miércoles, 11 de mayo de 2016

Dilma Rousseff, sola en el limbo político


Dilma Rousseff está a punto de caer a un abismo político al que se llevará consigo la “era de oro” de su Partido de los Trabajadores (PT), que durante 13 años estuvo al frente del Gobierno de Brasil.

El pleno del Senado brasileño decide este miércoles el futuro de Rousseff, que se enfrenta a un juicio político, impeachment , que la apartaría provisionalmente del cargo durante 180 días y que podría, si es ratificado, terminar en su destitución.

La “elegida” del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva para sucederlo y prolongar el reinado de partido de izquierda y expresa política, quien fuebrutalmente torturada durante la dictadura militar (1964-1985), estará confinada a una suerte de limbo político por seis meses. Durante ese tiempo, la mandataria de 68 años, nacida en Belo Horizonte el 14 de diciembre de 1947, quedará alejada del poder pero podrá seguir viviendo en la residencia presidencial, en Brasilia.

Desde el Palacio de la Alborada, la exguerrillera, hija de un poeta y empresario búlgaro y una maestra brasileña, deberá emprender su último combate para evitar la destitución.

Para ello, debe lograr que el Senado, en una sesión prevista para septiembre, la absuelva de la acusación de haber manipulado resultados contables del Gobierno y abierto créditos extraordinarios sin pedir autorización al Congreso, prácticas que violan la Ley de Responsabilidad Fiscal.

Rousseff pierde a sus aliados políticos

Su lucha será en solitario. De la amplia coalición de apoyo que heredó en 2011 de su antecesor y padrino político, y que en 2014, cuando disputó la reelección, contaba con el respaldo de nueve partidos, solo quedan tres aliados.

Juntos, el gobernante Partido de los Trabajadores (PT), el Partido Comunista de Brasil y el Partido Democrático Laborista (PDT) suman 15 senadores, poco más de la mitad de los al menos 28 votos que se precisan para que el Senado no la destituya en septiembre.

Rousseff se convirtió en la primera mujer presidenta de Brasil con una “herencia bendita” de Lula, que dejó el Gobierno con un inédito respaldo popular del 87% y una economía pujante, en la que Brasil se convirtió en la séptima mayor economía del mundo y 40 millones de brasileños salieron de la miseria.

A día de hoy, Rousseff está a las puertas de la suspensión con el rechazo de más del 60% del electorado y el apoyo de sólo el 10%. Su carácter pesó para llegar a este amargo desenlace. Su desdén por el diálogo, su impaciencia cuando debe sentarse a negociar y una soberbia proverbial, conspiraron para que los “aliados” boicotearan primero a su Gobierno y se pasaran luego, cuando el impeachment era casi un hecho, a la oposición.

Pero también los intereses espurios que contaminan el sistema político del país, y que fueron el leimotiv de las alianzas partidarias a las que el PT adhirió sin restricciones, influyeron para azuzar el proceso deimpeachment, recurso previsto en la Constitución pero cuya utilización depende más de factores políticos que jurídicos.

El progresivo aislamiento de Rousseff y la debilidad del Gobierno y del PT facilitaron el camino para quienes apostaban por un cambio sin esperar a las próximas elecciones, en 2018.

El boom económico de Brasil se desinfla

El “boom” económico brasileño que fue motor de crecimiento para la región comenzó a decaer durante el primer Gobierno de Rousseff, y hoy es un recuerdo lejano. El país se encamina a su segundo año consecutivo de profunda recesión y los desempleados llegan a más de 11 millones.

Rousseff recibió un país con un crecimiento del 7,5%, un desempleo del 5,7% y programas sociales que ayudaron a revalidar el triunfo del PT y fueron reconocidos internacionalmente, como el Bolsa Familia, que beneficia a unas 13,8 millones de familias.

La “luna de miel” del Gobierno con la sociedad duró poco. Los números dejaron de cuadrarles a los brasileños y aumentó el malestar social mientras las patronales y los mercados empezaron a marcar distancia con el Gobierno.

En 2013 el descontento se plasmó en movilizaciones multitudinarias en las calles y en revueltas contra la subida de las tarifas de transportes.

Una política intervencionista que no agradó a las patronales y el impacto de la crisis internacional y de la caída de los precios del petróleo y las comodities complicaron la cuentas de la presidenta.

El país había cambiado mucho al final de su primer mandato y Rousseff logró una reelección ajustada, en segunda vuelta, con 54 millones de votos, el 51,6% del electorado, en octubre de 2014.

Pese a sus promesas electorales, Rousseff no logró dar un golpe de timón para retomar el rumbo de la economía brasileña. En 2014, la caída de los indicadores macroeconómicos derivó en déficit presupuestario por primera vez en una década.

Un año después, Brasil registró una inflación récord, -10,67%-, la economía tuvo su peor desempeño en un cuarto de siglo, con una caída del 3,8%, y el desempleo trepó hasta rozar el 11%, el mayor de la historia del país.

Este año se celebran los Juegos Olímpicos en Rio de Janeiro. En los últimos años se han celebrado también en Brasil el Mundial de Fútbol (2014), la Copa Confederaciones (2013) y la Jornada Mundial de la Juventud Católica (2013).

El “gran error” de la presidenta, explica a Efe el economista André Nassif, fue “prolongar más allá de lo necesario las medidas para estimular la economía, lo que fue contraproducente porque indujeron el consumo pero fueron incapaces de atraer una tasa más significativa de inversiones privadas”.

El especialista reconoce que “la reducción de la desigualdad social nunca fue tan fuerte como durante los gobiernos del PT, con aumentos salariales y mejoras en las rentas familiares”. Pero “las políticas económicas equivocadas tienen una buena parcela de responsabilidad en la desaceleración que ha llevado a un ciclo recesivo porque acabaron creando desconfianza e incertidumbre”, resume Nassif, profesor de economía internacional de la Universidad Federal Fluminense (UFF) y de la Fundación Getulio Vargas (FGV).

Corrupción sistémica y el escándalo de Petrobras

Asimismo, el mote de honesta que se ganó en los primeros meses de mandato, cuando despidió a siete ministros denunciados por corrupción, se desplomó a comienzos de 2014. Ese año fue revelada la existencia de la gigantesca trama de corrupción que arruinó a Petrobras y operó durante los Gobiernos de Lula, en la época en que Rousseff presidía el Consejo de Administración del ente estatal.

Su propia campaña electoral es investigada por sospecha de haber recibido fondos desviados de la estatal. Fue así que la mujer de pasado revolucionario, de fama intrépida y curtida de batallas, incluyendo la que libró con éxito contra un cáncer linfático en 2009, llegó a un purgatorio en su segundo mandato con más posibilidades de muerte política que de supervivencia milagrosa.

La corrupción se sumó a esta “tormenta perfecta”: el Lava Jato (lavado de autos), la mayor investigación de la historia reciente del país, destapó una compleja trama delictiva en la petrolera estatal Petrobras, mayor empresa del país. “Vamos a investigar con rigor todo lo malo que ocurrió (en Petrobras) y fortalecerla cada vez más. Vamos a crear mecanismos que eviten que hechos como estos vuelvan a ocurrir”, prometió Rousseff ante el Congreso tras asumir su segundo mandato.

Sin embargo, aunque salpica a todas las fuerzas políticas, el Lava Jato terminó por cercar al Gobierno y empañar la imagen del político mejor valorado por los brasileños, el expresidente Lula, en la mira de la Justicia por presuntas prácticas corruptas.

Las desviaciones, en conjunto, superan los 2.000 millones de dólares en una década, aunque la compleja trama armada alrededor de Petrobras, la “joya de la corona” brasileña, dificulta los cálculos de los investigadores.

De los 65 políticos que formaron la comisión del Congreso que dio luz verde al inicio del proceso, 37 tienen pendientes causas por corrupción y otros crímenes graves, según una investigación que publicó Los Angeles Times con datos de la organización Transparencia Brasil. De hecho, de los 513 miembros del Congreso, 303 tienen cargos o están siendo investigados por crímenes importantes. En el Senado, sucede lo mismo con 49 de los 81 políticos.

Brasil aparece en el puesto número 76 del Índice de Percepción de la Corrupción de la ONG Transparencia Internacional sobre un conjunto de 168 países.

Juventud y recorrido de Dilma

Independientemente del resultado de la votación en el Senado, el episodio del impeachment será un oscuro punto de inflexión en una biografía épica, que comienza con estudios cursados en una prestigiosa escuela católica y sigue con un breve coqueteo con las ideas marxistas, de las que se desencantó cuando tenía 17 años.

A sus 20 años, Rousseff se acercó al Comando de Liberación Nacional (Colina), un movimiento radical que luego se unió a la Vanguardia Popular Revolucionaria (VAR-Palmares), donde recibió entrenamiento de guerrilla.

Tras recuperar la libertad luego de tres años de prisión, en 1972, Rousseff pasó a dedicarse a su única hija, Paula, y completó sus estudios de Economía. Volvió a la política en la década del 80, cuando se afilió al Partido Democrático Laborista (PDT), y después inició su carrera en el ámbito del Gobierno central de la mano de Lula, gracias a quien llegó a la Presidencia de la que está a punto de ser alejada y con grandes posibilidades de que sea para siempre.

“Lula me dejó un legado, cuidar del pueblo brasileño. Voy a ser la madre del pueblo brasileño”. Así se refería Dilma Rouseff a la herencia de su padrino político y antecesor en la Presidencia de Brasil cuando asumió el poder.

La primera mujer que ha ocupado la Presidencia brasileña logró un 56% de votos en 2010 de la mano de su mentor, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, que confió en esta economista, una técnica no muy conocida que fue su ministra de la Presidencia, para mantener el proyecto del Partido de los Trabajadores (PT) que él mismo había iniciado con su triunfo electoral en 2002.

El silencio de Lula

Según reportan medios brasileños, su mentor político, el expresidente, se rehusó el lunes a intermediar en su favor en el marco de un último intento del Gobierno de al menos aplazar el triste final.

Según los diarios Folha de Sao Paulo y O Estado de Sao Paulo, senadores del gobernante Partido de los Trabajadores (PT) le pidieron a Lula que hablara con Calheiros para que éste no rechazara en un primer momento el pedido de Maranhao, y así el Gobierno ganaría tiempo. Pero Lula, quien para sorpresa de muchos no acompañó a su ahijada política el 1 de mayo, en el que tal vez haya sido el último acto por el Día de los Trabajadores (PT) que Rousseff vivió como presidenta, dijo que no. De hecho, más allá de que las versiones de la prensa sean o no del todo fidedignas, el silencio al que Lulase ha llamado en los últimos días deja al desnudo el aislamiento político de su sucesora.

El impeachment

El mecanismo elegido fue el juicio político destituyente, y el argumento, el maquillaje de las cuentas públicas del Ejecutivo en 2014 y 2015, una práctica habitual en gobiernos anteriores y que no constituye un delito ante la Justicia pero que ha puesto a Rousseff al borde del abismo.

El arquitecto del impeachment fue Eduardo Cunha, hasta hace una semana presidente de la Cámara de Diputados, apartado del cargo por múltiples delitos de corrupción.

El beneficiario es Michel Temer, vicepresidente de Rousseff -ahora suverdugo político- y líder del poderoso Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB). Temer se prepara para asumir el Gobierno, de momento de forma interina, con un programa de marcado corte neoliberal, opuesto al de Rousseff.

Los mercados celebran por adelantado, y sin esperar al resultado de la votación que se desarrolla en el Senado, el final del ciclo del PT: la bolsa de Sao Paulo abrió al alza y el real brasileño se revaluó frente al dólar.

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