viernes, 9 de diciembre de 2016

El internacionalista Fidel Castro


Fidel Castro ingresó a la Historia como uno de los grandes personajes latinoamericanos de todos los tiempos.

Condujo una revolución que logró consolidarse en las narices del imperio y desde el Gobierno de Cuba desafió a EE.UU. apoyando los esfuerzos revolucionarios latinoamericanos. Puso en jaque a los poderes coloniales y neo-coloniales europeos y estadounidenses al dirigir, desde La Habana, las exitosas expediciones internacionalistas cubanas contra la invasión del sur de Angola por los racistas del apartheidde Sudáfrica y, por el norte, de las tropas de Zaire (ex Congo belga) enviadas a desmembrar esa nación por Mobutu Sese Seko, el títere africano de Europa y EE.UU. que asesinó a Patricio Lumumba. Sangre cubana hizo posible la extinción del régimen segregacionista de Sudáfrica y apoyó las luchas por la independencia de Angola, Argelia, Cabo Verde-Guinea Bissau, Namibia, Zimbabwe (ex Rodhesia) y otras naciones africanas que seguían sometidas al colonialismo europeo y al neocolonialismo, como Etiopía.

Fidel adquirió una estatura política mundial equiparable a la del Che Guevara y Simón Bolívar. Sus hechos políticos y militares quedaron registrados en sus escritos y discursos, entrevistas, libros de memorias e incluso biografías de sus detractores. Su pensamiento y acción mantienen plena vigencia en el siglo 21 y cualquier opinión suya merece titulares de la prensa mundial desde hace más de 50 años. Su liderazgo sobrevivió la agresividad constante de 11 presidentes de EE.UU., desde D. Eisenhower a B. Obama, y supo evadir más de 600 intentos y conspiraciones de asesinato. ¿Cómo se mantuvo al frente de la jefatura del estado de Cuba prácticamente medio siglo? La vigencia del pensamiento político de Fidel Castro sólo tiene el precedente de los grandes líderes continentales de la lucha anticolonial del siglo 19, por ejemplo Bolívar, San Martín, Toussaint Louverture, entre otros.

La vida pública del líder cubano ha sido un libro abierto desde que inició sus actividades políticas en la Universidad de La Habana y comenzó a aparecer en la prensa cubana de fines de la década de los años 40 del siglo 20. Sin embargo, los vacíos de información suelen llenarse con mitos y mentiras, que de tanto repetirse terminan por considerarse “verdades”. Incluso, ciertos autores distorsionan su origen familiar presentándolo como supuesto “hijo bastardo de un latifundista analfabeto”, o especulan sobre su vida privada personal, sus mujeres e incluso sus hijos, tejiendo una telaraña de pretendido misterio.

La vida de Fidel es la historia de la Revolución Cubana, que ha motivado libros y películas, pero aún así muchos aspectos relevantes quedan en la penumbra, la ignorancia o el relleno de la mentira. Las generaciones jóvenes y quienes no conocieron de cerca los hechos históricos que Fidel comenzó a protagonizar en América Latina desde fines de los ‘40 tienen generalmente la visión distorsionada de su historia personal y política, aquella imagen construida por la propaganda estadounidense. Ocultar la verdad o distorsionarla es tarea permanente de los mega consorcios periodísticos y la “industria cultural” estadounidense que penetra a todo el planeta con los bestsellers de una seudo literatura dirigida, el cine tipo Hollywood y la producción de películas de TV-basura de las grandes cadenas corporativas. Esta crónica apenas pretende rasguñar el muro de la desinformación.

El origen 

Fidel Alejandro Castro Ruz fue el tercer vástago de una familia rural de clase media-alta acomodada, fundada en “segundas nupcias” por el emigrante español Ángel María Bautista Castro Argiz. Nacido en el día de San Hipólito y San Casiano, el 13 de agosto de 1926, en Birán, Provincia de Oriente –hoy llamada Granma–, Fidel comenzó a adquirir notoriedad política como dirigente estudiantil cuando cursaba la carrera de derecho en la Universidad de La Habana, donde ingresó en septiembre de 1945.

Pero su mayor proyección internacional como dirigente político de nuevo estilo en América Latina provino de su primer esfuerzo por iniciar una guerra popular contra la dictadura de Fulgencio Batista a partir de la captura del Cuartel Moncada, la segunda fortaleza del ejército del dictador, y otras edificaciones emblemáticas del oriente cubano. A pesar del fracaso de su primer intento, la guerra contra la tiranía de Batista comenzó igual, sólo que un poco más tarde… y culminó con éxito. No sólo se destruyó una dictadura, sino que se creó una nueva sociedad a 150 km del imperio estadounidense.

En la madrugada del 26 de julio de 1953, un grupo de 165 jóvenes comandados por Fidel Castro atacó simultáneamente varios objetivos militares y símbolos del poder en las cercanías de Santiago, en el oriente cubano. El grueso de los combatientes, reclutados personalmente por Fidel, se concentró en asaltar el Cuartel Moncada, sede del regimiento Antonio Maceo. Otras unidades se encargaron del Hospital Civil y del Palacio de Justicia de esa ciudad, mientras otro grupo atacó sincronizadamente el cuartel militar Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, ciudad oriental de tamaño mediano, ubicada cerca de la Sierra Maestra. Para estas acciones militares Fidel reclutó y adiestró a un pequeño ejército de hasta 1.200 jóvenes cubanos.

Si el liderazgo del grupo que asaltó la fortaleza del ejército le dio a Fidel Castro una importante proyección internacional, un impacto mucho mayor provocó su posterior autodefensa –“La Historia me absolverá”– pronunciada el 16 de octubre de 1953, durante el juicio contra los jóvenes rebeldes. Su exposición fue un ensayo incisivo sobre la historia y la realidad presente de Cuba y América Latina, desarrollado de memoria ante los jueces, en incomunicación absoluta y sin libros de historia ni textos jurídicos para consultar. La profundidad de esta alocución lo consagró como un estadista, forjador y conductor de revoluciones.

Reconstruida después en prisión por su propio autor, esta notable y documentada pieza oratoria se difundió rápidamente como un programa de gobierno que se convirtió en un clásico del pensamiento político y un dramático reclamo de libertad comparable al “Reportaje al pie del patíbulo” del periodista checo Julius Fucik, asesinado por los nazis en Berlín, el 8 de septiembre de 1943, o la autodefensa de Jorge Dimitrov cuando fue acusado del incendio del Reichstag perpetrado por el nazismo alemán.

Tras su auto defensa, Fidel siguió haciendo noticia. Bajo la presión de la fama internacional y la solidaridad mundial concitada por el preso político, la dictadura de Batista tuvo que liberarlo de la prisión de Isla de Pinos, el 15 de marzo de 1955, y dejarlo partir al exilio en México. A fines del año siguiente, exactamente el 2 de diciembre de 1956, Fidel reapareció en Cuba al mando de 82 combatientes que navegaron desde México, a bordo del pequeño yate Granma, para dar inicio a la campaña militar que pasaría a la Historia como la guerrilla de la Sierra Maestra. A bordo también llegó a la isla un argentino entonces desconocido, Ernesto Guevara de la Serna, “el Che”. La guerra contra la tiranía desatada por Fidel y sus hombres logró el apoyo del pueblo y, finalmente, la lucha armada erradicó al dictador Fulgencio Batista, quien huyó del país durante la noche de año nuevo del 1º de enero de 1959, dos años y un mes después del desembarco del Granma.

El padre

Cuando llegó a Cuba a cumplir con su servicio militar en el ejército colonial, el joven soldado español Ángel María Bautista Castro Argiz jamás se imaginó que allí engendraría doce hijos y que uno de los nueve que sobrevivieron hasta la edad adulta sería jefe del Estado durante casi medio siglo. El progenitor arribó como recluta hacia 1895, con un poco más de 20 años. Cuba todavía era colonia española y justo comenzaba su segunda guerra por la independencia. 

El joven gallego alcanzó a vivir los últimos estertores del imperio colonial hispano en tierras americanas. Durante un par de años sirvió en la fuerza militar colonial en suelo cubano, pero el ingreso de EE.UU. a la guerra definió rápidamente la suerte de España y Puerto Rico en América y Filipinas en Asia. El futuro padre de Fidel Castro retornó a su país en agosto de 1898, al igual que miles de soldados de la corona española repatriados tras la derrota. La superioridad bélica del naciente imperio estadounidense se impuso rápidamente sobre el gastado colonialismo hispano. Pero el ex conscripto gallego regreso a la isla al año siguiente, exactamente el 4 de diciembre de 1899, día de su cumpleaños número 24. Esta vez no llegó para hacer la guerra sino a construirse un destino. Este regreso fue clave para lo que ocurriría exactamente 60 años después, el triunfo de la Revolución conducida por el hijo del inmigrnte. Por angas o por mangas hechos simples de la vida humana traen consigo grandes sorpresas y parabienes. Cumplida con creces la tarea, el hombre de Birán regresa ahora al terruño oriental.

¿Revolución, contra revolución, equilibrio, tras la muerte de Fidel?


La prensa internacional neocolonial comienza a amenazar a Cuba de los problemas que puede ocasionarle seguir la senda del socialismo que perdura en su seno.

Junto con los titulares occidentales que “denuncian” la represión existente, insisten en la pobreza enorme que agobia a su pueblo y el deseo de cambio. Obviamente del bloqueo no hay mención alguna a las causas, las consecuencias y el martirio de la niñez, juventudes, clase trabajadora, adultez mayor, a causa de este inicuo proyecto.

Las interrogantes aparecen: ¿la muerte de Castro debilitará el gobierno cubano?, ¿Donald Trump acrecentará el bloqueo?, ¿se incrementará o disminuirá la ayuda internacional a la isla?, ¿aumentará la oposición interna?, ¿se mantendrá la campaña mediática acusando al gobierno de ser una dictadura implacable?

Lo primero que se debe afirmar es que el fidelismo no es una corriente personalista simplemente sino una estructura ideológica más fuerte que une la figura del Comandante con la concepción de revolución permanente, logrando un hecho fundamental: que sus ideas trasciendan, lo que corrobora el fenómeno del Che en otra perspectiva heroica. La expresa orden de Fidel en cuanto a no exaltar su nombre en calles, parques, realizar bustos, etc., como parte del culto a la personalidad, demuestra una egregia fundamentación en principios éticos.

Lo segundo, es que Donald Trump debe seguir su discurso agresivo hasta ser nombrado presidente de modo formal, jurídico, y en ese momento hay que iniciar el análisis sobre el terreno de los hechos ya que hasta dicho día sólo tiene la nominación sin poseer el poder de decisión real. Es muy factible que sopese con frialdad los pro y contra de una decisión que agrave el cerco ilegal que se ha perpetrado por Obama y anteriores mandatarios. Por el contrario, con Hillary se sabía claramente su papel guerrerista, continuador del conflicto en Medio Oriente, su rechazo a Irán, su agresividad contra sectores sociales de bajos recursos, entre otras medidas previsibles.

No hay que olvidar que las élites aún intentan nombrar a Clinton por la puerta trasera, o sea, presionando a los electores para no confirmar a Trump, signo de la corrupción en Estados Unidos y que, de llevarse a cabo, provocaría ahora sí una violencia indescriptible de los seguidores del magnate.

En tercer lugar, afortunadamente la cooperación internacional comienza a acrecentarse y es factible que, pese a los castigos comerciales a quien intente negociar con Cuba, se logre paulatinamente superar dicho proceso que atenta contra la salud integral del pueblo isleño, fortaleciendo los pilares comunitarios del socialismo real implementado.

En cuarto lugar, y no menos importante pues hay que ahondar en ello, la oposición interna no se hará efectiva como se desea en los círculos más reaccionarios pues, aunque existe disidencia evidente sus niveles no alcanzan un poder desestabilizador o destructor. Lo que no es óbice para analizar con detenimiento donde están las carencias que la gente aprecia como debilidad del modelo y, por ello, los investigadores deben actuar con razonabilidad previsora en todo momento para resolver las urgencias importantes.

Cabe mencionar para el análisis que la oposición se ha congregado en torno a la Mesa de Unidad de Acción Democrática (MUAD), paradójicamente similar a la Mesa de Unidad Democrática-MUD (organización venezolana que intenta subvertir el orden constitucional), con el fin de potenciar un cambio hacia una democracia participativa y ciudadana, la que proyecta dejar atrás el gobierno socialista en 2018 cuando Raúl Castro entregue la dirección del país. La intervención de EE.UU. es uno de los puntos más importantes de analizar pues desde el gobierno saliente continúa la estrategia de desestabilización a través de la infiltración de capitales para subvertir el orden, financiar a la oposición y desatar campañas mediáticas intensas. No sin razón, la secretaria de Estado adjunta para Asuntos del Hemisferio Occidental de Estados Unidos, Roberta Jacobson, manifestaba reiteradamente su preocupación por los derechos humanos en Cuba, las detenciones políticas y, especialmente, mencionando a las disidentes Berta Soler y Danile Ferrer como casos demasiado graves, información replicada a nivel mundial con el fin de alertar al mundo democrático de “la represión en la dictadura castrista”, según su propia interpretación. Para John Kerry, lo que hace falta en Cuba es una “democracia genuina” similar a la de EE.UU. (sin ahondar en las contradicciones del régimen estadounidense), y en coherencia con las declaraciones políticas de cubanos opuestos que auguran mayor represión con el fallecimiento de Castro, no ceder ningún espacio al gobierno u organizarse para competir en las presidenciales de 2018.

En quinto lugar, la guerra mediática persistirá y se complementará con la generación de condiciones para subvertir el proceso o, por lo menos, incitar a desconfiar, murmurar, destruir, fundamentos básicos del sistema estatal, propiciando descontento laboral, por ejemplo.

La conclusión final es que Cuba, pese al dolor que causa el deceso del Comandante Fidel en muchos países del mundo que recibieron su solidaridad y a su propia ciudadanía, el proceso continuará incólume y realizando las modificaciones que la dialéctica sociopolítica requiera. Seguramente Donald Trump podrá castigar o morigerar el bloqueo, lo que es aún incierto, aunque no podrá afectar la inalterable conciencia del pueblo mismo en su interior.

Es el anhelo de quienes han confirmado la validez de una categoría que contradice al capitalismo en su esencia: la riqueza humana, la alegría, la autodeterminación, la felicidad de ser patriota, son superiores al triste efecto que causa la acumulación del dinero al demostrar que la desigualdad es su expresión máxima.

Fidel desde una mirada islámica


En estos días en que el gran líder cubano ha dejado este mundo se ha desatado un mar de tinta y comentarios acerca de su trascendente personalidad.

No he podido ni he querido sustraerme a pensar en este hombre extraordinario que conmueve a gran parte del mundo. Tiene cosas buenas que enseñar a la humanidad y tiene carencias a mi juicio importantes que es necesario no perder de vista a la hora de elogiar sus logros.

Desde un punto de vista islámico, para mí, el comandante cubano se halla en una posición intermedia entre los elogios desmesurados y las críticas extremas. Para aclarar mi punto de vista quiero decir que no puedo negar, sino que más bien me sumo a la admiración que despierta algunas de las proezas de Fidel Castro dignas de ser imitadas y constituirse en ejemplo para el mundo. Pero no ocurre eso con todas sus dimensiones. Yo creo que es una personalidad muy interesante y digna de destacarse por su sensibilidad social, su compromiso de lucha incansable contra la tiranía, su valiente lucha tan desigual, su resistencia, los campos en los que logró grandes avances su revolución y en los que los cubanos supieron destacarse a nivel regional y mundial. La educación, siendo el primer país latinoamericano que desterró el analfabetismo, la salud para toda la población, los desarrollos médicos y su exportación solidaria, el deporte que ubicó entre los diez primeros países del mundo en la obtención de medallas olímpicas, el adelanto científico, el tecnológico, el intento de desarrollo industrial dentro de las limitaciones que le imponía el injusto embargo norteamericano y europeo. Su solidaridad internacional con los oprimidos como el caso de Angola, el movimiento de liberación en Sudáfrica, la contribución agradecida por Nelson Mandela para vencer al apartheid, la ayuda a Vietnam, a Namibia y a tantos otros en los continentes de África, Latinoamérica y Asia. Aquí es importante destacar que la extrapolación apresurada sin un conocimiento profundo de las particularidades de algunos lugares que no tenían las condiciones de Cuba les hizo cometer muchos y serios errores.

Otros logros son el haber conservado con tantas dificultades su independencia después de la caída de la Unión Soviética, su principal comprador y sostenedor. El haber ayudado a sellar acuerdos de paz como los del gobierno colombiano con las FARC. No es poco para una isla tan pequeña. Habla de una grandeza muy elogiable. Nunca nada ni nadie pudieron amedrentar a Fidel, hasta el último de sus días. Ni las seiscientas veces que dicen que la CIA intentó acabar mafiosamente con su vida, ni las amenazas nucleares ni nada, ni la soledad en que se vio tras la caída de la Unión Soviética.

Es cierto también, que fue la política norteamericana, totalmente injusta la que desplazó a Fidel de su nacionalismo radical, de su condición de demócrata al estilo pre revolucionario, aunque en la Cuba socialista hubo cinco presidentes y elecciones periódicas (que no haya partidos políticos no significa que no haya diputados elegidos por fuera del partido comunista. La mayoría de los cubanos apoya su sistema político) y de un buscador de la justicia social dentro de esos dos marcos mencionados, el del nacionalismo y el de la democracia participativa. Fue esa política agresiva yanqui la que arrastró a Fidel y a los cubanos al comunismo más de corte dogmático y cerrado, del que se fueron abriendo con el paso del tiempo ante las limitaciones del mismo. Pero si no hubiese sido por los abusos de Estados Unidos, primero apoyando a Batista con toda la logística y con armas, luego imponiendo tantas sanciones y castigos a la isla, Fidel no se hubiera volcado tanto a la Unión Soviética y a su ideología. Democratizar el poder de una forma más radical como lo hiciera en un principio no significaba ser comunista, aunque para la miopía yanqui todo hombre o país que quisiese ser independiente o poner en práctica una mayor justicia social era visto, en el marco de la guerra fría como comunista a ser eliminado en esos días. Así lo dijo Nixon cuando tiempo después de recibirlo, siendo vicepresidente en Estados Unidos tras el triunfo de la revolución (Eisenhower no quiso hacerlo) dijo que era comunista y debía ser eliminado.

Pero era de esperar que un hombre de formación cristiana jesuita, rindiese una consideración más profunda a las cuestiones espirituales. Esta fue una de sus limitaciones y deudas de la revolución cubana. Su pueblo fuertemente creyente como fue reconocido por el mismo Fidel no supo encontrar la vía para desarrollar esta espiritualidad y la negación marxista del espíritu religioso no caló nunca en el pueblo cubano. Fidel estuvo pobre para comprender esa necesidad de su pueblo, como sí supo entender las necesidades materiales del mismo y se preocupó siempre por ver cómo las podía satisfacer. Para Fidel, tal como lo dice en el libro "Fidel y la Religión" del dominico Frei Betto, "Jesús fue un gran revolucionario" por su lucha social y política contra el imperio en defensa de los desposeídos, pero de la dimensión espiritual de Jesús no dijo nada. Jesús tenía como apoyo de su lucha a la oración, el ayuno, la unidad con Dios, los milagros, esos poderes dados por Dios, la trascendencia, la responsabilidad de los seres humanos para un juicio más allá de la muerte donde comparecerá y la fuerte influencia ética que ejercen estas creencias. Esta conciencia espiritual libera al hombre no solo en términos materiales, lo libera de la finitud y el sin sentido de una realidad que se agote en lo material.

No es que el tema espiritual sea algo menor como para que alguno pueda desestimarlo. Hace a la verdadera libertad y justicia humana y social, además de la política y económica. Fortalece la determinación de un pueblo y lo libera de los grilletes de los límites materiales que asfixian al alma.

La pobreza espiritual afecta a la capacidad moral de un pueblo y mina su resistencia frente a las tentaciones del poder materialista. El orgullo cubano bien ganado no debe extralimitarse y terminar siendo una valla que le impida tener la humildad suficiente como pueblo para encontrar y seguir una vía revolucionaria espiritual. Esta es la que puede procurar a Latinoamérica la unidad necesaria que pregonara Fidel junto a Perón y a otros líderes del continente. Una unidad no alcanzada porque el impulso independentista ha sucumbido actualmente y momentáneamente, por una carencia espiritual, moral y de humildad para llegar al corazón de las masas. Los pueblos desengañados y confundidos terminan depositando su confianza a los cantos de sirena que le venden los medios liberales. No ha de desestimarse que uno de los talones de Aquiles del intento de independizarse de Norteamérica ha sido la corrupción. Si bien esta corrupción ha sido y es exagerada por los medios hegemónicos, no se puede negar que existe desgraciadamente y ha provocado un cierto enfriamiento en muchos.

No se trata de negar lo bueno de las posturas revolucionarias de Latinoamérica, se trata de señalar de una buena vez, lo que les falta para consumar la verdadera independencia y soberanía. La figura de Fidel es una buena excusa para esta reflexión necesaria y un buen homenaje a quien amó la independencia y vivió para procurarla permanentemente.

No negamos para nada, menos con la falta que hace hoy en día y siempre, la práctica tan sana de algunos valores morales muy destacables de Fidel cuando se opuso férreamente a que la lucha guerrillera realice atentados, magnicidios, torturas, robos a los campesinos o violaciones a las mujeres. Incluso extremaron los cuidados de no matar soldados innecesariamente y muchas veces en las sierras dieron sus medicinas a soldados heridos de Batista. También Fidel se opuso tajantemente y quedó como una tradición de los rebeldes el no robar bancos u otros recursos de esta naturaleza. Así fue como pudimos obtener el noventa por ciento de la aprobación popular y vencer a la dictadura con el apoyo norteamericano dijo Fidel. No es justo decir que las expropiaciones o las nacionalizaciones de las empresas norteamericanas hayan sido un robo porque fueron reacciones a las medidas norteamericanas de intromisión en sus políticas internas y las sanciones económicas contra la isla. En un primer momento, ante las medidas norteamericanas que había apoyado con entrenamiento a las fuerzas del dictador Batista, además de procurarle armas de artillería, tanques y aviones con las que se bombardeó aeropuertos y a civiles y ante la política de boicot de parte de los norteamericanos, el gobierno revolucionario obligó a las empresas norteamericanas de petróleo a refinar el petróleo soviético en la isla, y, si bien la empresa Esso aceptó hacerlo, luego, por orden del Consejo de Seguridad norteamericano no lo hizo. Algo que contraría la libertad de empresa que tanto declama el imperio, así como el supuesto respeto a la soberanía ajena. Ante esa medida de desobediencia ante el gobierno soberano de Cuba, la empresa fue expropiada.

Esos valores morales que condicionan y humanizan la lucha, a diferencia del terrorismo practicado abierta y clandestinamente por el imperio a diario en todo el mundo, son más que elogiables y encomiables. Pero, desgraciadamente la revolución no pudo o no supo ahondar en la libertad de tipo espiritual. Como decía el sacerdote argentino asesinado, Mujica, "qué importa la revolución socialista cuando estoy en Terapia intensiva", o si se me muere un hijo. Las grandes necesidades humanas quedaron sin respuesta por ahora, en la revolución cubana. Fidel se refirió valorativamente al carácter revolucionario de Jesús, pero desgraciadamente no ahondó en ello y Fidel a pesar de haber visitado a Irán y expresar su admiración por la lucha del pueblo iraní al que señaló como un ejemplo épico para el mundo, no pudo percibir la profundidad espiritual que hizo y hace posible esta fuerza extraordinaria de la revolución islámica de Irán.

El líder Ayatullah Jamenei, cuando Fidel elogió la épica iraní, le respondió que todo lo que tenemos proviene del Islam. Es decir, no somos fuera de la guía de Dios, una raza o una nación especial que tengamos algo que los demás no tengan, nuestras virtudes vienen de Dios y del Islam. No somos superiores como raza o pueblo por causas raciales o étnicas especiales que los demás no posean.

Cuando algunos teólogos iraníes hablaron en la Habana con Fidel sobre la importancia de la dimensión espiritual, Fidel contestaba que era el filósofo Lenin quien debía contestar y atender esos asuntos. Hubiera sido muy importante que Fidel preste más atención a la carta del Imam Jomeini a Gorbachov, el líder soviético cuando colapsaba la Unión Soviética previniéndole de no caer en brazos de Occidente y Estados Unidos que también atravesaban una crisis terminal por su falta de espiritualidad y conocimiento correcto de Dios. El Imam Jomeini invitaba a Gorbachov a enviar a sus filósofos a dialogar con los filósofos y teólogos musulmanes, pero la invitación quedó sin respuesta. El líder soviético se limitó a responder acerca del incremento de las relaciones económicas y políticas y el Imam le dijo al canciller Shevardnaze que yo pretendí abrir otro horizonte (el espiritual, no el meramente mundanal de la economía y política desprovista del espíritu y la dimensión más plenamente humana).

Trump amenaza con interrumpir el proceso de acercamiento a Cuba iniciado por Obama a instancias de la Iglesia Católica. La política de Obama era a largo plazo, pretendía ser una revolución blanda. Este era un desafío peligroso para la revolución cubana. La falta de espiritualidad podría sucumbir en el largo plazo ante las tentaciones libertinas y consumistas de la cultura materialista norteamericana. Podía minar a la unidad de la juventud cubana y allanar el camino para un cambio de "régimen" como lo pregonaba el mismo Obama. La postura rígida de Trump, vieja fórmula de siempre, facilitará la resistencia cubana que ha dado ya suficientes muestras de su orgullo y dignidad como para rendirse a las prepotencias yanquis.

El ser humano posee necesidades de trascendencia en su naturaleza, siente una opresión en los límites del cuerpo, la enfermedad, la vejez y la muerte. Una revolución que no le abre al ser humano el horizonte espiritual no le confiere una verdadera liberación, por más pan que reparta en forma igualitaria. La visión internacionalista de la justicia social ha de complementarse con la visión universal del espíritu humano y su vínculo para combatir a la pobreza y a la amenaza ambiental que provoca el consumismo materialista.

No toda la culpa ha sido de Fidel y los suyos. Los cristianos revolucionarios no han sabido ayudar a Cuba en la guía para una mirada más auténtica de la espiritualidad cristiana. La Iglesia oficial estuvo mucho tiempo en Cuba y en el resto del Continente americano al servicio del status quo, de la elite del poder oligárquico y anti democrático. Los Sacerdotes del Tercer Mundo a los que Perón llamó "mi Iglesia" apenas si llegaron a un diez por ciento de todo el clero en Argentina y un abarcó a un número insignificante entre la encumbrada jerarquía eclesiástica. Algo parecido ocurrió con la Teología de la Liberación en el resto de Latinoamérica. El sacerdote argentino Carlos Mujica viajó a Cuba y dijo que a pesar de no profesar una religión, su sistema revolucionario socialista estaba más cerca de los Evangelios y el primer cristianismo que el sistema capitalista. Comparto esta visión, sin desmerecer algunos logros importantes del capitalismo como parte de un desarrollo relativamente libre en lo privado que si no se desentiende de los controles estatales y los límites éticos es necesario para el desarrollo económico, el estímulo a la creatividad e impulso emprendedor económico, cultural y social de los hombres. El Islam ve virtudes y vicios en el capitalismo y en el marxismo, en el liberalismo económico y en el estatismo. El Islam reivindica lo positivo de ambos sistemas pero los trasciende con una espiritualidad y una ética profunda de la que carecen ambos sistemas pretendidamente humanistas, manteniéndose equidistante de los extremos y del materialismo que les subyace.

Es cierto que criticar a los socialistas o comunistas de Cuba sin haber aportado una revolución para mejorar la condición de los pobres en el continente más desigual del planeta es un planteo un tanto abstracto e irreal. No así es hacerlo desde el Islam cuyo proceso revolucionario está en plena expansión. Pero en Latinoamérica aún no se ha hecho desde lo espiritual lo suficiente como para aliviar el dolor de la pobreza y la injusticia. También es cierto que Fidel reconocía que la solidaridad de los cristianos con los enfermos, los pobres, los desprotegidos, los abandonados por el sistema son cualidades que deseaba que los militantes comunistas posean. Cuidar enfermos y ancianos en los hospitales, orfanatos, villas y geriátricos que hacen algunas monjas, sacerdotes y laicos creyentes humildes es digno de elogio y reconocimiento.

Un esbozo de acercamiento entre cristianos y cubanos lo vimos con el Papa Francisco cuando visitó a Cuba y una vez más pidió por el levantamiento del embargo a la isla además de otras consideraciones que llevaron a Raúl a decir –medio en broma, medio en serio - que con un Papa así él pensaría seriamente en volver al cristianismo. Pero como muchos otros gestos quedaron en un amague de un lado y del otro.

La revolución islámica con centro en Irán, hoy ya de alcance regional y mundial, tiene el desafío de ofrecer a Cuba y a Latinoamérica su modelo revolucionario espiritual para que con el aporte de los latinos se enriquezca aún más. La resistencia multipolar contra el imperialismo tiene como actor principal a la revolución islámica que conjuga lo político con lo espiritual, el conocimiento de Dios y los profetas con la justicia social, el desarrollo científico, la perfección de la moral y la resistencia contra la opresión, ésa que fuera tan elogiada por Fidel.

Escrito por Sheij Abdul Karim Paz

Donald Trump: ¿cambios a la vista?


Las recientes elecciones en Estados Unidos, con el triunfo de Donald Trump, han abierto una serie interminable de especulaciones.

La presente -quizá, finalmente, una más de tantas- pretende no ser eso sino, antes bien, una afirmación: no sabemos con certeza qué va a pasar. De eso podemos estar seguros: nadie sabe con exactitud para dónde van las cosas.

De haberse impuesto Hillary Clinton, la candidata natural de Wall Street, del gran capital financiero, las petroleras, del complejo militar-industrial y las grandes corporaciones mediáticas, todo se sabría con claridad: seguiría todo igual. Es decir: en lo que concierne a su política externa, los planes neoliberales impulsados por los organismos de Breton Woods (Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional), las guerras “preventivas”, la injerencia descarada de Washington en los asuntos internos de casi todos los países del mundo y su voracidad consumista sin límites, no se modificarían. Estados Unidos seguiría siendo la gran potencia, empantanada a partir de la crisis del 2008, perdiendo cada vez más terreno en el ámbito económico, compitiendo geopolíticamente con Rusia y China y coqueteando con la posibilidad de una tercera guerra mundial.

Nada de eso se hubiera modificado en la arena internacional. Y en lo interno, tampoco. Es decir: seguiría el proceso de empobrecimiento de su clase trabajadora a partir de la relocalización creciente de su parque industrial (instalación de sus empresas en otros puntos del mundo aprovechando mano de obra más barata y exenciones impositivas) y de la crisis capitalista que aún no termina, seguirían las deportaciones de inmigrantes indocumentados (con Barack Obama se deportaron 3 millones de “mojados”, la misma cantidad que promete expulsar Donald Trump), y probablemente seguirían ciertas acciones políticamente correctas, más cosméticas que otra cosa, en relación a derechos civiles de los estadounidenses (matrimonios gay, leyes de aborto, legalización de la marihuana para fines recreativos, reivindicación de algunas minorías y un discurso -léase bien: ¡discurso!, no otra cosa- con un talante medianamente socialdemócrata).

¿Qué pasará con Trump en la Casa Blanca? ¿Cambiará todo eso?

Insisto en lo enunciado más arriba: hay mucho de especulación en todo esto, nadie sabe exactamente qué va a pasar con este impredecible magnate en el Poder Ejecutivo de la gran potencia.

Lo que sí está claro es que, en lo político-ideológico, habrá una involución considerable. El discurso de campaña ya lo preanunciaba: Trump representa una posición conservadora, racista, xenófoba y machista (¿quién, si no, podría ser dueño del Concurso de Miss Mundo promoviendo el más ramplón y agresivo sexismo?). La designación de sus primeros colaboradores para la futura administración lo permite ver con claridad: el discurso “wasp” -avispa- (white, anglosaxon and protestant: blanco, anglosajón y protestante), es decir: la ideología supremacista blanca, machista y de cow boy hollywoodense, va entronizándose. Hillary Clinton también es de derecha, de una extrema derecha belicista, siguiendo fielmente los pasos de lo peor de los ultraconservadores de los Chicago’s boys, pero su discurso era más moderado. La cuestión, en política, no es tanto ver qué se dice sino qué se hace.

De momento no está claro qué hará Trump. Especulaciones hay muchas, muchísimas. Se han dicho las más variadas cosas: desde que es un candidato del presidente ruso Vladimir Putin (¿pagado por el “oro de Moscú”?, como se decía durante la Guerra Fría) hasta que aquí comienza el retroceso de las políticas neoliberales. Diría que nadie sabe a cabalidad con qué se puede salir este impredecible político que habla el lenguaje de la antipolítica. Y las especulaciones siguen siendo eso: especulaciones.

Está claro, sin dudas, por qué el magnate neoyorkino ganó el entusiasmo popular. Por un lado, porque el votante estadounidense término medio habla ese lenguaje: es racista, xenófobo, ultranacionalista, machista, conservador. Dicho de otra manera: Homero Simpson es su ícono por excelencia (de ahí los epígrafes citados). Pero por otro, y quizá esto es lo fundamental, porque Donald Trump levantó al mejor modo del mejor populista un discurso emotivo que tocó la fibra de muy buena parte de estadounidenses golpeados por la actual crisis y por los planes de cierre industrial de estas últimas décadas.

Su promesa es recuperar el esplendor perdido, cuando Estados Unidos era esa potencia intocable de la post guerra del 45: productor, en ese entonces, del 52 % del producto bruto mundial, líder en ciencia y tecnología, con un dólar que se comía el planeta, con un american way of life que se imponía presuntuoso por todo el globo, excepción hecha del espacio soviético y con un paraíso de consumo por delante (motores de automóvil de 8 o 12 cilindros, para graficarlo claramente: la personificación del derroche). En otros términos, lo que propone ahora es cerrarse sobre sí mismo como país, desconocer los planes globalizadores, hacer retornar las empresas salidas de territorio estadounidense y levantar el nivel de vida deteriorado.

Por supuesto que para Homero Simpson, a quien lo único que le interesa es tener la refrigeradora llena de cerveza, el automóvil con mucha gasolina frente a su casa y adora a la televisión como su supremo gurú, esas promesas -populistas, chabacanas- lo llenan de expectativa. ¡Por eso este excéntrico outsider del show mediático-político pudo ganar las elecciones!

Ahora bien: ¿es posible cumplirlas? Todo indica que no. No nos atrevemos a decir que radicalmente no, porque nadie sabe con qué as bajo la manga podrá aparecerse Trump. Pero la política no se mueve por caprichos: es la expresión de juegos de fuerza en las sociedades, es expresión de los poderes que mueven la historia. En ese sentido, podemos ver que la línea sobre la que se mueve Estados Unidos como gran potencia no se fija desde la Casa Blanca: hay grupos de poder -las petroleras, el complejo militar, los grandes bancos- que mueven fortunas inimaginables siendo quienes verdaderamente establecen el rumbo del país (pretendiendo también fijar el rumbo del mundo). Esos megagrupos y sus llamados tanques de pensamiento (centros académicos al servicio del gran capital) bregan “por un nuevo siglo americano”, es decir, por seguir manteniendo la supremacía global en lo económico y militar, y no tienen color partidario, demócrata o republicano. Solo tienen el color verde del dólar como consigna, y el rojo de la sangre, cuando es necesario derramarla (la sangre no propia, por supuesto) para asegurar la supremacía del verde. El declamado culto a la libertad y a la democracia es solo complemento del show para consumo de la masa.

En otros términos: ¿quién manda? ¿El presidente desde la oficina oval, o las cosas son algo más complicadas? El neoliberalismo, eufemismo por decir capitalismo ultra salvaje sin anestesia, es una gran plan económico-político-cultural que ha servido para llevar esos megacapitales a niveles inconmensurables, pero también para detener (o demorar, más específicamente dicho) la protesta popular, la reacción de la clase trabajadora. El Amo tiembla aterrorizado delante del Esclavo, sin dejar que se vea ese terror, porque sabe que inexorablemente tiene sus días contados; de lo que se trata es de posponer lo más posible ese cambio. En definitiva el mundo, jamás hay que olvidarlo, sigue estructurado sobre la lucha de clases y la explotación de los trabajadores, únicos creadores de la riqueza humana. ¿Trump toca algo de eso? ¡¡Ni pensarlo!! ¿Por qué habría de tocarlo?

Él es un magnate más, quizá no de la misma monta de estos que fijan los destinos del mundo (banca Rockefeller-Morgan, banca Rotschild, los grandes fabricantes de armamentos, etc.), pero uno más de esa clase. Homero Simpson, más allá del chauvinismo circunstancial que los pueda reunir, sigue siendo su esclavo asalariado. Su promesa de campaña es para reactivar el capitalismo, no para negarlo. Que el neoliberalismo de estas últimas décadas haya empobrecido a grandes masas de trabajadores estadounidenses y que el histriónico nuevo presidente prometa reimpulsar la vieja industria hoy alicaída es una cosa; que se plantee ir más allá del capitalismo… ¡es una locura! El problema de fondo no es la globalización neoliberal: ¡es el capitalismo!

¿Puede, entonces, el campo popular de fuera de los Estados Unidos pensar en algo nuevo con este nuevo presidente? En absoluto. ¿Es acaso esto la posibilidad del fin del neoliberalismo y las recetas fondomenetaristas? Nada indica que eso sea posible. Como se dijo más arriba, el ocupante de la Casa Blanca toma decisiones, pero nunca está solo. Los megacapitales, repitámoslo, no son ni republicanos ni demócratas: ¡son megacapitales! El discurso de campaña es una cosa, la realidad política una vez asumido el cargo es otra. Lo llamativo aquí es que Trump, en realidad, no es ni demócrata ni republicano, pese a haber ganado con la etiqueta de ese partido. Eso es lo que complica las cosas y abre interrogantes. Es confuso, si se quiere; los megacapitales no.

Es probable que se endurezcan ciertas cosas en la cotidianeidad estadounidense. Quizá para los inmigrantes irregulares provenientes de Latinoamérica la situación se torne más problemática. El supremacismo blanco parece ganar fuerza; por lo pronto, el Ku Kux Klan saluda eufórico al nuevo presidente; mala señal, sin dudas. Si bien Trump puede ser un populista para sus votantes: los Homero Simpson blancos, el racismo que transmite es peligroso. “Heil Trump!”, ya se ha dicho por ahí. De todos modos, el muro famoso a construirse en la frontera con México suena más a disparate proselitista que a posibilidad real.

En la arena internacional, a partir de un posicionamiento pragmático de Trump, es posible que baje la intensidad de una posible guerra nuclear (locura apocalíptica no desdeñable para los halcones de la política real, los que no ocupan cargos públicos pero que dirigen los acontecimientos desde sus pent-houses). De todos modos, nada está escrito. Su apuesta, en principio, apunta a bajar los inconmensurables gastos bélicos para reinvertir en la economía local. Queda por verse si el monumental complejo militar-industrial, verdadero mandamás en la dinámica estadounidense, lo permitirá.

Como este breve opúsculo está escrito pensando, ante todo, en la clase trabajadora latinoamericana, la inmediata percepción de la situación no nos puede llevar a estar contentos. Quizá tampoco lo estaríamos con Hillary Clinton en la presidencia. Según pregona la gran prensa de las corporaciones mediáticas, ella representaba el equilibrio, en tanto el magnate neoyorkino sería sinónimo de ¿chifladura? Pero seamos mesurados en el análisis, y rigurosos: con una u otro, no hay buenas noticias a la vista para los pueblos del “patio trasero”.

¿Podrá haber buenas noticias para la clase trabajadora que lo votó? Esa es la expectativa, la esperanza de Homero Simpson. Los trabajadores estadounidenses están bastante golpeados; su situación no va para mejor y la falta de empleos preocupa. Pero que Donald Trump logre salir a) de esta crisis estructural y b) dar marcha atrás con la globalización neoliberal que ha ido cerrando empresas en su propio territorio dejando en la calle a innúmeros asalariados, no parecen tareas fáciles. Antes bien: parecen casi imposibles.

Que la gran potencia evolucione hacia posiciones de ultraderecha, neonazis, ultraconservadoras, no es un imposible. Que Trump se atreva a oprimir el botón nuclear, no parece lo más posible ahora. Que su economía mejore considerablemente, no se lo ve muy cercano en realidad (eso quizá ya no pueda suceder más). Que los pueblos latinoamericanos seguiremos empobrecidos y, en muchos casos, intentando viajar hacia el “sueño americano” en condiciones precarias, es un hecho. Que esperemos cambios positivos con este representante de la clase dirigente del principal país capitalista, es una absoluta tontera.

China: Política, comercio y protagonismo en Latinoamérica


China, la segunda potencia económica mundial, se ha lanzado de lleno a lo que analistas y medios de comunicación han denominado: La Conquista de Latinoamérica.

Ello, en una política llevada a cabo por su presidente Xi Jinping, que desde que accedió al poder el año 2013 ha visitado la región en tres ocasiones. En esta última visita, efectuada entre los días 17 y 23 de noviembre, el líder chino privilegió a tres países de la costa del Pacífico con los cuales Pekín mantiene una importante relación: Ecuador, Perú y Chile.

Con una China volcada en una nueva etapa en sus relaciones con Latinoamérica, estamos en presencia de un proceso de “conquista” muy distinta a la forma en que Estados Unidos – otrora presencia omnipotente en la región – generó sus vínculos con una Latinoamérica considerada el “patio trasero” de Washington. Una Latinoamérica, que ha soportado décadas de sometimiento, intervenciones militares, apoyo a golpes de Estados propiciados por las administraciones de gobierno estadounidenses y sus agencias de inteligencia, además de una relación de dependencia política, económica y militar con muy pocas excepciones, como fue el caso de la Revolución Cubana, además de experiencias fallidas y coartadas, precisamente por el influjo y la intromisión estadounidense ejemplificadas por el Chile de Salvador Allende o la revolución sandinista en Nicaragua.

Un Recambio beneficioso para Latinoamérica

Estados Unidos, si sólo consideramos a los dos últimos presidentes – George W. Bush y Barack Obama, han mantenido una relación, con la zona sur del continente americano, basada en el olvido consciente, más allá de su pugnas con los gobiernos de Cuba, la Venezuela Chavista, Bolivia y algún amago de conflicto con una Argentina gobernada primero con Néstor Kirchner y posteriormente por Cristina Fernández y el Brasil del PT. Misma decisión de olvido y desprecio, que ya ha esbozado su mandatario electo el magnate Donald Trump, más preocupado de impedir el ingreso de inmigrantes, expulsar a unos cuantos millones de estos, castigar a Cuba y Venezuela y deshacer todo acuerdo comercial en el que no cree como es el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica – TPP por sus siglas en inglés - desahuciado públicamente el pasado martes 22 de noviembre por Trump mediante la emisión de un video. Decisión que puede significar para China una tremenda oportunidad de ampliar aún más sus relaciones comerciales y políticas con Latinoamérica y encabezar uan área regional Asia-Pacífico que constituiría el mayor mercado del mundo

Con la caída de los socialismos reales a fines de la década de los 80 del siglo XX y a la par del proceso de globalización, la presencia de Estados Unidos en Latinoamérica comenzó lenta y sostenidamente a presentar competencia, principalmente en el plano económico. La Unión Europea (UE), Japón y una tímida República Popular China comenzaron a ganar terreno en la región, gracias, sobre todo, a un Estados Unidos volcado mayormente en el mercado Europeo, asiático y sus crónicos afanes hegemónicos políticos, económicos y militares, que comenzaron a restar su presencia e influencia en esta parte del mundo.

Ese espacio ha tenido una dinámica de copamiento por parte de una China pujante, en un ascenso que ha resultado imparable y que se expresa nuevamente en la visita de sus más altas autoridades, con una primera para en su periplo: Ecuador. Allí, junto al presidente ecuatoriano Rafael Correa inauguraron la multimillonaria central Hidroeléctrica de Coca Codo Sinclair. Además de suscribir acuerdos de cooperación en el campo judicial, económico y cultural. Luego se trasladó a Perú donde participó en la Cumbre de la APEC junto a los presidentes de Estados Unidos Barack Obama y de la Federación Rusa, Vladimir Putin. En la capital peruana, Xi Jinping, junto al mandatario peruano Pedro Pablo Kuczynski clausuró el año de intercambio cultural entre China y Latinoamérica y el Caribe, además de firmar nuevos acuerdos y ratificar otros en el campo de la minería, energía e infraestructura. Más al sur, en Chile, el mandatario chino y su colega Michelle Bachelet firmaron una serie de acuerdos comerciales, ampliando de esa forma el tratado de Libre Comercio firmado hace una década, sobre todo en las áreas de economía, comunicación y comercio.

Con tasas de crecimiento – que entre los años 1979 y 2009 se situaron en el 10% anual – con una leve baja en el último lustro, pero que igualmente ha significado crecer al 7% anual, China ha escalado posiciones en el concierto internacional, que la sitúa hoy disputando la hegemonía que tras la Segunda Guerra Mundial y hasta fines de los socialismos reales, estaba en manos de Estados unidos, Japón y Europa. Una China, con una capacidad productiva, que en menos de tres décadas sacó a cientos de millones de habitantes de la pobreza, sin apenas modificar sensiblemente su gestión política.

China ha sido el ejemplo de un país, que en lugar de disminuir el papel del Estado, como ha sido la receta clásica del neoliberalismo impulsado por Estados Unidos, muestra a un Estado como motor del desarrollo, muy distante a la negativa influencia del Consenso de Washington y sus recomendaciones a las economías latinoamericanas como respuesta a los males crónicos que sufría nuestra región desde la década de los 50 del siglo XX. Recetas establecidas por los organismos financieros internacionales y que significaron, especialmente para Latinoamérica, disciplina macroeconómica, economía de mercado y apertura al exterior, que en lenguaje llano significó: ajustes fiscales, reformas de pensiones, disminución del papel del Estado, privatizaciones de empresas públicas, aumento de la deuda externa e inversión privada extranjera, muchas de ellas capitales golondrinas, que volaban a la primera de problemas.

A diferencia de este Consenso, China estableció una manera de enfocar sus relaciones políticas y económicas de una forma muy distinta a la establecida por Europa y Estados Unidos y que le ha permitido avanzar a grandes pasos en la consolidación de su condición de potencia económica mundial: compromiso con la innovación y la experimentación. No tomar el PIB como meta del modelo de desarrollo económico, sino más bien establecer pautas basadas en un modelo de desarrollo sostenible y sobre todo pragmático. Es interesante hacer notar que los propios analistas económicos internacionales, que mencionan el denominado Consenso de Washington, cuando se trata de China, como es el caso del analista económico Joshua Cooper Ramo, que acuño el año 2004 el concepto de “Consenso de Beijing” para referirse a un modelo político y económico basado en la autodeterminación a la hora de establecer, fijar y concretar sus políticas económicas, sobre todo el área de la soberanía financiera. De esa forma se blinda a China de las injerencias del mundo occidental o de potencias cercanas como Japón o del sudeste asiático, lo que implica, igualmente, proteger sus decisiones políticas.

Relaciones Pragmáticas

Ese modelo es el que presenta China a Latinoamérica, definiendo como base de sus relaciones con el mundo el respeto mutuo, con la firme decisión de honrar las decisiones internas y privadas que tomen los países en desarrollo y sus gobiernos y esperando el mismo trato de vuelta. China ha definido y enfrenta su comercio internacional, la concesión de créditos, las inversiones o proyectos de cooperación bajo la premisa de no imponer condicionamientos políticos. La regla es sencilla, aplicada así incluso en las relaciones diplomáticas que se tuvo con la Dictadura Militar del ex general Augusto Pinochet, régimen que rompió relaciones diplomáticas con todos los países del campo socialista excepto con la República Popular China.

Una China ue actúa bajo la lógica de “Si se trata de un país con materias primas que China desea y necesita, China está en condiciones entonces de establecer negocios, sin tener en cuenta lo que occidente piensa de esa relación y sin opinar o valorar sobre un eventual cumplimento o no de algún aspecto de los derechos humanos o del cuidado del medio ambiente o alguna otra cuestión de principios y/o de carácter interno”. Práctica que ha merecido la crítica de organizaciones de derechos humanos en el mundo.

Lo mencionado se da en un marco de relaciones comerciales estrechas y profundas con una Latinoamérica, que goza de un desarrollo intenso y dinámico con China y que ha significado, por ejemplo, que entre los años 2005 al 2014 la República Popular China otorgara 120 mil millones de dólares a países de Latinoamérica, estableciendo además un fondo de inversión para la cooperación bilateral en áreas de biotecnología, minería, y proyectos de infraestructura que supera los 15 mil millones de dólares. A ello adicionemos la decisión de las autoridades chinas, expresada por su presidente Xi Jingpin de invertir entre los años 2016 al 2026, otros 250 mil millones de dólares. Ese tipo de decisiones permiten hablar de una expansión de la presencia del gigante asiático en nuestra región, donde las cifras de inversión de China crecieron el año 2016 un 70 % mientras las inversiones estadounidenses disminuyeron un 20 %.

China y su presencia en Latinoamérica, potenciada en este último periplo por Ecuador, Perú y Chile se dejó sentir con fuerza. En el caso ecuatoriano, país que es el cuarto receptor de fondos chinos le han sido otorgados préstamos que superan los 15 mil millones de dólares, gran parte de ellos destinado a proyectos hidroeléctricos – donde destaca la inaugurada Central Hidroeléctrica de Coca Codo Sinclair, la hidroeléctrica Sopladora y el proyecto Toachi Pilatón. Como también Infraestructura portuaria, carreteras, puentes e incluso proyectos sanitarios, como también aquellos signados en el ámbito de la educación y la seguridad. Unido a ello la inversión en proyectos petroleros, mineros y ligados al uso de la energía eólica. Ninguno de los acuerdos firmados habla de bases militares, compra de armamentos o apoyo en votos en los organismos internacionales, como suele ser la letra chica de los contratos que se suelen firmar con países como Estados unidos o la Unión Europea.

En el caso de Perú, la visita de Xi Jinping fortaleció aún más el comercio e inversiones en el sector minero, que es el área donde se concentra esta relación. Cobre, Hierro, oro son algunos de los minerales, que en un porcentaje de un 60% encuentran mercado en el gigante asiático. Las inversiones chinas en este rubro han desplazado a empresas australianas, canadienses y estadounidenses constituyendo el 35% de la cartera de inversiones en el país sudamericano. Ya el año 2011 China había reemplazo a Estados Unidos como principal socio comercial del Perú, lo que tiene como base el Tratado de libre Comercio firmado entre ambos y una quincena de acuerdos bilaterales destinados a optimizar las relaciones comerciales y la colaboración agrícola, desarrollo social, infraestructura entre otros. La visita de Xi Jinping, en el marco de la Cumbre de la APEC vino a refrendar esta sociedad, que se consolida también en las áreas pesqueras y la producción gasífera, petrolera y cuprífera. Todo un marco de acuerdos, inversiones y relaciones que une también a Brasil a través de la construcción de la ferrovía Transcontinental Brasil-Perú que se encuentra en su etapa de viabilidad y anteproyecto, que permitirá conectar los países ribereños del Atlántico con los del pacífico, abiertos por tanto al enorme mercado chino.

En Chile, Xi Jinping, en la última etapa de su gira latinoamericana reafirmó la asociación estratégica de su país con esta parte del mundo – en la que incluyó al Caribe – en lo que denominó “el fomento del desarrollo de los pueblos en las actuales circunstancias mundiales” Declaración efectuada en la sede de la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe – CEPAL – en la capital chilena, al inaugurar la Cumbre de Líderes de medios de Comunicación. En dicho encuentro, la Secretaria Ejecutiva de este organismo regional, Alicia Bárcena, expuso las principales conclusiones del documento “Relaciones Económicas Entre América Latina y el Caribe y China: Oportunidades y Desafíos”. En este informe, la CEPAL señala que el comercio de bienes entre nuestra región y China se ha multiplicado 22 veces desde el año dos mil a la fecha, con caídas entre los años 2013-2015 debido a la desaceleración económica china, que repercutió en una menor demanda y descenso de los precios de las materias primas, que son el grueso de las exportaciones de Latinoamérica a China.

Bárcena en este interesante estudio dio cuenta de uno de los puntos que es necesario modificar en este comercio de la región con China, de tal manera de avanzar hacia relaciones más equitativa. “Si bien China desplazó en el año 2014 a la Unión Europea como el segundo socio comercial de la región, la canasta exportadora de América latina y el Caribe hacia China es mucho menos sofisticada que la que muestra hacia el resto del mundo: sólo cinco productos representaron el 69% del valor de los envíos regionales a China el año 2015” Es decir diversificar la calidad de los productos exportados en materias relacionadas con exportar materias primas pero también otros productos manufacturados o con valor agregado, que permitan un intercambio fluido , dinámico y no sólo centrado en nuestras riquezas naturales.

Sin duda la visita de Jinping es una valiosa oportunidad de repensar los temas de la globalización, de las relaciones multilaterales y la diversificación de las exportaciones, donde ya no baste sólo exportar materias primas, sino que darle valor agregado. “De esa manera la región podrá obtener una mayor gobernanza económica y financiera – sostuvo Bárcena - , un multilateralismo comercial sin proteccionismo y mayor seguridad climática, paz y estabilidad, poner a la innovación como pilar del desarrollo, fomentar la ciencia y la tecnología, promover una economía inclusiva, intensificar la diversificación productiva y dar valor agregado a las exportaciones. Todo ello en el marco de un regionalismo abierto con más comercio e inversión, donde se mejore la distribución de los ingresos, aumentar la cooperación y el intercambio cultural” Indudablemente estos objetivos tiene un oído receptor más adecuado en China, por la experiencia de relaciones que se tiene con este país, donde el pragmatismo se impone por sobre consideraciones de dominio global o aspiraciones de potencia mundial.

En Chile, el presidente Xi Jinping firmó, junto a la Presidenta Michelle Bachelet, 12 acuerdos destinados, sobre todo a profundizar el Tratado de Libre Comercio suscrito entre ambos países el año 2005 “este es un encuentro que afianza y da un mayor estímulo e impulso a nuestros vínculos, la visita del presidente Xi Jinping tiene como objetivo consolidar una nueva fase, un asociación estratégica integral y la reunión que hemos sostenido nos permite avanzar en esa dirección” Por su parte, el mandatario chino consignó que el profundizar las relaciones con Chile – sus tercer socio comercial en Latinoamérica - nos permite ahondar en el tratado de Libre comercio y generar un nuevo marco de cooperación y aceleración de inversiones y propulsión, mediante la innovación, minería, energía limpia y comunicación” El tema del Tratado de Libre Mercado fue ampliamente citado, pues desde su firma el año 2005 el comercio entre ambos países se ha cuadriplicado, llegando a los 31 mil millones de dólares

Insisto en la idea que la relación con China tiene un sello distintivo: el pragmatismo. No hay acuerdos militares o decisiones de apoyo a hegemonías en determinadas regiones del mundo. Como tampoco ha sido el caso con la presencia de la Federación Rusa y la República islámica de irán en Latinoamérica. Eso los hace socios confiables, seguros. China, en particular, es percibida por los latinoamericanos como un actor pragmático, con mayor interés en lo económico que en lo político, que no supedita sus alianzas comerciales, financieras o de necesidades de inversión a elementos relacionados con el papel político que juega en el planeta.

Un artículo que viene a refrescar esta idea del pragmatismo chino y que tan buenos resultados le ha dado, es aquel escrito por los analistas Peter Hakim y Margaret Myers, en el medio China Policy Review, donde se establece una idea que tiene su lógica con lo que hemos planteado “En América Latina no están preocupados porque China vaya a aprovechar su creciente influencia en la región para influir en las políticas locales, reclutar socios para sus objetivos globales, o para competir con EE.UU. por posibles aliados". América Latina le da a China acceso a materias primas necesarias para impulsar su crecimiento además de afianzar su influencia internacional.

Es claro que a China, en esta nueva etapa de relaciones con Latinoamérica ya no le es suficiente la tarea de abastecerse de materias primas, ha entrado en la etapa de incrementar sus inversiones, su apoyo a proyectos en amplios rangos y diversificación para así garantizarse un acceso más expedito a recursos naturales que nuestro continente posee en abundancia; alimento, Petróleo y Minerales. Tarea que debe ir con la exigencia de nuestras sociedades que esos intercambios garanticen el desarrollo sustentable de nuestros pueblos, so pena de repetir el saqueo que hemos sufrido desde hace siglos, primero por las metrópolis coloniales y luego por la presencia de Estados Unidos. No estamos en condiciones de cambiar un poder hegemónico por otro, por más que el último esté dotado de un ventajoso pragmatismo.

China ha ido ocupando hoy el espacio que Estados Unidos no ha sabido aprovechar ya sea porque su preocupaciones de superpotencia lo tiene con la mira puesta en Europa, Oriente Medio y Asia o porque la visión estratégica de los gobernantes estadounidenses tiene una miopía en aumento tan grande como sus desafortunadas intervenciones en guerras de agresión en el Magreb, Oriente Medio y Asia Central. Unido a sus problemas internos, con una sociedad dividida y la elección de un presidente que resulta hasta hoy una incógnita sobre lo que verdaderamente concretará como parte de sus promesas electorales

La influencia global de Estados Unidos está hoy fuertemente cuestionada. Más empeñado en cercar a la República Islámica de Irán, imposibilitar el desarrollo y ampliación a occidente de la Federación Rusa y tratar de impedir el desarrollo de China en el comercio global, tratando de sumergirla en conflictos como es el caso del Mar Meridional de la China, donde ha incitado a sus socios de la región, para presionar y tensar las relaciones con China. Donald Trump, el mandatario electo ha sido claro: “nuestro enemigo es China”. Parte de esa guerra se está librando en Latinoamérica, pero China ya ha dado varios golpes efectivos que lo tienen a la cabeza del comercio regional en varios países y con visos de desplazar definitivamente tanto a Washington como la Europa de los 28. El Dragón chino sigue despierto y con ansias de no dormirse en los laurales que lo sitúan hoy como una de las principales potencias mundiales.

Fidel Castro, eterno héroe de los desheredados


Personaje controvertido en Occidente, donde es fuertemente criticado, Fidel Castro es ‎admirado en cambio por los pueblos de América Latina y del Tercer Mundo.‎

Los latinoamericanos y naciones del Tercer Mundo que lo consideran un símbolo de la resistencia a la opresión y un defensor de la aspiración de los países del Sur a la independencia, a la soberanía y a la autodeterminación.

Rebelde mítico que entró en vida en el Panteón de los grandes libertadores del continente americano, el antiguo guerrillero de la Sierra Maestra ha visto su prestigio superar fronteras continentales para convertirse en el arquetipo del antimperialismo del siglo XX y el vector de un mensaje universal de emancipación.

Los medios occidentales, por sus crispaciones ideológicas y una condescendencia obvia hacia los pueblos del Sur, no han logrado entender la importancia histórica de Fidel Castro para Cuba, América Latina y el Tercer Mundo. Desde José Martí, el héroe nacional cubano, ningún otro personaje ha simbolizado con tanta fuerza las aspiraciones del pueblo cubano a la soberanía nacional, a la independencia económica y a la justicia social.

Fidel Castro es un símbolo de orgullo, de dignidad, de resistencia y de lealtad a los principios y su prestigio ha superado las fronteras de su tierra natal para irradiar el mundo. El líder histórico de la Revolución Cubana tomó las armas a favor de los oprimidos y reivindicó sus derechos a una vida decente. Procedente de una de las familias más adineradas del país, renunció a todos sus privilegios de clase para defender a los sin voces, abandonados a su suerte e ignorados por los pudientes.

Fidel Castro dispone de una legitimidad histórica. Armas en mano luchó contra la sangrienta dictadura de Fulgencio Batista durante el ataque al cuartel Moncada en 1953 y durante la insurrección en la Sierra Maestra de diciembre de 1956 a diciembre de 1958. Triunfó contra un régimen militar brutal dotado de un impresionante poder de fuego y apoyado por Estados Unidos. En un contexto de hostilidad extrema ha realizado el sueño de José Martí de una Cuba independiente y soberana y ha guiado a su pueblo en el camino de la emancipación plena y definitiva oponiendo una resistencia a toda prueba frente a las pretensiones hegemónicas de Washington.

Fidel Castro también dispone de una legitimidad constitucional. Cada uno tiene derecho a pensar lo que quiera sobre el sistema electoral cubano pero fue elegido, cada cinco años, de 1976 a 2006. Antes de esa fecha sólo era primer ministro y no presidente de la República. En efecto, contrariamente a una idea preconcebida, Cuba ha tenido a no menos de cuatro presidentes de la República desde 1959: Manuel Urrutia de enero de 1959 a julio de 1959, Osvaldo Dorticós de julio de 1959 a 1975, Fidel Castro de 1976 a 2006 y Raúl Castro desde 2006, cuyo gobierno terminará en 2018 tras la reforma constitucional que limita el número de mandatos a dos.

Ningún dirigente puede permanecer a la cabeza de un país durante treinta años, en un contexto de guerra larvada con Estados Unidos, sin un apoyo mayoritario del pueblo. Obviamente, como en toda sociedad, existen insatisfechos, críticos y decepcionados. La Revolución Cubana, obra de mujeres y hombres, es por definición imperfecta y jamás ha tenido la pretensión de erigirse en ejemplo. Pero la inmensa mayoría de los cubanos tiene mucho respeto hacia Fidel Castro y jamás ha puesto en tela de juicio sus nobles intenciones. Estados Unidos siempre se ha mostrado muy lúcido al respecto. Así, el 6 de abril de 1960, Lester D. Mallory, subsecretario adjunto de Estado para los Asuntos Interamericanos, recordó en un memorándum a Roy Rubottom Jr., entonces subsecretario de Estado para los Asuntos Interamericanos, el prestigio del líder cubano: “La mayoría de los cubanos apoya a Castro. No hay oposición política eficaz […]. El único medio posible para aniquilar el apoyo interno [al gobierno] es provocar el desencanto y el desaliento por la insatisfacción económica y la penuria”. Washington siguió ese consejo y dio prueba de una hostilidad encarnizada contra los cubanos imponiendo sanciones económicas sumamente severas que duran hasta hoy. Pero la empresa no ha sido coronada de éxito. En efecto, cerca de medio siglo después, la popularidad de Fidel Castro sigue viva. Es lo que ha podido constatar Jonathan D. Farrar, entonces jefe de la diplomacia estadounidense en La Habana quien no ha dejado de enfatizar “la admiración personal significativa para Fidel” por parte de los cubanos, recordando que “sería un error subestimar […] el apoyo del cual dispone el gobierno, particularmente entre las comunidades populares y los estudiantes”.

Tres facetas caracterizan al personaje de Fidel Castro. En primer lugar es el arquitecto de la soberanía nacional que ha realizado el sueño del Apóstol y Héroe Nacional José Martí de una Cuba independiente y ha devuelto su dignidad al pueblo de la Isla. Después es el reformador social que se ha ubicado al lado de los humildes y los humillados creando una de las sociedades menos injustas del Tercer Mundo. Finalmente es el internacionalista que ha tendido una mano generosa a los pueblos necesitados y que ha ubicado la solidaridad y la integración en el centro de la política exterior de Cuba.

Escrito por Salim Lamrani

Refugiados: Mano de obra barata para el “humanitario” Occidente


70 millones de habitantes de todo el mundo son ahora refugiados debido a conflictos en sus naciones de origen, según la Agencia para los Refugiados de la ONU.

El informe publicado en junio de 2015 indicó que en 2014 una de cada 122 personas era un refugiado, un desplazado interno o un solicitante de asilo; y más de la mitad de estos refugiados eran niños. (Para ver la cobertura anterior del Proyecto Censurado sobre la crisis global del refugiado, ver “Más de 50 millones de desplazados globales forzados” Historia censurada Nº 14 en Censurado 2016: Libertad de medios en línea).

Mientras los refugiados sirios explican el aumento más grande (estimado en 11,5 millones, en otras latitudes como Colombia, partes de África subsahariana y Asia existen grandes poblaciones de refugiado que no aparecen en ningún informe. Según Antonio Guterres, alto comisionado de la ONU para los Refugiados a la fecha del informe, “estamos presenciando un cambio del paradigma, una explosión descontrolada en una era en que semultiplica la escala de desplazamiento global forzado, así como se achica claramente la respuesta ahora requerida, algo nunca visto antes”.

Aunque la expansión de la crisis global de refugiados se haya cubierto en los medios corporativos (incluyendo, por ejemplo, New York Times y Washington Post), la explotación de los refugiados ha sido menos cubierta. En febrero de 2016, Sarah Lazare publicó un artículo en AlterNet donde advirtió que la dislocación sería la solución a la crisis de la empresa privada y del Banco Mundial. “Bajo una apariencia de ayuda humanitaria el Banco Mundial está tentando a las compañías occidentales a poner en marcha “nuevas inversiones” en Jordania para beneficiarse de la mano de obra de los refugiados sirios. En un país donde los trabajadores emigrantes han hecho frente a la servidumbre forzada, tortura y hurto, hay razones para sospechar que esta 'solución' costosa a la crisis creciente de desplazamiento establecerá fábricas donde se explotará al obrero haciendo expresamente de los refugiados un objetivo de guerra para la hiper explotación”, escribió Sarah Lazare.

Según un comunicado de prensa del presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, “estamos explorando la creación de zonas económicas especiales (ZESs, en inglés) e inversiones alentadoras en proyectos municipales y trabajos que demanden mucha mano de obra”. Según la propaganda del Banco Mundial, la meta es ayudar a aliviar las dificultades a que hacen frente los refugiados en Jordania desarrollando cinco zonas económicas especiales a lo largo de la frontera siria. “Estamos utilizando un acercamiento holístico para dirigir la afluencia de refugiados hacia el desarrollo del sector privado”, dijo un portavoz del Banco Mundial citado por Lazare. Sin embargo, como hizo notar Lazare, a pesar de sus tentativas múltiples de obtener más información del Banco Mundial sobre las ZESs propuesta, los detalles específicos seguían siendo escasos. Además, denunció la historia de las zonas económicas especiales existentes en Jordania (operadas “a menudo por compañías de servicio de EEUU bajo una variedad de nombres), azotadas por el tráfico humano, la tortura y el hurto del salario”.

“En esta era de desplazamientos de masas humanas por las guerras en curso, debemos hacer preguntas difíciles sobre las implicaciones políticas de animar a las compañías occidentales a apuntar y a beneficiarse del trabajo de la gente desarraigada violentamente de sus hogares”, escribió Lazare. El programa del Banco Mundial “despierta preguntas más profundas sobre la responsabilidad global de dirigir el daño humano a gran escala sobre Siria, donde Occidente desempeñó un papel en desencadenarlo”.

Myriam Francois, una periodista e investigadora asociada a SOAS (School of Oriental and African Studies), Universidad de Londres, dijo a Lazare que el desarrollo de ZESs en Jordania “cambiará campamentos de emergencia para refugiados, y respuestas temporales a una crisis, en acuerdos mucho más permanentes”. Las ofertas de ZESs son menos sobre necesidades sirias y más sobre la custodia de refugiados sirios fuera de Europa creando (apenas) condiciones sostenibles dentro de los campos que entonces harían demandas al asilo mucho más duras de reconocer”, dijo Myriam Francois

Describiendo como “trato entre diablos” el acuerdo entre Turquía y la Unión Europea (UE) de impedir entrar en Europa a millones de refugiados de entrar en Europa, Glen Ford, del Black Agenda Report, dijo que Turquía “ha cobrado al contado por la gente desamparada que ayuda a rehacerse”. Como divulgó Al Jazeera, Turquía aceptó 3,3 mil millones de euros de la Unión Europea “a cambio de controlar el flujo de refugiados a través del Mar Egeo”. Turquía, según se informa, pidió doblar esa cantidad para cubrir los costos de traficar con los refugiados. Antes, en marzo de 2016, Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, advirtió a los refugiados de Asia y África que “no vengan a Europa… Es todo para nada”.

Observando que “el gran bulto de los refugiados en Turquía son víctimas del papel turco en la guerra contra Siria, en alianza con Europa, Estados Unidos y las aristocracias reales petroleras del Golfo Pérsico”, Ford describió que el tráfico humano en Turquía avanza “a una escala no vista desde el comercio de esclavos por el Atlántico”.

Además del dinero de la UE, Turquía también busca la admisión a la Unión –y con esto, el derecho a que 75 millones de turcos entren a Europa sin restricción de visa– como una condición para controlar su población de refugiados. Así, según Ford, Turquía ha enganchado “en una enorme estafa de protecciones”, acordando efectivamente proteger a Europa contra otras incursiones “de gente antes colonizada, cuyo trabajo y tierras hizo engordar durante medio milenio a Europa y sus estados colonialistas blancos”. Sin embargo, concluyó Ford, “en este doblez, los europeos nunca aceptarán a Turquía porque es musulmana y no-muy-blanca”.

La explotación corporativa de la crisis global del refugiado fue sub-reporteada en la prensa popular y corporativa, y a menudo con una distorsionada cobertura pro-empresa, como un artículo del Wall Street Journal de septiembre de 2015 sobre el número de pequeñas empresas y grandes corporaciones que están encontrando maneras de beneficiarse de la inundación de inmigrantes. A diferencia del informe de Lazare en AlterNet, la cobertura del Journal solamente se enfocó en los sirios que habían manejado emigrar a los países europeos. Según el Journal, grupos privados de equidad perseguían a través de Europa el manejo de campos y servicios para refugiados como una nueva oportunidad de inversión "con promesas de crecimiento potencial orgánico y codicioso". El artículo del Journal citó a Willy Koch, fundador retirado de la compañía suiza ORS Service AG, diciendo “Los márgenes son muy bajos. Ciertamente, el volumen es una de las claves”.

Donald Trump: Wahabismo, Sionismo y el Islam


Donald Trump, el mandatario electo de los Estados Unidos tiene entre sus “objetivos” internos como también en el ámbito de su política exterior el tensionar la relación con los musulmanes a quienes considera como personas que “odian a Estados Unidos”.

¿Cómo evitar esta conducta que según Trump los musulmanes sienten contra Estados unidos? Las medidas parecen ser simples en el razonamiento blanco y negro que mueve al magnate devenido presidente: estrechamiento de la vigilancia de la comunidad musulmana en Estados Unidos – que se calcula en cerca de 7 millones de habitantes – como también el restringir la entrada de creyentes de esta confesión religiosa, declarado en plena campaña presidencial. Trump afirmó que “debemos bloquear completa y totalmente la entrada de musulmanes en Estados Unidos porque son personas que odian a la población de nuestro país en actos más allá de lo comprensible y que se instaure hasta que las autoridades averigüen qué está pasando”.

La Ignorancia Como Acervo Político

Para Trump el tomar este tipo de decisiones, según su particular visión del mundo y de las culturas diversas a la suya, en un tema de seguridad nacional “no tenemos elección, no tenemos elección. Podemos ser políticamente correctos o podemos ser estúpidos, pero será peor y peor. Hasta que lleguemos a entender el problema y las amenazas que plantea, nuestro país no puede ser víctima de ataques horrendos”. Un modo de ver al otro demonizándolos, metiéndolos a todos en un mismo saco. Sin siquiera hacer distinciones mínimas, como por ejemplo la diversidad de contextos y marcos históricos, migratorios y orígenes de las poblaciones musulmanas según sea que miremos Europa o Estados Unidos (1) esto, en cualquier parte del mundo es simple oscurantismo, ignorancia supina, peligrosa y mortal para las relaciones entre los pueblos.

A pesar de las críticas por estos comentarios, incluso por miembros de su propio partido el polémico presidente electo norteamericano llamó a estudiar la posibilidad, incluso, de cerrar las Mezquitas. Hoy, ya electo como líder político de una potencia de las características de Estados Unidos, Trump y su equipo borraron de su página web, cuando ya los resultados lo mostraban como triunfador, todo lo referente a los insultos contra los musulmanes – en una práctica habitual cuando sus dichos han generado polémicas – Hoy, en su página web, en la sección referida a “Política Exterior y derrota del Estado islámico” es posible leer que “es necesario suspender de forma temporal, la inmigración desde algunas de las regiones más peligrosas y volátiles del planeta, que tienen un historial de exportación del terrorismo”.

Trump juega con los temores atávicos de la sociedad estadounidense blanca y de los sectores ultraderechistas y seguirá haciéndolo como parte de su estilo de gobierno, mostrando desconocimiento y prejuicios. Elemento irracional en un país formado, precisamente, por la conjunción de millones de inmigrantes de los más diversos orígenes y religiones, que sin embargo, sobre todo en los últimos años ha intensificado – por parte de su población blanca menos instruida y habitantes de zonas del medio este estadounidense, una clase obrera pauperizada y sectores desencantados con el establishment político, una postura de fuerte discriminación contra la inmigración hispana, el mundo musulmán y su propia población negra. Contradictorio con un Trump con abuelos inmigrantes de origen alemán, una madre escocesa, una primera esposa checa y su última mujer de origen esloveno.

En el caso específico de los musulmanes estadounidenses, los propios medios de comunicación de ese país han señalado que se suele mirar, a esa comunidad, con prejuicios y estereotipos sin dar cuenta de varios puntos, que permitirían entender de mejor forma a este grupo y así analizar con ojo clínico los llamados de Trump, más basados en la rusticidad de un hombre de negocios, que un político o un ser humano con amplitud de criterio, que le permita avanzar en el conocimiento de esta población y de su cultura: Primero representan un porcentaje minoritario de la población estadounidense, un 1,7% de la población para llegar al 2,1% el año 2050. Tiene niveles de ingreso y educación más altos que el promedio estadounidense. Las mujeres musulmanas tienen más grados universitarios que los hombres musulmanes. Los musulmanes han existido en Estados Unidos aún antes de la proclamación de la independencia de este país. Un tercio de todos los africanos que fueron llevados como esclavos al país del norte eran musulmanes – gran parte de ellos obligados a convertirse al cristianismo – la comunidad musulmana se reparte por todo el territorio estadounidense y participan activamente de la vida política y social de ese país.

El Wahabismo y su Sociedad con Estados Unidos

Importa bien poco, en ese análisis primario y esas conductas primitivas impulsadas por Trump y sus seguidores, los estudios y razonamientos más profundos, que dan cuenta del desarrollo de políticas de intervención en el plano económico, político y militar de Washington y sus aliados en la consolidación de regímenes corruptos en el seno de países musulmanes, pero aliados de occidente como es el caso de la Monarquía Saudí y las Monarquías Ribereñas del Golfo Pérsico. O el apoyo al surgimiento, desarrollo y acción de movimientos terroristas de raíz takfirí, que tendrán su aparición global desde los tiempos de la invasión de la ex Unión Soviética a Afganistán hasta el surgimiento de Al Qaeda, EIIL – Daesh en árabe– Fath al Sham – ex Frente al Nusra – Boko Haram, Ahrar al Sham, Ansar al Dine entre otros, donde el papel de Arabia Saudita – socio relevante de Estados Unidos – ha sido fundamental para mostrar ante el mundo una cara del Islam que no es el que profesan 1.600 millones de fieles como es la doctrina Wahabita.

Ese no es tema para Trump y no lo será, pues dejaría la descubierto la doble moral de condenar al Islam – una religión claramente de paz - y al mismo tiempo tener relaciones con un hijo putativo totalitario, agresor e impulsor de movimientos de fanáticos, que han efectuado actos terroristas en el propio suelo estadounidense bajo el manto ideológico y financiero del Wahabismo. Un credo que representa una distorsión, una falsa visión e interpretación del Islam. “Una herejía cismática que los sabios musulmanes, como también los intelectuales laicos designan con el término dajjal” Concepto que en la terminología árabe significa falso, mentiroso o impostor- Y justamente eso pretende la ideología wahabita: subvertir el Islam y convertirlo en un instrumento de predominio y opresión, sobre todo regional en concomitancia con poderes hegemónicos como el estadounidense, Francia e Inglaterra fundamentalmente, contando incluso con la alianza del sionismo, que en aras de dividir y fragmentar al Islam genera relaciones con la Casa al Saud y apoya toda causa que signifique perjudicar a la Umma – la comunidad de creyentes del Islam -

El día 13 de septiembre de 2016, el canciller de la República Islámica de Irán, Mohamad Yavad Zarif publicó un artículo de opinión, en uno de los diarios más influyentes del mundo occidental: The New York Times. En dicho artículo, titulado “Let Us Rid the World of Wahhabism” “Libremos al mundo del Wahabismo” el diplomático persa detalla minuciosamente la necesidad de oponerse a una doctrina político-religiosa, que causa enorme daño, no sólo al nombre del islam, sino a un conjunto de creencias y la propia necesidad de relaciones internacionales basadas en el respeto a la autodeterminación y los derechos humanos. El titular de exteriores de la nación persa consigna, en dicha publicación, que desde el ataque terrorista a Estados Unidos y que afectó símbolos económicos y militares de esa nación, junto a la muerte de 3 mil personas, la doctrina del Wahabismo se ha sometido a una serie de “cirugías faciales” pero que no le quitan el rostro de ser la ideología de los grupos terroristas, que actúan bajo diversos nombres y en esa conducta sea con Bush, Obama y ahora con Donald Trump seguirá actuando en perjuicio de un mundo que desconoce y teme en la misma magnitud.

En aquella interesante misiva, Zarif invita a trabajar, coordinadamente, para librar al mundo de una doctrina rigorista, convertida en una caricatura del Islam como es el takfirismo, que suele ser el mejor apoyo a la intolerancia y al pensamiento de aquellos sectores en Europa y Estados Unidos, que hablan irracionalmente que el mundo se enfrenta a un choque de civilizaciones. Teoría surgida en el seno ideológico estadounidense, interesada y proclive a justificar la política de hegemonía y agresión que occidente suele llevar contra los pueblos del mundo. En ese marco, la casa real saudí y sobre todo el círculo de hierro que tiene el poder – el denominado Clan Sudairi (2) -justifican y se justifican en función de esas ideas erradas, devenidas en un simple pero peligroso pretexto, para justificar el dominio de unos sobre otros y que ha servido para que la Monarquía wahabita incremente sus acciones de represión interna y agresiones externas, con el aval de occidente.

Es ese concepto y esa práctica proveniente de la Monarquía wahabita la que Trump tiene en su acervo cultural. Un Trump que toma esa visión como parte integrante de un mundo que es infinitamente más rico que esa distorsión de una creencia, que acoge en su seno al 25% de la población mundial. Un error gigantesco, pero lógico en la ignorancia y la complicidad que Estados Unidos tiene con la Casa al Saud y que genera un enorme daño a mil seiscientos millones de musulmanes en países repartidos en los cinco continentes. En un interesante trabajo de Jean Michel Vernochet titulado “Los Descarriados ¿El Wahabismo es contrario al islam?” Este intelectual francés nos da a conocer la estrecha relación entre ese wahabismo con el capitalismo e incluso el sionismo. Un Wahabismo con intenciones de convertirse en una religión global, que trata de imponerse en todas las naciones y en todos los pueblos sean estos cristianos o musulmanes “una religión destinada a reemplazar a todas las demás y que podríamos designar con toda razón como el “monoteísmo del mercado”

Y en ese plano, sostiene Vernochet, en una interesante hipótesis “el wahabismo cohabita perfectamente con el anarco-capitalismo. El aparente puritanismo salafista pretende sustituir el islam tradicional y para ello es justificable la represión, la exclusión y el asesinato de todo aquel que no se someta integralmente a una misma e inexorable interpretación de la Sharia…exactamente igual que la democracia universal y supuestamente humanitaria que estados unidos pretende imponer por la fuerza de las armas en los cuatro puntos cardinales del planeta. La gran América ve su destino manifiesto como un derecho ilimitado a matar a todos los que se muestran reticentes a entrar por voluntad propia en la matriz democrático judeo-protestante made in América”

Esa relación conceptual y práctica, gestada entre Washington y Riad desde la fundación misma del reino Wahabita el año 1932, con la unión de los reinos del Hiyaz y del Nechd, se ha consolidado con los años a pesar de diferencias coyunturales. De tal forma que de los 19 involucrados en los atentados del 2001 en Estados Unidos, quince de ellos eran de origen saudí, sin que esa situación haya tensionado en extremo las cordiales y cómplices relaciones entre Washington y Riad. No sucedió con George W. Bush ni tampoco en las de Barack Obama y no se vislumbra algún cambio bajo el mandato de Donald Trump. La alianza Washington-Riad son tan estrechas, las deudas monetarias, políticas y los hechos de complicidad criminal tan profundos, que difícilmente Trump, con todo el odio profesado al mundo musulmán podrá intervenir en un eventual rompimiento de relaciones con el wahabismo.

Con Donald Trump en la Casa Blanca, a la par de las medidas contra la inmigración, la continuación de la construcción del muro fronterizo con México, la posible deportación de 3 millones de inmigrantes – según cifras entregadas por el propio Trump – la limitación de la entrada de musulmanes al país, se sumará lo que este magnate devenido mandatario esbozó en una entrevista dada al programa CBS Face de Nation “la necesidad de etiquetar a los musulmanes como una manera de prevenir el terrorismo. Debemos considerar la elaboración de perfiles raciales – el denominado profiling - como parte de la labor policial y de los investigadores. En tiempos de terrorismo internacional es cuestión de escoger el sentido común en lugar de lo políticamente correcto. Miren a Israel y a otros países, ellos lo hacen y tienen éxito. Como también establecer un control más estrecho de las Mezquitas. Si vas a Francia en este momento, ellos lo están haciendo. De hecho, en algunas instancias están cerrando las mezquitas”

Esa será la política central de Trump con una cultura, con una comunidad que desconoce. Y, bien sabemos que la ignorancia genera temor, desprecio, toma de decisiones adecuadas, que están afectando el necesario vínculo con un grupo sometido a presiones que llegarán a ser insoportables. Medidas racistas, discriminatorias, criminales, que sirven de ejemplo y aliciente para que su socio sionista incremente su política criminal contra el pueblo palestino, pues sabe que la impunidad será el pan de cada día. ¿Por qué no seguir con los asentamientos en territorio palestino? ¿Por qué no limitar el llamado al rezo en las Mezquitas en Al Quds y todas las ciudades de la Ribera occidental? ¿Por qué no seguir demoliendo casas y asesinando a Palestinos’ ¿Por qué no, si Estados Unidos y sus socios de la OTAN, con su silencio cómplice permiten estos actos criminales? Con esa certeza el sionismo concreta su política colonialista, racista y criminal y será apoyado por un Trump que tiene una práctica y una retórica prosionista indudable.

Efectivamente Trump se encargo, Urbi et Orbe, en la campaña presidencial para definir al candidato republicano, que su historia con el pueblo judío y la entidad sionista lo distinguían del resto del aglomerado campo republicano.“El único candidato – sostenía Trump - que dará un apoyo real a Israel soy yo. El resto son meras palabras, nada de acción. Son políticos. Yo he sido leal a Israel desde el día en que nací. Mi padre, Fred Trump, fue leal a Israel antes que yo. El único que dará a Israel el tipo de apoyo que necesita es Donald Trump”. En su núcleo familiar, su hija Ivanka tras el matrimonio con Jared Kushner se convirtió al judaísmo, cambiando su nombre por el de Jael. Así se ha estrechado aún más relaciones entre Trump y esta comunidad con fuerte influencia sobre los gobiernos norteamericanos.

Si la primera potencia mundial en materia económica, tecnológica y militar, bajo el mando de Trump ha decidió llevar adelante una guerra contra los inmigrantes, contra las culturas que no conoce, contra el mundo del Islam, sus aliados como el wahabismo podrá seguir agrediendo a Yemen, reprimiendo los afanes libertarios en Bahréin, podrá seguir financiando la guerra de agresión contra Siria e Irak. Si Trump ha señalado que revisará los acuerdos nucleares con Irán – aunque estos hayan sido firmados con otras cinco naciones – entonces dice Tel Aviv y Riad ¿Por qué no intensificar las presiones contra Teherán, por qué no pensar en la posibilidad de atacarlo? Este tipo de razonamientos suele comenzar a desarrollarse, sobre todo cuando el ocupante de la Casa Blanca permite estas hipótesis irracionales y peligrosas, sin analizar en profundidad que las decisiones tienen su costo y en ese plano la República Islámica de Irán no es una presa que se deje amedrentar, es una potencia y con líneas rojas bien definidas y prontas a defender.

Igualmente, en el seno de la Conferencia Internacional sobre las Crisis Geopolíticas del Mundo islámico, celebrada en Teherán, el canciller Zarif afirmó que Israel como principal problema que enfrenta el mundo musulmán, haciendo un llamado a los países islámicos a unirse ante ese régimen. “Los Estados musulmanes deben responder a las violaciones de los derechos del pueblo palestino por el régimen usurpador sionista y superar los obstáculos que dificultan una interacción constructiva” Dificultades que. Indudablemente, se acrecentarán con el apoyo explícito que Trump ha dado a la entidad sionista lo que implica que aumentará la desestabilización de países islámicos creando cuestiones artificiales como las discordias entre las ramas del islam o incluso entre el mundo árabe y la nación persa. 

Indudablemente, la entidad sionista tiene en Irán un adversario de temer, tanto como la Monarquía saudí, que considera a Irán su principal enemigo en la zona, desde el momento mismo del triunfo de la revolución iraní el año 1979. Antagonismo que cuenta con el concurso de dos socios principales: Estados Unidos e Israel. Esto pues, la Casa al Saud ha creado a lo largo de los últimos años, con la entidad sionista y Washington una estrecha alianza política-militar destinada a impedir el desarrollo de una política de influencias de Irán o cualquier otra potencia, que no vaya de acuerdo a los objetivos hegemónicos de la triada Washington. Tel Aviv-Riad, que es hablar de capitalismo-wahabismo y Sionismo.

En ese plano de acción, difícil panorama es el que se presenta para el mundo y sobre todo para la Umma – la comunidad de creyentes del Islam – con un Donald Trump en la Casa Blanca, no muy distinto a lo que se ha estado viviendo en los últimos años. Por ello, resulta fundamental trabajar por modificar el papel que cumple Estados Unidos y Europa Occidental y sus socios, ya sea el Magreb en Oriente Medio y Asia Central, que puede ser un buen comienzo para resolver, por ejemplo, la ocupación que sufre el pueblo palestino a manos de la entidad sionista. Dejar de apoyar al régimen wahabita en su guerra de agresión contra Yemen y el sostén que esta Monarquía da a las bandas terroristas que atacan Siria e Irak. Conflictos que han alcanzado las costas de Libia en la idea de balcanizar a un país otrora ejemplo para el continente africano. Dura tarea la que hay que afrontar, junto a la rehabilitación de la condición cultural y civilizadora de la dimensión musulmana que tienen estas poblaciones, evitando con ello toda estigmatización.

El mundo del Islam tiene mucho trabajo, necesidad de protegerse, de ampliar sus vínculos, de enfrentar las amenazas a partir de sus fortalezas, sobre todo con este nuevo aire que el wahabismo, el sionismo y la ideología dominante en Estados Unidos han comenzado a respirar con el mandatario electo Donald Trump, que al menos en el plano discursivo hace tener un recrudecimiento de las acciones de ataque contra los musulmanes. Hoy, más que nunca 1.600 millones de musulmanes deben enfrentar una ofensiva de desprestigio y ataques que encabeza el mandatario estadounidense con sus vociferantes y peligrosos laidos wahabitas y sionistas.


Pablo Jofré Leal