lunes, 9 de noviembre de 2015

Erdogan se queda en su “Casa Blanca” y Turquía pasa al totalitarismo

En Turquía se celebraron las elecciones parlamentarias, y el partido gobernante de la Justicia y el Desarrollo (AKP), logró recuperar una mayoría absoluta que había perdido en las elecciones del pasado 7 de junio.

De acuerdo con el resultado final, el AKP se hizo con un 50 % de los votos, equivalente a 316 escaños de los 550 del Parlamento. El partido socialdemócrata CHP, principal formación de la oposición, avanzó medio punto, hasta alcanzar un 25,4 % y ganar dos escaños. Por otra parte, el ultranacionalista MHP fue el gran perdedor, al descender más de cuatro puntos. A esto se debe sumar el retroceso importante del prokurdo HDP, del 13,1 al 10,6 %.

En el siguiente artículo intentaremos analizar el porqué de la victoria del partido gobernante, además de estudiar lo que le depara el destino al pueblo turco, a raíz de este acontecimiento.

Las elecciones del primero de noviembre se realizaron en medio de la inestabilidad política y el aumento de la violencia en el país, en especial en las zonas de mayoría kurda. Asimismo, los enfrentamientos entre los miembros del Partido de los Trabajadores del Kurdistán, PKK, y el Ejército turco habían sumergido estas zonas en el caos y la inseguridad, de forma tal que decenas de personas de ambas partes perdieron la vida y algunas ciudades, como Diyarbakir, tuvieron que declarar el estado de excepción.

Con este aumento de la violencia y los choques con los kurdos en las pasadas elecciones de junio, el partido HDP entró en la competencia electoral, pero desde entonces se convirtió en un blanco literal de los ataques por todos lados. La explosión en su campaña electoral en el mes de junio resucitó el conflicto entre los milicianos kurdos y el Gobierno de Ankara. Los nacionalistas atacaron las sedes de ese partido y, en otro evento, mientras los militantes del HDP preparaban una marcha para repudiar la guerra fueron el blanco de una explosión que dejó casi 100 muertos.

Al parecer, la táctica del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, de crear tensión y atraer votos fue fructífera, y su pueblo, para impedir un empeoramiento de la situación económica, la caída de su moneda (la lira había perdido más de un 20 % de valor frente al dólar, y la intensificación de la brecha social, votó a favor de la formación de Erdogan.

En otras palabras, el Partido de Justicia y Desarrollo obligó al pueblo a votar por él para acabar con la inestabilidad y el caos durante la era postelectoral en el país. Por lo tanto, se puede decir que el sentimiento de temor en las elecciones de noviembre fue un factor de peso para Erdogan, ya que las campañas electorales de los últimos meses estuvieron acompañadas con operaciones terroristas, enfrentamientos armados, entre otros. Todo ello motivó a la población turca a pensar en la paz y la estabilidad a la hora de acudir a las urnas.

La economía es parte también de la victoria del AKP. El pueblo turco, teniendo en cuenta la buena estrategia económica del partido, intenta que el país mantenga su ritmo. Si bien, en los últimos años, ha experimentado un bajo crecimiento económico de menos del 3 %, junto con un aumento en la tasa de desempleados entre los jóvenes, la gente no quiere que llegue al poder otro partido que se desconoce si podría mejorar la economía o no.

Ahora que el partido gobernante ha conseguido sus objetivos, es decir recuperar la mayoría absoluta en el Parlamento, el presidente Erdogan busca aumentar sus poderes, con el fin de enmendar la Constitución y reforzar el cargo presidencial con atribuciones ejecutivas. Esto se produce después de que, en los últimos años, ha sido el blanco de duras críticas basadas en que está cruzando todos los límites e interviene en todos asuntos del país, incluso aquellos que no son de su competencia, debido a que el cargo presidencial es más protocolario y todos los poderes los tiene el premier. Con esa victoria, el Partido de Justicia y Desarrollo quiere volver a los años 2000-2007, a la época del unipartidismo. Tal como lo reconoció el premier, Ahmed Davutoglu, subrayando: "El gobierno de un solo partido es necesario para combatir el terrorismo y enfrentar los retos económicos".

No obstante, esa situación tiene también sus consecuencias para un país que cuenta con una situación geoestratégica y geopolítica y se está alejando de los principios que pretendían impulsar en la región de Oriente Medio y Europa.

El impulsor del "neo-otomanismo diplomático", que intenta sacar partido político y económico de la relevancia histórica del pasado imperial turco, Davutoglu, había afirmado: "Nuestro objetivo primordial es la plena incorporación a Europa, pero actuamos también en nuestro propio espacio geográfico: los Balcanes, el Cáucaso, Oriente Próximo...", puntualiza. "Turquía no ha vuelto la vista hacia Oriente. No hay ninguna contradicción respecto a la integración en Occidente. ¿Nuestra política exterior? Cero conflictos con los vecinos".

Si bien el arquitecto de la nueva estrategia diplomática de Turquía había recalcado la importancia de cero conflictos con los vecinos, las políticas radicales de Erdogan en la región, es decir su injerencia en Siria y su apoyo a grupos terroristas como Daesh, motivaron que el país cuya economía que mantenía un buen ritmo gracias al turismo y la industria textil, se convirtiera en otro territorio inestable de la región. Esta inseguridad afectó seriamente su industria sin humo.De acuerdo con las cifras proporcionadas por el Ministerio de Cultura y Turismo de Turquía, el número de visitantes al país se ha reducido un tres por ciento en agosto, en comparación con igual periodo del año pasado. 

Además de esto, Erdogan ha demostrado ser intolerante a las críticas. Como ejemplo de ello, hace unos días, envió la policía a un medio de comunicación crítico a sus políticas. La policía asaltó y se apoderó de una televisora, y un periódico para silenciarlos. Así que el hombre poderoso de Turquía no tolerará ningún obstáculo que impida la materialización de su anhelo de restablecer el Imperio Otomano, y es posible que la libertad de expresión en ese país, tal como la han vivido hasta ahora los turcos, se convierta en un anhelo, con el paso de tiempo.

Con todo ello, hay que decir que Erdogan no construyó su propia “Casa Blanca” para abandonarla tan rápidamente, sino que es el símbolo de un proyecto duradero que requiere la presencia de su partido en el poder; un proyecto que solo garantice los intereses de “Justicia y Desarrollo”.

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