Mostrando entradas con la etiqueta Chile. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Chile. Mostrar todas las entradas

miércoles, 11 de mayo de 2016

Chile: Luz que agoniza


Relegada a funciones protocolares y actividades menores, la presidenta Michelle Bachelet vive la decadencia irremediable de su segundo gobierno. Es el destino de los liderazgos artificiales que se fabrican con técnicas de marketing y mucho dinero. La caudalosa publicidad, muchas veces asesorada por expertos internacionales, sirve de conexión del mercado con la política. Esta rama del mercantilismo se especializa en “vender” imágenes que pocas veces corresponden a la realidad. Sin embargo, llega un momento en que el arte de gobernar pone a prueba la capacidad del producto.

En el caso de la presidenta Bachelet, no obstante, ella misma está contribuyendo a cavar la tumba de su prestigio y autoridad. Su debilidad frente a la corrupción -que ha emponzoñado la política- y su incapacidad para enfrentar la crisis político-institucional, van a sellar su destino político. Su desempeño como gobernante será juzgado severamente por la historia. Ya lo es por sus contemporáneos. Los historiadores le otorgarán especial atención por haber sido la primera mujer presidenta de la República de Chile (en dos periodos) y bajo cuyo mandato se profundizó la crisis político-institucional del país.

La vida tiene sus vueltas… Verónica Michelle Bachelet Jeria estaba llamada a jugar un papel muy diferente. Hija de un general constitucionalista, colaborador del presidente Salvador Allende, que murió en prisión por las torturas que le infligieron los oficiales golpistas, la joven militante socialista no vaciló en incorporarse a la resistencia contra la dictadura. Se jugó la vida en el equipo de comunicaciones de la primera dirección clandestina del PS(1), aniquilada más tarde por la Dina. Junto con su madre estuvieron detenidas en Villa Grimaldi, el santuario de torturas y crímenes de la Dina. Ambas tuvieron que salir al exilio.

En 1979 volvió de la RDA -donde participó en la solidaridad con la resistencia en Chile-. Concluyó sus estudios de medicina y trabajó como pediatra en el Pidee, una fundación de asistencia a niños afectados por los estados de emergencia. No tardó en incorporarse a la lucha antidictatorial, colaborando con el Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Militó en el PS-Almeyda, el sector más radical del socialismo que enfrentó la “renovación” socialdemócrata. Cuando las diferencias se superaron, Bachelet fue miembro del comité central del PS unificado y tuvo su primera experiencia electoral. Fue candidata a concejal por Las Condes y obtuvo un aleccionador 2,35%.

Su inclinación por los temas militares la llevaron a estudiar en la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos (Anepe) del ejército. Viajó a EE.UU. becada por el Colegio Interamericano de Defensa. En el gobierno del presidente Ricardo Lagos fue ministra de Salud y Defensa. La chispa de una periodista -María Angélica Alvarez, ex mirista de ejemplar militancia en la clandestinidad- la “descubrió” como candidata presidencial. La instaló con éxito en las encuestas. Bachelet derrotó (53,5%) a Sebastián Piñera y en marzo de 2006 se convirtió en la primera mujer presidenta.

Su trayectoria política levantó muchas esperanzas en sectores de Izquierda que votaron por ella en esa primera oportunidad. La misma simpatía consiguió en América Latina, que valoró su victoria como un triunfo de la Izquierda. Un factor importante en esas apreciaciones fue la decepción que causaron los anteriores gobiernos, en particular el de Ricardo Lagos. Este “socialista” fortaleció el sistema neoliberal al extremo indecente de merecer las alabanzas del capital financiero. La oligarquía agradecida le concedió el título de “estadista” que conserva hasta hoy.

El primer gobierno de la presidenta Bachelet, sin embargo, no se diferenció mucho de la administración del presidente Lagos. Al contrario, profundizó las políticas neoliberales y se convirtió en heredera -como sus antecesores- del legado de la dictadura. Rasgos positivos, sin embargo, tuvieron sus políticas latinoamericanas que acercaron posiciones -aunque con remilgos- con los gobiernos de Chávez, Lula y Kirchner. Pero a la vez, su primer año de gobierno marcó un récord -todavía no superado- de ganancias para la inversión extranjera.

Su segundo gobierno, en cambio, nació herido en el ala por la abstención electoral que alcanzó casi al 60%. Con el apoyo oficial de partidos de Izquierda como el Comunista, Izquierda Ciudadana y MAS, incorporados a la Concertación que se convirtió así en Nueva Mayoría, Bachelet alcanzó el 46% de los votos en la primera vuelta. En el balotaje llegó al 62%. Pero solo votó el 42% de electores. Esta débil base social y política obligaba a una conducción presidencial resuelta y audaz a fin de encarar el desgaste de la institucionalidad. Se necesitaba (se necesita) un nuevo paradigma social y político con una carga ética muy grande. Pero se actuó al revés.

El programa de la Nueva Mayoría, inicialmente apoyado por el empresariado -que contribuyó generosamente a los gastos de campaña-, propone el “afinamiento” del motor del Estado. Pero lo que urge es cambiarlo para alcanzar el rango de una verdadera y potente democracia. El empresariado se dio cuenta muy luego que se encontraba ante un gobierno débil conformado por contradictorias corrientes políticas. Decidió por lo tanto recortar aun más los moderados alcances del programa reformista neoliberal de la Nueva Mayoría. Lo consiguió con las reformas tributaria y educacional y lo obtendrá con el esperpento de reforma laboral que se cocina en el Congreso.

Por supuesto la responsabilidad del fracaso de este gobierno -cuya molicie acentúa la crisis institucional-, no es solo de la presidenta Bachelet. También es de los siete partidos que la acompañan y que se reparten proporcionalmente las tajadas del presupuesto nacional. Pero la responsabilidad política de la mandataria -ya sea por acción u omisión- no puede soslayarse. El juicio sobre su administración será más categórico cuando el tiempo permita analizar con más antecedentes este periodo gris de nuestra historia.

En vez de hacerse cargo de la situación, la presidenta acentuó con su displicencia los factores que abrieron un foso de desconfianza entre el pueblo y unas instituciones carcomidas por su origen y por la corrupción. El comportamiento de la presidenta frente a la corrupción merece una dura crítica. Se esperaba de ella una actitud más resuelta y una condena enérgica a los casos que afectan a los partidos de gobierno y a su propia familia.

Su silencio es un símbolo del penoso cambio ideológico y cultural que el neoliberalismo produjo en las conciencias de muchos que ayer fueron leales y consecuentes militantes de Izquierda. No es un fenómeno individual, es masivo. Un caso colectivo relevante de transformismo ideológico es el Partido Socialista, que hoy cumple las funciones del Partido Liberal del siglo pasado. El único pronunciamiento que se conoce de la presidenta sobre los oscuros negocios de su hijo, fue calificar de un “error” que Sebastián Dávalos acompañara a su esposa, Natalia Compagnon, a la entrevista con Andrónico Luksic Craig, dueño del Banco de Chile. La cita permitió a la modesta empresa Caval obtener un préstamo de 6.500 millones de pesos destinados a multiplicarse en una especulación inmobiliaria. Es increíble que la presidenta se enterara de los trajines financieros de sus familiares por la prensa. En el negocio de Caval -que ahora investiga el Ministerio Público- participaron decenas de personas en bancos, notarías, municipios y servicios públicos. Los servicios de inteligencia, o al menos los círculos políticos allegados a La Moneda, tuvieron que conocer algo de los manejos de Caval y poner en alerta al gobierno.

Lo que sucede es que los sectores de gobierno (y de oposición parlamentaria), comparten el punto de vista que trasunta la presidenta. O sea que la relación de la política con los negocios tiene una sola dimensión mensurable: lo que permite la ley. Si algo es legal, está bien. No importan los procedimientos ni los fines si se ajustan a la ley. Esta forma de pensar es la manifestación más depurada del pensamiento neoliberal. Su “filosofía” se ha adueñado de la casta política, barriendo con la ética y el bien común. El fin supremo pasa a ser la acumulación de riqueza. Para darle impunidad a la corrupción se hacen leyes ad hoc (hoy sabemos que las redactan los propios cohechadores de parlamentarios). Legalmente, se pueden cometer “errores” sin incurrir en delitos.

Michelle Bachelet -aquella de los años 70 y 80- habría encabezado, seguramente, una ofensiva nacional contra la corrupción en la política y planteado al pueblo un programa radical de cambios democráticos. En cambio, la presidenta Bachelet cargará con la responsabilidad de haber acentuado la crisis político-institucional al esquivar un combate necesario. Su debilidad permitirá que el próximo gobierno caiga en manos de un hombre fuerte -elegido por una minoría- que vendrá a “poner orden”. Son las ironías de la historia. Para desempeñar ese papel la Nueva Mayoría y la oligarquía ya tienen candidato: Ricardo Lagos Escobar.

Esto sucederá si las organizaciones sociales no se ponen las pilas y levantan un programa unitario que convoque al pueblo a dar las batallas por sus derechos con su propia alternativa

jueves, 7 de abril de 2016

Chile: Se viene la Semana Contra el Apartheid Israelí


Desde el 11 al 15 de abril, en Santiago de Chile se llevará a cabo la Semana contra el apartheid israelí. Están desde ya todos invitados.

Apartheid es un término afrikáner que significa separación y fue el racismo de Estado practicado durante el siglo XX en Sudáfrica. Hoy es Israel quien replica dicho sistema, al consagrar por medio de leyes, políticas y prácticas la supremacía de un grupo humano sobre otro, sometiendo a la población palestina a un régimen jurídico militar, mientras que la israelí goza de un régimen civil.


Esta situación se visibiliza en prácticas exclusorias del Estado Sionista, como lo son los controles selectivos a la población, la segregación de carreteras, la construcción de asentamientos en territorios palestino, el muro de anexión en Cisjordania y el asedio de Gaza, una cárcel a tajo abierto. El trazado del muro tiene más de 700 kilómetros de largo y está diseñado para convertir de facto los asentamientos ilegales en territorio israelí. Ya hay 400 mil palestinos viviendo atrapados por el muro y sus puntos de control y cuando se termine su construcción, Israel anexionará más de 500 kilómetros de territorio palestino ocupado.


Porque la lucha contra el racismo no conoce fronteras ni excepciones históricas. La justicia es universal o no existe y para que se cumpla en Palestina, el BDS está en marcha.


Fuente: El Ciudadano - Chile

Crónica de una injusta deportación

El texto narra la historia de Nicole, chilena-palestina, que intentó ingresar a Palestina y el gobierno israelí la deportó por 5 años. Se relata la vivencia de Nicole en los interrogatorios, las excusas que le dieron para expulsarla y cómo el gobierno chileno no hizo nada.

Mi nombre es Nicole Carpentier Nazal, soy chilena, de origen palestino. Este relato no es sólo el mío, sino el de varios amigos que tuve la suerte de conocer en Jordania- donde viví siete meses para estudiar el idioma árabe – y de varias otras personas, de todas las nacionalidades, que por su origen o ideas, no pueden entrar en Palestina.

El viernes 31 de julio de 2015 intenté entrar en Palestina por segunda vez. Habían pasado siete meses desde mi primer intento, cuando el Estado de Israel me negó el acceso a Cisjordania en la frontera terrestre con Jordania- no es la Autoridad Nacional Palestina sino el Estado de Israel quien controla cada paso migratorio en cada una de las fronteras. En esta ocasión el trámite fue corto.

Desde que le entregué mi pasaporte a la oficial israelí, demoré solo hora y media en estar nuevamente en territorio jordano, pues de inmediato aparecí en la pantalla del computador como denegada. No hubo un largo interrogatorio, presiones, o revisiones de cada una de las prendas que llevaba en mi maleta. Esperé alrededor de una hora y la oficial a cargo del paso fronterizo me dijo: “Israel no permite el ingreso a personas que no están de acuerdo con sus políticas.” Agregó también que estoy denegada por cinco años, y me entregó un papel en el que se exponen las razones de la decisión: “prevención de inmigración ilegal” y “seguridad pública o consideraciones de orden público”.

Busqué apoyo en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, que envió una carta al Ministerio del Interior en Israel, pidiendo aclaraciones ante la negación de acceso a una ciudadana chilena, acontecimiento que dista de ser un hecho aislado para los chilenos de origen palestino. El Ministerio del Interior de Israel respondió, en una carta que yo misma pude leer, explicando que se me negó la visa porque les mentí, ya que no les dije que estoy casada con un palestino, lo cual evidentemente es una mentira, y si no lo fuera, no constituye una razón de deportación en ningún lugar del mundo. Luego de recibir esta respuesta por parte de la institución israelí, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile no inició medida alguna ante esta situación de flagrante mentira y arbitrariedad.

Aquí comparto la historia de lo que viví en enero de 2015, cuando intenté entrar a Palestina por primera vez:

Hacia la frontera

Estoy sentada en un bus que me lleva desde la oficina de inmigración jordana hacia la oficina de inmigración israelí, ambas ubicadas en el cruce fronterizo llamado Puente de Allenby. Es mi primera vez en este lugar que divide Jordania y Cisjordania, que es controlado por Israel- como casi todo lo que sucede en Palestina.

Es muy temprano y hace mucho frío, pero estoy bien despierta por la ansiedad de ir a Palestina. En Amman, capital de Jordania, esperé 24 horas en un hotel porque había toque de queda debido a la nieve que había caído en los últimos días.

No son kilómetros los que hay que cruzar entre ambos controles, solo unos 600 metros, pero las oficinas de inmigración de Jordania e Israel están separadas por varios puntos de seguridad. En cada control, oficiales de ambos países revisan el bus y discuten con el conductor. Yo me como las uñas y miro el paisaje que hoy está dividido por esta frontera. Frontera que separa Palestina de Jordania, país de seis millones de habitantes, y en el que más de dos millones son refugiados palestinos- no hay datos oficiales de censo pero se estima que más de la mitad de la población es de origen palestino. Algunos son refugiados, otros desplazados, y otros descendientes de alguno de los anteriores. Muchos de ellos no pueden poner un pie en Palestina.

Con el bus en marcha se me viene a la cabeza mi abuelo Karim, quien en 1951 y con 17 años partió a Chile en un viaje que duró dos meses. Fue un viaje sin retorno que emprendió junto a su hermano menor y su primo. No puedo imaginarme lo que significa tener que irse así, dejar todo atrás. Se me aprieta el estómago pensando en él ahora que me miro intentando volver a su tierra.

La palestinidad

Una familia, probablemente de origen europeo, comparte el bus conmigo. En el bus hay varios palestinos, me doy cuenta porque hablan árabe, y por sus caras, en las que reconozco mis rasgos. Pienso que es buena idea quedarme cerca de la familia cuando me baje del bus, y empiezo una conversación con ellos. Un diálogo banal, totalmente desconectado de lo que pasa por mi cabeza en estos minutos. Intento ser turista, extranjera, como ellos, desmarcándome de gran parte de mí y de mi propósito en este viaje. Me comporto como si no quisiera encontrar algo mío en este lugar, como si no fuese un viaje hacia mis raíces. Actúo como si no me interesara vivir la ocupación, ni relacionarme con palestinos para entender como la sobreviven. No quiero que me inviten a fumar narguile, a comer un falafel, porque tengo miedo de transformarme en una posible amenaza para Israel, y que no me dejen entrar a Palestina -tal como les ha sucedido a varios chilenos de origen palestino.

Mientras memorizo los lugares que debo y no debo mencionar cuando me pregunten los oficiales de inmigración- amigos y familiares me recomendaron que no mencione los nombres árabes de algunas ciudades que antes eran palestinas, y ahora están en territorio israelí- mi cabeza solo piensa y mi cuerpo solo siente la tierra que veo a unos metros más allá. Me doy cuenta entonces de mi intento por desactivar mi palestinidad, por alejarme de los demás palestinos que comparten el bus conmigo. Quiero parecer lo menos Palestina (sí, con mayúscula) posible, tengo miedo de que descubran esa vulnerabilidad- que al mismo tiempo es fuerza- que traigo conmigo.

Superando el primer Control

Bajamos del bus, tomo mi maleta y mi mochila, y camino junto a la familia europea hacia la fila que se forma en la entrada del edificio de inmigración. Allí comienza el caos y me pongo nerviosa. Palestinos moviendo maletas, con ese desorden propio del árabe en general, y al lado, soldados con armas caminando entre ellos, pegando gritos en árabe y en hebreo.

Después de dejar mi equipaje en la rueda de maletas, me pongo en la fila. Logré quedar detrás de la familia europea y espero mi turno en la ventanilla de control de pasaporte. Me muestro indiferente ante los gritos y el caos. Mi turno. Avanzo hacia la ventanilla. Es una mujer, una oficial. Me pide mi pasaporte. Se lo entrego. Lo mira. Pasan unos segundos. Me mira. Pronuncia en voz alta mi segundo apellido, el materno, como en un tono de pregunta. Pronuncia especialmente la letra zeta, con ese zumbido tan característico de la lengua árabe: “Nazzzzal”. Me mira. La miro. Me mira como esperando una respuesta o una confirmación. Respondo pronunciando mi apellido como lo he dicho siempre: “Nazal”. Ella toma aire. Repite nuevamente su pronunciación intencionada. Repito nuevamente la mía. Llama a su compañero de ventanilla y le muestra mi pasaporte apuntando con su dedo mi segundo apellido. Ahora es él quien me mira y lo pronuncia de la misma manera que la oficial: “¿Nazzzzzal?” Yo lo pronuncio nuevamente manteniendo la calma, y pienso en la ironía de la situación: tener un apellido palestino me hace menos bienvenida en Palestina.

La oficial, en silencio y sin mirarme a los ojos, pega un adhesivo en la parte trasera de mi pasaporte. La marca tiene los números del uno al cuatro. Toma su lápiz y hace un círculo alrededor del número tres. No me explica nada, y me pide que avance hacia la siguiente fila, que termina con una máquina de seguridad y un segundo chequeo de identidad.

En la fila me encuentro nuevamente con la familia europea, y con todos los hombres y mujeres palestinos con los que compartí el bus.

La silla de los 40 minutos

Esta fila es larga y avanza muy lento. Cada quien tiene que dejar sus pertenencias en una caja, cruzar la máquina de seguridad de metales, y luego entregar su pasaporte en la ventanilla para que una oficial, de unos veinte años, lo revise y decida si es que puede avanzar

La miro en su ventanilla. Cada vez que recibe el pasaporte de un palestino lo revisa y, sin mirarlo a los ojos, se lo devuelve, como si no hubiese una persona parada al frente. Observo con atención la actitud de cada uno de esos palestinos, que sólo siguen avanzando, sin inmutarse ante la actitud de la oficial. Al parecer, ya es parte del orden natural de las cosas. Siento rabia.

Cruzo la máquina de seguridad sin problemas. Entrego mi pasaporte a la oficial. Lo toma y su mirada va directamente al adhesivo. Me indica una silla en la esquina de la sala y me ordena que me siente y espere. El pasaporte lo retiene ella. Espero. Respiro. Pienso. Espero.

Observo el caminar de los soldados vestidos de civiles que pasean por la sala con un arma en el cinturón. Estoy nerviosa, reviso y repito en mi cabeza lo que tengo- y lo que no tengo- que decir. Tengo que decir que soy turista, que soy católica, que quiero visitar los lugares santos (Belén, Jerusalén Nazareth, etc) y ciudades de Israel como Tel Aviv, Haifa y Eilat. Por ningún motivo debo decir que quiero visitar Beit Jala, pueblo en el que nació mi abuelo, o Hebrón, o que quiero estudiar árabe. Espero. Miro a la oficial de la ventanilla.

Espero sentada por más de 40 minutos hasta que un hombre joven vestido de civil se acerca y me pide que lo siga. Lo sigo y entramos a una sala contigua. Comienzan las preguntas. Él tiene mi pasaporte en sus manos. ¿Cuál es el objetivo de mi viaje? ¿Por qué estoy viajando sola? ¿Conozco a alguien en Israel? ¿Qué lugares quiero visitar? ¿Cuánto dinero traigo? ¿En qué trabajo en mi país? ¿Tengo un pasaje de vuelta a Chile?

Respondo una a una sus preguntas con calma. Parecen convencerle. Me dice “Bienvenida a Israel”, y con sus manos gesticula pidiéndome que avance al siguiente control.

¡Qué alivio!, pienso, y siento el cambio de temperatura en mi cuerpo. Queda una última etapa: el chequeo de pasaporte y el timbre de la visa.

Otras preguntas y otras sillas

Otra ventanilla. Otra oficial recibe mi pasaporte. De nuevo el adhesivo pegado.

Preguntas. Las mismas que antes, pero ahora puedo distinguir un tono más incisivo. Me ordena que pronuncie los nombres de toda mi familia. También que los escriba en un papel. Pienso: nuevamente el apellido, el castigo por formar parte de un pueblo que sigue resistiendo. El interrogatorio continúa. Ella profundiza. Me pregunta de dónde es mi abuelo materno. Contesto: de Beit Jala -y agrego- pero vive en Chile. Me pregunta: ¿conoces gente en Beit Jala? Contesto: sé que el hermano de mi abuelo vive ahí, pero no lo conozco porque ni ellos han mantenido relación en el último tiempo.

La oficial me entrega un formulario de información del visitante. Me pide que me siente en una silla apostada en la esquina de la sala y que lo complete. En algunos minutos vendrá alguien a buscarme, explica.

Espero otros 40 minutos mientras observo cómo turistas de diversas nacionalidades hacen la fila frente a esa ventanilla, mantienen un diálogo de un minuto con la oficial y obtienen su visa. Tengo una mezcla de rabia y orgullo que nace del choque entre la injusticia y la resistencia, entre la humillación y la resiliencia.

Donde no quiero que me lleven

Dos mujeres jóvenes, vestidas de civil, y que no superan los 25 años se acercan y me piden que las siga. Entramos a un recinto cerrado. Caminamos por un pasillo que tiene varias puertas y entramos en una de las oficinas. Es una sala pequeña, con una mesa, tres sillas y un computador.

Una de ellas me pregunta otra vez lo mismo. La otra oficial mira en silencio, como con toda su atención puesta en mis expresiones, en mi comportamiento. Contesto lo mismo. Pienso: qué estupidez, qué ganas de reírme en su cara y responder algún sinsentido a las tonteras que preguntan y preguntan… solo para verles la cara. Pero cambian sus preguntas: ¿Has participado alguna vez en manifestaciones en Chile? ¿Perteneces a algún grupo o partido político? ¿Participas o has participado en actividades políticas?

Intento no mostrarme incómoda ante estas preguntas, porque sé que es acá donde no quiero que me lleven. Niego toda participación en actividades políticas, aunque admito haber asistido a las manifestaciones estudiantiles en Chile.

También la oficial me pregunta si conozco la situación en Israel, ante lo que escuetamente admito estar enterada de que existe un “conflicto” y punto. Qué difícil es verbalizar esta respuesta, se me revuelve todo dentro cuando callo lo que sé y explico lo que quieren escuchar, cambiando cada “Palestina” por “Israel”, cada “masacre” por “conflicto”, cada dolor por indiferencia. Me doy cuenta de que actúo pésimo, no sé mentir.

La oficial que miraba en silencio me dice que no entiende por qué vengo a meterme acá si sé que hay un conflicto, que este no es un lugar para relajarse ni hacer turismo.

Me preguntan de nuevo si mi abuelo tiene familia en Cisjordania, a lo que contesto que su hermano está en Beit Jala, pero que yo no tengo contacto con él. Me piden mi celular, y buscan números palestinos. No encuentran nada.

Tras media hora de preguntas sin tregua me dicen que terminaron y que una persona del Departamento de Inmigración del Ministerio del Interior de Israel va a continuar con este proceso. Que espere en la sala anterior, pero que antes recoja mis maletas de la banda. Pienso: esta tortura es interminable. Estoy agotada, asustada, sin fuerzas en las piernas, siento la boca seca de pronunciar las mismas respuestas, sin que sirva de nada.

La palestinidad escondida

Espero una hora más en esa sala. Tal vez más. Cada minuto es eterno, sentada, sola. Siento angustia. Observo de reojo a cada oficial vestido de civil. No me atrevo a conectarme a internet para comunicarme con mi familia; tengo miedo de que puedan leer las conversaciones.

Se acerca una oficial mayor, rubia y muy maquillada. Me invita a que la siga a otra sala en la que nuevamente hay una mesa, tres sillas y un computador. Esta vez me pide que abra mi maleta y mi mochila, y que saque, una por una, cada cosa que hay dentro. Me pide que desdoble la ropa, que abra los libros, mostrándole que no hay nada escondido dentro.

Nunca me había sentido tan presionada. Le explico cada cosa que hay en mi maleta. Cuando saco un jabón marca “Clinique”, comenta que le parece una marca excelente. Me hierve la sangre y transpiro frío.

Pese al repaso mental de lo que llevo en mi maleta, no puedo parar de pensar en la posibilidad de que haya algo incriminatorio. Solo se me ocurre la pinza de cejas, arma letal. Pero me equivoco: en uno de los bolsillos de la maleta encuentra un DVD en el que se lee “Enquette Personelle”, una película de Ula Tabari, directora de cine palestina.

La funcionaria israelí se pone histérica. Me pregunta qué es esto, a lo que le respondo que es una película. Toma el teléfono, dice algunas frases en hebreo, muy alterada, y a los pocos segundos llega una de las jóvenes que me interrogó antes y se lleva la película.

La mujer sigue con su interrogatorio, pero de acá en adelante el tono es bastante distinto. Me pregunta nuevamente todo lo que me habían preguntado en los interrogatorios anteriores, pero de manera muy agresiva, con un tono de voz más golpeado e incisivo, y me pide que escriba los números de teléfono de mi padre y mi madre en Chile.

La inteligencia de internet

Las preguntas son algo más específicas y me amenaza con que le diga la verdad, que si le miento de todas maneras se va a encargar de buscar la información que necesita al frente mío y se va a dar cuenta. ¿Participas en actividades políticas en Chile? ¿Posteas artículos u opiniones políticas en Facebook, Twitter u otra red social? Respondo que no. Es una pesadilla.

Abre el buscador de Google y teclea mi nombre completo. Cada segundo se me hace eterno. Miro detenidamente la pantalla. Ella también. En la tercera página encuentra lo que buscaba, una excusa suficiente para volverme culpable bajo su lógica: en el año 2012 firmé una carta en internet, en la que explícitamente se condenaba el asesinato de nueve ciudadanos turcos por parte de las Fuerzas de Defensa Israelíes en el ataque a la Flotilla Libertad, que iba rumbo a Gaza para romper el bloqueo, entregando medicinas y alimentos.

Comienza a gritarme, preguntándome si pretendía subirme a ese barco. No puedo creerlo… no puedo creerlo.

Le explico, intentando mantener la calma, pero con la voz quebrada, que era solo una firma en la carta, como otras cientos de firmas en la misma página. No lo niego, pero supongo que a esas alturas ya da lo mismo.

Me ordena que abra mi cuenta de Facebook y mi correo electrónico. Tengo miedo. No me atrevo ni a reclamar ni a defenderme, simplemente los abro. Revisa mis cuentas personales, junto a una de las jóvenes vestida de civil que me había interrogado antes, y luego me pide que espere afuera.

Espero una hora más en la sala de las sillas metálicas frías. No puedo pensar. Solo quiero llorar, pero me aguanto. Me siento culpable por mis respuestas, por mis errores.

Me conecto a Internet a través del celular y solo les escribo a mis papás para advertirles que los pueden llamar. Mi papá intenta tranquilizarme.

No sé cuánto tiempo más pasa hasta que se acerca la oficial del último interrogatorio, y me dice que no puedo entrar en Israel, que espere el bus de vuelta a la oficina de inmigración jordana afuera del edificio, sin darme ningún tipo de explicación. Le pregunto por qué, y me responde fríamente, por “descoordinación y desinformación”.

Me siento cinco minutos, siento el corazón latiendo como nunca, como si se me fuera a salir del pecho, como si quisiera gritar todo lo que yo estoy callando. No puedo irme así, necesito saber más. Me paro y camino hacia la oficina en que están los oficiales reunidos. Le pregunto a la oficial de nuevo por qué. Me responde, haciendo evidente su desprecio: “porque me mentiste, no me dijiste que habías firmado esa carta”. Me defiendo, y le digo que es algo que firme hace tres años, a lo que me responde de manera muy dura: “esto no es el mercado, si quieres discutir y pedir explicaciones, anda a la Embajada de Israel en Amman”.

Salgo del edificio, sin saber dónde esperar el bus. Aquí sí exploto en llanto, dejando salir toda la angustia, frustración, rabia y desilusión de este día que sé nunca voy a olvidar. Intento enchufar mi celular cerca de una caseta militar, pero se me acerca una oficial armada, apuntándome con su rifle, a pedirme que me vaya. Me resisto, y le pido que me deje tranquila, con una mirada que estoy segura le transmitió todo mi desprecio, repulsión e indignación por su forma, por jugar a la perfección el rol de opresor.

A la una de la madrugada, después de casi doce horas de interrogaciones, esperas, humillaciones y tortura psicológica, me subo al bus de vuelta a Jordania. El chofer del bus, probablemente de origen palestino, me sonríe todo el viaje, intentando apaciguar mi angustia, y pone en la televisión del bus a Mr. Bean.


Fuente: Nicole Carpentier Nazal, El Desconcierto

Este es un relato simplemente increíble, la dureza de la opresión israelí sobre Palestina..

jueves, 16 de julio de 2015

Apuntes de la crisis en Chile


1. No tiene casi ninguna importancia que la Presidenta Bachelet se precipite inexorablemente cuesta abajo en las encuestas (68% de desaprobación según la consulta Adimark, mes de junio 2015). Ni que el sistema de partidos políticos dominante, Nueva Mayoría y Alianza por Chile, sea aprobado en su gestión apenas por un 15% de los consultados por la misma encuesta y en el mismo mes. ¿Por qué? Porque en la presente fase de la mundialización capitalista, de sus crisis y contradicciones internas, la democracia burguesa y liberal, como se conoció hasta los años 60 y 70 del siglo XX, ya no existe. De hecho, la corrupción generalizada del capitalismo y del sistema de partidos políticos chileno, en particular, es apenas una de las manifestaciones del ocaso de la democracia liberal, por una, y del control del gran capital sobre las viejas formas de representación electoral en cualquiera de sus niveles, por otra. Lo nuevo es que las grandes mayorías ya lo saben, independientemente de la incapacidad del movimiento popular descoyuntado de hacerle frente de manera políticamente eficiente.


Lo único que existe son, por un lado, grandes polos capitalistas centrales, concentrados y en disputa, fuerzas e intereses, desplegándose y replegándose en la totalidad del sistema-mundo, y economías periféricas y dependientes por el otro. El movimiento real del capitalismo se resuelve en su propia condición dictatorial. No por placer, sino que por necesidad histórica. Ni siquiera las formas de la antigua socialdemocracia tienen sitio en la guerra del capital hacia la configuración de monopolios condensados, como lo demostró la eventual restructuración de la deuda griega con más austeridad para el pueblo helénico.

2. Chile, México, Colombia, Perú y otras economías por venir, son los enclaves dependientes de la ofensiva geopolítica del imperialismo norteamericano en el continente y que por ahora se llama Alianza del Pacífico. Se nombra como ‘ofensiva’ del imperialismo norteamericano no porque el imperio haya estado a la defensiva alguna vez. Sucede que la gran ola de insubordinación popular y autoconsciente de los pueblos de América Latina entre los 50 y comienzo de los 70 del siglo pasado ralentizó y llenó de obstáculos la mencionada ofensiva.

Sin embargo, en la ‘integración conflictiva’ capitalista entre China y Usamérica, y sus respectivas órbitas, Chile, al mismo tiempo, resume en un solo momento, los intereses del Estado del capitalismo burocrático chino y los intereses del Estado corporativo norteamericano.
De manera simultánea, la Eurozona está pronta a consagrar el Tratado de Libre Comercio (TTIP, por sus siglas en inglés) con EE.UU. Tanto la Alianza del Pacífico como el TTIP, forman parte de una sola estrategia de la Casa Blanca de aseguramiento de mercados, poder y hegemonía sobre sus subordinados históricos luego de la Segunda Guerra Mundial. Dentro de la misma dinámica de integración conflictiva entre China y EE.UU., la Eurozona (aprovechando el abaratamiento en tiempo y costos generales devenidos del transporte ferroviario euro-asiático) y la propia economía norteamericana son las principales importadoras de mercancías chinas, sin contar la propiedad de China de la deuda de EE.UU. en la forma de la tenencia de una cantidad sustantiva de sus bonos del Tesoro.

jueves, 9 de julio de 2015

Abbas, "el infiltrado", Llama al Embajador Palestino en Chile por Presión del Lobby Sionista



El embajador palestino en Chile, Imad Yada' dijo en una conferencia en Santiago hace dos meses, que la entidad sionista de Israel se creó "para facilitar la dominación judía del mundo", lo que provocó fuertes presiones del lobby sionista al presidente de facto palestino Mahmud Abbas.

El presidente de facto de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, ha llamado a su embajador en Chile, a petición de autoridades de una organización sionista internacional, a raíz de declaraciones efectuadas por el diplomático palestino en una convención celebrada en Santiago.

En la conferencia el embajador Imad Yada' dijo que"un grupo de intelectuales y asesores financieros, en su mayoría europeos no judíos, decidieron establecer el movimiento sionista con un objetivo: el establecimiento de un hogar nacional para el pueblo judío. Sin embargo, la verdad del asunto era que estaba destinado a facilitar los planes judíos para dominar el mundo entero". Sus palabras fueron publicadas por la sede en Nueva York del "Instituto para el Estudio Global del Anti-Semitismo y Política".

Según fuentes palestinas, Abbascuyo mandato terminó en enero de 2009, se puso furioso y ordenó a su canciller Riad al-Maliki llamar a consultas al enviado diplomático. Según los informes, Abbas vio los comentarios como una "desviación brusca de su línea oficial" de que los palestinos no tienen nada contra los judíos o el judaísmo, pero  sí se oponen a la política israelí.

Una fuente palestina dice que es dudoso que el embajador regresara a su puesto en Santiago de Chile y probablemente un reemplazante será nombrado.

Yada' también dijo en la conferencia que él no reconocía "la existencia de un pueblo judío". Él también dijo que los "detallan sus planes para manipular todas las herramientas financieras, industriales y económicas en todo el mundo. Sin embargo, nosotros los palestinos no odiamos a los judíos. No reconocemos la existencia de un pueblo judío. No hay tal nación. Este no es mi análisis personal. Una religión no puede ser una nación".

lunes, 25 de mayo de 2015

Cristina Kirchner y Michelle Bachelet objetivos del Estado Islámico, según Clarín

El Estado Islámico amenaza de muerte a Cristina de Kirchner y Michelle BacheletLas presidentas de los países sudamericanos de Argentina y Chile, Cristina Kirchner y Michelle Bachelet, habrían resultado amenazadas de muerte por un supuesto correo electrónico a la Policía de Buenos Aires el pasado 26 de abril, según informó este domingo el diario argentino Clarín.
"La sangre que derramarán los infieles es el éxito del Islam a nivel mundial. Estamos cerca del inicio de una nueva era", era el texto que contenía el enigmático mail que cita, textualmente, a Kirchner, Bachellet y Román di Santo, jefe de la Policía Federal, organismo que está investigando la misiva junto al Ministerio de Justicia argentino.
El correo firmado por el "Estado Islámico del Sur", continua llamando "Satán" a Kirchner y con una amenaza directa a la presidenta de Chile: "SATÁN KFK, ROMÁN DI SANTO y ahora BACHELET en sustitución de Alberto Nisman, objetivos directos para dirigir países que chocan con nuestros objetivo; sea pertinente anotar que Di santo ha estado en dos ocasiones de morir, no obstante la orden superior no ha llegado"
"Si me pasa algo, que nadie mire hacia Oriente, miren hacia el Norte", llegó a decir Kirchner, el pasado 30 de septiembre en plena cadena nacional, después de recibir tres correos con amenazas que pese a parecer "orquestada por los organismos de inteligencia", segúnClarín, acabó siendo desmentido tras la detención en la Tripe Frontera (Argentina, Uruguay y Paraguay) de un ciudadano tunecino cuyo computador contenía aquellos correos de amenazas.
No es la primera vez que la presidenta argentina recibe amenazas presuntamente del Estado Islámico. El 20 de septiembre de 2014, Cristina Fernández anunció durante su viaje al Vaticano que había recibo amenazas del grupo yihadista, según ella, debido a "su amistad con el papa Francisco y su postura de reconocimiento de los Estados de Palestina e Israel".

lunes, 30 de marzo de 2015

Brasil y Chile, bajo el efecto destructor de la corrupción

Brasil y Chile son las principales víctimas de la corrupción en América Latina, este mal endémico que no distingue fronteras ni ideologías.
Brasil y Chile han descubierto el poder destructor de la corrupción, una práctica política  reprobable y arcana que es capaz de socavar los cimientos de cualquier Estado.
Dilma Rousseff, presidenta de la República de Brasil
El Tribunal Supremo de Brasil podría investigar a Rousseff por corrupción
La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, que inició en enero su segundo mandato, es una de las principales víctimas de este mal endémico que no distingue fronteras ni ideologías. Aunque los fiscales no hallaron pruebas —todavía- de que ella haya participado en la trama destapada dentro de la petrolera estatal Petrobras, su popularidad ya ha caído en picado más de 30 puntos porcentuales desde septiembre de 2014, cuando llegaba al 41%. Ahora se sitúa sólo en el 10,8%.

jueves, 19 de marzo de 2015

El éxito del Club de Futbol Palestino parte en La Cisterna y llega a Belén

La gran campaña y el mapa en su camiseta han fortalecido los vínculos con la madre patria. La clasificación a una copa internacional permitirá, además, que los partidos del club sean vistos en Gaza y Cisjordania.

Sarah Abu-Eid y su hijo Santiago, tras dejar la marca de Palestino en el muro alzado por Israel. © familia Abu-Eid
Hace 11 años, el equipo de Palestino enfrentaba una crisis durísima, en términos financieros. Tanto, que su propia existencia estaba en riesgo. Desde la Mouqata’a, en Ramala, el líder Yasser Arafat enviaba una carta a Chile para abogar por la no desaparición del club. Hoy, el deseo del ingeniero, quien dedicó su vida a la lucha por la libertad de su pueblo, se ha cumplido con un éxito importante y, sobre todo, con un reforzamiento de la identificación con la nación palestina. Arafat moriría al año siguiente, en París, adonde fue trasladado en los últimos esfuerzos por lograr su recuperación.
En este contexto, de innegable trascendencia política y humana, la clasificación a una copa internacional y la inclusión en la camiseta del mapa histórico del país han aumentado esta relación. Y en un grado altísimo, según explica Xavier Abu-Eid, asesor de comunicaciones del Estado de Palestina. “Acá siempre hubo conocimiento del club, aunque por mucho tiempo se hizo difícil seguir los partidos, pero día a día la gente más futbolizada los ve por internet”, explica este chileno, quien ya suma seis años en Ramala, sede de gobierno de la ANP.
Roberto Kettlun, ex volante del equipo tricolor y también de Universidad Católica, explica que “el fútbol crece como deporte acá y lo mismo la identificación con Palestino”. El mediocampista llegó a Jerusalén en 2012, luego de cinco años en Italia, y es capitán y referente del Hilal Al-Quds. Además, fue seleccionado palestino y anotó tres tantos en las eliminatorias para la Copa del Mundo Alemania 2006. Él está feliz con esta identificación: “Hay un auge mediático sobre los éxitos de Palestino y todos se sienten representados, sobre todos los más jóvenes, ya que utilizan las redes sociales y postean siempre las noticias sobre el equipo, como cuando Renato Ramos alcanzó los 100 goles en su carrera”. También hay interés entre los mayores, explica el mediocampista, “pues ellos se reúnen en los cafés, fuman en sus narguiles (pipas de agua) y hablan de fútbol. Es parte de su vida, ya”.