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viernes, 29 de marzo de 2019

La perversidad y nefasta huella histórica del fascismo

Un siglo después de su fundación el 23 de marzo de 2019 por el dictador Benito Mussolini en la ciudad de Milán, el fascismo es repudiado hoy en todo el mundo por su perversidad y nefasta huella histórica.

La sede del Círculo de la Alianza Industrial, ubicada en la milanesa Plaza de San Sepolcro, fue el lugar donde Mussolini anunció la creación de los 'Fasci Italiani di Combatimento' (Fic), nombre con el cual denominó a su nuevo movimiento político, devenido Partido Nacional Fascista, en 1921.

Mussolini presentó la nueva agrupación como una alternativa a la partidocracia y el sistema político imperante hasta entonces, a cuyos exponentes acusaba de traicionar los intereses nacionales y provocar la humillación del país como resultado de la I Guerra Mundial.

Una de las banderas y, al mismo tiempo, sostén principal del movimiento fue el concepto de la 'victoria mutilada', bastante extendido entre ciertos sectores de la población para referirse a la supuesta escasa compensación territorial recibida por Italia, en comparación con su contribución a la contienda bélica.

El proyecto político de vocación autoritaria y nacionalista impulsado por Mussolini, tuvo una base social heterogénea, con la violencia y la coacción como métodos de acción política, en un contexto histórico complejo hasta construir un consenso nacional centrado en la idolatría y obediencia al 'Duce'.

Contrario a los postulados de avanzada recogidos en su programa inicial, el fascismo se convirtió en el instrumento de las clases dominantes para detener el avance de las luchas obreras y campesinas, las cuales tuvieron su período de mayor auge entre 1919 y 1920, durante el llamado 'bienio rojo'.

Esa fue una etapa caracterizada por la intensidad de la agitación política y laboral motivada por el impacto social de la severa crisis económica de la posguerra, aunque su gestación comenzó en pleno fragor de la contienda.

Socialistas y comunistas fueron los blancos principales de los ataques de Mussolini, quien el 28 de octubre de 1922 encabezó la Marcha sobre Roma, movilización armada de unas 25 mil 'camisas negras' cuyo objetivo principal era presionar al entonces rey Vittorio Emanuele III, para acceder al gobierno.

Con la anuencia del monarca asumió las riendas del régimen que encabezó a partir del 31 de octubre de 1922 y durante el cual aplastó a sus oponentes, hasta alcanzar el control absoluto sobre el sistema político nacional en la segunda mitad de la década de 1930.

En esa etapa dictó y aplicó, a partir de 1938, las llamadas leyes raciales, conjunto de normas dirigidas a preservar la 'raza italiana' considerada por el fascismo de 'origen aria', en su mayoría, para lo cual se desató la represión y persecución de la población de origen judío.

Una de las víctimas de aquel período fue la actual senadora vitalicia Liliana Segre, quien sufrió el hostigamiento nazi-fascista desde la edad de ocho años por sus orígenes judíos, cuando fue expulsada de la escuela primaria y deportada al campo de concentración de Auschwitz, donde perdió a su padre.

Tatuada con el número 75190 al ingresar en el campo de exterminio, la niña de 13 años fue sometida a todo tipo de ultrajes y trabajos forzados en una fábrica de municiones propiedad de la empresa Siemens, pero finalmente logró sobrevivir.

Tras apoyar el alzamiento militar encabezado por Francisco Franco contra la República española, el dictador se unió en 1939 a la aventura bélica de la Alemania nazi, a través del Pacto de Amistad y Alianza suscrito entre los ministros del exterior de ambos países y en 1940 declaró la guerra a Gran Bretaña y Francia.

Con poca preparación y sin recursos para enfrentar varios escenarios simultáneos de guerra fuera de las fronteras italianas, Mussolini decidió imitar a sus aliados nazis con incursiones en la exYugoslavia, Albania, Grecia y África, norte y subsahariana, pero sin éxito.

El gobierno instalado el 31 de octubre 1922 duró hasta el 25 de julio de 1943, cuando Mussolini fue obligado a renunciar por decisión mayoritaria del Gran Consejo del Fascismo, tras lo cual se produjo su arresto.

Rescatado por tropas alemanas en el macizo montañoso del Gran Sasso, el dictador acordó con Adolfo Hitler la creación de la República Social Italiana, instaurada el 28 de septiembre de ese mismo año, con sede en la norteña localidad lombarda de Saló.

Carente de respaldo institucional y hostigada por la resistencia antifascista, el estado controlado por la ocupación militar germana de la mitad septentrional de la península, existió hasta la derrota del eje nazi-fascista el 25 abril de 1945, efeméride recordada cada año por los italianos como el Día de la Liberación.

martes, 7 de junio de 2016

El Mariscal italiano Rodolfo Graziani


Graziani con diferencia el mejor militar italiano de la Segunda Guerra Mundial. Procedente de un país con precarios expertos en el arte de la guerra, el mariscal Graziani se convirtió sin duda en la excepción de Italia.

Rodolfo Graziani nació el 11 de Agosto de 1882 en Filettino, provincia de Frosinone, Italia.

Difícil fue la vida de Graziani en su infancia. Su familia, originaria del pueblo vecino de Affile, poseía unas tierras que apenas daban suficiente producción para mantener a sus nueve hijos, entre ellos Graziani. Siendo apenas un niño, Rodolfo tenía que caminar todos los días 8 kilómetros ida y vuelta hacia el colegio con una pesada cartera y siendo el único de sus hermanos que llevaba zapatos. Terminada la escuela elemental, acudió a cursar la secundaria en una localidad todavía más lejana en Subiaco, el mismo seminario al que había ido su padre y su abuelo. Precisamente en Subiaco, se despertó el amor de Graziani por África y las fuerzas armadas, ya que en esa escuela se solían relatar las gestas del Ejército Real Italiano (Regio Esersito) en Eritrea y Somalia como las de Adua y la Bahía de Assad.

Convertido en un joven soñador, Graziani contó a su familia el deseo de ser militar, algo a lo que se padre se opuso, ya que sólo tenía dinero para pagar una escuela de cadetes durante los dos primeros años. Triste por la negativa de su familia, en 1902 Graziani entró en la Facultad de Derecho con la idea de convertirse en abogado. Sin embargo, la llamada a filas del Ejército Real Italiano a los jóvenes italianos tras el recrudecimiento de las guerras coloniales, salvó a Graziani de llevar una vida aburrida en lo civil, por lo que se enroló sin dudarlo.

Igual de difícil fue la situación económica de Graziani en el Ejército Real Italiano, como lo había sido de niño para ir a la escuela. Al principio tuvo que recurrir a algunos fondos de la seguridad pública y luego renunciar a comer algunos días a la semana para poder seguir estudiando lo que verdaderamente le gustaba. Primeramente hizo un curso para oficiales en el 94º Regimiento de Infantería de Roma y luego entró en la Academia Militar de Módena. Como el dinero en su bolsillo era inexistente, Graziani sabía que debía ascender cuanto antes o de lo contrario le echarían por no poder pagar. Por esa razón se presentó a un examen complicadísimo, de los que sólamente 9 candidatos de 350 salían elegidos como oficiales, obteniendo Graziani un sobresaliente muy por encima de la media al tener la tercera mejor nota de todas. Su aprobado le valió el ascenso que tan ansiosamente buscaba y un salario digno para costearse el resto de su carrera.

Oficial por fin del Ejército Real Italino, Graziani dirigió en 1904 a una pequeña sección en el 92º Regimiento de Infantería de Viterbo y en 1906 también otra dentro el prestigioso 1º Regimiento de Granaderos de Roma. En 1908 cumplió uno de sus mayores deseos, ir a África para participar en las conquistas coloniales. Durante su estancia en Eritrea aprendió la lengua árabe y la tigriña, esta última un dialecto etíope. Pero no todos los momentos en la sabana africana fueron agradables, ya que estuvo a punto de morir en dos ocasiones tras sufrir la mordedura de una serpiente venenosa y contraer la malaria posteriormente. Después de recuperarse, todavía tuvo fuerzas para marchar a Libia en 1912 y combatir contra los otomanos en la Guerra Ítalo-Turca entre Italia y Turquía, de donde salió con el grado de teniente por sus méritos en el campo de batalla.
Un joven Graziani con uniforme de oficial durante su participación en las campañas coloniales de Somalia, la Guerra Ítalo-Turca y la Primera Guerra Mundial.

De vuelta a Italia tras sus aventuras coloniales, Graziani decidió formar su propia familia. En 1903 se casó con Inés Chionetti, una hermosa chica morena, amiga de la adolescencia desde hacía muchos años, con la que tuvo una hija a la que bautizaron como Wanda.

Al entrar Italia en la Primera Guerra Mundial en 1915, Graziani obtuvo el mando del 1º Regimiento de Granaderos, el cual fue desplegado dentro del III Ejército del Duque de Filiberto de Saboya-Aosta en el Frente de los Alpes. Durante tres años combatió en las Batallas del Río Isonzo contra los austro-húngaros, siendo ascendido a coronel en 1918 y condecorado con la Medalla al Valor.

Terminada la Gran Guerra, Graziani expresó su deseo de volver a África, pero sus superiores consideraron que sería mejor enviarlo a otro destino, motivo por el cual fue puesto al mando del 61º Regimiento de Infantería que ocupaba Macedonia como parte del despligue internacional en los Balcanes. Sólamente aguantó tres meses, ya que cansado de una responsabilidad tan tranquila, solicitó pasar a la reserva, petición que fue admitida sin problemas.

Provisionalmente convertido en civil, Graziani decidió convertise en comerciante y hacer una serie de negocios por diversos países de la Eurasia. Básicamente se dedicó a la compraventa de alfombras orientales, algunas verdaderas y otras imitaciones falsas, a las que aumentaba o disminuía el precio según las circunstancia. Los tres principales lugares por los que viajó haciendo algo de dinero fueron el Cáucaso, Rusia y Turquía. Pero rápidamente echó de menos la vida militar y por eso decidió regresar a su país.

Al volver a Italia en el verano de 1921, Graziani se presentó en el Ministerio de la Guerra, pero como las campañas bélicas habían finalizado, no encontraron ningún puesto para él. Frustrado, Graziani se quedó en el paro, sin trabajo y apenas sin dinero tras haber gastado gran parte de los beneficios en el venta de alfombras. Durante varios meses, Graziani estuvo acudiendo al Ministerio de la Guerra, paseándose por los largos pasillos, a la espera de que alguien conocido le ofreciese una tarea digna de su rango. Milagrosamente una tarde de Octubre de 1921, un viejo amigo suyo se le encontró como de costumbre en el pasillo al salir de su oficina y le preguntó: “¿Siempre dispuesto a volver? ¿qué dirías si te mandásemos a Libia?”.


Libia, estaba siendo devastada por las tribus rebeldes sanussi dirigidas por el líder religioso Omar Mukhtar que ya habían vencido y humillado a cuantiosos generales italianos, motivo por el cual ningún militar quería ir a la colonia italiana del Norte de África, plaza que quedó vacante para Graziani. Cuando el coronel italiano pisó Libia, nadie tenía mucha esperanza en él, ni siquiera el el Conde Giusuppe Volpi que lo había hecho llamar. Sin embargo, desde el primer momento en que Graziani se asentó en África, dejó de hacer las cosas que habían hecho sus antecesores y probó tácticas nuevas, como por ejemplo dejar de lanzar grandes ejércitos contra el desierto, algo inútil desde el punto de vista del avituallamiento, para efectuar escaramuzas y golpes de mano con pequeños contingentes italianos, estableciendo líneas de caravanas por rutas seguras y atacando los escondites del enemigo. Gracias a estas iniciativas, venció a los sannusi en Gefara, Gebel o Ghibla, asegurando la frontera de Túnez entre Zuara y Trípoli con sólo 2.500 tropas coloniales askaris. Ajeno a la Marcha sobre Roma de los fascistas el 22 de Octubre de 1922, Graziani empezó la ofensiva contra Jefren, asegurando la zona el día 31. Para 1923 Graziani entró con sus hombres en Garian, Tarhuna y Orfella sin disparar un sólo tiro, lo mismo que en 1924 en Sirte, Mizda y Gadames. Durante los años siguientes Graziani adoptó medidas exageradas como extender una inmensa alambrada entre Libia y Egipto para evitar el contrabando de armas y confinar a un importante sector de la población sanussi en campos de concentración para evitar que los guerrilleros se infiltrasen entre los habitantes libios. A mediados de 1929 Graziani controlaba gran parte de Tripolitania, Gebel y el 27 de Marzo de 1930 inició el ataque a Cirenaica con un desembarco en Bengasi. Su gesta más impresionante fue realizar una marcha de más de 900 kilómetros desde el Mar Mediterráneo hasta el Oasis de Kufra a través del Desierto del Sáhara, una de las mayores proezas logísticas militares del siglo XX. En 1931 la revuelta sanussi fue finalmente aplastada, Libia conquistada al completo y Omar Mukhtar capturado y ahorcado por la caballería indígena de los savaris el 16 de Septiembre. Por su éxito Graziani fue colmado de honores con un ascenso a general de división y el título de “Condottiero” y “Nuevo Escipión el Africano”.

Al iniciarse la Guerra Ítalo-Etíope en 1935 entre Italia y Etiopía, Graziani fue nombrado Gobernador de Somalia. Partiendo precisamente del Desierto de Ogadén, Graziani avanzó con sus tropas hacia Gherlogubi y Harrarino. A mitad del trayecto se detuvo, ya que comprendió que para avanzar necesitaría construir una larga vía de suministros, obra que realizó levantando una carretera asfaltada entre Gapredarre y Mogadiscio, consolidando al mismo tiempo la línea de frente entre el Canal de Doria y el Canal de Daua Parma. Durante ese tiempo aumentó sus reservas con tropas árabes y somalís, además de fomentar las revueltas de las bandas dubats en contra de los etíopes. Por fin en Enero 1936 Graziani lanzó su gran ofensiva venciendo a las fuerzas del Ras Destà en Neghalli-Dolo y empujando a las tropas etíopes a la frontera con Kenya. Gracias a la carretera que previamente había diseñado, pudo atacar con tres columnas simultáneamente que conquistaron Giggia el 6 de Mayo, Harrar el 8 y el ferrocarril de Dire Daua que enlazaba con Djibuti el día 9. Inmediatamente después, Graziani supo que su principal competidor, el general Pietro Badoglio, había tomado la capital de Addis Abeba, poniendo fin a la guerra. Como recompensa por la campaña Grazini, fue ascendido a mariscal y nombrado Virrey de Etiopía.

Tropas coloniales italianas de Camisas Negras son inspeccionadas por Graziani en Etiopía.

Finalizada la Guerra Ítalo-Etíope, la nueva colonia italiana de Etiopía distaba lejos de ser pacificada, labor de la que se tuvo que ocupar Graziani. Uno de los métodos utilizados por el mariscal italiano fue más que polémico, ya que utilizó gases venenosos lanzados desde aviones contra las bandas rebeldes, así como el envío provisional de todos aquellos sospechosos a campos de concentración. También ordenó ejecutar a todos los líderes guerrilleros como el Ras Destà acusados de haber matado a italianos en atentados o simplemente deportarlos a Italia como le sucedió al Ras Immirù. La peor represalia tuvo lugar el 19 de Febrero de 1937, cuando de repente en una fiesta que Graziani celebraba junto al líder tribal Abuna Kyrillos en el Palacio Imperial del Ghebí, unos infiltrados etíopes hicieron explosionar siete bombas de mano que hirieron con centenares de esquirlas al mariscal italiano, además de a los periodistas Mario Appelius y Ciro Poggiali, iniciándose a continuación un tiroteo de tres horas que terminó con la aniquilación de los autores. Por el shock sufrido y ante el miedo de susfrir otro atentado, Graziani ordenó una venganza desproporcionada al ordenar ejecutar a 3.000 de los guerrilleros capturados, fusilar a 425 monjes del Convento de Debrà Libanòs y enviar a 100.000 sospechosos al campo de concentración de Danane. Todas esas medidas lograron aquel 1937 pacificar Etiopía, iniciándose a partir de entonces una etapa de desarrollo para la colonia y sus habitantes.

En Febrero de 1938, Graziani regresó a Italia para disfrutar de un largo período vacacional fuera del ejército. Se alojó en su ciudad natal, Filettino, a la que rebautizaron como “Filettino Graziani” en su honor. Poco después intentó convertirse en senador, pero por aquel entonces tenía 56 años y la edad mínima para entrar en el Senado era de 60, por lo que tuvo que resignarse. Sin saber qué hacer, se trasladó a Somalia para cuidar una pequeña granja agrícola que compró en Mogadiscio.

Año 1938. Visita oficial de Graziani a Campionara acompañado por delegados fascistas.

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial en Europa en Septiembre de 1939, Benito Mussolini hizo volver a Graziani a Italia para nombrarle jefe del Estado Mayor del Ejército Real Italiano. En su nuevo puesto Graziani recomendó a Mussolini que fuese prudente porque sabía que las fuerzas armadas no estaban preparadas para participar en la contienda, pero el Duce hizo oídos sordos y el 10 de Junio de 1940 metió a Italia en la contienda al lado de Alemania.

África fue una vez más el destino de Graziani como comandante en jefe de las fuerzas italianas y como Gobernador General de Libia tras la muerte de su anterior comandante Italo Balbo el 28 de Junio de 1940 en un accidente aéreo sobre Tobruk. Se le encargó la misión de llevar a cabo una incursión contra Egipto, plan que vió inviable, ya que él prefería avanzar hacia El Cairo, pues detenerse a mitad del camino en el desierto, suponía un riesgo muy alto tanto a nivel logístico como a nivel de posición vulnerable. A pesar de todo, Mussolini insistió y Graziani cruzó la frontera con Egipto en Septiembre. Con relativa facilidad ocupó la zona de Sidi Barrani, de donde expulsó a los ingleses provocándoles 50 muertos y la destrucción de 22 tanques, 11 vehículos blindados y 4 camiones, todo ello a costa de 91 italianos muertos.


Sidi Barrani sólo significó una victoria virtual, cosa que Graziani sabía, pues tal y como había advertido a Mussolini, detenerse en medio del desierto significaba caer en la trampa del enemigo a largo plazo. Su premonición se cumplió el 9 de Diciembre de 1940, cuando el general británico Archibald Wavell desarrolló la “Operación Compass” con unos 36.000 soldados contra unos desabastecidos y desprotegidos 250.000 italianos. Sin capacidad de moverse y muy alejados de sus bases, los italianos en Sidi Barrani fueron derrotados y expulsados de Egipto. Pero eso no fue lo peor, ya que los británicos penetraron en Libia conquistando y rindiendo todas las plazas italianas a lo largo de Cirenaica que incluyeron el Paso de Halfaya, Sollum, Bardia, Tobruk, Derna y finalmente Beda Fomm, lugar en donde se completó un cerco que dejó atrapados a centenares de miles de italianos, que se rindieron el 9 de Febrero de 1941. La catástrofe fue monumental, pues los italianos sufrieron 115.000 bajas y la destrucción de 400 tanques, 1.292 cañones, 330 aviones; mientras que los británicos sólamente 2.016 bajas y la destrucción de 100 tanques, 4 vehículos blindados, 2 cañones y 15 aviones. A pesar de que Graziani había avisado de lo que podía pasar, el Duce decidió restituirlo del mando el 25 de Marzo de 1941 por el general Italo Gariboldi.

Durante los años siguientes al desastre de Cirenaica, se intentó abrir contra Graziani un proceso por su actuación en África, una investigación que llevó a cabo Tharon de Revel y que finalmente no acabó en nada, ya que precisamente Mussolini había sido el responsable y no el mariscal italiano. Olvidándose de los acontecimientos bélicos que sucedían, Graziani se retiró con su esposa Inés, su hija Wanda y su perro etíope Quoncit a una finca rural de Piani di Arcinazzo en la región del Lazio, lugar en el que disfrutó de un plácido tiempo libre.

Al producirse el Armisticio de Italia con los Aliados el 8 de Septiembre de 1943, Graziani intentó escapar del país mediante la ayuda del Príncipe Humberto de Saboya cuando los alemanes comenzaron la invasión de Italia. No obstante, en el último momento se echó atrás al comprender que había sido el general Pietro Badoglio por orden del Rey Víctor Manuel III quién había traicionado a Italia, entregándosela a los Aliados, abandonando la nación a su suerte con tal de mantenerse en el poder, dialogando con los comunistas, derrocando al Duce y rompiendo ilegalmente los tratados internacionales con Alemania y Japón. Viendo el circo en el que se había convertido todo aquello, Graziani decidió permanecer en Italia y sumarse el 23 de Septiembre de 1943 a la recién instaurada República de Saló por Benito Mussolini, tras haber sido rescatado del cautiverio monárquico por los alemanes.

Benito Mussolini con Graziani. El mariscal juró fidelidad al Duce en la República de Saló hasta el final.

Como Graziani fue el único mariscal de más alto prestigio que había decidido permanecer leal al fascismo, Mussolini le nombró comandante supremo de todas las fuerzas armadas de la República de Saló, es decir, del nuevo Ejército Nacional Republicano (Esersito Nazionale Repubblicano). A partir de la nada, Graziani poco a poco fue creando un ejército de grandes dimensiones. Primeramente empezó apoyándose en las milicias fascistas como las Brigadas Negras, para más tarde reclutar gente entre la población con las que formó las Divisiones “Italia”, “Littorio”, “San Marco” y “Monte Rosa”. Siguieron a estas otras divisiones de alpinos, paracaidistas o Bersaglieri, además de la formación de la Fuerza Aérea Nacional Republicana (Aeronautica Nazionale Repubblicana), la Marina Nacional Republicana (Marina Nazionale Repubblicaba), la Xª Flotilla MAS con unidades de comandos submarinistas e incluso una fuerza en las Waffen-SS extranjeras denominada 29ª División SS Italiana “Italien”. Graziani presionó a los alemanes para que liberasen a todos aquellos soldados italianos en los campos de prisioneros del Tercer Reich, incluyendo a los 7.000 carabineros que él mismo había desarmado con la vuelta de Mussolini debido a su dudosa lealtad, logrando que los germanos soltaran a muchos a los que pudo captar. Otra medida que impidió que se redujesen los efectivos, ya fuera por cobardía o traición, fue establecer unas ordenanzas por las que se fusilaba en el acto a todos los desertores. Gracias a aquellas iniciativas, Graziani creó unas fuerzas militares para la República de Saló que contaron con medio millón de combatientes, un completo éxito del vetarano mariscal.

Más que perdida estaba la guerra para el Ejército Nacional Republicano de Graziani, sin embargo durante dos años, fue la fuerza militar que más dolores de cabeza dió a los Aliados en Europa, ya que les dejó prácticamente clavados en el terreno y les provocó unas bajas que superaban inmensamente a las suyas propias. Algunas de las gestas de Graziani fueron los 600 SS italianos que detuvieron a las fuerzas acorazadas anglo-estadounidenses en la cabeza de playa de Anzio o la Batalla de Garfagnana en donde un número muy reducido de fascistas italianos venció a un grupo compuesto por el doble de americanos en Lucca, provocándoles cerca de 1.000 muertos y 300 prisioneros. También hubo grandes operaciones antipartisanas en retaguardia contra los comunistas italianos en los Apeninos, Piemonte, los Alpes o Lombardía, así como golpes de mano, redadas y emboscadas, que a veces acabaron en crueldades por parte de los dos bandos, ya fuesen ejecuciones o torturas. Ni siquiera Graziani faltó a la cita cuando los guerrilleros yugolsavos de Josip Tito presionaron por el este de la frontera con Eslovenia hacia Trieste. Pero sin duda la mejor actuación de Graziani fue la Batalla de la Línea Gótica, frente que se extendía del Mar Mediterráneo al Mar Adrático, en el que al mando del Ejército Liguria en 1944 provocó un número muy elevado de bajas a las tropas invasoras estadounidenses, británicas, sudafricanas, canadienses, australianas, neozelandesas, indias, francesas libres, polacas libres, griegas libres y brasileñas. Incluso en la última ofensiva aliada contra el Río Po desatada en Abril de 1945, Graziani supo dar la talla causando pérdidas a sus enemigos cuando ni siquiera ya hacía falta luchar. Aquellas batallas de las que salió casi siempre victorioso, convirtieron a Graziani en el mejor militar italiano de la Segunda Guerra Mundial.

Mariscal italiano Rodolfo Graziani junto al general alemán Karl Wolf, pasan revista a los voluntarios italianos de la 29ª División SS “Italien”.

A finales de Abril de 1945, Graziani había perdido el control sobre el restos de las fuerzas militares fascistas cerca del Lago Como, intentando salvar la vida de los partisanos comunistas y de los Aliados. En un chalet de Ticino se reunió con el general alemán Karl Wolf de las SS, quién le informó de que el Ejército Alemán abandonaba Italia para siempre y que a partir de ese momento tendría que continuar sólo. El 26 de Abril Graziani quedó rodeado por fuerzas partisanas en Ticino, por lo que rápidamente se puso en contacto con el general italiano proaliado Raffaele Cadorna, a través de una llamada telefónica con el Arzobispo de Milán Ildefonso Schüster, a quién informó de que deseaba entregarse como un prisionero de guerra y no como un reo para ser víctima de la venganza de los comunistas. Los Aliados que estaban interesados en salvarle la vida, enviaron al agente Emilio Daddario, un capitán italiano al servicio de los americanos que le sacó discretamente de la bolsa partisana. Tuvo mucha suerte, ya que los líderes guerrilleros Sandro Pertini y Corrado Bonfantini habían dado orden de fusilarlo. Provisionalmente metieron a Graziani en la Prisión de San Vittore, pero sólo estuvo dos días, ya que el 29 de Abril fue entregado en Brescia al VI Cuerpo Estadounidense. Al día siguiente, el 30, fue llevado en avión a Florencia, donde comunicó públicamente por la radio deponer las armas a todo el Ejército Nacional Republicano.

Concluída la Segunda Guerra Mundial en Europa, Graziani fue trasladado por los americanos a Argel, en el Norte de África, como un prisionero de guerra con el número AA-253402 en el Campo Nº211. En Argelia permaneció un año hasta que el 16 de Febrero de 1946 se le devolvió a Italia para ser internado provisionalmente en la Prisión de Procida a la espera de juicio. Sin embargo antes de ser juzgado, tuvo un ataque de apendicitis muy grave que casi le hizo perder la vida, por lo que tuvo que ser ingresado en el Hospital Elena de Saboya de Nápoles, siendo curiosamente llevado al centro sanitario por una lancha torpedera primero y luego escoltado en una ambulancia por dos motoristas, una camioneta de policía y un camión con 30 carabineros. Cuando por fin se recobró de su salud, fue encerrado en la Fortaleza de Boccea de Roma para ser sometido al Tribunal Criminal Especial. A lo largo de 79 sesiones que duró el juicio, en Febrero de 1949 el tribunal se declaró incompetente para juzgar unos hechos dentro de la jurisdicción del Ejército Italiano, por lo que el caso fue transmitido al Tribunal Supremo Militar y en concreto al general Emanuele Bernardo di Pralormo. Hasta el 23 de Febrero de 1950 no empezó el nuevo juicio, el cual duró 35 sesiones con una sentencia final de “culpable” en los cargos de haber colaborado con el invasor alemán, algo falso porque Graziani se había amparado en la legalidad fascista de la época. Debido a esta irregularidad y a que ya había cumplido cárcel desde la detención por los Aliados en Argelia, los 19 años de prisión que le cayeron como castigo se convirtieron en sólamente 4 meses que cumplió en el Hospital de Celio debido a su precaria salud. El 29 de Agosto de 1950 salió en libertad estando libre de todos los cargos.

Devuelto a la vida civil, Graziani disfrutó de unos cómodos años con su familia en la casa rural de Arcinazzo y visitando a sus dos hermanas Lavania y Lidia en Affile. Aprovechó su tiempo libre para escribir y publicar sus mémorias títuladas He defendido la Patria (Ho difeso la Patria). También se dedicó por un tiempo a la política, afiliándose al Movimiento Social Italiano (MSI), nuevo nombre del antigo Partido Nacional Fascista (PNF). Durante su breve etapa como político, llenó salones con miles de personas que acudían a escuchar sus discursos y sus viejas gestas en la guerra, como por ejemplo hizo en 1954 durante el Congreso de Viareggio. Antes de retirarse del MSI por motivos de salud, fue nombrado “Presidente Honorario”.

Multitudinario funeral de Rodolfo Graziani en Affile.

A la edad de 72 años, la vida de Rodolfo Graziani se apagó para siempre de manera natural. A su funeral en Roma acudieron miles de personas que desfilaron durante horas detrás del féretro para decirle su último adiós.

Como la Segunda Guerra Mundial y el tema del fascismo se convirtió en un tema molesto para Italia en las décadas posteriores, a veces real y otras inducido con malicia, la memória de Graziani fue injustamente tratada bajo falsos testimonios sobre “colaboración” que no se ajustaban a la realidad. Sólamente los sectores fascistas y una parte de los derechistas hicieron gala al recuerdo del mariscal. La tendencia cambió a partir del siglo XXI, cuando Italia empezó poco a poco a ver con más normalidad la Era Fascista, período que al fin y al cabo formaba parte de su Historia. Por eso en el año 2012, bajo una fuerte polémica no superada todavía por una parte de la población, se erigió en Affile con fondos públicos un monumento en honor a Rodolfo Graziani en el que rezaban las palabras “Patria” y “Honor”.

Quizá no fuese de la talla de grandes generales de la Segunda Guerra Mundial como el alemán Erwin Rommel, el americano George Patton, el soviético Georgi Zhukov o el japonés Isoroku Yamamoto, pero sin duda Rodolfo Graziani fue un mariscal que con unas fuerzas inferiores tanto numéricamente como teconológicamente, realizó proezas en los campos de batalla y se convirtió en uno de los más audaces militares de la Historia de Italia.

viernes, 3 de junio de 2016

La increíble Historia del Ejército Cosaco de Italia


Fotografía de guerreros cosacos con sus hijos vestidos de uniforme durante la Segunda Guerra Mundial.


A finales de 1942 los cosacos habían tenido que abandonar las tierras de los Ríos Don, Kuban, Volga y Terek, a causa del retroceso de los ejércitos del Eje y el avance del Ejército Rojo. Mucho antes de la Segunda Guerra Mundial el pueblo cosaco había sufrido una persecución sistemática y genocida por parte de la Unión Soviética a las órdenes de Vladimir Lenin, un período que se conoció como la Descosaquización, en el que más de medio millón de cosacos fueron exterminados. Con la llegada de las tropas del Eje al estallar la guerra contra la URSS, los cosacos recibieron a los soldados de Alemania, Rumanía e Italia como liberadores cuando pisaron sus tierras. Adolf Hitler les prometió crear un Estado Cosaco, pero la derrota en la Batalla de Stalingrado hizo que la comunidad cosaca se lanzara al exilio. Para 1944 la promesa del Estado Cosaco no era más que una mera ilusión hasta que en Marzo Hitler cumplió su palabra ofreciendo un territorio en la República Social Italiana de Benito Mussolini, dicho lugar sería bautizado como la Tierra de los Cosacos en Italia del Norte (Kosakeland in Nord Italien) o “Cossackia”.

La Tierra de los Cosacos en Italia del Norte, el Estado Cosaco que muchos habían esperado, se construyó a costa de expulsar a los italianos de sus ciudades y pueblos que fueron rebautizados con nombres rusos y poblados por militares, mujeres y niños cosacos en un área que comprendía el triángulo Alesso-Cavazzo-Tomezzo. Un ejemplo desitalianización y cosaquización fue la sustitución como es el caso del nombre del pueblo de Cavazzo por Krasnodar o Alesso por Novocerkassk. Pero todo eso significaba que el pueblo italiano y en especial los partisanos comunistas se sintieran invadidos por los cosacos e iniciaran una guerra de guerrillas contra ellos alrededor de todos los Alpes. Para defenderse de tal amenaza y proteger a los ciudadanos del naciente nuevo Estado Cosaco se creó el Ejército Cosaco de Italia.

A partir de los campos de refugiados cosacos de Novogurdki y Baranovichi en Bielorrúsia se empezaron a reclutar a las nuevas unidades que debían componer el Ejército Cosaco de Italia. Entre los perfiles de cosacos que formararían dicho ejército estaban los voluntarios con más de 16 años, los soldados que ya combatían en el XV Cuerpo de Caballería SS y un reducido número de soldados caucásicos venidos desde Georgia y Daguestán, estos últimos de origen musulmán panturco, que se alistaron por su común odio al bolchevismo. Un total de 35.000 cosacos fueron llegando a “Cossackia”, de los cuales 20.000 eran militares y 15.000 civiles, con ellos también vinieron 15.000 caballos de diferentes razas procedentes de Siberia, Kabardia y Croacia, además de 50 camellos. El Atamán (líder tribal en cosaco) Timofey Domanow, fue puesto al mando supremo del Ejército Cosaco en Italia y de las operaciones militares en su sector de los Alpes.

La fuerza de choque más destacada era el 1º Regimiento de Caballaría Cosaca formada por los 1st, 2nd, 3rd, 4th, 5th y 6th Escuadrones de Caballería que sumaban 750 cosacos con sables y 12 cañones de 45 milímetros. La 1ª Brigada del Don comprendía los 1º y 2º Regimientos del Don con 6 cañones de 45 milímetros, mientras que la 2ª Brigada Mixta formada por voluntarios de los Urales, Siberia, Astracán y Orenburg se construía por el 3º Regimiento del Kuban y el 4º Regimiento del Terek-Stavropol con otros 6 cañones de 45 milímetros; teniendo cada brigada la Compañía de Plana Mayor, Compañía de Ingenieros, Compañía de Transmisiones, Escuadrón de Caballería, Escuadrón de Caballería de Policía Militar y Destacamento Blindado. Más tarde se hizo la 2ª División de Caballería Cosaca con voluntarios de entre 40 y 52 años, dicha unidad la encuadraba la 3ª Brigada Mixta con con el 5º Regimiento Mixto y 6º Regimiento del Don, más la 4ª Brigada Mixta con el 3º Regimiento de Refuerzo y los 1st, 2nd y 3rd Batallones de Autodefensa “Stanitsas”, además de poseer un Destacamento Disciplinario. Se formó también una fuerza de operaciones en retaguardia llamada Grupo Especial Atamán con 2.000 hombres, entre los que había 120 oficiales. El Grupo Convoy con caballería para el transporte contaba con 700 cosacos y 4 ametralladoras. La Guardia Personal a Caballo “Domanow” tenía 25 cosacos y la Guardia Personal a Caballo “Krasnow” un total de 48 cosacos del Mar Negro; mientras que la Guardia de Honor contaba con otros 36 voluntarios con edad de entre los 65 y 75 años, de los cuales todos eran veteranos de la Primera Guerra Mundial y tenían 4 Cruces de San Jorge y 4 Medallas de San Jorge de la época del Zar Nicolás II. La Policía Montada a Caballo ascendía a 720 jinetes y 12 ametralladoras, el Destacamento Especial 600 cosacos con 2 ametralladoras y el Estado Mayor 78 oficiales y civiles de personal. Existía también una Reserva Cosaca formada 1.400 soldados que habían formado parte del Ejército Expedicionario Italiano en Rusia, concretamente del Grupo Autónomo Cosaco Saboya, y que como recompensa Mussolini les regaló la nacionalidad italiana. Las armas de todos los cosacos eran todas de origen soviético: rifles Moisint-Nagant, pistolas Tokarev T33 o subfusiles Pphs.


Diversos lugares estratégicos ocupó el Ejército Cosaco de Italia para proteger a los civiles, especialmente durante el traslado de estos desde Bielorrúsia y Polonia hasta los Alpes durante la “Operación Atamán” iniciada el 12 de Julio de 1944. Gémona del Friuli fue el sitio designado para situar el Cuartel General Cosaco. Urbes de considerable importancia como Tolomezzo ubicaron el acuartelamiento del 1º Regimiento de Caballería; Val Tagliamento el del 1º Regimiento del Don y el 4º Regimiento del Terek-Stavropol; Nimis se empleó para el del 2º Regimiento del Don; y por último Cavazzo para el del 3º Regimiento del Kuban. Se llegó a inaugurar una Escuela de Oficiales-Cadetes en Chialina que para autodefenderse contaba con 2 lanzagranadas de 52 milímetros, 3 cañones de 45 milímetros y 15 ametralladoras. A modo de embajada como enlace militar con las fuerzas armadas del Tercer Reich, se ubicó en Berlín una administración cosaca representada por los Atamanes Vyachislav Naumenko, Piotr Krasnow y Nikolaij Kulakow.

Ejército Cosaco en Italia:
1º Regimiento de Caballería Cosaco:
-1st Escuadrón de Caballería
-2nd Escuadrón de Caballería
-3rd Escuadrón de Caballería
-4th Escuadrón de Caballería
-5th Escuadrón de Caballería
-6th Escuadrón de Caballería
1ª Brigada del Don:
-1º Regimiento del Don
-2º Regimiento del Don
-Compañía de Plana Mayor
-Compañía de Ingenieros
-Compañía de Transmisiones
-Escuadrón de Caballería
-Escuadrón de Caballería de Policía Militar
-Destacamento Blindado
2ª Brigada Mixta:
-3º Regimiento de del Kuban
-4º Regimiento del Terek-Stavropol
-Compañía de Plana Mayor
-Compañía de Ingenieros
-Compañía de Transmisiones
-Escuadrón de Caballería
-Escuadrón de Caballería de Policía Militar
-Destacamento Blindado
2ª División Cosaca de Infantería:
·3 Brigada Mixta
-5º Regimiento Mixto
-6º Regimiento del Don
·4ª Brigada Mixta
-3º Regimiento de Refuerzo
-1st Batallón de Autodefensa de “Stanitsas”
2nd Batallón de Autodefensa de “Stanitsas”
3rd Batallón de Autodefensa de “Stanitsas”
·Destacamento Especial
·Batallón Disciplinario
Formaciones Independientes:
-Estado Mayor
-Grupo Especial “Atamán”
-Grupo Convoy
-Guardia Personal a Caballo “Domanow”
-Guardia Personal a Caballo “Krasnow”
-Guardia de Honor
-Policía Militar a Caballo
-Destacamento Especial
-Escuela de Oficiales-Cadetes
-Escuela de Adiestramiento de Oficiales
-Reserva Cosaca
-Reserva de Oficiales

Desde el primer momento en que los cosacos se establecieron en el norte de Italia los partisanos italianos en los Alpes comenzaron a combatirlos. La rabia italiana era normal al haber venido unos extranjeros de Rusia para expulsarlos de sus tierras, por lo que no dudaron en usar todo tipo de violencia indescriptible, como el atentado bomba de Ovaro en el que partisanos italianos y comunistas desertores georgianos del Cáucaso asesinaron a 100 cosacos, entre los que había mujeres y niños.

Cuando los cosacos vieron que su guerra contra los guerrilleros comunistas italianos iba en serio, se emplearon a fondo contra ellos. Al final salieron perdiendo los partisanos italianos, pues eran novatos que peleaban contra los mismos cosacos de la Primera Guerra Mundial, la Guerra Civil Rusa y la Segunda Guerra Mundial, más de 20 años de luchas. Ante tal veteranía los grupos guerrilleros fueron siendo golpeados duramente y sus líderes apresados. Para otoño de 1944 la guerrilla italiana se había prácticamente extinguido en la Tierra de los Cosacos de Italia del Norte.

Gran Bretaña y Estados Unidos en cuanto se enteraron de la existencia de un Estado Cosaco en Italia, decidieron hacerle la guerra. El 22 de Noviembre de 1944 la aviación aliada bombardeó duramente la localidad de Osoppo matando a 200 cosacos y a 200 de sus caballos.

Al empezar el año 1945 el frente en los Alpes estaba ausente completamente a causa de las grandes nevadas. En ese tiempo de descanso se aprovechó el 14 de Enero para sustituir a Domanow por el nuevo Atamán Piotr Nikolajevisch Krasnoff de 76 años, que fue recibido jubilosamente en Villa de Verzegnis por 3.500 civiles cosacos que organizaron un gran festejo.

Desde Febrero los cosacos anotarían más éxitos como la captura el día 28 del comisario partisano de la Brigada Garibaldi que fue paseado y abucheado por las localidades cosacas antes de ser entregado a los alemanes. Poco días después, el 2 de Marzo, los cosacos destruyeron al grupo de mando de la Brigada Carnia de los guerrilleros a los que mataron o capturaron prisioneros.

La guerra en los Balcanes también afectó a los cosacos, ya que “Cossackia” limitaba con Eslovenia y la Yugoslavia de los partisanos de Josip Tito. Fue en la región de Nimis-Tarento donde un regimiento cosaco fue exterminado por los yugoslavos. Por suerte los cosacos tomaron nota al ver que los guerrilleros yugoslavos eran más poderosos que los italianos e impusieron medidas: la 1ª Brigada del Don se estableció en Gradizen-Tolomino, la 2ª Brigada Mixta entre la línea Grandisca-Trieste y Rajo Friuli y el 1º Regimiento de Caballería Cosaco en Udine. Con esta formación lograron detener el avance partisano en Eslovenia aunque a costa de muchas bajas por ambos bandos.

A medida que los Aliados avanzaban en Italia la guerrilla se fue recrudeciendo en la Tierra de los Cosacos de Italia del Norte. Un ejemplo de esto fue el asesinato de 80 cosacos por los partisanos italianos el 25 de Abril de 1945 en una matanza que tuvo lugar en el pueblo de Avasinis.

Nada más enterarse de la rendición de las fuerzas alemanas en Italia el 29 de Abril de 1945, los cosacos iniciaron la rápida evacuación. La Tierra de los Cosacos de Italia del Norte comenzó a ser abandonada desde el mismo 30 de Abril en cuanto se supo que Adolf Hitler se había suicidado en Berlín. Miles de civiles acompañaron a los soldados a caballo o camello por los pasos de los Alpes, arrastrando todas las pertenecias consigo a través de las fuertes nevadas, los constantes ataques de la aviación anglo-norteamericana y los asaltos de partisanos italianos y yugoslavos.

Durante la retirada por los Alpes las primeras bajas se produjeron a causa de las bombas lanzadas por aviones ingleses y estadounidenses sobre el 1º Regimiento de Caballería Cosaco y la 1ª Brigada del Don. Antes de acabar Abril el 2º Regimiento del Don consiguió rechazar a los guerrilleros italianos en Amaro, que poco después tomaron. El día 1 de Mayo se produjo una tragedia cuando comunistas italianos cercaron a las guarniciones cosacas en Chialina y Ovaro, poniendo al mismo tiempo una bomba en esta última que al explotar mató a 42 personas e hirió a 26 más, siendo muchas de las víctimas mujeres y niños, rindiéndose el resto a sus verdugos. Al día siguiente tuvo lugar otra desgracia del lado contrario en el pueblo de Chiassis, una localidad asediada por los guerrilleros que finalmente fue liberada por un grupo cosaco de Muino, entonces como represalia por lo del día anterior los cosacos ejecutaron a 26 de los partisanos italianos.

No fue hasta el 3 de Mayo cuando los cosacos empezaron a llegar a Austria, haciéndolo a través del Paso de Plöcken, una operación que se prolongaría días. Sólo un grupo de cosacos pudo rendirse al Ejército Británico dentro de territorio italiano, en este caso Gemona. Finalmente todos los cosacos se establecieron en Austria el 7 de Mayo de 1945, concretamente en el Valle de Drava en donde se rindieron a los británicos entre Mauthen y Koetschach.

El futuro de los más de 35.000 cosacos rendidos a las tropas de Reino Unido fue de lo más trágico.

Internados en los campos de Lienz, Oberdrauburg y Peggetz, Gran Bretaña comenzó su deportación hacia la Unión Soviética según estipulaban los Acuerdos de Yalta firmados por ambas potencias. Los oficiales se los esparó en el campo de prisioneros de Spithal y el 29 de Mayo se los entregó a los soviéticos en Judemburg, los cuales fusilaron con destacamentos de la NKVD a 2.000 de ellos, en muchos casos delante de los británicos. A continuación el 1 de Junio de 1945 los ingleses atacaron los campos de refugiados cosacos ante la negativa de estos de regresar a la URSS porque sabían que los matarían. Un grupo de cosacos dirigidido por el Atamán Kusma Polunin hicieron frente a los británicos para proteger a sus familias, pero en seguida fueron muertos por las bayonetas y tanques. Entre el 1 y 7 de Junio todos los cosacos supervientes fueron entregados a los soviéticos. Unos pocos consiguieron escapar ayudados por campesinos austríacos o marchar a Francia, nación que se prestó a acogerlos y darles la nacionalidad gala cuando supo del martirio que estaban sufriendo. Los que fueron entregados a la URSS murieron ejecutados como los Atamanes Timofey Domanow o Piotr Krassnoff, el resto fueron enviados a campos de concentración o gulags en donde morirían bajo las terribles condiciones. A los últimos supervientes, el Presidente Nikita Jruschov les perdonó las condenas y los liberó en 1953, culpando a Stalin de todo su calvario.

No sería hasta 1991 con la caída de la Unión Soviética, cuando los cosacos quedaron reintegrados completamente en la República Rusa con sus respectivas autonomías y volvieron a convertirse en la orgullosa élite del Ejército Ruso con todos los honores.

lunes, 14 de marzo de 2016

La recolonización de Libia

Omar el-Mukhtar


Lo que hoy sucede en Irak, Libia y Siria es un rotundo desmentido para quienes creen que el colonialismo es cosa del pasado. En 2001, Estados Unidos decidió –a raíz de los acontecimientos del 11 de septiembre– atacar esos 3 países… y otros más. Y si hubo que esperar 10 años para asistir al inicio de las guerras contra Trípoli y Damasco, fue porque había que privar previamente a esos Estados de sus posibilidades de defenderse y crear coaliciones internacionales para disfrazar las agresiones coloniales de «operaciones humanitarias». Veamos el caso de Libia.

En la comedia de equivocaciones del pequeño teatro de la política, el primer actor Renzi ha dicho que «Italia hará su parte» en Libia.

Por consiguiente, en cuanto el Pentágono declaró que Italia hará el «papel de guía», Renzi declaró que «la misión militar italiana en Libia no está en el orden del día», cuando en realidad esa misión ya comenzó, con las fuerzas especiales que el parlamento italiano puso a las órdenes del primer ministro. Y para dar la luz verde oficial, el primer ministro Renzi espera por la formación, en Libia, de «un gobierno súper-sólido que no nos haga repetir los errores del pasado». Echemos un vistazo al pasado, mientras esperamos que el espejismo de un «gobierno súper-sólido» aparezca en el desierto libio.

En 1911, Italia ocupó Libia con un cuerpo expedicionario de 100 000 hombres. Poco después de su desembarco, el ejército italiano fusiló y ahorcó a 5 000 libios mientras que deportaba a miles.

En 1930, por orden de Mussolini, la mitad de la población de la región libia de Cirenaica fue deportada a unos 15 campos de concentración, mientras que la aviación italiana trataba de aplastar la resistencia bombardeando las aldeas con armas químicas y el ejército italiano desplegaba 270 kilómetros de alambradas para rodear toda la región. El jefe de la resistencia libia, Omar al-Mukhtar, fue capturado y ahorcado en 1931. Luego comenzó la colonización de Libia en el plano demográfico, mediante la ocupación de las tierras más fértiles y el desplazamiento forzoso de la población hacia tierras áridas.

A principios de los años 1940, la Italia derrotada fue reemplazada en Libia por Gran Bretaña y Estados Unidos. El emir Idris al-Senussi, convertido en rey por los ingleses en 1951, concedió a esas dos potencias el derecho de utilizar bases aéreas, navales y terrestres en suelo libio. A las puertas de Trípoli, Wheelus Field se convirtió en la base aérea y nuclear más importante de Estados Unidos en el Mediterráneo.

En 1956, el rey Idris firmó con Italia un acuerdo que disculpaba a ese país europeo por los daños causados en Libia y permitía que la comunidad italiana conservara su patrimonio. Los yacimientos petrolíferos libios, descubiertos en los años 1950, acabaron en manos de la empresa británica British Petroleum, de la estadounidense Esso y de la italiana Eni. Duramente reprimida, la rebelión de los nacionalistas desembocó en 1969 en el golpe de Estado –sin derramamiento de sangre y de corte nasserista– de los «oficiales libres» encabezados por Muammar el-Kadhafi.

La monarquía fue abolida, la Yamahiriya Árabe Libia obligó a Estados Unidos y Gran Bretaña a salir de las bases militares y nacionalizó las propiedades extranjeras. Durante las siguientes décadas, Libia alcanzó, según el Banco Mundial, «altos indicadores de desarrollo humano», con un crecimiento del PIB de un 7,5% anual, un alto ingreso medio por habitante, acceso universal a la instrucción primaria y secundaria y un 46% de acceso a la enseñanza superior. Más de 2 millones de migrantes africanos encontraban trabajo en Libia. Ese Estado, que constituía un factor de estabilidad y desarrollo en el norte de África, había favorecido con sus inversiones el nacimiento de organismos que habrían posibilitado la autonomía financiera y el surgimiento de una moneda propia de la Unión Africana.

Estados Unidos y Francia –como ha podido comprobarse en los correos electrónicos de Hillary Clinton– decidieron impedir «el plan de Kadhafi de crear una moneda africana», que hubiese sido una alternativa al uso del dólar y del franco CFA. Para ello, y para apropiarse del petróleo libio, la OTAN –bajo las órdenes de Estados Unidos– iniciaba la campaña contra Kadhafi, y en Italia la «oposición de izquierda» italiana estuvo en primera línea de esa campaña. El resultado fue la destrucción del Estado libio, que también fue atacado desde adentro con grupos terroristas y fuerzas especiales.

El subsiguiente desastre social, que está dejando más víctimas que la guerra misma, sobre todo entre los migrantes, abrió la puerta a la reconquista y la partición de Libia, donde ahora vuelve a desembarcar una Italia que, pisoteando su propia Constitución, reactiva su pasado colonial.

por Manlio Dinucci

jueves, 29 de octubre de 2015

La Marcha de Mussolini sobre Roma


Abismal era la crisis en el verano de 1922 en el Estado Italiano. Los marxistas con muchos adeptos se acercaban cada vez más a la revolución y los fascistas no paraban de sembrar violencia. Nadie se lo esperaba, pero Benito Mussolini desde hacía tiempo había decidido zanjar los problemas de una vez por todas con la toma del poder a la fuerza.

Básicamente las causas de esta decisión fueron la huelga general convocada por las izquierdas en todo el país en Agosto de 1922 que a punto estuvieron de tomar el poder e instaurar la revolución bolchevique como en Rusia. De no ser por la intervención de miles de fascistas que la disolvieron a base de lucha callejera y porrazos, una guerra civil hubiese podido tener lugar. Como consecuencia de esto el Partido Nacional Fascista (Partido Nazionale Fascista) comprendió que en cualquier momento los comunistas podían hacerse con el control de Italia. Los partidos democráticos, ya muy debilitados, no servían para nada y menos frente a la marea revolucionaria. Sólo había dos posibles resultados: o los fascistas asaltaban el poder o de lo contrario lo harían los bolcheviques.

Marcha sobre Roma de Camisas Negras.

Muy detenidamente Mussolini estudió la posibilidad de marchar a Roma para convencer al Rey Victor Manuel III ante la necesidad de un cambio de Gobierno por otro más fuerte dirigido por fascistas. El problema era la republicanidad de los fascistas, completamente antimonárquicos. Esa fue la razón por la cual Mussolini hubo de renunciar temporalmente a la República y adoptar un discurso monárquico, aunque bastante débil y moderado.

A mediados de Octubre de aquel 1922, en Milán se tomó la decisión de avanzar sobre Roma. Mussolini designó a un Cuadrunvirato para dirigir las operaciones. Sus miembros fueron: Michelle Bianchi, Italo Balbo, Emilio de Bono y Cesare Maria de Vecchi.

Tanto las escuadras de Camisas Negras y la Milicia Fascista se repartirían en tres regiones italianas distintas: Ancano al mando del general Gustavo Fara, Civitavecchia bajo control del general Sante Caccherini y Orte dominada del general Emilio de Bono. Como punta de lanza de avance irían tres columnas: La Columna Civiatavecchica del general Dino Perrone Compagni con 4.000 hombres, la Columna Tívoli del general Giuseppe Bottai con 8.000 hombres y la Columna Monterotondo del general Ulisse Igliori con 2.000 hombres.

Las palabras de Benito Mussolini antes de la Marcha sobre Roma fueron:
“O nos dan el Gobierno o lo tomaremos bajando a Roma”.

Marcha sobre Roma

Repentinamente, el 27 de Octubre de 1922, tres enormes columnas de Camisas Negras iniciaron el avance hacia Roma procedentes desde Civiatavecchica, Tívoli y Monterotondo. Por el camino la gente de todas las clases sociales se les unió emocionada, tanto campesinos y obreros, como industriales y comerciantes, e incluso exveteranos de la Primera Guerra Mundial descontentos con el injusto resultado.

Cuando el Gobierno en Roma se enteró de lo que estaba sucediendo, entró en crisis. Como resultado el Partido Socialista Italiano y el Presidente Luigi Facta dimitieron dejando un vacío de poder muy importante.

Durante todo el resto del día 27, los Camisas Negras y la Milicia Fascista se fueron acercando a la capital. Por el camino tuvieron un total apoyo de la Policía Italiana y los Carabineros (Carabinieri) que en ningún momento les pusieron impedimentos. Por otra parte el Ejército Real Italiano (Regio Esercito) y los militares hicieron la vista gorda. Simultáneamente la Confindustria de Roma se posicionó al lado de los sublevados.


Camisas Negras y Escuadras Fascistas entrando en Roma.

Sin apenas toparse con resistencia las escuadras fascistas se apoderaron de oficinas de correos y telégrafos, prefacturas, puestos de radio y nudos ferroviarios, incluso se hicieron con algunos trenes para facilitar la marcha. También los Camisas Negras tomaron algunos cuarteles e instalaciones militares, aunque en muy pocos casos porque los soldados los recibieron con los brazos abiertos. Ni sindicatos ni partidos de izquierdas se opusieron a la marcha, sólamente se ocultaron en sus sedes y delegaciones que fueron ignoradas por los fascistas.

A lo largo de la noche del 27 al 28 de Octubre, el Rey Víctor Manuel III inició unas muy alteradas negociaciones entre el Gobierno y los fascistas. El mariscal Armando Díaz y el general Luigo Federzoni aconsejaron al monarca que pactara con los fascistas para evitar que cayera la Corona de los Saboya. Mientras tanto, fuera del Palacio Real en Roma, sin nadie percatarse aquella noche, los Camisas Negras comenzaron a entrar en la capital italiana sin encontrar oposición. Para llamar a la tranquilidad colgaron carteles que rezaban “conservar la calma”. Viéndose acabado y antes de que la cosa acabara en un baño de sangre, el Rey hizo llamar a Benito Mussolini que en aquellos momentos se encontraba en Milán para que se presentara ante él a negociar.

Benito Mussolini rodeado de Camisas Negras camina triunfal por la capital romana tras la exitosa marcha. Año 1922.

Mussolini se trasladó a Roma el 28 de Octubre de 1921, entrando en la capital italiana ovacionado por multitudes y saludado como si fuera Julio César. Apenas tardó unos pocos minutos hasta que se reunió con el Rey en el Palacio. Su palabras al monarca fueron: “Pido perdón a vuestra Majestad por tener que presentarme con la Camisa Negra puesta, de vuelta de la batalla, afortunadamente incruenta, que se ha tenido que librar. Traigo a vuestra Majestad la Italia de Vittorio Véneto, de nuevo consagrada por la victoria, y soy fiel siervo de vuestra Majestad.” A continuación el líder fascista expuso al monarca su más sincera fidelidad a la Corona y a Italia. Contento por el comportamiento de Mussolini, el Rey le encargó formar Gobierno para que de esa manera pudiese frenar la época de revueltas que tenía a Italia sumida en el caos y la anarquía.

El mismo 28 de Octubre de 1921, fecha que pasaría a la Historia, Benito Mussolini fue declarado “Duce (Guía)” de Italia bajo coalición de todos los partidos políticos y el suyo. A partir de entonces nació un nuevo calendario adoptado del romano, la Era Fascista.

jueves, 20 de agosto de 2015

Museos italianos de luto por decapitación de célebre arqueólogo sirio

Los museos y parques arqueológicos de Italia izaron este jueves a media asta la bandera para rendir homenaje al célebre arqueólogo sirio Jaled al-Assaad, director por 40 años del parque arqueológico de Palmira, decapitado por el grupo Estado Islámico.

La decisión fue tomada por el ministro de Cultura, Dario Franceschini, tras la propuesta del alcalde de Turín, Piero Fassino, indignado por la ejecución de uno de los mayores expertos en arqueología de MedioOriente, jefe de antigüedades de Palmira de 1963 a 2003.

Assaad, de 82 años, fue ejecutado por los yihadistas el martes por la tarde en la famosa ciudad antigua de la provincia de Homs (centro), su cuerpo fue colgado de un poste y la cabeza abandonada en el piso.

El primer ministro italiano, Matteo Renzi, propuso por su parte que todas las reuniones organizadas por su partido, el Partido Democrático(izquierda) durante el verano boreal, llamadas la "Fiesta de la Unidad", dediquen una jornada al arqueólogo.

"No hay que ceder ante la barbarie", escribió en un tuit Renzi.

La Unesco, Francia y Estados Unidos denunciaron el asesinato "brutal" cometido por "bárbaros".

En el cartel colocado en el cadáver de Al Asaad, los yihadistas lo acusan de ser un partidario del régimen sirio, por haberlo representado en conferencias en el extranjero junto con "infieles", y de ser el director de los "ídolos" de Palmira.

Los yihadistas tomaron la ciudad vieja de Palmira, inscrita en el Patrimonio Mundial de la UNESCO por sus famosas ruinas, el 21 de mayo.

La versión extrema del islam promovida por el grupo EI proscribe formalmente la visita de estos sitios arqueológicos o históricos, y considera las estatuas de figuras humanas o animales como idolatría.

Según la ONU, más de 300 sitios históricos sirios han sido dañados, destruidos o saqueados desde que inició el conflicto en 2011.

Por lo menos algo de dignidad le queda a una nación europea, cuando es muy evidente que la creación de estos salvajes criminales del ISIS son obra precisamente de ellos, del Occidente.

miércoles, 17 de junio de 2015

Ministro libio: Misiles Scud de Daesh podrían alcanzar Italia


Los misiles balísticos Scud del grupo terrorista EIIL (Daesh, en árabe) podrían alcanzar cualquier punto en Italia, advirtió un ministro del Gobierno de Libia.

“Los elementos terroristas de Daesh que operan en Libia son capaces de atacar Italia con misiles balísticos Scud”, indicaron el lunes los medios italianos, citando al ministro de Información libio, Omar al-Gawari.

El funcionario del Gobierno libio, cuya sede está en la localidad de Tobruk (este), subrayó que este grupo ultraviolento ya tiene acceso a los misiles Scud, y advirtió además de la presencia de exmilitares del régimen del derrocado dictador iraquí, Saddam Husein en Libia, quienes están listos para llevar a cabo cualquier tipo de atentado.

Esas amenazas, prosiguió Al-Gawari, hacen necesaria la participación de Italia en la operación antiterrorista en este país norteafricano.

Las dos facciones principales del país son el gobierno interino encabezado por el premier, Abdolá al-Thani, nombrado por la Cámara de Representantes, que se vio forzado a abandonar Trípoli (capital) y reubicarse en Tobruk y el llamado gobierno de Salvación Nacional cuya sede se encuentra en la ciudad capitalina.

No es la primera vez que el Gobierno libio en Tobruk, internacionalmente reconocido, advierte de una posible incursión de Daesh contra el continente verde.

El ministro libio de Asuntos Exteriores, Mohamad al-Dairi, advirtió el pasado 10 de abril, del riesgo que supone que este grupo terrorista se expanda por los países europeos y los de la región de Oriente Medio.

Y, el pasado 17 de mayo, el asesor del Gobierno libio, Abdol Basit Harun, indicó a la agencia británica de noticias BBC que Daesh utiliza barcos de inmigrantes en el mar Mediterráneo para exportar terroristas a Europa.

sábado, 28 de marzo de 2015

Tina Modotti, arte y compromiso comunista

Por Oleg K.

Compañera y revolucionaria internacionalista, con un compromiso hacia el comunismo sin fisuras, adoptando posiciones que incluso hicieron despertar las conciencias conservadoras de su tiempo, incluidos sus propios camaradas. Ejemplo a seguir de lucha por la igualdad real entre hombres y mujeres, de lucha por una nueva sociedad comunista. Por su extraordinaria vida, seguimos entre todos su camino.
Tina Modotti nació el 16 de agosto de 1896 en Udine, ciudad de fábricas textiles en el norte de Italia. Su padre era Giuseppe Modotti, mecánico y su madre, Assunta Mondini, por lo que su nombre completo fue Assunta Adelaide Luigia Modotti Mondini.
Tina tuvo una educación muy parcial, hija de obreros, ya a los 12 años se vio precisada a trabajar en una fábrica textil, pero las penurias familiares no mejoraban. Y así toda su familia, cuando contaba 17 años, emigraron a San Francisco, Estados Unidos, donde en un año trabajó en una fábrica de seda hasta 1914 y después como modista hasta 1917.
Tenía 21 años cuando se casa con el poeta y pintor Roubaix de l’Abrie Richey, estableciéndose en Los Ángeles. En 1921 conoce a Edgard Weston, uno de los mejores fotógrafos de su tiempo, quien le enseña fotografía y la retrata como modelo. Conoce a actores, actrices y directores de Hollywood, interviniendo en algunas pequeñas películas de cine mudo.
Un año más tarde, en 1922, tras el fallecimiento de su marido, llegó a México donde conoció a Xavier Guerrero (miembro del Comité Central del Partido Comunista Mexicano) y por aquel tiempo ayudante del pintor Diego Rivera, además conoció a David Alfaro Sequeiros; con todos tuvo una gran amistad. Tras volver a EEUU, ya como compañera de Weston (éste había roto con su mujer) y junto a su hijo Chandler, trabajan activamente con el movimiento revolucionario mexicano, a través de la Unión Mexicana de Artistas, integrada por Diego Rivera, Manuel Álvarez Bravo, Charlie Chaplin, Siqueiros, Frida Kahlo y otros.