jueves, 7 de abril de 2016

Las huellas de Erdogan en el conflicto de Nagorno-Karabaj

En un momento en el que las partes sirias se preparaban para una nueva ronda de negociaciones en Ginebra, el Frente al Nusra lanzó un poderoso ataque contra el Ejército sirio en Alepo en el que recibió también el apoyo de otros grupos apoyados por Turquía y Arabia Saudí, que buscan cambiar la correlación de fuerzas en el norte de Siria antes de las citadas conversaciones.

Turquía está preocupada por las últimas victorias del Ejército sirio frente al EI en Palmira y Qaryatain, que refuerzan la posición del Estado sirio en Ginebra, y buscó contrarrestar sus efectos mediante un ataque en gran escala de Al Nusra, organización terrorista a la que ha estado ayudando, en Alepo. Esta ofensiva, sin embargo, ha terminado en fracaso y Erdogan es consciente ahora de que la situación en el escenario sirio no va a cambiar en una forma que sea favorable a sus ambiciones e intereses. Al mismo tiempo, el presidente turco hace frente a un auténtica guerra dentro de su propio país contra los kurdos.

En este contexto, Erdogan intenta obtener ganancias políticas con el estallido de las hostilidades en el viejo conflicto de Nagorno-Karabaj entre Azerbaiyán y Armenia, que habían mantenido una tregua en dicha región desde 1994. Es posible ver la huellas de Erdogan detrás de la repentina escalada, que podría haber desembocado en una guerra más amplia en la región.

El ex presidente de Azerbaiyán, Haider Aliyev, padre del actual mandatario del país, subrayó la fortaleza de los vínculos entre su presidente y Turquía con la expresión “una nación en dos estados”. Turquía ha querido integrar a Azerbaiyán en su proyecto de reconstrucción de un bloque pan-turco, que integraría a países y regiones cuyo idioma está emparentado con el turco y en el que estarían incluidos también Turkmenistán, Uzbekistán, Xinjiang (denominada Turquestán Oriental por los turcos) y otros. Turquía fue también el primer estado en reconocer la independencia de Azerbaiyán de la Unión Soviética.

Azerbaiyán ha jugado siempre también un papel fundamental en los planes turcos y europeos para romper el monopolio ruso en las entregas de gas a Europa. Ankara promovió la construcción de un gaseoducto desde Azerbaiyán a Europa a través del territorio turco, pero no ha podido materializar este proyecto hasta ahora por diversas razones, incluyendo el conflicto de este último país con Armenia en relación a la disputa de Naborno-Karabaj.

Por otro lado, la escalada del conflicto, desde el punto de vista de Erdogan, debería abrir un nuevo frente para Rusia. Armenia es el principal aliado del Kremlin en la región y está adherida a la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva y la Unión Económica Euroasiática, liderados por Moscú, y Rusia está obligada, en case al Tratado de la OTSC, a acudir en defensa de dicho país si es objeto de una agresión. Al mismo tiempo, Rusia tiene una buena relación con Azerbaiyán y ha tratado de desarrollar sus vínculos con este país. Erdogan cree que si un conflicto estalla más cerca de sus fronteras, Rusia podría verse obligada a disminuir su presencia en Siria. Cabe señalar además que Rusia ha desplegado el sistema S-400 en Armenia, que cubre todo el norte de Turquía y sirve como factor de disuasión frente a un posible ataque turco contra Siria.

El apoyo ruso a Armenia llevaría también al hundimiento de la influencia de Rusia en Azerbaiyán en beneficio de Turquía, según los cálculos del presidente turco.

Por otro lado, Turquía busca venganza contra su rival histórico, Armenia, que es el principal impulsor de la demanda de que sea reconocido internacionalmente el genocidio armenio cometido por las tropas turcas durante la Primera Guerra Mundial. Ankara desea que Azerbaiyán tome el enclave de Nagorno-Karabaj, situado geográficamente en forma de cuña dentro del territorio azerí, pero poblado por armenios. 

Pese a todo, la historia, la economía y la geografía están, una vez más, en contra de los planes de Erdogan y Rusia es, con mucho, la potencia más influyente en el Cáucaso. Azerbaiyán es consciente de esta realidad y de que no puede obtener ningún beneficio convirtiéndose en un peón de las ambiciones turcas por lo que parece más interesado en aceptar negociaciones políticas que en lanzarse a una nueva escalada, cuyos resultados serían imprevisibles.

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