sábado, 29 de julio de 2017

Arabia Saudita extiende el extremismo a través de centros de caridad


En el siglo XX y mayormente en los últimos años del siglo XXI, el mundo ha sido testigo del surgimiento de grupos extremistas que están creciendo como una sombra que presagia muerte y terror en diferentes partes del orbe.

En este artículo pretendemos estudiar la fuente del terrorismo takfirí, además de los motivos de la expansión de tal pensamiento radical en el mundo.

En la era contemporánea, además de los gobiernos, existen otros factores como individuos, grupos, organizaciones regionales e internacionales, que constituyen una amenaza para la paz y la seguridad mundial. Personas como Osama Bin Laden, Abu Bakr al-Bagdadi y grupos como Al-Qaeda y Daesh, son ejemplos de estos nuevos actores desestabilizadores en la escena internacional.

Si bien los grupos extremistas como Al-Qaeda y Daesh son bandas que disponen de diferentes tácticas a la hora de promover el terrorismo, comparten un punto en común: sus patrocinadores tanto financieros como logísticos. Por ejemplo, Arabia Saudí es uno de los principales patrocinadores del extremismo takfirí de Daesh y Al-Qaeda, y opera en diferentes partes del mundo, especialmente en Oriente Medio. El régimen de Al Saud lo hace a través de organizaciones de caridad que aparentemente funcionan con buena fe, pero que en el fondo están ayudando a los grupos terroristas en el mundo.

Arabia Saudita y el terrorismo

La historia de la financiación de los grupos terroristas se remonta a 1920, cuando Hasan Bana fundó el movimiento de los Hermanos Musulmanes. Con el paso del tiempo, Arabia Saudí se encontró entre los principales países que, en 1978, acordó la fundación de la primera red de financiación de grupos radicales como los Hermanos Musulmanes bajo el nombre de “Unión de Musulmanes del Mundo”.

En este contexto, las cifras filtradas por varias agencias de Inteligencia ponen de relieve que, entre los años 1975 y 1985, Arabia Saudí ayudó, con unos 48.000 millones de dólares, a las organizaciones de caridad para hacer llegar este dinero a los grupos extremistas.

No obstante, el rol de las entidades de caridad saudíes en promover el extremismo no se limita al siglo XX, sino que esta actividad continúa desarrollándose hasta el día de hoy. En este sentido, se puede señalar el informe confidencial de 28 páginas del Buró Federal de Investigaciones de EE.UU. (FBI, por sus siglas en inglés) en 2016 que, explícitamente, menciona el papel jugado por los saudíes en la tragedia del 11 de septiembre de 2001.

El documento detalla que, además del uso de Riad de las mezquitas para extender la ideología wahabí y el lavado de dinero, el régimen de Al Saud recurre a las fundaciones de caridad, como la de Al-Haramain, con el fin de crear empleos para los terroristas y financiar a los centros de entrenamiento de los extremistas. Esta fundación fue creada en Karachi, Paquistán, en 1988, por uno de los famosos capitalistas saudíes y simpatizante wahabí Aqeel Al-Aqeel, bajo la cobertura de dar asistencia a personas necesitadas y promover actividades culturales. El objetivo principal de la creación de Al-Haramain era promover el wahabismo y financiar organizaciones terroristas. En 1992, la sede de Al-Haramain se trasladó oficialmente a Riad (capital saudí), donde Salman bin Abdulaziz, el entonces emir de Riad y el actual rey saudí, asume su presidencia honorífica. El centro contaba con el apoyo de Salman bin Abdulaziz y Salih bin Abdulaziz al-Sheikh, el entonces ministro de dotaciones, que era también el jefe de la Junta Directiva de la misma. Durante el año 2004, fueron establecidos cientos de centros activos en más de 50 países, como los EE.UU., Afganistán, Paquistán, Bangladés, Indonesia, Somalia, Etiopía, Kenia, Tanzania, Nigeria, los Países Bajos, Albania, Bosnia e Islas Comores, con más de 5.000 empleados. Esta fundación no solo ha recibido cientos de millones de dólares procedentes de diferentes instituciones y del Gobierno de Arabia Saudí, sino que ha percibido más de 55 millones de dólares en concepto de donaciones de la población de este país árabe.

Una de las principales funciones de Al-Haramain era promover la ideología wahabí a través de la publicación de millones de copias de libros, revistas y periódicos, confiriendo o influyendo en los medios digitales y audiovisuales. En este sentido, el diario saudí Al-Sharq al-Awsat citó, el 31 de enero de 2002, a Al-Aqeel, que afirmó: "Al-Haramain, solo en aquel año, obsequió a los peregrinos del Haj un millón de copias de libros escritos por Muhammad bin Abdul-Wahhab, entre otras cosas”.

En los últimos años y con el surgimiento del grupo terrorista Daesh, se está destacando aun más el rol de los saudíes en el apoyo al extremismo. De acuerdo con los informes elaborados por varias agencias de Inteligencia europeas, gran parte del dinero que recibe Daesh proviene de los centros de caridad apoyados por Riad.

Al respecto, los informes filtrados por los servicios de Inteligencia alemán y británico confirman que Arabia Saudí, a través de centros de caridad, está impulsando su ideología extremista a lo largo y ancho del planeta, especialmente en Europa, de ahí, el aumentado de atentados terroristas en el viejo continente.

En esta misma línea, el Grupo de Acción Financiera contra el Blanqueo de Capitales (FATF, por sus siglas en inglés), mediante un informe publicado en febrero de 2015, anunció que el 24 de septiembre de 2014 Daesh recibió dos millones de dólares de los países ribereños del Golfo Pérsico. Los centros de caridad apoyados por los saudíes, bajo el alegato de comprar tiendas de campaña y alimentos, cubren gran parte de la ayuda financiera y logística que percibe Daesh.

Con todo lo expuesto, se puede concluir que las autoridades saudíes, aprovechándose de una doctrina maquiavélica, quieren llegar a su objetivo por todos los medios posibles. Sus metas principales son extender su ideología wahabí en el mundo y debilitar a los gobiernos que se le oponen como Irán, Siria e Irak, entre otros, para proclamarse el padrino de los países musulmanes, pero lo lamentable es que, pese a los problemas devastadores ocasionados por el wahabismo en el mundo, sus aliados occidentales no han adoptado ninguna medida seria para frenar esta fuente de radicalismo takfirí.

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