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miércoles, 1 de junio de 2016

Los mitos del nacionalismo serbio. Kosovo, la patria perdida de Milošević


Eric Hobsbawm, el reputado historiador británico, escribió una vez una frase que bien podría resumir la ya larga historia del nacionalismo serbio: “Forma parte de la esencia de una nación interpretar mal su pasado”. No olvidemos que el nacionalismo como práctica política presente busca en el pasado hechos o mitos que ayuden a conseguir o justificar objetivos futuros. Es decir, la nación no se entiende sin su pasado, el cual proporciona ejemplos de virtud y ayuda a definir una identidad colectiva específica sobre la que construir un proyecto político. Los franceses tienen su revolución, los españoles su “Reconquista” y los italianos su reunificación. Todas las naciones que pretenden definirse como tal buscan en su historia elementos sobre los que desarrollar esta tarea. Este relato mítico-simbólico, al estar marcado por la agenda política, puede ser de lo más variado, sin embargo, conocerlo ayuda a entender el porqué de muchas decisiones o actitudes.




El caso serbio es un claro ejemplo de esta dinámica. En palabras del premio Nobel, Elías Canetti, los serbios también tienen sus símbolos de masas, pilares sobre los que definen su actitud nacional y sus reivindicaciones patrias.
La gloria perdida de los Nemajic


El primero de estos pilares es, sin duda alguna, la dinastía Nemanjic, bajo la cual, según la intelectualidad serbia, se origina el primer estado independiente serbio. El fundador de esta dinastía fue Stefan Nemanja, un noble nacido alrededor del año 1113 y que a lo largo de su vida logró someter a vasallaje al resto de nobles de la región. Su hijo, del mismo nombre, logró asentar de forma definitiva el poder de su padre, consiguiendo en 1217 ser coronado rey por el pontífice romano Honorio III. No obstante, el primer acto de clara autonomía del reino se produciría dos años más tarde, cuando bajo el reinado del hijo menor de Stefan, Sava, se fundaba la Iglesia ortodoxa serbia. Desde este momento, los miembros de la dinastía asumieron el papel de protectores de la fe, implicándose estos directamente en el proceso de evangelización de los Balcanes. Todos los súbditos y vasallos de los Nemanja debían pertenecer a la misma comunidad religiosa, donde Sava y sus sucesores serían considerados santos mayores. Todo aquel que en adelante se hiciera cargo del reino y sus asuntos se preparaba también para convertirse en santo. Cada rey tenía su propio cronista encargado únicamente de registrar todos los hechos por los que su señor era digno de santidad. La Iglesia ortodoxa se convertía en la prueba de la virtud del estado mismo, quedando de esta manera entremezclada la legitimidad política y religiosa. 


De esta época data la construcción de gran cantidad de los monasterios ortodoxos que hoy vemos como parte natural del paisaje en Serbia y Kosovo. Monasterios que en su momento constituyeron verdaderos puntos avanzados del poder de los Nemanjic. Tanto fue así que en 1331, de la mano de Dusan, el reino alcanzaría el cénit de su poder. Las fronteras llegaron hasta Croacia por el norte, el mar Adriático por el oeste, el mar Egeo por el sur y a las puertas de Constantinopla por el este. Cuentan las crónicas que sólo una invasión desde la actual Hungría evitó que la Divina Puerta cayera en manos de Dusan. Sin embargo, no sólo territorialmente se expandió el reino, sino que también la administración sufrió una gran reforma bajo el mando de Dusan. Un nuevo código de leyes fue promulgado y un sistema tributario, que alcanzaba a todos los territorios, fue desarrollado. Tal era la preponderancia del reino en la región que en el año 1346 Dusan decidió adoptar el título de Zar, Emperador, mostrando así su superioridad tanto sobre los nobles como sobre otros reyes de la zona. 


En la actualidad muchos son los serbios que siguen considerando a Dusan un héroe nacional. El relato de su poder se equipara con el ideal de la Gran Serbia, con la gloria de un estado que ocupe el lugar que realmente le pertenece. No obstante, menos son los que recuerdan que tras la muerte del Zar el reino se dividió entre sus sucesores y poco quedó de ese “Gran Estado Serbio”. Los conflictos entre la nobleza marcaron la tónica de los siguientes años, y sólo la inminente amenaza que suponía el avance del ejército otomano consiguió reducir las disputas entre los señores feudales. Knez (príncipe) Lazar, emparentado con los Nemanjic a través de su mujer Milica, logró reunir en torno a su figura un ejército lo suficientemente grande como para hacer frente a las tropas del Sultán Murad I. Lo que ocurrió a continuación es una historia que hoy en día todo serbio conoce. Si un primer pilar del nacionalismo serbio es sin duda la dinastía Nemanjic, el segundo pilar es la Batalla del Campo de los Mirlos. 

La Batalla del Campo de los Mirlos. Quinientos años de dominación otomana


Los historiadores sitúan el enfrentamiento el día 28 de junio del año 1389 (15 de junio conforme al calendario juliano), en las llanuras que hoy bordean la ciudad de Pristina, capital de Kosovo. Según cuentan las crónicas, miles de guerreros procedentes de las actuales Serbia, Bulgaria y Rumania se enfrentaron en aquella jornada al ejército otomano que comandaba el Sultán Murad I. Los combates fueron terribles. Tanto el Sultán como Knez Lazar perecieron en la lucha, y sólo la extenuación y la superioridad numérica decantaron la balanza a favor de los invasores.

En la creencia popular balcánica esta derrota simboliza el inicio de más de quinientos años de ocupación, idea especialmente arraigada entre la población serbia, los cuales además consideran este hecho como el fin de la autonomía del estado serbio y su Iglesia. La gloria pasada quedaba enterrada bajo el dominio otomano y Knez Lazar se constituía como el último gran héroe de la nación serbia. Ni las figuras de Stefan Nemanjic, San Sava o Dusan despiertan hoy en Belgrado tanto entusiasmo como Knez Lazar. Y es que cientos de poemas se han compuesto en honor al príncipe tras su muerte en la batalla. 

Un buen ejemplo de esto es la liturgia que se celebra cada año en el monasterio de Ravanica, donde descansan sus restos mortales, conmemorando el 28 de Junio como el día del martirio de la nación serbia. Según la tradición, los serbios y Knez con su sacrificio, consiguieron en el reino de los cielos lo que legítimamente les pertenecía en la tierra. El mito y el trauma de la pérdida de la Gran Serbia se han mantenido a pesar de los años, reinterpretado y relatado mil veces. Sin embargo, el fin abrupto del sistema comunista y la República Yugoslava consiguió reabrir una herida que algunos consideraban ya cerrada. El espejismo federal yugoslavo no consiguió resolver la cuestión nacional balcánica, y el colapso de este hizo saltar a la palestra los viejos símbolos nacionales. 


SlobodanMilošević. Una nueva batalla por la Gran Serbia

En el caso serbio, el político que mejor supo interpretar la nueva situación fue sin duda alguna Slobodan Milosevic. Procedente del Partico Comunista Serbio, Slobodan fue durante años el hombre de confianza de Ivan Stambolíc, presidente de la República de Serbia durante los años 80. Gracias a esta aventajada posición pudo conocer de primera mano los problemas de las minorías serbias fuera de la República durante el final de la década. Tensiones como las que se vivían entre albaneses y serbios en Kosovo ayudaron a que Milosevic pasara a considerarse como un defensor del pueblo serbio y no del sistema comunista. Célebre es el discurso que el ambicioso líder pronunció el 27 de abril de 1987 en Pristina, capital de Kosovo, ante una masa de descontentos serbios. Milosevic salió al balcón del ayuntamiento, y lo que se esperaba que fuera una lluvia de abucheos y piedras pronto se convirtió en aplausos y vítores. Slobodan se convirtió aquel día, con sólo dos frases, en el hombre que pedía Serbia. “Nadie tiene derecho a pegar a este pueblo. Nadie os humillará jamás”. Además de este respaldo a los serbios que habían acudido a la protesta, Milosevic ese día escuchó sus quejas. Tal fue el impacto de esta actitud entre la población que antes de partir de nuevo a Belgrado Milosevic haría una promesa a los serbios de Kosovo.

¨Camaradas, debéis quedaros aquí. Esta es vuestra tierra. Estas son vuestras casas, vuestros campos, vuestros huertos, vuestra memoria. No debéis abandonar vuestra tierra porque la vida aquí sea difícil, porque sufráis aquí injusticias y humillaciones. Retroceder ante los obstáculos, desmovilizarse cuando hace falta luchar, desmoralizarse cuando la situación es demasiado dura no forma parte del carácter de los serbios y los montenegrinos.

Debéis quedaros aquí en nombre de vuestros ancestros y de vuestros descendientes. Para no avergonzar a los primeros y no decepcionar a los segundos. Pero yo no os propongo quedaros aquí sufriendo y soportando una situación que no os satisfaga. Al contrario: debéis cambiarla de acuerdo con todos los espíritus progresistas de Serbia y de Yugoslavia.¨


El mensaje era claro. Kosovo es la cuna del pueblo serbio, y bajo ningún concepto puede este perder la tierra de su origen. La intelectualidad belgradense se pronunció rápidamente en favor del nuevo líder, y sólo un mes más tarde del discurso de Prístina se iniciaban las llamadas veladas literarias de protesta ¨De Kosovo-Para Kosovo¨. En ellas, distintos escritores exponían sus visiones del problema. Los mitos de la dinastía Nemanjic y la Batalla del Campo de los Mirlos estaban de nuevo a la orden del día. El 28 de junio de 1987, con motivo del aniversario de la derrota de Lazar, Milosevic visitó el emplazamiento donde se cree habían tenido lugar los combates. Sería el propio Slobodan quien ordenó la construcción de un monumento conmemorativo en esa misma llanura.

Las palabras que supuestamente había pronunciado Knez Lazar en la víspera de la batalla quedaban ahora marcadas en el lugar para siempre. ¨Cualquiera que sea serbio, y serbio de nacimiento. Y no venga a Kosovo para librar batalla contra los turcos. No le dejéis tener descendencia masculina ni femenina, no le dejéis que recoja cosecha alguna¨. 

Es obvio que la veracidad de estos versos es bastante discutible. Sin embargo, no dejaban lugar a dudas sobre el carácter nacionalista del que sería dos meses más tarde nombrado secretario general del Partido Comunista de Serbia. El ascenso de Milosevic era imparable. Miles de serbios sustituían la foto de Josip Broz Tito por la del carismático nuevo líder. Durante todo el año 1988 las manifestaciones nacionalistas, tanto en Serbia como en otras partes de Yugoslavia, marcarían el ritmo de la agenda política. No obstante 1989, en el sexto centenario de la derrota del Campo de los Mirlos, se sellaría definitivamente la nueva política nacional serbia. Mientras el mundo asistía sorprendido al colapso del bloque soviético y el fin de la Guerra Fría, en Serbia también se esperaba que 1989 fuera un año especial. Una nueva Constitución, que reducía drásticamente la autonomía de las provincias de Kosovo y Vojvodina fue aprobada, y el 8 de mayo de ese mismo año, Milosevic era elegido presidente de la República Serbia. El carismático líder nacional se preparaba para entrar por la puerta grande en la historia balcánica. La celebración de los seiscientos años debía suponer un hito sin precedentes. Más de un millón de serbios se reunieron el 28 de junio en el campo, donde seis siglos atrás Knez Lazar había sido derrotado. La carga simbólica del lugar era evidente. Milosevic subió al atril a reafirmar su nuevo proyecto político. El pueblo, que hasta hace bien poco era considerado socialista y obrero, se convertía ahora en primordialmente serbio. 


Los retos futuros se planteaban en el discurso en clave nacional. Y aunque Milosevic habló de tolerancia y cooperación, el pueblo serbio era presentado como una víctima, y por tanto, tenía derecho a exigir compensaciones por el daño recibido. El pasaje más polémico del mitin, y que probablemente más veces ha sido reproducido por la prensa, rezaba lo siguiente: 


“Seis siglos más tarde estamos comprometidos en nuevas batallas, que no son armadas, aunque tal situación no puede excluirse aún. En cualquier caso, las batallas no pueden ganarse sin la resolución, el denuedo y el sacrificio, sin las calidades nobles que estaban presentes en los campos de Kosovo en aquellos días del pasado. Nuestra batalla principal ahora es implementar el bienestar económico y el progreso político y cultural, y la prosperidad social general, para encontrar un rápido y exitoso futuro a la civilización que vivirá en el siglo XXI.¨


Los serbios debían prepararse para resistir y la renuncia a Kosovo, cuna de la nación, no era algo negociable. A pesar de que Milosevic concluyera su intervención gritando ¨¡Larga vida y hermandad entre pueblos!” era evidente la imposibilidad de que las posiciones enfrentadas en Yugoslavia llegaran a un acuerdo negociado. El desarrollo de los acontecimientos posteriores es de sobra conocido, y las batallas de las que hablaba Milosevic pronto llegaron. Años de guerras sacudieron los Balcanes y finalmente, como si se tratara de la última trinchera, el conflicto en Kosovo estalló en todas sus dimensiones. El 17 de febrero de 2008, la antigua provincia autónoma de Kosovo declaraba unilateralmente su independencia. Serbia perdía su patria mítica, los viejos mitos eran robados de nuevo por el viejo enemigo, representado a la perfección por los musulmanes albanokosovares. 


Cientos de albanokosovares celebran el 17 de febrero la recién proclamada independencia


Un trauma sacudía Belgrado. A pesar de la caída de Milosevic y el fin de la guerra, aún son muchos los que sueñan con la promesa de la Gran Serbia. Tremendamente ejemplificador es cómo, a pesar del descrédito que había sufrido su figura, al entierro de Milosevic en 2006, celebrado en la pequeña localidad de Pozarevac, acudieron de manera espontánea más de 50.000 personas. La vieja promesa sigue presente, y mientras Serbia no encuentre su razón de ser en otros relatos, la herida continuará abierta. La antigua geografía balcánica de víctimas y verdugos debe ser reconsiderada. Nuevos significantes y metáforas deben articular otro relato histórico que ayude a la convivencia futura de la región.

elordenmundial.com

jueves, 31 de marzo de 2016

La captura de Radovan Karadžić, el carnicero de los Balcanes

El caudillo serbio fue capturado en 2008 tras una búsqueda de trece años en la que participó la CIA, las fuerzas especiales británicas y un soldado disfrazado de gorila.

Han pasado más de dos décadas desde que se cometieron actos de genocidio en suelo europeo; un recuerdo incómodo que ha quedado prácticamente enterrado en un continente que ahora intenta frenar la llegada de personas que huyen de crímenes de guerra más recientes. Los campos de exterminio europeos se han convertido en improvisados campamentos de refugiados sirios.

Este jueves, el veredicto contra Radovan Karadžić en la Haya, condenado por haber cometido actos de genocidio y crímenes contra la humanidad en la guerra de Bosnia-Herzegovina entre 1992 y 1995, ha terminado de una vez por todas con la amnesia en torno a la incapacidad del continente para impedir una carnicería. Para el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia, que a menudo se conoce con el nombre de Tribunal de la Haya para crímenes de guerra, creado 24 años atrás, la sentencia marca un momento histórico. Para la justicia internacional en su conjunto se trata sin duda del momento más importante desde los juicios de Núremberg.

Todas las personas que conocen el caso a fondo esperaban un veredicto de culpabilidad. Al fin y al cabo, Karadžić estaba al frente de un pequeño Estado serbio separatista, una entidad que se dedicaba a "la limpieza étnica", una expresión orwelliana que describe el uso sistemático del terror contra bosnios, musulmanes y croatas.

Este psiquiatra y poeta grandilocuente, alto y de pelo blanco y ondulado, ha desempeñado el papel de mártir nacional durante todo el proceso. La mayoría de serbios en Bosnia se han olvidado de él o si lo recuerdan es para mofarse. Sin embargo, su actuación podía suponer su último minuto de gloria, una oportunidad de oro para nadar en el victimismo. El conflicto terminó hace más de veinte años pero Bosnia está más dividida que nunca.

El veredicto es un recordatorio de las proporciones de la matanza; solo en Bosnia, murieron unas 100.000 personas. También hubo más víctimas en Croacia y Kosovo. Asimismo sirve para constatar la escalofriante lentitud de la justicia. La larga espera se debe, en parte, a la naturaleza de este tribunal, que ha sido extremadamente imparcial y que ha dado un gran margen de tiempo a los abogados de la defensa para que puedan preparar sus argumentos.

El juicio ha durado cinco años y el tribunal se ha tomado otros 18 meses para sopesar el veredicto. Sin embargo, la mayor demora se debe a que se necesitaron 13 años para detener a Karadžić y llevarlo ante el Tribunal de la Haya. A pesar de su imputación en julio de 1995, el caudillo vivió durante dos años una existencia tranquila en la localidad alpina de Pale, situada en las afueras de Sarajevo, que sirvió como capital de la república separatista de los serbios de Bosnia durante el conflicto.

Aunque en los años posteriores a la guerra más de 64.000 oficiales de las fuerzas de mantenimiento de la paz de la OTAN estaban desplegados en el país, se prefirió no poner en peligro a los soldados o, simplemente, la frágil paz del país, con una operación de captura.

Cuando dos años más tarde la situación cambió, Karadžić había desaparecido y logró escabullirse hasta 2008, a pesar de que la operación de búsqueda estaba integrada por muchos países, y contaba con todos los recursos y armamento de una fuerza internacional. Para el entonces presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, que se acercaba al final de su segundo mandato, la detención de Karadžić era un pilar fundamental del legado que quería dejar.

Un grupo operativo especial del Consejo Nacional de Seguridad recibió la orden de intensificar la búsqueda y la consigna de que no debía escatimar en gastos. Hasta los atentados del 11 de septiembre, la captura de los criminales de guerra de los Balcanes representó el mayor despliegue de tropas de operaciones especiales, entre las que se incluían las Fuerzas Delta y el Seal Team 6 de Estados Unidos, y el SAS del Reino Unido. Karadžić era el objetivo número uno y la prioridad de la CIA, la DIA y el MI6 británico. Era el hombre más buscado del mundo.

Los Balcanes no son Hollywood

Las lecciones aprendidas en la persecución de Karadžić y de sus militares sirvieron más tarde en Afganistán, Irak y durante la persecución de Osama Bin Laden; la mayoría de estas operaciones se llevaron a cabo sin una resolución de las Naciones Unidas, a diferencia de la operación de detención en los Balcanes.

Por aquel entonces, David Petraeus, más tarde director de la CIA, servía en Sarajevo como general de brigada. Se quedó fascinado por los métodos empleados por las fuerzas especiales y quiso participar en una redada nocturna. "Un día, me lo llevé a un helicóptero, le pedí que se vistiera como civil y que llevara una gorra de béisbol", explica el militar que dirigía la operación, el teniente coronel Andy Milani, a Paula Broadwell, la biógrafa de Petraeus. El romance entre la escritora y Petraeus terminó con la carrera de este último.

Tras un viaje por el vertiginoso altiplano del este de Bosnia, el helicóptero llegó hasta donde se encontraban los soldados de las Fuerzas Delta de Milani. "Nos subimos a una furgoneta con los cristales tintados y Petraeus estaba más contento que un niño en una tienda de caramelos", explica el teniente coronel en el libro.

Petraeus y sus hombres solían presentarse sin previo aviso y en medio de la noche en casa de Ljiljana Karadžić, la esposa del fugitivo, con el objetivo de alardear de una inminente captura e intimidarla, con la esperanza de que ella corriera hasta el escondite de su esposo para avisarlo. Petraeus solía decir que se trataba de su "rutina Eddie Murphy" (ya que el actor interpretó a un ex preso que se convierte en policía en la película Límite 48 horas).

Lo cierto es que los Balcanes no son Hollywood. Siguieron a Ljiljana a todos partes y, de hecho, la mujer fue una de las primeras personas en el mundo que fue espiada por un dron, que en aquel momento era más que un nuevo juguete de las fueras de seguridad de Estados Unidos que estaba siendo probado en Bosnia. La mujer no les proporcionó ninguna pista útil.

Los perseguidores removieron cielo y tierra. Hicieron un barrido por todas las aldeas remotas situadas en la frontera entre Bosnia y Montenegro, buscando cualquier tipo de actividad, como una conexión a internet en medio de la noche, la presencia de antenas parabólicas en esa región empobrecida del país o suscripciones a periódicos. La NSA accedió a compartir la totalidad de la información recabada sin demoras con las unidades que buscaban a Karadžić en Bosnia.

En uno de los episodios más extraños de la larga búsqueda, los soldados de la Fuerza Delta se escondieron en una carretera de montaña para esperar la llegada del vehículo del caudillo. Uno de los soldados se puso un disfraz de gorila que había llegado el día anterior desde Estados Unidos.

El objetivo era que los guardaespaldas de Karadžić, conocidos como la Preventiva, se quedaran sin habla, redujeran la velocidad y los soldados pudieran lanzar una granada cegadora especialmente diseñada para aturdir a los pasajeros. Si este plan hubiera funcionado, habría formado parte de la historia de la Fuerza Delta, sin embargo el protagonista principal no se presentó. No fue ni la primera ni la última vez que trazaron un plan sobre una pista errónea o, todavía más probable, falsa. A Karadžić y a sus hombres les divertía burlarse de la maquinaria militar más poderosa del mundo.

El escurridizo fugitivo todavía humilló más a Occidente cuando consiguió publicar un éxito de ventas. Karadžić publicó una recopilación de poemas; uno de los capítulos tenía el título de "Me puedo cuidar solo". Su novela Crónicas milagrosas de la noche se agotó en la Feria Internacional del Libro de Belgrado.

Un hombre alto, de barba espesa y pelo blanco

Años más tarde, cuando los investigadores del Tribunal de la Haya entrevistaron al entorno de Karadžić, llegaron a la conclusión de que el caudillo cruzó la frontera y llegó a Serbia en la Nochebuena de 1999, en un viaje en bote por el río Drina durante la noche. Si es así, el hecho de que el Gobierno de Clinton intensificara la búsqueda, con tecnología punta, unidades de élite y planes sofisticados, no sirvió de nada ya que su objetivo ya no se encontraba en el país.

Tras la llegada de Karadžić a Serbia, esta historia de picaresca todavía se complica más. Le perdieron la pista hasta 2005, cuando un supuesto sanador espiritual y clarividente de Belgrado, Mina Minic, abrió la puerta de su consulta y se encontró cara a cara con un hombre alto, de barba larga y espesa y abundante pelo blanco recogido en un moño atado con una cinta negra. Años más tarde, Minic hizo la siguiente descripción del encuentro: "Parecía un monje que hubiera cometido algún pecado con una monja".

Se trataba de Karadžić, que estaba poniendo a prueba la nueva identidad que le habían proporcionado sus simpatizantes en el servicio de inteligencia serbia. Se presentó con el nombre de Dragan Dabic, un terapeuta que regresaba a su país tras una temporada en Nueva York y tras un duro divorcio. Lamentablemente, su ex esposa no había querido enviarle sus títulos y diplomas. Dabic quería aprender los métodos de un vidente de los Balcanes, incluido el uso del visak, un péndulo que se supone que puede identificar anomalías en el campo magnético de pacientes que tienen algún problema o una enfermedad.

Poco después, Dabic compró un visak y su carrera como sanador espiritual despegó. Se puso un segundo nombre poco serbio, David, y lo empezó a utilizar como apodo en su profesión. También creó la página web Ayuda Psi Energía, que promovía el programa de bienestar David. Asimismo ofrecía servicios de acupuntura, homeopatía, medicina cuántica y cursos "tradicionales". También vendía unos collares con el nombre de Velbing (un guiño a well-being); unos amuletos de la suerte que proporcionaban salud y protección frente a las radiaciones nocivas.

Karadžić había estudiado psiquiatría en Sarajevo y ahora se atrevía con un tipo de terapia bastante más tenue. En la década de los setenta, trabajó durante una temporada como psiquiatra en plantilla del equipo de futbol multiétnico de la ciudad, con el objetivo optimista de reforzar su sed de victoria y más tarde hizo el mismo trabajo para el Estrella Roja de Belgrado. Los jugadores de Sarajevo recuerdan que les pedía que se tumbaran en el suelo de una habitación a oscuras mientras él ponía música y les invitaba a imaginar que eran unos abejorros que iban de flor en flor.

Para crear el personaje de Dabic, se valió de su experiencia como psiquiatra y la embelleció con el concepto New Age de "la fuerza vital", "energías vitales" y "auras de las personas". En su tiempo libre, colaboró en un proyecto de una conocida sexóloga de Belgrado que tenía el objetivo de rejuvenecer el esperma de los hombres estériles. Aseguraban que los espermatozoides más perezosos iban más rápido si Dabic ponía una mano cerca del miembro viril.

Karadžić, este jueves 24 de marzo, durante la lectura del veredicto que lo condena a 40 años de prisión por genocidio y crímenes de lesa humanidad y de guerra EFE

Vivía en uno de los altísimos bloques de apartamentos situados en la calle Yuri Gagarin, en honor al primer astronauta que viajó al espacio, en el desgastado barrio de Nuevo Belgrado; los restos del sueño de hormigón socialista. Los niños del barrio llamaban Santa Claus a ese hombre bonachón que hablaba con ellos de camino al supermercado. Una de las vecinas de Dabic trabajaba para la Interpol y su trabajo era precisamente coordinar la búsqueda de fugitivos internacionales como Karadžić.

Su osadía aumentó a medida que se fue sintiendo cómodo con su nueva identidad. Se convirtió en una celebridad en el circuito de la medicina alternativa de Serbia. Era columnista de una revista sobre hábitos de vida saludables y se hizo con los derechos de una franquicia de una compañía de vitaminas de Estados Unidos.

También empezó a frecuentar un bar del barrio, el Luda Kuca ("Casa de locos"), un lugar tosco y lleno de humo que parecía atraer a los veteranos de guerra empobrecidos, a los serbios de Bosnia y a los montenegrinos. Servía vino del país,šljivovica (aguardiente de ciruelas) y un nacionalismo fuerte y sin diluir. En las paredes forradas de madera colgaban imágenes que homenajeaban el nacionalismo serbio moderno, con un lugar de honor reservado a Karadžić. En al menos una ocasión, lo invitaron a tocar el gusle, un violín de una sola cuerda muy típico de la región y el hombre tocó una balada épica serbia bajo un retrato de sí mismo. Y, sin embargo, nadie lo reconoció.

"Usted es Radovan Karadžić"

Al final, esta hazaña épica quedó al descubierto por un error de Luca, el hermano empresario de Karadžić. Una noche de primavera en 2008 llamó a Dabic desde un teléfono con una tarjeta SIM que los investigadores de crímenes de guerra habían relacionado con la red de apoyo de Karadžić y habían pasado a los servicios de inteligencia serbios (BIA).

En mayo, un detective recibió el encargo de investigar al receptor de la llamada, este personaje que se parecía a Gandalf y vivía en Nuevo Belgrado, y finalmente cayeron en la cuenta. El detective, así como el resto del equipo, no sabía qué hacer. Los servicios de inteligencia, como el conjunto del país, se encontraban en un momento de transición. Y si bien el entonces presidente de Serbia, Boris Tadić, era prooccidental, lo cierto era que el Parlamento y muchos altos cargos estaban en manos de los nacionalistas.

El equipo decidió arriesgar su futuro profesional y en vez de informar a sus superiores fue directamente a la oficina de Tadić y siguió vigilando a Karadžić. Su destino pendía de un hilo. Cuando Tadić formó una coalición, tres meses después de las elecciones parlamentarias, pudo poner a un hombre de su confianza al frente de los servicios de inteligencia. Karadžić sabía que lo estaban siguiendo. Según su abogado, Sveta Vujacic, el fugitivo empezó a encontrarse con desconocidos en los pasillos de su edificio o en el Luda Kuca a partir de mediados de julio. "Sabía que estaba rodeado", recuerda Vujacic.

En la tarde del 18 de julio, el hombre que se hacía llamar Dragan Dabic salió del número 267 de la calle Yuri Gagarin, llevando una camiseta de color azul celeste y un gran gorro de paja que le cubría el rostro. Cargaba con una bolsa de plástico de color blanco, una cesta para la compra de rafia y una mochila; todo parece indicar que llenas. Caminó hasta la parada de autobús más cercana y uno de los agentes que lo estaba siguiendo se acercó sigilosamente a él. Los dos se subieron al autobús 73, en dirección al norte de la ciudad. Dabic se sentó en un asiento situado cerca del conductor. Su sombra, varias filas más atrás.

Cuando llegaron al cinturón verde que rodea la capital serbia, dos coches patrulla se situaron delante del autobús y cuatro policías de paisano se subieron al vehículo, dos por la puerta de delante y los otros dos por la de atrás. Se hicieron pasar por revisores; mostraron su identificación y pidieron los billetes a los pasajeros. El anciano del gorro de paja estaba buscando su billete cuando uno de los policías lo agarró del brazo.


—¿Doctor Karadžić? —preguntó el policía.

—No, me llamo Dragan Dabic —dijo el hombre.

—No, usted es Radovan Karadžić —le contestó el policía.


—¿Tus jefes saben lo que estás haciendo? —preguntó el hombre.

—Sí, totalmente —fue la respuesta.

El agente ordenó al conductor que parara el autobús y el fugitivo fue acompañado hasta el arcén. A las nueve y media de la noche del 18 de julio de 2008 el personaje ficticio y extravagante de Dragan David Dabic se evaporó. En su lugar, se volvió a materializar el fantasma de Radovan Karadžić, el sumo sacerdote de la "limpieza étnica" bajo orden de búsqueda y captura en los Balcanes durante más de una década. Se había convertido en un anciano nervioso, con un sombrero de paja torcido y que se aferraba a una bolsa de plástico blanca.

lunes, 2 de marzo de 2015

¿Será Voivodina el próximo seudo Estado de Europa?

por Wayne Madsen

Estados Unidos y la Unión Europea se disponen a completar el objetivo de la guerra que desataron contra Serbia en 1999. Después de haberle arrancado Kosovo, van a quitarle la provincia autónoma de Voivodina. Y para ello están modificando actualmente la populación de esa provincia serbia, instalando en el poder un nuevo equipo de gobierno en la vecina Croacia y comprando los medios de prensa en Serbia.


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Según el último censo de población, el 70% de los habitantes de Voivodina eran serbios y ortodoxos.

Si la Unión Europea y la OTAN logran sus fines, la provincia serbia de Voivodina seguirá el mismo camino que Kosovo, arrancado a Serbia por la Unión Europea y la OTAN para convertirlo en un Estado étnicamente albanés gobernado por los terroristas del Ejército de Liberación de Kosovo (UCK), como próxima falsificación de Estado independiente en los Balcanes.
Después de haber visto como las tropas de la OTAN le arrancaban la provincia de Kosovo como resultado de las maniobras de la Unión Europea, Serbia está a punto de perder también la fértil provincia de Voivodina –en la cuenca del Danubio– en provecho de los amputadores de fronteras que ofician en Bruselas.