lunes, 15 de agosto de 2016

La trampa kurda y la división entre los kurdos


La masacre de Qamishlo perpetrada por el Estado Islámico el miércoles, ha dejado al menos 44 muertos y más de 150 heridos, y ha sacado a la palestra, una vez más, la división existente entre los kurdos.

Algunas facciones han afirmado, de manera inmediata, que si el KDP-S (Partido Democrático de Kurdistán en Siria), que es la rama en Rojava/Siria del KDP en el Gobierno Regional del Kurdistán en el norte de Iraq (KRG, por sus siglas en inglés), se les hubiese permitido operar en Rojava este ataque no hubiese sucedido.

Otros han reaccionado insinuando o directamente afirmando que Turquía, y por extensión el KDP, podrían estar detrás del atentado para tratar de aislar al PYD. Yo, por mi parte, he sido el objetivo de un tuitero sectario por ser crítico con intentar aprovechar el atentado terrorista para conseguir algún objetivo político o militar. Los argumentos se disparan y el juego de adjudicar la culpabilidad, en un marco de 140 caracteres, no ayuda en el camino de tratar de conseguir un acercamiento entre los kurdos que simpaticen con diferentes partidos políticos, especialmente el PKK y el KDP.

Lo que encuentro devastador sobre todo esto es que los kurdos están dispuestos a luchar entre sí cuando la sangre vertida por los terroristas está todavía fresca. Tengo que recordarme constantemente que es inevitable que los kurdos que no entienden la ‘trampa kurda’ caigan en esta actitud.

No es fácil identificar y definir la ‘trampa kurda’, ya que es un concepto histórico que ha integrado en su seno una compleja trama de relaciones entre las diferentes partes del Kurdistán y el sistema regional e internacional que ha colonizado estos territorios.

Esencialmente la ‘trampa kurda’ fue creada para dividir a los kurdos y prevenir que alcanzasen la libertad, tratando de enemistarles con los estados bajo los que viven y entre ellos mismos. Por lo que, además de ser una ‘trampa kurda’ entre los propios kurdos también es una trampa turca, árabe, persa y armenia. Sin embargo, debido a que estas naciones tienen estados reconocidos, no son conscientes de que son víctimas de la trampa y como naciones dominantes no sienten la opresión de la trampa como la sufren los kurdos.

Lo que la mayoría no se da cuenta, es que sin la libertad de los kurdos, habrá una guerra perpetua, que debilitará tanto al estado en cuestión como a la sociedad kurda. Estar en guerra constantemente condena a la pobreza a la mayoría de la población pero es de suma utilidad a las elites gobernantes de estos estados, quienes están siempre confabulados con su contrapartes en el escenario internacional y usan a los kurdos como chivo expiatorio para justificar su corrupción y despotismo contra su propio pueblo. La retórica nacionalista está siempre disponible para convertir a los kurdos en el objetivo de turcos, árabes y persas. Cuando eso sucede las únicas quejas son en el sentido de acusar a los kurdos de dividir y desestabilizar sus países, que los kurdos son la herramienta de las potencias imperialistas o que sencillamente no merecen ser libres.

Pongamos un ejemplo del norte del Kurdistán (sureste de Turquía) para clarificar más la tesis si cabe de este artículo. El Movimiento de Liberación Kurdo (KFM por sus siglas en inglés), que incluye al PKK, está luchando en favor de la autonomía dentro de Turquía, en lo que llaman un Kurdistán Confederal que unirá los cuatro territorios pero que no creará nuevas fronteras. Los nacionalistas turcos lo ven como una organización terrorista y separatista; los religiosos ven al KFM como una organización pagana y antirreligiosa que es un peligro para sus “hermanos” kurdos sunitas; algunos socialistas y comunistas les han colgado la etiqueta de nacionalista y, por lo tanto, que no son revolucionarios por no ajustarse al marco de la lucha de clases; algunos alauitas les ven como un movimiento suní y por ello un peligro para su ya amenazada existencia; los liberales ven al KFM como un grupo radical que supone una amenaza al capitalismo neoliberal; y algunos kurdos nacionalistas les ven como un movimiento no exclusivamente kurdo y por extensión unos vendidos que han enterrado el sueño de un estado independiente kurdo. El estado turco usa todas estas enemistades y grupos para atizarlos contra el KFM cuando le es necesario.

Si a esto le sumamos el hecho de que Turquía es un estado de la OTAN y un aliado geoestratégico clave, incluso para Rusia o Israel, y que esto deja muy poco espacio al KFM para desarrollar sus propias relaciones estratégicas con cualquier otro estado, ya que el PKK se encuentra en la ominosa lista de organizaciones terroristas, el resultado es una encrucijada que se llama la ‘trampa kurda’. El KFM trata de esquivar esta trampa construyendo relaciones y lazos con actores y movimientos progresistas, incluyendo a grupos revolucionarios y democráticos, pero no es suficiente en un sistema-mundo basado en los estados.

El ejemplo que acabó de explicar se reproduce en gran medida en las otras partes del Kurdistán y con otros partidos. Las exigencias kurdas de autonomía, federalismo o un estado son inmediatamente consideradas como traidoras, impracticables o peligrosas para el statusquo. Incluso el KRG, que es supuestamente un aliado de los EEUU e Israel y tiene buenas relaciones con Turquía, no consigue recibir apoyo para avanzar hacia la independencia; ya que temen que la independencia en un territorio traerá consigo la independencia para otro, desequilibrando el escenario geopolítico de poder y a los aliados en la región. Esta es la razón por la que Turquía, que ha intentado encerrar las aspiraciones kurdas dentro de las fronteras del KRG, tiene esa gran beligerancia contra Rojava. También es la razón por la que el KRG, específicamente el KDP, que pide la independencia, se mueve en un terreno minado: entre tener éxito en sus propios objetivos pero a su vez enterrar las aspiraciones de los kurdos de los otros territorios, especialmente Rojava.

Este es también el lugar de donde surgen y nacen las contradicciones y conflictos entre el KRG y el KFM. Mientras que las alianzas políticas entre el KFM y otros estados se sitúan en el marco táctico (corto plazo), el KDP sitúa estas alianzas en el marco estratégico (largo plazo). Más aún, y en cierta medida debido a esta discrepancia, están diametralmente opuestos en términos ideológicos y organizativos. A pesar de que las alianzas del KDP significan que pueden contar con un cierto respaldo internacional para el KRG o para la causa kurda, también les implica una debilidad en forma de una limitación a su acción política y diplomática. Por el contrario, el KFM es mucho más libre a la hora de decidir su acción y camino, pero tiene el peligro de ser aislado por no contar con las conexiones internacionales. Éste es, claro está, otro elemento de la ‘trampa kurda’.

Y así, y volviendo al principio, a Rojava, los kurdos están tratando de no caer en esta trampa, pero al mismo tiempo luchar contra todas las fuerzas históricas y presentes que tienen en frente. Están tratando de construir un sistema que no caiga en las múltiples trampas tendidas que juntas conforman la ‘trampa kurda’: nacionalismo, religiosidad, estatismo, imperialismo, capitalismo y sexismo. A pesar de todo esto, no están recibiendo el apoyo que merecen, no solo de las organizaciones internacionales y la opinión pública pero también de los kurdos, sus propios hermanos. Mucha gente no se da cuenta pero el éxito de Rojava no es solo el éxito de los kurdos y el Kurdistán, sino de todo Oriente Medio: sus pueblos, culturas, religiones y civilizaciones.

Es imperativo que los kurdos entiendan la trampa que les han tendido a ellos y a sus vecinos, y que anden con cuidado en el complejo escenario de Oriente Medio. No tenemos que estar de acuerdo en cada punto, política o acción llevada a cabo por partidos políticos o organizaciones en las que estamos o que apoyamos. Pero tenemos que respetarnos los unos a los otros, discutir atendiendo a los detalles y evitando la brocha gorda y desarrollar la solidaridad con la gente que lucha por la justicia y la igualdad. La alternativa es continuar luchando entre nosotros, y que a aquellos que consideremos nuestros enemigos, pero que en realidad son nuestros vecinos y la gente con la que continuaremos conviviendo, nos guste o no (sin contar a los yihadistas y sus colaboradores). En un cierto sentido todos tenemos un pie metido en la trampa kurda y a no ser que tengamos cuidado nos continuara quebrando hasta que nuestro país, sus recursos y su gente queden eliminados.

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