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viernes, 19 de agosto de 2016

Cachemira: una historia de rivalidad


Hace casi setenta años dos nuevos Estados se incorporaban a la sociedad internacional de la posguerra mundial: India y Pakistán. Conciudadanos durante más de siglo y medio, pronto se convirtieron en vecinos y rivales. Sus relaciones están marcadas por la desconfianza, pero no tenía por qué ser así. El origen de esta animadversión descansa en un proceso de descolonización frustrado cuya ambiciosa alternativa habría cambiado la historia de la región.

Las relaciones entre India y Pakistán presentan gran complejidad. Para comprenderlas es necesaria una visión de conjunto, pero también comprender el origen de la rivalidad. Cachemira, un pequeño territorio, antiguo Principado primero independiente y luego integrante de la Unión India, es el origen de la discordia, así como la pieza fundamental para iniciar unas nuevas relaciones vecinales. En la actualidad el territorio se encuentra dividido en tres administraciones: el Estado de Jammu y Cachemira, perteneciente a la India; Azad Kashmir, territorio de Pakistán; y Aksai Chin, controlado por China. Si bien la disputa comenzó por una mala gestión de la retirada británica del subcontinente indio, su evolución ha estado condicionada por el contexto internacional de la segunda mitad del siglo veinte, por la Guerra Fría, así como por las dinámicas y alianzas que generó.

Así quedó partida la zona de Cachemira entre los tres países en liza: India, Pakistán y China. Fuente: India Defence Review

La cuestión religiosa constituyó la primera piedra e impidió una resolución consensuada del proceso de descolonización. El territorio de la Unión India quedó dividido en dos Estados para facilitar la convivencia entre vecinos: un Estado de mayoría hindú, India, y otro de mayoría musulmana, Pakistán –por aquel entonces, y hasta 1971, Pakistán estaba formado por dos territorios: el actual Pakistán y Bangladesh, también conocido como Pakistán Oriental–. La falta de consenso en torno a diversas disputas territoriales condicionó el devenir de las relaciones entre ambos países, que se construyeron sobre la suspicacia y la desconfianza. Desde entonces han sido varias las manifestaciones de esta rivalidad. La mayor de ellas, Cachemira, se ha convertido a su vez en uno de los conflictos fronterizos de mayor importancia en la actualidad. Esta es la historia de un conflicto local que trascendió en importancia y consecuencias hasta el punto de convertirse en una controversia de dimensiones nucleares a la sombra de dos potencias regionales.

El camino hacia la partición

El proceso de descolonización de la Unión India fue largo y, por consiguiente, presentó tanto episodios de entendimiento y buena convivencia como periodos de tensión y violencia entre las diferentes fuerzas vivas. Si bien no se puede entender el origen de India y Pakistán sin considerar la dimensión religiosa, ésta no siempre condicionó el camino hacia la independencia. El inicio del proceso descansa sobre un frente político común de carácter laico y plural. El Congreso Nacional Indio (CNI), también conocido como Partido del Congreso, fue fundado en 1885 y ejerció de elemento catalizador del sentimiento independentista. No fue hasta después de la Primera Guerra Mundial, momento en el que Mahatma Gandhi se convirtió en el gran impulsor del movimiento y se hizo con las riendas del partido, cuando la cuestión de la independencia india fue puesta sobre la mesa de manera irrevocable. Ladoctrina de la resistencia pasiva que propugnó Gandhi, al amparo de su carisma personal, le consolidó como el líder indiscutible de un movimiento que avanzaba sin grandes fisuras en pos de un único Estado plural y democrático, sucesor de la Unión India, en el que tendrían cabida junto a la mayoría hindú todo tipo de minorías, especialmente musulmanes y sijs.

Así era el Imperio Indio Británico religiosamente hablando en 1909. Fuente: Wikipedia

Si bien la casilla de salida presentaba un futuro idílico de soberanía y entendimiento, la historia de la descolonización de la Unión India es la historia de la partición, del personalismo y de la desconfianza. Durante las primeras décadas del siglo veinte Gandhi consolidó su liderazgo y el Partido del Congreso predominó sobre cualquier otra opción política. Entre los seguidores del movimiento, la abrumadora mayoría de la población, se encontraban representantes de toda creencia religiosa o grupo minoritario. Pero como ésta es una historia de liderazgo y rivalidad, Mohamed Ali Jinnah, a quien podríamos calificar del homólogo musulmán de Gandhi, fue quien sentó las bases de un sentir por aquel entonces minoritario que abogaba por la creación de un Estado musulmán al margen de la India plural de mayoría hindú.

Ali Jinnah, jurista de profesión, mantenía una visión más comedida de cómo debía ser el proceso de independencia. En 1913 entró a militar en la Liga Musulmana, fundada en 1906 y ligada al nacionalismo musulmán, pero mantuvo cierta simpatía hacia los planteamientos unionistas. El ascenso imparable de Gandhi y la adopción unívoca de su doctrina en la mayor parte del movimiento por la autodeterminación le llevó, en primera instancia, a la retirada del activismo político. En los años siguientes, hasta 1935, se consolidó en Ali Jinnah un enfoque más pragmático en cuanto a la posición de los musulmanes ante la autodeterminación. La opción de una Unión India laica y plural supondría, según sus planteamientos, la supremacía del hindú sobre el resto de colectivos integrantes del Estado.

A pesar del afloramiento de planteamientos alternativos a los del Partido del Congreso, no fue sino la Segunda Guerra Mundial el gran punto de inflexión en el devenir de la región. Si la doctrina de Gandhi mantuvo su postura de oposición contra una Administración colonial debilitada por la guerra, la Liga Musulmana ofreció plena colaboración a los británicos en la contienda sobre todo tras la ocupación japonesa de Birmania, que situó al Imperio del Sol Naciente a las puertas de la Unión India. La alternativa particionista ganó apoyos durante el transcurso del conflicto mundial, pero no fue hasta el final de la guerra cuando los acontecimientos se aceleraron a tal ritmo que abocaron al territorio al borde de la guerra civil. En el marco de la sociedad internacional de posguerra y de la apuesta por el derecho a la autodeterminación propugnado por Naciones Unidas, la posibilidad de mantener la integridad de la Unión India tras la retirada británica parecía inasumible. Como consecuencia de ello el Gobierno británico anunció en febrero de 1947 el inicio de una transición que condicionaría el futuro de la región. Lord Mountbatten, último Virrey de India, fue el encargado de gestionar la descolonización. Su solución, la conocida como Línea Mountbatten, materializó la partición del territorio en dos Estados delimitados por la cuestión religiosa: India, de mayoría hindú, y Pakistán, de mayoría musulmana. Como no podría ser de otra manera, el encaje territorial implicó grandes movimientos de población. Se estima que hubo alrededor de 20 millones de desplazados.


India fue anexionando territorios después de su independencia, algunos de manera pacífica y otros mediante conflictos. Fuente: Origins

El procedimiento parecía sencillo y en cierto modo incuestionable: se realizaría una división territorial en función de las mayorías presentes en cada provincia o principado, así como según la posición geográfica de los diferentes territorios. El destino de las provincias se dirimió con más o menos eficacia, llegándose incluso a acordar la división de Punjab o Bengala. En los principados, entidades con mayor poder autónomo, la última palabra recaía en los maharajás –príncipes–, independientemente de su religión. Si bien en la mayoría de los principados existía correspondencia entre los intereses del maharajá y la mayoría de la población, algunos como Junagadh e Hyderabad presentaron problemas, pero sin lugar a dudas el caso que nos atañe, Jammu y Cachemira, es el más representativo.

Cachemira, entre India y Pakistán: orígenes y evolución de la disputa

La disputa de Cachemira descansa en una diversidad étnica y religiosa que no fue resuelta durante la partición. La condición fronteriza del territorio, ya fuera dentro de India o Pakistán, condicionaba su incorporación a uno u otro estado exclusivamente al sentir de su población y, en última instancia, a la palabra del maharajá. El Principado, al servicio del Imperio Británico desde hacía un siglo, se encontraba bajo el gobierno de una familia hindú mientras que el 77% de la población era de origen musulmán, un 20% hindú y el restante 3% se componía de sijs y budistas.

El activismo político por la autodeterminación del territorio reprodujo las líneas generales del mandato británico, con un movimiento plural encarnado en la Conferencia Nacional y otro musulmán restrictivo representado por una escisión de la anterior, la Conferencia Musulmana. Sheik Abdulá, líder de la Conferencia Nacional, se alineó con el Partido del Congreso. El movimiento por la autodeterminación en Cachemira presentó desde sus inicios cierta singularidad nacionalista al margen de las dos opciones mayoritarias. No obstante, el liderazgo de Abdulá le valió al movimiento pluralista del apoyo de las masas, incluidos los musulmanes. Fue en el momento de la partición cuando se produjo la gran contradicción que prendió la mecha de una disputa que aún no ha sido resuelta.

Con una población mayoritariamente a favor de un Estado plural, fue el maharajá de origen hindú quien inició una aproximación hacia las posiciones pakistaníes. Sin embargo, como consecuencia de la permisividad del maharajá hacia el movimiento pluralista y en particular hacia su líder Abdulá, Pakistán vio amenazada su posición hasta tal punto que optó por iniciar una invasión silenciosa con el objetivo de hacerse con el control del territorio. Miles de pastunes se adentraron en el principado sin encontrar apenas resistencia por lo que, ante la imposibilidad de frenar su avance, el maharajá solicitó ayuda a Nueva Delhi. Como condición sine qua non el maharajá debía comprometer la incorporación del territorio a India y, posteriormente, esta opción debía ser refrendada por la población. Se firmó entonces el Acuerdo de Accesión, decisión histórica que India enarbola y Pakistán desestima hasta la actualidad. Entre 1947 y 1948 el enfrentamiento terminó en una guerra abierta entre ambos Estados.Las Naciones Unidas trabajaron por un plan de paz que finalmente se materializó en el requerimiento de un referéndum y en la creación de una Línea de Alto el Fuego, que tras los conflictos venideros pasaría a denominarse Línea de Control y se convertiría de facto en la línea fronteriza entre India y Pakistán.

Abdulá fue elegido Primer Ministro de Jammu y Cachemira, que se había incorporado a India con un estatus de autonomía elevado que tan solo relegaba a Nueva Delhi las competencias en materia de defensa, relaciones exteriores y comunicaciones. La connivencia entre Abdulá y Nehru, así como entre el Partido del Congreso y la Conferencia Nacional, fue total en un primer instante. Sería a partir de 1953 cuando las relaciones entre ambos se complicaron. Abdulá inició los preparativos para el referéndum pero modificando sustancialmente su contenido inicial: además de las opciones de India o Pakistán, dio un paso más hacia la plena autonomía con una opción que contemplaba la autodeterminación del territorio como Estado soberano. Frente a la deriva nacionalista de Abdulá, Nueva Delhi inició un paulatino proceso de asimilación del territorio en la India y Abdulá fue encarcelado en reiteradas ocasiones durante los siguientes veinte años al tiempo que la conflictividad social en el territorio aumentaba y se fraguaba un ambiente repleto de desconfianza y recelo.

En 1959 entra en escena un nuevo actor que completa la cuadratura del círculo: China invade el Tíbet y reclama sus derechos sobre los territorios fronterizos disputados con India, Aksai Chin en Cachemira y Arunachal Pradesh al norte de Assam. El avance chino derivó a finales de 1962 en un conflicto armado que se saldó con la derrota de Nueva Delhi y el consiguiente control de Aksai Chin por parte de Pekín. Pakistán comenzó a considerar la oportunidad que representaba China en su rivalidad con India.

En Azad Cachemira la Conferencia Musulmana, que en la guerra de 1947 se posicionó del lado pakistaní, ejerció el dominio efectivo del territorio al amparo de Pakistán. En 1965, aprovechando el creciente descontento social en Jammu y Cachemira generado como consecuencia de una década sin Abdulá, diez años de desconfianza hacia Nueva Delhi, Pakistán inició una ofensiva militar con la esperanza de encontrar apoyos entre la población musulmana. No obstante, la animadversión hacia Nueva Delhi no se correspondía con un cambio de bandera. La derrota ante India sumió a Pakistán en un convulso periodo de crisis interna cuyo máximo exponente fue la guerra por la independencia de Pakistán Oriental, actual Bangladesh, que tuvo lugar en 1971.

Durante las décadas siguientes, salvando un periodo de relativa calma que tuvo lugar a partir de 1977 con el regreso de Abdulá al poder, predominó la violencia, la represión y la corrupción. Durante sus veinte años de encarcelamiento, Abdulá suavizó su posicionamiento ideológico hasta el punto de rechazar la autodeterminación y alinearse de nuevo con los intereses de Nueva Delhi al acceder al control de un territorio cuya autonomía se había visto reducida drásticamente. Tras su muerte en 1982, el devenir político del territorio se caracterizó por la inestabilidad y el sectarismo. Comenzaron a fraguarse movimientos políticos que a partir de 1990 se constituyeron en organizaciones insurgentes, adiestradas en territorio pakistaní, que recurrieron al empleo de tácticas terroristas.

Las relaciones indo-pakistaníes desde finales de los ochenta estuvieron marcadas, en general, por disputas de baja intensidad a nivel internacional, y por terrorismo a nivel interno. Junto a la carrera nuclear en la que ambos países se embarcaron a finales de los noventa, el máximo exponente de la rivalidad fue la Guerra de Kargil (1999), que estalló cuando tropas pakistaníes cruzaron la Línea de Control hacia Jammu y Cachemira. Fue precisamente el resultado de la guerra –un nuevo fracaso para Pakistán y una victoria política pírrica para India–, así como el nuevo contexto internacional y la imperiosa necesidad de resolver un conflicto ensangrentado, lo que llevó a ambos países a reflexionar sobre la cuestión de Cachemira y sus relaciones bilaterales.

El Diálogo Omnicomprensivo como principio de entendimiento

El proceso de reflexión iniciado con el cambio de siglo dio lugar al conocido como Diálogo Omnicomprensivo, que comenzó con un alto el fuego sobre la Línea de Control el 27 de noviembre de 2003. Posteriormente el proceso fue aceptado por ambas partes como espacio de resolución de sus controversias. La importancia de Cachemira en el diálogo varía, puesto que para Pakistán representa una singularidad que precondiciona el resto de cuestiones mientras que India ubica la controversia como un asunto más en las relaciones con su vecino. Pakistán, por su parte, aboga por la mediación de Naciones Unidas y por la convocatoria de un referéndum en el territorio.

La situación geoestratégica de India hace que su diferendo con Pakistán sea sólo uno de sus frentes. Fuente: Philippe Rekacewicz

Los primeros años del diálogo resultaron en un acercamiento de posiciones en la lucha contra el terrorismo, el entendimiento en la moratoria nuclear, el fomento de las relaciones comerciales y la búsqueda de una solución para las disputas territoriales. No obstante, tras los atentados de Bombay (2008) el proceso quedó en un limbo. India acusó a Pakistán de apoyar a los perpetradores del ataque. Hace apenas unos meses, en diciembre de 2015, ambos países apostaron por reanudar el diálogo. La apuesta actual retoma aquellas cuestiones de relevancia y toma en consideración las principales preocupaciones de la actualidad: diálogo sobre la paz y la seguridad regional, las disputas territoriales, la cooperación en materia económica y comercial, así como las telecomunicaciones y la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico.

El setenta aniversario de la partición de la Unión India se acerca y las consecuencias de su mala gestión constituyen la base de una rivalidad que hoy podemos considerar como histórica. Si la sociedad internacional de la segunda mitad del siglo veinte condicionó de forma evidente la evolución de las relaciones entre India y Pakistán, así como su proyección internacional, en la actualidad ambos países se enmarcan dentro de un mismo paradigma y se enfrentan a problemas comunes, ya sea a nivel global o regional. La resolución del diálogo ese encuentra más bien condicionada por la voluntad política que por la rivalidad histórica.

La reanudación del diálogo es una muestra de una política exterior que ha madurado y ha aprendido de los errores y de las consecuencias del pasado. Décadas de enfrentamiento, incluso de conflicto armado, no han solucionado una situación que ha quedado en el limbo. Cachemira es la cuestión central de unas relaciones sumamente complejas con amplias repercusiones regionales. Sobre el terreno, la desconfianza sigue haciendo mella en una población hastiada por la violencia. El entendimiento entre India y Pakistán descansa en última instancia en la resolución de un conflicto que trasciende el ámbito local, pero cuyo origen, en particular el factor religioso, sigue siéndolo.

elordenmundial.com

martes, 1 de septiembre de 2015

Correos de Clinton desvelan que Riad tiene bomba nuclear reservada en Paquistán


El nuevo lote de emails de la exsecretaria de Estado y precandidata a la Presidencia de Estados Unidos, Hillary Clinton, destapa la implicación de Arabia Saudí en la compra de arsenal militar nuclear a Paquistán.


El Departamento de Estado de EE.UU. publicó el lunes un nuevo lote de correos electrónicos de Hillary Clinton mandados y recibidos durante su cargo como jefa de la Diplomacia (2009-2013) y por los que ha sido fuertemente criticada. 


Arabia Saudí ha invertido en el armamento nuclear de Paquistán, por esta eventualidad, en parte, tiene su bomba en reserva” dijo el ex ministro de Exteriores alemán al asesor político Sidney Blumenthal 


En uno de estos correos electrónicos de febrero del 2010, su amigo, confidente y asesor político Sidney Blumenthal hace referencia a una conversación que tuvo con el entonces ministro de Exteriores alemán Joschka Fischer.

Blumenthal recuerda que Fischer advierte de que “si Irán construye armas nucleares, Arabia Saudí también (entonces) tendrá su propia bomba” y afirma que Riad ya posee su propia bomba nuclear dado que ha “invertido en el armamento nuclear de Paquistán, por esta eventualidad, en parte, tiene su bomba en reserva”.

La popularidad de la candidata presidencial Clinton ha registrado un descenso tras revelarse que usó un servidor privado para enviar correos de trabajo y personales lo que creó la posibilidad de poner en peligro la confidencialidad de los secretos de Estado. De los 7000 emails publicados el lunes, 150 son considerados clasificados.

El periodista y ex asesor político, Sidney Bluementhal

En mayo, el diario británico The Sunday Times, informó de la decisión estratégica de Arabia Saudí de hacerse con armas nucleares avanzadas mediante el aumento de sus lazos con su aliado regional Paquistán.

Aunque ya previamente,el pasado marzo, la página Web estadounidense Business Insider, informó que Arabia Saudí buscaría armas nucleares en un acuerdo secreto con Paquistán.

El régimen de Al Saud ha financiado gran parte del programa nuclear paquistaní durante las últimas tres décadas, y adoptó esta decisión ante sus preocupaciones por el programa pacífico de energía nuclear iraní y después de que Irán y el G5+1(EE.UU., el Reino Unido, Francia, Rusia y China, más Alemania), llegasen a un primer entendimiento mutuo en abril.

El 14 de julio concluyeron los diálogos nucleares en Viena, capital austríaca. El texto del acuerdo busca la eliminación de las sanciones antiraníes a cambio de algunas restricciones al programa de energía nuclear del país persa.

snr/ncl/kaa

jueves, 16 de julio de 2015

Escuadrón de mujeres enfrentará al Talibán en Pakistán

Robina Shah soñaba con ser policía, como lo fue su padre, asesinado en un atentado suicida del extremista movimiento Talibán en Peshawar, la capital de la provincia de Jiber Pajtunjwa, en el norte de Pakistán.
No era fácil realizar un sueño de ese tipo en el corazón tribal de Pakistán, donde la vida cotidiana de muchos de sus habitantes está atrapada entre los extremistas y los militares desde 2001, cuando los talibanes que huyeron de la invasión de Estados Unidos en el vecino Afganistán instalaron su base de operaciones en esta provincia montañosa.
"Podemos operar todo tipo de armas y combatir a los extremistas donde sea que el gobierno elija enviarnos. No tenemos miedo": Zainab Bibi.
Shah tuvo su oportunidad en 2014 cuando el gobierno local lanzó un programa para entrenar durante cinco meses a un pequeño escuadrón de mujeres.
La decisión de incorporar mujeres a las fuerzas armadas de la provincia se produjo tras el atentado terrorista de diciembre contra una escuela pública del ejército en Peshawar, que mató a 145 personas, incluidos 132 alumnos de ocho a 18 años de edad.
El movimiento Talibán de Pakistán (TTP) se atribuyó la matanza como una represalia por la operación Zarb e Azb, una ofensiva militar lanzada contra los extremistas en Waziristán del Norte en el verano boreal de 2014.
Durante más de una década, las fuerzas armadas lo intentaron todo, desde ataques aéreos a operaciones en tierra, en el afán de eliminar a los extremistas.
“Solo en los últimos nueve años perdimos a más de 5.000 policías (en lucha) con el proscripto TTP”, aseguró a IPS el jefe de policía de la provincia.
“Aumentamos de 70.000 a 90.000 el número de efectivos, y la nuestra es la primera provincia en el país en tener comandos femeninos”, informó.
Llevar mujeres a una profesión dominada por hombres es un paso valiente, sobre todo porque los fundamentalistas islámicos de la zona pretenden que el lugar de la mujer sea en el hogar.
Pero la medida envía el mensaje de que las mujeres están en pie de igualdad con los hombres, y permite a la policía manejar situaciones “delicadas” en las operaciones antiterroristas, como es el caso de la inspección de mujeres sospechosas o las búsquedas en casas de presuntos terroristas con presencia femenina.
Tras una sesión de entrenamiento intensivo en una academia en el distrito de Nowshera, que terminó el 16 de junio, las 35 comandos están listas para salir al frente.
Cinco meses agotadores de levantarse a las cinco de la mañana para entrenar hasta casi la medianoche convirtieron a este escuadrón de élite en una fuerza a tener en cuenta, según los expertos.
Vestidas de manera conservadora, incluso con temperaturas elevadas, las mujeres aprendieron a manejar lanzacohetes antitanque y antiaéreos.

miércoles, 1 de julio de 2015

Arabia Saudí detiene a un activista paquistaní antisraelí


El activista paquistaní, Zaid Hamid.
La Inteligencia de Arabia Saudí ha detenido a un activista paquistaní por sus discursos antisraelíes, antiestadounidenses y antisaudíes, durante la peregrinación en la ciudad de La Meca.

“Nuestra embajada en Riad (capital saudí) nos ha informado que Zaid Hamid fue detenido hace dos semanas. Desde entonces, ha estado trabajando con las autoridades locales para ofrecer servicios consulares”, ha afirmado el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Paquistán, Qazi Jalillullah.

“Nuestra embajada en Riad (capital saudí) nos ha informado que Zaid Hamid fue detenido hace dos semanas. Desde entonces, ha estado trabajando con las autoridades locales para ofrecer servicios consulares, ha afirmado el portavoz de la Cancillería de Paquistán, Qazi Jalillullah.

También ha agregado que, debido a los esfuerzos diplomáticos, la esposa de Hamid fue capaz de hablar con él hace dos días, y que ella podría visitarle el próximo 30 de junio.

Paradójicamente, los medios locales han anunciado que Zaid fue trasladado a un lugar desconocido en la Meca (oeste), y el Poder Judicial saudí le ha condenado a ocho años de cárcel y 200 latigazos.

El ciudadano paquistaní es reconocido por su postura antisraelí, antisaudí y antiestadounidense, y durante sus discursos siempre insistía en que la causa principal de los problemas internos de su país son las conspiraciones diseñadas por los Riad, Washington y el régimen de Tel Aviv.

lunes, 13 de abril de 2015

ESTO ES UN GENOCIDIO: 4 millones de muertos en Afganistán, Pakistán e Irak desde 1990


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En los países occidentales, la opinión pública vive convencida de que el colonialismo es cosa del pasado, cree que sus Estados ya no practican las matanzas en masa. La realidad es muy diferente. Varias asociaciones internacionales acaban de demostrar que sólo en Afganistán, Pakistán e Irak, las guerras impuestas por las naciones occidentales ya han dejado probablemente más de 4 millones de muertos

Vistas desde Asia, las guerras occidentales no han aportado ayuda ni democracia. Tampoco han vengado los atentados del 11 de septiembre de 2001. Sólo han sembrado muerte y desolación.

Un importante estudio demuestra que la «guerra contra el terrorismo» encabezada por Estados Unidos ha matado a 2 millones de personas. Pero sólo se trata de un conteo parcial de las muertes de las que Occidente es responsable en Irak y Afganistán desde hace más de 2 décadas.
El mes pasado, Physicians for Social Responsibility (PSR), prestigiosa ONG con sede en Washington DC, publicó un estudio clave [disponible para su descarga a través del vínculo que aparece al final de este trabajo]. Ese estudio demuestra que el balance sobre las pérdidas de vidas humanas de más de una década de «guerra contra el terrorismo», desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, se eleva como mínimo a 1,3 millones de muertos. Según esta ONG, ese conteo podría alcanzar incluso los 2 millones.

jueves, 9 de abril de 2015

Crece la oposición en Pakistán a una participación en el conflicto de Yemen


En los últimos días ha crecido la oposición en Pakistán a un apoyo del país a la agresión del régimen de Arabia Saudí contra Yemen.

Varios miembros del Parlamento pakistaní han hablado en contra de una implicación de su país en la operación liderada por Arabia Saudí. Ellos se expresaron de este modo en un debate parlamentario acerca de una petición saudí para que Pakistán se una a la campaña contra los yemeníes.

El primer ministro, Nawaf Sharif, afirmó que él defendería la “integridad territorial” de Arabia Saudí,  pero no especificó a qué se había comprometido. Sharif posee fuertes vínculos con Arabia Saudí, donde estuvo exiliado tras el golpe de estado que le derrocó en 1999.

martes, 7 de abril de 2015

Pakistán pidió que Irán participe de la búsqueda de una solución al conflicto yemení

Mientras el Parlamento paquistaní debatía su eventual participación en la ofensiva militar liderada por Arabia Saudí contra los rebeldes hutíes en Yemen, luego de que el gobierno saudí le solicitara ayuda militar, el presidente turco Recepp Tayyip Erdogan visitó Teherán para demostrar unidad de criterios con el gobierno local pese a las posturas divergentes hacia Yemen.

"Irán también debería integrar la discusión y evaluar si su política (en la región) es la correcta", señaló el primer ministro paquistaní, Nawaz Sharif, durante la sesión del Parlamento que discutía el pedido de Arabia Saudita. Turquía, a su vez, apoya el operativo saudí e incluso evalúa un posible envío de material militar. En cambio Irán, de mayoría chiita, exige el fin de los ataques contra los hutíes, a quienes se supone que respalda. Pese a las posturas divergentes, los gobiernos de Irán y de Turquía mostraron cierta unidad durante la visita del presidente turco Erdogan a Teherán.
"Estamos de acuerdo en que la guerra (en Yemen) debe llegar a un fin y que deberíamos ayudar al país a recuperar la paz y la seguridad", destacó el mandatario iraní, Hasan Rohani.

lunes, 6 de abril de 2015

Arabia Saudí pide ayuda a Pakistán ante los escasos logros en Yemen

Un grupo de huthíes se manifiestan con sus armas contra los bombardeos árabes en Saná. /HANI MOHAMMED (AP)
La operación Tormenta Decisiva, emprendida por Arabia Saudí para frenar el avance de los rebeldes Huthi en Yemen, está lejos de hacer honor a su nombre. Ni los intensos ataques aéreos de la coalición árabe liderada por Riad, ni la resistencia de las tribus locales han logrado repeler el progreso militar de la milicia chií que controla amplias zonas del país.
En ese contexto, las autoridades saudíes han pedido a Pakistán que se implique en la operación en curso con el envío de soldados, aviones militares y buques de guerra, según confirmó este lunes el titular paquistaní de Defensa, Jawaja Mohamed Asif, en la apertura de un debate parlamentario dedicado a la posible participación de su país en la coalición árabe contra la milicia chií.

lunes, 30 de marzo de 2015

Manifestaciones en el mundo musulmán contra agresión saudí contra Yemen

Grandes manifestaciones en varios países musulmanes han condenado la agresión saudí contra Yemen.

El pasado viernes tuvo lugar una gran manifestación cerca de complejo de la Mezquita de Al Aqsa en Al Quds (Jerusalén) tras las oraciones del viernes.

Protestas en Pakistán

En Pakistán, miles de ciudadanos celebraron manifestaciones contra la agresión saudí contra Yemen.

Una manifestación masiva organizada por el Comité de Acción Shií y otros grupos fue realizada en la ciudad de Karachi el viernes pasado tras las oraciones colectivas.

La indignada multitud condenó la agresión saudí y al gobierno del primer ministro Nawaz Sharif por haber mostrado su apoyo a la misma.

Similares manifestaciones tuvieron lugar en Islamabad, Lahore y Quetta.