lunes, 15 de junio de 2015

La solitaria batalla de los 'peshmerga'

El oficial Shias Shurki, un 'peshmerga' curtido en los años más duros de la resistencia contra Sadam Husein, se despereza en un catre instalado cerca de la pila de costales que forman la primera línea de batalla. Sus dedos, entretanto, manosean una radio que intercepta las comunicaciones del enemigo. "Hermanos, soy Abu al Shishani [el checheno]. Estoy solo en la base. Que alguien venga a acompañarme", suplica la voz que brota del aparato. Y Shurki se lo acerca a la oreja mientras aguarda expectante la réplica. El transistor es el arma más moderna que las tropas kurdas manejan en el frente de Bashiq, a menos de 20 kilómetros de Mosul. "Aquí lo único que tenemos son 'kalashnikov' de la década de 1940", confirma el militar kurdo de 56 años, vecino de la segunda ciudad de Irak hasta su conquista el pasado junio por el Estado Islámico.
En la vanguardia de la refriega, al cobijo de dos garitas, despuntan sendas ametralladoras. Y, a su lado, unos enormes focos encañonan el paisaje escarpado donde se esconden los "muyahidines" (guerreros santos). "Es que no disponemos de visión nocturna", arguye Idris Hamuka, el cuarentón que guía al regimiento."Necesitamos todo tipo de armas: vehículos blindados, armamento antitanque y especialmente morteros. En estos momentos no podemos atacarles a 5 o 6 kilómetros de distancia", explica desde un cobertizo levantado en la retaguardia. Un año después de que el ejército iraquí se deshiciera como un azucarillo en Mosul, la carestía continúa asolando los cuarteles de los 'peshmerga', el ejército "de facto" de la región autónoma del Kurdistán iraquí. "Somos los únicos soldados que plantan cara al 'daesh' (acrónimo en árabe del Estado Islámico) en el norte de Irak y nos sentimos solos", musita Shurki.
"Nuestro presidente [Masud Barzani] suele decir que peleamos en nombre de la Humanidad. Si no hubiéramos estado aquí, habrían ocupado Irak por completo y quien sabe si otros países de la región hasta alcanzar Europa. Debe convencer a su Gobierno para que nos envíe armas. Diga que luchamos en nombre del ejército español", vocifera el veterano combatiente. Desde agosto -cuando las legiones del califato lanzaron una audaz ofensiva que amenazó Erbil, la capital del Kurdistán-, los países occidentales han suministrado munición y artillería a las autoridades kurdas. Alemania ha proporcionado el arma más cotizada por los 'peshmerga': el misil antitanque Milan con un alcance de 2 kilómetros, capaz de destruir coches suicidas. Pero hasta la fecha las remesas han sido insuficientes para cubrir los 1.050 kilómetros de frontera que los kurdos comparten con los extremistas.

"A veces algunos kamikazes salen de los matorrales y corren hacia nosotros. Hace dos meses liquidamos a tres y abortamos una operación para derribar nuestra posición", explica Hamuka, que no oculta su hostilidad hacia la población árabe. "Si en Europa sienten miedo por vivir junto a un puñado de árabes. ¿Qué es de nosotros, que estamos rodeados? No hay convivencia posible", esgrime. La falta de sintonía con la élite chií que gobierna Bagdad ha recrudecido los reproches en suelo kurdo. EEUU cumple a rajatabla la máxima de que todos sus envíos de armas deben ser coordinados por el Ejecutivo de Haidar al Abadi. Solo una pequeña porción de ese material ha aterrizado en Erbil: varias decenas de vehículos blindados MRAP y un millar de lanzacohetes antitanque AT4.
La tierra hostil del IS 
Las autoridades kurdas carecen de soberanía para adquirir armamento y desde la capital iraquí se teme que equipar a sus batallones alimente las ansias de independencia de la región. "No confiamos en Bagdad. Ningún político iraquí ha cumplido jamás sus promesas. Llevamos dos meses sin recibir el salario del Gobierno central", replica Shurki. A finales del año pasado los Gobiernos central y kurdo firmaron un acuerdo que debía sepultar meses de disputas. Al Abadi logró que el petróleo kurdo volviera a ser gestionado por Bagdad a cambio de descongelar el presupuesto y expedir al mes más de mil millones de dólares adicionales para financiar a los uniformados y mejorar su arsenal. El pacto, sin embargo, ha quedado en papel mojado y la desconfianza se ha acentuado en plena contienda contra las huestes del IS, un hábil rival que tiene en su poder las armas arrebatadas a los ejércitos sirio e iraquí y ha demostrado ser terriblemente flexible.
"Los iraquíes están luchando contra un enemigo que lleva a cabo una guerra no convencional. No hay hombres suficientes para combatir en una área tan grande cuando el IS tiene además la opción de mover a sus efectivos libremente entre Siria e Irak", recalca el analista Sajad Jiyad. "Los 'peshmerga' -apostilla- son una buena fuerza defensiva pero no pueden atacar al IS por su cuenta".
Aunque las voluntariosas tropas kurdas han cosechado importantes victorias en el monte Sinyar, la presa de Mosul o Zumar -a unos 40 kilómetros al noroeste de Mosul-, la parálisis habita frentes como el de Bashiq desde agosto. "Sería muy fácil avanzar pero estamos muy cerca de Mosul y nos podrían atacar desde el interior de la ciudad. No podemos hacerlo solos", admite Hamuka, jefe del Partido Democrático del Kurdistán en Bashiqa, un pueblo de cristianos y yazidíes que sigue bajo el yugo del IS.
Y si eran pocos roces, una nueva discordia ha florecido en Jalaula, la plaza situada a 130 kilómetros al norte de Bagdad que se disputan iraquíes y kurdos. Durante los últimos días al menos cinco personas han muerto en el fuego cruzado de 'peshmerga' y milicias chiíes. "Llegarán a algún acuerdo. El mayor enemigo es el IS y ambas partes son conscientes de ello", aventura el politólogo. En las trincheras de Bashiq, los guerrilleros que desde hace meses esperan órdenes lo corroboran. "Son como el cáncer. Envíen armas y evitaremos que se sigan expandiendo", sentencia Shurki.

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