bien los kurdos se encuentran desperdigados por Siria, Irán y Turquia, es en Irak donde la idea de un Estado independiente se asienta con la mayor legitimidad. Autónomos desde los años 1970, los kurdos de Irak se han apropiado de su autonomía para crear una cuasi independencia: administración, fuerzas del orden y pronto un ejército nacional, éste aún oficioso de los peshmergas. Disponen también de una bandera, de fronteras definidas y de representaciones cuasi diplomáticas en varios países.

Confiando en esta situación favorable, el presidente Massoud Barzani ha anunciado la celebración de un referéndum sobre la independencia. Inspirado en el caso catalán, escocés y quebequés, esta consulta busca más testar la opinión que romper con Bagdad. Pretende sobre todo legitimar al presidente Barzani, cuyo mandato, llegado a término en 2013, fue ya excepcionalmente prolongado hasta 2015, no válido desde entonces, lo que le coloca en situación irregular con la Constitución del país. No obstante, además del interés personal, la cuestión de la independencia no resulta menos legítima.

Tras decenios de lucha nacional, de persecuciones diversas por el poder central de Bagdad, especialmente bajo Saddam Hussein, los kurdos han alcanzado la madurez necesaria. Desde 1991, los lazos con Bagdad son distendidos: el gobierno de Erbil se ha mostrado capaz de auto gestionarse, a pesar de las dificultades.

Por otra parte, un Estado kurdo iraquí sería una empresa racional y útil. En primer lugar, pondría fin a la triste frustración de los kurdos, maltratados y perseguidos a través de la historia, desprovistos de la protección estatal y, en consecuencia, factor de inestabilidad regional suplementario. De ahí la idea de que un estado kurdo sería también útil para la paz de la región. Reconocido, este Kurdistán independiente influiría en los kurdos de los países vecinos para apoyar los compromisos políticos más que el irredentismo violento que crispa a los Estados. Un Estado kurdo sería un garante y mediador de la causa kurda en todos los foros donde se debata.

La idea es teóricamente seductora pero ardua, puesto que no es apoyada unánimemente. Entre los kurdos de Irak, la población está segmentada entre un norte favorable a Massoud Barzani y al Partido Democrático de Kurdistán (PDK) y un sur bajo influencia de la Unión Patriótica de Kurdistán (UPK) de Talabani, pero, en el conjunto, se apoya la independencia. Por el contrario, fuera de Irak, el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) tiene una agenda diferente.

Imprescindible en Turquía, activo en Siria, en Irán y en cierta medida en Irak, el PKK difiere del PDK de Irak. Aspira a una hegemonía sobre todo el movimiento nacional kurdo en Oriente Medio, practicando una guerrilla violenta, que le ha llevado a figurar en la lista negra de organizaciones terroristas. Desde este punto de vista, reconocer un Estado kurdo independiente debilitaría al PKK, llevando el descrédito a sus métodos, cada vez más desprestigiados entre los propios kurdos, incluida Turquía, donde la entrada de un partido pro kurdo en el Parlamento, el HDP, no ha sido suficiente para convencerle de abandonar las armas.

FRAGMENTACIÓN INEXORABLE

En el plano regional se mantienen los obstáculos, y Europa tiene un papel que representar para ayudar a removerlos y contribuir a la paz. Algunos países son hostiles a un proyecto estatal kurdo. En primer lugar, Erbil debe convencer a Bagdad y luego a Teherán, que mueve hilos en la sombra en la capital iraquí para que su independencia no sea viable. Aun no se ha conseguido, pero la independencia de hecho de la región kurda aboga en su favor. Por su parte, los Estados Unidos están comprometidos con la integridad territorial de Irak, pero la fragmentación inexorable del país terminará por superar sus reservas. Después de todo, han sido ellos, con la contribución de Francia, quienes han puesto las bases de un Kurdistán autónomo a partir de 1991.

En cuanto a Turquía, que cuenta con la comunidad kurda más importante, parece evidente que sería hostil a una independencia kurda en Irak, por miedo a despertar las mismas veleidades entre los kurdos de Turquía, pero los análisis muestran que Ankara podría tener interés en apoyar el acceso a la independencia del Kurdistán iraquí.

Ankara y Erbil mantienen ya relaciones de Estado a Estado y cooperan en todos los terrenos, económico, político, e incluso militar y estratégico.

El sector privado turco está activo en Erbil y Dohuk (energía y construcción). A nivel militar, hace más de veinte años que Ankara mantiene bases en la región autónoma kurda. Durante el último encuentro en Ankara, los presidentes turco y kurdo iraquí, ambos sunnitas, en un contexto regional donde las líneas de desacuerdo se confesionalizan, los Sres. Erdogan y Barzani han saludado, por primera vez en la historia turca, las banderas turca y kurda, mano a mano, para mayor satisfacción de los kurdos de Irak.

Más allá de la inquietud de los turcos por ver desarrollarse un sentimiento pankurdo en el plano regional, la realpolitik y el pragmatismo económico la eliminarían, puesto que la creación de un Estado kurdo y sus fronteras crea una zona tapón que reforzaría su seguridad, al ejercer una influencia de razón sobre el PKK, enemigo histórico de Ankara, cuyos métodos terroristas siempre han molestado a los dirigentes de Erbil.

A fin de cuentas, los obstáculos a la independencia del Kurdistán iraquí son menores en el entorno regional que en la realidad, mucho más inquietante, de la coyuntura económica. Próspera y dinámica pero aún escasa, gracias al maná petrolero, el país kurdo atraviesa una grave crisis por la caída vertiginosa del precio del barril. La vecindad de la organización Estado Islámico no ofrece seguridad a los inversores extranjeros y esta fragilidad podría comprometer toda la empresa de Erbil hacia la independencia. Pero, solidaria, la comunidad internacional puede y debe ayudar a los kurdos a superar el escollo y contribuir así a la estabilidad de la región.

Fuente:Institut Kurde