lunes, 13 de junio de 2016

LOS KURDOS, UN PUEBLO OLVIDADO


ASPECTOS GENERALES


El Kurdistán, tiene una extensión territorial de 550,000 Kms2; se localiza al sur del Cáucaso, entre los montes Tauros, Zagros, el Monte Ararat y los valles de Mesopotamia.  Su población está integrada por más de 30 millones, de los cuales 20 millones viven aún en la zona conocida como Kurdistán.

Los Kurdos residen principalmente en 4 estados: Turquía, Iraq, Irán y Siria:

·    En Turquía existen 15 millones de kurdos, que constituyen el 20% de la población turca;
·         En Iraq residen 5 millones de kurdos, 25% de la población iraquí, que residen en 76,000 kms2 de los que se extrae el 74% del petróleo del país;
·         En Irán habitan 9 millones de kurdos, 17% de la población iraní, asentada en una zona de donde se extrae el 20% de la producción nacional de petróleo.
·         En Siria viven 2 millones de kurdos.
Además, también cuentan con una importante comunidad kurda Armenia y Azerbaiyán, donde viven cerca de medio millón; en Europa, sobre todo en Alemania, así como en varias repúblicas de Asia Central, ex integrantes de la antigua URSS., donde suman cerca de 1 millón.


HISTORIA DEL PUEBLO KURDO


Los kurdos poseen un antecedente cultural distinto y diferente al resto de los grupos étnicos de la región.  Tres sencillas distinciones los caracterizan:

·          su idioma,
·          su estilo de vida y
·          su propia conciencia histórica. 

Ninguna de estas tres distinciones es tolerada en los Estados donde los kurdos habitan.

Su lengua, el kurdish es una variante noroccidental del farsi iraní; los Kurdos han luchado permanentemente por mantener su idioma indo-europeo, no semítico; como religión, practicaban originalmente el zoroastrianismo.  Luego de la expansión de la cultura árabe por la región, se islamizaron a la corriente sunnita, pero no arabizaron.  Actualmente, una minoría practica la variante confesional zoroastriana del Yezidi.

La historia del pueblo kurdo está llena de promesas incumplidas, pactos fallidos y represión; es mayoritariamente musulmán-sunnita, no árabe, y habita desde tiempos remotos las altas cordilleras y montañas del noreste de la antigua Mesopotamia: entre Armenia, Iraq, Irán, Siria y Turquía.

Sus orígenes se remontan a los Medas (2,400 a. C.); tienen parentesco étnico con la comunidad persa, y han carecido de un estado propiamente dicho si exceptuamos el que dio lugar al Imperio Medo en el año 612 a. C. 

El historiador griego Jenofonte ya habla de ellos en su Anábasis, obra clásica del año 400 a. C., donde relata la aventura de una expedición mercenaria por la Península de Anatolia.  Saladino, el jefe militar musulmán que defendió Jerusalén de las cruzadas en el siglo XII, era de origen kurdo. 

En el siglo VII la expansión del Islam inició un proceso de arabización que los kurdos rechazaron, no así el de islamización que finalmente adoptaron y asimilaron.

Durante gran parte de su historia, los kurdos han estado dominados por otros pueblos y en tiempos más recientes por Irán, Iraq y Turquía, países que no han aceptado un estado kurdo independiente.  El país de los kurdos, o Kurdistán, no ha constituido jamás una entidad política unificada.  Hasta el siglo XIX los príncipes kurdos disfrutaban de una amplia autonomía en los imperios otomano y persa.  A comienzos del siglo XIX la población emigrada de Irán se instaló en el Kurdistán de Iraq.

Las raíces de la cuestión kurda datan de 1848 y 1867, cuando los persas y otomanos eliminaron los municipios del semi-independiente Estado kurdo, como medida de imposición e integración a sus imperios. 

El nacionalismo kurdo comenzó a tomar forma en el siglo XIX, sobre todo en la década de 1890, cuando el Imperio Otomano estaba en su última etapa.  Surgieron varias asociaciones nacionalistas kurdas como la Hiviya Kurd (Esperanza Kurda), que se fundó en 1910; la Asociación de Amigos del Kurdistán en 1912 y el Seminario Bilingüe Rotakurd (Día Kurdo) en 1913, cuya finalidad fue dar a conocer la cuestión nacional kurda frente a las organizaciones como la Unión y Progreso de corte panturiana en Turquía, que sostenía que la patria de los turcos era el Turán, eliminando toda posibilidad de existencia del pueblo kurdo.

Por el Armisticio de Mudros de enero de 1918, Turquía se rinde a las potencias y capitula.  Numerosos partidos kurdos emergen, como fueron el Resurgimiento del Kurdistán, que exigió la aplicación de la Doctrina Wilson o sea, la liberación del Kurdistán; el Comité por la Independencia Kurda y el Partido Nacional Kurdo.  Estos partidos no actuaron unificados, lo que limitó los esfuerzos por reivindicarse frente al panarabismo, panturanismo y los intereses coloniales europeos.

La cuestión kurda emergió inmediatamente a la par del nuevo y étnicamente dividido estado de Iraq, donde los británicos participaron activamente para sofocar la primera rebelión kurda en 1919.

El Tratado de Sévres, firmado el 10 de agosto de 1920, prevé la creación de un Kurdistán al norte del sultanado de Mosul, región rica en petróleo y agua, siguiendo el programa de 14 puntos del Presidente Wilson.  La “guerra de independencia” (1919-1923) encabezada por Mustafá Kemal Ataturk, llevó a la firma del Tratado de Lausana entre las potencias aliadas y el gobierno de Ankara, el cual restituyó a Turquía toda Asia menor y consagra su soberanía sobre la mayor parte del Kurdistán.  Las disposiciones de Sévres quedan anuladas y 25 millones de kurdos desperdigados entre cinco naciones: Turquía, Siria, Irán, Iraq y la ex URSS (hoy las Repúblicas de Armenia, Georgia y Azerbaiyán), donde se convirtieron en minorías oprimidas y sufrieron la asimilación forzada y las deportaciones masivas.

La creación de Estados modernos en Irán e Iraq, coincidió con el gobierno del Sha Reza Pahlavi en Irán, a principios de los años veinte, y la instauración de un gobierno independiente en Bagdad, que se liberó de Inglaterra.  El poder de las autoridades centrales se incrementó en la zona fronteriza.  Las sucesivas revueltas en las décadas de 1920-1930 fueron reprimidas por el ejército turco.

Durante el período de entreguerras y en su afán de mantenerse presente en la región, Inglaterra se adhirió al Acuerdo de Saadabad, firmado entre Iraq, Irán, Turquía y Afganistán, el cual contiene un artículo que hace referencia a la eliminación del movimiento kurdo.

Después de la destrucción de la joven República Mahabad del Kurdistán, situada en el occidente de Irán, en 1947, el activismo militar de los kurdos se trasladó a Iraq, donde consideraron que encontrarían una mejor oportunidad para establecer una entidad independiente.

LOS KURDOS EN IRAQ


Cerca de 5 millones de kurdos viven en la región de Iraq que llaman Kurdistán Libre, situada en las montañas donde Turquía, Irán, Iraq y Siria convergen.  Aquí los kurdos han establecido la más extensa y populosa autonomía de la historia moderna, en un área de 15,000 km2, donde se organizan, recolectan impuestos, cuentan con cortes rudimentarias y conducen sus propias elecciones parlamentarias entre los dos principales partidos:

·    El Partido Democrático del Kurdistán (PDK) de centro-izquierda, con gran influencia entre la población kurda que vive en las provincias de Dahok y Erbil, sobre todo en las zonas fronterizas con Turquía.  Los vínculos familiares son destacados factores para la adhesión al PDK.  Fue fundado por el guerrillero Mustafá Barzani, quien defiende un sistema autónomo dentro de una estructura federal del Estado iraquí.

·        La Unión Patriótica del Kurdistán (UPK), organización escindida del PDK, situada a su izquierda, conformada más por planteamientos ideológicos que por vínculos de fidelidad tradicional, familiar o territorial.  Fue fundada por Jalal Talabani y tiene un gran peso en las provincias de Erbil, Kirkuk y Suleimaniya, especialmente en las zonas fronterizas con Irán.  Mantiene buenas relaciones con las organizaciones de izquierda europeas y reconoce el derecho a la autodeterminación del pueblo kurdo, aunque en la actualidad propugna por un estado federal en Iraq, al igual que el PDK, con una amplia autonomía en el Kurdistán iraquí.

Además del PDK y la UPK existen otros grupos menores como el Partido Socialista, el Partido Comunista, el Movimiento Islámico y el Partido de Dios.  Estos dos últimos son de reciente creación, reciben financiamiento de Arabia Saudita e Irán y suponen un serio peligro para los partidos laicos y democráticos.

En el kurdistán iraquí existen recursos como el hierro y el cromo, tiene yacimientos petrolíferos en la región de Kirkuk.

A partir del derrocamiento de la monarquía hashemita iraquí, el 14 de julio de 1958, la oposición kurda a la autoridad central de Bagdad ha recobrado intensidad y beligerancia.  Su militancia durante el siglo XX fue influenciada por los soviéticos bajo el contexto bipolar y mediante el concepto de guerra de liberación nacional.  El gobierno iraquí ha aplicado una política represiva contra los kurdos.  En 1974-75 la ofensiva del gobierno fracasó debido al apoyo brindado por la URSS e Irán.

En el marco de la reunión de la OPEP en Argelia, en 1975, el Presidente Saddam Hussein hizo concesiones al Shah de Irán, concediendo derechos absolutos de navegación sobre Shatt el-Arab.  Con ello Bagdad obtuvo el apoyo de Teherán a la lucha contra los rebeldes kurdos iraquíes.  Durante la guerra Irán Iraq (1980-88) los kurdos lucharon en contra de las poblaciones kurdas existentes en ambas naciones.

A raíz de la derrota de Iraq en la llamada Primera Guerra del Golfo Pérsico, los chiítas del sur y los kurdos en el norte iraquí se rebelaron contra el gobierno de Bagdad.  Más de 2 millones de kurdos iraquíes fueron expulsados de sus hogares, asentándose en campos de refugiados como Isikveren o huyendo a Turquía.

La lucha por la autonomía kurda en Iraq se manifiesta con acciones nacionalistas y laicas, y en Irán con actos religiosos y tradicionalistas.  Los gobiernos de Bagdad y Teherán han alternado sus posiciones entre masacres y negociaciones, admitiendo en parte la identidad kurda.  De los campos de refugiados del norte de Iraq, los kurdos viajan a Turquía con un pasaporte iraquí, y de ahí a Ucrania, Bielorrusia, Lituania, Polonia o Alemania. 

Cerca de 5 mil kurdos en Iraq murieron en 1988 cuando las fuerzas del ejército del Presidente Saddam Hussein atacaron la población de Halabja con armas químicas. Actualmente la fuerza aérea estadounidense patrulla una de las áreas de exclusión, la del norte del paralelo 36, con objeto de proteger a los kurdos de los ataques del ejército iraquí.

En 1992 los kurdos realizaron sus primeras elecciones parlamentarias con el objeto de crear un gobierno autónomo.  El KDP y el KPU dividieron los votos y aceptaron un gobierno de coalición. 

El 19 de septiembre de 1998 los dirigentes de la UPK del PDK suscribieron en Washington un acuerdo de paz, por el que cesan las hostilidades al norte de Iraq y adoptan un calendario para el establecimiento de una administración mancomunada en la región.  Al gobierno turco le preocupó el alto grado de autonomía de que gozará la región kurda y, particularmente, la influencia que el acuerdo tendrá en la lucha del PKK.

A principios de febrero de 2004 se registraron ataques suicidas en contra de oficinas del PDK y del UPK en Iraq, arrojando un saldo de 67 muertos y más de 247 heridos.  Los ataques fueron los peores desde que un coche bomba matara a más de 80 en las afueras de una mezquita en la ciudad sagrada de Najaf, entre ellos varios importantes dirigentes del UPK y del PDK, en agosto de 2003.

Estas acciones terroristas han ocasionado que los líderes de los dos principales partidos políticos kurdos otrora rivales, decidieran aliarse y estrechar la cooperación con EUA.  Hay que recordar que los Kurdos colaboraron con Washington en el derrocamiento del Presidente Hussein.  Es probable que los ataques aproximen aún más a ambos partidos en la búsqueda conjunta de una mayor autonomía para la región kurda en el norte de Iraq.


LOS KURDOS EN IRÁN


El gobierno iraní hace frente al problema kurdo en las provincias de Azerbaiyán Occidental, Kurdistán, Sanandaj, Kermanchah e Ilam, donde viven unos nueve millones de kurdos.  El petróleo que se extrae de los territorios kurdos de Irán representa el 20% de la producción nacional.

Aunque con algunos matices, el actual gobierno iraní se asienta en una estructura monolítica basada en la autoridad divina, cuyo representante en la tierra es el sucesor de Jomeini y actual líder espiritual, Jamenei.  Su opinión es sagrada y fundamental a la hora de tomar cualquier decisión religiosa, cultural, económica o política.

Irán reconoce la existencia de los kurdos, a los que les permite el uso del idioma pero se niega a aceptar cualquier tipo de administración propia, como podría ser una simple autonomía regional.  La propuesta de otorgar una mayor tolerancia a los derechos de las comunidades étnicas no persas por parte del presidente Jatamí, la cuestión kurda es admitida con preocupación dentro de la estrategia política del gobierno.  Las autoridades iraníes, fundamentalmente las religiosas, están reacias a reconocer cualquier tipo de gestión autónoma por los kurdos iraníes, que trate de romper con el modelo religioso unitario chiíta establecido desde 1979.

Cabría señalar que los kurdos de Irán siempre se han mirado dentro del país.  Desde que la República Autónoma de Kurdistán se estableció brevemente dentro de las fronteras de Irán en 1956, "autonomía para Kurdistán, democracia para Irán" ha sido su eslogan. Después de que el levantamiento de Qazi Mohammad fue suprimido sangrientamente, el Kurdistán iraní siguió siendo un remanso abandonado hasta la revolución de 1979 que acabó con el régimen del Sha.

Entre las fuerzas kurdas en Irán están el Partido Democrático del Kurdistán de Irán (PDKI) que pertenece a la Internacional Socialista y se puede considerar como un partido democrático, progresista y a la izquierda de la tradicional social democracia.  Su lema es “democracia para Irán, autonomía para el Kurdistán”.  Fue el primer partido en enfrentarse al régimen teocrático de Teherán y llegó a mantener en armas a más de 10,000 peshmergas (guerrilleros kurdos cuya palabra literalmente significa “quienes caminan delante de la muerte).

Además del PDKI existen otros dos grupos kurdos en Irán: Komala (Comité), de tendencia marxista y la Organización Nacional del Sheik Izidín Huseini, reconocida autoridad religiosa sunita del Kurdistán iraní.

Actualmente existen pocas y pequeñas industrias en el Kurdistán iraní, y las obras viales y construcción de viviendas -promesas de la revolución islámica- han sido abandonadas; se ha reprimido el idioma y la cultura kurda y la adhesión de los kurdos a la corriente sunnita del Islam (en un país mayoritariamente chiíta) ocasiona que constantemente sean discriminados. 

El movimiento reformista que ha avanzado en Irán en los últimos años ha traído como consecuencia que las publicaciones en idioma kurdo no contestatarias hayan florecido, particularmente aquéllas que promueven la literatura.  Sin embargo, ello no evitó que las demostraciones que siguieron al secuestro del líder de PKK turco Abdullah Ocalán, en 1999, produjeron más de 50 kurdos muertos y miles de detenidos.

Hoy, la amenaza más inminente para los kurdos iraníes es el crecimiento de los sectores farsis y turco-azeríes, chauvinismo animado por Ankara y Teherán.  Muchos de los intelectuales ultra nacionalistas farsis de Irán que levantan el idioma farsi como el único elemento unificador de las ambiciones pan-iraníes, han afectado a otras culturas.


LOS KURDOS EN SIRIA


El régimen baasista de Hafez El-Assad tiene, como el iraquí, sus orígenes en el Partido del Renacimiento Árabe Socialista Baas; la tendencia más izquierdista fue la que alcanzó el gobierno en Damasco.  El régimen de El-Assad basa su permanencia en el poder en un complejo equilibrio entre las diferentes etnias y comunidades religiosas que componen Siria, entre las que destacan los alauíes, suníes, kurdos y cristianos.  El régimen sirio recibe el apoyo de algunos partidos afines que son tolerados, como el comunista, dirigido hasta su fallecimiento por el prestigioso político kurdo Jaled Begdache.  La ruptura de este equilibro podría suponer la inestabilidad de todo el sistema, por lo que la comunidad kurda, unos dos millones de personas (13% del total) de los que al menos 200,000 carecen de la consideración de ciudadanos, al igual que otras minorías, es respetada aunque no se le reconocen sus derechos políticos.

Como fuerzas políticas kurdas destacan el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), el cual, aunque desarrolla toda sus actividad en Turquía, tiene una gran influencia sobre la población kurda de Siria, especialmente en la zona de Alepo.  Otro grupo político es el Partido Democrático del Kurdistán de Siria, que funciona como una rama del PDK de Iraq y disfruta de especial aceptación en la región de la Yazira, en la frontera con Iraq y Turquía.


En marzo de 2004 la prensa internacional informó de una serie de enfrentamientos en el nordeste de Siria entre árabes y kurdos, lo que ocasionó 30 muertos por las fuerzas de seguridad sirias, el establecimiento del toque de queda en algunas ciudades y cientos de kurdos detenidos.  En su editorial, El País señaló que Siria negó que la tensión étnica fuera la causa de los enfrentamientos, que achacó a provocadores políticos externos.  Al igual que Turquía, Siria se opone a una mayor autonomía de los kurdos iraquíes porque teme que se despierten aspiraciones similares entre su propia población. 

El problema kurdo puede, en cualquier momento, surgir como un nuevo foco de crisis en el convulso Medio Oriente.  El temor latente es que los kurdos de la región se unan, crucen las fronteras y se lancen a apoyar las reivindicaciones de sus hermanos


LOS KURDOS EN TURQUÍA


En este país residen cerca de 15 millones de kurdos, distribuidos en 23 provincias del sudeste, casi la tercera parte del territorio turco.  Uno de cada cinco turcos es kurdo.  En ciudades importantes como Estambul, Adana, Mersin y Antalya existen barriadas populosas habitadas por kurdos.  El Ejército se ha erigido en el defensor de la ideología kemalista o nacionalismo turco, donde no tienen cabida las minorías étnicas y ha intervenido para reconducir la evolución política del país.  Sin su participación y consentimiento no es posible resolver el problema kurdo.

Habría que tener presente que la parte kurda de Turquía contiene yacimientos de fosfato, lignito, cobre hierro y cromo.

En Turquía la lucha independentista kurda dormitó hasta 1984, cuando el PKK fundado por Abdala Ocalán tomó las armas.  En ese entonces no se reconocía el carácter propio del pueblo kurdo ni se le permitía hablar su lengua en público, lo que permaneció hasta 1991.  Actualmente el Gobierno de Ankara aún prohíbe la educación, la publicación y la difusión del kurdo; los kurdos no son reconocidos oficialmente en Turquía como minorías nacionales, al igual que en los otros países donde habitan, a diferencia de otras poblaciones mucho menores cuantitativamente, como las colonias judías, armenias, griegas, entre otras, que disfrutan de ese status político.  A los kurdos se les impide el derecho a concertar alianzas políticas entre ellos e incluso a recibir enseñanza en su propia lengua.

El PKK demanda el reconocimiento de los derechos civiles, políticos y culturales del pueblo kurdo; reconocimiento del derecho de autodeterminación del pueblo kurdo y de la cuestión kurda como un conflicto internacional; denuncia de las políticas desarrolladas en la zona que implican violaciones de los derechos humanos, limpieza étnica y genocidio; reconocimiento del parlamento kurdo en el exilio, a los partidos políticos y organizaciones kurdas, y apoyo a las organizaciones kurdas en su trabajo por encontrar una solución política al conflicto.

El gobierno ha admitido últimamente la existencia de lo que el Presidente Suleimán Demirel denomina “la realidad kurda”.  Pero toda concesión hacia el reconocimiento del pueblo kurdo choca con la oposición de la clase política y el ejército, que interpreta tales pretensiones como un atentado a la definición del Estado fundado por Mustafá Kemal Ataturk en 1923, en tanto que territorio unificado por la lengua, la fe y la identidad nacional.

La lucha entre el ejército turco y el PKK ha dejado más de 30 mil muertos, que se suman a los miles de caídos en sublevaciones similares en Irán e Iraq.  En su ofensiva contra los rebeldes separatistas, el ejército turco ha arrasado más de 1,300 localidades y aldeas kurdas con el objeto de aislar a los rebeldes de la población.  Ocho mil millones de dólares al año y 300,000 soldados movilizados en el sudeste de Anatolia no han bastado para acabar el movimiento, pero si han provocado que el 50% de la población kurda haya abandonado sus lugares de origen.

La difícil situación de los kurdos se ha acentuado como consecuencia de divisiones y rivalidades internas, debido a las asociaciones tribales y relaciones de clientelismo

El Parlamento del Kurdistán en el Exilio (PKE) se proclamó en La Haya en abril de 1995 como única forma de representar al pueblo kurdo de Turquía, después de que el gobierno turco que presidía Tansu Ciller decretara la excarcelación de los diputados del Partido de la Democracia, acusados de realizar propaganda separatista.  El PKE representa a la diáspora kurda: un millón en Europa Occidental, medio millón de ciudadanos de la antigua URSS y las comunidades kurdas de Norteamérica y Australia.

El 1º de marzo de 1999 el Primer Ministro turco Bulent Ecevit anunció el Programa de Recuperación Económica y Social del Sudeste de Turquía con el fin de erradicar el fundamentalismo y separatismo de la zona y cuyas principales características son:

·        Un presupuesto de 100 Md para realizar el programa durante 1999 y 2000;
·        La suma de 25 Md para completar los proyectos de desarrollo que no se han podido realizar debido a la situación imperante durante los últimos años;
·        Otorgamiento de incentivos fiscales que promuevan las inversiones para el desarrollo industrial y energético de la región, a fin de crear 120 mil fuentes de trabajo;
·        Prioridad a la educación y la salud pública de la región kurda;
·        Facilidades para que las personas desplazadas por el conflicto étnico, puedan regresar a sus lugares de origen, sobre todo en las zonas rurales.

A raíz de la detención del dirigente del PKK, Abdala Ocalan, en 1999, el partido cambió su nombre por el de Congra-Gel (Congreso del Pueblo del Kurdistán), mismo que nació en una asamblea celebrada por 360 delegados entre los días 27 de octubre y el 6 de noviembre de 2003, en uno de los campamentos que las guerrillas del PKK tienen en los montes Kandil, situados en la frontera entre Iraq e Irán.  En su congreso fundacional, el Congra-Gel reiteró su oferta al Gobierno de Ankara para encontrar una solución pacífica al problema kurdo, nombró como su máximo representante al ex parlamentario Zubeyir Aybar, de 42 años, y proclamó a Abdula Ocalán “líder” del movimiento.

PRINCIPALES ASENTAMIENTOS KURDOS

DETENCIÓN DE ABDALA OCALÁN

El 15 de febrero de 1999 un comando turco detuvo en Nairobi al líder del Partido Kurdo de los Trabajadores (PKK), Abdala Ocalán, quien fue trasladado a la Isla Imrali, a 50 kilómetros de Estambul, en el Mar de Mármara.  El gobierno turco señaló que juzgaría a Ocalán por lo que considera acciones terroristas cometidas en contra del país en los últimos 15 años, y que han arrojado la muerte de más de 30,000 personas y altas pérdidas materiales.  El terrorismo en Turquía se castiga con la pena de muerte.  Se considera que Ocalán tiene miles de combatientes en el sudeste de Turquía y en Iraq, y una vasta red de seguidores en todo Europa.

Según el propio Canciller de Kenia, Bonaya Godana, Ocalán llegó a Nairobi el 2 de febrero de 1999 a las 23:30 horas en un avión privado procedente de Milán, acompañado por ciudadanos de Suecia, Alemania, Reino Unido, Bélgica y Grecia y acusó a este último país de introducir a Ocalán y a varios colaboradores de él con nombres y pasaportes falsos.  El avión se había abastecido de combustible en la isla griega de Corfú.  En un esfuerzo por protegerlo, la Embajada griega solicitó la excepción de los trámites aduanales y lo condujo secretamente a la residencia del Embajador, George Coustolas.

Las autoridades kenianas no estaban enteradas de su llegada, pero ello no escapó a los servicios de inteligencia de EUA e Israel, quienes habrían dado seguimiento a Ocalán mediante la captura satelital de la señal electrónica de su teléfono celular.  Hubo información en el sentido de que en la captura habían participado los servicios de inteligencia de ambos países.

Habría que recordar que EUA estaba en deuda con Ankara por haber confirmado públicamente su apoyo a la utilización de la base de Incirlik, para la realización de sus operaciones de sobrevuelo sobre el Norte de Iraq, e Israel ha venido llevando a cabo una política de cooperación militar más cercana hacia Turquía debido a que ambos países comparten preocupaciones comunes respecto a Siria.  A solicitud del gobierno keniano, el Embajador griego reconoció la presencia del líder kurdo en su residencia, por lo que de inmediato se solicitó su salida, bajo la responsabilidad de la Embajada.

La detención se realizó cuando el comando turco interceptó el automóvil de Ocalán luego de que abandonara la Embajada de Grecia en Nairobi en la noche del día 15 de febrero, siendo conducido por la fuerza hasta un avión perteneciente al empresario turco Cavit Caglar.  Según el propio Primer Ministro turco, Bulent Ecevit, La captura fue planeada secretamente por 10 altos funcionarios turcos. 

El Departamento de Estado manifestó la satisfacción del gobierno estadounidense por la captura y negó que alguna agencia de su país hubiese participado directamente en el operativo.  Sin embargo, reconoció que la CIA proporcionó información sobre los desplazamientos del indiciado.

Atenas mantenía conversaciones con países africanos vecinos para que le brindaran asilo político.  Las demoras por encontrarle refugio obligaron al Embajador griego a proponer a Ocalán el mantenerse escondido en una granja de Kenia o refugiarse en una iglesia griega.  Funcionarios griegos dijeron que Ocalán había abandonado la Embajada el mismo día 15 por sus propios medios y contra su consejo, con el propósito de viajar a Holanda donde presuntamente solicitaría asilo.  Al parecer el líder rebelde kurdo se encontraba armado y uno de sus allegados amenazó con quitarse la vida si no se encontraba pronto un asilo.

Después de la detención de Ocalán, el gobierno de Ankara invitó a los simpatizantes del dirigente curdo a acogerse a la ley de arrepentimiento y demandó a las administraciones griega y greco-chipriota poner término al apoyo que brindan al terrorismo. 

Por su parte, el brazo político del PKK, Movimiento Nacional de Liberación del Kurdistán, con sede en Bruselas, anunció que continuaría las manifestaciones de protesta en Europa hasta que la UE emprenda una iniciativa para resolver “la cuestión Kurda”, al tiempo que reforzaría su guerra de guerrillas en Turquía.

Poco después de la captura, cerca de 10,000 tropas turcas incursionaron en el norte de Iraq para realizar un operativo contra las instalaciones del PKK, en tanto que en el sudeste de Turquía se registraron choques entre policías y simpatizantes de la causa kurda.  Se han venido registrando atentados terroristas en Turquía, vinculadas a Ocalán y el problema kurdo.

Los Ministros de Relaciones Exteriores, Orden Público y del Interior de Grecia se vieron obligados a renunciara a sus cargos, el gobierno keniano demandó el retiro del Embajador griego del país y decidió cerrar temporalmente sus representaciones diplomáticas en el exterior, ante el temor de ataques.

PROTESTAS


Airados manifestante kurdos estremecieron las principales ciudades europeas, al irrumpir en embajadas y consulados de Grecia y  Kenia, y tomar rehenes como protesta por la detención del líder nacionalista kurdo.  Los Consulados de Israel en Berlín y de Grecia en Dusseldorf, Estrasburgo, Francfort, Marsella, Stuttgart y Zurich, fueron objeto de ataques que arrojaron varios muertos y heridos; se tomaron las embajadas griegas en Londres, Berna, Bruselas, Copenhague, La Haya, Moscú y Viena, así como en el Consulado griego en Sidney; la Embajada de Kenia en Viena, así como el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Ginebra y la UNESCO en París.  Los kurdos culparon a Grecia de haber entregado a Ocalán a los turcos.

La ola de manifestaciones de simpatía hacia los kurdos y a su líder se extendió a decenas de ciudades europeas, del Medio Oriente, Canadá, Nueva York y en el sudeste de Turquía.  Como una medida de precaución el gobierno de Kenia decidió cerrar sus embajadas en el mundo y el gobierno de EUA lanzó una advertencia mundial a sus ciudadanos para que extremaran precauciones ante la posibilidad de ser blanco de posibles atentados.

Por otra parte, el 23 de marzo DE 1999 la Junta Británica de Televisión Independiente decidió suspender las emisiones de la estación Med-TV auspiciada por el PKK.

EL JUICIO ...


En Ankara se informó que el juicio tendría un doble carácter: político, por separatismo y por fomentar el odio y la disolución social, y de fuero común, por asesinato múltiple, y que los fiscales pedirían la pena de muerte, a pesar de que varios gobiernos demandan un juicio imparcial y la prisión perpetua.

El 23 de febrero de 1999 la fiscalía turca pidió la pena de muerte por alta traición para Ocalán, mientras que el gobierno rechazaba la presencia de observadores internacionales en el juicio.  El interrogatorio preliminar de Ocalán fue realizado por el Tribunal de Seguridad del Estado de Ankara, a puertas cerradas, en una prisión de la Isla de Imrali, hacia donde se desplazaron jueces y fiscales. 

El 22 de febrero el Consejo de Asuntos Generales de la Unión Europea adoptó una declaración en la que reiteró su condena a toda forma de terrorismo; señaló que el combate legítimo contra ese fenómeno debe ser conducido con pleno respeto a los derechos humanos, el Estado de derecho y las normas democráticas; lamentó que el arresto de Ocalán haya desatado manifestaciones masivas y actos de violencia que provocaron muertos, toma de rehenes, actos de intimidación y destrucción generalizada; tomó nota de las garantías del gobierno turco de que el detenido tendrá un juicio justo, y subrayó su estricta oposición a la pena de muerte. 

Por su parte, el gobierno de EUA recomendó al Primer Ministro de Turquía que pusiera cuidado en lo referente a los derechos humanos del indiciado y que se analizara la posibilidad de que su juicio fuera justo y abierto. 

El 23 de marzo de 1999 se inició el procedimiento judicial contra Ocalán.  En su primera audiencia la Corte Nacional de Seguridad decidió que por razones de seguridad el juicio se llevaría a cabo en la isla penitenciaria de Imrali, donde se encontraba el detenido, que la vista se iniciara formalmente el 30 de abril y que se autorizara a los familiares de los soldados y agentes de seguridad muertos en la lucha contra el PKK, integrarse a la demanda.  El proceso judicial se inició el 31 de mayo.

LA SENTENCIA ...

El 29 de junio de 1999, tras la novena audiencia, la Corte Nacional de Seguridad condenó a muerte al jefe rebelde kurdo Abdala Ocalán por traición y separatismo, lo que desató la reacción de numerosos países de Europa que pidieron no aplicar la sentencia, como fueron los casos de Alemania, Bélgica, Francia, Gran Bretaña, Grecia, España, Italia, Noruega, Rusia, Suecia, Suiza.  La Casa Blanca se negó a comentar la sentencia, limitándose a señalar que Ocalán es "un terrorista internacional".

La Corte emitió su decisión por unanimidad de los tres jueces civiles, precisó el presidente de la Corte, Trugut Okyay, y rechazó las circunstancias atenuantes que habrían podido conmutar la pena de muerte por cadena perpetua.  "El acusado creó la organización terrorista armada PKK (Partido de los trabajadores de Kurdistán) y ordenó actos que causaron millares de víctimas inocentes, sin que se salvara nadie --bebés, niños, mujeres, ancianos y civiles-- para alcanzar su objetivo de dividir una parte del territorio bajo soberanía de Turquía, con el fin de crear un supuesto Estado kurdo", declaró el juez.  "La intensidad de los actos de la organización liderada por el acusado constituye una amenaza grave, próxima y abierta" para el Estado turco, indicó Okyay.

Los abogados de Ocalán apelaron la sentencia ante la Corte de Casación turca y la Corte Europea de Derechos Humanos.

El 25 de noviembre de 1999, el Alto Tribunal de Apelaciones turco ratificó la condena a muerte contra Ocalán, sin embargo la ejecución de la sentencia aún debía ser aprobada por el Parlamento y en última instancia por el presidente, Suleimán Demirel.

El máximo castigo impuesto a Ocalán fue conmutado por el de prisión a perpetuidad al quedar suprimida la pena capital del código penal turco, en aplicación de las exigencias para poder entrar en la Unión Europea.  Desde entonces, Ocalán es el único reo del presidio de Imrali, dirigido por un “gabinete de crisis” que se rige por normas específicas, distintas a las que funcionan en el resto del sistema penitenciario turco.  Con base en estas condiciones especiales de reclusión, la dirección puede suprimir arbitrariamente, tal y como acaban de denunciar sus abogados, las visitas de una hora a la semana a que tienen derecho familiares y letrados.


¿QUIÉN ES ABDALA OCALÁN? ...

Nació en la aldea sudoriental de Omerli, en 1949, en el seno de una familia humilde campesina; forjó sus ideas políticas en la violenta atmósfera turca de la década de los años setenta, cuando unas 5,000 personas murieron en refriegas callejeras entre izquierda y derecha, que sólo terminaron cuando el ejército tomó el poder en 1980.  Ocalán, estudiante de ciencias políticas en la Universidad de Ankara, huyó al exterior tras el golpe militar.

En 1978 había fundado el PKK como una facción nacionalista de extrema izquierda.  En 1984 lanzó una rebelión armada en la región de Anatolia, poblada mayoritariamente por kurdos, con el propósito de lograr la conformación de un Estado independiente de orientación marxista.  El PKK se hizo fama de sanguinario por matar a los miembros de grupos rivales, a los terratenientes “aga” kurdos y a los tribeños progubernamentales.

El PKK proclamaba zonas liberadas las que raras veces eran recorridas de noche por las fuerzas turcas, por temor a una emboscada.  Una amplia campaña militar de tierra contra los rebeldes y sus partidarios civiles, diezmó las filas del grupo y debilitó su capacidad de contragolpe.  Gradualmente fue abandonando sus demandas separatistas y declaró que podía poner fin al conflicto si Turquía garantizaba la autonomía kurda y sus derechos culturales y lingüísticos.

El gobierno turco nunca tuvo confianza en Ocalán, a quien considera terrorista y principal secesionista del país, cuya agrupación terrorista ha obstruido el desarrollo del este y sudeste de Turquía, por lo que era buscado por doquier.  Además, los turcos se oponían en principio a la autonomía étnica.

En octubre de 1998 Ocalán abandonó su exilio en Siria, después de que Ankara amenazara a Damasco con el uso de la fuerza si no eliminaba las bases que, dijo, el PKK utiliza para lanzar incursiones contra el sudeste turco.  El dirigente kurdo huyó a Moscú y el 12 de noviembre fue detenido en el aeropuerto de Roma.  Turquía solicitó su extradición.  Luego de crecientes tensiones entre las autoridades turcas e italianas, un tribunal italiano desestimó la orden de arresto turca contra Ocalán, pero determinó que el líder separatista debería permanecer en Roma por una orden de arresto de Alemania, la cual señaló poco después que no pediría la extradición de Ocalán, quien quedó en libertad condicional.  Tras reunirse con el Primer Ministro italiano Massimo D’Alema, el Canciller alemán, Gerhard Schröeder, reiteró el 27 de noviembre que su país no solicitaría la extradición de Ocalán por temor a generar tensiones entre la población turca y kurda de Alemania. 

El 13 de diciembre Ocalán renunció al movimiento guerrillero y afirmó que se separaba del conflicto armado entre el PKK y las fuerzas de seguridad turcas.  Tres días después, un tribunal italiano declaró nulo el arresto domiciliario de Ocalán.  El 28 de diciembre el tribunal de apelaciones de Roma rechazó una solicitud turca de mantener a Ocalán bajo arresto preventivo.  El 16 de enero Italia anunció que Ocalán había abandonado el país como un hombre libre y declaró cerrado el caso.

Desde entonces el dirigente kurdo se mantuvo oculto, moviéndose de un lado a otro.  Se informó de haber viajado a Rusia, Líbano, Holanda, Suiza y Grecia, mientras los países de Europa rechazaban los pedidos de asilo.  El 10 de febrero el parlamento europeo rechazó un proyecto de resolución presentado por un diputado griego para conceder asilo político a Ocalán.

A GUISA DE CONCLUSIONES:


Puede considerarse a los kurdos como un pueblo sumergido en el olvido.  La falta de un estado para esta importante comunidad étnica, cuyas tierras que habitaron desde antaño se repartieron entre Turquía, Irán e Iraq, los ha convertido, al igual que a los palestinos, en una especie de pueblo extranjero en su propio territorio. 


En 1920, el tratado de Sévres dispuso la creación del Kurdistán, acuerdo que nunca pudo ser puesto en práctica, en gran parte por los intereses económicos de los países que los controlan, que no están dispuestos a resignar las riquezas de la región, principalmente sus reservas de petróleo, recursos minerales y acuíferos.


Un elemento que posiblemente haya influido determinantemente en la unificación de los kurdos en un solo estado, son los intereses económicos que en su territorio tienen los gobiernos de los países donde reside la mayoría de la población kurda, así como la existencia en ellos de importantes recursos minerales, sobre todo energéticos.


Ignacio Ríos Navarro
Martha Patricia Camacho de la Vega

LOS KURDOS: HISTORIA DE UN PUEBLO OLVIDADO.



Casi todo el mundo ha oído alguna vez hablar del Kurdistán y del conflicto kurdo. Sin embargo es muy poca la información que la opinión pública recibe sobre cual es la problemática y los procesos históricos de otros pueblos, como los kurdos, que sufren muchas de las desigualdades que conducen a muchos de los conflictos actuales.

Cuando se hace referencia al pueblo kurdo es importante tener en cuenta dos cuestiones fundamentales: en primer lugar que representan la más numerosa minoría étnica sin estado del mundo (aproximadamente 22 millones); y en segundo lugar que, como pueblo, llevan décadas sobreviviendo a políticas de exterminio, lo cual hace que la historia de este ancestral pueblo sea la historia de una resistencia.

Los kurdos (parte de la gran familia de pueblos indoeuropeos) se asentaron en el espacio que actualmente ocupan hacia el 2500 A.C. El antiguo Kurdistán, es una región del suroeste de Asia que engloba territorios de distintas naciones: Irak, Irán, Turquía, Armenia, Siria (actualmente a esta región se llama “el gran Kurdistán”); espacio definido por las zonas montañosas formadas especialmente por los montes Taurus (sur de Turquía), Zagros y Elburz (suroeste y noroeste de Irán). La población actual asentada en el Kurdistán sería de unos 20 millones como pueblo kurdo. La mayor población se encuentra en Turquía (unos 15 millones de habitantes), país que, por cierto, es uno de los más férreos a la hora de actuar contra este pueblo.

En lo esencial, la estructura social de los kurdos está basada en clanes; tipo de organización social que actuó de freno para las revoluciones nacionalistas. Estos pilares de la estructura social llevaron a que la sociedad kurda fuera económicamente autosuficiente y que se mantuviese aislada (y cerrada) a todas las transformaciones que en el Oriente Medio se iban produciendo a lo largo de la historia. Se podría decir que al mundo moderno de la construcción de los Estados-Nación, el pueblo Kurdo llegó con una estructura social que no le permitió desarrollar o, mejor dicho, cumplir un proyecto nacionalista.

Las raíces de las actuales políticas represivas del pueblo kurdo se remontan a después de la Primera Guerra Mundial, de 19l5 a 1925, cuando se da un proceso de lucha por el reparto del Kurdistán. En 1925 se produce ampliación kurda del estado de Irak, se crea la Irak Petroleum Company con participación de EEUU, Gran Bretaña y Francia para el negocio petrolero. Los distintos estados fueron maniobrando con el pueblo kurdo según sus intereses, haciendo y deshaciendo sobre sus territorios, sobre sus riquezas, sin que estos fueran consultados. Las políticas represivas produjeron una gran cantidad de exiliados, refugiados y una fuerte emigración hacia Europa, sobre todo a Alemania (que cuenta con casi 1.000.000 de habitantes de etnia kurda) también a Italia, Francia, Suecia, EE.UU y Australia.

Pero, ¿por qué históricamente el pueblo kurdo ha sido perseguido? En el plano económico, el territorio del Kurdistán es una zona rica en recursos naturales, como el agua y el petróleo, así como también en grandes extensiones de robles, zonas de pastoreo y es una de las mayores zonas cerealistas de “oriente medio”, además de ser una zona de encuentro entre tres continentes y sus rutas comerciales. El subsuelo kurdo está considerado como una de las mayores reservas petrolíferas de Oriente Próximo: del territorio kurdo de Turquía se extrae la totalidad del petróleo de este país; en la zona de Irak, las reservas representan el 40% del total de la nación y en Irán son sólo el 10 %, pero en esta misma zona se ha localizado una de las principales bolsas de gas natural del país; de la zona kurda de Siria se extrae la totalidad del petróleo nacional.

En el plano político, es la consecuencia de estas riquezas, la que da origen a los conflictos y puja de intereses regionales y mundiales. Entonces, la respuesta a la pregunta inicial es sencilla: los kurdos están ocupando un territorio en una zona codiciada históricamente por diversas potencias, primero regionales y luego, en el siglo XX y XXI, mundiales.

El más claro ejemplo de represión contra este pueblo se encuentra en la política del estado Turco, la cual antes de la lucha armada ha consistido en despoblar las zonas del Kurdistán. Esta estrategia que utiliza a la tierra como instrumento de guerra junto con la guerra propiamente dicha, fomenta la inmigración kurda hacia las metrópolis turcas y europeas, después de años de sistemática destrucción de casas y aldeas enteras. Se calcula en 30000 las personas asesinadas desde 1984 a la actualidad, en millones los habitantes que emigraron y en cerca de 3000 las aldeas y pueblos destruidos, por lo cual se puede hablar de un etnocidio vigente en el tiempo.

Frente a esta represión, los kurdos se han organizado en una serie de partidos y organizaciones que luchan, tanto políticamente como militarmente, por sus derechos como pueblo.

El partido mas fuerte es el P.K.K. (partido de los trabajadores del Kurdistán) en Turquía, fundado en 1978 y que en 1984 impulsó la organización de guerrillas. Mantiene posiciones de izquierda revolucionaria, aunque respeta escrupulosamente las tradiciones culturales y religiosas del pueblo kurdo. Propugna un estado federal compuesto por turcos y kurdos, y desde 1995 organiza un parlamento kurdo en el exilio: el P.K.E., proclamado en dicho año en La Haya.
Es la única representación internacional del pueblo kurdo y según su texto fundacional representa a la diáspora kurda de Europa occidental, de la ex URSS, de EEUU y de Australia. Esta compuesto por miembros del FLNK (Frente de liberación nacional del kurdistán y brazo político del PKK), del H.A.D.E.P. (representantes del movimiento islámico no fundamentalista), intelectuales, mujeres y personalidades independientes. Su inmensa mayoría procede del Kurdistán turco y se auto afirma solidario con el PKK. El P.K.E. tiene como objetivo conseguir, con el apoyo internacional, el cese del fuego en Turquía y negociar una solución política del conflicto.


En el caso de Irak, la situación de los kurdos es parecida aunque, con algunos matices propios de la historia de lucha kurda en este país, su relación con el estado es diferente. El régimen iraquí reconoce la existencia, a diferencia de Turquía, de un pueblo kurdo y puede admitir incluso un sistema autonómico siempre que quede supeditado al gobierno nacional. Las principales fuerzas kurdas en Irak son: el P.D.K. (partido democrático del kurdistán) de centro izquierda, y el UPK (unión patriótica del Kurdistán).

La política Siria fue siempre más abierta al diálogo y al entendimiento con los kurdos. Incluso en 1998 el Pte. Assad llegó a ceder a algunas demandas. Al ver la postura Siria, Turquía firmó con ella un acuerdo económico: pero Siria debía dejar de apoyar al PKK.

En los últimos años los gobiernos de Siria, Turquía, Irak e Irán están cada vez más unidos en su política de persecución y represión contra los kurdos. Negociaciones como estas están siendo alentadas por los aliados occidentales para evitar la “Balcanización” de los países de Oriente Próximo. De cara a la opinión pública los gobiernos occidentales actúan con un doble lenguaje: por un lado instan a una solución política y, por otro, abastecen de todo tipo de armamento para frenar al movimiento. Un ejemplo de ello son los EEUU, que a través de su secretaría de defensa declara que "EEUU apoya los esfuerzos hechos en territorio de Turquía para reducir los efectos de este conflicto sobre la población civil” y, por otro lado, provee actualmente el 85 % de importaciones de armas de Turquía, gran parte de las cuales se utiliza para reprimir las revueltas. Por lo tanto, la ayuda que los kurdos pueden esperar ya no va a provenir de alianzas coyunturales. El miedo a la alteración del equilibrio actual de la zona, a una reconstitución de las fronteras posteriores a la 1ª Guerra Mundial, y los intereses estratégicos y petrolíferos han tenido mucho que ver con la situación actual del pueblo kurdo.

El caso del pueblo kurdo es extrapolable a muchos de los conflictos actuales, que tienen su origen en la política represiva sobre ciertas etnias o pueblos. En el caso de los kurdos, la política represiva se manifiesta principalmente sobre la cultura. Se los niega como pueblo, es decir se los niega en la lengua, en las costumbres, en la vida política e intelectual, se censuran sus producciones literarias, artísticas, y su prensa.

Hezbolá: Sanciones financieras de EEUU no dañarán a la Resistencia

El gobernador del Banco del Líbano (BDL), Riad Salamé, ha anunciado la clausura de 100 cuentas bancarias vinculadas a Hezbolá en el marco de la aplicación de las sanciones previstas por la Hezbollah International Financing Prevention Act of 2015" (HIFPA 2015), votada en diciembre por el Congreso de EEUU.

La reacción de Hezbolá no se ha hecho esperar. Sheij Ali Daamush, miembro del Consejo Ejecutivo de Hezbolá y Responsable de las Relaciones Internacionales desde el año 2001, ha declarado que “esta medida daña al Líbano y a su soberanía, pero no afectará a la Resistencia ni a sus instituciones ni tampoco beneficiará a sus autores”.

Por su parte, el bloque parlamentario de Hezbolá denunció este anuncio del gobernador del Banco del Líbano afirmando en un comunicado dado a conocer tras su reunión semanal que “estos nuevos intentos norteamericanos que buscan eliminar a la Resistencia a través del sector bancario están condenados al fracaso”.

“El gobierno libanés y el Banco Central son directamente responsables de la salvaguardia de la soberanía libanesa y la estabilidad monetaria y financiera del país. Es por eso que rechazamos íntegramente estas declaraciones”, subrayó el bloque.

En una entrevista el miércoles por la noche en la cadena estadounidense CNBC, Salamé aseguró que “la prioridad es mantener al Líbano en el mapa financiero internacional”. “Para ello hemos tomado la decisión de aplicar la ley norteamericana y colocar la infraestructura necesaria para tal fin”, añadió. “Pero al mismo tiempo, debemos garantizar a los shiíes el derecho a continuar recurriendo a los bancos”.

Algunos miembros de Hezbolá han insinuado que los shiíes del Líbano podrían retirar sus fondos de los bancos que cooperen con la ley norteamericana.

domingo, 12 de junio de 2016

La difícil relación de Zapatero con la oposición venezolana



El expresidente socialista español se ha encontrado con que los adversarios de Nicolás Maduro están poco dispuestos a hacer concesiones, según explican fuentes de la MUD a El Confidencial

José Luis Rodríguez Zapatero “ha estado trabajando en que nos den fecha para la validación de las firmas” que piden la celebración de un referéndum revocatoriocontra el Presidente Nicolás Maduro. La afirmación es de una fuente de la coalición opositora de Venezuela, Mesa de la Unidad (MUD), que dice a El Confidencial que el expresidente español, más que proponer, ha escuchado a las partes. “Se le ha insistido en que hay que empezar a discutir por el revocatorio”, añade el informante, que confirma que las gestiones de Zapatero no han sido exitosas: aún no hay fecha para la verificación de las firmas ya entregradas ni cronograma del proceso, que incluye una nueva recogida de rúbricas del 20% de los inscritos en el registro electoral

La oposición está tratando de impulsar la realización de esta consulta electoral para decidir si Maduro abandona el poder en 2016, dos años antes de terminar su período constitucional. “El único diálogo es el revocatorio”, ha dicho el excandidato presidencial Henrique Capriles, uno de los principales dirigentes de la oposición. La frase la repitió ayer en medio de una protesta callejera que buscaba llegar al Consejo Nacional Electoral para exigir que comience la verificación de las firmas, un proceso que ya está retrasado “sin justificación”, según el también gobernador del estado Miranda.

Tras una reunión de la cúpula opositora con el rector Luis Emilio Rondón, el único de los cinco encargados del Poder Electoral no identificado con el chavismo, la MUD ha anunciado que existe el compromiso del organismo electoral de anunciar para hoy, miércoles 8 de junio, una fecha concreta para la validación de las firmasentregadas, “seis veces más de las 200 mil que se pidieron”, según Jesús Torrealba, secretario ejecutivo de la MUD.

Zapatero está en la República Dominicana, donde él y otros ex presidentes mediadores (el dominicano Leonel Fernández y el panameño Martín Torrijos) tratan de acercar a las partes. El domingo, el español se reunió con la delegación del Gobierno de Maduro, según informó vía Twitter la canciller venezolana Delcy Rodríguez. “Nuestra delegación llegó como un clavel el domingo para trabajar con una agenda preestablecida” –que no ha sido divulgada-, dijo ayer Maduro. “La oposición tuvo el tupé de embarcar a la Unasur [Unión de Naciones Suramericanas, promotora del diálogo] y a los expresidentes”, ha añadido el mandatario.

Según un comunicado divulgado por la Secretaría General de Unasur, la oposición venezolana no acudió a las “reuniones exploratorias” y, ya iniciada la cita, envió un comunicado solicitando retrasar el encuentro. La canciller venezolana Delcy Rodríguez, una de las delegadas del gobierno para esta tarea, ha informado que los mediadores “estaban sorprendidos ante la actitud [de la oposición], pero nosotros cumplimos nuestro ciclo de trabajo en el marco de la agenda acordada”. El escrito de Unasur hace un llamado a la MUD “a reincorporarse lo antes posible, y continuar en el único camino que permitirá reafirmar la paz, la convivencia y el diálogo, como mecanismos para el entendimiento entre los venezolanos”.

El pasado viernes, el presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, había dicho que la oposición acudiría a reunirse con quien fuera. Respondía así a Henrique Capriles, quien afirmó un día antes que “en Venezuela lo único que hemos escuchado son insultos y amenazas, por eso el llamado a diálogo de Maduro no existe. La Unidad no puede ir a República Dominicana hasta tanto el gobierno no respete la Constitución y se le ponga fecha al revocatorio”. El excandidato presidencial coincidía entonces con el encarcelado dirigente Leopoldo López al afirmar que las conversaciones con el gobierno no podían ser para que Maduro “gane tiempo”.

Henrique Capriles habla durante una manifestación en Caracas exigiendo el inicio del proceso revocatorio, el 7 de junio de 2016 (EFE)

Una labor "prudente y discreta"

Cuando asumió el rol de mediador, Rodríguez Zapatero afirmó que su labor debía ser "prudente y discreta". Cuando estuvo en Caracas, entre el 2 y el 7 de junio, tuvo una llegada y agenda silenciosas, sin confirmación oficial por parte del Gobierno o de la Embajada española en Caracas. De su llegada se enteró el país cuando Jesús Torrealba la reveló.

Ese día se había anunciado la suspensión, por quinta vez, de una reunión entre las autoridades electorales y la cúpula de la MUD, y el presidente Nicolás Maduro había amenazado con demandar a la directiva del Parlamento por usurpación de funciones. De allí que Zapatero fuera recibido con muchas negativas por parte de la oposición venezolana, que espera gestos de concordia, de ganas de dialogar, por parte del Ejecutivo nacional, así como no más dilaciones por parte del organismo electoral sobre el proceso revocatorio.

Nicolás Maduro ha dicho este martes que llevará a la mesa tres asuntos a discutir: "La instalación y puesta en funcionamiento de la Comisión por la Verdad, a puertas abiertas, para saldar y superar los daños que han hecho los golpes y las guarimbas desde 1999; el respeto institucional y constitucional desde la Asamblea Nacional; y la renuncia a la violencia criminal, política y social en la oposición". Por el lado opositor, se han planteado cuatro puntos desde que se comenzó a hablar de diálogo: el revocatorio, la liberación de los presos políticos y el retorno de los exiliados, la aceptación de la ayuda internacional en medicinas y alimentos, y el respeto a la Asamblea Nacional.

Pero Maduro ha asegurado que unas elecciones no serán discutidas en ese intercambio. "El referéndum con opción revocatoria no va a estar en ningún diálogo porque es una opción", no una obligación legal, ha ratificado este miércoles, cerrando la puerta al primer punto de la agenda opositora. Desde la MUD, se plantea que la política a seguir es el cambio de gobierno a través de dicho referéndum. "El diálogo es útil en tanto sirva a esa política del cambio", dice extraoficialmente uno de sus dirigentes.

“Votar es ejercer la soberanía. Lo que pasa es que Maduro entiende la paz como la sumisión”, afirma un diputado de la oposición cercano al equipo que asiste a los encuentros con el expresidente español, compuesto por representantes de los cuatro principales partidos opositores: Primero Justicia, Acción Democrática, Un Nuevo Tiempo y Voluntad Popular, la formación de Leopoldo López.

Un diputado nacional del partido fundado por López, que pide que no demos su nombre, afirma que “el diálogo está más crudo de lo que creemos”, y sostiene que la intención del Gobierno es mantenerse en el poder hasta completar el período, “dando ciertos aires a la MUD, como la liberación de los presos políticos”. Tal propuesta sería inaceptable, asegura el joven parlamentario. Según fuentes conocedoras de la agenda de Zapatero, el mediador intentó consensuar posiciones con ese partido, pero fue imposible siquiera acordar puntos de discusión. De allí su intempestiva visita por sorpresa a López en la cárcel.


Zapatero durante el encuentro con el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en Caracas (Reuters).

El encuentro con Leopoldo López

El sábado 4 de junio, Rodríguez Zapatero llegó a la cárcel militar de Ramo Verde con un ofrecimiento. “No fue directo, pero sugirió que podría haber cualquier tipo de mejora de condiciones de los presos políticos a cambio de que el revocatorio no se haga este año y de mantener el diálogo ahora”, reveló Leopoldo López Gil, padre del dirigente opositor, quien obtuvo detalles del encuentro a través de su hija Adriana, testigo de la conversación, según contó al diario venezolano 'El Nacional' desde Madrid, donde reside. “El cambio constitucional este 2016 por el que tanto hemos luchado no puede ser intercambiado por nada! El pueblo quiere revocatorio 2016”, escribió el propio López en referencia al encuentro con el único visitante internacional que ha podido verlo en sus dos años de encierro.

Según su hermana, Adriana López, al encuentro acudió Jorge Rodríguez, alcalde de Caracas, hermano de la Canciller e integrante de la delegación gubernamental para el diálogo quien introdujo al visitante para inmediatamente retirarse del encuentro. Esa misma tarde el expresidente partía de Venezuela de regreso a Santo Domingo. Hasta ahora, no ha habido una réplica del ex jefe del Gobierno español que ratifique o desmienta lo dicho por el entorno de López.

El alcalde de Caracas, Jorge Rodríguez, sí ha hablado este martes. Desmintió a los familiares de Leopoldo López y aseguró que la conversación en la cárcel duró cuatro y no dos horas como se había dicho. "Es miserable lo que han salido a decir,mintiendo. Yo estuve allí porque le di la cola [le llevé hasta el lugar] a Zapatero", ha dicho el funcionario. La posibilidad de que a López se le aplique un arresto domiciliario a cambio de la cancelación del referéndum también ha sido desmentida por la esposa del preso, Lilian Tintori: "Eso no es cierto. Si hubiese sido así Leopoldo lo hubiese transmitido en sus mensajes de Twitter. Tenemos que esperar a que el [ex] presidente Zapatero haga unas declaraciones para ver qué pasó en esa reunión, hay que respetar los espacios y el encuentro de un [ex] presidente con un preso que nadie puede ver", ha declarado a la publicación 'The Objective'.

Según publicó el diario ABC, Rodríguez Zapatero habría reconocido a la oposición venezolana que su misión para propiciar un diálogo está abocada al fracaso. “Nos dijo que en los próximos días tendrá que anunciar su retirada si no hay avances”, afirma una fuente citada en el texto. Sin embargo, uno de los dirigentes de Primero Justicia nos dice: “No creo que tire la toalla ahora, apenas empieza”.

Otras fuentes de la MUD aseguran que Zapatero también podría presentar ante las partes la posibilidad de acordar la realización del referéndum en diciembre de este año, a cambio del compromiso de no convocar un proceso constituyente en los años venideros. Así, se evitaría la obligada renovación de todos los poderes públicos y la redacción de una nueva Carta Magna en manos de la oposición en caso de un triunfo electoral de ésta, con la consecuente pérdida de poder político e institucional del chavismo.

El politólogo venezolano Guillermo Aveledo asegura que una nueva Constitución no luce como objetivo sensato pues “aquí nadie quiere cambiar el sistema federal, ni eliminar el presidencialismo, ni la estructura del Estado. Ahora, si la idea es una aplicación meramente instrumental para cambiar a la burocracia, sería una equivocación. Ya eso lo vivimos en 1999”, con el proceso impulsado por el entonces recién electo presidente de Venezuela, Hugo Chávez.

Todos contra todos para conquistar Raqqa... Cerco a Raqqa, la capital del Estado Islámico


La batalla por Raqqa, capital del Estado Islámico en Siria, se ha convertido en una carrera en la que compiten todos los actores locales, regionales e internacionales que intervienen en el conflicto

La batalla por Raqqa, capital de facto del Estado Islámico en Siria, se ha convertido en una carrera en la que compiten todos los actores locales, regionales e internacionales que intervienen en el conflicto. A corto plazo, el objetivo común de todos los enemigos del ISIS es expulsar a los yihadistas del este del rio Éufrates, una tierra rica en campos de petróleo y gas, que están ahora en manos del grupo terrorista. Sin embargo, cada grupo tiene motivaciones distintas y sus intereses rivalizan entre sí.

Para el régimen sirio y sus aliados -Hezbolá, Irán y Rusia-, recuperar Raqqa no estaba dentro de sus prioridades más inmediatas. Lo que más le interesa a Damasco es unificar el territorio para recuperar su hegemonía en el país y su verdadera batalla se está librando en Alepo, la otrora capital económica siria, donde el este de la urbe está controlado por los rebeldes y hay una gran presencia del Frente Al Nusra, filial de Al Qaeda en Siria, que también domina la provincia septentrional de Idlib.

Sin embargo, los avances en la última semana de las Fuerzas Democráticas de Siria, una coalición de árabes, kurdos y cristianos asirios, que cuenta con el respaldo de Estados Unidos, es lo que ha motivado a las fuerzas sirias a acelerar sus operaciones en la provincia de Raqqa. Dejar que los campos de petróleoqueden en manos de EEUU y sus aliados locales y regionales sería devastador para el régimen de Damasco por lo que no le ha quedado otra opción que la de competir en la carrera por el control de Raqqa. En marzo, Moscú decidió retirar sus fuerzas de combate para dar tiempo a las negociaciones, pero ha vuelto a la carga.

Las fuerzas aéreas rusas ha jugado un papel principal para que el régimen de Al Asad avanzara en Raqqa.
Un soldado del Ejército sirio en el interior del castillo de Crac des Chevaliers, en la provincia de Homs (Reuters).

Avances en la ofensiva de Raqqa

Por primera vez desde agosto de 2014, cuando cayó la ciudad en manos de los yihadistas, las tropas gubernamentales y sus aliados regionales con el apoyo de los bombardeos rusos, penetraron el pasado fin de semana en los límites del "Califato" de Abu Baker Al Baghdadi.

La ofensiva gubernamental se está desarrollando desde el sudeste con el objetivo de avanzar hacia la urbe de Tabqa, a unos 40 kilómetros de la ciudad de Raqqa, donde hay un importante aeropuerto militar, y recuperar el control de la carretera que une Raqqa con Alepo, mientras que la coalición liderada por los kurdos estáarrinconando a los yihadistas desde el noreste.

'Ni el ejército sirio con sus aliados chiíes, ni los kurdos son una opción aceptable para el eje suní (Turquía y países del Golfo). Por lo tanto, Arabia Saudí está mostrando un entusiasmo repentino por enviar sus propias tropas'Desde que las Fuerzas Democráticas de Siria empezaron su campaña en el norte de Raqqa, el pasado 30 de abril, con apoyo de los bombardeos de la coalición internacional, han liberado un total de 52 aldeas y granjas. La ofensiva se centra ahora en arrebatar al Estado Islámico la estratégica área de Manbij, a unos 15 kilómetros de la 'capital' de Raqqa, para cortar la línea de suministros de yihadistas desde Turquía. Por este estratégico punto fronterizo sirio-turco han llegado a pasar hasta 500 combatientes yihadistas al mes.
¿Quién controlará Raqqa tras el fin del ISIS?

Durante los dos últimos años las fuerzas kurdo-sirias han liderado las operaciones contra el ISIS en el norte de Siria, pero ahora EEUU ha desplegado sobre el terrenoasesores militares de sus fuerzas de élite, que lucen en sus uniforme la insignia de las YPG, lo que ha molestado a Turquía, socio de la OTAN. Washington perdería mucho si se enemista con Ankara y su otro aliado regional, Arabia Saudí, que también quiere que las áreas liberadas en la provincia de Raqqa permanezcan bajo control de árabes suníes.

Para evitar una confrontación, Estados Unidos se ha visto obligado a hacer concesiones: en la actual ofensiva el 80% de las fuerzas locales son árabes y no kurdas. "Los árabes están liderando la operación en Manbij y tienen más de 2.000 combatientes, mientras que los kurdos los están apoyando con aproximadamente 500 combatientes" dijo el coronel Steve Warren, en una entrevista a 'Foreign Policy'.

“Ni el ejército sirio con sus aliados chiíes, ni los kurdos son una opción aceptable para el eje suní (Turquía y países del Golfo). Por lo tanto, Arabia Saudí está mostrando un entusiasmo repentino para enviar sus propias tropas y evitar que el ejército sirio pueda asumir el control de esa tierra sunita una vez que el ISIS sea derrotado”, apunta a El Confidencial el coronel retirado Nizar Abdelkader.

“Para Estados Unidos y Turquía, una zona controlada por los suníes con el apoyo de Arabia Saudí puede convertirse en una tarjeta de cambio para exigir la renuncia de Bashar Al Asad, una demanda de mucho tiempo”, insiste Abdelkader.

Sin embargo, la opción de que Riad envíe a sus fuerzas a combatir en suelo sirio traería consecuencias inevitables, como la escalada de un conflicto sectario regional.

Supuestos combatientes del Estado Islámico en manos de los kurdos en Manbij, Alepo (Reuters).


¿Cuántos combatientes leales tiene el ISIS?

Hay alrededor de 25.000 combatientes del Estado islámico en Siria e Irak, alrededor de 10.000 menos que hace un año debido a las deserciones y muertes en el campo de batalla.

Con el ISIS sintiéndose acorralado desde el norte y el este de Raqqa, por las milicias locales aliadas de EEUU, y desde el sur y el oeste, por las fuerzas del régimen de Asad apoyadas por Rusia, muchos de los yihadistas extranjeros han empezando a desertar o pedir asilo en las embajadas de su país en Turquía. De acuerdo con 'The Wall Street Journal', desertores del grupo, incluyendo 150 combatientes occidentales, están en contacto con las embajadas extranjeras para tratar de organizar una salida segura de Siria, a pesar de que se enfrentan a la detención, el interrogatorio y cargos criminales.

Con el ISIS sintiéndose acorralado, muchos de los yihadistas extranjeros han empezando a desertar o pedir asilo en las embajadas de su país en Turquía.Algunos occidentales que tratan de escapar del Estado Islámico son combatientes, pero otros son personas quefueron atraídas por la llamada del "Califato" y declararon su lealtad al grupo de Abu Baker Al Baghdadi; ahora se encuentran en una situación desesperada, explicaron fuentes diplomáticas al 'WSJ'.

Los yihadistas han amenazado con ejecutar a las personas que intentan escapar y cuelgan cabezas cortadas de los aspirantes a desertores como una advertencia, de acuerdo con los testimonios de sirios que han huido. Los militantes del ISIS también han plantado minas en las salidas de la ciudad y ha incrementado los puestos de control alrededor de Raqqa como medidas disuasorias.

Los que se quedan atrás están sujetos a la creciente paranoia de la dirección del grupo terrorista. El grupo yihadista ejecutó recientemente a 38 de sus miembrosacusados de ser 'topos' de los gobiernos occidentales.

Crisis humanitaria por los combates en Raqqa

La intensificación de los combates en Raqqa podría forzar a casi 216.000 personas a abandonar sus hogares, ha advertido la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA). Esta cifra se suma a los más de 20.000 desplazados que han huido por la reciente ofensiva de las Fuerzas Democráticas Sirias en las afueras de Manbij.

¿Qué significa la perdida de Raqqa para el ISIS?

El grupo yihadista ha perdido el 40% del territorio que controlaba en Irak y el 20% del de Siria desde 2015. Tras perder el bastión de Palmira en la primavera pasada, el feudo de Raqqa es el único territorio importante que le queda por defender en Siria. En Irak, las tropas gubernamentales están cerrando el cerco a los yihadistas en la ciudad de Faluya, a 50 kilómetros de Bagdad, y éstos podrían perder esta importante ciudad en cuestión de semanas. Ahora que tienen abierto otro frente en Siria, su supervivencia estaría en peligro si cae Al Raqqa. La perdida de Raqqa sería el principio del fin del ISIS, al que solo le quedaría Mosul, 'capital' del grupo yihadista en el norte de Irak.

Los espías cubanos que amaban Barajas: la conexión privilegiada Habana-Madrid


Durante décadas, el entramado logístico de Cuba tuvo a Madrid como su “base europea”. Allí se producían los trasbordos de los asesores militares que viajaban con destino al continente africano o regresaban de él, se concentraban los enviados a las más diversas encomiendas comerciales y se alistaban los agentes de la Seguridad del Estado convocados para misiones en todo el mundo.

“En la terminología de la época lo llamábamos 'dar el salto'. Era una certeza que nunca se planteó por lo claro pero que estaba muy extendida: el punto crítico de cualquier misión radicaba en alcanzar el aeropuerto de Barajas. Ya fuera viniendo de La Habana o regresando a ella. No era que en España todas las contingencias estuvieran conjuradas, pero existía una 'atmósfera' diferente; las cosas fluían con más facilidad”, explica a El Confidencial Orlando, un oficial de la Inteligencia cubana que se encargaba de coordinar los traslados de delegaciones con diversas encomiendas y grados de confidencialidad.
Corrían los setenta y algunos de sus colegas temían que la Transición pusiera en pausa los estrechos vínculos mantenidos en tiempos del franquismo. Muy pronto, el propio Orlando comprobaría que no habían razones para la inquietud

De aquellos años recuerda un suceso en particular. Corrían los finales de la década de los setenta y entre algunos de sus colegas se comenzaba a temer que la Transición pusiera en pausa los estrechos vínculos mantenidos en tiempos del franquismo. Muy pronto, el propio Orlando comprobaría que no habían razones para la inquietud. “Le pasó a un grupo operativo del que yo formaba parte. Teníamos la misión de trasladar constructores hasta Libia, para cumplir un contrato que había firmado nuestro Gobierno con el coronel Gadafi. Era un acuerdo un poco 'peculiar' pues los seleccionados iban con la tarea de edificar obras civiles en la zona de Cirenaica, fronteriza con Egipto, pero en caso de una agresión por parte de ese último país tomarían las armas y apoyarían la defensa de nuestro aliado”.

Detalles al margen, se trataba de la misma estrategia que en 1983 pondría a otro contingente de constructores de la Isla en el vórtice de la invasión norteamericana a Granada: reservistas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias con preparación profesional que se mantenían listos para trocar sus herramientas de trabajo por las armas y la lucha irregular. Por tal razón, resultaba esencial que el asunto no saliera a la luz, dando motivos para que Washington pusiera en marcha su maquinaria de presiones y cerrara las puertas a cualquier posibilidad de éxito.

“La cuestión fue que durante uno de los viajes un error de coordinación nos dejó varados en Madrid a varios hombres. Para los días de espera la mejor opción que conseguimos fue un pequeño motel cercano al aeropuerto, en el que el grupo debería permanecer hasta que resolviéramos los pasajes y pudieran continuar su ruta hasta Trípoli”, cuenta Orlando, mientras esboza una sonrisa motivada por los acontecimientos ocurridos hace casi cuatro décadas.

“Uno conoce al cubano y no hay que romperse mucho la cabeza para imaginar cómo terminó la historia. A los dos o tres días, cuando llegamos a visitarlos, algunos de aquellos hombres estaban enzarzados en una discusión con el encargado del lugar. ¿La causa?, una fiesta que habían armado con varias conocidas y que había terminado convirtiéndose poco menos que en un carnaval. Lo peor era que ya la policía estaba en camino y el escándalo internacional no lo paraba nadie. Solo había que imaginarse los titulares: 'espías de Castro detenidos en la capital española'. Por suerte, a la hora cero, ya cuando iban a llevárselos para la comisaría, llegó un funcionario de nuestra Embajada y habló con el jefe del equipo policial. Lo que le dijo no lo sé, de lo único que puedo dar fe es que hicieron una llamada telefónica, conferenciaron algunos minutos más y después se marcharon. A la semana siguiente yo mismo embarqué a aquel grupo rumbo a Libia y otro compañero fue a pagar los daños que se habían producido en las habitaciones. Ahí quedó todo”.

"Con Cuba, cualquier cosa menos romper"

“Un año después del triunfo de la revolución cubana, en enero de 1960, se produjo un grave incidente entre Madrid y La Habana, que estuvo a punto de provocar la ruptura de relaciones diplomáticas”, señala un artículo del diario 'The Diplomat in Spain'. Ocurrió cuando “Castro arremetió en un programa de televisión contra laEmbajada española por amparar actividades 'contrarrevolucionarias' y acusó a una serie de templos religiosos españoles de ocultar armas”.

Las aguas no hubieran salido de su curso si todo hubiera quedado en el clásico desencuentro que se salda con un intercambio de notas y alguna reunión entre cancillerías, pero no fue así. Cuando el líder cubano todavía ocupaba el plató, se presentó en el lugar el embajador hispano en la Isla, Juan Pablo Lojendio, para increparlo en una acalorada disputa. El intercambio verbal terminaría saldándosecon la expulsión del diplomático y un comienzo de crisis que puso sobre el tapete la importancia que El Caudillo brindaba a la Mayor de las Antillas.

Marcelino Oreja, quien por entonces ocupaba un alto cargo en Exteriores, lo contaría décadas más tarde en sus memorias. Cuando el ministro Castiella telefoneó de madrugada a Franco para relatarle el incidente y solicitar instrucciones la orden de este último fue terminante: “Usted es el ministro. Haga lo que crea oportuno, pero con Cuba, cualquier cosa menos romper”.

La de Cuba y España ha sido siempre una relación particular. Tal vez no haya un lugar que se parezca tanto a la Península, y que haya tenido tantos desencuentros y reconciliaciones con ésta, como la que fuera su última colonia en América. Las coincidencias son palpables en todos los aspectos de la sociedad y tienen su campo más peculiar en la política.

Pongamos por ejemplo a Franco y Fidel Castro. Desde 1960 hasta 1974 ambas capitales mantuvieron sus respectivas embajadas en manos de secretarios yevitaron hacer declaraciones que pudieran tomarse como una posición definida en favor o en contra de la contraparte. Pero por debajo de esa aparente frialdad florecía una estrecha colaboración económica, que a juicio de Horacio Cabrera Ruiz, antiguo funcionario del Ministerio de Comercio Exterior cubano, es difícil de cuantificar en términos de utilidad para la isla antillana.
'Durante el bloqueo, sin las transacciones de empresas registradas en otros países y las compras a través de intermediarios, nunca hubiéramos podido sobrevivir. Resultó vital poder operar a través de España'

"Para alguien que no viva en Cuba resulta muy complicado entender que nosotros tengamos vedado el acceso a la mayoría de los equipos y servicios que se ofrecen en el mundo debido a las leyes del bloqueo estadounidense, pero es así. Cuando existían la Unión Soviética y el Campo Socialista enfrentábamos el problema realizando la casi totalidad de nuestro intercambio con esas naciones, pero siempre quedaban tecnologías, productos o clientes a los que no podíamos acceder; ahí era donde entraba a jugar su papel España. Sin las transacciones de empresas registradas en otros países y las compras a través de intermediarios, nunca hubiéramos podido sobrevivir. Ese fue un proceso en el que resultó vital poder operar a través de España, e incluso contar con los créditos de sus instituciones financieras”.

Mientras, Fidel Castro hacía oídos sordos a solicitudes como las del independentismo canario o los movimientos de protesta de Cataluña y el País Vasco, daba asilo a opositores difíciles (como los propios etarras) y cuando falleció el Caudillo llegaba a declarar tres días de luto nacional. “Ha sido una relación de doble sentido, tan estrecha que a lo largo de más de cinco décadas ha logrado sobrevivir a momentos tan complejos como la administración de José María Aznaro la Primavera Negra y la Posición Común”, detalla un periodista local especializado en temas internacionales. “Hay ejemplos arquetípicos. Recuerdo que cuando hace cuatro años se produjo el fallecimiento del líder disidente Oswaldo Payá, a causa de un accidente de tránsito, el gobierno cubano aceleró los trámites de deportación de Ángel Carromero, el ciudadano español que conducía el vehículo y había sido condenado bajo el cargo de homicidio imprudencial. Fue todo cuestión de unas cuantas semanas, aunque Carromero había entrado a Cuba para hacer prácticamente lo mismo que mantuvo en prisión por cinco años al norteamericano Alan Gross”.

Algunos escépticos podrían argumentar que los casi 1.500 millones de euros de deuda que hace un mes Madrid le condonó a La Habana justifican cualquier trato de preferencia. Tal vez así sea, pero lo que nadie duda es que -antes que negociar con cualquier otro país- Raúl Castro y sus posibles sucesores preferirían tratar con la nación que más cercana les resulta. Incluso si para hacerlo deben dejar de lado algunos principios. A veces la política sigue esos extraños derroteros.

La nueva ‘rebeldía’ estadounidense: Bernie [Sanders], Donald [Trump] y los pecados del liberalismo


Cómo llegó a su fin la era de la conformidad

Introducción de Tom Engelhardt

Algún día, esa era quizá sea vista como las décadas en las que Estados Unidos empezó a vaciarse. Primero, desaparecieron los buenos empleos para la clase trabajadora; mientras la ‘herrumbre’ se extendía en los cinturones de producción industrial, los pueblos perdían habitantes y los buenos tiempos se marchaban quién sabe adónde. Después, la infraestructura –desde los puentes y las carreteras hasta el metro y las presas– empezaron a deteriorarse. Más recientemente, algo más empezó también a vaciarse: la política estadounidense. En una temporada en la que el proceso político que lleva a las próximas elecciones se ha convertido en una obsesión mediática que no cesa un instante, esto parecería que no es así. Pero pensémoslo otra vez. Uno de los dos partidos de este país se las ha arreglado para aupar a 17 de los candidatos más insólitos vistos alguna vez en un escenario, poniendo en evidencia a una organización que está trastabillando al borde del precipicio, incluso mientras sus votantes otorgan estatus presidencial al personaje más estrafalario del siglo XXI. El otro partido estaba tan en las últimas que solo fue capaz de aupar como su principal candidato a la presidencia a una ex primera dama y ex secretaria de Estado que ya había perdido ignominiosamente su anterior carrera por la presidencia y estaba arrastrando tras de sí un carromato lleno de un corrompido bagaje... ah, sí... y a un olvidable gobernador y a un senador que se declara “demócrata socialista”, pero no con la ‘D’ mayúscula de Demócrata (al menos hasta tarde la otra noche). Si eso no es la definición de una organización política que parece está corroyéndose desde dentro, ¿qué es?

Cuando la cuestión es el vacío, no olvidemos las noticias de las elecciones, que han sido infladas en proporciones monstruosas aunque están vacías de contenido. Donald Trump, el hombre que inventó el ciclo interminable de noticias a partir de una maraña de insultos y pensamientos primarios, ha sido el vehículo perfecto para un proceso de este tipo, que es una mina de oro para el equivalente mediático del 1 por ciento. Tomad el gran debate que no fue pero copó los titulares durante el ciclo noticioso de un solo día, aquel que el presentador del programa de entrevistas Jimmy Kimmel propuso a Donald Trump. Él aceptó inmediatamente y su eventual oponente, Bernie Sanders, le siguió con presteza; la posibilidad murió después de otra explosión de titulares, noticias, informes y comentarios apenas un día después o algo así. Al hacerlo, Trump utilizó la palabra “inapropiado” para declarar que la propuesta no era razonable. El hombre para quien no hay nada inapropiado hizo pública una elocuente declaración vocacional que podría haber sido dicha en cualquier aula de sexto grado. Empezaba: “A partir del hecho de que el proceso de nominación del Partido Demócrata está totalmente amañado, que Hillary Clinton y Deborah Wasserman Schultz no permitirán que gane Bernie Sanders y que en este momento soy el más probable nominado republicano, parece inapropiado que debata con quien terminará segundo”.

Y... ah, sí... entre las indudables víctimas del proceso de vaciamiento está la versión que el Partido Demócrata tiene del liberalismo, que en los últimos años se ha convertido en el credo del otro partido, el del 1 por ciento. Hoy, Steve Fraser, colaborador habitual de TomDispatch, que ha cubierto el auge de la nueva Era Dorada de Estados Unidos (y la caída de casi todo lo demás) desde Wall Street a la calle, reflexiona sobre el destino del liberalismo en una posible nueva era de populismos, de derecha y de izquierda. Piense el lector de esta nota como si fuese también una plataforma de lanzamiento de su nuevo libro, The Limousine Liberal: How an Incendiary Image United the Right and Fractured America (la limusina liberal, cómo una imagen incendiaria unió a la derecha y fracturó a Estados Unidos), una sorprendente historia del 1 por ciento y nosotros, los demás, todo extractado en una única imagen política.

La versión estadounidense de la lucha de clases

Apareciendo desde las sombras del Estados Unidos reprimido, Bernie Sanders y Donal Trump han estado enviando escalofríos por los corredores del poder establecido. ¿Quién los recibiría? Dos hombres, ambos –pese a ser de muy distinta forma– ajenos al sistema, parecen estar a la cabeza de sendas rebeliones contra los amos de nuestro destino en ambos partidos; esto, después de décadas en las que solo imaginar esa posibilidad habría sido visto, en el mejor de los casos, como una ingenuidad y, en el peor, como un engaño. Su prolongada presencia en el escenario nacional puede ser el desarrollo político más inalcanzable de los últimos 50 años de Estados Unidos. Y sugiere que estaríamos entrando en una nueva etapa de nuestra vida pública.

Hace un año, en mi libro The Age of Acquiescence (La era de la conformidad), intenté resolver un misterio insinuado en su subtítulo: “Ascenso y caída de la resistencia estadounidense a la riqueza y el poder organizados”. Formulado llanamente, este misterio era: ¿Por qué la gente se rebela algunas veces y se conforma en otras?

Resistir a todos los dolores, los insultos, las amenazas al bienestar material, la exclusión, la degradación, la desigualdad sistemática, el culto exagerado a los personajes del poder, la indignidad y la impotencia que están en la esencia de la vida cotidiana de millones de personas perecería algo bastante natural, incluso ineludible, si no inevitable. ¿Por qué soportar todo eso?

Sin embargo, si miramos la historia, la tentación de ceder, de rendirse, parece ser no menos natural. Después de todo, frecuentemente, resistir es arriesgar el pellejo, los medios de vida, la manera de vivir. ¿Cómo acallar esas intimidantes voces interiores que nos advierten de que las autoridades tienen el derecho de gobernar en virtud de su sabiduría, riqueza y todo aquello que las costumbres inmemoriales prescriben? El miedo, naturalmente, se cierne sobre nosotros.

En nuestro contexto, entonces, ¿en qué momentos históricos los estadounidenses han mostrado una sorprendente capacidad para alzarse y en qué otros han agachado la cabeza?

Para responder a esta pregunta, examiné aquellos años de la primara edad dorada –en el siglo XIX–, cuando millones de estadounidenses se lanzaron a la calle para manifestarse, enfrentándose a menudo al brazo armado del Estado, y el periodo de la última parte del siglo XX y los primeros años del XXI, cuando el rótulo de “la era de la conformidad” parecía sumamente razonable; hasta que, de pronto, en 2016, dejó de serlo.

Por lo tanto, considere el lector este escrito como un epílogo de aquel trabajo, mi tal vez tardía comprensión de que, ciertamente, la era de la conformidad había llegado a su fin. En estos momentos, por supuesto, hay millones de personas que se emocionan con Bernie o que ovacionan a Donald. Es posible que cuando estaba terminando de escribir mi libro debería haber prestado más atención a las primeras señales de lo que estaba por venir: el Tea Party, en la derecha, y ‘Ocupa Wall Street’, en la izquierda; las huelgas por aumento de los salarios, los movimientos por un salario mínimo decente, las victorias electorales de los progresistas urbanos, el surgimiento del activismo medioambiental y la irrupción del movimiento ‘La vida de los negros importa’ justo unos días antes de su publicación.

Pero cuando has vivido tanto tiempo a la sombra de la conformidad, en la que la esperanza está cerca de morir, o al menos cada día más enfermiza, echas de menos esas cosas. Después de todo, si la historia tiene una lógica, quizás esté tan escondida en lo más hondo que puede llegar a ser indescifrable... hasta que te muerde. Así, por ejemplo, si se hubiese hecho una radiografía de la sociedad estadounidense de 1932, en el peor momento de la Gran Depresión, la placa habría revelado un cuerpo político invadido por la desesperación, el cinismo, el fatalismo y el miedo. En resumen: resignación, una actitud que había ensombrecido el territorio desde ‘el martes negro’ y el derrumbe del mercado de valores en 1929.

Aun así, la misma radiografía vuelta a hacer en 1934, solo dos años más tarde, habría mostrado una profunda agitación social: grandes paros, huelgas generales, huelgas de brazos caídos, huelgas de inquilinos, tomas de minas de carbón y empresas de servicio cerradas por parte de tenían frío y no tenían luz, marchas de desempleados y un impulso generalizado por desmontar el ancient régime; en una palabra, rebelión. De este modo, el equilibrio de una sociedad puede quemar etapas en un abrir y cerrar de ojos y sin que sea posible advertirlo (a pesar de que, años después, los historiadores y otros colegas analizarán las razones que todo el mundo debería haber visto mientras llegaban).

Liberalismo versus liberalismo

Esperada o no, ha empezado una nueva era de rebelión, una era que amenaza al statu quo desde la izquierda y desde la derecha. Tal vez su aspecto más impactante sea que la gente está alzándose contra el liberalismo.

Eso es insensato, ¿no es cierto? ¿Como puede ser que, cuando llegue noviembre, la reina del liberalismo se enfrente con el multimillonario portador del estandarte del republicanismo? Al final, lo viejo y lo viejo, ¿no es así? Un liberal contra un conservador.

Bueno, no es tan así. Si usted ve a Hillary como la “limusina liberal” de esta temporada electoral y a Donald como al “populista mejor vestido” de la derecha, y piensa en cómo se ha movido cada uno en su camino a lo más alto y a quién han tenido que dejar a un lado para conseguirlo, aparece una imagen diferente. Clinton hereda la responsabilidad de un liberalismo que ha vaciado la economía estadounidense y ha metastatizado el estado de la seguridad nacional. Ha puesto en el ático del Partido Demócrata lo que quedaba de cualquier igualitarismo para proteger los intereses creados de la oligarquía que administra las cosas. Esa elite no tiene problemas con la igualdad racial y de género en tanto no haga daño a lo esencial que, después de todo, es lo que define los rasgos de la limusina liberal que Hillary defiende. Trump canaliza la hostilidad creada por la indiferencia neoliberal respecto del bienestar de los trabajadores y su escasamente disimulado desprecio cultural por la gente del interior de Estados Unidos mediante un movimiento anti-establishment con sesgo racista. Mientras tanto, desde la otra costa, Bernie Sanders le apunta al liberalismo de Clinton. En otras palabras, el liberalismo está asediado.

Los sesenta adoptan el liberalismo

¡Qué extraño! Los ‘progresistas’ han descubierto que durante décadas han estado defendiendo los logros de la reforma liberal desde el despiadado asalto de un conservadurismo en ascenso. Es difícil recordar que la ecuación ‘progresistas vs. conservadores’ no siempre es aplicable (y lo mismo podría estar pasando ahora).

Sin embargo, si retrocedemos 50 años hasta los sesenta del siglo XX, vemos que el campo de batalla no era tan diferente al de hoy en día. Aquel era un tiempo en el que el movimiento contra la guerra de Vietnam condenaba al liberalismo por su actitud imperial en nombre de la democracia, mientras los movimientos por los derechos civiles y el poder negro les reprochaban su alianza política con los segregacionistas del Sur.

En aquellos años, la Nueva Izquierda se hacía presente en las zonas urbanas más deprimidas, donde el liberalismo se jactaba de que Estados Unidos era una ‘sociedad de la abundancia’; lo cual parecía un cruel sarcasmo. Los estudiantes ocupaban los campus universitarios para rechazar la burocratización de la educación superior y la servidumbre universitaria al otro retoño liberal: el complejo industrial-militar. Las mujeres cortaron el nudo gordiano que ataba el ideal liberal de la familia nuclear a la jerarquía de género, es decir, el patriarcado. La contracultura mostró de mil maneras distintas su desprecio por el principio de propiedad inherente al liberalismo. No a las convenciones en el peinado, al contrato matrimonial, a las inhibiciones sexuales, a las carreras profesionales, a las ortodoxias religiosas, a los protocolos en la vestimenta, a los tabúes raciales o a las prohibiciones químicas; nada quedó indemne.

Sin embargo, el liberalismo se adaptó. Desde entonces, se ha hecho presente en la mayor parte de las reformas asociadas con ese tiempo. Las leyes de derechos civiles, la guerra contra la pobreza (incluyendo Medicare y Medicaid*), los derechos de las mujeres, la discriminación positiva y la eliminación de la separación cultural forman parte ahora del currículum vitae de los presidentes demócratas y de los principales políticos del partido, de quienes administran los medios de la corriente dominante, de los presidentes de las principales fundaciones liberales, de los presidentes de las universidades Ivy League**, de los más importantes teólogos y clérigos protestantes y tantos otros que alzan con orgullo el pendón del liberalismo. Sin duda, merecen parte de ese crédito. Ellos pueden haberse sentido de verdad junto al ‘Bern’ del año pasado, el que gritaba a viva voz por la igualdad de derechos ante la ley.

Aun más importante, las elites liberales fueron lo bastante sensatas o lo bastante maleables –o ambas cosas a la vez– como para montarse sobre la ola de la rebelión de ese tiempo. Sabiduría y flexibilidad, sin embargo, son apenas una parte de la respuesta de este misterio: ¿cómo se las arregló el liberalismo de la mitad del siglo XX para reformarse en lugar de resquebrajarse bajo la presión de los sesenta? La explicación más profunda podría ser que los levantamientos de aquellos años atacaron al liberalismo, pero en buena medida en beneficio del liberalismo. A veces explícitamente, como en la Declaración de Port Huron, aquel documento fundacional del grupo estudiantil de la Nueva Izquierda llamado ‘Estudiantes por una Sociedad Democrática’; otras veces implícitamente: las rebeliones de ese momento exigían que el orden liberal viviera según su propio credo de libertad, igualdad y búsqueda de la felicidad.

La exigencia de abrir el sistema se convirtió en el corazón y el alma de la etapa siguiente del liberalismo, del impulso por dotar de poder al individuo libre. Hoy día, podríamos reconocer esto en el típico deseo de los seguidores de Clinton de permitir que todos se unan en la “carrera a lo más alto”.

Mirando hacia atrás, es habitual considerar los años sesenta como una época de rebelión juvenil. Hay más que eso; ciertamente, en parte pueden ser entendidos como una versión estadounidense de padres e hijos (ni hablar de madres e hijas). Un generación mayor había creado el orden del New Deal***, en sí mismo un histórico acto de rebelión. Tal como sucedió, esa creación no casaba bien con un Partido Demócrata cuya ala sureña, incrustada en la antigua Confederación segregacionista, descansaba sobre las leyes y creencias de Jim Crow. Tampoco casaban las reformas del bienestar social del New Deal, que presuponían que el hombre era el responsable del sustento en una casa, al mismo tiempo que excluía de su protección a las clases inferiores, especialmente (pero no solo) las de tez equivocada, en contradicción con un anhelo de igualdad.

Por otra parte, el New Deal rescató a una economía capitalista postrada durante la Gran Depresión mediante la instalación de una nueva política económica de consumo masivo. Mientras aseguraba maravillosos logros materiales –que al mismo tiempo impedían el desarrollo social– se alentaba una cultura de individualismo y búsqueda de estatus, debilitando así la noción de solidaridad social que había hecho posible el New Deal. Finalmente, en los años de la Guerra Fría quedó en claro que la prosperidad y la democracia en casa dependían de una relación imperial con el resto del mundo y de la instalación de soldados estadounidenses en todos los rincones del planeta. Había comenzado el ‘Siglo estadounidense’, según el la famoso rótulo acuñado por Henry Luce, editor de la revista Life.

Los levantamientos contra la versión anquilosada del liberalismo New Deal convirtieron los años sesenta en un icono. La emotividad política subió tanto que los rebeldes se enfrentaron con el establishment liberal. Los asuntos se recalentaron tanto que amenazaron con derretir la vida pública. Aun así, aquí apareció una pregunta que, con tanta temperatura, era muy difícil plantearse en ese momento: ¿Y si el problema no fuera el liberalismo? Admitámoslo, ese pensamiento ya estaba en el aire entonces, planteado no solo por las nuevas y las viejas izquierdas, sino también por Martin Luther King, quien repensó el capitalismo, la pobreza, el racismo y la guerra en famosos discursos como el “Más allá de Vietnam: es hora de romper el silencio”.

Sin embargo, la mayoría de los rebeldes de ese momento, se aferraron a la fe ancestral. Al fin, estaban convencidos de que una vez que se restableciera el equilibrio, un liberalismo más moderno –despojado de sus imperfecciones– podría convertirse en un refugio seguro en el que nadie estaría excluido. Acusado en esos años de hipócrita y de actuar con mala fe, sería limpiado.

Gracias a aquellas rebeliones populares y a las persistentes –si bien menos exaltadas– acciones que se prolongaron durante décadas, la hipocresía de la exclusión, ya fuera de los negros, las mujeres, los homosexuales u otros, en buena medida acabaría. O así parecía. El liberalismo heredado del New Deal había sido limpiado, no por completo y tampoco sin una feroz resistencia... aunque, una vez más, nada es perfecto, ¿no es así? Fin de la hipocresía. Fin de la historia.

El eslabón perdido

Aunque una nueva paradoja empezó a emerger en el alba del nuevo milenio. La sociedad liberal había demostrado que era compatible con la justicia para todos y la igualdad de oportunidades. Sin embargo, por extraño que parezca, en el glorioso nuevo mundo que siguió –aquel presidido por Bill Clinton–, la libertad, la justicia y la igualdad parecían estar muy racionadas.

Si no era el orden liberal, entonces había algo que estaba fastidiando las cosas. Después de todo, la vida cotidiana de tantos estadounidenses de a pie estaba cada vez más constreñida por la angustia económica y una vertiginosa sensación de caída libre en lo social. Esa gente sentía que estaba excluida y era menospreciada, sufría algo difícil de definir que tenía que ver con no verse políticamente representada, sentirse vigilada en su trabajo (si lo tenía) o si no en cualquier otro sitio, y cierto temor al futuro en lugar de esperanza por lo que podía venir.

Valientes y audaces como eran, los legendarios movimientos de rebeldía o aquellos que les siguieron raramente desafiaron explícitamente la distribución de la propiedad y el poder sobre la que estaba basada la sociedad estadounidense. Y si bien el liberalismo ha demostrado que es bastante compatible con la libertad, la igualdad y la democracia, el capitalismo era otra cuestión muy distinta.

La elite liberal que se hizo cargo de comenzar la carrera hacia lo más alto a veces también fue responsable del capitalismo neoliberal que, durante décadas, hizo tanto daño en la vida de los trabajadores de todos lo colores (ciertamente, hoy en día, Hillary hace un gran esfuerzo para distanciarse del legado de encarcelaciones masivas que le dejó su marido). Pero los republicanos no solo han cumplido su cuota parte en esto; de hecho, frecuentemente han tomado el mando para implantar un sistema económico manejado por los mercados y las finanzas, un sistema que ha producido unos pocos ‘ganadores’ y legiones de perdedores. Ambos partidos han sido los precursores de un mercado desregulado, del libre comercio global, de la subcontratación en la industria manufacturera y otras, de la privatización de los servicios públicos y del achicamiento de las redes de seguridad social. La suma de todo esto ha destruido desde dentro pueblos y ciudades, lo mismo que regiones enteras y estilos de vida.

En el proceso, la tradición del Partido Demócrata del New Deal, que era de resistencia a la explotación económica y la desigualdad, se evaporó. Mientras tanto, los ‘nuevos demócratas’ de la era Clinton y después, así como muchas de las salas de juntas nombradas en las listas Fortune 500 y de las empresas de inversiones de riesgo estadounidenses continuaron abogando por la igualdad de derechos para todos. Vilipendiaron los intentos conservadores de reducir la protección contra la discriminación racial, de género y sexual, pero lo único que no hicieron –ni unos ni otros– fue perturbar la tranquilidad del 1 por ciento.

Y, frente a esto, ¿qué han significado la libertad y la igualdad? Para quienes pudieron –gracias a los avances– participar en ‘la carrera para llegar a lo más alto’, han significado mucho. Para muchos otros millones, sin embargo, que o bien estaban en la escalera mecánica descendente o bien ya estaban en lo más bajo de la sociedad, fue una burla, una promesa sin contenido, algo a lo que todavía llamamos el Sueño Estadounidense, porque –como observó George Carlin una vez– “debes estar dormido para creer en él”.

Dada la ayuda brindada para inducir este doloroso dilema, los nuevos demócratas parecían encajar perfectamente en un sobrenombre ya existente de “limusina liberal” –una especie de maldición inventada por la derecha populista–. Emblema de hipocresía, fue pensado y utilizado por primera vez en 1969, no por la izquierda sino por algunas figuras del por entonces naciente movimiento de derecha. Desde entonces y para siempre, la imagen de una gente aristocrática nacida, criada y formada para gobernar, interconectada en los centros de poder y riqueza, que manifiesta una preocupación por los oprimidos pero de ninguna manera está dispuesta a renunciar a ninguno de sus privilegios para aliviar esa difícil situación (aun así siempre está alerta para exigir que todos los demás paguen lo que deben) se ha grabado en lo más profundo de la política de Estados Unidos. En los tiempos que corren, ha sido el Norte magnético del populismo de izquierda.

Lucha de clases al estilo estadounidense

En 1969, el presidente Richard Nixon conjuró a la “mayoría silenciosa” para que se batiera con quienes pronto serían conocidos como los ‘liberales de la limusina’. Él esperaba movilizar a un amplio sector de la clase trabajadora blanca y la clase media alta para que se uniera al Partido Republicano. Este grupo estaba formado por los partidarios del New Deal del Partido Demócrata, que después se habían sentido cada vez más abandonados por él y perturbados por la rebeldía de esa época.

En las décadas siguientes, la limusina liberal se mostraría como una perfecta piñata**** a la que irían a parar todo el resentimiento suscitado por los levantamientos raciales, el deterioro industrial y la decadencia, y también la congoja producida por la desaparición de la ‘familia tradicional’ y sus supuestas certezas morales. De este modo, el Partido Republicano consiguió un importante caudal de votos proveniente de los trabajadores blancos. Retrospectivamente, está suficientemente claro que esta confrontación entre la mayoría silenciosa y el liberalismo de la limusina ha sido siempre una forma de la lucha de clases en Estados Unidos.

Richard Nixon mostró su genio político; su gambito funcionó pasmosamente bien... hasta que, por supuesto en este momento ya no funciona. A partir de su liderazgo, el comando supremo de los republicanos entendió pronto que agitar la bandera roja del ‘liberalismo de la limusina” despertaba pasiones y sumaba votos. Sin embargo, nunca tuvo la menor intención de hacer nada que pudiese resolver de verdad las deterioradas circunstancias de esa mayoría silenciosa. Las figuras que lideraban el partido estaban demasiado comprometidas en la defensa de los intereses del Estados Unidos corporativo y las clases dominantes.

Sus gestos, la agresividad que estos provocaban en sus seguidores en las ‘guerras culturales’, solo aumentaron las pasiones de la época hasta que, en el periodo que siguió al descalabro económico-financiero de 2007 y la Gran Recesión, estallaron en una forma que la elite republicana no pudo manejar. Lo que empezó siendo su criatura, educada en el cinismo y alimentada por la enconada envidia y los oscuros sentimientos del propio Nixon, que su tránsito por el establishment liberal habían sostenido su desprecio, acabó volviéndose contra quienes la habían inventado.

La ‘mayoría silenciosa’ ya no se mantendría en su conveniente silencio. El Tea Party bramó contra cualquier tipo de establishment político, y lo hicieron junto con Wall Street, los compinches capitalistas, los desviados culturales y sexuales, los partidarios del libre comercio que rara vez se habían preocupado por los empleos que destruían, los evasores de impuestos que amaban cualquier refugio para su dinero y los que condenaban a los gobiernos hiperdesarrollados pero vivían de los subsidios del Estado. En un código postal muy, muy, lejano un privilegiado sector de estadounidenses había manipulado el sistema dentro del sistema, mirando por encima del hombro a una masa que antes había sido crédula pero, ultrajada ahora, ya no lo era.

En ese proceso, el Partido Republicano se partió y, mágicamente, ha sido Donald quien se ha montado en la escalera mecánica que va a la planta baja de la Torre Trump para recoger los pedazos. Su irreverencia por la autoridad establecida ha funcionado. Sus fobias racistas y misóginas han funcionado. Sus miles de millones de dólares han funcionado con los millones de personas que han crecido deslumbrados por los conquistadores de la segunda Era Dorada celebrados por Wall Street. Su manera de andar cuidadosamente de puntillas alrededor de la Seguridad Social funcionó con aquellos cuyos desamparo y lógica emocional fueron aprehendidos por la persona que le dijo a un congresista republicano: “Guárdese su gobierno de poner sus manos en mi Medicare”. Sobre todo, su musculosa ampulosidad funcionó con millones de personas hartas de desmoralización, parálisis e impotencia. Sienten a Donald.

Hoy en día, en la confrontación entre populismo de derecha y neoliberalismo, legiones de simpatizantes del Tea Party y de trumpistas encuentran que los CEO de Fortune 500 son moralmente detestables y una amenaza económica, se sienten cada vez más furiosos con los rescates de la Reserva Federal y se entusiasman por las numerosas crisis globales que se suceden gracias al libre comercio mundial y los tratados que les acompañan. Y debajo de esas posiciones está la fantasía de un capitalismo antiguo, uno más cercano a lo que ellos piensan que fue alguna vez Estados Unidos. Se les podría llamar anti-capitalistas pro-capitalismo.

Otros –muy a menudo sus vecinos en comunidades vaciadas de buenos empleos y virtualmente agredidas– se sienten identificados con Bern. Esto viene a ser un ataque más al neoliberalismo de la variedad limusina. Prudentemente, Bernie Sanders se presenta como un socialista, aunque sus ideas programáticas se acercan a una versión ligeramente a la izquierda del New Deal. Aun así, incluso decir en público la palabra prohibida ‘socialismo’ y excitar con ella el ferviente compromiso de millones de personas es algo asombroso; de hecho, más allá de lo imaginable en cualquier Estados Unidos de los últimos años.

La campaña de Sanders ha hecho que se enfrente con el liberalismo de la elite de Clinton. Ha resonado tan profundamente debido a que el candidato, con todo su carisma e integridad de hombre mayor, insiste una y otra vez que los estadounidenses deberían mirar bajo la superficie de un capitalismo liberal que –tanto económica como éticamente– está en quiebra y es un fraude político, aunque trate con condescendencia al “hombre olvidado”.

Entonces, hasta cierto punto, Trump y Sanders están compitiendo por los mismos votantes; esto no debería sorprender a nadie si se tiene en cuenta hasta dónde se han extendido los daños colaterales producidos por el capitalismo neoliberal. No debemos olvidar que en la época de la Gran Depresión, mientras los nazis se hacían cada vez más fuertes, su partido –el Nacional Socialista– no solo incorporó la palabra –socialismo– sino que compitió con los partidos Socialista y Comunista entre los desesperados trabajadores alemanes para conseguir afiliados y votantes. Incluso hubo momentos (cuando no estaban matándose unos a otros en la calle) en que se manifestaron juntos.

Por supuesto, Trump es un demagogo sin conciencia alguna, un mentiroso compulsivo y un nihilista que no cree en nada aparte de él mismo. En el otro lado, Sanders cree en lo que dice. En el tema de la justicia económica, él ha roto records durante más de un cuarto de siglo, aunque nadie más allá de los límites de Vermont le prestara mucha atención hasta hace poco tiempo. En este momento goza de mucho crédito y es aplaudido por sus puntos de vista.

Hillary Clinton despierta una enorme desconfianza. Sanders le ha ganado una y otra vez en las encuestas contra potenciales oponentes republicanos porque ciertamente ella es una liberal de limusina cuya carrera ha acabado a un ritmo sorprendente con la confianza que en ella se tenía. Y, más importante que eso, la rebelión que Sanders ha puesto en marcha no tiene miedo de cuestionar al capitalismo. Difícilmente Trump pueda hacer algo parecido, pero el estado de enfermedad en que se encuentra el estatus neoliberal ha hecho de él –también– una fuerza que debe ser reconocida. No obstante, desde donde se la mire, la era de la conformidad ha quedado atrás.



Steve Fraser
TomDispatch
Rebelion