lunes, 12 de enero de 2015

El Estado Islámico amenaza en Mosul con llevar la ‘guerra santa’ a los países europeos

Aunque pueda parecer una paradoja, la masacre en la revista Charlie Hebdo y las sangrientas secuelas que han tenido los sucesos de París en el fondo podrían ser la fatal consecuencia de la rivalidad entre Al Qaeda y el Estado Islámico para liderar el movimiento yihadista internacional.
Desde hace meses, se especulaba con que Al Qaeda necesitaba realizar un espectacular atentado para recuperar el protagonismo que en todos los terrenos le ha arrebatado el Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS). Como se ha ido publicando, a medida que el ISIS consolidaba sus “éxitos” y sobre todo tras la declaración del Califato en Mosul, las principales organizaciones yihadistas se iban desvinculando de la matriz afgana para rendir pleitesía al grupo liderado por Abu Baker Al Bagdadi.
Esta sería la razón por la que los hermanos Cherif y Said Kouachi habrían dejado clara su pertenencia a la rama yemení de Al Qaeda durante el asalto a la revista satírica. De acuerdo con las informaciones que luego han salido a relucir, uno de los hermanos, Cherif, habría recibido entrenamiento en una base de Al Qaeda de ese país árabe, donde la organización fundada por Bin Laden todavía mantiene un poderoso movimiento insurgente.

Aunque con fines y métodos semejantes, el grupo liderado por Al Bagdadi comenzaba a caracterizarse por edificar una estructura estatal en los territorios bajo su control, convirtiendo así al Califato con base en Raqa (Siria) y Mosul (Irak) en referencia y polo de atracción para los yihadistas de todo el mundo. En relación con esta estrategia, el Estado Islámico igualmente se distinguía por evitar unos atentados en el extranjero a los que Al Qaeda nos tenía acostumbrados.
Los seguidores de Bin Laden necesitaban, por lo tanto, dar un “golpe de efecto” para detener un goteo de deserciones que, de continuar, podría borrar del mapa a esta organización, quedando reducida su capacidad a los focos de Afganistán, Yemen y, parcialmente, a Siria, donde aún conserva la fidelidad del Frente Al Nusra.
Pero también puede ocurrir que los sucesos de París pongan fin a esa pasividad del Estado Islámico en el ámbito internacional tanto para atajar el impacto de la acción de los hermanos Kouachi como para castigar la implicación de las potencias occidentales, de forma muy destacada la de Francia, en la guerra contra el yihadismo.
Eso es lo que se desprendería del sermón pronunciado este viernes en la mezquita mosulí de Al Rahman por Abu Asaad al Ansari, uno de los portavoces del Estado Islámico. Ansari, de acuerdo con la información suministrada por un contacto local a la agencia Rudaw, se refirió a lo ocurrido en Francia como “una lección para los países que participan en los crímenes y bombardeos contra el Estado Islámico”, prometiendo “vengarse” de todos aquellos que “han contribuido a bombardear tierra suní”. “Llevaremos la guerra santa a países que no saben quiénes somos”, dice el informador de Rudaw que recalcó el predicador.
Ansari también reconoció en su discurso los últimos reveses sufridos a manos de los peshmergas, asegurando que iban a “recuperar el terreno perdido debido a algunos traidores, ya ejecutados, que habían reculado” ante las milicias kurdas.
En lo que coinciden el Estado Islámico y Al Qaeda es en colocar a Francia en el punto de mira debido por ese especial protagonismo en el actual conflicto, sobre todo defendiendo de forma enconada la necesidad de armar y dar apoyo aéreo a las fuerzas kurdas locales, tanto en Irak como en Siria.
Este especial apoyo de Francia a los kurdos tiene su origen en la Presidencia de Mitterand durante los años 80. Entonces, su mujer, Danielle Mitterrand, se convirtió en una de las principales abanderadas de la causa kurda.
Junto a ella se encontraban los médicos Frederic Tissot y Bernard Kouchner, este último destacado dirigente socialista, fundador de Médicos Sin Fronteras, más tarde de Médicos del Mundo y finalmente ministro de Exteriores con Sarkozy. Gracias a Kouchner, Francia fue el primer país europeo en abrir (junio de 2008) un consulado en Arbil, capital del Gobierno autónomo kurdo en Irak, colocando como primer cónsul general precisamente a Frederic Tissot.
La ofensiva yihadista contra los kurdos, el exterminio de los yezidis y la persecución de una comunidad cristiana estrechamente relacionada con Francia a través del Líbano hizo, más que el seguidismo a la política norteamericana, que Francia cambiara su oposición a la intervención militar del año 2003 y se haya convertido en la principal defensora de la actual campaña, influyendo igualmente en la decisión tomada por Alemania y el Reino Unido en el mismo sentido.
No debe extrañar, por lo tanto, que el pasado mes de noviembre se viera a Bernard Kouchner visitando, sin autorización del Gobierno sirio, las ciudades kurdas de Sere Kaniye y Qamisli, reuniéndose con el Partido de la Unidad Democrática (PYD) y saludando a los combatientes de las YPG (Unidades de Defensa Popular), cientos de los cuales, en su mayor parte musulmanes, ya han muerto luchando contra un desvarío yihadista que ahora ataca Europa.
Fuente original: http://www.cuartopoder.es/terramedia/2015/01/10/la-pugna-entre-al-qaeda-y-estado-islamico-surge-tras-la-masacre-de-charlie-hebdo/6460

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