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domingo, 29 de mayo de 2016

El 15-M congoleño tiene nombre español: “LUCHA”


Once de sus militantes están encarcelados por reclamar justicia, igualdad y democracia. Exigen un país con poder de decisión frente a las multinacionales que explotan sus recursos

Aquella noche del 15 de febrero, cuando la oscuridad se había abatido ya sobre Kinshasa, Víctor Tesongo emprendió el camino de vuelta a casa a pie. Caminaba sereno, ajeno a los dos hombres que le acechaban amparados por las tinieblas. Cuando se abalanzaron sobre él, apenas si tuvo tiempo de forcejear antes “de sentir el cañón de un arma” en su sien. Los hombres iban de paisano, no llevaban orden de detención, no dijeron quiénes eran. La única pista que nadie se había molestado en disimular era, recuerda el joven, “las letras PR grabadas en la matrícula del coche” en el que le metieron a empellones. PR, las placas que identifican a los coches de la Presidencia. La noche en la que Víctor desapareció era la víspera de la jornada “Ciudad Muerta”, la huelga general en la que el pueblo congoleño estaba llamado por la oposición y diversas asociaciones civiles a dejar desiertas las calles como muda protesta ante la intención del presidente Joseph Kabila de posponer las elecciones y perpetuarse así en el poder.

Víctor Tesongo, licenciado en Derecho de 26 años, ha recorrido desde entonces un camino de resistencia. No es el único; solo uno más de un grupo de 11 jóvenes militantes -10 chicos y una chica- entre rejas por pedir justicia y democracia en la República Democrática del Congo (RDC). Todos han sido objeto de graves acusaciones como “propagación de falsos rumores”, “incitación a la desobediencia civil” e incluso “atentado contra la seguridad del Jefe del Estado”. Cargos que, para Amnistía Internacional, disfrazan un único motivo real: su pertenencia al movimiento juvenil LUCHA, en el punto de mira de las autoridades por su denuncia de la falta de libertades. 


“En 2012, varios de nuestros amigos estaban encarcelados. En la prisión, brindaban con agua diciendo: “A la lucha” (¡Por la lucha!). Así hicimos nuestra esa palabra que habíamos oído en canciones españolas y latinoamericanas. Luego, en 2013, nos dimos cuenta de que nuestro movimiento no tenía nombre y entonces decidimos usar ese término que ya nos distinguía. Así nos bautizamos como LUCHA, que es también el acrónimo de Lutte pour le Changement (Lucha por el Cambio en francés). Para entonces ya habíamos oído hablar de los “indignados” españoles [el 15-M) pero nuestra movilización, aunque se expresa de forma similar, no está inspirada en la suya”, recalca Fred Bauma, uno de los líderes de la organización que, como Víctor y otros cuatro compañeros, está encarcelado en Kinshasa.


Jóvenes congoleños miembros del grupo LUCHA durante una protesta en Goma (Foto: LUCHA).

Lo que los miembros de LUCHA reclaman es democracia, justicia, un Congo con poder de decisión frente a las multinacionales que explotan sus recursos y, también, que el presidente Kabila respete la Constitución y abandone el cargo al terminar su segundo y en teoría último mandato a finales de este año, algo a lo que él y su camarilla se muestran reticentes so pretexto de dificultades financieras y logísticas para organizar las elecciones. 

Aunque esta última reivindicación les ha valido especialmente las iras de un poder que se enfrenta a una creciente contestación y que trata de vincular a la organización con la oposición política, en realidad el movimiento no se adscribe a ningún partido. Sus acciones sí son, sin embargo, políticas si se considera como tal el hecho de exigir el respeto de las libertades. Pero, por encima de todo, estos jóvenes muestran una honda preocupación social: el deseo de que los congoleños no estén tan indefensos; de que sus compatriotas accedan a la educación y la sanidad, así como a la electricidad y al agua potable, algo que debería ser fácil en una tierra surcada por ríos que parecen mares.

"Los miembros de LUCHA dicen aspirar a que la gente de este país tan rico no sea tan desesperada y escandalosamente pobre. Porque si hay un lugar que encarna la llamada 'paradoja de la abundancia' ese es el Congo"

Los miembros de LUCHA dicen aspirar a que la gente de este país tan rico no sea tan desesperada y escandalosamente pobre. Porque si hay un lugar que encarna la llamada “paradoja de la abundancia” ese es el Congo, un edén de riquezas que pocos se atreven a cuantificar: oro, diamantes, enormes bosques y reservas naturales, cobre, casiterita, eso por no citar el80% de las reservas mundiales de coltán, el superconductor que permite fabricar móviles, ordenadores y también armas de última generación. Y, sin embargo, legiones enteras de congoleños recorren esta tierra prometida descalzos y desheredados: más del 71% de la población vive bajo el umbral de la pobreza. El país figura en el puesto 176 de los 188 Estados cuyo nivel de desarrollo evalúa el Programa Mundial de Desarrollo de Naciones Unidas (PNUD).
El germen de una revuelta

Esa miseria que acongoja, la desigualdad en la que estos jóvenes se han hecho adultos- el 20% de la población más rica acapara el 50% de los recursos, según el Banco Mundial-y la falta de derechos que veían a su alrededor sembraron en ellos la semilla de la revuelta. Y la semilla germinó en 2012 con la creación de su movimiento que, no por casualidad, vio la luz en Goma, la capital de Kivu Norte, una región en guerra desde hace más de 20 años. Allí tuvo lugar una de sus primeras campañas, en febrero de 2013. Bajo el eslogan “Goma quiere agua”, organizaron una sentada para denunciar que el 70% de la población de esta ciudad a orillas del lago Kivu no dispone de agua corriente. Los activistas descubrieron meses después que las obras de asfaltado de la principal carretera de la localidad se habían paralizado porque la esposa del presidente Kabila, Olive Lembe, pensaba celebrar su fiesta de cumpleaños en Goma. Según LUCHA, la maquinaria que tenía que estar trabajando en la carretera se estaba utilizando para alquitranar una callejuela que conducía a su residencia, para que sus invitados pudieran llegar en coche a la celebración.

Esta denuncia, difundida en su sitio web y en su cuenta de twitter, es una muestra del intenso activismo en redes sociales de la organización. A través de ellas, LUCHA anuncia a su vez actos de alta carga simbólica muy molestos para el poder como cuando el pasado 13 de marzo 19 jóvenes desfilaron por Goma amordazados y maniatados como alegoría de las libertades pisoteadas. Estas protestas, precisamente por ser pacíficas, son desconcertantes paraunas autoridades acostumbradas al lenguaje de la violencia en un país que aún sufre la presencia de 70 grupos armados en el este del país,recientemente cartografiados por el Grupo de Estudios sobre el Congo de la Universidad de Nueva York. En lugar de tomar las armas como han hecho muchos de sus coetáneos, estos activistas protestan desfilando por las calles con los manos y los brazos entrelazados como único modo de resistencia, pese a saber que pueden pagar con su libertad lo que el Estado considera un desafío.


Protesta por las masacres cometidas en la localidad congoleña de Beni (Foto: Facebook de LUCHA)

En la prisión central de Makala

Los muros de la prisión central de Makala apenas si se distinguen de las precarias construcciones que la rodean, edificios vetustos asomados a una carretera bordeada de basura por donde discurre el caótico tráfico de Kinshasa. Es viernes, 20 de mayo, y Soraya Aziz, especialista en desarrollo y miembro de LUCHA, llega vestida de negro de la cabeza a los pies. Su indumentaria no es casual: la organización ha convocado una jornada de duelo en la que ha pedido a la población que se vistan de luto para exigir al gobierno el esclarecimiento de los crímenes de las más de 500 personas salvajemente asesinadas a machetazos desde octubre de 2014 en la localidad de Beni, en Kivu Norte, sin que se haya arrestado a nadie. Estas masacres han sido atribuidas por las autoridades a un grupo armado islamista ugandés, los ADF (Allied Democratic Forces). 

Soraya ha acudido al penal para asistir a la lectura de la sentencia contra Victor Tesongo, el joven detenido el 15 de febrero, y de sus compañeros Marc Héritier Kapitaine y Bienvenu Matumo, arrestados al día siguiente, también en Kinshasa. En una sala abarrotada de presos, abogados, y algunos periodistas y observadores de embajadas como la americana, la condena es un jarro de agua fría: un año de cárcel más el pago de las costas procesales y una indemnización de 300 dólares americanos al Estado congoleño.

El tribunal no parece haber tomado en consideración que los tres afirman haber sido secuestrados sin orden de detención ni que permanecieron días desaparecidos. Tampoco que la principal prueba de cargo, unas octavillasque supuestamente incitaban a la desobediencia, “no han sido presentadas por el fiscal”, asegura un activista de otra asociación que ha venido a darles su apoyo. “No importa, apelaremos y saldrán pronto”, exclama convencida Soraya.

Los jóvenes aceptan la condena con entereza. Ellos al menos ya saben cuánto tiempo les queda en este lugar. Otros dos de sus compañeros, también presentes, no tienen tanta suerte. Yves Makwambala, el artista que diseñó la web de la organización y gestionaba sus redes sociales, y Fred Bauma, uno de sus líderes, llevan a la espera de juicio más de un año, varados en un limbo jurídico que en esta prisión siniestra y asfixiante es en sí mismo una condena añadida. Fred e Yves fueron detenidos el 15 de marzo de 2015 durante la presentación de una plataforma bautizada como Filimbi- paralela a LUCHA pero en la que participan otras asociaciones- cuyo objetivo es pedir a los jóvenes que cumplan con sus deberes cívicos. Tras su detención, estuvieron 50 y 40 días, respectivamente, en régimen de aislamiento, durante los cuales, los continuos interrogatorios y amenazas llegaron a hacer pensar a Yves “que iba a perder la razón”.

El “Mahatma Gandhi” congoleño

La biografía de Fred Bauma- al que algunos medios anglosajones llaman el “Gandhi congoleño”-se mira en el espejo de la dolorosa historia de su país. Nacido en 1990 en Goma, Fred es un hijo de la guerra. Siendo aún un niño, su región se convirtió en un escenario paralelo del genocidio de Ruanda cuando cientos de miles de hutus ruandeses, civiles y rebeldes, se refugiaron en ella, lo que abrió la puerta a que las tropas del ahora presidente ruandés Paul Kagameentraran en el entonces Zaire para darles caza. Desde entonces, los dos Kivus, el del norte y el del sur, han sido presa de la guerra y de decenas de grupos armados, algunos de ellos títeres de Ruanda y Uganda. Estos países y los sicarios a sus órdenes han financiado el conflicto mediante el expolio de los recursos minerales de la RDC. La ONG International Rescue Comitee (IRC) calcula que, sólo desde 1998, 5,4 millones de personas han muerto en la guerra olvidada del Congo. 

“De niño, para ir de Goma a la cercana Sake, tenía que atravesar el campo de refugiados de Mugunga, donde vivían civiles hutus pero también los autores del genocidio”, rememora Fred. Durante la ofensiva de Laurent-Desiré Kabila- padre del actual presidente- para derrocar a Mobutu Sese Seko, en 1996, Fred tuvo que huir con lo puesto: “Crecí sin saber dónde iba a estar al día siguiente y, como muchos congoleños, yo mismo estuve desplazado con mi familia varias veces. Mi generación ha conocido tanta violencia que es natural que nos hayamos rebelado. Sabemos que la reacción más corriente es unirse a un grupo de autodefensa, a una milicia, pero somos conscientes de que la violencia engendra violencia y perpetúa este sistema. Nuestro ideal es la resistencia pacífica y nuestros ídolos, Ghandi, Mandela, Luther King y Patrice Lumumba”. 

En el centro de Kinshasa, a una hora en coche de la cárcel donde Fred y sus compañeros esperan ser puestos en libertad algún día, un cartel muestra al presidente Joseph Kabila junto a una leyenda en la que llama al “diálogo” para respetar “el llamamiento patético de la patria”. Mucho más lejos, a 1.500 kilómetros, Rebecca Kavugho, de 22 años y única mujer de los seis jóvenes de LUCHA presos en Goma, no sólo tiene que recuperar la libertad sino también la salud, pues está ingresada en un hospital. “El trauma que le provocó su detención el 16 de febrero”, precisa Soraya Aziz, “le ha provocado úlceras gástricas muy dolorosas. Estuvo dos semanas vomitando sin parar”. La militancia de Rebecca –condenada a dos años de cárcel, reducidos a seis meses en apelación- hace pensar que ella tiene un ideal diferente del de Kabila acerca de lo que reclama su patria. Sin embargo, quién sabe si esta universitaria, estudiante de Psicología, pronuncia a menudo esa palabra. Puede que no, porque, como decía Antonio Machado, en los trances duros, los poderosos invocan a la patria mientras el pueblo no la nombra siquiera pero la compra con su sangre.

sábado, 25 de abril de 2015

A 50 años de la aventura del Che en el Congo...


La campaña del Congo

Ernesto Guevara desarrollará su segunda experiencia guerrillera en el Congo, entre abril y noviembre de 1965. Marginado de la toma de decisiones políticas en Cuba, el "Che" decide continuar su lucha en otras tierras, apoyando junto a un grupo de combatientes cubanos al Ejército de Liberación del Congo. Sin embargo, podrá cumplir su objetivo de manera muy parcial y, al término de la experiencia, él mismo la calificará de "fracaso". Pese a que ingresa de manera clandestina al territorio congolés, donde ni siquiera los combatientes africanos que están a su lado saben que ese hombre que se esconde detrás del seudónimo de "Tatú" es en realidad el comandante argentino-cubano Ernesto Guevara, la identidad del "Che" será descubierta por la CIA en junio.

lunes, 6 de abril de 2015

Patricio Lumumba: el rostro olvidado del genocidio negro

“Ninguna brutalidad maltrato o tortura me ha doblegado porque prefiero morir con la cabeza en alto, con la fe inquebrantable y una profunda confianza en el futuro de mi país, a vivir sometido y pisoteando principios sagrados. Un día la historia nos juzgará, pero no será la historia según Bruselas, París, Washington o la ONU, sino la de los países emancipados del colonialismo y sus títeres”. (Carta escrita a su esposa e hijos por Patricio Lumumba pocos días antes de su muerte). 

El mes de enero de cada año, aunque el poder mediático mundial hace lo posible por borrar de la memoria histórica la existencia del genocidio negro en el continente africano, provocado por las potencias occidentales en su afán de hacerse por las grandes riquezas de su pueblos, es meritorio recordar al gran líder negro Patrice E Lumumba. 

Hace ya 49 años, Patrice Lumumba, jefe del gobierno de la República del Congo, fue asesinado por una conspiración organizada por el gobierno de Bélgica, con la complicidad de los Estados Unidos, de Gran Bretaña y de las Naciones Unidas. Su cadáver condenó al Congo a la rapaz dictadura de Mobutu y una sucesión de sangrientas guerras civiles. Durante más de cuarenta años se ha mantenido el silencio sobre este crimen, en donde se rumora que su cadáver y el de otros colaboradores, fueron disueltos en ácido sulfúrico para no dejar rastros. 

El pensamiento de Lumumba, constituyó un peligro para las potencias occidentales explotadoras de los pueblos africanos, fue Ministro, líder, enemigo del colonialismo y pionero por la unidad de los pueblos africanos y por su liberación. Buscaba la des-colonización del Congo y destruir totalmente el poder colonia-lista Europeo presente en África, erradicar el ultraje y el expolio que durante siglos había sufrido el continente, una persona así, no merecía continuar viviendo y por eso, se fraguó su asesinato a pocos meses de haber asumido el poder en la República del Congo. 

A 49 años del asesinato del líder africano Patrice Lumumba, en su patria, la República Democrática del Congo, la guerra es un genocidio oculto que ha producido más de 5 millones de muertos en los últimos años; este genocidio puede ser detenido, pero la comunidad internacional, las democracias del Norte, no quieren detenerlo, convirtiendo al Congo en un pueblo activamente crucificado. 

La ironía: poseer grandes riquezas naturales como las que tiene la República Democrática del Congo, se ha convertido en una tragedia. 

En las montañas orientales del Congo hay valiosos minerales como el coltán y niobio, además de oro, diamantes, cobre y estaño. El coltán, abreviatura de colombio-tantalio, está en suelos de una antigüedad de tres mil millones de años. Se usa con el niobio para fabricar los condensadores para manejar el flujo eléctrico de los teléfonos celulares. Cobalto y uranio son elementos esenciales para las industrias nuclear, química, aeroespacial y de armas de guerra. Alrededor del 80% de las reservas mundiales de coltán están en el Congo. 

Por el control de estos minerales escasos hay una guerra tremenda. Los poderes multinacionales quieren controlar la minería de la región. Conclusión: “el motivo del genocidio son estos minerales que buscan las corporaciones” y además están destruyendo la segunda área verde del planeta después del también amenazado Amazona. 

Cuando se trata de actuar en África, hay una discriminación inherente”. Lo afirmó el antiguo coordinador de operaciones humanitarias de Naciones Unidas Jan Egeland, quien, junto con otros 15 dirigentes mundiales de conocido prestigio, ha firmado una carta enviada a los jefes de Estado de los países de la Unión Europea llamando la atención sobre la falta de acción internacional en el Este de la República Democrática del Congo. 

Jan Egeland, que durante su periodo en Naciones Unidas siempre tuvo una reputación de decir las cosas directamente sin andarse por las ramas, dijo: “Nunca hubo esta indecisión cuando se trató de intervenir en los Balcanes, en Irak o en Oriente Medio”. Ciertamente no la hubo, pero cuando se trata de intervenir en crisis africanas parece como si la vida humana no tuviera el mismo valor en todas partes”. Esta es la doble la moral que practican los abanderados de los derechos humanos en el mundo. 

Zenit, agencia de noticias del Vaticano, dijo hace poco que “la crisis humanitaria más olvidada en nuestro planeta es la del Congo”. De vez en cuando en los medios asoma la tragedia pues ya no hay modo de ocultarla. Pero lo que se dice de ella es todavía irrisorio e insultante en comparación con la magnitud de la barbarie y el genocidio. Y no hay llanto, ni pedir perdón, ni propósito de enmienda. 

En el fondo, no se trata sólo de que a África se la discrimine cuando ocurren guerras que se ceban en los más inocentes, sino de algo más que merece la pena escarbar y descubrir que detrás de esta guerra se esconden los intereses de potencias como Estados Unidos, Inglaterra, Holanda y Bélgica, quienes apoyan al régimen de Kagame en Ruanda, de cuyos aeropuertos salen para estos países el preciado coltán (indispensable en la fabricación de armamento, teléfonos móviles y ordenadores portátiles de última generación, etc) que los soldados extraen con el trabajo forzado de niños y jóvenes en el Este del Kivu y envían en camiones y helicópteros a Kigali. Es triste constatar que en muchas ocasiones, esas “indecisiones” ante los problemas africanos podrían ser una forma camuflada de dejar que los acontecimientos se desarrollen de forma provechosa para los más poderosos, aunque sea a costa de que mueran millones de inocentes. 

Hoy entiendo más que antes las razones por las cuales, un enero de 1961 fue atroz mente asesinado el patriota africano Patrice E. Lumumba, un ser humano así era imposible que continuara con vida, cometió el pecado capital de soñar que Otra Africa era Posible, una África unida en el desarrollo, en combatir la injusticia social y en la cooperación entre países para la educación. Devolver las riquezas del continente al pueblo africano, era su más profundo Sueño. El pensamiento de Lumumba se apoyaba sobre los siguientes tres pilares: la justicia, la independencia y la libertad. 

Hoy hace 49 años, murió como un mártir de la lucha de los pueblos contra la injusticia, la expoliación, la humillación impuesta por las potencias europeas que a los cuatro vientos se proclaman democráticas. Es un mártir de la causa popular por un mundo más justo y más humano, por la fraternidad humana. Lumumba fue asesinado pero vivirá siempre en nuestros corazones. Él forma parte del genocidio olvidado de millones de hermanos africanos que han caído en el camino para que en el mundo blanco, unos pocos disfruten de grandes comodidades y amasen fortunas impregnadas de sangre inocente. 

Me enorgullezco, al igual que decenas de miles de egresados que habitamos los cinco continentes, de haber estudiado en la Universidad de la Amistad de los Pueblos Patricio Lumumba, centro de estudios universitarios de clase mundial fundado en su memoria y que en febrero próximo cumple 50 años de vida en la preparación de cuadros profesionales para los países en vías de desarrollo. 

50 años sin Lumumba: 

Medio siglo del asesinato de Patrice Lumumba, un símbolo de la resistencia al neocolonialismo

Lumumba, 50 años después

José Naranjo 
Guin Guin Bali


El 17 de enero de 1961, hace hoy cincuenta años, Patrice Lumumba era asesinado en el Congo. Su vida y su muerte, orquestada por Estados Unidos y ejecutada por Bélgica, se han convertido en un símbolo de la resistencia al neo-colonialismo. Sin embargo, medio siglo después, su familia sigue luchando para que se haga justicia. Patrice Émery Lumumba nació el 2 de julio de 1925 en Sankuru, una región del centro de la República Democrática del Congo (RDC) cuando este país estaba aún bajo la dominación Belga. Tras formarse en distintas escuelas y trabajar para una sociedad minera, su vocación política le llevó, a los veinte años, a ejercer como periodista, desarrollando esta tarea en Leopoldville (la actual Kinshasa) y Stanleyville (la actual Kisangani). 


En 1958, con motivo de la Exposición Universal, es invitado junto a otros congoleños a visitar Bruselas. Allí, se siente horrorizado por la mirada occidental sobre África y, más en concreto, por la imagen denigrante que se muestra de los congoleños. A su regreso, funda el Movimiento Nacional Congolés (MNC), con el que participa en la Conferencia Panafricana de Accra organizada por el gran líder africano Kwame Nkrumah. 

Tras algunos enfrentamientos con las autoridades Belgas, el 30 de junio de 1960 Bruselas concede la independencia al Congo y Patrice Lumumba es designado primer ministro Congolés a las órdenes del presidente Joseph Kasavubu. Sin embargo, como ocurriera en otros países, la potencia colonial no parece dispuesta a irse sin dejarlo todo bien atado y las maniobras de desestabilización al nuevo gobierno de coalición en el que participa el MNC, claramente nacionalista y anti-colonial, se suceden. 

Patrice Émery Lumumba 


El Ejército, rebautizado como Ejército Colonial del Congo, sigue manteniendo a personas afines al poder colonial entre sus altos mandos, lo que genera una revuelta entre los soldados; cuando se van, los funcionarios Belgas se llevan hasta los aparatos de teléfono y las compañías mineras Belgas maniobran para mantener a sus próximos en el poder en las regiones donde estaban operando. Y Bélgica contaba con el apoyo de EEUU para llevar a cabo sus planes en el Congo. 

La provincia minera de Katanga, dirigida por Moïse Kapenda Tschombe, se declara independiente con el apoyo Belga, interesada en los yacimientos. Entonces y ante las maniobras de Bruselas y Estadounidenses, Lumumba pide ayuda a la URSS, que envía asesores y agentes militares al Congo. Y Lumumba, sin saberlo, firma su sentencia de muerte. 
En septiembre, el presidente Kasavubu destituye a Lumumba, pero éste decide mantenerse en el cargo, lo que genera una grave crisis entre ambos. El día 14 de septiembre de 1960, el oficial Joseph Desiré Mobutu, que había sido designado comandante en jefe del Ejército por el propio Lumumba, da un golpe de estado orquestado por la CIA y ordena el arresto domiciliario del primer ministro, manteniendo en el cargo al presidente Kasavubu. 
Sin embargo, Lumumba se escapa e intenta huir hacia Stanleyville, donde cuenta con más apoyos, para intentar reorganizar sus fuerzas. Pero es arrestado de nuevo por los hombres de Mobutu, que le golpean y torturan salvaje-mente ante los ojos de las fuerzas de la ONU, que deciden no intervenir. Finalmente, el 17 de enero de 1961 es trasladado a Katanga, la provincia separatista, donde es ejecutado esa misma tarde junto a algunos de sus colaboradores. 


DETALLES DEL CRIMEN

En los últimos años se han ido conociendo algunos detalles de este crimen. Por ejemplo, que en agosto de 1960, dos meses después de la independencia del Congo, el presidente estadounidense Dwight Eisenhower ordenó el asesinato de Lumumba y que uno de los agentes encargados de esta tarea fue Frank Carlucci, quien había sido designado subsecretario de la Embajada norteamericana en Leopoldville y quien, con el tiempo, llegó a ser secretario de Estado durante la Presidencia de Ronald Reagan. 

También se ha sabido que, días antes de su arresto por los hombres de Mobutu, el ministro Belga de Asuntos Africanos ordenó a los líderes separatistas de Katanga la eliminación de Lumumba. De hecho, las torturas a las que fue sometido se hicieron bajo la presencia de soldados Belgas. Y su ejecución se llevó a cabo por un pelotón dirigido por un oficial belga. 
La muerte de Patrice Lumumba supuso una gran conmoción en el Congo, hasta el punto de que pocos años después, en 1966, uno de los responsables de su asesinato, el general Mobutu, ya como presidente del país, tuvo que rehabilitar su figura y nombrarlo héroe nacional. 

En 2002, el gobierno Belga reconoció su responsabilidad en este asesinato de una manera un tanto vaga, porque sigue negándose a investigar en profundidad lo sucedido y a reparar a los familiares de Lumumba. De hecho, sus hijos han emprendido una cruzada judicial y presentaron en 2010 una denuncia contra doce ciudadanos Belgas, policías, militares y funcionarios, a quienes les acusan haber participado en el crimen de manera directa. 


Patrice Émery Lumumba 

El asesinato de Lumumba está directamente relacionado con el imperialismo y el neo-colonialismo de las potencias occidentales que siempre han pretendido hacer y deshacer en África a su antojo. Su muerte se convirtió en un símbolo de la resistencia frente a estos poderes extranjeros, pero sus discursos y sus palabras aún son recordados y han servido de inspiración a muchos africanos.

Poco antes de morir, en enero de 1961, Patrice Lumumba escribió una carta a su mujer en la que incluyó una frase que se ha repetido desde entonces una y otra vez y que se ha convertido en parte de su legado y que hoy, 50 años después, sigue vigente: "Ninguna brutalidad, maltrato o tortura me ha doblegado, porque prefiero morir con la cabeza en alto, con la fe inquebrantable y una profunda confianza en el futuro de mi país, a vivir sometido y pisoteando principios sagrados. Un día la historia nos juzgará, pero no será la historia según Bruselas, París, Washington o la ONU sino la de los países emancipados del colonialismo y sus títeres". 

Para saber más, el sociólogo e historiador flamenco Ludo de Witte publicó en 2002 un desgarrador libro titulado El asesinato de Lumumba, editado en español por Editorial Crítica. Y en 2001, el director haitiano Raoul Peck rodó una película titulada Lumumba en la que arroja nueva luz sobre este crimen.

Lumumba, un revolucionario africano

Este gran dirigente revolucionario africano nació el 2 de julio de 1925 en Onalua, provincia de Kasai, antiguo Congo belga, actual República Democrática del Congo.

En la etapa colonial, Bélgica había creado en el Congo una red de puestos militares y campos de trabajos forzados. En ellos la brutalidad contra los africanos fue horripilante: en un lapso de 20 años, la población disminuyó de 25 a 15 millones de habitantes. Gracias a ello los imperialistas belgas se forraron los bolsillos con las enormes ganancias del caucho, madera y aceite de palma.

Durante la II Guerra Mundial, el Congo fue la principal fuente mundial de caucho y de minerales esenciales, como titanio y cobalto, para la máquinaria bélica imperialista. El uranio para las bombas atómicas que Estados Unidos soltó sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki provino de la mina Shinkolobwe del Congo.

Con el colonialismo emergió también un proletariado moderno, al lado de los millones de campesinos que formaban la mayoría de la población. En 1941, como consecuencia de la producción militar, había 500.000 trabajadores, la segunda concentración de proletarios del continente africano.

Los congoleños no podían estudiar en las escuelas y universidades. Antes de los años 50, solo 100 congoleños tenían educación universitaria. Los colonos aplicaban una estrategia de dividir para conquistar, fomentando enemistades entre los varios pueblos y regiones.

Siendo trabajador de Correos, Lumumba comienza a organizar un sindicato de trabajadores y es detenido y encarcelado por los colonialistas belgas en 1955. Tras su salida de la cárcel dos años más tarde, entra en relación con el movimiento independentista.

Este movimiento no había logrado forjar un partido comunista para dirigir la lucha anticolonial. Lumumba comenzó siendo un demócrata burgués que a causa del expolio colonial se fue convenciendo del comunismo como único modo de liberar a su país de la esclavitud imperialista.

En 1958 consigue agrupar a la mayoría de las fuerzas progresistas en un partido panafricanista semilegal: el Movimiento Nacional Congoleño, primer partido político de ámbito nacional, convirtiéndose rápidamente en el principal dirigente independentista del país.

El MNC se dedicó a superar las diferencias tribales y regionales y crear una organización independiente y unificada, frente a las ambiciones imperialistas de repartírselo en áreas de influencia y crear varios estados independientes.

En diciembre de aquel año, el dirigente panafricanista de Ghana, Kwame Nkrumah, celebró en Accra la Conferencia de los Pueblos de África y el movimiento de liberación congoleño estuvo representado por Lumumba. Al regresar a su país, habló ante una ingente multitud en Leopoldville (hoy Kinshasa) y, en un discurso explosivo, exigió la independencia del Congo. Acto seguido se produjeron disturbios en la ciudad. Lumumba escapó, pero fue detenido más tarde por la policía colonial y considerado responsable de los desórdenes. El gobierno colonial belga condenó a Lumumba y muchos de sus partidarios por sedición y los encerró a la cárcel. Pero Lumumba, gracias a la movilización popular, fue liberado en 1960.

Entonces viajó a Bélgica para negociar la declaración de independencia. La metrópoli convoca elecciones, que erróneamente el MNC quiso aprovechar para apoderarse del aparato colonial, las fuerzas armadas y la policía desde dentro y, una vez en el poder, acabar con la dominación belga paso a paso. El MNC esperaba que los recursos naturales enriquecieran al pueblo y que el Congo alcanzara igualdad con los demás países. Confiaba llevar a cabo una transición pacífica desde el poder colonial y no organizó unas fuerzas armadas propias para combatir a los ejércitos imperialistas. A comienzos de 1960 Lumumba dijo: En el pasado, se cometieron errores, pero ahora estamos listos a cooperar con las potencias que han estado aquí para crear un poderoso nuevo bloque. Si fracasamos, Occidente tendrá la culpa.

En la campaña electoral Lumumba se declara comunista y esta postura le vale el apoyó de las clases trabajadoras para obtener la victoria en las urnas en mayo de 1960. El 23 de junio se forma un gobierno de coalición con el traidor Joseph Kasavubu como Presidente y Lumumba como Primer Ministro, que proclamaría la independencia días después, el 1 de julio.

Era un equilibrio inestable entre los verdaderos independentistas, encabezados por Lumumba, partidarios de la unidad, y los neocolonialistas de Kasabuvu, dirigente de la ABAKO (Asociación del Bajo Congo). El plan de Kasabuvu no era mantener la unidad del país, por lo que junto con Moisés Tshombé (a quien Bélgica apoyaba), en la provincia de Katanga (hoy Shaba), pretendió convertir el nuevo Estado en una federación descentralizada en la que prevaleciesen los intereses locales. Pero Lumumba estaba resuelto a forjar un gobierno central fuerte.

El rey belga, Balduino I, fue a Leopoldville (hoy Kinshasa) a proclamar la independencia personalmente. Esperaba que sus colonos y sus secuaces locales le garantizaran un gobierno dócil a sus voraces intereses imperialistas. Pero Lumumba, el nuevo primer ministro, agarró el micrófono y le habló al pueblo congoleño sobre la terrible vida colonial y las nuevas esperanzas para el futuro y le dijo al monarca pelele: Ya no somos sus monos. El discurso escandalizó al nuevo gobierno de coalición y dejó horrorizado al rey.

Lumumba dijo:

Durante los 80 años de gobierno colonial sufrimos tanto que todavía no podemos alejar las heridas de la memoria. Nos han obligado a trabajar como esclavos por salarios que ni siquiera nos permiten comer lo suficiente para ahuyentar el hambre, o vestirnos, o encontrar vivienda, o criar a nuestros hijos como los seres queridos que son. Hemos sufrido ironías, insultos y golpes día tras día sólo porque somos negros […] Las leyes de un sistema judicial que solo reconoce la ley del más fuerte nos han arrebatado las tierras. No hay igualdad; las leyes son blandas con los blancos pero crueles con los negros. Los condenados por opiniones políticas o creencias religiosas han sufrido horriblemente; exilados en su propio país, la vida ha sido peor que la muerte. En las ciudades los blancos han tenido magníficas casas y los negros destartaladas casuchas; a los negros no nos han permitido entrar al cine, los restaurantes o las tiendas para europeos; hemos tenido que viajar en las bodegas de carga o a los pies de los blancos sentados en cabinas de lujo. ¿Quién podrá olvidar las masacres de tantos de nuestros hermanos, o las celdas en que han metido a los que no se someten a la opresión y explotación? Hermanos, así ha sido nuestra vida.

Pero nosotros, los que vamos a dirigir nuestro querido país como representantes elegidos, que hemos sufrido en cuerpo y alma la opresión colonial, declaramos en voz alta que todo esto ha terminado ya. Se ha proclamado la República del Congo y nuestro país está en manos de sus propios hijos.

Las palabras sobre el pasado dieron en el blanco, pero las palabras sobre el futuro se equivocaron: el país no estaba en manos de sus hijos, sino en las de sus amos colonialistas.

El Congo es un territorio enorme estratégicamente enclavado en el corazón de África y rico en recursos naturales que los imperialistas no querían dejar escapar de sus manos. A pesar de la declaración formal de independencia, los militares belgas todavía controlaban el ejército y la policía; los grandes monopolios todavía controlaban los recursos naturales y la burocracia del Estado. Manejaban los hilos de la política interna del Congo, a través de peones como el presidente Kasavubu y el general Mobutu, hombre de los servicios secretos belgas desde su época de estudiante, y luego agente de la CIA norteamericana.

Inmediatamente después de proclamar la independencia, los imperialistas iniciaron una campaña de desestabilización. La CIA, el servicio de inteligencia belga y otras potencias trabajaban día y noche para mantener en el poder a los congoleños leales al imperialismo. Bélgica retiró a sus especialistas, tratando de provocar la parálisis del país. Promovieron la sublevación de los policías katangueños, dirigidos por Moisés Tshombé, un agente de la compañía minera belga de Katanga (Shaba) que proclamó la secesión de aquella región donde se encuentran las principales reservas mineras. Además provocaron otros movimientos secesionistas, como el del reyezuelo Alberto Kalonji Ditunga, autoproclamado Alberto I de Kassai y promovido por las sociedades mineras belgas que explotaban la extracción de diamantes. Su objetivo era dividir al país y repatírselo. Lumumba y los suyos eran el obstáculo y había que acabar con ellos a toda costa.

Con la excusa de proteger a la población belga, Bélgica envía tropas a Katanga (Shaba), intentando sostener al gobierno secesionista de Tshombé por la fuerza de sus armas.

Ante esta situación, el gobierno de Kinshasa recurrió primero a las Naciones Unidas para expulsar a los belgas y ayudar a restaurar el orden. Las tropas belgas se negaron a evacuar el país, y continuaron apoyando la secesión de Katanga. La ONU envió tropas pero éstas no sólo se negaron a intervenir en apoyo del gobierno central sino que intensificaron la desestabilización del nuevo gobierno y, finalmente, propiciaron el acoso y derribo de Lumumba.

Entonces Lumumba solicitó ayuda a la Unión Soviética y en septiembre de 1960 empezaron a llegar al Congo asesores y agentes militares soviéticos. En agosto, reunió a los principales dirigentes africanos en Kinshasa, y les pidió que unieran sus fuerzas al gobierno del Congo.

Las potencias imperialistas reaccionaron presionando al Presidente Joseph Kasavubu para que acabara con Lumumba, cosa que hizo el 5 de septiembre de 1960, destituyéndole del gobierno ilegalmente y reemplazádolo por Joseph Ileo. Pero Lumumba se negó a abandonar el cargo de primer ministro y destituyó a su vez a Kasavubu.

Los amos no estaban satisfechos; Lumumba seguía vivo y era el dirigente reconocido por las masas trabajadoras y campesinas.

En agosto el presidente de Estados Unidos, Eisenhower, dio la orden de matar a Lumumba. Uno de los asesinos enviados para la tarea fue Frank Carlucci, que sería luego secretario de Defensa de Ronald Reagan.

Allen Dulles, que estaba al frente de la CIA, envió un telegrama a su delegado en el Congo sugiriéndole que reemplazara al gobierno congoleño tan pronto como le fuera posible. El jefe de la delegación en el Congo, Lawrence Davlin, recibió órdenes de mantener en secreto el asesinato.

Patricio Lumumba, en una carta a su esposa escrita en enero de 1961, una semana antes de su asesinato, le decía: Ninguna brutalidad, maltrato o tortura me ha doblegado, porque prefiero morir con la cabeza en alto, con la fe inquebrantable y una profunda confianza en el futuro de mi país, a vivir sometido y pisoteando principios sagrados. Un día la historia nos juzgará, pero no será la historia según Bruselas, París, Washington o la ONU sino la de los países emancipados del colonialismo y sus títeres.

El 14 de septiembre, nueve días después de la destitución de Lumumba, el coronel Joseph Mobutu Sese Seko, jefe del ejército, se hace con el control político en la capital, desata una ola de represión contra las organizaciones políticas y expulsa a los técnicos soviéticos. Auténtico hombre fuerte del gobierno congoleño, antes de dos meses Mobutu había devuelto el poder a Kasavubu y se autodesignó comandante en jefe de las fuerzas armadas. Pero Lumumba seguía vivo y, con él, la esperanza para el pueblo congoleño.

El 6 de octubre Bélgica se une a los planes asesinos de los estadounidenses y el ministro de Asuntos Africanos del gobierno, Aspremont Lynden, siguiendo órdenes del primer ministro, el democristiano Gaston Eyskens, ordena en un cablegrama a Katanga eliminar definitivamente a Lumumba.

El 10 de octubre, el ejército y las tropas de la ONU le detienen, pero Lumumba logra escapar el 17 de noviembre y huir en avión hacia su principal base de apoyo en Kisangani (entonces llamada Stanleyville) en donde contaba con mayores apoyos.

Comenzó el tributo de sangre que reclamaban los imperialistas. El secretario general de la ONU, Dag Hammarskjold, concertó una reunión con Tshombé que tendría lugar en la ciudad de Ndola, en Zambia. Cuando el avión de Hammarskjold se aproximaba al aeropuerto de Ndola perdió el control y se estrelló. El secretario general pereció en el accidente.

Lumumba fue detenido de nuevo el 2 de diciembre por el ejército. Siempre con las órdenes de no intervenir, las tropas de la ONU hicieron la vista gorda cuando lo torturaron brutalmente. Más tarde se supo que se mantuvo firme durante las largas sesiones de torturas y con la moral muy elevada. Lo llevaron primero a Kinshasa, a una prisión del ejército donde lo exhibieron ante los periodistas y diplomáticos. Durante el mes siguiente lo fueron pasando de un grupo títere a otro para que lo golpearan y torturaran.

Al final lo llevaron a Katanga. Allí, en un descampado en medio de la oscura sabana, iluminado por las luces de los coches de la policía, el oficial belga Julien Gat cogió del brazo a Lumumba y lo llevó hacia un enorme árbol. El dirigente africano apenas podía caminar a causa de las torturas. Un escuadrón de ejecución formado por cuatro hombres y provisto de fusiles FAL belgas y revólveres Vigneron esperan, mientras que 20 soldados, policías, oficiales belgas y ministros katangueses observaban en silencio. El capitán belga dio la orden de disparar y una lluvia de balas acribillaron a Lumumba y a dos de sus antiguos ministros, Maurice Mpolo y Joseph Okito.

Para encubrir la verdad, un equipo de policías belgas desenterró el cadáver y lo disolvió en el ácido sulfúrico que proporcionó una compañía minera. El comisario belga Gerard Soete, que trabajaba para el régimen pelele de Katanga, confesó que le ordenaron hacer desaparecer a los fusilados. Su trabajo no fue fácil, tuvimos que despedazarlos, reconoció el verdugo. Su cuerpo fue espantosamente descuartizado para evitar su reconocimiento. Los imperialistas no querían dejar ninguna huella del crimen.

Luego vino la campaña de intoxicación en la prensa. Inicialmente, los imperialistas estadounidenses y belgas anunciaron que lo habían asesinado campesinos airados; más tarde dijeron que lo ejecutaron sus enemigos congoleños. También contaron que, estando encarcelado en Katanga, a mediados de febrero, intentó huir siendo mortalmente herido.

Pero el parlamento belga, 40 años después, admitió su responsabilidad en el asesinato en una sesión celebrado en noviembre de 2001.

Cuando lo asesinaron, Lumumba tenía 35 años y apenas había permanecido tres meses como primer ministro. Su asesinato indignó a millones de personas de todo el mundo.

Moisés Tshombé tomó las riendas de un nuevo gobierno títere y se abrió un periodo de guerra civil de cinco años en la que los imperialistas y sus sucursales locales trataron de despedazar al Congo. En 1965 lo reemplazó Mobutu, quien gobernó y saqueó el país sin piedad durante décadas en beneficio de sus amos de la metrópoli. Los imperialistas han chupado las riquezas del Congo, y sus tramoyas y rivalidades dejaron al país, una vez más, arruinado y dividido por la guerra.

Hoy, cuando el reto de la revolución y la liberación nacional se le plantea a tantos pueblos y movimientos, la historia de Patricio Lumumba nos proporciona una clara lección sobre la crueldad del imperialismo y el neocolonialismo. Los soviéticos abrieron en Moscú una universidad en su memoria para que allí pudieran estudiar los pueblos del Tercer Mundo. Y es que Lumumba sigue siendo la antorcha ardiente de todos pueblos africanos.

La continuación de la lucha revolucionaria en el Congo

Las tropas de la ONU, los mercenarios imperialistas y el ejército local trabajaron en vano para tratar de liquidar la guerrilla para siempre. Tras el asesinato de Lumumba varias fuerzas revolucionarias se agruparon en Kinshasa bajo la dirección del Viceprimer Ministro Antonio Gizenga. Pierre Mulele (antiguo ministro de Educación de Lumumba) es enviado a El Cairo como embajador de la República Popular del Congo.

Pero los neocolonialistas consiguen entrar en la capital, detener a Gizenga y dispersar a las fuerzas de liberación. No quedaba más remedio que pasar a la clandestinidad, reagruparse e iniciar una guerra prolongada revolucionaria.

Pierre Mulele se trasladó a China en marzo de 1962 para estudiar la estrategia de la guerra popular prolongada, y en julio de 1963, volvió a su Kwilu natal para organizar la guerrilla en compañía de Teodoro Bengila y Félix Mukulubundu. Casi al mismo tiempo, Gaston Sumialot y Laurent Kabila se encargan de impulsar la guerrilla en el este del país.

El 3 de octubre de 1963 Christophe Gbenye, Etienne Mbaya y Benoît Lucouyard Lukunku crean en Kinshasa el Consejo Nacional de Liberación que impulsa una insurrección contra el imperialismo y sus agentes locales, con el objetivo de instaurar en el Congo un gobierno revolucionario, nacional y popular.

Mulele hace un llamamiento para crear un partido revolucionario que encabece la lucha y consigue reclutar un fuerte ejército guerrillero, los maï-maï. Entre abril de 1964 y junio de 1965, logró controlar todo el territorio de Kwilu-Kwango, en Bandundu.

Mientras, Laurent Kabila, que también acababa de recibir formación guerrillera en China, controlaba el territorio que se extiende desde Kalemie hasta Moba en el norte de Katanga, y la zona situada entre Uvira y Fizi, en Kivu.

Ambos lograron implantar un gobierno revolucionario el 4 de agosto de 1964 en Kisangani que controlaba las tres cuartas partes del país.

Instauraron la República Popular del Congo, pero el 24 de noviembre de 1964, con el apoyo de tropas paracaidistas belgas, el gobierno pelele de Mobutu, aplasta en la operación Dragon Rouge al recién nacido gobierno revolucionario de Kisangani y las aldeas que prestaban apoyo a la guerrilla son arrasadas y miles de personas son brutalmente torturadas y asesinadas por la soldadesca de Mobutu.

A partir de entonces, Mulele comienza una guerra de guerrillas, y en la conferencia celebrada por el CNL, el 7 de abril de 1965 en El Cairo con la participación de los representantes de los países africanos progresistas, se creó el Consejo Supremo de la Revolución (integrado por 15 miembros y 3 zonas militares) cuya presidencia fue confiada a Gaston Sumialot y las dos vicepresidencias a Pierre Mulele y Laurent Kabila, mientras que Abdoulaye Yerodia Ndombasi fue elegido como presidente ejecutivo, encargado de la orientación revolucionaria del movimiento.

Mulele se traslada a Brazzaville (capital del Congo francés) para buscar apoyos exteriores a la guerrilla pero es traicionado y entregado a Kinshasa, junto con Teodoro Bengila, el 2 de octubre de 1968.

En un campamento militar mubutista le van descuartizando en vida: le extirpan los genitales, le amputan las extremidades, le arrancan la nariz, le sacan los ojos y, finalmente, arrojan sus restos, metidos en un saco, a las aguas del rio Congo. Diez años más tarde, en 1978, la madre de Mulele fue también ahorcada por soldados de Mobutu.

Por su parte, desde Tanzania, Kabila intentó organizar la contraofensiva, creando un embrión de guerrilla en el triángulo Uvira-Fizi-Baraka, donde recibió la visita del Che Guevara el 24 de abril de 1965, acompañado de 120 cubanos y 200 tutsis ruandeses que atacaron, a la demanda de Kabila, la central de Bendera. Este ataque fracasó y el 21 de noviembre del mismo año, el Che tuvo que marcharse a Kigoma, en Tanzania.

El 24 de diciembre de 1967, Kabila creó el Partido de la Revolución del Pueblo, relanzando la lucha a través del Lago Tanganika. En 1974 su frente de guerra ganó notoriedad internacional con la captura de varios estadounidenses, a los cuales canjeó por 30 militantes del Partido Revolucionario Popular que Mobutu retenía en las cárceles. Pero la persecución de Mobutu obligó a Kabila a salir del país en 1977, exilio que duró casi 20 años por varias naciones vecinas, principalmente Tanzania, desde el cual desató ofensivas importantes que culminaron con los ataques de Moba, en 1984 y 1985.

La guerrilla estuvo prácticamente paralizada durante diez años, hasta que en octubre de 1996, consiguió reunir a las fuerzas anticolonialistas en una Alianza Democrática para la Liberación del Congo, y logró el apoyo de Ruanda, Uganda y de los tutsis ruandeses asentados en el entonces Zaire y conocidos como banyamulengues.

Tras una rápida ofensiva que puso a sus tropas en solo ocho meses a las puertas de Kinshasa, Kabila logró un éxito efímero el 29 de mayo de 1997. Apenas 15 meses después, en agosto de 1998, los banyamulengues aliados con Ruanda, Uganda y los imperialistas, se volvieron contra Kabila en el este del país, lo que acabó convirtiéndose en una guerra regional al intervenir Angola, Zimbabwe y Namibia en favor del gobierno de Kabila, al que asesinaron a traición el 16 de enero de 2001.