jueves, 4 de mayo de 2017

ELECCIÓN PRESIDENCIAL EN FRANCIA: Un debate muy revelador


Si hacemos el esfuerzo de ver el debate previo al voto de la segunda vuelta de la elección presidencial francesa en función de lo que supuestamente tenía que haber mostrado –o sea, no los programas sino las personalidades de los dos candidatos–, el debate de este 3 de mayo resultó muy revelador: los franceses se disponen a elegir como presidente para los próximos 5 años a un brillante actor que ni siquiera se interesa en ellos.

En los debates previos a la segunda vuelta de la elección presidencial francesa, los dos candidatos tradicionalmente renunciaban a la retórica de campaña y asumían una postura de posible presidente. Su objetivo no era tanto explicar una vez más su visión de Francia sino más bien mostrar sus capacidades personales para conformar un equipo, mantener la sangre fría y defender el interés general.

No fue eso lo que sucedió este 3 de mayo de 2017. Marine Le Pen y Emmanuel Macron se enzarzaron en una riña apenas digna de dos vendedores ambulantes, prolongando así ante las cámaras la lucha que ya había marcado sus respectivas campañas.

Esta incontrolable violencia verbal demuestra, a mi memoria de elector, que existe en este momento una fractura sin precedente en la sociedad francesa. Este diálogo de sordos entre sus líderes sólo puede terminar con los electores yéndose a las manos. Se hace cada vez más evidente que Francia será en los próximos años teatro de graves enfrentamientos callejeros, de una revolución o, incluso, hasta de una guerra civil.

Todos conocemos bien el diagnóstico: de un lado, gente acomodada, que trabaja en el sector terciario –o sea, en el sector de los servicios (comercio, hotelería, administración y servicio públicos, turismo, finanzas, ocio, etc.)–, que vive en las zonas centrales de los grandes centros urbanos, consumidora de espectáculos y de animaciones culturales; del otro lado, habitantes de los barrios periféricos o de las zonas rurales, carentes de servicios públicos… y carentes también de perspectivas de futuro. Está también, por supuesto, la gran cantidad de gente que se sitúa entre esos dos polos… y que teme caer en el segundo.

Según la señora Le Pen, sus electores son las víctimas de una disolución progresiva de la Nación y de la República en eso que ha dado en llamarse la globalización. Según el señor Macron, sus electores, al enriquecerse, se han convertido en los vencedores de la modernidad y son, por consiguiente, el ejemplo a seguir.

Los telespectadores, aturdidos por la violencia del debate del 3 mayo, no observaron las cualidades que mostró cada uno de los candidatos.

Marine Le Pen se mostró liberada de su educación de extrema derecha, simultáneamente maternal y severa. Como abogada, se mostró preocupada por la justicia social y puso su talento al servicio de la «Francia de abajo». Carece de la agilidad intelectual que le permitiría brillar en los salones parisinos pero sí mostró una gran capacidad para entender con claridad las situaciones, eliminando instantáneamente el falso brillo y las elucubraciones.

Emmanuel Macron es una mente superior, mucho más inteligente que su rival, a menudo encantador, a veces cortante. Es un hombre de teatro, domina el arte de crear la ilusión. Es una personalidad narcisista, a menudo mal intencionado, desprovisto de escrúpulos e incapaz de sentir remordimiento. Se dedicó a burlarse de su adversaria asumiendo la posición del caballero impoluto que se enfrentaba a una especie de hijo travesti de un monstruo nazi.

Al término de esta larga campaña, incluyendo este último debate televisivo, es probable que el señor Macron resulte electo por la coalición que conforman la «Francia de arriba» y los que viven con la esperanza de pasar a ser parte de ella. Pero nada permite anticipar cómo van a desarrollarse las elecciones legislativas de junio. La lógica según la cual los franceses deberían garantizar una mayoría parlamentaria al presidente que acaban de elegir podría estrellarse contra el despertar de las fuerzas derrotadas en la primera vuelta de la elección presidencial. Así que no hay que excluir la posibilidad de que el encanto se rompa mucho más rápido que lo previsto y que Emmanuel Macron –si resulta electo– se vea obligado de inmediato a tratar de negociar con los derrotados.

En todo caso, tanto si un Macron presidente logra mantenerse solo en el poder como si gobierna asociándose a lo que quede de la formación sucesora de la UMP [el actual partido Los Republicanos] y del agonizante Partido Socialista, lo cierto es que el abismo que ya separa las dos Francia –«la Francia de arriba» y «la Francia de abajo»– seguirá haciéndose cada vez más profundo y más ancho. Los ciudadanos que realmente quieran defender el interés general, o sea la República, no tendrán otra solución que organizarse para resistir, probablemente tras la jefa electa de la oposición, Marine Le Pen, y prepararse para ejercer el poder. Tendrán que admitir por fin que ya no es hora de cortesías fuera de lugar y que la cólera también está en marcha.

Thierry Meyssan

¿Y por qué Trump bombardeó Sheyrat?


A pesar de las apariencias, la administración estadounidense, lejos de comportarse de forma errática, está tratando de fijar el marco de su política exterior. El presidente Donald Trump está negociando con un representante del Estado Profundo, la estructura que gobierna Estados Unidos desde el 11 de septiembre de 2001. Y parece que han llegado a un acuerdo cuyos detalles están todavía por precisar. Varios miembros de la administración aclararían la nueva política exterior de la Casa Blanca a fines de mayo, ante una comisión del Congreso.

En el momento del ataque estadounidense contra la base aérea siria de Sheyrat, hice notar que aquella acción no era más que una farsa y que el secretario de Estado la había utilizado para presionar a sus aliados europeos y obligar al verdadero organizador de la agresión contra la República Árabe Siria –el Reino Unido– a mostrar su rostro. Hoy se sabe un poco más al respecto.

El presidente Trump, enfrentado simultáneamente a la oposición de la clase dirigente y la del Estado Profundo estadounidense, utilizó el ataque contra la base siria de Sheyrat para «restaurar la credibilidad» (sic) de la Casa Blanca.

En el verano de 2013, el presidente Obama, acusó a Siria de haber utilizado armas químicas y de haber cruzado así una «línea roja». Pero Obama no decidió tomar “represalias”, incluso se escudó en el Congreso para no hacerlo. Su impotencia fue entonces particularmente evidente ya que, en virtud de la «Syrian Accountability Act» –la declaración de guerra que el Congreso había adoptado contra Siria en 2003–, Obama podía haber bombardeado ese país sin pedir la opinión de los congresistas.

Al acusar a Siria de haber utilizado armas químicas, esta vez en Khan Cheikhun, y bombardeándola de inmediato, Donald Trump no buscaba otra cosa que dar prueba de la «credibilidad» que había faltado a su predecesor.

Sabiendo perfectamente que Siria no era culpable –ni en el verano de 2013, ni ahora en Khan Cheikhoun–, el presidente Trump se las arregló para que el Ejército Árabe Sirio supiera de antemano que la base iba a ser atacada y tuviera tiempo de evacuarla.

A continuación, Trump inició negociaciones con el Estado Profundo estadounidense –o al menos con uno de sus voceros, el senador John McCain. Un representante de Israel, el también senador [estadounidense] Lindsey Graham, participó en las discusiones.

Por supuesto, los europeos se sorprenderán mucho al enterarse de que Donald Trump tuvo que comportarse como un vulgar «señor de la guerra» para reafirmar su posición como presidente de un Estado miembro de la ONU. No estaría de más que tuviesen en mente el excepcional contexto actual en Estados Unidos, donde el Estado Profundo se compone fundamentalmente de militares y, sólo de forma secundaria, de civiles.

Según nuestras informaciones, el presidente Trump aceptó al parecer renunciar –al menos por ahora– al desmantelamiento de la OTAN y de su versión civil –la Unión Europea. Esa decisión implica que Washington sigue –o finge seguir– considerando a Rusia como su principal enemigo. Por su parte, el Estado Profundo estadounidense parece haber aceptado renunciar a seguir apoyando a los yihadistas y haber abandonado a la aplicación del plan británico de las «primaveras árabes».

Para sellar ese acuerdo, dos personalidades provenientes de las filas de los neoconservadores entrarían próximamente en la administración Trump y se encargarían de dirigir la política hacia Europa: 

Kurt Volker, el director del McCain Institute (universidad del Estado de Arizona), sería nombrado director de Eurasia en el Departamento de Estado. Volker es un ex juez militar y fue embajador del presidente Bush Jr. ante la OTAN durante la guerra de Georgia –en agosto de 2008. 
Tom Goffus, uno de los asistentes del senador McCain en la Comisión senatorial a cargo de las fuerzas armadas, sería nombrado asistente adjunto del secretario de Defensa a cargo de Europa y de la OTAN. Goffus es un oficial de la US Air Force y ya desempeñó ese tipo de funciones bajo la jefatura de Hillary Clinton y en el Consejo de Seguridad Nacional.

En cuanto a Siria, ese acuerdo –si ambas partes llegan a ratificarlo– debería poner fin a la guerra de Estados Unidos contra la República Árabe Siria. Pero la guerra podría continuar por iniciativa del Reino Unido y de Israel, respaldados por sus aliados –Alemania, Arabia Saudita, Francia, Turquía, etc.

Poco a poco sigue reduciéndose el grupo de los llamados «Amigos de Siria», que en 2012 llegó a reunir 130 países y organizaciones internacionales. Hoy sólo quedan 10.

Thierry Meyssan

Trump: dos pasos adelante y un paso atrás


Mientras la prensa internacional describe el gran cambio de rumbo de Donald Trump, Thierry Meyssan nos muestra que el nuevo presidente de Estados Unidos vocifera y bombardea, pero pone especial cuidado en no dar pasos irreversibles.

El radical cambio de retórica del presidente Trump sobre el conjunto de su política exterior llegó acompañado del bombardeo contra la base aérea siria de Sheirat y el uso de una bomba gigantesca contra una montaña afgana.

El mundo tembló ante esa exhibición de fuerza: 59 misiles Tomahawk utilizados en Siria y una megabomba GBU-4/B3 en Afganistán. Pero la base aérea de Sheirat reiniciaba sus operaciones al día siguiente del ataque mientras que la «Madre de todas las bombas» ciertamente provocó el derrumbe de 3 salidas de un túnel natural, pero –también ciertamente– no destruyó los cientos de kilómetros de pasadizos subterráneos que los ríos han perforado con el tiempo en la montaña. En resumen, mucho ruido para nada.

Esas dos operaciones estaban destinadas, evidentemente, a convencer al Estado Profundo estadounidense de que la Casa Blanca enarbola nuevamente la política imperial. Y ese fue el efecto que tuvieron en Alemania y Francia. La canciller Angela Merkel y el presidente Francois Hollande aplaudieron al amo y llamaron a acabar con Siria de una vez. La sorpresa vendría de otra parte.

El Reino Unido no se limitó a seguir la corriente. Su ministro de Exteriores, Boris Johnson, propuso adoptar sanciones contra Rusia, según él cómplice de los «crímenes» sirios y de alguna manera responsable de la resistencia afgana, además de muchas otras cosas.

En la reunión de ministros de Exteriores del G7, Johnson anunció la anulación de su viaje a Moscú e invitó a todos sus socios a romper sus relaciones políticas y comerciales con Rusia. Pero sus homólogos, aunque aprobaron la iniciativa británica, mantuvieron una prudente reserva. Por su parte, el secretario de Estado Rex Tillerson descartó claramente la absurda proposición de Johnson y mantuvo su propio viaje a Moscú. Con el mayor aplomo, Johnson dijo entonces que los europeos habían dado a Tillerson un mandato para que hiciera entrar en razones a los rusos.

El protocolo internacional prevé que un ministro que visita otro país es recibido por su homólogo, no por el jefe de Estado local, pero la prensa atlantista presentó la recepción de Tillerson por parte de su homólogo ruso Serguei Lavrov como indicio de un enfriamiento de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia. Sin haber tenido aún tiempo de saludar a su invitado, Lavrov fue interrumpido a gritos por una periodista estadounidense. Recordándole enérgicamente las reglas de cortesía, el ministro ruso se negó a responderle antes de haber cumplido lo que establece el protocolo.

El encuentro, a puertas cerradas, entre Lavrov y Tillerson duró más de 4 horas, lo que parece mucho tiempo para dos personas que no tenían nada que decirse. Los dos ministros solicitaron después una audiencia al presidente Vladimir Putin, que los recibió por espacio de 2 horas más.

Al término de ambos encuentros, los ministros dieron una conferencia de prensa y aseguraron, muy serios, que sólo habían tomado nota de sus divergencias. Serguei Lavrov incluso mencionó a los periodistas el peligro que esta ruptura significaba para el mundo.

Pero al día siguiente, el mismo Lavrov indicaba, al dirigirse a la prensa rusa, que había llegado a un acuerdo con su visitante. Y dijo que Washington se había comprometido a no atacar nuevamente al Ejército Árabe Sirio y que Moscú había decidido restablecer la coordinación militar entre el Pentágono y las fuerzas armadas rusas para evitar incidentes aéreos en el cielo de Siria, coordinación que la parte rusa había suspendido a raíz del ataque estadounidense contra la base aérea siria.

En resumen, la administración Trump vocifera clamando su poderío y bombardea. Pero teniendo a la vez mucho cuidado en no cometer nada irreparable. Lo peor y lo mejor siguen siendo posibles.

Thierry Meyssan

Los franceses hunden su propio barco

Estamos siendo testigos de un viraje histórico en Francia, donde el antiguo espectro político vuela en pedazos y está apareciendo una nueva fractura. Abrumados por la intensa propaganda mediática que inunda su país, los franceses han perdido las referencias esenciales y se empeñan en ver líneas rojas que ya ni siquiera existen, a pesar de que los hechos son muy claros y de que ciertas evoluciones son perfectamente previsibles.

Celebración privada en el restaurante parisino La Rotonde. Considerado ya como nuevo presidente de Francia, e incluso felicitado como tal, el aún candidato Emmanuel Macron recibe jefes de las empresas que se cotizan en la Bolsa de París y personalidades del mundo del espectáculo justo después de anunciarse el resultado de la primera vuelta de la elección presidencial. Aquí aparece conversando con su amigo, el banquero Jacques Attali.


Después de una campaña electoral tremendamente agitada, los franceses eligieron a Emmanuel Macron y Marine Le Pen para disputar la segunda vuelta de la elección presidencial.

En este momento, y es un hecho que está lejos de ser casual, ya casi todos los candidatos ahora eliminados, exceptuando a Jean-Luc Melenchon, han llamado a sus electores a votar por Macron, quien debería por tanto alcanzar fácilmente la victoria.

Los dos grandes partidos históricos que habían gobernado Francia desde los inicios de la Quinta República –el ahora llamado Les Républicains (ex gaullistas) y el Partido Socialista (el antiguo partido de Jean Jaures)– han sido derrotados y una formación de nueva creación –llamada En Marche!– aparece en el escalón más alto de esta primera vuelta para disputar la segunda contra la candidata del Frente Nacional (FN).

¿Hay realmente un candidato del fascismo?

No es la primera vez que se produce en Francia este tipo de situación: de un lado, un partidario de la alianza con el país que parece ser la primera potencia del momento –Estados Unidos– y del otro, un movimiento en busca de la independencia nacional; de un lado, todo el conjunto de la clase dirigente, sin grandes excepciones, y del otro, un partido mucho menos homogéneo, que se compone masivamente de proletarios provenientes, en dos terceras partes, de la derecha mientras que la otra tercera parte proviene de la izquierda.

Todo indica que el futuro presidente de Francia será por tanto Emmanuel Macron, un ex cuadro del banco Rothschild & Cie, que ahora cuenta con el respaldo de todos los patrones de las empresas que se cotizan en la Bolsa de París.

Sin embargo, a pesar de todo lo que afirman los prejuicios profundamente anclados en las mentes, la principal característica de los partidos fascistas es… el apoyo unánime que reciben de los poderes financieros.

Esa unanimidad del gran capital viene siempre acompañada de una “unidad de la Nación” que borra todas las diferencias. Para ser iguales, tenemos que hacernos idénticos. A eso dio inicio el presidente saliente Francois Hollande, en 2012-2013, con su ley del «Matrimonio para todos». Esa ley fue presentada como algo que establecería la igualdad entre todos los ciudadanos, independientemente de la orientación sexual de cada cual, cuando en realidad planteaba de facto que las parejas homosexuales y las parejas con hijos tienen las mismas necesidades. Pero había otras soluciones más inteligentes. La oposición a esa ley dio lugar a grandes manifestaciones, que desgraciadamente no planteaban ningún tipo de proposiciones y en las que a veces aparecieron consignas homófobas.

De idéntica manera, en respuesta a la matanza perpetrada en los locales del semanario humorístico Charlie-Hebdo se impuso la consigna «Je suis Charlie!» [¡Yo soy Charlie!], y quienes osaban declarar «Yo no soy Charlie» fueron incluso enviados a los tribunales.

Es muy triste comprobar la ausencia de reacción de los franceses ante la unanimidad del gran capital y la manera perentoria en que se les conmina a recurrir a los mismos dispositivos jurídicos, a profesar las mismas convicciones y a repetir los mismos eslóganes. Así que hoy se obstinan en considerar que el actual Frente Nacional es «fascista», sin otro argumento que el ya lejano pasado de esa formación política.

¿Es posible la resistencia ante el candidato del fascismo?

La mayoría de los franceses creen que Emmanuel Macron será un presidente al estilo de Sarkozy o de Hollande, que seguirá la política de sus dos predecesores. Estiman, por consiguiente, que Francia está llamada a seguir decayendo cada vez más y se resignan a aceptar esa maldición creyendo evitar así la amenaza de la extrema derecha.

Muchos recuerdan que, en el momento de su creación, el Frente Nacional reunía en su seno a los perdedores de la Segunda Guerra Mundial y de la política socialista de colonización de Argelia. Se concentran en la presencia en esa organización de unos cuantos personajes que colaboraron con el ocupante nazi, lo cual les impide ver que el Frente Nacional de hoy no tiene absolutamente nada que ver con esos individuos.

Los franceses se obstinan en ver al entonces subteniente Jean Marie Le Pen –el padre de Marine, la hoy candidata a la presidencia– como responsable de los terribles abusos que Francia cometió en Argelia mientras que exoneran de su enorme responsabilidad histórica a los dirigentes socialistas que trazaron la política colonialista de Francia en aquel país del norte de África, principalmente al terrible ministro francés del Interior de aquella época, Francois Mitterrand, quien años más tarde habría de convertirse en presidente de Francia bajo la etiqueta del Partido Socialista.

Nadie recuerda hoy que en 1940 fue un ministro fascista, el general Charles De Gaulle, quien rechazó el vergonzoso armisticio entre Francia y la Alemania nazi. Considerado entonces como el sucesor oficial del mariscal Philippe Petain –que incluso era el padrino de su hija–, De Gaulle se lanzó solo en la creación del movimiento de resistencia. Luchando contra su propia educación y sus prejuicios, poco a poco reunió a su alrededor –en contra de su antiguo mentor– a franceses de todos los horizontes y tendencias para defender la República Francesa. En esa lucha adoptó como aliado a Jean Moulin, una personalidad de izquierda que años antes había desviado fondos del ministerio de Marina y contrabandeado armas para ayudar a los republicanos españoles en su lucha contra los fascistas.

Nadie parece recordar hoy que un colega de De Gaulle, Robert Schuman, firmó el vergonzoso armisticio entre Francia y la Alemania nazi. Años después, ese mismo Robert Schuman fundó la Comunidad Económica Europea (CEE), la actual Unión Europea, una organización supranacional basada en el modelo nazi del «Nuevo Orden Europeo», en aquel entonces dirigida contra la Unión Soviética y actualmente contra Rusia.

El modelo Obama-Clinton

El ex presidente estadounidense Barack Obama ya expresó públicamente su apoyo al candidato Emmanuel Macron, quien a su vez se ha rodeado de un equipo de política exterior que incluye a los principales diplomáticos neoconservadores y no oculta su respaldo a la política exterior del Partido Demócrata estadounidense.

En Estados Unidos, el demócrata Barack Obama presentó su política exterior utilizando una retórica diametralmente opuesta a la de su predecesor, el republicano George Bush. Pero en la práctica, Obama sólo siguió –en todos los aspectos– los pasos de las administraciones de Bush hijo. Al igual que el republicano Bush Jr., el demócrata Obama aplicó el mismo plan de destrucción contra las sociedades del Medio Oriente ampliado, plan que ya ha causado más de 3 millones de muertes. Emmanuel Macron apoya esa política, sólo habrá que esperar un poco para saber si la justifica hablando de «democratización» o de «revolución espontánea».

En Estados Unidos, Hillary Clinton perdió la carrera por la presidencia, pero en Francia Emmanuel Macron tiene las mayores probabilidades de ganar la segunda vuelta y convertirse así en presidente de la República.

Nada demuestra que Marine Le Pen sea capaz de asumir el papel que Charles De Gaulle desempeñó en el pasado, pero sí son seguras 3 cosas: 

Al igual que en 1940, cuando los británicos no tuvieron otra opción que acoger a De Gaulle en Londres, los rusos de hoy apoyarán a la señora Le Pen. 
Al igual que en 1939, cuando fueron pocos los comunistas que –en contra de las orientaciones de su partido– se unieron a la resistencia, hoy son pocos los partidarios de Jean-Luc Melenchon que darán ese paso. Pero hay que recordar que, a partir de la agresión nazi contra la URSS, todo el Partido Comunista respaldó a De Gaulle y sus militantes fueron mayoría en las filas de la resistencia francesa. No cabe duda de que, en los próximos años, Melenchon y la señora Le Pen acabarán en el mismo bando. 
Emmanuel Macron nunca podrá entender a los hombres y mujeres que oponen resistencia a las fuerzas que tratan de imponer su dictado a su patria. Así que no podrá entender tampoco a los pueblos del «Medio Oriente ampliado», que siguen luchan por su verdadera independencia alrededor del Hezbollah libanés, de la República Árabe Siria y de la República Islámica de Irán.

Thierry Meyssan

miércoles, 3 de mayo de 2017

Venezuela y Estados Unidos: pulseada por el petróleo


Estados Unidos es, por lejos, el país de todo el mundo que consume la mayor cantidad de petróleo.

Entre su enorme parque industrial, la inconmensurable cantidad de vehículos particulares y medios masivos de transporte que movilizan a su población y el monumental aparato militar de que dispone (más su reserva estratégica, calculada en 700 millones de barriles), su consumo diario de oro negro ronda los 20 millones de barriles. Quien le sigue, la República Popular China, llega apenas a la mitad de esa cifra: unos 10 millones de barriles diarios.

Esa cantidad monumental de hidrocarburos la produce el mismo país en su subsuelo: aproximadamente el 60 % de ese petróleo sale del mismo Estados Unidos. De hecho, es uno de los más grandes productores mundiales de ese producto. Pero tanto es su consumo, que el 40 % de lo que quema diariamente proviene de fuentes externas. Contrariamente a lo que la percepción generada por los medios de comunicación puedan hacer creer, de este total de petróleo importado, la mayor parte no viene de Medio Oriente y el Golfo Pérsico (que aporta un 35% de las importaciones) sino del Hemisferio Occidental (65 %): Canadá, México, Colombia, Brasil, Ecuador y Venezuela. De hecho, este último provee alrededor de un 12 % de lo que se consume en la potencia norteamericana.

El interés prioritario del gobierno de Estados Unidos por mantener bajo control el Medio Oriente, África y Latinoamérica radica en las reservas petrolíferas que allí se encuentran (más otras reservas estratégicas, como gas, agua dulce, determinados minerales, biodiversidad de las pluviselvas tropicales). Venezuela, para su desgracia, posee las más grandes reservas petrolíferas del mundo, al menos de las conocidas hasta ahora.

¿Por qué para su desgracia? Por dos motivos: el primero (que no es el del interés prioritario en el presente análisis, pero que no puede soslayarse), porque durante todo el siglo XX la existencia de esta riqueza llevó a impulsar un capitalismo rentista que impidió un desarrollo armónico, equilibrado y sostenible en el tiempo. De hecho, este recurso natural generó una aristocracia petrolera que vivió parasitariamente por décadas, sin producir ninguna otra cosa que burocracia, al lado de grandes mayorías paupérrimas, quitándole al país la posibilidad de impulsar una industria propia, e incluso un agro autosuficiente.

Esa cultura rentista-urbana ayudó a despoblar las áreas rurales creando ciudades como Caracas, verdaderos monstruos urbanísticos que dieron cobijo a miles y miles de desplazados internos que venían en busca del paraíso de esta supuesta bonanza económica que traía el “dinero fácil”, pero que no sirvió más que para crear un sociedad bastante disfuncional, plagada de Miss Universos y adoración por Miami y el despilfarro, pero sin base de sustentación genuina más allá de los petrodólares, junto a barriadas populares paupérrimas añorando alguna migaja del famoso “derrame”. Esa cultura rentista que se extendió por décadas, hedonista incluso, dio como nefasto resultado no producir más alimentos sino contentarse (¿enorgullecerse?) con importarlos. La seguridad alimentaria es una condición mínima e indispensable para la autonomía de un país; y Venezuela, tierra tropical sumamente fértil, pese al flujo interminable de divisas provenientes del petróleo, nunca la logró. Años de proceso bolivariano no han conseguido terminar con la dependencia del oro negro (aproximadamente la mitad de su ingreso sigue siendo la cuenta petrolera).

Pero el segundo motivo por el que hablar de desgracia para la suerte de los venezolanos es el estar asentados sobre una reserva fabulosa. Por lo pronto, los petróleos bituminosos de la Franja del Orinoco aseguran abastecimiento, al ritmo mundial actual de consumo, por lo menos para 50 años más.

La estrategia imperial de Washington sabe que necesita petróleo para el mantenimiento de su “american way of live” (léase: consumo desenfrenado, que no cesa a pesar de la crisis que se vive desde el 2008). Ese consumo necesita en forma creciente del petróleo. El capitalismo, pese a saber de la catástrofe ecológica que este modelo de desarrollo suscita, no puede parar en su voracidad, dado que en su arquitectura interna necesita del oro negro como savia vital. “Así como los gobiernos de los Estados Unidos [y otras potencias capitalistas] necesitan las empresas petroleras para garantizar el combustible necesario para su capacidad de guerra global, las compañías petroleras necesitan de sus gobiernos y su poder militar para asegurar el control de yacimientos de petróleo en todo el mundo y las rutas de transporte” (James Paul, en el informe del Global Policy Forum).

La cultura del petróleo, que no es sino decir “el capitalismo”, se alimenta de este producto de manera imprescindible. Van indisolublemente asociados. El Socialismo del Siglo XXI no pudo (no quiso, no supo) cambiar esa tendencia.

La desgracia para Venezuela es que las reservas de petróleo que no están bajo suelo estadounidense, para Washington es como si estuvieran. Dicho de otra forma: la prosperidad de la principal potencia capitalista necesita esas reservas al costo que sea. Eso explica la volatilidad suprema del Medio Oriente, con un Israel que juega el papel de “sucursal hiper armada” de Estados Unidos (con poder nuclear no declarado oficialmente), las continuas e interminables guerras en África sub-sahariana, y la agresividad sin par demostrada contra Caracas. ¿Por qué? Porque ahí está parte del reaseguro de esa forma de vida (irracional e irresponsable) que generó el capitalismo. Que la degradación ambiental generada por los gases del efecto invernadero negativo producto de la quema de petróleo nos estén ahogando, al capitalismo no le importa. Business are business.

Venezuela, con su Revolución Bolivariana iniciada con Hugo Chávez, no es, en sentido estricto, un país socialista donde terminó de una vez el capitalismo. Así como no lo son –o son procesos complejos, confusos a veces– otros modelos sociales populares y nacionalistas que han tenido o están teniendo lugar en Latinoamérica en estos últimos años, que le hacen alguna cosquilla al capitalismo o al imperialismo: Brasil con el PT, Argentina con Kirchner o Fernández, Bolivia con Evo Morales, Ecuador con Correa. En la Franja del Orinoco, en Venezuela y en el medio de la Revolución Bolivariana, siguen operando compañías multinacionales privadas, que repatrían ganancias a sus casas matrices, como las estadounidenses Chevron/Texaco o la Exxon/Mobil, la británica British Petroleum, la anglo-holandesa Royal Dutch Shell, la francesa Total, la argentina Pérez Companc, la española Repsol. De hecho, el gobierno bolivariano fijó en un 50% de lo facturado las regalías que esas empresas deben pagar al Estado venezolano.

Entonces, si las multinacionales petroleras no han cerrado su negocio en Venezuela, y aún con esa alta carga impositiva continúan operando muy felices, ¿por qué esta agresividad tan grande de Washington hacia la Revolución Bolivariana?

El analista político colombiano-venezolano Ramón Martínez lo dice claramente: “Hay una intención de la derecha internacional de detener cualquier proceso de democratización popular, de avance hacia planteos sociales que le den protagonismo a los trabajadores, por lo que se hace cualquier cosa para detener esos cambios, tal como vemos que se está realizando en Venezuela (…). La idea es sacar de en medio cualquier proceso que se plantee soberanía nacional. Sabemos que ninguno de estos son gobiernos socialistas en sentido estricto; no son marxistas en sentido clásico, pero sí impulsan mejoras para las grandes mayorías populares. No son gobiernos que llegaron a través de una revolución socialista, pero sí están en contra de las políticas imperiales. Esto le duele a la derecha, y aquí en Venezuela, aunque las grandes empresas mantienen sus negocios, han salido de la dirección política del país. Eso es algo que no perdonan, y por eso mismo el imperio también reacciona”.

Si algo le preocupa a esa geoestrategia de la clase dirigente estadounidense es que no tiene totalmente asegurado el manejo de esa gran reserva de Venezuela (como pareciera que lo sí lo tiene en el Golfo Pérsico). No contar con un gobierno dócil, que se arrodilla mansamente ante su dictado, es una bomba de tiempo. De ahí la obsesión por detener la Revolución Bolivariana a toda costa, primero con Chávez en la presidencia, ahora con Nicolás Maduro.

La estrategia de Washington no repara en nada para lograr su objetivo. En Venezuela, salvo la opción militar, ya ha probado de todo: intento de golpe de Estado, sabotaje petrolero, violencia callejera, desabastecimiento y mercado negro, caos social, desinformación mediática. Desde hace un tiempo se está intentando crear una “crisis humanitaria” generalizada. En realidad, el país no vive la situación caótica que la prensa comercial presenta, pero es sabido –siguiendo al ministro de Propaganda nazi Joseph Goebbels– que “una mentira repetida mil veces termina transformándose en una verdad”, por lo que la matriz de opinión lanzada al público hace de Venezuela un “desastre inhabitable”.

“Venezuela atraviesa un período de inestabilidad significativa el año en curso debido a la escasez generalizada de medicamentos y comida, una constante incertidumbre política y el empeoramiento de la situación económica”, declaró recientemente el Jefe del Comando Sur, el almirante Kurt W. Tidd, en su informe al Comité de Servicios Militares del Senado estadounidense. De ahí que, según la estrategia en marcha, “la creciente crisis humanitaria en Venezuela podría obligar a una respuesta regional”, agregó el funcionario. ¿Habrá que entender eso como “posibilidad de una intervención militar multinacional encabezada por la OEA”? No sería impensable, sabiendo el papel (triste y lamentable) jugado por ese organismo regional, “Ministerio de Colonias de Washington”, como lo llamara el Che Guevara.

Es más que claro que hay un plan trazado en las altas esferas decisorias de Estados Unidos para intervenir en Venezuela, según puede desprenderse de ese largo historial de sabotajes y agresiones, y también según lo que puede leerse en un documento que circula en la red: “Plan para intervenir a Venezuela del Comando Sur de Estados Unidos: Operación Venezuela Freedom-2”, firmado por su titular, el almirante Kurt W. Tidd, fechado en febrero de 2016. Perder esas estratégicas reservas petroleras no entra en su lógica de dominación.

El supuesto “caos” y la insoportable y vergonzosa “crisis humanitaria” que viviría el país caribeño, en realidad no son tales. Son producto de esa interesada y artera manipulación mediática que prepara condiciones para acciones políticas (¿o militares?). En ese sentido, y con la más absoluta energía, debe denunciarse el plan en juego y pedirse (exigirse) el total respeto a la soberanía de la República Bolivariana de Venezuela.

¿Por qué no hay hoy un Movimiento masivo del NO a la Guerra?


Corría inicios de 2003. En la política internacional predominaba el debate sobre cuál sería el futuro del líder iraquí Saddam Husein.

Tras el, más que discutido hoy pero no en su momento atentado del 11 de Septiembre de 2001, el líder republicano y Presidente de los Estados Unidos George Bush hijo, inició su apuesta por el unilateralismo en el escenario internacional. Una estrategia que se activó con la invasión de Afganistán justificando Bush que según el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas el ataque al ser un derecho a la legítima defensa no necesitaba la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU.

El debate sobre Irak dividía al Consejo de Seguridad Permanente de la ONU en dos frentes. Estados Unidos y su socio histórico, el Reino Unido, y por otro lado Francia, Rusia y China que se oponían a la intervención militar y apostaban por los informes de los inspectores internacionales quienes negaban que Sadam Hussein tuviera armas de destrucción masiva. Aún sí, Estados Unidos y su estrategia unilateral presentó desprestigiando a los inspectores "pruebas" acusando a Hussein de tener esas armas. La dicotomía unilateralismo Vs multilateralismo se hizo evidente en la comunidad internacional, y el mismo Consejo de Seguridad de la ONU y su Secretario General Kofi Annan sufrieron una pérdida de legitimidad.

Desde Enero de 2003 hasta el 20 de marzo del mismo año, en medio de ese conflicto diplomático internacional sobre la intervención militar, millones de personas salieron a las calles gritando "No a la Guerra". En países donde los gobiernos apoyaron la injerencia militar sin aprobación institucional por parte de los organismos internacionales, como el caso de España donde el Presidente José María Aznar se alío con Blair y Bush en el Trío de las Azores fracturando la Unión Europea, como en las zonas más lejanas de América Latina, Asia o África. Una manifestación contra la Guerra el 15 de febrero de 2003 se asentó en las páginas del libro Guinness de los Records con la experiencia de Roma como la protesta antibélica más multitudinaria de la histórica con 3 millones de personas. En suma, protestas en 800 ciudades de todo el mundo que movilizaron a más de 30 millones de personas.

14 años después, ¿dónde está esta multitud pacifista?, ¿dónde están esos 30 millones?, ¿por qué se manifestaron contra la Guerra de Irak y hoy no se manifiestan contra la Guerra de Libia, Siria, Ucrania, Yemen o las tensiones por la injerencia de Estados Unidos en Corea del Norte?, ¿donde está esa opinión pública antibelicista?

Sin desprestigiar ese momento pacifista de 2003 es necesario analizar por qué fue tan masivo en aquel momento. No es malo analizar los alimentos que dan buen sabor de boca pero a veces no son tan saludables. Los movimientos sociales y la opinión pública son fenómenos sociales que surgen de unas necesidades, materiales o ideales, concretas en un momento específico, pero su multiplicidad o potenciación necesita unos canales de alimentación. Y ahí entran esferas de poder que ponen en duda la total autonomía de los mismos movimientos.

Comparando el 2003 de Irak con la situación actual, desde la Crisis Humanitaria en Yemen, el caso de los Refugiados de Siria o Libia, o el pánico a una guerra nuclear con Corea del Norte, vivimos actualmente un contexto más alarmante pero de mayor parsimonia en el movimiento No a las Guerra. Hoy no salen músicos, actores, escritores, docentes, o autoridades de la caduca socialdemocracia europeísta (ejemplo como el PSOE), manifestándose como si lo hicieron contra la Guerra de Irak.

Para entender esta paradoja hay que descifrar la falta de independencia de muchos, no todos, movimientos sociales masivos. Una de las diferencias esenciales en la Guerra de Irak y los conflictos bélicos actuales es la posición de muchos gobiernos. Mientras en Francia, Alemania, y otros países de la Unión Europea los gobiernos decían No a la Guerra de Irak - en el fondo no por sus intenciones humanitarias sino por sus intereses económicos ya que empresas petroleras nacionales tenían contratos firmados con Hussein para explotar petróleo una vez se levantasen sanciones de la ONU- hoy son los mismos que intervienen directa e indirectamente en conflictos armados internacionales como Siria o Yemen. Los intereses económicos que perseguían en Irak las multinacionales francesas y alemanas, entre otras, estaban disfrazados de valores como Paz, Democracia, Libertad, y por ello era necesario potenciar la movilización social e impactar en la opinión pública para intentar evitar el unilateralismo de los Estados Unidos. No era por salvar muertes de niños y niñas en Irak, los mismos que hoy mueren en Siria, sino para no perder sus contratos petroleros.

Una parte de la población europea, pacifistas, progresistas, humanistas, antiimperialistas, salieron a la calle como activistas de Derechos Humanos, pero la llamada a millones de personas a manifestarse fue gracias a las instituciones creadoras de opinión pública; los medios de comunicación. La mayoría de medios de comunicación son privados y los públicos muchas veces más que estatales son gubernamentales. El seguimiento de estos medios de comunicación a las movilizaciones contra la Guerra de Irak no han sido de la misma magnitud contra la Guerra de Siria o Yemen. Los intereses privados de las empresas en Irak, más el asociacionismo con la clase política disfrazada de humanitaria, hizo finalmente que los medios de comunicación dieran voz a los movimientos sociales para escucharse el NO a la Guerra.

14 años después, podemos ver de manera comparativa como la élite económica y política mediante sus medios puede alimentar o ahogar a un movimiento social. El impacto de los medios de comunicación en el movimiento pacifista ya fue analizado en la Guerra de Vietnam, donde una comunicación más transparente y democrática, sin censura y grabando desde el mismo campo de batalla con duras pero reales imágenes, hizo nacer en Estados Unidos un movimiento masivo contra la Guerra. Hoy no solo se censura, y se manipula esas realidades, sino que se decide cuando un movimiento social debe tener publicidad para sumar nuevos activistas puntuales.

Actualmente, la elite de la Unión Europea está cada vez más sumisa a Estados Unidos en su política internacional, sin apostar por el multilateralismo que defienden socios del Consejo de Seguridad de la ONU como China o con la enfrentada vecina Rusia que solo beneficia a Estados Unidos. E incluso apoyando el unilateralismo de Donald Trump hoy, que tanto se criticó a George Bush de 2003, la hace padecer una pérdida de soberanía supranacional en defensa de sus intereses particulares. De esta manera, la población europea sufre hoy la pasividad frente a todo el escenario violento.

Si un oscuro interés económico hubo en Europa por el No a la Guerra de Irak, más interés hay hoy por el Si a la Guerra de Yemen, Ucrania, Siria, Libia, Somalia, o Corea del Norte, con la diferencia de que en el segundo contexto se provocan miles de muertes. Hoy más que nunca hay la necesidad de debatir y construir la gran importancia de la independencia del Movimiento Social Contra las Guerras, dado el yugo ideológico que sufre por parte de los poderes económicos y mediáticos. Una independencia para enfrentar el crecimiento de la industria armamentística, y su impacto internacional, por parte de los Estados Unidos y los países de la OTAN.

Escrito por Anibal Garzón

Sayyed Nasralá: Lo que sucede en la Guta Oriental muestra quien es la alternativa al gobierno sirio


Con motivo de una ceremonia organizada por Hezbolá en conmemoración de los heridos y mutilados de guerra de la Resistencia, el secretario general de Hezbolá, Sayyed Hassan Nasralá, pronunció un discurso donde trató varios temas de actualidad del Líbano y la región.

He aquí las ideas principales del discurso:

Al principio de mi discurso quiero felicitaros a todos por estos días benditos del mes de Shaaban, en el que nacieron nuestros grandes líderes de la epopeya de Kerbala, es decir, el Imam Husain, el Imam Ali al Sayyad, Abu al Fadl al Abbas así como Ali, el hijo mayor del Imam Husain que sucumbió junto con él. Y esto sin olvidar el nacimiento del Imam Mahdi, que vamos a festejar próximamente.

Es un mes bendito en el que las oraciones y las súplicas nos permiten preparar el advenimiento del mes bendito de Ramadán.

Y no fue por casualidad que hayamos elegido desde hace algunos años este mes para celebrar el Día de los Veteranos de Guerra Heridos y Discapacitados de la Resistencia Islámica. Es un día bien merecido para ellos teniendo en cuenta los sacrificios que han hecho en esta vía …

Gracias a vuestras heridas y mutilaciones grandes éxitos han sido logrados. Además de la recompensa de Dios en el Más Allá, hay grandes recompensas para vosotros en esta vida.

Vuestros sacrificios han permitido lograr victorias de un gran valor: la liberación del sur del Líbano, la liberación de los presos en las cárceles israelíes, el restablecimiento de la seguridad, sobre todo en las regiones del sur que han sufrido durante mucho tiempo los abusos y las agresiones israelíes …

Uno de los grandes logros es haber impuesto la ecuación de disuasión y el haber abortado el proyecto del Gran Israel en 2000 y el del Gran Oriente Medio en 2006.

El segundo conjunto de éxitos está relacionado con la lucha contra el terrorismo takfiri.

Las zonas fronterizas aseguradas

A partir de ahora, y con excepción del campo de Arsal, todas las zonas fronterizas del Sur, del Norte y del Este están enteramente aseguradas en el plano militar. Ya no hay zonas o localidades en manos de grupos armados. En el plano de la seguridad, ellos han sufrido derrotas muy importantes porque ya no tienen talleres donde puedan fabricar coches bomba o preparar sus atentados.

Estos éxitos se inscriben en el marco de la ecuación Ejército-Pueblo-Resistencia. Ellos se pueden ver en los resultados obtenidos y que la gente los puede palpar directamente.

Estos resultados han sido logrados gracias a los sacrificios inmensos de nuestros combatientes. No está permitido ya ningún intento de quebrantar nuestra seguridad y estabilidad.

El paro, el padre de todos los males

En el tema local, el primer punto que quiero abordar es la Fiesta de los Trabajadores, a los que envío mis mejores deseos.

Es una tradición que estos trabajadores se manifiesten en esta ocasión para recordar al gobierno cuáles son sus derechos y reivindicaciones.

Ante todo, hace falta hablar del desempleo, que sufre el Líbano y muchas regiones en el mundo. Es el problema más peligroso de todos y que no admite demora y precisa de soluciones lo más rápidas posibles, puesto que da lugar a la pobreza, problemas familiares, divorcios, enfermedades y a delitos como robos, crímenes, la colaboración con el enemigo, el tráfico de drogas etc. El desempleo es el padre de todos los males.

Este tema debe estar a la cabeza de las prioridades del Estado. La sociedad civil debe contribuir también a solucionar este problema.

Sin embargo, hay que dejar claro que el gobierno es quien asume la responsabilidad de solucionar este problema. Llamo al gabinete a que le conceda una alta prioridad.

Pedimos al ejecutivo libanés que cree una comisión oficial integrada por varios especialistas encargados de hallar un arreglo a esta cuestión del empleo. Esta comisión debe estudiar soluciones que hayan mostrado su eficacia en cualquier parte del mundo.

Hezbolá no quiere imponer su ley electoral

La segunda parte de los temas libaneses quiero dedicarla a la ley electoral.

Es una cuestión sensible para numerosas fuerzas políticas o comunitarias y se trata para ellas de una cuestión vital o existencial. Esto es comprensible.

Desgraciamente, cada vez que el Líbano se enfrenta a un dossier espinoso en lugar de reunirnos todos para estudiar el tema con seriedad hay algunos que utilizan estas cuestiones para saldar cuentas políticas.

Durante las pasadas semanas algunos acusaron a Hezbolá de querer imponer la ley de la proporcionalidad.

Sobre esta cuestión todos deben saber que desde nuestra entrada en el Parlamento en 1992, Hezbolá ha defendido una ley electoral basada en la proporcionalidad. Las condiciones eran entonces diferentes, pero nosotros estábamos ya convencidos de que esta ley es la más justa y equitativa y la que mejor permite edificar el Estado libanés.

Me permito aquí hablar en el nombre del dúo shií: Hezbolá y el Movimiento Amal.

Si nos ciñéramos a nuestros intereses partidistas y comunitarios, entonces ninguna ley, ya fuera mayoritaria, proporcional, mixta, confesional u otra nos causaría ningún perjuicio.

Pero nosotros abordamos esta cuestión desde un punto de vista nacional, que permita el establecimiento de un estado libanés completo donde todo el mundo esté presente y en el que podamos elegir al presidente, los diputados y servir los intereses del Líbano de la mejor forma posible.

Ésa es la razón por la que hemos optado por la proporcionalidad.

Estamos dispuestos a poner de manifiesto sus ventajas a todas las fuerzas políticaas y a dar garantías. No deseamos imponer nada ni por medio de manifestaciones y mucho menos por medio de las armas.

No queremos imponer ni la ley proporcional ni cualquier otra.

No empujéis al Líbano hacia el abismo

Cuando dije que este tema es de vital importancia para algunos, he dicho que hay que entender esto, ya que algunas comunidades en el Líbano están preocupadas por la situación que prevalece a nivel regional y eso es por lo que quieren garantías …

Pero hay que decir que los cristianos y drusos son los que sienten el mayor temor, lo que puede estar relacionados con la disminución de su número en la región …

No podemos hacer frente a esta situación imponiendo una ley que es rechazada por toda una comunidad o una gran mayoría, y que considera que esta ley elimina su peso político.

Eso es por lo que llamamos al entendimiento, a las negociaciones y a hacer ciertas concesiones.

Nosotros, que hemos reclamado siempre la democracia por consenso no queremos imponer ninguna ley a ninguna comunidad libanesa. Queremos trabajar noche y día para llegar a un compromiso.

Y hace falta poner fin a esta cuestión, a la espera de lo que suceda el 15 de mayo (fecha de expiración del mandato parlamentario), El tiempo es corto y el país está al borde del precipicio. No lo empujemos dentro de él.

De no encontrar una ley, todas las otras opciones son malas, la prórroga del Parlamento, la ley del 60 o el vacío institucional.

Todos debemos asumir nuestra responsabilidad y no culpar a otros. Esto no ayuda a nadie si la casa está en llamas. No hay que bromear con un caso así y hay que actuar con la seriedad requerida.

Debemos ser modestos y estar dispuestos a hacer concesiones para lograr juntos un compromiso.

Los detenidos palestinos ¿Acaso no son árabes?

En lo que respecta a la coyuntura en la región, quiero detenerme en la batalla por la libertad y la dignidad llevada a cabo por 1.500 presos palestinos a través de la huelga de hambre.


Apoyamos y expresamos nuestra plena solidaridad con esta medida, que es un acto de resistencia para defender unas reivindicaciones que son del todo legítimas.

Pero me gustaría que extrajésemos las lecciones.

Israel cierra los ojos ante esta huelga de hambre y la denigra. Sin embargo, las reivindicaciones de los presos no tienen nada que ver con la liberación de Palestina, sino que consiste en demandas para arreglar su situación en tanto que detenidos.

Los israelíes apuestan por el cansancio de los detenidos palestinos y no se puede esperar nada mejor de ellos …

Pero ¿dónde están los regímenes árabes? ¿Dónde están los pueblos árabes? ¿Dónde están la Liga Árabe, Occidente, las Naciones Unidas y el Consejo de Seguridad? ¿Dónde están todos cuando entramos en los 16 días de la huelga?

Durante la conmemoración de los líderes de los mártires, algunos me criticaron por decir que los regímenes árabes han asegurado el que la causa palestina quede totalmente olvidada. Pero eso es obvio …

Si esta huelga estuviera ocurriendo en un país no asociado con Occidente y EEUU y no sometido a sus dictados y su proyecto, el mundo se rebelaría …

Pero en este caso, el implicado es Israel, el niño mimado de los EEUU, la base militar de Occidente en la región.

Netanyahu tiene las manos libres y todo el tiempo que quiera para hacer y deshacer a voluntad …


Nada bueno procede de la “comunidad internacional”


En 2003 en Iraq, los grupos terroristas takfiris llevaron a cabo miles de ataques terroristas y asesinatos casi a diario y el mundo no pronunció ni una palabra, sabiendo quien protegía a estos grupos terroristas y quien los financiaba y apoyaba.

Porque hacía falta hacer cualquier cosa para someter al pueblo iraquí …

Es lo mismo que ocurre en Yemen en los últimos dos últimos años. El secretario general de la ONU dijo que la hambruna amenaza a millones de yemeníes. Sin embargo, todo el mundo sabe quién está detrás de esta hambruna causada por el bloqueo a Yemen. Todo el mundo sabe que Arabia Saudí y sus aliados buscan matar de hambre al pueblo yemení.

Y todo ello porque Arabia Saudí es un aliado de los EEUU y Occidente y está dispuesto a pagar miles de millones de dólares y ahora Trump quiere más de ese país.

Y el pobre pueblo yemení no tiene todo ese dinero para reclamar que cesen de bombardearlo y someterlo a una hambruna.

En Siria, ha habido últimamente una masacre contra los habitantes que han sido evacuados de dos localidades (lealistas), Al Fuaa y Kefraya, en el paso de Rashidin. Un kamikaze decidió hacerse explotar entre los civiles, mujeres y niños.

Y ¿qué dice el mundo? Nada.

Junto con el Estado sirio, nosotros fuimos garantes de la seguridad de las personas evacuadas tanto de las dos comunidades leales como de las localidades en poder de los militantes. Si alguien hubiera cometido alguna acción en contra de estos últimos evacuados, un rayo hubiera caído por parte de las instituciones internacionales y las potencias occidentales …

Cada día que pasa trae una gran cantidad de evidencias sobre este doble rasero …

Por el contrario, cuando en Jan Sheijun, el gobierno sirio fue acusado de cometer un presunto ataque químico, cualquier solicitud para formar una comisión de investigación dirigida a averiguar quién cometió este crimen fue rechazada. Desde los primeros momentos, EEUU se erigió como el fiscal y el juez para acusar al gobierno sirio, y todos los demás siguieron su ejemplo: Turquía, Francia …

Y esto por el hecho de que el señalado aquí no es su agente o colaborador, sino un antagonista al que hace falta someter a cualquier precio …

Lo mismo sucede en Bahrein, donde miles se reúnen todos los días alrededor de la vivienda de su líder religioso, Sheij Isa Qassem, a quien se privó de su nacionalidad y que espera su expulsión de un momento a otro por el solo motivo de haber pedido reformas políticas para democratizar el país. Y nadie reacciona.

No hay nada bueno que esperar de la “comunidad internacional”: no hay justicia ni equidad ni dignidad ni ningún derecho ni ninguna verdad …

Si nuestra tierra fue liberada, si nuestros detenidos fueron puestos en libertad, si la seguridad fue restablecida, esto no fue debido a la ONU ni a la comunidad internacional ni a las potencias occidentales.

Esto fue exclusivamente debido a la lucha y los sacrificios que habéis realizado, a vuestra sangre que regó nuestra tierra y a vuestros cuerpos que sangraron sobre la tierra.

No desesperéis nunca por el hecho de que no se nos otorgue ninguna compasión y ninguna solidaridad. Ellos son nuestros enemigos y los otros son sus secuaces, dedicados al servicio de su proyecto hegemónico en nuestra tierra.

El saqueo de las riquezas del mundo árabe tomará proporciones aún mayores en el futuro próximo.

Vivimos en un mundo de lobos, donde no hay ley, donde el fuerte se traga a los débiles.

Debemos ser fuertes para que el mundo nos respete. Ahí es cuando vamos a ser influyentes en las ecuaciones e intereses. Para que se nos tenga en cuenta todo depende de nuestra fuerza, nuestra presencia y la unidad de nuestro pueblo.

Guta Oriental: Mirad la alternativa al gobierno sirio

Voy a terminar con los recientes acontecimientos y luchas fratricidas que tienen lugar en la Guta Oriental, en Damasco, entre el Yaish al Islam, por un lado, y el Frente al Nusra y Failaq al Rahman, por otro.

La zona se ha convertido en un verdadero campo de batalla

Vemos fuertes combates en los que se utilizan todo tipo de armas, asaltos y detenciones, ejecuciones sumarias, cadáveres quemados …

Y luego está el discurso mediático y religioso transmitido por estos grupos, que se acusan mutuamente con las palabras más viles y se repudian entre sí …

Recordad tambiuén lo que pasó en Idleb entre Ahrar al Sham y el Frente al Nusra.

Imaginad lo que habría ocurrido en Siria si estos grupos hubieran logrado derribar el poder y desmantelar el Ejército. ¡Qué desastre se hubiera abatido sobre ese país y sobre el Líbano! Todos seríamos arrastrados a un engranaje de guerras civiles interminables.

Ellos se matan entre sí aunque todos ellos están asediados y no tienen ni gobierno, ni ministerio de economía ni recursos que repartirse.

Son esos grupos a los que los regímenes árabes y los países occidentales han querido presentar como una alternativa al gobierno sirio.

Imaginad que suerte habría sido reservada para nosotros, los libaneses, si ellos hubieran logrado entrar en el Líbano.

La Resistencia no permitirá nunca que el Estado sirio sea derrocado

El EI toma a las gentes, incluyendo a los sunníes, como escudos humanos y les prohíbe salir de las regiones que controla.

Hacemos frente a grupos que no otorgan ningún valor a la vida humana, que no respetan ninguna ley, ni civil ni religiosa ni humana.

Son los musulmanes sunníes los que más padecen a causa de ellos, como lo que sucede en la Guta Oriental.

Quiero decir que Hezbolá está más persuadido que nunca, así como su base popular, de que hemos hecho la buena elección, a pesar de las voces recalcitrantes y los mensajes que nos llegan a través de los medios.

Estamos convencidos, todos nosotros, de que nuestra elección fue correcta y en el momento oportuno.

Cuando hablé de la victoria en Siria es en el sentido de que cada momento en ese país es uno de victoria, puesto que aquellos que han luchado y resistido nunca permitirán que se derroque al gobierno sirio, que se disuelva el Estado sirio o se disloque al Ejército sirio.

Se trata de un gran triunfo, uno que se realizó con la ayuda de aliados y amigos, incluso aunque todavía no es definitivo.

Hay grandes áreas en las que el pueblo sirio ha reanudado su vida normal.

Podemos ver lo que el EI y grupos similares hacen en Siria, en Yemen, en Iraq, en el Sinaí, en Nigeria o en otras partes.

A aquellos que creen que Hezbolá se va a retirar de Siria, les decimos que nosotros en Hezbolá ni siquiera necesitamos un discurso de movilización, tal es el nivel de conciencia dentro de nuestra base. Comprobad que todos mis discursos sobre esta crisis son analíticos y no tienen un tono de movilización.

“El capitalismo es poder, no economia”

La frase pertenece al dirigente kurdo Abdullah Öcalan, extraída del segundo tomo del Manifiesto por la Civilización Democrática, que tiene como subtítulo La Civilización Capitalista. La era de los dioses sin máscara y los reyes desnudos. La obra, cuya traducción al español verá la luz estos días, forma parte de la defensa del líder kurdo, preso en la isla Imrali, en el mar Negro, en Turquía. El pensamiento de Öcalan es insumiso, no se somete a jerarquías prestablecidas ni acepta dogmas universales. Es el tipo de pensamiento que necesitamos en este periodo de caos sistémico, ya que las ideas heredadas están mostrando escasa utilidad para orientarnos en la tempestad.


De su reciente libro quisiera destacar tres aspectos, aunque no son suficientes para agotar el conjunto de los aportes de la obra. El primero es su crítica frontal al economicismo, una de las peores plagas intelectuales que están parasitando a los movimientos anticapitalistas. Inicia ese capítulo con un potente análisis sobre la propuesta evolucionista que defiende el nacimiento del capitalismo como resultado natural del desarrollo económico. Como se sabe, quienes postulan esa tesis piensan también que el fin del capitalismo será producto de la misma evolución de la economía que lo trajo al mundo. Por el contrario, Öcalan afirma que el capitalismo es hijo de una tradición muy antigua, que se afirma en el poder militar y político para usurpar los valores sociales, hasta convertirse en la formación social dominante en Europa en el siglo XVI. Entre los valores sociales usurpados, destaca la mujer-madre por el hombre-fuerte y el grupo de bandidos y ladrones que le acompañan.

Criticar al economicismo supone, en la misma línea, la crítica del evolucionismo, sea lineal o por saltos. Una sencilla afirmación hecha luz sobre este tema: En las guerras coloniales, donde se realizó la acumulación originaria, no hubo reglas económicas. Se enfoca contra la economía política, a la que considera la teoría más falsificadora que fue creada para encubrir el carácter especulativo del capitalismo.

A lo largo de toda su obra, pero en especial en los apartados sobre el capitalismo, se apoya en Fernand Braudel, con quien coincide en señalar que es la negación del mercado por la regulación de precios que imponen los monopolios.

En este punto aparece el segundo aspecto a destacar, cuando sostiene que el capitalismo no se identifica con la producción ni con el crecimiento económico, porque no es economía. El capitalismo es poder, no economía, asegura Öcalan. Es evidente que existe una economía capitalista, pero el sistema capitalista es un monopolio de poder que se impone desde fuera a la economía, según sostiene en este capítulo esclarecedor. El capitalismo utiliza la economía, pero es el poder, la fuerza concentrada, lo que le permite confiscar el plusvalor y los excedentes.

En consecuencia, considera que la obra principal de Marx, El Capital, funciona como un nuevo tótem que ya no es útil para los trabajadores, porque delimita el capitalismo al terreno de las leyes de la economía, un punto que comparten todos los reformismos desde hace mucho tiempo.


El tercer aspecto que me parece importante es considerar al Estado-nación como la forma de poder propia de la civilización capitalista. Un breve paréntesis: dice civilización capitalista porque la considera en su integralidad, incluyendo todas las variables articuladas, desde la economía y la cultura hasta la geopolítica y la sociedad. En consecuencia, dice que la lucha anti-estatal es más importante que la lucha de clases; y esto es una suerte de golpe al mentón para quienes nos formamos en Marx. Por eso mismo, afirma que es más revolucionario el trabajador que se resiste a ser proletario, que lucha contra el estatus de trabajador, porque esa lucha sería socialmente más significativa y ética.

En las páginas finales de este tomo afirma que los conflictos en realidad surgen entre conjuntos sociales; entre la sociedad estatal y las sociedades democráticas. En suma, el Estado es uno de los nudos a desatar, no el espacio de llegada de la lucha social.

Va más lejos. Sostiene Öcalan que Estado y poder son cosas diferentes, que el poder contiene al Estado, pero es mucho más que el Estado. En este punto advierte que el pensamiento antisistémico está necesitando investigar a fondo las formas de Estado y en particular el Estado-nación, temas que Marx no pudo o no quiso abordar.

Rechaza la toma del Estado porque pervierte a los revolucionarios y piensa que la crisis del movimiento antisistémico no puede desligarse de la opción estatal. También rechaza el concepto de hegemonía. “La esencia de la civilización estatal –escribe Öcalan– es la hegemonía sobre la sociedad”. Pero la hegemonía implica poder y éste supone dominio, que no puede existir sin el uso de la fuerza.

Es muy interesante que llegue a esta conclusión en franca oposición a pensadores como Gramsci, recuperado por toda una camada de intelectuales progresistas que hacen malabarismos teóricos para separar poder de dominación. Los monopolios de poder (Estados) así como los monopolios económicos (privados o estatales) se imponen sobre la sociedad y la asfixian. Por eso hay que alejarse de esas formas de relación social.

Al final, se comprendió que detentar el poder era lo más reaccionario del capitalismo, contra la igualdad, la libertad y la democracia, pero ya se había producido un importante retroceso, era la misma enfermedad histórica por el poder que había sufrido el cristianismo, escribe en las Conclusiones. Un pensamiento crítico, anticapitalista, anti-estatal y anti-patriarcal centrado en Medio Oriente, formulado desde la resistencia a sus poderosos enemigos.

Es imposible vencer con las armas del enemigo, nos dice Öcalan. Sin embargo, esta sencilla convicción no puede ser aceptada, sin más, como verdad revelada: cada generación deberá descubrir sus verdades con base en la propia experiencia. Por doloroso que sea.

Autor: Raúl Zibechi
Fuente: La Jornada

Erdogan: el hombre-bomba


Un ataque planificado. Eso ocurrió en la madrugada de este martes cuando los aviones cazas de las Fuerzas Armadas turcas bombardearon el norte de Siria -incluida la zona de Shahba que recibió fuego de artillería-, y la región de Shengal y las montañas de Qandil -en el Kurdistán iraquí-.

En medio de los bombardeos, nuevamente surgen preguntas sobre las razones del constante asedio militar del gobierno de Recep Tayyip Erdogan contra las poblaciones kurdas. También se acrecientan los interrogantes sobre el rol de las principales potencias (Rusia y Estados Unidos) implicadas en el conflicto sirio, teniendo en cuenta que ambos países respaldan militarmente a las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS), que forman parte de la Federación del Norte de Siria.

Apuntar algunas hipótesis y hechos recientes pueden despejar dudas sobre una situación que, por más que parezca profundamente compleja, se enmarca en la pretensión hegemónica del Estado turco, a lo que se suma su negación, desde la concepción de la República en 1923, de otros pueblos y nacionalidades que habitan dentro y fuera de sus fronteras.

– Luego del triunfo del “Sí” en el referéndum que permite modificar la Constitución de Turquía, Erdogan reforzó su política de represión interna y conquista externa (en este caso hacia el norte de Siria). Aunque el propio gobierno turco reconoció que el triunfo no fue por la diferencia esperada (apenas un poco más de 1 por ciento), Erdogan y su partido, AKP, redobló la idea-fuerza de auto-declararse con derechos a intervenir en Siria e Irak.

-Otra consecuencia del referéndum es que, pese a que el “No” fue derrotado, tanto el pueblo kurdo del sudeste de Turquía como sectores de la izquierda y el progresismo turco (y hasta espacios de derecha al interior de los partidos clásicos MHP y CHP), hicieron sonar con fuerza sus voces y críticas a una reforma que, consideran, destruiría las últimas estructuras en pie de la República turca. La militancia del Partido Democrático de los Pueblos (HDP), que reúne a kurdos y a otras nacionalidades, demostró durante la campaña por el “No” que mantiene una fuerza social difícil de quebrar, pese a los centenares de arrestos, asesinatos a sangre fría, prohibiciones y, en los casos más extremos, la destrucción por parte del Ejército turco de ciudades enteras, como fue el caso de Nusaybin.

-¿Por qué el Estado turco bombardea, de forma planificada, el norte de Siria? Erdogan y sus ministros han dejado en claro hace bastante tiempo que, de ninguna manera, aceptan el proceso político y social que se desarrolla en esa zona fronteriza con Turquía. Para la ideología islamo-derechista del AKP es inaceptable que un conjunto de pueblos construyan una sociedad inclusiva, donde se respeten las diferentes religiones, en la cual las mujeres son la vanguardia del cambio, la organización social a través de comunas suplante al Estado-nación y la economía (pese a la destrucción de la guerra) se intente articular en cooperativas. El gobierno de Erdogan sabe que esa experiencia del norte de Siria se encuentra latente en el sudeste de Turquía, donde la mayoría kurda viene experimentando, aunque la represión estatal crece día a día, cambios estructurales, sociales y de conciencia similares.

-¿Por qué Turquía también bombardea Shengal? Al igual que en el norte de Siria, en la región de Shengal, de mayoría kurdo-yezidí, los pobladores declararon su autonomía, instituyeron sus fuerzas de autodefensa (YBS/YJS) y abrazaron la construcción de una sociedad democrática. Erdogan, aliado indiscutido de Masud Barzani (presidente “vitalicio” del Kurdistán iraquí y líder del Partido Democrático de Kurdistán –PDK-), sabe que los logros alcanzados por los yezidíes contradicen un plan que siempre se encuentra latente: declarar la independencia del Kurdistán iraquí, instituirlo como Estado-nación, y sellar todavía más la alianza entre el AKP y el PDK, sumado que en ese territorio se encuentran las principales reservas de petróleo que posee Irak. Por esta razón, si en un principio los ataques contra los yezidíes fueron perpetrados por el Estado Islámico (ISIS o Daesh), en marzo pasado las agresiones estuvieron encabezadas por los Peshmergas (las fuerzas militares de Barzani) y ahora, en forma abierta y clara, por la aviación turca.

-Lo ocurrido en Shengal tuvo, hasta ahora, una respuesta y una revelación. Por un lado, las YBS/YJS emitieron un comunicado en el que afirmaron que “utilizarán su derecho a la defensa frente a los ataques”. “Todos estos ataques son una continuación del genocidio del Estado turco en alianza con el ISIS perpetrados en Shengal el 3 de agosto de 2014”, recordaron las YBS/YJS. Por otro lado, la agencia de noticias ANF confirmó que las coordenadas para que la aviación turca bombardeara Shengal fueron enviadas por el PDK y los Peshmergas. Durante el ataque, cinco peshmergas fueron ultimados, pero el partido de Barzani calificó este hecho como “un error” en medio de los bombardeos. Y como si fuera poco, el PDK acusó al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) por generar una situación que permitió los ataques. Sobre este tema viene bien una posdata: YNK, Goran, la Unión Islámica y el Movimiento Islámico, todos partidos del Kurdistán iraquí, emitieron un comunicado donde repudiaron los bombardeos y responsabilizaron a Turquía por lo ocurrido. Además, criticaron al PDK porque la organización de Barzani había legitimado los ataques.

-El factor ISIS: sin dudas, una de las principales razones de los ataques turcos tienen que ver con el retroceso en el terreno que viene sufriendo la organización terrorista dirigida por Abu Bakr Al Baghdadi. Y el Estado turco, por si todavía alguien no lo sabe, es el principal aliado de Daesh junto a Arabia Saudí. Las pruebas sobre la ayuda turca a ISIS es variada y muchas de esas evidencias fueron presentadas en Naciones Unidas. El Estado Islámico se encuentra a punto de perder su capital, Al Raqqa, en el norte de Siria, y apenas resiste en Mosul, la segunda ciudad en importancia de Irak y con cuantiosas reservas de crudo. No sería extraño que 2017 fuera el año de la completa derrota militar de Daesh. Esto no quiere decir que deje de existir, porque el peligro más grande de este grupo es su ideología, basada en el wahabismo, la corriente más conservadora y retrógrada dentro del Islam sunita. En un comunicado difundido este martes, la Unión de Comunidades del Kurdistán (KNK) denunció que “el Estado turco tiene como objetivo prevenir la operación (hacia) Al Raqqa” que encabezan las FDS y “aliviar la presión sobre ISIS”. “No es casualidad que este ataque se produjera después de que el ministro de Defensa turco dijo que impedirán el funcionamiento de las FDS en Al Raqqa”, advirtieron desde el KCK. A su vez, desde la organización explicaron que Turquía busca “evitar una derrota de ISIS en Al Raqqa y el norte de Siria, y que toda esa región pase a estar controlada por las fuerzas socialistas democráticas”. Por su parte, el diputado del HDP, Lezgin Botan, sintetizó una verdad voces: la “coalición del AKP con Daesh ahora está fuera de toda duda”, escribió en su cuenta Twitter. Y agregó que Turquía ataca a los kurdos “para rescatar aDaesh, que está en una situación difícil en Al Raqqa”.

-¿Qué dicen Rusia y Estados Unidos sobre el múltiple ataque turco? Hasta ahora, poco y nada. Tanto Moscú como Washington tienen en claro el poder regional que ejerce Turquía (su Ejército es el segundo en importancia dentro de la OTAN). Ambos países vienen pujando para que el gobierno de Ankara les responda. Desde Rusia, después de superar crisis y restablecer relaciones, intentan que Erdogan detenga su injerencia en Siria y, con esa posibilidad, estabilizar a un país aliado de Moscú para su política exterior. Desde la Casa Blanca no quieren que Turquía se escape de su órbita porque, más allá de las rispidecez con el gobierno de Barack Obama, Ankara es un socio fundamental, al mismo nivel que Arabia Saudí. El alerta sobre el silencio de las potencias fue dado desde el Kurdistán sirio. Salih Muslim, co-presidente del Partido de la Unión Democrática (PYD), afirmó que “sin que la Coalición (encabezada por Washington) lo aprobara, Turquía no habría lanzado esta operación, sus aviones no habrían despegado en la región”. Al mismo tiempo, desde las fuerzas de autodefensa kurdas demandaron a la Coalición que intervenga para detener los ataques turcos y que sólo con declaraciones no alcanza. El portavoz de las YPG, Redur Xalil, que visitó el lugar de los ataques acompañado de un oficial estadounidense, afirmó que “las YPG no permanecerán en silencio frente a este ataque y por lo tanto, se reservan el derecho a defenderse y vengar a sus mártires”. Xalil también aseveró que la Coalición “tiene una enorme responsabilidad y debe asumir su deber de proteger esta zona ya que somos compañeros en la lucha contra el Estado Islámico”. Mark Toner, portavoz el Departamento de Estado, expresó que el gobierno de Donald Trump estaba “preocupado” por los bombardeos y que Turquía no había coordinado el ataque con la Coalición. El funcionario de la Casa Blanca dijo que “entendía” que para Turquía el PKK era “una amenaza”, pero que esa “lucha” contra la guerrilla, que tiene sus bases en Qandil, no podía “ser en detrimento de nuestro combate común a los terroristas que nos amenazan a todos”. Siguiendo el modelo Obama, la administración Trump busca hacer equilibrio entre todos los factores en disputa, aunque históricamente en los momentos de definiciones profundas, la balanza de Washington se incline hacia la derecha.

Aunque los hechos sean muy recientes y todavía sea apresurado apuntar qué sucederá en el futuro, podemos encontrar, al menos, tres conclusiones que ya se observan.

1- El proceso político y social en el Kurdistán sirio y en Shengal tiene una base sólida, tanto en lo humano como en lo militar, y será muy difícil para el Estado turco derrotar esas experiencias que, además de contar con una profunda solidaridad internacional, muestra la disposición concreta de los pueblos que habitan esas tierras para defender sus vidas, derechos y decisiones.

2- Frente a esto, Erdogan acrecienta minuto a minuto sus políticas represivas internas y externas. Si las potencias mundiales o Naciones Unidos no intervienen con celeridad y fuertes medidas contra la administración de Ankara, el gobierno turco seguirá ignorando los reclamos y críticas y profundizará un modelo de exterminio no sólo hacia los kurdos sino contra los pueblos de Medio Oriente.

3- Aunque lo sucedido en el norte de Siria y en Shengal parezcan hechos lejanos, que no tienen conexión con las problemáticas de América Latina, no lo son. La derecha, en todas sus variantes, acecha países de ambos lados del océano Atlántico. Un fuerte lazo solidario entre las luchas por la libertad, la democracia directa y por un cambio social que haga tambalear las estructuras construidas en más de doscientos años de capitalismo, se convierten, en estos días de urgencias, en una herramienta que la misma historia ha demostrado su eficacia.

Fuente: Kurdistán América Latina