lunes, 10 de noviembre de 2014

El misterio de Kobane

El misterio de Kobane

El Guernica kurdo

En abril de 1937, la aviación nazi de Hitler bombardea el pueblo vasco de Guernica (España), manera de entrenar su aviación antes de desencadenar la SGM, por otro lado, demostrar su apoyo a las fuerzas fascistas que luchan contra la democracia republicana. Lo que está ocurriendo hoy en día en el pueblo kurdo de Kobane en Siria es muy similar. Hay una lucha entre tinieblas y humanidad. Los fascistas son los fanáticos terroristas del Emirato Islámico, extrañamente apoyados de manera cínica y oculta por los servicios de inteligencia de ciertas "democracias" que pierden solidez (Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Turquía) aliadas a monarquías déspotas (Qatar y Arabia Saudita principalmente) –componiendo así un peligroso "Eje Maquiavélico". Por otro lado, fuerzas vivas democráticas de la sociedad civil kurda, curiosamente respadadas por dos poderosos países con pasado totalitario –Rusia y China– y otros estados emergentes –Brasil, India y Suráfrica– que apuestan por un respeto del derecho internacional entre los Estados miembros de la ONU. El planeta está cambiando. Un nuevo orden genera el desplazamiento de un viejo orden degenerado. Las tinieblas no pasarán.


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Kobane bajo las bombas
Las valerosas mujeres de Kobane –donde los kurdos sirios combaten desesperadamente contra el Emirato Islámico (también conocido como Daesh y anteriormente como EIIL o ISIS)– están a punto de ser traicionadas por la “comunidad internacional”. Estas guerreras también combaten, además de contra los terroristas del califa Ibrahim, contra los planes traicioneros de Estados Unidos, Turquía y la administración regional del Kurdistán iraquí.
¿Qué pasa realmente en Kobane?
Comencemos por hablar de Rojava [1]. El verdadero significado de Rojava –las 3 provincias de mayoría kurda del norte de Siria– es transmitido por este editorial (en turco) publicado por el activista encarcelado Kenan Kirkaya. Argumenta que Rojava es el hogar de un «modelo revolucionario que desafía ni más ni menos que “la hegemonía del sistema capitalista de nación-estado”»– mucho más allá de su significado regional «para los kurdos, los sirios o el Kurdistán».
Kobane –una región agrícola– se encuentra en el epicentro de este experimento no violento en democracia, posibilitado por un acuerdo a principios de la tragedia siria entre Damasco y Rojava (no apoyéis el cambio de régimen contra nosotros y os dejaremos tranquilos). Aquí, por ejemplo, se argumenta que «incluso si un único aspecto de un verdadero socialismo pudiera sobrevivir allí, millones de descontentos serían atraídos por Kobane».
En Rojava, la toma de decisiones es a través de asambleas populares, multiculturales y multireligiosas. Los 3 máximos funcionarios de cada municipalidad son un kurdo, un árabe y un cristiano asirio o armenio; y por lo menos uno de los tres debe ser mujer. Las minorías no kurdas tienen sus propias instituciones y hablan sus propios idiomas.
Entre una miríada de consejos de mujeres y jóvenes también hay un crecientemente famoso ejército feminista, la milicia Estrella YJA (Siglas de Unión de Mujeres Libres, la estrella simboliza la diosa mesopotámica Ishtar).
El simbolismo no podía ser más gráfico: pensad en las fuerzas de Ishtar (Mesopotamia) combatiendo contra las fuerzas del Emirato Islámicode o ISIS (originalmente una diosa egipcia), convertida en un califato intolerante. En el joven Siglo XXI, las barricadas femeninas de Kobane se encuentran en la vanguardia de la lucha contra el fascismo.
Inevitablemente debería haber un buen número de puntos de intersección entre las Brigadas Internacionales que combatieron al fascismo en España en 1936 y lo que está sucediendo en Rojava, como subraya uno de los escasos artículos al respecto publicados en medios dominantes occidentales.
Por si estos componentes no bastaran para enloquecer a wahabíes y takfiris, profundamente intolerantes, y a sus poderosos patrocinadores en petrodólares del Golfo, existe la situación política general.
La lucha en Rojava es dirigida esencialmente por el PYD, que es la rama siria del PKK turco, las guerrillas marxistas en guerra contra Ankara desde la década de los 70. Washington, Bruselas y la OTAN –bajo permanente presión turca– siempre han catalogado al PYD y al PKK de «terroristas».
Un cuidadoso examen del indispensable libro Confederalismo democrático del líder del PKK Abdullah Öcalan revela que esa ecuación terrorista/estalinista es un engaño (Öcalan ha estado confinado en la isla-prisión de Imrali desde 1999.)
Lo que buscan el PKK –y el PYD– es «municipalismo libertario». De hecho es exactamente lo que Rojava ha estado intentando: comunidades con autogobiernos que aplican la democracia directa, utilizando como pilares concejos, asambleas populares, cooperativas dirigidas por trabajadores y defendidas por milicias populares. De ahí el posicionamiento de Rojava en la vanguardia de un movimiento mundial de economía/democracia cooperativa cuyo objetivo en última instancia sería dejar de lado el concepto de una nación-estado.
Este experimento no solo tiene lugar políticamente en el norte de Siria; en términos militares, fueron el PKK y el PYD los que realmente lograron rescatar esas decenas de miles de yazidis acorralados por el Emirato Islámico/ISIS en el Monte Sijar, y no las bombas estadounidenses, como decían los medios de información dominantes. Y ahora, como detalla la copresidente del PYD Asya Abdullah, lo que se requiere es un «corredor» para romper el sitio que los terroristas del califa Ibrahim imponen a Kobane.

Los tejemanejes del sultán Erdogan

Ankara, mientras tanto, parece querer prolongar una política de «muchos problemas con nuestros vecinos».
Para el ministro de Defensa turco, Ismet Yilmaz, «la principal causa del Emirato Islámico es el régimen sirio». Y el primer ministro turco Ahmet Davutoglu –quien inventó la difunta doctrina de «cero problemas con nuestros vecinos» para comenzar– ha subrayado repetidamente que Ankara solo intervendrá con tropas en el terreno en Kobane para defender a los kurdos si Washington presenta un «plan post-Asad».
Y luego existe un personaje que desborda la realidad: el presidente turco Tayyip Erdogan, conocido también como el sultán Erdogan.
Los edictos del sultán Erdogan son bien conocidos. Los kurdos sirios deberían combatir contra Damasco bajo el mando de esa ficción de mala muerte, el Ejército Libre Sirio, reconstituido (que debe ser entrenado, precisamente, en Arabia Saudí); deberían dejar de lado cualquier idea de autonomía; deberían aceptar dócilmente la solicitud turca de que Washington cree una zona de exclusión aérea sobre Siria y también una frontera «asegurada» en territorio sirio. No es sorprendente que tanto el PYD como Washington hayan rechazado esas demandas.
El sultán Erdogan se ha propuesto reactivar el proceso de paz con el PKK y quiere conducirlo desde una posición de fuerza. Hasta ahora su única concesión ha sido permitir que los peshmergas kurdos iraquíes entren en el norte de Siria como contrapeso de las milicias de PYD-PKK e impedir de esa manera el fortalecimiento de un eje kurdo antiturco.
Al mismo tiempo, el sultán Erdogan sabe que el EI/ISIS ya ha reclutado hasta 1 000 dueños de pasaportes turcos y que la cantidad sigue aumentando. Su pesadilla adicional es que la mezcla ponzoñosa que destruye «Siraq» se extienda tarde o temprano poderosamente dentro de las fronteras turcas.

Cuidado con esos bárbaros a las puertas

Los terroristas del califa Ibrahim ya han telegrafiado su intención de masacrar y/o esclavizar a toda la población civil de Kobane. Y sin embargo Kobane, per se, no tiene ningún valor estratégico para el Emirato Islámico/ISIS (es lo que el propio secretario de Estado de Estados Unidos John Kerry dijo la semana pasada; pero luego, predeciblemente, se retractó). Sin embargo, la muy persuasiva comandante del PYD es plenamente consciente de la amenaza del Emirato Islámico/ISIS.
Kobane no es esencial en comparación con Deir ez-Zor (que tiene un aeropuerto que abastece al Ejército Árabe Sirio) o Hasakeh (que tiene campos petrolíferos controlados por los kurdos con la ayuda del Ejército Árabe Sirio). Kobane no tiene aeropuerto ni campos de petróleo.
Por otra parte, la caída de Kobane generaría una inmensa y adicional publicidad positiva a la muy hábil empresa del califa Ibrahim ampliando la percepción de un ejército victorioso, especialmente entre los nuevos potenciales reclutas, con pasaportes de la Unión Europea, así como estableciendo una sólida base muy cerca de la frontera turca.
Esencialmente, lo que el sultán Erdogan está haciendo es combatir tanto a Damasco (a largo plazo) como a los kurdos (a mediano plazo) mientras realmente deja vía libre (a corto plazo) al Emirato Islámico/ISIS. Y sin embargo, más adelante, el periodista turco Fehim Tastekin tiene razón; el entrenamiento de los inexistentes rebeldes sirios «moderados» en la democrática Arabia Saudita solo conducirá a la «paquistanización» de Turquía. Un remix del escenario que tuvo lugar durante la yihad afgana de la década de 1980.
Por si esto no fuera bastante confuso, en un cambio del terreno de juego –y revirtiendo su dogma «terrorista»– Washington mantiene ahora un acuerdo cordial con el PYD. Y eso plantea un dolor de cabeza adicional al sultán Erdogan.
Este toma y daca entre Washington y el PYD todavía existe. Sin embargo algunos hechos sobre el terreno lo dicen todo: más bombardeos estadounidenses, más lanzamientos desde el aire de Estados Unidos, incluyendo grandes lanzamientos fracasados en los que las nuevas armas acaban en manos de los terroristas del califa Ibrahim).
No hay que olvidar un hecho clave. En cuanto el PYD fue más o menos “reconocido” por Washington, el jefe del PYD, Saleh Muslim, fue a reunirse con el astuto líder del gobierno regional del Kurdistán de Irak, Masud Barzani. En esa ocasión el PYD prometió «compartir el poder» con los peshmergas de Barzani en el gobierno de Rojava.
Los kurdos sirios que fueron obligados a abandonar Kobane y a exiliarse en Turquía, y que apoyan al PYD, no pueden volver a Siria. Pero los kurdos iraquíes pueden ir y volver. Este sospechoso acuerdo fue negociado por el jefe de inteligencia del gobierno regional del Kurdistán de Irak, Lahur Talabani, quien se lleva muy bien con Ankara.
Esto arroja más luz sobre el juego de Erdogan: quiere que los peshmergas, feroces enemigos del PKK, se conviertan en la vanguardia contra el Emirato Islámico/ISIS y que de esa manera se debilite la alianza PYD/PKK. Una vez más, Turquía usa kurdos contra kurdos.
Washington, por su parte, está manipulando Kobane para legitimar completamente –utilizando una vena “humanitaria” R2P (Responsabilidad de proteger)– su cruzada contra el Emirato Islámico/ISIS. Nunca se recuerda suficientemente que todo el asunto comenzó por una andanada de sesgo de Washington sobre la preparación por el espurio y fantasmal grupo de Jorasán de un nuevo 11-S. Jorasán, como era de esperar, desapareció por completo del ciclo noticioso.
A largo plazo, el tejemaneje estadounidense es una seria amenaza para el experimento de democracia directa en Rojava, que Washington solo puede interpretar como –¡Dios nos libre!– un retorno del comunismo.
Por lo tanto Kobane es ahora un peón crucial en el despiadado juego que manipula Washington, Ankara e Irbil. Ninguno de esos actores quiere que el experimento de democracia directa de Kobane y Rojava tenga éxito, se expanda y comience a conocerse en todo el Sur Global. Las mujeres de Kobane corren un peligro mortal de ser, si no esclavizadas, cruelmente traicionadas.
Y el asunto se vuelve todavía más siniestro cuando la acción del Emirato Islámico/ISIL en Kobane se ve, esencialmente, como lo que realmente es: una maniobra de distracción, una trampa para el gobierno de Obama. En realidad los terroristas del califa Ibrahim apuntan a la provincia Anbar en Irak –que ya controlan en gran parte– y el crucial cinturón de Bagdad. Los bárbaros están a las puertas, no solo de Kobane, sino también de Bagdad.

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