martes, 14 de julio de 2015

Diálogos Irán-G5+1: triunfo de la diplomacia ante la beligerancia



Después de casi 22 meses de diálogos llenos de altibajos y momentos difíciles, Irán y el Grupo 5+1 (EE.UU., Francia, el Reino Unido, China y Rusia, más Alemania) dieron un paso importante en las relaciones internacionales, mediante la conclusión de los diálogos nucleares hacia un acuerdo histórico.
Con este anuncio, ambas partes pusieron de manifiesto una vez más que la diplomacia y el diálogo son métodos que pueden solventar, incluso, problemas antiguos, como la disputa nuclear iraní, sin necesidad de generar ningún conflicto o guerra.
En el siguiente artículo analizamos los diferentes aspectos de este anuncio y las consecuencias que van a tener a nivel internacional.
¿Cómo inició la disputa nuclear iraní?
Todo empezó en agosto de 2002, cuando la banda terrorista Muyahidín Jalq, que se opone a la República Islámica de Irán, se valió de imágenes y documentos falsos en un esfuerzo por activar la maquinaria para hacer estallar una guerra contra el país, al decir que Teherán pretendía la fabricación de una bomba atómica.
Si bien su objetivo no se materializó, comenzó un conflicto diplomático entre Irán y Occidente, encabezado por Estados Unidos. Desde 2006, el Consejo de Seguridad aprobó duras restricciones contra Irán, que iban ampliándose con el paso de los años. En estas circunstancias, el país, bajo las riendas del entonces presidente, Mahmud Ahmadineyad, llevó adelante varias rondas de negociaciones con los occidentales, aunque sin registrar ningún avance significativo. Por lo tanto, en 2012, la Unión Europea se subió al tren de las sanciones antiraníes e impuso un férreo embargo.
En 2013, llegó al poder Hasan Rohani, un presidente que apostó por la moderación y la interacción constructiva con el mundo; se retomaban así los diálogos nucleares. Durante este año, las partes dieron pasos significativos, en aras de suscribir un acuerdo definitivo. En este contexto, la República Islámica de Irán hizo todo lo posible para demostrar su buena fe y su firme voluntad; detuvo el progreso de su programa nuclear e, incluso, retrocedió en algunas áreas para fomentar la confianza.
Independientemente de ello, con su actitud, Teherán desmintió todo tipo de declaraciones de que su gobierno no abogaba por el diálogo, y demostró que la presión se puede sustituir por la diplomacia. La prueba más fehaciente son sus actividades nucleares, es decir cuando el país estaba bajo las presiones de Occidente y se le exigía el cese del programa nuclear, Irán consiguió desarrollar su tecnología, multiplicó el número de centrifugadoras de 194 a 19 mil y aumentó el nivel de enriquecimiento de uranio al 20 %. Sin embargo, cuando la contraparte empezó a reconocer el derecho nuclear iraní, las circunstancias cambiaron y Teherán, para mostrar su buena fe, redujo el nivel de enriquecimiento y sus centrifugadoras.

De esta forma, se allanó el terreno para un acuerdo definitivo al respecto, algo que todavía requiere del visto bueno del Parlamento iraní y del Congreso de Estados Unidos.
Un acuerdo que resulte favorable para todos
En cierto sentido, los EE.UU. y sus aliados occidentales se aseguran de que Irán no adquiera armamento atómico, algo que Teherán venía rechazando y, posteriormente, se dio cuenta que todas estas acusaciones formaban parte de un guion, para ejercer presión contra Teherán. La prueba es la revelación del caso de falsificación de documentos por parte de la Agencia Central de Inteligencia de EE.UU., CIA, de que Teherán busca armas atómicas en su programa nuclear. Los documentos de la CIA fueron enviados a un tribunal en Alexandria, Virginia, el 14 de enero, para el juicio de Jeffrey Sterling, acusado de filtrar información secreta sobre las operaciones de la Agencia.
Sterling trabajó en un proyecto cuyo objetivo era “engañar a científicos iraníes, suministrando a la misión del país en Viena diseños modificados de componentes de armas nucleares, con el fin de guiar las supuestas investigaciones hacia callejones sin salida y hacer que el país perdiera tiempo y dinero”, según un cable de mayo de 1997 enviado al tribunal.
Además se abrió un nuevo capítulo entre Irán y Occidente en la escena internacional. Como sabemos, el país persa es un actor importante en las ecuaciones regionales y mantiene ciertos lazos con los países de la región, de esa forma y ante la creciente amenaza de los grupos terroristas, ambos pueden colaborar para restablecer la seguridad y eliminar a los terroristas.
Sin embargo, parece que los logros de Irán serían más importantes y relevantes. Antes, Occidente no lo reconocía como un país nuclear y pretendía destruir toda su infraestructura nuclear, pero ahora y, en base al acuerdo, no solo reconocen su derecho al enriquecimiento de uranio, sino que seguirá con sus actividades, las desarrollará e, incluso, otros países le ayudarán a poner en marcha sus plantas.
Además, se levantan todas las sanciones impuestas las acusaciones relacionadas con su programa nuclear, incluso las armamentísticas. Asimismo, Irán tendrá una mayor interacción con la comunidad internacional.
Efectos del acuerdo Irán-G5+1 a nivel internacional
El primer impacto que ha tenido este acuerdo es que, por primera vez, se elimina la aplicación del capítulo 7 de la Carta de la ONU contra un país sin guerra y mediante el diálogo; hecho que se convierte desde hoy en un modelo para la solución de conflictos internacionales.
Además se pone de relieve que tanto EE.UU., la superpotencia que gestiona el mundo, como otros países ya han aprendido que la era de la presión y las amenazas han llegado a su fin. Tal como reconoció el mandatario estadounidense, Barack Obama: “el ‘acuerdo’ con Irán tiene el respaldo de la comunidad internacional, y ha recordado que esta no habría apoyado a EE.UU., si hubiera optado por otra alternativa”.
Ante esta situación hay que esperar el aumento de las actividades de Israel para boicotear este acuerdo e impedir su aprobación por el Congreso de EEUU. Por lo que el premier israelí, Benyamin Netanyahu, dijo: “Se puede afirmar que este acuerdo es un error de dimensiones históricas".
Por esta razón, no resulta raro que incremente sus lazos con Arabia Saudí, el que considera como un rival ideológico de Irán y que se ve perjudicado también por el acuerdo, considerado como un paso hacia una mayor interacción de Irán con el mundo y el establecimiento de un mayor poderío en las ecuaciones regionales.
Por Rasoul Goudarzi

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