Mostrando entradas con la etiqueta Argelia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Argelia. Mostrar todas las entradas

lunes, 15 de abril de 2019

Transición en Argelia: bajo la lupa de las potencias internacionales


Los ojos de las principales potencias mundiales están sobre Argelia, país clave por su posición estratégica en el Mediterráneo y África, por su riqueza en hidrocarburos y por el impacto que podría tener en el mundo árabe-musulmán la vía elegida para la superación de la crisis del sistema que rige el país desde su independencia, en 1962.

Prueba del vértigo que suscita el período prerevolucionario, como algunos lo califican, es la guerra psicológica que, a través de la información, avanza en paralelo a los hechos.

El pasado 9 de abril, el diario francés Le Figaro publicaba una noticia breve en la que se afirmaba que los servicios secretos rusos habían advertido a sus homólogos franceses de no injerir en los asuntos argelinos. La noticia fue recogida por periodistas considerados fiables, que incluso publicaron la supuesta respuesta francesa: "no tendremos en cuenta la advertencia; Argelia es demasiado importante para nosotros". Para algunos especialistas, como Alain Rodier, exmiembro de los servicios de inteligencia franceses, todo forma parte de una intoxicación.

Francia se veía así en el centro de una polémica que, si parece banal, demuestra la sensibilidad que la política de la antigua potencia colonial suscita en Argelia y más en estos momentos, cuando el país se juega su futuro. El nuevo hombre fuerte tras la destitución de Abdelazif Buteflika, el general Ahmed Gaid Salah, señaló a Francia sin nombrarla, en su primer discurso después de decretar una transición política basada en la aplicación del artículo 102 de la Constitución. Salah advirtió a quienes, "intentar desestabilizar Argelia", entre ellos, "un país extranjero con lazos históricos con Argelia".

Recurrir a la amenaza de la antigua potencia colonial ha sido siembre un subterfugio utilizado por el poder argelino, pero en la situación actual, la retórica nacionalista va más allá de las palabras. Medios argelinos han sido acusados por París de crear falsas informaciones sobre la situación interna, al tiempo que desde Argel se tomaba una decisión mediático-diplomática que va más allá del simbolismo.

El delegado-jefe de la agencia estatal de prensa francesa France Presse en la capital argelina era conminado a abandonar el país, tras habérsele rechazado la renovación de su permiso de estancia.

Coincidiendo con la decisión, en algunos medios argelinos se publicaban virulentos ataques personales contra el presidente de la agencia francesa y se denunciaba la labor de la AFP en la cobertura de la crisis en el país.

El Ministerio de Exteriores francés publicó un comunicado "sintiendo" la decisión tomada contra el periodista francés y subrayando su apego a la libertad de expresión y a la protección de los periodistas en todo el mundo.

Macron: "Ni injerencia, ni indiferencia"

Francia ha sido muy cauta desde el primer momento con los acontecimientos que vive Argelia desde el inicio de las protestas contra el poder, el 22 de febrero. París es consciente de que cualquier palabra puede ser interpretada como una injerencia o servir a agitar los viejos demonios de la relación histórica bilateral.

El presidente francés, Emmanuel Macron, ha limitado sus declaraciones sobre el asunto, pero se le recordará la frase, "Sin injerencia, pero sin indiferencia". Está claro que para Francia la situación en Argelia y la solución de la crisis tendrá una repercusión especial.

En territorio francés viven casi dos millones de ciudadanos argelinos o de origen argelino, desde antes y después de la guerra de independencia; el territorio es el principal destino de la juventud argelina que, desesperada por la falta de futuro en su país y la penuria de visados, se lanza al mar para llegar clandestinamente a las costas francesas. Es también el lugar preferido de los miembros de la nomenclatura argelina para hacerse con propiedades o disfrutar del sistema sanitario de la exmetrópoli.

Francia no es sin embargo el socio principal de Argelia. China se ha convertido en el proveedor número uno y en uno de los principales actores de la construcción de las infraestructuras. Argelia sigue siendo el principal destinatario de la venta de armamento ruso, pero Moscú gana terreno también en otros apartados como la energía nuclear o incluso el trigo. Por su parte, las compañías petroleras norteamericanas siguen atentas al futuro desarrollo de la industria de hidrocarburos.

Terorrismo islamista: realidad y espantajo

Por encima del interés comercial, las potencias internacionales y regionales no pueden dejar de lado el aspecto geoestratégico. Argelia es uno de los baluartes de la lucha internacional contra el yihadismo, en colaboración concreta con Francia y otros países occidentales con intereses en África.

El inmenso territorio argelino necesita un control permanente de sus fronteras para impedir la infiltración de milicias islamistas, pero también se oyen voces que denuncian que, bajo la excusa de la amenaza terrorista, Argelia se ve rodeada de bases militares instaladas en los países limítrofes, en especial instalaciones militares norteamericanas.

El general Gaid Salah ha mencionado también la situación en Libia como una potencial amenaza para la estabilidad de su país. Opositores interpretan sus palabras como una velada amenaza a utilizar la guerra en el país vecino para imponer un estado de emergencia que clausurara la transición hacia la democracia.

Las potencias del Golfo no son ajenas tampoco al devenir de Argelia. Para el mundo árabe-musulmán, la salida a la situación que vive Argelia puede ser un ejemplo de transición a la democracia o, por el contrario, un contraejemplo de lo que las élites de esos países desearían ver en su propio territorio. Para los argelinos que se siguen manifestando en todas las ciudades del país, no hay modelos exteriores a seguir. La vía argelina hacia la democracia, la libertad y el cambio de régimen es el objetivo.

De momento, es el Ejército el que se hace cargo de la transición, ceñido a la vía que marca una Constitución tantas veces violada por el poder. La transición está, de momento, en manos de las mismas personas que han rodeado a Buteflika en los últimos 20 años. Pero en esa misma Constitución existen artículos que permitirían cambiar de rumbo si la presión popular hace necesario acelerar un proceso de cambio que no satisfará rápidamente, de todos modos, todas las exigencias enumeradas en la calle.

No se trata solo de aspirar a la autodisolución voluntaria de un sistema que dura casi 60 años, sino de tener en cuenta todas las dificultades, las trampas y la resistencia que la deseada "II República" argelina encontrará en el escenario regional e internacional.

El arte de la revolución: lo que salió bien en Sudán y Argelia




Sudán y Argelia pueden evocar fácilmente recuerdos de las revoluciones tunecina y egipcia de 2010 y 2011. Al igual que sus vecinos, los manifestantes sudaneses y argelinos lograron derrocar a sus líderes autocráticos después de décadas de gobierno, en cuestión de meses y sin un solo disparo.

Marchando, cantando, resistiendo y atreviéndose, el pueblo de Sudán y Argelia siguió adelante con sus pedidos de libertad y democracia hasta que pudieron desarmar a la vieja guardia, políticos y generales por igual, y obligarlos a aceptar sus demandas iniciales.

Puede que todavía sea demasiado pronto para juzgar, pero hasta ahora parece que estos últimos han aprendido importantes lecciones tanto de los árabes como de otras revoluciones. De hecho, Sudán y Argelia pueden disuadir a la contrarrevolución y evitar los peligros de la guerra civil.

Los signos son esperanzadores.

No violencia e inclusión.

Hasta ahora, los revolucionarios en Sudán y Argelia todavía están firmemente en el camino de la no violencia, a Túnez y Egipto.


La protesta pacífica ha demostrado ser la menos costosa y la más constructiva entre todas las estrategias y escenarios posibles, no solo para enfrentar la represión, sino también para allanar el camino para la democracia. De hecho, las revoluciones no violentas son las más capaces de dividir el rango y el archivo del régimen y forzar su legitimidad.

Si la historia sirve de guía, las revueltas violentas tienden a unirse y galvanizar la base de una dictadura, haciendo que sea más difícil derribarla. También producen un liderazgo alternativo que no es menos violento que los regímenes represivos que pretenden derrocar.

Los que luchan y matan a sus oponentes con entusiasmo y determinación probablemente se vuelvan contra sus aliados y personas con igual venganza.

Pero para que la desobediencia civil, el boicot, las manifestaciones y otras formas de estrategias no violentas funcionen, requieren la movilización popular. En Argelia y Sudán, personas de diferentes orígenes étnicos y religiosos, jóvenes y viejos, mujeres y hombres, laicos y religiosos se unieron en su demanda de libertad y mejor vida.

La principal voz popular de Sudán, la Asociación de Profesionales Sudaneses, reflejó este abrazo de la inclusión de manera bastante brillante en su reciente llamado a poner a "Cristo en el corazón de la revolución", pidiendo a los cristianos y personas de todas las demás confesiones que participen en un día de desobediencia civil y adorar por la paz

Tal inclusión de diferentes elementos de la sociedad impide que el régimen se aproveche de cualquier posible división o sentimiento de alienación, como ha ocurrido tanto en Siria como en Egipto, para desacreditar la revolución y justificar la represión contra sus partidarios.

La inclusión también significa la disposición a incorporar segmentos del antiguo orden en el movimiento para el cambio. Esto no solo amplía la base popular de la revolución, sino que también disminuye la autoridad del régimen y acelera su desaparición.

Los autócratas dependen de un sistema de patrocinio político y financiero que involucra la participación de ciertos segmentos de la sociedad principalmente por necesidad económica, no por lealtad política.

Condenar o alienar a los burócratas de rango medio y bajo o a los empleados del gobierno, incluidos maestros y policías, es contraproducente y perjudicial; Atraerlos e incorporarlos a la revolución puede contribuir a su éxito potencial.

Una mayor movilización popular detrás de la revolución asegura una mayor participación en el proceso democrático subsiguiente, lo que garantiza su consolidación a largo plazo.

Eso puede llevar tiempo, mucho tiempo.

Lo que no viene a continuación

Una revolución es una descarga emocionante y liberadora de adrenalina social y política, pero incluso con un amplio apoyo, su éxito a largo plazo depende de la coherencia y la perseverancia. La presión no puede aliviarse solo porque el déspota se ha ido. Lo que debe venir a continuación es un proceso lento, tedioso y deliberado de organización, negociación y reconciliación. 

Sin ella, cualquier revolución termina en los basureros de la historia.

Porque, si la gente regresa a casa como de costumbre después de la caída de un autócrata, permiten que el antiguo régimen se reconstituya de una forma u otra.

A diferencia de las revoluciones totalitarias, como la de Rusia o la de Irán, donde el cambio es rápido, brutal y decisivo, las revoluciones democráticas requieren tiempo, disciplina y resistencia.

Históricamente, la democracia se produce después de grandes trastornos, y en fases y etapas largas; casi nunca evoluciona de forma lineal. La Revolución Francesa, que tardó décadas en darse cuenta de su potencial, es un buen ejemplo.

Cambiar un autócrata puede ser difícil; Cambiar el sistema detrás de él es aún más difícil.La pregunta importante para todas las revoluciones no es quién, sino qué viene después.

Los argelinos y sudaneses parecen estar muy conscientes de eso. Celebraron el derrocamiento sin sangre de Bouteflika y al-Bashir, pero lo hicieron sabiendo que esto era solo el comienzo de un proceso muy largo y complicado.

La rápida introducción de líderes sustitutos dentro del antiguo sistema en ambos países subrayó la necesidad de un pensamiento más amplio sobre el camino a seguir.

Tanto en Argelia como en Sudán, los manifestantes saben que necesitan poner a los militares de su lado y en sus términos, como en Túnez, para evitar un escenario similar al de Egipto.

La experiencia de Túnez también enseña que las protestas deben continuar hasta que se establezca un nuevo sistema transparente de responsabilidad . Esto significa saber no solo a quién se opone, sino también lo que quiere, tanto a corto como a largo plazo. Es bastante fácil estar en contra de los líderes represivos corruptos, pero mucho más difícil de articular e implementar una visión para un futuro mejor. 

Democracia y demócratas

Esto nos lleva al viejo enigma del huevo y la gallina: ¿qué viene primero, la democracia o los demócratas? Porque, ¿cómo es posible fomentar la democracia sin demócratas, o demócratas sin democracia?

La respuesta simple es: vienen en tándem. Se necesita experiencia y coraje para fomentarlos.

La democracia no es una panacea. Es mucho trabajo y los resultados pueden ser mixtos, a veces antidemocráticos, incluso después de décadas y siglos de gobierno democrático.Basta con observar el auge de los partidos de derechas anti-democráticos fascistas en una serie de democracias líderes.

Y en el mundo árabe, la democracia liberal, la forma más verdadera de democracia, puede verse como una idea controvertida o una importación extranjera por parte de la sociedad tradicional y conservadora. 

Todo esto significa que existe la necesidad de un debate abierto, de prueba y error, que lleva tiempo, mucho tiempo. Y es por eso que se debe dar prioridad a una transición gradual sobre las elecciones inmediatas, algo en lo que los revolucionarios tanto de Sudán como de Argelia parecen insistir .

Exigen una transición hacia un gobierno civil, no militar, que prepare los marcos políticos y legales para celebrar elecciones libres y justas.

El apresurarse a las urnas de inmediato es un privilegio para los partidos más antiguos y más organizados y para fracturar a los grupos recién formados que impulsan la revolución, ya que compiten por el poder. Egipto es un buen ejemplo de cómo el antiguo régimen puede explotar las tensiones posteriores a las elecciones entre los laicos liberales y los conservadores islamistas para lanzar un golpe de Estado contra un presidente electo.

Esto no significa una transición abierta que se prolongue sin cesar.

A medida que la nueva libertad de Sudán y Cambio alianza , un comité público que representa las demandas de los manifestantes, propone , un período de cuatro años pueden ser adecuados para estabilizar el país política y económicamente y trazar un nuevo camino hacia adelante.

Argelia parece seguir su ejemplo, ya que ha rechazado el anuncio de las elecciones presidenciales en julio bajo las mismas viejas reglas. Ahora que los jueces argelinos han decidido boicotear la supervisión de tales elecciones prematuras, la presión se está acumulando para su aplazamiento hasta que el país esté listo.

Mientras tanto, otro proceso crucial que tiene que ocurrir es gestionar las expectativas. Al igual que sus vecinos antes que ellos, los argelinos y sudaneses que se han arriesgado mucho en la lucha por el cambio de régimen, esperarán mucho.

Los sudaneses que se sublevaron contra Al-Bashir por la falta de pan y combustible, esperarán, de hecho, demandarán, soluciones, no lemas del gobierno de transición.

Sin duda, muchos confunden democracia con prosperidad en occidente. La democracia puede facilitar la creatividad, la innovación y el espíritu empresarial, pero no garantiza un nivel de vida más alto, al menos no a corto plazo. 

Y en una nación muy endeudada y subdesarrollada con pocas fuentes nacionales de ingresos, la libertad y la democracia pueden generar más enojo que riqueza.

El arte de lo imposible.

Hasta ahora, los desarrollos en Sudán y Argelia han ido en la dirección correcta, pero también hay muchas cosas que aún pueden salir mal, considerando que el camino hacia la democracia está lleno de trampas y escollos.

Si las recientes experiencias de la "Primavera Árabe" son algo por lo que pasar, lo peor está por venir, especialmente, mientras los generales continúan compitiendo por el control.

Pero las mayorías silenciadas, tanto de los sudaneses como de las argelinas, y sus elites invisibles han desafiado todas las campañas de miedo que advirtieron de un descenso al caos.

Han rechazado todas las formas de intervención doméstica y extranjera, especialmente la intervención militar, para evitar la destrucción que se observa en Libia, Siria y Yemen. 

En resumen, prefieren ser revolucionarios autosuficientes, constructivos e innovadores.

Y seguramente se necesita innovación para enfrentar la violencia con la no violencia, protestar en voz alta y negociar con calma, aumentar el riesgo y reducir los riesgos, elevar las aspiraciones y limitar las expectativas. También se necesitará más creatividad para seguir utilizando medios accesibles para lograr fines inaccesibles.

El arte de la revolución implica una profunda transformación de la sociedad para garantizar la sostenibilidad y la durabilidad de la transformación política.

Al Jazeera

sábado, 20 de agosto de 2016

Alá en la Casba: la gestación del islamismo en Argelia


Preguntado en 1999, el maestro Kapuściński dijo de Argelia que era un lugar complejo, como una casba: callejones estrechísimos, calles angostas, una maraña de escalones. Un laberinto en el que es fácil entrar y del que es difícil salir.

La casba, como se verá, no solo es el símbolo de la identidad magrebí previa a la colonización, sino también, consecuentemente, un icono contestatario, y con su particular disposición urbana, un refugio seguro en los años de insurgencia y rebelión. Es pues también un lugar del que es difícil hacer salir a alguien.

Por aquel entonces Argelia estaba saliendo de una cruenta guerra civil que había durado casi una década y había dejado entre 100.000 y 200.000 muertos (según las fuentes) y que todavía daría algunos coletazos hasta el año 2002. El recién elegido presidente Bouteflika pondría en marcha un proceso de concordia civil enmarcado en un ambiente de hartazgo social frente a la violencia, que después de tantas víctimas no parecía haber dado ningún resultado.

Sin embargo, después de 17 años de gobierno de Bouteflika –hoy un anciano enfermo- los viejos fantasmas que avivaron la rebelión argelina esperan en la casba para volver a hacerse oír, quizá, en elincierto escenario que se abrirá con el fallecimiento del presidente, que se ve cercano.

Argelia, una finca francesa

Francia había ocupado y colonizado Argelia en 1830 y lo había hecho de una manera muy particular, que después tendría costosas consecuencias para todos: a diferencia de otros territorios magrebíes, como Marruecos y Túnez, donde los franceses habían conservado las instituciones locales a través de un protectorado, con Argelia se pretendió que fuera una provincia más de la Francia metropolitana al otro lado del Mediterráneo.

El gobierno, pues, y más si cabe en un país de gestión tan centralizada como Francia, pasaba siempre por París, y la dominación económica y social era total. Los franceses habían llegado a Argelia con el propósito de hacer de ella una enorme finca a donde llevar el excedente demográfico de la metrópoli, y de la que obtener abundantes recursos agrícolas destinados a la exportación. La propiedad del terreno cambió de manos, los cultivos de subsistencia se apartaron en beneficio de otros más rentables como la vid, y la agricultura tradicional argelina desapareció.

Hija del modelo sociopolítico de colonización practicado en Argelia, la brecha social no hacía más que agrandarse, y así, mientras el mundo contemplaba a la orquesta de las independencias postcoloniales a la que cada vez se unían más países, Argelia, como provincia francesa, no figuraba en el programa. Los argelinos, ya tras la Primera Guerra Mundial, y sobre todo después del año 1945, habían empezado a pedir cambios, aunque los franceses, por supuesto, no variaron su postura.

La casba como refugio: la Batalla de Argel

Frustrados ante la imposibilidad de negociar con Francia, los argelinos optaron por la vía violenta, y durante ocho años (1954-1962) se libró una cruenta guerra que acabó con la independencia de Argelia y que llegó a poner en jaque la estabilidad de la misma Francia metropolitana.

Esta guerra, ejemplo clásico de conflicto asimétrico donde uno de los bandos está notablemente menos instruido y armado que el otro, se libró en las calles de Argel y otras ciudades del territorio, y como muestra magistralmente la película La Batalla de Argel, la casba sirvió desde el principio como refugio para los insurgentes, reunidos en el llamado Frente de Liberación Nacional (FLN).

Es aquí ya cuando el islam empieza a usarse como elemento destinado a unificar al pueblo arabo-argelino en torno a una identidad opuesta a la franco-argelina, es decir, laica, europea, y unida a la metrópoli. A partir de ahora, en la medida en que, durante la revolución, ser musulmán era ser argelino, ser argelino significará ser musulmán. Alá había entrado en la casba.

El esforzado caminar de una nueva Argelia

Desde los primeros años con el líder de la independencia Ahmed Ben Bella en adelante, la religión musulmana será usada por los sucesivos gobiernos de Argelia como aglutinador de la identidad nacional, en un peligroso equilibrio de fuerzas con el socialismo, inspirador último de la revolución.

Celebración de la independencia en Argel, 2 de julio del 1962. Marc Riboud

Mientas intentaba poner en marcha un país destrozado por la guerra y todavía dominado en lo económico por la antigua metrópoli, Ben Bella sería víctima del verdadero poder en la sombra, el Ejército, que en 1965 inauguraría una etapa de dominio castrense iniciada con un golpe de estado contra el carismático presidente. Sin embargo, en su corto mandato había tenido tiempo de introducir potentes medidas arabizantes –destinadas a desplazar la lengua francesa– y de constituir a Argelia como un estado musulmán.

El general Boumedian, nuevo presidente, terminaría de definir un régimen en el que se confundían el partido único y de masas, el FLN, que conservaba en esos años el halo de simbolismo fundacional del Estado; la burocracia, mastodóntica y corrupta, sostén del régimen; y el Ejército, guardián de la revolución.

Gran productora de hidrocarburos y lastrada por su dañada agricultura heredera de la gestión francesa, bajo el vehemente liderazgo de Boumedian Argelia basó toda su economía en la exportación de petróleo y gas –todavía es uno de los grandes suministradores del sur de Europa- mientras emprendía una utópica industrialización acelerada basada en las teorías marxistas de los economistas de la revolución.

En el campo, las grandes fincas coloniales se convirtieron en autogestiones propiedad del Estado, pero esto no consiguió aliviar la gran necesidad de productos de alimentación básica que Argelia se veía obligada a importar a un alto coste, debido a que, como ya se ha dicho, la agricultura tradicional de subsistencia acabó con la gestión francesa; las políticas de socialización de tierras de Boumedian solamente pudieron confirmar su desaparición.

Una crisis social larvada

Durante los años setenta, el país consiguió salir bien parado gracias a las rentas que dejaba el alto precio de los hidrocarburos. Mientras se esperaba a que la altamente técnica y costosa industrialización de iniciativa pública repercutiera en la aparición de otras industrias y con ello en el bienestar del país, miles de personas abandonaban el campo para emigrar a las ciudades de la costa mediterránea, que pronto se convirtieron en urbes populosas de insalubres arrabales.

Sin agricultura ni apenas industria, el sueño del socialismo árabe solo se sostenía con la riqueza natural del petróleo y el gas, y dejaba tras de sí en Argelia una legión de desempleados hambrientos y frustrados. Al mismo tiempo el régimen ponía en marcha una exitosísima campaña de alfabetización y arabización de la educación, que progresivamente se llevó a todos los niveles. Sin embargo, la mayor parte de los licenciados universitarios engrosaban el paro nada más acabar la carrera.

Ante la falta de profesores y de imanes con que llenar las nuevas escuelas y mezquitas que el Estado estaba construyendo, Argelia trajo también multitud de académicos y teólogos extranjeros, entre ellos egipcios que aprovecharon la oportunidad para huir de un país que los perseguía por su afiliación a movimientos islamistas como los Hermanos Musulmanes. Así se introducirán en Argelia las ideas de Hassan al-Banna o el más radical Sayd Qutb, que propugnaban el gobierno del islam. Tenemos pues, ante nosotros, los dos escenarios donde se forjará el poder del islamismo en Argelia en los años venideros: la universidad y la mezquita.

La política del equilibrismo, el pueblo frente a Dios

El régimen castrense, liderado por el autoritario Boumedian, jugó siempre con varias barajas para mantener el dominio político sobre una población ante la cual le resultaba difícil justificarse. Calificados a sí mismos de defensores de la revolución socialista, los militares siguieron al mismo tiempo apoyándose en el islam como elemento legitimador y aplacador de las críticas, aunque siempre sin aplicar medidas verdaderamente islamistas: a la religión le correspondía cubrir el déficit social y de libertades democráticas del Estado.

Es este un extraño equilibrio, un inestable posicionamiento ecléctico que toma del islam su ideal de religión liberadora de la esclavitud del hombre –con su modelo de igualdad y justicia– y del socialismo su visión crítica con el capitalismo y favorable a la distribución de la riqueza. Sin embargo, las dos posiciones son en realidad irreconciliables, entre otras cosas porque el materialismo ateo de la izquierda es frontalmente contrario a la religiosidad del islam, y porque los religiosos siempre sospecharon de injerencia extranjera a través de la influencia marxista.

Consecuentemente este malabarismo se convirtió pronto en un ejercicio peligroso cuando el régimen se vio atacado por los conservadores por sus inclinaciones socialistas, y por la izquierda por la lentitud de las reformas y la falta de libertades democráticas. En aquellos años parecía que el socialismo era la gran amenaza para el statu quo, así que Boumedian no dudó en apoyarse en los ulemas para balancear la pugna, algo que ellos aceptaron con gusto, viendo en el régimen un dique ante la izquierda.

Desplome del ideal socialista

A finales del año 1978 murió el general Boumedian y su sucesor, Benjedid, pronto empezó a introducir medidas para liberalizar la economía, consciente de que el milagro económico que el alto precio del petróleo de los años 70 había ofrecido a Argelia no sería eterno.

La tendencia poblacional había seguido su curso imparable, y una demografía galopante, unida al masivo éxodo rural, agolpaban multitudes en las ciudades de la ribera mediterránea. La juventud, que no había llegado a vivir la independencia, estaba cada vez más desenganchada del FLN, partido que veían más como el partido del régimen que como el de la heroica revolución; el socialismo era, para ellos, la escenificación del fracaso y la crisis.

Pirámide poblacional de Argelia correspondiente al año 2014, de IndexMundi con datos delCIA World Factbook

Paralelamente y de manera soterrada habían aparecido miles de mezquitas libres –es decir, no controladas ni financiadas por el Estado– que se llenaron de estos jóvenes desarraigados; las universidades, llenas debido a la exitosa política educativa, sirvieron de plataforma de actuación para el islamismo y fueron escaparate de las largas barbas que identifican a sus simpatizantes.

El gobierno, que, distraído, no había advertido la amenaza que no venía ya de la izquierda sino de las mezquitas, reaccionó tarde y mal: reprimió a la oposición laica y procuró aplacar al islamismo haciéndole cada vez más importantes concesiones, y citaremos un ejemplo paradigmático: el Código de Familia aprobado en junio de 1984 institucionalizará el patriarcado tradicional islámico instituyendo la subordinación de las mujeres en Argelia a través de medidas como dificultar su acceso al trabajo. Losguardianes de la revolución, víctimas de su ambigüedad, claudicaban de esta manera ante el cada vez más influyente bando islamista y eran incapaces de imaginar el estallido social que semejantes condicionantes sociopolíticos nos permitirían anticipar ahora.

La revancha de Alá

Durante décadas el islam había estado incubándose en los barrios pobres de las ciudades de Argelia, en los arrabales, en la casba de Argel. El régimen había alimentado e instrumentalizado un movimiento que en su momento le sirvió para desactivar a la oposición, pero que a la larga, inconscientemente, acabaría por constituir una oposición mucho más poderosa y masiva, espoleada por el éxito de la Revolución Iraní del 79, que sentaba precedente y servía de inspiración para el resto de movimientos islamistas allá donde estuvieran presentes.

Las citadas condiciones socioeconómicas y demográficas pintaban un escenario peligroso para el régimen: miles de jóvenes desempleados, frustrados con la corrupta y autoritaria estructura partido-Ejército-burocracia, y políticamente involucrados en un movimiento cada día más crítico con el sistema, esperaban su oportunidad para hacerse oír. Y esa oportunidad llegó.

El día 4 de octubre de 1988 una manifestación estudiantil se desbordó con jóvenes de las clases más marginales de Argel, protestando por el paro y la crisis económica, y a la que pronto se sumaron los islamistas. Empezaba así la primavera argelina, anticipándose más de 20 años a las que el mundo árabe viviría en el siglo XXI. La crisis fue tal que el gobierno se vio obligado a introducir rápidamente reformas democráticas que permitirían entre otras cosas la legalización de otros partidos políticos y el desplazamiento de las Fuerzas Armadas de la política. Además, la nueva Constitución del 89 abandonaba el socialismo, escenificado en el sustitución de la fórmula previa al texto legal de “En el nombre del pueblo…” por la Basmala, sentencia que reza así “En el nombre de Alá, el Compasivo, el Misericordioso…” para dar comienzo a las suras del Corán y que es frecuentemente usada en declaraciones políticas del islamismo.

Las reformas se notarán enseguida en la legalización de decenas de partidos políticos, entre los que aparecerá uno todavía irrelevante, pero que vendrá a unificar todo el movimiento islamista bajo sus siglas, el Frente Islámico de Salvación (FIS), nombre cargado de significado dadas las circunstancias. Era este, con todo, un ejercicio de gatopardismo –cambiarlo todo para mantenerlo igual-, ya que la cúpula castrense, a estas alturas muy descontenta con Benjedid, nunca se planteó seriamente dejar el poder.

Sin embargo, para alarma del gobierno, las elecciones regionales y municipales del año 90 se saldaron con una aplastante victoria del FIS, que empezará muy pronto a implementar medidas islamistas en las parcelas de poder que ha tomado y saldrá a la calle reivindicando la legitimidad del movimiento para gobernar el país. Los garantes de la revolución tuvieron que hacer honor a su sobrenombre y se declaró el estado de sitio, dejando claro que la partida era cada vez más entre el islamismo y el Ejército… El breve experimento democrático argelino empezaba a desmoronarse.

Con semejante inestabilidad las elecciones legislativas previstas para junio del 91 debieron aplazarse a diciembre, entre disturbios y enfrentamientos callejeros. La catástrofe para el régimen se consumó, a pesar de ello, en estas elecciones, que el FIS volvió a ganar de manera clara. Cundía la desconfianza en los dos bandos, y a falta de una segunda vuelta que confirmara su mayoría absoluta, el Ejército se decidió a actuar. Queriendo salvar la democracia, acabó con ella: forzó la dimisión de Benjedid, y estableció un gobierno militar. Empezaba la guerra.

Guerra civil

El FIS, ilegalizado y con sus líderes encarcelados, frustrado ante la imposibilidad de llegar al poder por la vía democrática, se radicalizó, y su brazo armado, el Ejército Islámico de Salvación (AIS por sus siglas en francés) encabezó el bando islamista en contra del Ejército durante una guerra intestina que se libró en cada calle y en cada pueblo desde 1992 hasta al menos 1999.

El islamismo moderado combatió contra la junta militar encabezada por el nuevo presidente, el general Zeroual, pero también contra otro movimiento islamista mucho más radicalizado que creció con la violencia de la guerra: el Grupo Islámico Armado (GIA), heredero de los combatientes islamistas de la Guerra de Afganistán contra la URSS –de donde también nacería Al Qaeda– y que no aceptaba la moderación del FIS.

A pesar de que la oposición moderada –conformada por todo tipo de movimientos desde marxistas a islamistas pasando por socialdemócratas, muchos de ellos en el exilio– se unió en pedir al gobierno aperturismo democrático y el reconocimiento del FIS como interlocutor legitimado por las urnas, el régimen nunca llegó a escucharla del todo, e incluso se habló de una colaboración de los militares con el GIA para deslegitimar al islamismo moderado.

En medio de la violencia civil más cruda y después de haber usado citas electorales de dudosa validez democrática para legitimar el régimen, el general Zeroual anunció su renuncia y la convocatoria de elecciones en abril de 1998. Para entonces el AIS estaba dejando las armas para aislar al GIA en su lucha que cada día era más terrorífica e irracional, pero la oposición moderada seguía sin confiar en las intenciones del régimen.

La calma impuesta solo anticipa más tormenta

En las elecciones del 1998 el candidato oficialista, Bouteflika, ganó de manera aplastante unas elecciones a las que se presentó sin rivales, después de que la oposición llamara al boicot. El nuevo presidente intentaría en los años siguientes levantar al país tras el conflicto y traer la concordia con la citada ley de amnistía, al mismo tiempo que se ocupaba de tapar las vergüenzas que los generales habían cometido en los años de la guerra.

De reconocidos y esperanzadores inicios, Bouteflika se mostró pronto como lo que era, el candidato del régimen, y en las sucesivas citas electorales que ha habido estos años ha seguido ganando entre rumores de fraude y llamadas a la abstención por parte de la oposición. Incluso cuando alguna de estas citas se ha llevado a cabo de manera democrática, la poca presencia mediática de la oposición y la apatía de los votantes –que se abstienen normalmente por encima de un 50%- ha garantizado que Bouteflika gobierne desde aquel ya lejano 1998 hasta hoy, en que, convertido en un enfermizo anciano,es objeto de crecientes críticas.

El Presidente Bouteflika con Manuel Valls. Esta fotografía, twitteada por el primer ministro galo, ha levantado gran revuelo en Argelia recientemente, por el aspecto enve-jecido de su presidente en comparación con Valls

Y es para la Argelia de hoy, que temerosa del terror de la todavía reciente guerra, ha campeado con cierta calma el temporal de las revueltas árabes, las condiciones socioeconómicas previas a una crisis están presentes de manera similar a los años 50, y también a los años previos a la guerra civil. La pregunta ahora es, y a sabiendas que un disminuido movimiento islamista es todavía el primer partido de la oposición, ¿qué pasará cuando la decrépita autoridad caiga y muera el presidente Bouteflika?

Argelia, siempre compleja, sigue buscándose a sí misma entre los intricados callejones de una casba que desde hace décadas está ocupada por los temerosos de Alá, el movimiento islamista que espera una nueva oportunidad para volver a hacerse oír.


elordenmundial.com

martes, 5 de abril de 2016

La absurda guerra fría entre Marruecos y Argelia

Les voy a contar una historia sobre dos paises hermanos, unidos por la cultura, religion, idioma y costumbres. Les voy a contar la historia de Argelia y Marruecos. Dos países berebero-árabes quienes siempre han jugado al odio, el revanchismo y la confrontación. Pero, sobre todo, lo que realmente veo es una nube de creciente odio que va devorando el buen corazón de los dos pueblos hermanos, dominados por la desesperación y hundidos en el desánimo. 

Tanto Argelia como Marruecos no hacen más que gastarse miles de millones de euros en armas sofisticadas de todo tipo, incluyendo submarinos rusos, lanzadores de misiles chinos y helicópteros militares estadounidenses. Pero... ¿Para que este arsenal militar? y lo más importante de todo ¿en contra quien quieren utilizarlo? Por supuesto se trata en el marco de que tanto Marruecos como Argelia necesitan conseguir armas de calidad contra los peligros circundantes, donde las nuevas guerras están causando estragos en Oriente Medio y han demostrado que el enemigo no siempre es externo, sino que puede aparecer y crecer internamente. Por lo tanto, hay que ser cautos ante el panorama de que las cosas se pongan mal, ya que la estrategia de la Guerra Fría ha demostrado que la disuasión es la mejor defensa.

Los medios de comunicación tanto marroquíes como Argelinos, muchos de los cuales celebran estos acontecimientos, hablando de lo fuerte que son sus arsenales militares, que ahora por ejemplo, de parte de Marruecos, que últimamente adquirió misiles que pueden penetrar en lo más profundo del territorio de Argelia.

Pocos analistas en el mundo pueden llevarme la contraria al decir que Argelia, desde 1975 ha estado en una guerra continua contra el reino de Marruecos, intentando causar el mayor daño posible, en todos los ámbitos posibles, al reino alauita. Hoy, los medios de comunicación marroquíes califican a Argelia como un enemigo debido a su posición anti-Marroquí en la cuestión del Sahara. Los dos países vecinos han luchado directamente en 1963 y 1978 y en batallas indirectas a través del frente Polisario, que se prolongó durante más de 16 años. Algunos medios de comunicación marroquíes consideran que los dos países, que aún están en un estado de guerra no declarada, teniendo en cuenta lo que pasó en el desierto resultando en un solo alto el fuego y no un fin de la guerra. Podría reabrirse el conflicto entre Marruecos y el Frente Polisario, al que Argelia abriga, abraza y apoya?

Los medios de comunicación argelinos consideran el refuerzo militar de Marruecos una provocación, un cambio en la estrategia de defensa de Rabat, un cambio en el equilibrio de poder militar en la región, y una amenaza para la paz en la región. Pero eso no es todo, lo que más irrita a Argelia es el acercamiento de la liga árabe al reino de Marruecos, en el cual el rey alauita firmó una alianza militar con el conjunto de los países árabes. Marruecos también fortaleció su histórica alianza con los estados unidos, Francia, España y ahora también con Rusia. 

De hecho, Argelia, debido a los precios del petróleo en los últimos años ha mejorado su arsenal, mediante la compra de las últimas armas rusas, chinas y francesas y de equipo alemán; como si el país se encuentrara cerca de una guerra llamando a las puertas de su frontera occidental con Marruecos. Por supuesto, Argelia está rodeada de peligros de alto riesgo en sus fronteras con Libia y Mali, además del estado caótico en la seguridad de la frontera con Túnez. Tal vez la única frontera segura que tiene en la región es con Marruecos. Entonces la pregunta es: ¿Quién va, Argelia o Marruecos, a lanzar una guerra con todas las armas que cuestan miles de millones de dólares? Podría Argelia iniciar una guerra contra su vecino militarmente muy preparado y geográficamente mejor posicionado? Poco hace falta recordar que Argelia está rodeada de los grupos extremistas más peligrosos de la tierra, Boko Haram, ISIS, Al Qaeda... y todos con los ojos puestos en tomar el control sobre Argel, igual que hicieron en Libia. Podría Argelia permitirse una guerra de esta envergadura teniendo en cuenta la tremenda crisis económica que está atravesando el país por la bajada del valor del petróleo? 

El estudio más reciente realizado por el Centro Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo, mostró que Argelia es el primer importador de armas en África, seguida de Marruecos. La compra de armas de Argelia representan el 30 por ciento del volumen de compras en África, Marruecos cuenta del 26 por ciento, lo que significa que los dos países representan más de la mitad de las compras de armas en el continente. Según las fuentes, los presupuestos militares de los dos países son algunos de los más grandes del mundo. El presupuesto militar de Argelia superó los $ 12 mil millones en 2015, mientras que Marruecos es de más de $ 4 mil millones en el mismo año. En la lista de países que compran las armas sofisticadas a nivel mundial, Argelia y Marruecos se sitúan en el puesto 11 y 13 respectivamente.

La carrera, frenética y preocupante, entre los dos países vecinos no ha parado desde la década de 1970, cuando se gastaron miles de millones de dólares en armar a los países a expensas del desarrollo de su gente.

Ambos países entrado en una guerra abierta contra el llamado terrorismo, el peligro que se ha convertido en intercontinental y amenaza a todos los países, y ambos tienen el derecho a prepararse para la inminente peligro, pero no habría sido más útil si los dos países cooperasen para hacer frente a las amenazas y a los peligros a los que se enfrentan juntos?

Las experiencias de los regímenes autoritarios árabes en Irak, Siria, Libia y Yemen, han demostrado que el arsenal de armas cuestan, a los contribuyentes de estos países, miles de millones de dólares, con el pretexto de proteger a su país, estas armas se volvieron rápidamente para reprimir y destruir a sus ciudadanos.

No hay que olvidar que Argelia fue el primer país en ser testigo de una guerra civil que se cobró miles de vidas, y su fuego aún se está librando debido a la estrecha mentalidad de sus fuerzas armadas, a los que no les gustaba los resultados de las primeras elecciones democráticas en el país desde su independencia.

Tampoco hay que olvidar que Marruecos se sitúa después de Túnez como el primer país exportador de terroristas a las zonas de tensión en Irak y Siria, la mayoría de los cuales son impulsados por la pobreza. ¿no está, en el mejor interés de los dos países, gastar todo el dinero que se desperdicia en la compra de armas, que van a ser dejado al moho en las áreas de almacenamiento, en algo que sea más útil, como la educación, la salud y el desarrollo de su gente y la democratización de sus sociedades? No son estos los mayores problemas sufridos por las sociedades árabes que se convirtieron en incubadoras, productores, exportadores y consumidores de terrorismo y el extremismo? No sería mejor para los dos países vecinos juntar fuerzas y trabajar para un futuro unido? Por parte de Argelia trabajar para convencer a los kabyles, de juntarse al plan nacional de Argelia y asi olvidar la independencia que tanto desean los bereberes de Argelia? y en el caso de Marruecos poner en marcha el plan de autonomía para el sahara occidental marroquí en el marco del nuevo proyecto de regionalización avanzada, Una solución que la comunidad internacional en su conjunto ha dejado claro que el plan de autonomía de Marruecos" para esa región "podría satisfacer las aspiraciones del pueblo del Sáhara Occidental para administrar sus propios asuntos en paz y dignidad".

Espero que este artículo deje pensar a los más involucrados en el conflicto, teniendo en cuenta que Marruecos nunca dejaría parte de su territorio independizarse, y por otro lado, Argelia tampoco dejaría parte de su territorio proclamarse independiente por el MAK (el movimiento por la independencia kabylie). Me gustaria ver los dos países vecinos avanzar hacia una unión seria, realista y creíble que pueda satisfacer las aspiraciones de los dos pueblos hermanos. Unir en vez de dividir, y amar en vez de odiar.

domingo, 19 de julio de 2015

Un ateo en la galaxia de las mezquitas



El 3 de junio la cadena privada de televisión argelina Echoruk se disponía a entrevistar al escritor Rachid Budjedra dentro del programa Mahkama (Tribunal) que habitualmente suele invitar a personalidades religiosas, como el imán takfirista Hamdache, o a conocidos militantes de la organización terrorista Grupo Islámico Armado, como Medani Mezrag.

Entre los formulismos del programa, que imita a un juicio, es costumbre que los entrevistados juren por Alá que van a decir la verdad a lo que se les pregunte. Ante la periodista Madiha Allalou el escritor le responde: “Lo juro por mi madre”.

Entonces la segunda pregunta versa sobre sus creencias religiosas, ante lo cual el escritor se declara ateo y la periodista insiste: “¿No cree Usted en el islam?” El escritor continúa respondiendo sin inmutarse: “Pues claro que no”.

La periodista sigue insistiendo sorprendida: “¿No cree Usted que Mahoma fue un profeta?” A ello Budjedra responde:“No. Para mi Mahoma fue un revolucionario. Nada más”.

A la periodista le sorprende la existencia de ateos en el país norteafricano. “¿Hay muchos ateos en Argelia?” Según Budjedra sí, aunque no se atreven a hablar “por miedo al oprobio de la sociedad”. Si tuviera que elegir una religión, optaría por el budismo por su pacifismo, añade Budjedra.

martes, 12 de mayo de 2015

Líder político argelino dice que Hitler fue un genio y que murió con valentía

‘Amimour concluyó su artículo expresando esperanzas de que algún día el mundo verá a los líderes israelíes como ahora ven a Hitler y tal vez incluso ante una perspectiva peor.
El escritor y político argelino Dr. Muhi Al-Din ‘Amimour, quien ha ocupado una serie de altos cargos oficiales en el país,[1]publicó un artículo el 17 de diciembre, 2014 alabando al líder nazi Adolfo Hitler. ‘Amimour llamó el ascenso de Hitler de un simple sargento a Canciller alemán un “milagro”, elogió su éxito en transformar a Alemania en una superpotencia que casi gobernó al mundo y le llamó “inteligente” y “genio”.
También dijo que Hitler fue “un hombre hasta el final”, eligiendo el suicidio sobre la humillación de sus enemigos. ‘Amimour acusó a las “organizaciones judías” de demonizar a Hitler desde los años 40 al punto de que se convirtió en “un ser malvado global” cuyo nombre es usado como peyorativo y aplicado a los