martes, 12 de mayo de 2015

El mundo antirruso ...

Banderas rusa y ucraniana atadas entre síEl mundo antirruso viene formándose desde hace varios años en todo el territorio postsoviético, aunque se articula, sobre todo, en un espacio mental, no geográfico. Así lo cree uno de los miembros del Club Zinóviev, Pável Rodkin.
Ucrania acaba de realizar una ruptura irracional con el mundo ruso, una ruptura que la llevará a la catástrofe. Una de las causas de esta actitud fue la imposición y la acepción por parte de la sociedad ucraniana de la identidad negativa del mundo "antirruso", en forma de
histeria masiva. La identidad negativa es una herramienta de la geopolítica moderna muy usada por EEUU. ¿Podrá Rusia contrarrestar los efectos de semejante arma ‘humanitaria'? Recordemos que su primera víctima mortal fue la Unión Soviética…
Identidad negativa: lecciones de la "guerra fría"
La técnica de generar identidades negativas en la conciencia colectiva fue usada contra la URSS, resultando ser la herramienta más eficaz para destruir al enemigo desde dentro. La sociedad —la soviética primero y la rusa más tarde- no conseguían explicarse lo ocurrido: tal fue el poder y la imperceptibilidad del "tratamiento". En realidad, sólo ahora estos procesos se revelan reflejados en el espejo de lo sucedido en Ucrania y teniendo sobre la sociedad rusa y parte de sus élites el efecto de una ducha fría.
La esencia del fenómeno de la identidad negativa consiste en que una sociedad asimila (tanto a nivel individual como colectivo) el sentimiento, impuesto desde fuera, de aversión hacia su propia cultura, historia, sistema social y organización estatal. La identidad negativa genera una visión específica y acrítica de las fuerzas externas y una imagen positiva de las mismas, al igual que la ilusión de pertenencia a ellas.
El rechazo a su propia sociedad se canaliza a través de contradicciones clasistas, culturales, étnicas ya existentes o creadas de manera artificial mediante la propagación masiva de la identidad negativa. Y entonces, la víctima, de buena voluntad, se convierte en el ayudante más leal de su asesino.
La identidad negativa es una técnica para contagiar el virus de la autodestrucción a una sociedad y, como consecuencia, a un Estado. El virus afecta, sobre todo, al sistema conceptual, al que el filósofo ruso Alexandr Zinóviev define como "esfera de mentalidad", responsable del desarrollo, procesamiento y fijación en la conciencia de las personas de un determinado sistema de valores, o sea por la implicación de las mismas en ciertas acciones relacionadas con sus pensamientos y derivadas de ellos.
La mentalidad determina las actitudes de las personas con respecto a los procesos políticos y sociales y su acción o inacción en los puntos de inflexión. Debido a la complejidad de las sociedades modernas y al desarrollo de las tecnologías de redes, esta esfera dejó de ser hermética y rebasó el control estatal.
En los últimos años de existencia de la URSS la identidad negativa se tradujo en un rechazo y la ridiculización de la ideología, los valores y los símbolos del país. A partir de ahí, el triunfo del mundo antisoviético estaba predestinado. Pero este mundo triunfante en seguida se convirtió en un mundo antirruso: "Apuntaban contra el comunismo pero le dieron a Rusia", según lo expresó Alexandr Zinóviev.
El mundo antirruso: la tragedia de Ucrania
El mundo antirruso se articula, sobre todo, en un espacio mental, no geográfico. A pesar de que desde hace varios años viene formándose en todo el territorio postsoviético, este proyecto alcanzó su plenitud en Ucrania a través de la implantación de la identidad negativa.
La Ucrania moderna se considera parte de Europa y de un abstracto Occidente no por su proximidad geográfica sino mental. La fe en el supuesto "eurocomunismo", que contagió a la sociedad ucraniana, tiene un carácter irracional y acrítico y se alimenta de una contraposición a Rusia. No importa que sirvan de base ideológica y contenido de esta contraposición los desechos de la humanidad, como los castigadores nazis de la época de la Gran Guerra Patria.El conflicto entre los "ucranianos" y los rusos, desde la perspectiva del mundo ruso, es absurdo e impensable. La identidad ucraniana, aunque habiendo sido en sus orígenes antirrusa, artificial y un sucedánea (de hecho, fue un proyecto austrohúngaro y alemán de principios del siglo XX) tuvo un impulso positivo dentro de la URSS. El mundo soviético —el mundo ruso- aceptó a Ucrania, incorporándola dentro de sus fronteras. Porque para Rusia, que puede existir en diversas formas (imperio o federación), la integración de las etnias, culturas y religiones no representa ningún problema.
La identidad de la Ucrania moderna tiene un carácter agresivo e infantil y obliga a la sociedad ucraniana a perder, inevitablemente, la capacidad de analizar la situación. El problema está en que por muy poderosa que sea la identidad virtual ucraniana y los medios que la formulan y promocionan, más poderosa es la inminencia del colapso económico y la realidad de una guerra civil que cada día se cobra más vidas.
Aunque la suerte de Ucrania no preocupa a Occidente: Europa ve en ella un mercado y EEUU, un nuevo frente contra Rusia. La única que no se da cuenta de ello es la sociedad ucraniana, la cual —al asumir la identidad negativa del mundo antirruso- dejó de ser no sólo sujeto político y económico, también histórico.
Después de Ucrania: retos para Rusia
El destino histórico de Ucrania está decidido. Y aquí surge, palpitante, la cuestión: ¿soportará Rusia la agonía de Ucrania acompañada por una presión de Occidente cada vez más fuerte?
La posibilidad de activación de los mismos virus "mentales" amenaza también a la sociedad rusa ya que el sistema conceptual del mundo antirruso no es una categoría abstracta sino un agente activo de la creación de un cierto ambiente social (y, además, selecto) y existen instituciones que se dedican a implantar identidades negativas en la sociedad.
El proceso de degradación social en Rusia continúa, aunque, debido a la "vacuna" ucraniana, con menos intensidad. Pero la incapacidad de la sociedad rusa para analizar la realidad social y sus mecanismos actuales sigue siendo patente y sus defensas inmunológicas ante el efecto negativo de la propaganda están muy bajas.
La idea de la superioridad de Occidente y el propio complejo de inferioridad siguen estando arraigados en diversas capas sociales. El pensamiento crítico en la sociedad (sobre todo, en la llamada clase creativa) permanece a un nivel muy bajo haciéndola fácil de manipular, lo que ponen de manifiesto hoy las redes sociales.
Para contrarrestar los efectos perniciosos de la identidad negativa es necesario empezar a traducir y comentar el discurso político de Occidente en el que los conceptos tienen doble significado no sólo a nivel de propaganda sino al de conocimiento filosófico, sociológico y político-económico (lo cual amenaza la estabilidad del poder de las élites liberales). En caso contrario un nuevo golpe demoledor contra el Mundo Ruso volverá a ser asestado no desde fuera, sino desde dentro de la propia Rusia.

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